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lunes, 23 de julio de 2012

LA GESTIÓN SEGÚN EL KIRCHNERISMO


De un tiempo a esta parte, la gestión (o el gestionar) se ha convertido en uno de los caballitos de batalla del “kirchnerismo”. La facilidad con que se usa el término no va de la mano con la precisión en cuanto a su significado. En apariencia, al hablar de gestión se alude a una forma de gobernar manteniendo el orden de las cuentas públicas. Ese fue, palabras más palabras menos, el sentido que le dio al término la presidenta Cristina Fernández al regañar públicamente al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, por el manejo de las finanzas provinciales.

Pero si este es el significado de gestionar, ¿cuál es la diferencia con el discurso de los ’90, cuando se sostenía que había que evitar a toda costa el déficit fiscal? Además, es claro (y no hay que fastidiar al lector con estadísticas), que el “kirchnerismo” perdió el superávit fiscal que gozó hasta 2008: 

“Desde 2007 en adelante, la tasa de expansión del gasto del Estado nacional se incrementó significativamente, al punto de alcanzar el 19% del PBI (la mayor participación desde fines de la década de 1980). Este fenómeno y el menor ritmo de crecimiento de la recaudación – cuya desaceleración se intensificó al desatarse la crisis internacional en 2008 – determinaron la progresiva erosión del superávit fiscal, que tendió a desaparecer hacia fines de la década.” (Costa, Augusto, comp., La anatomía del nuevo patrón de crecimiento y la encrucijada actual, Buenos Aires, Atuel, 2010, p. 97).

Pero aquí nos interrumpe un militante “kirchnerista”: “¡Usted razona como un neoliberal! Nosotros no somos fundamentalistas del déficit fiscal, al estilo de los ajustadores que gobiernan en España. Para nosotros gestionar significa hacer un uso prudente de las dineros públicas, es decir, no endeudarnos con la banca internacional o los organismos financieros tipo FMI y Banco Mundial, y utilizar los recursos públicos para mejorar la vida de la gente.”

Para evitar desviarnos del tema principal, aceptemos el argumento que nos presenta nuestro amigo “kirchnerista”. Tomemos como válido que el gobierno de Cristina Fernández no derrocha ni un peso de fondos públicos en gastos innecesarios, y que todos los funcionarios son tan incorruptibles como dicen que era el viejo Robespierre. Pero esto todavía no nos dice nada sobre el carácter social de la política del gobierno.

Alfredo Zaiat, columnista económico del diario oficialista Página/12, suele defender con inteligencia las políticas del “kirchnerismo”. Es por ello que preferimos cederle la palabra para hacer un diagnóstico de los resultados de la gestión de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández:

“Los niveles de pobreza siguen siendo significativos, la informalidad laboral alcanza a un tercio de la población y aún persisten importantes bolsones de desigualdad. El déficit habitacional es agudo, un porcentaje de la población no accede a infraestructura básica de servicios esenciales y todavía existen sustanciales brechas educativas según estratos socioeconómicos. El desempleo y el subempleo involucran al 14,5 por ciento de la población económicamente activa, el regresivo Impuesto al Valor Agregado se ubica en un elevado 21 por ciento y las jubilaciones mínimas son insuficientes. Este marco general convive con años donde han avanzando indicadores sociales, económicos y laborales, mejoraron las condiciones materiales de los trabajadores y a la vez se revirtió la tendencia negativa en la distribución del ingreso, ganando posiciones los sectores postergados por décadas. Esto significa que pese a la recomposición de la situación sociolaboral aún se mantienen rasgos estructurales de profunda desigualdad.” (Página/12, 1/07/2012).

Hagamos algunas cuentas.

En la actualidad, el empleo no registrado (es decir, los trabajadores de 18 años y más en relación de dependencia a los cuales no se les efectúan descuentos por aportes jubilatorios) asciende al 34,2% de la población económicamente activa (La integran las personas que tienen una ocupación o que sin tenerla la están buscando activamente. Está compuesta por la población ocupada más la población desocupada). Este dato corresponde al 1° trimestre de 2012, y fue elaborado por el Indec. 

Sigamos. El desempleo, misma fecha y misma fuente, asciende al 7,1%.

Zaiat, en el artículo que hemos citado, sostiene que el desempleo y el subempleo sumados son el 14,5 de la población económicamente activa. En otras palabras, el 48,7% de los trabajadores en Argentina son desocupados, subempleados, no registrados. La mitad de los trabajadores tienen, por tanto, una situación laboral poco agraciada según fuentes insospechadas de neoliberalismo. En este aspecto, la gestión defendida por el “kirchnerismo” se ha mostrado cuanto menos poco eficaz para mejorar las condiciones laborales de la mitad de los trabajadores argentinos.

Pero nuestro amigo “kirchnerista” vuelve a alzar la voz: “Tu análisis es gorilismo puro, que le hace el juego a la «corpo». Nosotros asumimos el gobierno de un país que se incendiaba, con índices de desocupación, pobreza e indigencia siderales. Y logramos que la gente tuviera trabajo y empezar a planificar su futuro. Esto significa gobernar, gestionar, y no plantear utopías irrealizables que dividen al campo popular”.

Otra vez optamos por tomar como bueno el argumento de nuestro amigo. Sin embargo, hay algo que no cierra en su planteo. En diciembre de 2001 quedó claro que la continuidad del modelo económico imperante en la década del ’90 era absolutamente inviable. Pero no hubo salida popular a la crisis, en el sentido de que los empresarios siguieron gobernando en las fábricas, en los campos, en las oficinas y en los comercios. De hecho, la misma legislación laboral imperante en los años del peronismo menemista siguió vigente bajo el “kirchnerismo”. Como sucedió tantas veces en estos casos, el capital se recompuso y se puso en marcha un nuevo modelo económico, que permitió que los empresarios levantaran sus ganancias “con pala” (son palabras de la señora presidenta). Ahora bien, el nuevo modelo económico requería un manejo diferente de la fuerza de trabajo. La desocupación no era conveniente para el capital. Si lo eran la precarización y los bajos salarios:

“los salarios reales de la economía crecieron el 48% desde 2003 hasta fines de 2009. (…) Sin embargo, lo que parece ser un sustancial avance en las condiciones de vida de los trabajadores queda relativizado por la dificultad que ha tenido el poder adquisitivo de los salarios para superar los valores alcanzados durante la década de 1990. Más aún, pese al fuerte crecimiento que experimentó la economía en los últimos años, los salarios reales son relativamente bajos en comparación con la etapa de sustitución de importaciones.” (Costa, op. cit., p. 26).

“la oportunidad para el surgimiento de una (re) naciente industria sustitutiva se vio reforzada por dos elementos estructurales remanentes del período anterior: por un lado, la existencia de una considerable capacidad productiva ociosa; por el otro, la abundante oferta de mano de obra desocupada y dispuesta a trabajar a niveles salariales extremadamente bajos, ya que las remuneraciones habían sido devastadas por la crisis y la devaluación.” (op. cit., p. 42 – El resaltado es mío).

La persistencia de niveles elevados de trabajo no registrado, más la desocupación remante y el subempleo, constituyen la garantía que tienen los empresarios para que los salarios reales del conjunto de los trabajadores no consigan levantar cabeza. 

El “saber gestionar” del “kirchnerismo” demuestra, por tanto, ser muy efectivo para los intereses del capital. Hernán Brienza, editorialista político del diario “kirchnerista” Tiempo Argentino, escribió en su columna del domingo pasado: 

“La política es eso. Optar entre dirigir el gasto público a la publicidad y a la seguridad –como hizo Macri y en cierta medida también Scioli– o dirigirla a procesos productivos y de redistribución de la riqueza. Es aquí donde mueren los discursos ideológicos. Compartir el proyecto nacional y popular significa reasignar los recursos en una dirección determinada: en la construcción de la felicidad del pueblo, como diría Juan Domingo Perón.” (Tiempo Argentino, 22/07/2012).

Por una vez estamos de acuerdo con Brienza: “Es aquí donde mueren las palabras”, cuando se abandona la retórica y se pasa a los hechos, cuando la política deja de ser vista como una especie de técnica para administrar y se convierte en el terreno de la lucha entre las distintas clases sociales. El “kirchnerismo” ha demostrado en casi una década de gobierno su capacidad para administrar la transición entre dos modelos de acumulación capitalista. La tan mentada capacidad de “gestión” no es ni más ni menos que esto. Aclaramos que no estamos afirmando que “gestionar”, entendido de este modo, sea sencillo. Pero si queda claro que esto tiene poco que ver con la “emancipación nacional y social” pregonada por la izquierda del “kirchnerismo”.

Eduardo Aliverti, periodista defensor del “kirchnerismo”, se sincera y da la clave para cerrar esta nota:

"Lo expresado por esta implosión de la derecha criolla es que lo mejor del capitalismo epocal y vernáculo lo significa Cristina. ¿Nadie se pregunta por qué no existe la oposición? Sí. Se lo preguntan muchos. Pero el problema es la respuesta. Cristina o, si se prefiere, la tensión dramática encarnada en el kirchnerismo, es que no hay absolutamente nada mejor que ella –o que lo que ella representa– para vivir mejor o para seguir zafando. Si se toma nota de eso, se entenderá qué sentido mayor o menor puede darse a los avatares de la tarjeta SUBE, los gendarmes de Santa Cruz, la cotización del dólar blue, o si les avisaron a los trabajadores del Sarmiento que hay una reestructuración operativa." (Página/12, 23/07/2012; el resaltado es mío).

El resto es silencio…
Buenos Aires, lunes 23 de julio de 2012

sábado, 21 de julio de 2012

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (30): LOS ORÍGENES DEL SOCIALISMO ALEMÁN (II)


Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página.

b) El “socialismo” de Fichte (1762-1814)

En cuanto al desarrollo capitalista, Alemania se hallaba lejos de Inglaterra y de Francia en la primera mitad del siglo XIX. Su industria se encontraba en un estadio incipiente, su clase trabajadora estaba compuesta básicamente por artesanos, se territorio permanecía dividido en un mosaico de Estados pequeños y medianos (con la excepción de Prusia y Austria). Si la historia obedeciera al mandato del determinismo económico, la Alemania de principios del siglo XIX era el lugar menos indicado para que surgiera una teoría socialista. No obstante, fue precisamente en Alemania donde tuvo su origen el marxismo, la corriente de pensamiento socialista más influyente en los siglos XIX y XX. Esta aparente incongruencia debe explicarse a partir del examen de la filosofía idealista alemana y de la conexión entre ésta y las Revoluciones Industrial y Francesa. 

Aquí solo puedo enunciar estas cuestiones, pero quien desee profundizar en ellas puede consultar con provecho las siguientes obras: Razón y revolución: Hegel y el surgimiento de la teoría social (1941), de Herbert Marcuse (1898-1979); El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista (1948), de György Lukács (1885-1971); Ciencia, clase y sociedad: Sobre la formación de la sociología y del materialismo histórico (1976), de Göran Therborn (n. 1941). (1) Lo cierto es que Alemania, atrasada en el terreno económico y político, pudo interpretar por medio de su filosofía los profundos cambios que experimentaba la sociedad europea.

Cole dedica el capítulo 20 de su obra (2) a “examinar el desarrollo de las ideas socialistas en Alemania, hasta el momento en que Marx creó el socialismo característicamente alemán” (I: 223).

Cole remarca el corte que representa el marxismo en la historia del socialismo: 

“pronto habría de dominar la ideología de la mayor parte del continente, apartando de sí las formas anteriores de socialismo como el viento aparta la paja. No es que el marxismo llegase nunca a desterrar las doctrinas más antiguas: lo que hizo fue lanzar la mayor parte fuera del movimiento socialista, lo cual obligó a que éstas buscaran lugar en otra parte: en el cooperativismo, en las varias formas de anarquismo, incluso en el llamado «socialismo radical» (que sería mejor llamar «radicalismo social») o en el llamado «socialismo cristiano» en el seno de la Iglesia Católica. Los socialismos antiguos siguieron viviendo, incluso después que Marx había tomada prestada la designación de «utopismo» para aplicársela [a ellos]. Pero el marxismo los lanzó fuera del centro, tanto de la discusión, com de la organización.” (I: 223).

Cole insiste en el carácter alemán del marxismo (3). Más adelante, y en otros apuntes, volveremos sobre esta cuestión. Pero corresponde decir que, así formulada, la afirmación de Cole es parcialmente falsa. El origen del marxismo debe buscarse tanto en el desarrollo del movimiento obrero europeo como en la eclosión de teorías socialistas desde 1789. Decir que el marxismo es una doctrina alemana equivale a oscurecer el rol del movimiento obrero y de la lucha de clases. Es confinar al marxismo a la historia de las ideas. Esto no quita que el idealismo alemán (sobre todo Hegel) haya proporcionado la levadura para el surgimiento de esta variante del socialismo.

Cole afirma que el principal exponente del socialismo alemán pre-marxista fue el filósofo Johann Gottlieb Fichte (1762-1814). Según su opinión, hay dos obras que permiten considerarlo como antecesor del socialismo en Alemania. Se trata de: Der geschlossene Handelsstaat (El estado comercial cerrado, 1800), y sus conferencias de 1813 sobre Staatslehre (Teoría del Estado). 

En ellas Fichte elaboró los fundamentos de su teoría ética, centrada en 

“la actividad creadora del individuo que se expresa mediante la conducta social «inter-personal», en la exigencia de que a todo hombre se le den los medios para expresar su personalidad en el trabajo realizado asociándose a sus prójimos en una ocupación adecuada a sus inclinaciones naturales.” (I: 224). (4)

Fichte sostiene que el individuo puede desarrollar su personalidad si se realizan modificaciones sociales. Garantizar a las personas una ocupación adecuada a sus inclinaciones naturales,

“implica el derecho de acceso a los medios de producción que garantizarán el derecho del trabajador a su producto. El método de la sociedad para asegurar esto consiste en establecer un sistema de corporaciones productoras autónomas que coordinen sus esfuerzos y cambien sus productos mediante mutuo acuerdo. Estas corporaciones deben ser dueñas de los medios de producción, y deben dirigir la vida económica de la sociedad aparte del Estado político, como órganos autónomos de la sociedad en su conjunto.” (I: 224).

Posteriormente, Fichte pasó a atribuir al Estado la responsabilidad de crear las corporaciones citadas, pero nunca sostuvo que debía ser el Estado quien se encargase de la producción.

Los límites del “socialismo” fichteano son nítidos: 

“Fichte no pensaba que sus corporaciones se basaran en los sindicatos obreros o en cualquier movimiento militante obrero, ni, en realidad, en ninguna forma de asociación que fuese predominantemente obrera. No pensaba en una lucha por el poder entre dos clases rivales, o en un levantamiento contra la explotación, sino sencillamente establecer el derecho social del individuo a todo lo necesario para asegurar la posibilidad de expresar su personalidad en un servicio útil para la sociedad. (…) no era un demócrata, y no propuso que sus corporaciones estuviesen democráticamente controladas.” (I: 225).

No puede reprochársele a Fichte que ignorase al movimiento obrero al elaborar su teoría “socialista”. Independientemente de que la ideología fichteana era refractaria a la lucha de clases, la clase obrera no existía en Alemania a fines del siglo XVIII. Esto era consecuencia de la inexistencia o el escaso desarrollo de la manufactura y de la industria. Había, eso sí, artesanos y campesinos. Pero nada parecido a una clase trabajadora más o menos moderna.
Como quiera que sea, el “socialismo” fichteano se integraba como elemento redesarrollo subjetivista de la teoría ética de Immanuel Kant (1724-1804). Fichte pensaba que el orden social tenía que permitir el pleno desarrollo individual, y esto justificaba el reordenamiento social. 

Cole resume del siguiente modo la posición de Fichte: 

“Fichte era un idealista, aunque no un totalitario. Creía en la nación como una unidad real, que no absorbía a los individuos que la formaban, pero que les inspiraba un propósito ético que le permitía alcanzar un nivel más alto de cumplimiento y realización personales. Con este espíritu insistía en la necesidad de una sociedad ordenada y planeada, organizada como un sistema subsistente por sí mismo y subordinando a sus relaciones con otras sociedades a las exigencias de su unidad autárquica. En sus obras aparece claramente la idea, no sólo de un proteccionismo nacionalista dirigido a asegurar esa subsistencia propia, sino también la de una especie de colectivismo como medio para su realización ordenada. Esto hace considerarle como el antecesor, no del «nacionalsocialismo» en un sentido nazista, sino de la política nacional que se propone realizar el «socialismo en un país».” (I: 226).

Buenos Aires, sábado 21 de julio de 2012

NOTAS:

(1) En todos los casos hay edición castellana:
Marcuse, Herbert. (1986). Razón y revolución: Hegel y el surgimiento de la teoría social. Madrid: Alianza. (Traducción de Julieta Fombona de Sucre, con la colaboración de Francisco Rubio Llorente).
Lukács, György. (1970).El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista. Barcelona: Grijalbo. (Traducción de Manuel Sacristán).
Therborn, Göran. (1980). Ciencia, clase y sociedad: Sobre la formación de la sociología y del materialismo histórico. México D. F.: Siglo XXI. (Traducción de Santos Juliá Díaz). 

(2) Cole, capítulo XX: “El socialismo alemán. Sus comienzos” (I: 220-233).

(3) Lo llama “doctrina característicamente alemana” (I: 223).

(4) Como puede observarse, el idealismo alemán no es reacio a valorar la importancia del trabajo en la sociedad. Y no se trata únicamente de Fichte  También Hegel atribuye un papel central al trabajo.

martes, 17 de julio de 2012

FEDERACIÓN OBRERA ARGENTINA – 1° CONGRESO (MAYO DE 1901): RESOLUCIONES


[El texto está tomado de: Bilsky, Edgardo J. (1985). La F.O.R.A. y el movimiento obrero, 1900-1910. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. (Tomo 2, pp. 191-194). 

Bilsky utilizó las siguientes fuentes para reconstruir las resoluciones del Congreso: 

La Protesta Humana, 1/06/1901: “Congreso Obrero Gremial”.

El Obrero, 8/06/1901: “Congreso Obrero Gremial”.

La Organización, junio de 1901: “El Congreso Obrero”.

La Vanguardia, 1/06/1901: “Congreso Obrero Gremial”.]

[Antes de comenzar con la transcripción del documento, quiero manifestar mi reconocimiento al trabajo realizado por Bilsky, quien llevó adelante un esfuerzo fundamental por  el conocimiento de la historia del movimiento obrero argentino a principios del siglo XX.]

Declaración previa:

“Considerando que el Congreso obrero reunido en este local se compone de sociedades de resistencia, o por mejor decir, de colectividades obreras organizadas para la lucha económica del presente (1); y teniendo en cuenta que en el seno de estas colectividades caben todas las tendencias políticas y sociales (2), el Congreso declara: 

            Que no tiene compromisos de ninguna clase con el partido Socialista ni con el Anarquista, ni con partido político alguno, y que su organización, desarrollo y esfera de acción es completamente independiente y autónoma. Por lo tanto, la organización que este congreso apruebe es pura y exclusivamente de lucha y resistencia.”

Bases de la Federación:

“1° Se constituye en la Capital o en otro punto de la República, una federación obrera que se denominará Federación Obrera Argentina.

2° Para la marcha regular de la Federación se acuerda nombrar un comité federal compuesto por un delegado de cada sección federada y un comité administrativo que será nombrado en el seno del congreso. (3)

3° El congreso decidirá de la fecha y lugar donde ha de celebrarse el próximo congreso y que el comité Administrativo de la Federación celebre sus Asambleas.

4° Los estatutos de la Federación se harán bajo las bases del presente acuerdo y se someterán a la aprobación de las sociedades federadas.

5° Una vez organizada la Federación Obrera Argentina pactará acuerdos de solidaridad con las federaciones extranjeras.

6° Sostendrá un periódico quincenal o mensual, en el que dará cuenta de las deliberaciones de las sociedades.” (4)

El periódico de la Federación se intitulará La Organización Obrera y reemplazará a La Organización, el cual deberá dejar de aparecer.

Arbitraje:

            “La F.O.A. afirmando la necesidad de esperar solamente de la solidaridad de los trabajadores la conquista integral de sus derechos, se reserva en algunos casos el derecho de resolver los conflictos económicos entre el Capital y el Trabajo, en el juicio arbitral, aceptando sólo personas que presenten serías garantías para los intereses de la clase obrera.” (5)

Patrocinio: 

            “Que la Federación facilite a los obreros en las cuestiones que tengan con sus patrones, personas que las defiendan ante la ley.” (6)

Legislación del Trabajo: 

            “El Congreso declara que es necesario promover una enérgica agitación para obtener que los patrones sean responsables en los accidentes de trabajo; la prohibición del trabajo a las mujeres en lo que pueda constituir un peligro para la maternidad o un ataque a la moral; la prohibición del trabajo en los menores de 15 años. (7)

            Considerando el congreso que la ley es siempre adoptada a favor de los capitalistas y la pueden eludir, resuelve que los obreros deben esperar todo de su conciencia y unión, rechazando el recurrir a los poderes públicos para obtener cualquier mejora.”

Huelga General:

            “La Federación Obrera Argentina reconociendo que la huelga general debe ser la base suprema de la lucha económica entre el Capital y el Trabajo, afirma la necesidad de propagar entre los trabajadores la idea que la abstención general de trabajo es el desafío a la burguesía imperante, cuando se demuestre la oportunidad de promoverla con posibilidades de éxito.” (8).

            Se aprueba también el empleo del boicot y el sabotaje.

Primero de Mayo:

            “La F.O.A. proclama la abstención general de los trabajadores en el 1° de Mayo como alta protesta contra la explotación capitalista y la afirmación solemne de las reivindicaciones del proletariado.” (9).


Instrucción y Educación:

            “Se vota igualmente la instalación de escuelas libres” (o escuelas teórico-prácticas). (10).

Socorro Mutuo:

            “El Congreso deja a las sociedades autonomía con respecto al socorro mutuo, pero recomienda que éste sea independiente de las sociedades de resistencia, recordando que existen sociedades de socorro mutuo de carácter puramente obrero.” (11)
Sometida nuevamente a debate esta cuestión se aprueba lo siguiente (moción Garfagnini solo): 

            “El congreso reconociendo en el socorro mutuo un medio eficaz para el regular funcionamiento de las asociaciones federadas para la resistencia, deja a criterio de cada gremio la institución o no del socorro en su seno.” (12)

Personería jurídica:

Esta cuestión pasa a estudio de la Comisión Administrativa. (13)

Trabajo de la Mujer en las Fábricas y Talleres:

            “El congreso recomienda especialmente al comité federal todo lo que tienda a la organización de las mujeres obreras, para que así puedan elevar sus condiciones morales, económicas y sociales.” (14)

Actitud a asumir por las Organizaciones Obreras con los traidores a las huelgas:

            “Procurar que en los talleres y en las fábricas los obreros asociados obstaculicen y desprecien a los traidores.” (15)

Caja de Socorros para auxiliar a las víctimas de la propaganda y los movimientos obreros:

Se rechaza y se aprueba lo siguiente:
            “La Federación practicará la solidaridad con las víctimas de la propaganda.” (16)

Contribución de las Asociaciones a la Federación y la representación ante ella:

Se resuelve que las secciones federadas tendrán un delegado por cada 300 socios en el Comité Federal, no pasando de 3 delegados, aunque las secciones cuenten mayor número que 900 socios. Las cotizaciones serán de 5 centavos por socio y el monto total de la contribución de una organización a la caja federal no será mayor de 25 pesos mensuales.

Otras resoluciones (17):

Contra el trucksystem (sistema de vales a los obreros); 

Se aprueba la creación de una Bolsa de Trabajo, cuestión que pasa al estudio del Comité Administrativo junto con una propuesta para obtener de la Municipalidad un local gratuito u otras ventajas para que ella funcione; 

A favor de la reducción de la jornada de trabajo;

Igualdad de salarios para obreros de ambos sexos;

Aumento de salarios; 

Abolición del trabajo nocturno en los casos en que no sean necesarios;

Promover la organización de los obreros tranviarios.

Acuérdese además iniciar un movimiento a favor de la rebaja de los alquileres.

Declárase la necesidad y conveniencia de realizar congresos obreros internacionales.

Los estatutos de la Federación serán confeccionados por el Comité Federal y pasará luego a la aprobación de las secciones. El próximo congreso será convocado por los últimos días de abril o el 1° de Mayo de 1902.

Acuérdase que en cuanto comience a funcionar la Federación el Comité Federal emite un manifiesto que contendrá resumidas las aspiraciones de la Central y organizará un gran mitin.

Declaración de clausura:

            “El congreso obrero celebrado en la República Argentina al clausurar sus sesiones saluda al proletariado universal que lucha por su emancipación, se solidariza con sus esfuerzos y hace votos por la redención del género humano por medio de la Revolución Social.” (18)

NOTAS:

[Las notas están tomadas de Bilsky, tomo 2, pp. 237-238.]

(1) El periódico La Organización  y La Vanguardia presentan versiones diferentes en este párrafo: el primero dice “…la lucha económica para el presente…” y el segundo simplemente “…para la lucha económica…”.

(2) Aquí también La Organización dice: “…caben perfectamente cuantas tendencias políticas-sociales haya…” y La Vanguardia: “…cuantas tendencias político-aliadas haya…”.

(3) Marotta, tomo I, pág. 109;  Fernández, t. I, 2, pág. 59.

(4) Bilsky toma la redacción que figura en Oved, I. (pág. 167) por ser más completa. En su libro Santillán (págs. 69-70) dice: “Se aprueba sobre tablas que la Federación celebrará un congreso cada año y una Asamblea General cada seis meses…”

(5) F.O.R.A., pág. 3.

(6) Santillán, op. cit., pág.71.

(7) Hasta aquí coinciden la mayoría de los textos (Oved, pág. 169; Marotta, tomo 1, pág. 111), pero el párrafo siguiente sólo es incluido en F.O.R.A., pág. 3 y Oddone, pág. 84). Santillán presenta otro texto diferente: “El Congreso declara que es necesario promover una viva agitación popular para obtener que se respeten la vida y los derechos de los trabajadores.” (p. 71).

(8) F.O.R.A., op. cit., pág. 4; Oved, op. cit., pág. 169; Marotta, op. cit., pág. 111; Oddone, op. cit., pág. 84.

(9) Idem.

(10) Dice I. Oved (op. cit, pág. 169): “Es llamativo que los textos de informes entregados a periódicos distintos después del Congreso difieran entre ellos. La Protesta Humana escribe: «Se vota igualmente la instalación de escuelas libres» (el nombre difundido de las escuelas anarquistas); La Organización y El Obrero, en cambio, señalan que se resolvió crear «escuelas teórico-prácticas».”

(11) S. Marotta, op. cit., pág. 112. La moción es conjunta de Cúneo (socialista) y Garfagnini (anarquista).

(12) I. Oved, op. cit., pág. 170. Ambas mociones aparecen aprobadas según la fuente considerada.

(13) “Congreso Obrero Gremial. Clausura”. En: La Vanguardia (23), 8/06/1901, págs. 1-2.
(14) Marotta, op. cit., pág. 112.

(15) I. Oved, pág. cit., pág 170 y La Vanguardia, Ibid.

(16) I. Oved, pág. cit., pág. 171; Santillán, op. cit., pág. 73, La Vanguardia (ibid) dice: “Que cada uno contribuya moralmente, como mejor pueda, a la ayuda de los compañeros víctimas de la propaganda”

(17) Marotta, op. cit., y Santillán, op. cit.

(18) F.O.R.A., op. cit., pág. 4.

FUENTES PARA LAS NOTAS:

Fernández, Alfredo. (1936). El movimiento obrero en la Argentina. Buenos Aires: Plus Ultra.
F.O.R.A. Consejo Federal. Acuerdos. (1906). Resoluciones y Declaraciones. Congresos celebrados por la Federación Obrera Regional Argentina desde 1901 a 1906. Buenos Aires.
Marotta, Sebastián. (1960). El Movimiento Sindical Argentino, su génesis y desarrollo. Buenos Aires: Ediciones Lacio.
Oddone, Jacinto. (1949). Gremialismo Proletario Argentino. Buenos Aires: La Vanguardia.
Oved, Iaacov. (1978). El Anarquismo y el Movimiento Obrero en la Argentina. México D. F.: Siglo XXI.
Santillán, Diego Abad de. (1971). La FORA: ideología y trayectoria. Buenos Aires: Proyección.

Buenos Aires, martes 17 de julio de 2012