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lunes, 30 de enero de 2012

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (26): PROUDHON (1809-1865). PRIMERA PARTE.

Esta nota sigue en la serie a la que figura en: http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2012/01/historia-del-movimiento-socialista-25.html


Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página. Lamennais (1782-1854).

40. Pierre-Joseph-Proudhon (1809-1865) (1)

De entrada, Cole se refiere a Proudhon como uno de los "profetas" del socialismo. Esta afirmación suscita confusión, pues si bien el movimiento socialista presenta componentes de "profetismo", de milenarismo y otras yerbas, es indudable que su formación y su ideología responden a pautas más modernas, ligadas justamente al desarrollo del capitalismo. Por supuesto, aclarar esto no implica afirmar que el socialismo es un movimiento puramente racionalista, ni tampoco implica abrir juicio sobre el papel de las elementos milenaristas en la historia de los movimientos populares. Se trata, simplemente, de enfatizar la ligazón entre el socialismo y las condiciones sociales propias del capitalismo.

El origen social de Proudhon era humilde. Su padre era un tonelero y cervecero modesto, que vivía cerca de Besancon; su madre era una aldeana. Proudhon nunca renegó de su origen social; al contrario, siempre manifestó orgullo por el medio en que había nacido. (I: 202). Autodidacta, fue aprendiz de impresor y llegó a corrector de pruebas (como curiosidad, cabe mencionar que leyó muchos libros de teología en su oficio). Toda su vida fue un gran lector. "De sus compañeros 'socialistas' y 'radicales' fue casi siempre un crítico más bien desdeñoso, especialmente si eran intelectuales, que no tenían sus raíces en la clase baja y que, por lo tanto, no llegaron a comprenderle." (I: 202).

Se opuso a los constructores de sistemas utópicos porque: a) no sabían nada de la naturaleza humana; b) se oponía a la reglamentación de la vida humana. (I: 202). Sus ideales eran la libertad, a la que concebía como la posibilidad de los seres humanos para hacer lo que quisieran; justicia, definida como reciprocidad. Todos los hombres debían gozar de la libertad en forma recíproca (libertad igual a la de los demás). Justicia y libertad, entendidas de este modo, debían convertirse en los fundamentos del sistema social. (I: 203).

Proudhon introdujo la palabra anarquismo en el vocabulario político. Si bien se definía a sí mismo como "socialista", hay que subrayar que esta palabra no tenía, hacia 1840, las connotaciones posteriores en cuanto a la necesidad de acción política y al Estado. (I: 203). Cole indica que el Estado en la primera mitad del siglo XIX "era concebido, por la mayoria de los partidarios de un cambio social, como un poder externo superpuesto a sus súbditos, y no como un organismo que representara a la amplia mayoría de los ciudanos." (I: 203). 

[El punto es interesante, porque permite pensar una especie de sucesión de "ciclos" de difusión del anarquismo en el movimiento obrero y en las corrientes de izquierda. En tanto el Estado estuvo controlado exclusivamente por las clases dominantes (tanto en lo que respecta a su función - reproducción y defensa de las relaciones de poder existentes, en especial de la propiedad privada - como en la correspondiente a la composición de su personal), una parte importante de los dirigentes y militantes obreros y populares concibieron la política por fuera del Estado. Así, los socialistas utópicos - con excepción de Saint-Simon - se dirigieron a los empresarios y a los trabajadores para poner en marcha la reorganización de la sociedad, y no al Estado. También una parte importante de la militancia obrera promovió la autoorganización de los trabajadores, rechazando toda intervención estatal. El cartismo fue la excepción (cosa que lo hace todavía más importante).


Ahora bien, en cuanto las luchas populares por el sufragio universal comenzaron a horadar los sistemas políticos excluyentes, muchos intelectuales empezaron a ver al Estado como una herramienta necesaria para lograr las transformaciones socialistas. De la hostilidad y el rechazo se pasó a la conciencia de la necesidad. Por supuesto, en este cambio de actitud influyó fuertemente la tradición marxista, que desde  el primer momento sostuvo que la clase obrera tenía que tomar el poder para llegar al socialismo. 

A lo largo del siglo XX, los regímenes democrácticos mostraron su impotencia para, siquiera, reducir las desigualdades sociales. Esto, sumado a la implosión del "comunismo soviético", generó una apatía generalizada hacia la política. El Estado volvió a ser concebido como un instrumento de los ricos, y los sectores populares se retrajeron dee la política. En este marco florecieron nuevas versiones del anarquismo, para las cuales la transformación social tenía que darse fuera del Estado, sin tomar el poder (John Holloway es el exponente más significativo de esta concepción).]


Proudhon consideraba que la Revolución Francesa habia quedado incompleta, pues la Constitución Republicana de 1793 nunca entró en vigencia. La historia francesa posterior a 1793 (Directorio, Consulado, Imperio, Restauración) mostraba al Estado como "una materialización del poder sobre el pueblo (...) poder coercitivo sobre el pueblo." (I: 203-204). En este punto, pensaba que era necesaria una nueva Constitución, "pero no debería haber un cuerpo permanente de delegados que creyesen representar al pueblo, o que tuviesen autoridad sobre éste. La autoridad permanente habría de ser (...) la ley misma, no un grupo de hombres que seguramente la pervertirían, y que serían víctimas del afán de poder sobre los demás." (I: 204). [Proudhon manifiesta aquí un doble fetichismo. De un lado, la ley adquiere propiedades humanas, puede sostenerse a sí misma; del otro, el poder hace malos a los hombres que gobiernan. Afirmar esto último equivale a no decir nada, pues en la historia ha habido muchas formas de poder, siendo justamente lo interesante el establecer las diferencias entre éstas.]


Rechaza el asociacionismo (2) como forma de organización de la nueva sociedad: "Desconfiaba del elemento de poder del asociacionismo, tanto como en el del Estado, desconfiaba de toda clase de organización que limitase la libertad del individuo más allá de lo que fuese absolutamente necesario para asegurar su carácter 'recíproco', es decir, que no negase la misma libertad a los demás hombres." (I: 205).


La clave de la nueva organización social estaba en la familia, a la que concebía "como un grupo patriarcal bajo un hombre, que era su cabeza, el padre. (I: 204-205). Rechazaba tanto los ataques al matrimonio como la herencia; en verdad, no era contrario a la herencia sino a sus perversiones bajo arreglos constitucionales injustos. (I: 206).

A partir de la familia, Proudhon proponía una reorganización del orden social, que contenía fuertes elementos de la ideología de los pequeños propietarios (campesinos y artesanos). Ya se ha indicado que concebía a la sociedad como una reunión de familias, cada una de las cuales perseguía fines propios. Según él, esto era una ley natural, pero no tenía que conducir necesariamente a la expansión de la discordia y del conflicto. Proudhon pensaba que "era posible conseguir que las discordias producidas de este modo [cada familia buscaba satisfacer sus propios fines] se armonizasen dentro de una amplia estructura social basada en la justicia recíproca." (I: 206). 


[En definitiva, Proudhon separaba a las leyes de la circulación mercantil, que establecían el intercambio de equivalentes - cantidades iguales - entre productores libres e iguales, de la producción capitalista, basada en la desigualdad inmanente entre capitalistas y trabajadores en el proceso de producción. Como tantos otros reformistas, Proudhon la circulación de mercancías sin los males producidos por la apropiación capitalista de los productos de la producción. Por lo tanto, se trata de corregir los inconvenientes de la circulación sin tocar la propiedad privada de los medios de producción (base de la producción capitalista).]


Proudhon rechaza las apelaciones a la igualdad económica formuladas por los socialistas utópicos tipo Cabet. (3) Promover la igualdad era, en su opinión, una locura, pues "hacer esto sería destruir todo eI todo estímulo de trabajo, porque el estímulo efectivo es el deseo de mejorar el grupo familiar." (I: 206). "Lo que es necesario abolir no es la desigualdad, sino la injusticia, es decir, no las desigualdades basadas en trabajos desiguales, sino las que nacen del privilegio y del monopolio. Cada individuo, cada familia, debe recibir todo el fruto de su trabajo de acuerdo con el principio del justo intercambio. Este principio es el que todos los proyectos económicos de Proudhon tratan de fomentar y de proteger." (I: 206). 


[Lejos de impugnar a la producción mercantil  - y la producción mercantil es la base del capitalismo -, Proudhon transforma el problema social en un problema moral. No se trata de eliminar las relaciones de producción capitalista, sino de establecer la justicia recíproca en los intercambios.]


¿Cómo asegurar la vigencia de la justicia recíproca en los intercambios? Como dijimos, Proudhon consideraba que era necesario remover los monopolios y los privilegios para asegurar la justicia. Además, era preciso asegurar a los productores (que Proudhon equiparaba a los campesinos, artesanos, pequeños propietarios) las condiciones para que pudieran desarrollar sin trabas ni limitaciones su trabajo. En este punto, su principal propuesta era la instauración de un sistema de crédito gratuito: "Esto (...) es lo que se necesita a fin de permitir que los productos del trabajo sean cambiados equitativamente, y para que la propiedad individual quede asegurada (...) censuraba el patrón oro como el instrumento según el cual los monopolistas podían negar el derecho de producir riqueza. No se necesitaba otro patrón o norma, sostenía, que el proporcionado por los artículos mismos, como productos del trabajo de los hombres. Un sistema de crédito que pusiese el dinero al alcance de todos en proporción a su capacidad para producir, aseguraría trabajo para todos y producción abundante sin necesidad de ningún sistema estatal de 'talleres nacionales' (4) o cuaquier otra estructura elaborada de asociaciones. El crédito gratuito (5), y limitado sólo por la capacidad de producción, aseguraría amplios mercados y la retribución de todo productor con arreglo al valor social de su producto. Asegurado esto, nada más había que hacer por el Estado o por cualquier otra autoridad dotada de poder coactivo. Los productores individuales, empleando sólo las formas de asociación voluntaria que las condiciones de producción requiriesen, harían lo demás por sí mismos." (I: 207).

[Para Proudhon los males de la sociedad moderna residen en la esfera de la circulación de mercancías, donde el monopolio coarta los sanos esfuerzos de los productores. En este punto, Proudhon aparece como la versión pequeñoburguesa del liberalismo de Adam Smith. Proudhon no ataca la apropiación privada de los frutos del trabajo ni la división de la sociedad en individuos atomizados ("recíprocamente indiferentes", diría Marx). El trabajo sobre la base de la propiedad privada es visto como natural, y sólo es censurable en la medida en que adquiriere el carácter de monopolio. Ahora bien, el punto de vista de Proudhon surge del ambiente social de las pequeñas ciudades de Francia en la primera mitad del siglo XIX, pero se muestra incompatible con las condiciones de la gran industria (aún con el nivel de desarrollo alcanzado por ésta a mediados del siglo XIX). Proudhon no comprende el capitalismo, ni el papel que juega en este el Estado.]

La instauración de un sistema de crédito gratuito requiere, a pesar de los reparos de Proudhon, de la intervención del Estado. Pero ésta debe ser limitada: "Corresponde al Estado declarar cuáles son las relaciones económicas justas, no determinar las manifestaciones de la libertad." (I: 206) (6). El resto tenía que ser reservado a la libre actividad de los productores. Proudhon confiaba en "la capacidad inherente en la clase obrera para su propia expresión y su propia organización. Siendo un autodidacta, estaba convencido de que la sagacidad natural del aldeano le permitía dominar fácilmente cualquier rama del saber que le interesase." (I: 207) (7). 

Buenos Aires, miércoles 1 de febrero de 2012

NOTAS:

(1) Cole dedica a Proudhon el capítulo XIX de su obra (I: 202-219). 
Las obras principales de Proudhon son: 

Qu'est-ce que la propriété? (1840). La edición de 1849 se encuentra disponible online en: http://www.archive.org/stream/questcequelapro02prougoog#page/n8/mode/2up


Avertissment aux propriétaires (1842)


Système de contradictions économiques, ou philosophie de la misère (1846). Ver online la primera edición en: http://www.archive.org/stream/systmedescontra00prougoog#page/n13/mode/2up


(2) Bajo este rótulo incluía tanto al sansimonismo ortodoxo (sociedades anónimas dirigidas por sabios e industriales) como las escuelas de Blanc, Fourier, Owen, Buchez. 

(3) Para una exposición general de las ideas de Cabet, ver  http://miseriadelasociologia.blogspot.com/search/label/Cabet%20Etienne

(4) Para la propuesta de los Talleres Nacionales (1848), impulsada por el socialista francés Louis Blanc, puede consultarse: http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/09/historia-del-movimiento-socialista-21.html

(5) El crédito gratuito era un proyecto que consistía en proporcionar capital a todos los productores dispuestos a producir bienes y servicios. El capital sería proporcionado por un banco nacional, cuyos fondos iniciales serían reunidos mediante una contribución impuesta a los capitalistas y latifundistas, más una deducción sobre los salarios de los empleados públicos. El banco debía ser una entidad autónoma (no dependiente del Estado).Daría crédito a productores individuales y, de ser necesario, a asociaciones obreras. Por sus créditos, el banco cobraría un pequeño interés, destinado a cubrir sus gastos de administración. Proudhon llamó mutualismo a este sistema.


(6) "No concebía la abolición del Estado en el sentido de implicar la falta de una constitución o de una base legal para la nueva sociedad. El Estado al que se oponía era el que llamaba Estado de la 'política', en oposición a la estructura constitucional requerida para proporcionar una base adecuada a la organización del trabajo." (I: 213). Las tareas fundamentales del nuevo "Estado" consistirían en garantizar el sistema reformado de propiedad y el banco de crédito gratuito. (I: 213).


(7) Proudhon tenía facilidad para aprender. Fue un "hombre de negocios sumamente competente". Tomó parte en varios negocios, incluyendo la gerencia de una empresa de transportes. (I: 208).

jueves, 19 de enero de 2012

LOS INTELECTUALES Y EL KIRCHNERISMO: PLATAFORMA 2012

En Argentina, la inmensa mayoría de la población se ha visto obligada a adoptar un "pensamiento único", cuyos preceptos regulan las distintas acciones que componen su existencia. Ese "pensamiento único" tiene como dogma principal la preocupación constante por el dinero, que se ha convertido en el primer motor que regula los actos y los deseos de las personas. El dinero pauta nuestra existencia de un modo que ninguna religión pudo lograr en el pasado. El dinero es la forma moderna de la religión y, por tanto, constituye la base de un "pensamiento único" tal como nunca hubo en la historia

El "pensamiento único" construido en torno al dinero se expresa en la preocupación de los asalariados por llegar a fin de mes, en la búsqueda de nuevos trabajos para ganar más dinero, en las charlas constantes sobre los precios de los bienes, etc., etc. Basta salir a la calle para observar que buena parte de las conversaciones de las personas giran en torno al dinero. La omnipresencia del eje del "pensamiento único" es difícil de discutir.

El "pensamiento único" no es producto del azar ni de tendencias inherentes a la naturaleza humana. Para que se convierta en dominante es preciso que se conjuguen determinadas relaciones sociales. Ante todo, es necesario que el mercado sea la principal institución de la vida económica y que los medios para producir sean propiedad de una parte de la población, y no del conjunto de los productores. Los trabajadores, desprovistos de medios de producción, se ven obligados a vender su capacidad y sus habilidades en el mercado. Se convierten en asalariados. A esta forma de organización social se la denomina capitalismo. A partir de este momento están dadas las condiciones para el predominio del "pensamiento único".

En la Argentina actual, la vida de las personas está pautada por la lógica del mercado. Vivienda, salud, educación (no estamos negando aquí la existencia de la gratuidad de la enseñanza, pero los insumos que precisa el estudiante tienen el carácter de mercancías), transporte, esparcimiento, son esferas en las que impera la mercancía. Todo esto refuerza la vigencia del "pensamiento único", sobre todo si se tiene presente que más de un tercio de la fuerza de trabajo se encuentra en situación de precariedad (por ejemplo, trabajadores "en negro") y que desde el 2002 los capitalistas no han dejado de obtener ganancias exorbitantes.

En los primeros días de enero publicó su documento fundacional un nuevo grupo de intelectuales, denominado PLATAFORMA 2012 (1). La larga introducción a esta nota viene a cuento de que el documento, titulado "Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico", hace énfasis en la existencia de un "pensamiento único" en nuestro país. Sin embargo, y como se verá a continuación, el texto firmado por los adherentes de Plataforma 2012 tiene muy poco que ver con los problemas cotidianos que mencionamos al comienzo.

Los firmantes declaran que pretenden "escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico". Desde el vamos aclaran que esto "no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncia este problema y lo transforme en acto de demanda." En pocas palabras, la consigna es: ¡Abajo el discurso hegemónico! 
¿En qué consiste el "discurso hegemónico" al que se refieren los autores? Desde el vamos hay que decir que no se trata del dominio del dinero, de la mercancía o del capitalismo sobre la existencia de las personas. Tampoco (y esto lo demostraremos a partir del análisis del documento) acerca de las caracteristicas del modelo de acumulación capitalista imperante en Argentina luego de la crisis de 2001. Nada de ellos es relevante para los firmantes. 

Su crítica va dirigida al "pensamiento único" kirchnerista, al cual le atribuyen las siguientes características: "asistimos a la construcción de un relato oficial, que por la vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas". Si esto es así, la pregunta que viene a la mente es: ¿cuál es la diferencia con los procedimientos empleados por los demás gobiernos?, ¿los actos del gobierno de Cristina Fernández son tan distintos como para merecer una calificación especial?, ¿no será mucho?

Sigamos adelante con el documento. El "pensamiento único" se convierte en "relato hegemónico" que "pretende imponer sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes [los asesinados en luchas sociales en los últimos años] (...) se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reividicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar. Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad." Nos vemos obligados a aclarar, aunque tendría que estar claro, que el principal objetivo del Estado es "ejercer el control social". En este punto, el gobierno de Cristina Fernández no hace nada nuevo (dicho esto con independencia del análisis de los mecanismos específicos utilizados por el "kirchnerismo" para lograr ese objetivo). Pero, el énfasis puesto por los autores del documento lleva a pensar que la utilización de mecanismos disciplinadores no es un patrimonio del Estado en general, sino del "kirchnerismo" en particular.

No contentos con lo dicho, los firmantes del documento insisten: "El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata 'intelectual', sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona por que una u otra vías sólo promueve el silencio." La crítica de Plataforma 2012 se concentra, pues, en la metodología y en el tipo de "relato" producido por el "kirchnerismo". A estas cuestiones está dedicado el núcleo del documento fundacional de Plataforma.


Un discurso no gira en el vacío de las ideas puras. Tampoco es autónomo respecto a la realidad de los pobres mortales que viajan en colectivo y no llegan a fin de mes. El "kirchnerismo", en la medida en que se ha convertido en la expresión política de un nuevo modelo de acumulación de capital, se ha visto obligado a formular una ideología destinada a legitimar sus acciones. Los firmantes del documento dejan de lado esta cuestión y prefieren "demonizar" al "kirchnerismo" como creador de un "pensamiento único". De este modo, el documento se mueve dentro de los límites de las disputas intelectuales en Argentina, cuya característica fundamental es la negativa a "sacar los pies del plato". A continuación intentaremos fundamentar esta última afirmación.


El documento no pretende discutir el "kirchnerismo" en tanto modelo específico de acumulación capitalista, ni como forma específica de la hegemonía capitalista (diferente al neoliberalismo de los '90). Nada dice respecto a la manera en que el "kirchnerismo" logró construir consenso popular manteniendo en buena medida la legislación privatizadora y flexibilizadora de los años neoliberales. Plataforma 2012 hace silencio sobre estos temas.


Sin embargo, sería erróneo afirmar que los autores dejan de lado absolutamente los temas terrenales. En el texto aparece la lista de los asesinados en luchas sociales durante el "kirchnerismo", acompañada por el siguiente comentario: "Muertos que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central. (...) El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo [de los pueblos originarios], que el discurso oficial oculta." A pesar de que esta alusión es, con mucho, la referencia terrenal más elaborada del documento, la misma es superficial y unilateral. Es superficial porque la cuestión de la tierra va mucho más allá de la soja y de la concentración de la propiedad. Las condiciones favorables de mercado mundial sirvieron para valorizar la tierra aún en zonas consideradas no rentables en tiempos pasados. La concentración y el arriendo se expandieron. El crecimiento de la producción de soja se vio acompañado por el de otros cultivos (como el maíz). Limitarse a hablar de soja-dependencia equivale a simplificar la cuestión agraria en Argentina. Resulta más preciso partir del hecho de que estamos viviendo una fenomenal expansión de las relaciones capitalistas en el campo, la cual se inició en la década del '90. La producción agropecuaria se ha "industrializado" a una velocidad inconcebible hace treinta años atrás. En la primera década del siglo XXI, los efectos combinados de los precios internacionales, la devaluación de 2002 y la explotación de la fuerza de trabajo, permitieron el salto exportador que, entre otras cosas, proveyó las divisas para el crecimiento de la economía argentina. En definitiva, todos estos cambios se articularon en la construcción de un nuevo patrón de acumulación capitalista en Argentina.

La siguiente alusión terrenal del documento es: "Quieren aparecer como actores de una gesta contra las 'corporaciones', mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos y las petroleras - y el propio grupo Clarín (...) - han recibido enormes privilegios de este gobierno." El punto no es si hubo corporaciones que han recibido (y reciben) "privilegios" del gobierno, sino de que el nuevo modelo de acumulación requiere la participación privilegiada de los sectores del gran capital. Esta es la relación que corresponde analizar y explicar.


Finalmente, un par de referencias terrenales más: "Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza." Suena impresiontante, pero no es más que una frase, porque el documento no aclara qué entienden los autores por "desigualdad". El problema no radica en una simple cuestión terminológica, sino que se encuentra referido a la forma en que se encuentra distribuido el poder en la sociedad. Si la "desigualdad" es entendida como desigualdad en los ingresos, la lucha política pasa a ser una pelea por ingresos. Si la "desigualdad" es concebida como desigualdad en la posibilidad de tomar decisiones sobre las cuestiones fundamentales (cómo se trabaja, acceso a la vivienda, salud, educación, etc.), la lucha política consiste en una pelea en torno a la propiedad. En términos antidiluvianodos: o la lucha de los trabajadores es un regateo por el precio de venta de su fuerza de trabajo en el mercado, o su lucha pasa a ser un cuestionamiento radical a la necesidad misma de venderse en el mercado. En definitiva, la discusión sobre la "desigualdad" es un juego de salón si se pierde de vista a la principal fuente de desigualdad, que es el capitalismo.

Por último, Plataforma 2012 deja una última referencia terrena: "La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje." Poco es lo que puede decirse. No está presentada en relación al proceso de producción, a la lucha entre capital y trabajo o, simplemente, a los padecimientos de los laburantes que no llegan a fin de mes. Estos problemas parecen ser minucias para los firmantes. Para ellos la preocupación pasa por la "homogeneidad discursiva" que promueve el gobierno de Cristina Fernández. Dadas las condiciones en que viven millones de argentinos, la postura de Plataforma 2012 tiene un fuerte aire de irrealidad.




Mataderos, jueves 19 de enero de 2012
NOTAS: 

(1) El texto del documento se encuentra en: http://plataforma-2012.blogspot.com/



domingo, 15 de enero de 2012

LOS INTELECTUALES Y EL KIRCHNERISMO: COMENTARIOS A LA CARTA "ARGUMENTOS PARA UNA MAYOR IGUALDAD"

En la edición del miércoles 11 de enero de 2012, PÁGINA/12 publicó el documento "Argumentos para una mayor igualdad" (1).  Como se trata de un texto característico de los alcances y limitaciones del debate intelectual en la Argentina actual, hemos decidido dedicarle estos comentarios.

Los autores del documento comienzan el texto anunciando que pretenden "escapara a una falsa polarización". La referencia es a Carta Abierta (2) y a Plataforma 2012 (3), otros dos agrupamientos de intelectuales. En el primer caso, se trata de un grupo de intelectuales abiertamente "kirchneristas"; en el segundo, de intelectuales que dicen tener una posición crítica frente al gobierno. Es significativo que los autores opten por dejar al margen (por "ningunear") a los intelectuales que han adherido públicamente al Frente de Izquierda (4). Según parece, el pluralismo y la diversidad no llegan a tanto.

Los firmantes del documento afirman "desear que la Argentina sea una sociedad más igualitaria". Pero dejan a Carta Abierta al margen de sus críticas y la emprenden, en cambio, con Plataforma 2012: "¿Cómo es posible que nuestro diagnóstico acerca de lo que sucede en el país sea tan distante del de Plataforma?". Por tanto, desde el principio los firmantes se proponen confrontar con Plataforma 2012.

Los autores de Argumentos comienzan su crítica de Plataforma 2012 expresando sus diferencias en cuanto a la manera de concebir el "pensamiento crítico". En primer lugar, los autores afirman que conciben a éste como aquél que "distingue entre cualidades diferentes, se adentra con cuidado en procesos complejos". Un poco más abajo vuelven a enunciar lo mismo: "la principal función de la crítica (...) es la capacidad de distinguir". Ahora bien, si la principal función de la crítica es "distinguir": ¿qué distingue a la crítica de otras formas de pensamiento?, ¿acaso el pensamiento dogmático no tiene también que distinguir entre el dogma y la herejía? En nuestra opinión, los buenos modos académicos esterilizan las mejores intenciones. La crítica, tal como la entendían gente como Diderot o Marx, tenía por objetivo combatir un orden de cosas existente. No se trataba de una actividad útil para mejorar un proyecto de investigación. ¿Qué hubiera dicho alguien como Voltaire frente a recomendaciones como las formuladas por la gente de Argumentos? 

Si algún lector piensa que lo expresado en el párrafo precedente es una exageración, puede acomodarse en su silla y leer con calma la siguiente frase que figura en el documento: [El pensamiento crítico que reivindicamos - los firmantes de Argumentos - ] no descalifica a los adversarios o a quiénes piensan diferente: construye argumentos (...) creemos que es urgente desplegar un debate franco, que busque reconocer los matices y complejidades del proceso actual." Hay aquí demasiado apego a las normas de lo políticamente correcto. En política hace falta tanto construir, difundir y lograr que los argumentos se vuelvan carne en las masas, como también descalificar al adversario para hacerle perder influencia. Una cosa no quita la otra. Alguien que defiende la explotación está defendiendo una hijoputez y hay que decirlo claramente, sin que por ello descuidemos el trabajo de rebatir su argumento. La política es pasión, no un juego de salón.

En pocas palabras, el "pensamiento crítico" que reivindican los autores de Argumentos poco tiene que ver con la crítica de la sociedad por intelectuales comprometidos con la transformación de la misma; en cambio, expresa hasta la saciedad los lugares comunes del mundo académico actual.


Pasemos adelante. A continuación, los autores explican del siguiente modo sus diferencias con Plataforma 2012: "parten de una idea que consideramos equivocada: este gobierno es nefasto y sólo hace cosas nefastas." De paso, hacemos notar que siguen sin decir una palabra de Carta Abierta.


Para aclarar sus diferencias son Plataforma 2012, los firmantes proceden a formular una enumeración de 6 puntos. Con el objeto de ordenar esta exposición vamos a respetar el orden de los autores:


1) Ante la frase de Plataforma 2012, "se ha profundizado la desigualdad [durante los gobiernos kirchneristas], los firmantes de Argumentos responden: "Esto no puede afirmarse y menos aún al pasar (...) Nos parece muy preocupante que se realice una afirmación tan grave sin análisis ni datos". Ahora bien, y sin entrar a discutir por el momento la posición de los autores de Plataforma 2012, los firmantes de Argumentos, partidarios del "pensamiento crítico" que consiste en adentrarse "con cuidado en procesos complejos" tienen la oportunidad de dar datos y refutar cuidadosamente a la gente de Plataforma 2012. Veamos cómo lo hacen. 


Nuestros cultores del "pensamiento crítico" comienzan incurriendo en dos simplificaciones: a) ignoran el carácter capitalista de la sociedad argentina, cuestión que es fundamental en cualquier análisis de la desigualdad; b) reducen la problemática de la desigualdad a la "distribución del ingreso". Todo el punto 1 del documento es un esfuerzo por mostrar (amontonando medidas del gobierno de Cristina Fernández y sin dar un sólo dato numérico) que "la desigualdad no se ha profundizado desde 2003 a la actualidad". Puestas así las cosas, la afirmación de Argumentos está tan pobre de análisis y de datos como la de Plataforma 2012. La afirmación de los autores de Argumentos tiene que ser discutida en dos planos: 1) la desigualdad no puede ser reducida a una cuestión de ingresos. Proceder así implica legitimar el capitalismo, pues se deja incólume la principal desigualdad que consiste en la que se verifica en el proceso de producción entre el empresario y el trabajador. Esta desigualdad no es sólo económica, sino también política. El lugar de trabajo es un lugar de producción de desigualdad. Una lucha consecuente contra la desigualdad en el capitalismo requiere modificar la forma en que se produce y no solamente la forma en que se distribuye. El capitalismo supone necesariamente una distribución desigual, desde el momento en que está basado en la propiedad privada de los medios de producción. El planteo de Argumentos tiende a reducir la cuestión a un regateo entre empresarios y trabajadores, bajo la supervisión de un Estado árbitro; 2) el estudio cuidadoso de los datos para mostrar lo sucedido con la distribución del ingreso en el período 2003-2011. 


A lo anterior, hay que agregar que no estamos de acuerdo con una serie de afirmaciones puntuales de Argumentos respecto a la cuestión de la desigualdad. Así, "la reducción del trabajo precario (aún modesta para los objetivos que deben plantearse)". Esta frase es un modelo de ligereza enel tratamiento de los problemas sociales. En la actualidad, hay un 35/40 % de la fuerza de trabajo  en situación de precariedad (no registrados). Esta cifra se da en el marco de un largo período de crecimiento económico. Es un ejemplo de cómo la desigualdad en un sentido fuerte (los trabajadores "no registrados" tienen mucho menos derechos al pataleo que los registrados) ha sido uno de los pilares del modelo de acumulación implementado por el "kirchnerismo". Pero la gente de Argumentos prediere no decir palabra. Es verdad que manifiestan escrúpulos al acotar que "la reducción del trabajo precario" es "modesta". Ahora bien, la vaguedad de la frase  "los objetivos que deben plantearse" muestra que los firmantes del documento no tienen muy en claro cuáles son sus metas en la lucha contra la desiguadad. Si de trabajo precario se trata, el objetivo tiene que ser su completa eliminación, dado que es una fuente permanente de "desigualdad". ¿Por qué no lo dicen los autores de Argumentos? 


Los firmantes también sostienen que las retenciones y el Imperio a las Ganancias, "mejoran la distribución". Así formulada, la frase es inexacta. Las retenciones y el Impuesto a las Ganancias mejoran la situación financiera del Estado, pero no necesariamente la distribución del ingreso. Esto último tiene que ser demostrada mediante un estudio cuidadoso, cosa que no hacen nuestros adalides del "pensamiento crítico". 


Por último, "leyes como el matrimonio igualitario o del peón rural reducen otras desigualdades" [que no son las generadas por la distribución del ingreso]. Los firmantes muestran inconsecuencia en el manejo del "pensamiento crítico", pues antes habían afirmado que "la principal función de la crítica es la capacidad de distinguir". ¿Por qué se mezclan, entonces, cuestiones tan distintas como el matrimonio igualitario y el Estatuto del Peón? Como indicamos, este punto 1 tiene el carácter de "amontonamiento" y no de argumento cuidadoso.


2) Los firmantes de Argumentos coinciden con los de Plataforma 2012 en la "preocupación" por la erosión de "la máxima (...) de que la policía concurra sin armas a las protestas sociales". Consideran que esta fue "una de las grandes conquistas democráticas posteriores a los asesinatos de Kosteki y Santillán". Estas conquista comenzó a resquebrajarse con el asesinato de Fuentealba y se vio vapuleada con los hechos del Parque Indoamearicano, la represión en Formosa y el asesinato de Mariano Ferreyra.

La coincidencia con Plataforma 2012 es fuerte en este punto, los firmantes de Argumentos apenas acotan que "ese hecho [el encarcelamiento de Pedraza en el caso Ferreyra] parece no existir para Plataforma". A diferencia del punto 1, Argumentos es más preciso en los objetivos que propone: "consideramos imprescindible que el gobierno nacional tenga una política consecuente con su política de derechos humanos en relación con los asesinatos ocurridos en Jujuy, Santiago del Estero, Formosa y otras provincias. Una política que logre retrotraernos a la situación previa a los primeros muertos en las provincias". Los cultores del "pensamiento crítico" vuelven a simplificar las cosas, hasta el punto en el que sus críticas se vuelven irrelevantes. No dicen una palabra acerca de las causas del cambio (del resquebrajamiento) de la política de derechos humanos. ¿Acaso fue producto del capricho?


Pero, y esto es lo principal, los firmantes de Argumentos reducen los derechos humanos a la represión de las protestas sociales. En el fondo, no salen de los límites del esquema "kirchnerista", que hacen de los derechos humanos una cuestión de memoria y no de actualidad. Desde una concepción más amplia, los derechos humanos incluyen vivienda, salud, educación y trabajo. El modelo "kirchnerista" subordina la satisfacción de estos derechos a la acción del mercado, y la insatisfacción de los mismos no es considerada como una violación a los derechos humanos. Tampoco se hace ninguna referencia a la tortura en comisarías y cárceles, ni al "gatillo fácil" aplicado sobre los jóvenes "morochos". El planteo de Argumentos es demasiado pulcro, demasiado académico, como para molestar a nadie. 

3) Comienza con una frase que nos retrotrae a la visión posmodernista de la sociedad: "Todos los gobiernos, de izquierda o de derecha, construyen relatos." La noción de "relato" es la forma posmoderna de aludir a la vieja cuestión de la ideología. Sin entrar en detalles, la mencionada noción tiende a formular una versión relativista del proceso histórico, pues lleva a pensar que la ideología es una mera justificación de los actos de cada actor político, construida como si se tratara de una obra de ficción. Hablar de ideología, en cambio, supone ligar estos "relatos" a intereses determinados, y dejan de ser ficciones para volverse parte de la realidad, ya sea justificando la dominación o poniéndola en cuestión. De ahí que la mención a la "izquierda" y a la "derecha" termine girando en el vacío. Cabe decir que, hasta este momento, el documento presenta a la izquierda y a la derecha como una cuestión de distribución del ingreso; la producción (base de la desigualdad que dicen combatir los autores del documento) queda intacta. Por último, la mención a los relatos está armada de un modo tal que parece que los principales destinatarios de esos relatos fueran los intelectuales. Todo es muy autorreferencial.


A continuación, los firmantes de Argumentos se preocupan por negar la existencia de un "discurso único" bajo el "kirchnerismo", tal como sostiene la gente de Plataforma 2012. Despachan la cuestión diciendo que hay "debate público" y que, por tanto, no puede hablarse de "pensamiento único". En rigor, las cosas son un poco más complejas. La dominación capitalista requiere, para ser efectiva, la apariencia de pluralidad. Esto es así, porque dicha pluralidad se halla garantizada por la dictadura capitalista en la fábrica. Este es el marco imprescindible para analizar la cuestión de la pluralidad. Pero los autores parecen haber hecho la promesa de no mentar ni en sueños al capitalismo ni a cualquier otra cuestión terrenal. 


4) En este punto del documento se encuentra la defensa más encendida de la política del "kirchnerismo". El punto comienza así: "Existen disputas por la legitimidad política muy asociadas con los procesos de distribución económica." Al revés, ¿existen, acaso, disputas políticas que no estén asociadas a "procesos de distribución económica"? Entonces la afirmación de Argumentos es una verdad de Perogrullo, sólo que lavada y empeorada. Si aceptamos el punto de vista de los autores: a) queda abierta la posibilidad para escindir ciertas luchas políticas de la disputa por los "procesos de distribución económica"; b) está implícita la negación de que las luchas políticas puedan tener por objeto los procesos de producción. Para los autores del documento que estamos comentando, todo el proceso político gira en torno a la distribución.


Luego de este comienzo, vuelve a ser rechazada la tesis de la "profundización de la desigualdad", postulada por los firmantes de Plataforma 2012. Acto seguido, nos presentan una verdadera perla: "los poderes económicos y corporativos son mucho más reales de lo que un lector de Plataforma podría suponer. (...) todos hemos vistos actuar a los grupos rurales, eclesiásticos, a los medios, a transnacionales, fondos buitres y gobiernos extranjeros." ¿Cómo debemos entender esta afirmación y qué relación guarda con la cuestión de la desigualdad? En principio, a nadie se le ocurre negar la realidad, por ejemplo, de los grupos rurales (¿por qué no mencionar directamente a la Mesa de Enlace o a la Sociedad Rural?). El problema es que los autores no arman explícitamente todo su argumento. Veamos. Dicen que las luchas políticas se encuentran asociadas con los procesos de distribución económica, y que esas luchas "son verdaderamente complicadas". Pero no explican directamente porque son "complicadas". Viene una referencia a la "corriente progresista" que enuncia la tesis de la profundización de la desigualdad, y acto seguidon formulan su referencia a los poderes "económicos y corporativos", y a sus tensiones con el gobierno. El argumento implícito parece ser: el gobierno de Cristina Fernández quiere reducir la desigualdad, pero la correlación de fuerzas le es desfavorable frente a los "poderes económicos y corporativos". En consecuencia, el deber de los intelectuales es apoyar al "kirchnerismo" para no hacer el juego a esos "poderes económicos y corporativos". Pero nada de esto aparece formulado claramente. Hay que tener presente que se trata de un texto político, dirigido al gran público.

5) Para los autores de Argumentos, la "disyuntiva" actual en el país se da entre una "concepción neodesarrollista, que en el fondo cree que mayores formas de inclusión y justicia serán alcanzadas gracias al crecimiento económico" y una "concepción igualitarista que cree en un desarrollo integral, económico y social, ambiental y cultural". Todo muy bonito, pero si las clases son planteadas de este modo, ambas concepciones parecen girar en el vacío o ser meros "relatos". Esto es así porque los autores piensan la disyuntiva en términos estrictamente académicos, no políticos. Si el "pensamiento crítico" pretende transformar la realidad, tiene que empezar por ser verdaderamente critico. En vez de plantear una disyuntiva abstracta, los autores de Argumentos podrían comenzar por identificar a los actores que se encuentran detrás de ambas concepciones, y luego ponerlos en relación con : a) el carácter capitalista de la sociedad argentina; b) los "poderes económicos y corporativos".


6) En el último punto del documento, los autores esbozan su posición frente al gobierno de Cristina Fernández. Expresan su desacuerdo ("no compartimos") con "acciones y metodologías" del gobierno. Citan el Indec y la minería contaminante. Ni una palabra sobre vivienda, salud, educación, jubilaciones, precariedad laboral. Pero, a la vez, niegan la posibilidad misma de construir un proyecto político a la izquierda del "kirchnerismo". Así, sostienen que dichas discrepancias con acciones y metodologías del gobierno, "no nos lleva a creer que exista hoy en la Argentina la posibilidad de una construcción de izquierda que insista en desconocer los avances logrados en estos años." Si la izquierda desconoce los "logros", es por irracionalidad y tozudez. Expresado en términos más llanos, dada la correlación de fuerzas, el "kirchnerismo", con todos sus defectos, es la única izquierda posible. De ahí que sostengan que "un pensamiento crítico comprometido con lo que hay que lograr, pero también con lo logrado, intervendrá activamente en el debate acerca de lo que falta, que es un avance cualitativo en todos los terrenos de una mayor igualdad."


Un "pensamiento crítico" comprometido con la lucha de los trabajadores comenzará por formular un análisis en términos de la correlación de fuerzas entre las clases sociales, teniendo presente que la lucha por la igualdad debe incluir como eje a las relaciones de producción. Los firmantes de Argumentos eligen un camino diferente. Parten de la petición de principio de que el "kirchnerismo" lucha por la igualdad, y a partir de allí cuentan cuanto falta para lograr esa igualdad. Ni siquiera tienen en cuenta la disyuntiva que indicaron en el punto 5. Como su horizonte teórico es la distribución, no tienen necesidad de hablar de capitalismo, ni de explicar como una sociedad capitalista, desigual por definición, puede volverse igualitaria sin perder su condición de capitalista. 




Mataderos, domingo 15 de enero de 2012

NOTAS:

(1) Ver el documento completo, así como también la lista de los firmantes, en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-185201-2012-01-11.html

(2) El sitio oficial de Carta Abierta es: http://www.cartaabierta.org.ar/

(3) La dirección del blog de este agrupamiento es: http://plataforma-2012.blogspot.com/

(4) El blog de la Asambles de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y los Trabajadores es: http://asambleadeintelectualesfit.wordpress.com/

martes, 10 de enero de 2012

MÁS SOBRE LA TEORÍA KIRCHNERISTA DEL ESTADO: COMENTARIOS A UNA ENTREVISTA A ERNESTO LACLAU

"Los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas 
son los que no han ido a ninguna parte."
Antonio Machado

El diario LA NACIÓN del día domingo pasado publicó una entrevista a Ernesto Laclau, realizada por el periodista Hugo Alconada Mon (1). En ella, Laclau vierte algunas opiniones que resultan de interés para la comprensión de la concepción "kirchnerista" del Estado.

Laclau afirma que está en contra de "las visiones ultralibertarias que pregonan que hay que crear una democracia de base y que hay que ignorar al Estado como enemigo." Laclau no menciona cuáles son esas "visiones ultralibertarias". Esto resulta sugestivo, porque esa vaguedad le permite crearse un enemigo a su imagen y semejanza. En toda la nota, nuestro autor va a combatir contra enemigos imaginarios, soslayando de ese modo las cuestiones fundamentales de la política moderna.  Analicemos el procedimiento con un poco de detalle. 

En una sociedad capitalista, esto es, aquella forma de organización social en la que los medios de producción son propiedad de UNA PARTE de la población, la desigualdad es una cuestión notoria. Esta desigualdad, que se manifiesta en cuestiones tan disímiles como la forma de viajar, el acceso a la salud y a la vivienda, la educación, etc., etc., también se expresa en el plano de la política. Aquellos que poseen medios de producción tienen la capacidad de controlar a la política a partir de su dominio de la palanca principal de una economía capitalista, que es la inversión. Los asalariados, por su parte, se encuentran subordinados a la dictadura del empresario en su lugar de trabajo, siendo educados así en la resignación a que las decisiones importantes las tomen los otros. Al poder que da el control de la inversión, se suma la influencia del lugar de trabajo como escuela de "democracia". En una sociedad basada en la desigualdad, el Estado no puede hacer otra cosa que reproducir esa desigualdad. Esto se nota, entre otras cosas, en el hecho de que el eje de toda la política estatal es el crecimiento económico. Ahora bien, en una economía capitalista, crecimiento económico significa fortalecimiento de los capitalistas. El secreto del Estado moderno es, pues, la satisfacción de los intereses de los empresarios. Uno puede pensar lo que quiera del Estado, puede sostenerse que el esquema esbozado en las líneas precedentes debe hacerse más complejo (y esta complejización es, por supuesto, necesaria), puede sostenerse, en fin, que en el Estado confluyen varias lógicas. Pero lo que no puede hacerse es negar que el Estado moderno está ligado de manera inseparable a los intereses de la acumulación capitalista. Es por ello que no cabe hablar de neutralidad del Estado en el marco de las relaciones entre capital y trabajo. El Estado actual puede hacer muchas cosas, pero está impedido por su propia lógica a ir en contra de la acumulación capitalista.

Volvamos al amigo Laclau. Hemos optado por una presentación general del carácter del Estado porque nuestro autor se mueve en un terreno de suma ambigüedad en el pasaje citado. Luego haremos referencia a cuestiones más concretas. En este marco general, Laclau reprocha a los "ultralibertarios" el considerar al Estado como "un enemigo". ¿Es esto un pecado? Si se escribe desde el punto de vista de los empresarios en su conjunto (está claro que hay situaciones puntuales en las que el Estado es el enemigo para ciertos grupos de capitalistas), el Estado de ninguna manera es "el enemigo". No lo es porque: a) es el guardián de la propiedad privada (pilar de la producción capitalista); b) el objetivo fundamental de su política es el crecimiento económico. Ahora bien, desde los trabajadores y demás sectores populares, el Estado aparece como el defensor de los intereses de los empresarios y, es por tanto, mucho más "enemigo" que "amigo". De modo que en la "discusión virtual" que sostiene Laclau con los no menos "virtuales ultralibertarios", son estos últimos los que se hallan más cerca de la verdad.

Si el Estado no es considerado como "el enemigo", entonces ¿cómo concibe Laclau al Estado? En primer término, indica que se trata de un lugar aparentemente neutro. En sus palabras, "el Estado no es un enemigo. Es simplemente un terreno en el que la lucha democrática tiene que ejercerse". La caracterización del Estado como "terreno" debe entenderse en el sentido de que es pensado como un lugar en el que se enfrentan los distinos grupos sociales (Laclau, posmarxista, rechaza el concepto de clase sociales). Pero este "lugar" parece no formar parte de los sectores en lucha, lo cual nos permite dejar de concebirlo como "enemigo". Si quedan dudas acerca del carácter que Laclau le otorga al Estado, basta leer la frase "lucha democrática". El Estado es el lugar en que se desarrolla la lucha democrática. Esta expresión tiene dos significados, complementarios entre sí:

a) el Estado no pertenece a un grupo en especial, sino que expresa el balance de la lucha "democrática" entre los distintos grupos de la sociedad en un momento histórico determinado. Esto refuerza la idea de que el Estado no es "el enemigo", puesto que no se trata de una institución (o conjunto de instituciones) en disputa, sino de un lugar en el que se expresan las luchas de los distintos actores sociales. En otros términos, no podemos pensarlo como "enemigo" porque simplemente expresa luchas cuyo resultado se modifica constantemente;

b) la frase "lucha democrática" sirve para desterrar del vocabulario la noción de "lucha de clases". El Estado no es, por tanto, expresión de la lucha de clases. Más claro, Laclau plantea la inexistencia de la lucha de clases. De ahí el valor de la expresión "lucha democrática". Hay que tener presente que la supresión de la noción de lucha de clases es imprescindible para sustentar la tesis de un Estado neutral. Laclau hace bien los deberes.

Una vez rechazada la definición del Estado como "enemigo", Laclau pasa adelante. Si el Estado es "amigo", las tareas a realizar son las siguientes: "El modelo económico debe seguir con las mismas directivas sin hacer concesiones inadecuadas a los organismos internacionales para seguir en el G20. [Es evidente que la sanción de la Ley Antiterrorista ha obligado a Laclau a abrir el paraguas] (...) Hay que derivar las inversiones al mercado interno, diversificar la producción nacional y esto no se hace en dos días." La orquesta parece sonar afinada, pero al poco tiempo comienzan las disonancias. Si nuestra economía es capitalista, y nadie niega esto ni en la teoría ni en la práctica, y nuestro Estado carece de los recursos necesarios para impulsar un capitalismo de Estado (sin entrar aquí en la discusión de si esto último es posible), se vuelve obligatorio llegar a un acuerdo con los capitalistas para asegurar las inversiones. Esto es perfectamente lógico para quienes aceptan las reglas de juego del sistema, pero resulta un camino inviable para quienes quieren luchar decididamente contra la desigualdad. Este es el principal punto en disputa con los exponentes de la "izquierda kirchnerista", quienes sostienen que el gobierno nacional encarna un proyecto emancipatorio al que hay que sumarse para garantizar su profundización (entendida dicha profundización como "más liberación"). Pero la liberación es imposible sin combatir las relaciones sociales que garantizan la profundización de la desigualdad. Y Laclau propone todo lo contrario.

A continuación, "asegurada la derivación de las inversiones hacia el mercado interno", Laclau la emprende con la democracia: "El segundo desafío es la democratización a distintos niveles, a nivel de los medios de difusión y a nivel de las instituciones. Es necesario crear una democracia de base, más profunda, de modo que no sea sólo el aparato del Estado el lugar donde se generan las decisiones." (El resaltado es mío). En este punto Laclau deja por un momento la seriedad y despliega su veta humorística. En el punto anterior había sostenido que el Estado debía impulsar que las inversiones fueran la mercado interno. En el contexto argentino actual, las inversiones pueden ser  realizadas por los empresarios, quienes no suelen comportarse por amor al próximo. Más claro, Laclau propone que el Estado haga todo lo necesario para mantener las ganancias de los empresarios. Esta es, en el marco de la sociedad capitalista, la manera real y práctica de lograr inversiones. (2) Si esto es así, ¿cómo se puede crear una democracia más profunda si se fortalece a la vez al capitalismo? Pero Laclau, para quien estas cuestiones son pequeñeces, prefiere descomprimir la tensión con un chiste: según Don Ernesto, el aparato del Estado es el lugar donde se generan las decisiones. Si es así, la teoría política es innecesaria. Para qué rompernos la cabeza pensando la relación entre el Estado y la sociedad. Que el Estado tome las decisiones que sean necesarias y punto. Esto es lo que parece querer decirnos Laclau, pero preferimos optar por considerar su afirmación como un mal chiste. Es preferible ser piadoso.

Tras su incursión humorística, Laclau se pone serio y dice: "la lucha democrática no se acaba en el Estado. Existe en todos los niveles de la sociedad civil y en este gobierno ví esta voluntad de democratización colectiva." Es una declaración muy bonita, pero deja de lado el papel antidemocrático del capitalismo. Vamos al grano. Laclau parte del supuesto de que capitalismo y democracia con compatibles. Esto es posible porque su planteo consiste en garantizar la dictadura de los capitalistas en las empresas, con el objetivo de garantizar las inversiones. El Estado tiene que encargarse de "derivar las inversiones", pero no discutir la forma en qué produce el capital. Ahora bien, ¿es posible democratizar la sociedad si aquello que hace la mayoría de las personas la mayor parte de sus vidas, esto es, trabajar, se realiza en condiciones dictatoriales? Si los empresarios deciden qué producir, cómo producir y en qué cantidad, ¿es posible "profundizar la democracia"? Sin embargo, ninguna de estas cuestiones es importante para Laclau.

Una buena ejemplificación de lo expuesto en el párrafo anterior se encuentra en la forma en que Laclau se refiere a la CGT: "La CGT y el movimiento obrero tienen que entender que ya no estamos en el 46. La estructura social del país es muy distinta, los sectores que participan en el proceso de cambio son mucho más amplios y aunque el movimiento obrero sigue siendo un elemento privilegiado, no tiene la centralidad que tuvo en el pasado. Sería muy importante para superar este conflicto que se viera más claramente identificada a la CGT con el proyecto nacional, ya que cuando las demandas de un grupo son puramente corporativas, ese grupo no ayuda al proceso de cambio." Veamos: a) ¿qué significa que "ya no estamos en el 46"? Así presentada la frase, parece más un golpe de efecto que una afirmación meditada y fundamentada. Si bien a continuación figura la frase "la estructura social del país es muy distinta", pero Don Ernesto también nos deja a oscuras. Es muy fácil (de tan obvio) señalar que las cosas en 2011 son diferentes a las cosas de 1946, pero lo realmente significativo es la descripción de las diferencias. Tampoco esto interesa a Laclau; b) la afirmación "los sectores que participan en el proceso de cambio son mucho más amplios" es un tanto desconcertante. En 1946 la coalición social peronista incluía al movimiento obrero, al Ejército, a la Iglesia y a una parte sustancial del empresariado. Si esto no es amplio, ¿dónde está la amplitud? Pero Laclau dice expresamente que en 2011 los sectores que participan en el cambio "son mucho más amplios". Tal vez Laclau se refiera al apoyo que han dado al "kirchnerismo" buena parte de los empresarios agrarios, a pesar del conflicto de 2008. En todo caso, está claro que la amplitud no garantiza la emancipación; c) el movimiento obrero "sigue siendo un elemento privilegiado (...) no tiene la centralidad del pasado". Esto sólo tiene sentido si se explica cuáles son los cambios que se han producido en la estructura social del país y qué rasgos tiene el modelo de acumulación imperante desde la crisis del neoliberalismo en 2001. Pero Laclau es parco a la hora de conceder migajas de saber a los mortales; d) si la CGT no está "claramente identificada con el proyecto nacional", ¿puede decirse que la UIA si lo está?, ¿De Mendiguren sí lo está? Todo es posible cuando la retórica reemplaza al análisis fundado de la realidad. Lo asombroso, a esta altura, es que Laclau siga siendo considerado una figura de renombre en el campo de la teoría política.

Mataderos, viernes 13 de enero de 2012

NOTAS:


(2) Es bueno recordar que la franja de empresas que se destaca por un dominio abrumador del capital nacional (las pequeñas y medianas empresas) constituye el segmente en el que más abunda la precariedad laboral. En esto, el capital nacional es fiel al refrán "porque te quiero te aporreo".

domingo, 8 de enero de 2012

CAPITALISMO QUE ME HICISTE MAL Y SIN EMBARGO TE QUIERO: LOS INTELECTUALES KIRCHNERISTAS Y EL PAPEL DEL ESTADO


"Así como los cristianos son iguales en el cielo y desiguales en la tierra, 
los individuos que componen un pueblo son ahora iguales en el cielo de su mundo político,
desiguales en la existencia terrena de la sociedad."
Karl Marx (1818-1883).

Alejandro Robba es un economista argentino identificado con la polìtica del gobierno de Cristina Fernández. En el día de hoy el diario TIEMPO ARGENTINO publicó una columna en la que dicho economista hace algunas interesantes consideraciones sobre el papel que, en su opinión, debe jugar el Estado en "un gobierno nacional, popular y democrático". (1)

Luego de defender las medidas de política económica adoptadas recientemente por el gobierno nacional (entre ellas menciona las acciones para desalentar corridas especulativas contra el peso, la nueva política de subsidios, la Ley de Tierras, el nuevo Estatuto del Peón Rural y la declaración de interés público de la producción de papel prensa), Robba sostiene que todas ellas se basan en "la idea de que el Estado no es neutral, que es quien debe nivelar la cancha a favor de los sectores que menos posibilidades les da el «mercado» siempre ávido de profundizar las asimetrías y no de igualarlas. Es la política conduciendo la economía, que de eso se trata." Puesto que el argumento es característico de la posición "kirchnerista"  (y del progresismo en general) en el debate acerca del rol de Estado es conveniente hacer algunas observaciones a las afirmaciones de Robba.

En primer lugar, corresponde decir que el Estado nunca ha sido "neutral". En el capitalismo, el Estado tiene la obligación de defender las ganancias de los empresarios, pues éstas son el motor del proceso económico (luego volveremos sobre esta cuestión). En este sentido, la afirmación de Robba es innecesaria y genera confusión. Adam Smith (1723-1790), considerado el padre del liberalismo económico, escribió en su obra La riqueza de las naciones que "el gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente para defender al rico del pobre, o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna" (2). Pasando del terreno de la teoría económica al de la política económica, los políticos y economistas neoliberales que comandaron el ministerio de Economía a partir del golpe de Estado de 1976 tuvieron absolutamente claro que el Estado era una palanca formidable para disciplinar a la clase trabajadora y a los demás sectores populares. Es conveniente recordar esto porque se ha vuelto un lugar común del pensamiento progresista (en el que abrevan muchos intelectuales "kirchneristas") afirmar que el neoliberalismo promovió (y promueve) un debilitamiento en el rol del Estado en la economía, olvidando que el neoliberalismo es responsable de una intervención estatal a gran escala para suprimir la capacidad de resistencia de la clase trabajadora.

En segundo lugar, Robba sostiene que el Estado elige para qué equipo jugar, esto es, que decide ponerse la camiseta de los "sectores que menos posibilidades les da el «mercado»". Bien mirado, esto contradice la afirmación anterior sobre la "neutralidad". Si el Estado puede elegir, es producto de que está por encima de los intereses de los equipos que juegan el partido. En otras palabras, el Estado puede jugar el partido para uno de los equipos porque no es hincha de ninguno de ellos. Traducido a un lenguaje un poco más teórico. El Estado (por lo menos el "nacional, popular y democrático" defendido por Robba) es autónomo respecto a los intereses de quienes dominan el mercado por tener la propiedad de los medios de producción. 

En tercer lugar, Robba alude a una desigual distribución de las posibilidades de los distintos sectores, distribución que es responsabilidad del "mercado". Dado que el lenguaje de los intelectuales progresistas suele ser renuente a llamar al pan pan y al vino vino, la frase de Robba no deja de ser significativa, pues lleva implícito el reconocimiento de que el «mercado» es fuente de desigualdad. ¿Cómo genera "desigualdad" el "mercado"? Nuestro autor avanza un poco más, pues sostiene en la misma columna que la política del gobierno tiende a evitar que "los ganadores no sean los que pueden valerse por sus propios medios (poder, concentración, tamaño, posición dominante, etc.)". En otras palabras, el «mercado» supone una distribución desigual de las oportunidades, la cual se basa, a su vez, en una distribución desigual del "poder económico". Ahora bien, esto es propio de una economía capitalista, cuyo fundamento último es la propiedad privada de los medios de producción en manos de un sector de la población. La desigualdad es, por tanto, la base del capitalismo. Robba escribe: "siglos de capitalismo han comprobado que el mercado y la idea neoliberal de la libre competencia tienden a la concentración y a la desigualdad social". La frase suena lapidaria, pero hay que notar que en la misma no se alude a la propiedad privada de los medios de producción (¡qué es justamente la base de la desigualdad en el capitalismo!) y que en ella se sostiene que el capitalismo "tiende a la desigualdad", cuando que la realidad histórica muestra que el capitalismo supone la cristalización de la desigualdad. Decir que el capitalismo "tiende a la desigualdad" supone defender la idea de que esa tendencia puede ser corregida... por nuestro "gobierno nacional, popular y democrático". Como se verá más abajo, en la columna de Robba no se discuten de ningún modo los pilares de la dominación capitalista.

En cuarto lugar, es importante tener en cuenta la forma en que Robba alude a los sectores hacia los cuales se inclina el Estado. Se trata, según sus palabras, de "los sectores que menos posibilidades les da el «mercado»". La frase tiene su importancia. El autor no menta a los trabajadores o a los sectores populares o a los más humildes; escribe, "los sectores que menos posibilidades les da el «mercado»". Tomada literalmente, la frase permite incluir a los pequeños empresarios, a los medianos empresarios y aún a los capitalistas "amigos" que puedan resultar desfavorecidos en la competencia internacional. En criollo, todos somos argentinos y entre nosotros tenemos que ayudarnos; el Estado tiene que asegurar las ganancias de los empresarios y que los trabajadores tengan trabajo. Si la posición de empresarios y trabajadores está marcada por una profunda desigualdad es cosa que no tiene mayor importancia y queda para las elucubraciones abstractas de la "paleoizquierda". 

En quinto lugar, Robba afirma que la clave de la política "kirchnerista" radica en que "es la política conduciendo la economía". Esto es considerado como un logro en sí mismo y ya forma parte de los lugares comunes del progresismo nacional e internacional. Ahora bien, antes de salir a festejar a las calles conviene reflexionar un poco. Como ya indicamos, el capitalismo se basa en la propiedad privada de los medios de producción. Éstos son monopolizados por la clase capitalista, que hace que el proceso de trabajo gire en torno a la producción de plusvalor (si bien es no es del todo correcto, podemos hablar de ganancia para que se comprenda mejor el argumento). Quienes carecen de medios producción se ven obligados a contratarse como asalariados para obtener el dinero que compra las mercancías que precisan para vivir. Como los trabajadores son libres en términos jurídicos, los empresarios no precisan del látigo o del trabuco para obligar a los trabajadores a trabajar. La mejor prueba de ello es observar cómo se apiñan en las "horas-pico" en los cómodos medios de transporte para poder llegar a sus trabajos. Esto modifica radicalmente las condiciones de la dominación política. Si en las sociedades anteriores al capitalismo la clase dominante necesitaba controlar directamente el poder político, en el capitalismo impera la separación entre el interés público y el interés privado. Dicha separación es posible porque el control de los medios de producción permite que los capitalistas dominen las palancas de la economía. Todo el debate en torno al Estado tiene como punto de partida esta condición, habitualmente ignorada por los progresistas. Si esto es así, la frase de Robba sobre "el gobierno de la economía por la política" tiene que ser corregida. Decir que la política gobierna a la economía (o que la economía gobierna a la política) significa reconocer uno de los mecanismos fundamentales de la dominación capitalista. Puesto que los capitalistas controlan las palancas del proceso productivo, es de su interés defender la tesis de que la economía es el ámbito de lo privado, el  ámbito de lo "no político". De este modo se aseguran de que nadie piense que la propiedad privada es una institución política y de que las relaciones entre empresarios y trabajadores son relaciones políticas. Robba (y todos los intelectuales que suscriben frases por el estilo) reconocen implícitamente la dominación del capital, al que se le concede un ámbito que es "natural" (no existe otra economía posible que no sea la de "mercado"). La tarea del gobierno debe ser, por tanto, evitar la profundización de las "tendencias a la desigualdad". De ningún modo se trata de cuestionar la desigualdad misma, que es el capitalismo. Es por ello que Robba propone respetar el capitalismo, estando la acción del Estado (de su "gobierno" sobre la economía) limitada a corregir las tendencias a la "desigualdad, pero sin mencionar la "desigualdad" fundamental entre capital y trabajo.

Robba sintetiza el contenido de su columna con la frase "el Estado Nacional (...) es quien conduce (como en todo país soberano) el proceso de desarrollo económico, único camino para recortar aún más la brecha con los países de ingresos altos".  Este es "el rol que debe cumplir un Estado para que la sociedad sea cada vez más democrática e igualitaria". Frases agradables al oído, pero un tanto discordantes, pues Robba tendría que probar que el desarrollo capitalista (de ningún modo los intelectuales progresistas piensan en alguna otra forma de organización de la producción - ¡Ave María purísima, sin pecado concebida!) es compatible con la democracia y la igualdad. Tarea que a esta altura de la historia se parece a las viejas discusiones sobre el sexo de los ángeles.

Mataderos, domingo 8 de enero de 2012

NOTAS:


(2) Smith, Adam. (1958). Investigaciones sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La cita se encuentra en la página 633.

lunes, 2 de enero de 2012

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (25): LAMENNAIS



Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página. Lamennais (1782-1854)

39. Lamennais (1782-1854).

Cole aclara que Hugues-Felicité-Robert de Lamennais "no era socialista" (I: 191). [De hecho, por lo que se desprende de su biografía, era un intelectual del catolicismo, más allá de que sus posiciones se hayan lejos del rechazo en bloque de la modernidad propuesto por la jerarquía eclesiástica en el siglo XIX]. En sus obras atacó a owenistas, fourieristas, icarianos, sansimonianos. (I: 191).


Defendió el
sufragio universal, al que consideró "un primer paso indispensable hacia la emancipación económica y social. Llegó a creer firmemente que el pueblo, teniendo voto, podría obtener de sus representates las leyes que necesitaba para remedio de sus desdichas, y de acuerdo con esto su petición constante era la democracia política completa." (I: 191). Rechazó que el Estado fuera el responsable de la creación de la nueva sociedad." (I: 191). Ponía el acento en la asociación, "tanto para la ejecución colectiva de tareas comunes como, aún más, para contratos colectivos, los cuales creía que podían utilizarse para obligar a y que los salarios se elevasen hasta un nivel satisfactorio y para vencer el poder monopolizador del capital." (I: 192).Conjugó la defensa de los sindicatos obreros y las demandas políticas de la extrema izquierda francesa de las décadas de 1830 y 1840, con el rechazo de los medios violentos para obtener estos fines. "Pensaba que a los hombres había que convencerlos, antes de que se pudiese esperar que actuasen o, incluso, que aceptasen los actos benéficos de los demás; y, creyendo en la libertad individual como objeto último de los hombres, sospechaba que todo proyecto que implicara el ejercicio de la autoridad ocultaba el deseo de poder, que sería ejercido sobre el pueblo y no por el pueblo." (I: 192). [Es el dilema de todo de todo reformador social. Trata de lograr la revolución, el reemplazo del orden capitalista, por medio de la persuasión, del convencimiento de la mayoría de la población. Se comporta como un liberal (respeto a la individualidad) y un demócrata (respeto a la voluntad de la mayoría y rechazó las imposiciones por parte de las minorías esclarecidas) consecuentes. Pero esto termina por engendrar inconsecuencias frente a la principios sustentados. ¿Por qué? En una sociedad capitalista la clase dominante cuenta con dos mecanismos para "convencer" a las clases trabajadoras. Uno, el más visible, consiste en la propiedad privada de los medios de producción de ideas (en las sociedades modernas, los medios de comunicación de masas). El otro, velado, es el conjunto de las condiciones que generan la coerción económica, esto es, la creación de una compulsión a trabajar y a obedecer la lógica capitalista, internalizada en los individuos. Estos mecanismos operan constantemente (sólo se debilitan parcialmente en períodos de crisis) y cierran el paso a cualquier tarea individual de propaganda anticapitalista. Los esforzados varones que procuran convencer al "público" de la conveniencia de otras relaciones sociales termina por "actuar" para minorías (a las que, justemente, no es necesario convencer). De todos modos, la advertencia de Lamennais contra el ejercicio de la autoridad sigue siendo válida. El problema consiste en que la revolución es obligadamente autoritaria.]

Fue un crítico del
socialismo de las décadas de 1830 y 1840. (I: 196-197). Algunas de esas críticas dan en el blanco: "La mayor parte de las sectas (...) cometen el error de volver la espalda a la política, y en lugar de trabajar a favor de la soberanía popular basada en el sufragio universal, se concentran en proyectos para regular la propiedad." (I: 197). [El ataque no es válido, por supuesto, para los cartistas. Hay que decir a Lamennais concibe la política de manera unilateral, esto es, como una operación de persuasión y convencimiento. No llega a una concepción de clase del Estado.] "...la propiedad es indispensable para la libertad humana, y debe estar difundida y no concentrada. (...) La concentración de la propiedad en manos del Estado significa, por consiguiente, la tiranía del Estado sobre la familia y el individuo. El verdadero problema no consiste en abolir el proletariado, sino en hallar la manera de establecer un sistema en el cual 'toda persona sea propietaria'. El comunismo no conducirá a la libertad y la hermandad, sino al 'restablecimiento de las castas', las castas gobernantes dominando sobre un pueblo esclavidado." (I: 197). [Dejemos de lado la cháchara sobre la propiedad (propone, en definitiva, la propiedad privada mercantil, que conduce al capitalismo). La observación acerca del comunismo es importante. La lucha de clases no termina con el triunfo de los trabajadores y la conquista del Estado. En un sentido, es sólo el comienzo. A partir de ahí se trata de construir un poder que garantice la libertad, el pleno despliegue de las potencialidades humanas. Ese poder tiene que sustentarse en la libre acción de los trabajadores, en la organización política autónoma de éstos. Si los trabajadores son incapaces de organizarse más allá de la misma toma del poder, serán derrotados por la fuerzas de la vieja sociedad, que poseen mucha mayor experiencia en la organización de la dominación. De hecho, la historia de la Revolución Rusa muestra como la derrota de la organización de los trabajadores conduce inevitablemente a una restauración de los mecanismos de dominación clasistas.]

La importancia del poder político: "Las clases desposeídas, teniendo poder política y el derecho de asociación, podrán adquirir propiedad por sí mismas y reducir la propiedad actual de los ricos a una cuestión sin importancia. El trabajador, libre para contratar con su patrono de igual a igual, se negará a aceptar condiciones explotadoras. Podrá insistir en su derecho a una educación gratuita y para todos, y a aprender las artes y las ciencias que sea capaz de dominar. El rico perderá su monopolio de acceso al saber y a las técnicas superiores de producción; los trabajadores llegarán a ser dueños de sí mismos y capaces, mediante la asociación, de reunir el capital que necesiten. Todo esto no podrá suceder en un día, pero una vez que el poder político haya pasado a las manos del pueblo, lo demás vendrá por sí mismo a su debido tiempo como consecuencia natural." (I: 198-199). [Lamennais se queda en la esfera de la circulación, de ahí el énfasis en los derechos y libertades. Deja de lado el ámbito de la producción, en donde las propiedad privada de los medios de producción constituye la institución más sólida de la sociedad capitalista.]

"Constituye un eslabón importante entre Saint-Simon, que tenía la idea de una evolución histórica, pero no del conflicto entre capitalistas y trabajadores, y Marx, que fue más allá de Lamennais, uniendo las dos ideas en la concepción materialista de la historia. Pero, por supuesto, en Lamennais la concepción de la historia era idealista, y la lucha de clases, tal como la concebía, habría de ser emprendida con Dios como inspirador de la cruzada proletaria." (I: 201).


Buenos Aires, lunes 2 de enero de 2012