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lunes, 23 de julio de 2012

LA GESTIÓN SEGÚN EL KIRCHNERISMO


De un tiempo a esta parte, la gestión (o el gestionar) se ha convertido en uno de los caballitos de batalla del “kirchnerismo”. La facilidad con que se usa el término no va de la mano con la precisión en cuanto a su significado. En apariencia, al hablar de gestión se alude a una forma de gobernar manteniendo el orden de las cuentas públicas. Ese fue, palabras más palabras menos, el sentido que le dio al término la presidenta Cristina Fernández al regañar públicamente al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, por el manejo de las finanzas provinciales.

Pero si este es el significado de gestionar, ¿cuál es la diferencia con el discurso de los ’90, cuando se sostenía que había que evitar a toda costa el déficit fiscal? Además, es claro (y no hay que fastidiar al lector con estadísticas), que el “kirchnerismo” perdió el superávit fiscal que gozó hasta 2008: 

“Desde 2007 en adelante, la tasa de expansión del gasto del Estado nacional se incrementó significativamente, al punto de alcanzar el 19% del PBI (la mayor participación desde fines de la década de 1980). Este fenómeno y el menor ritmo de crecimiento de la recaudación – cuya desaceleración se intensificó al desatarse la crisis internacional en 2008 – determinaron la progresiva erosión del superávit fiscal, que tendió a desaparecer hacia fines de la década.” (Costa, Augusto, comp., La anatomía del nuevo patrón de crecimiento y la encrucijada actual, Buenos Aires, Atuel, 2010, p. 97).

Pero aquí nos interrumpe un militante “kirchnerista”: “¡Usted razona como un neoliberal! Nosotros no somos fundamentalistas del déficit fiscal, al estilo de los ajustadores que gobiernan en España. Para nosotros gestionar significa hacer un uso prudente de las dineros públicas, es decir, no endeudarnos con la banca internacional o los organismos financieros tipo FMI y Banco Mundial, y utilizar los recursos públicos para mejorar la vida de la gente.”

Para evitar desviarnos del tema principal, aceptemos el argumento que nos presenta nuestro amigo “kirchnerista”. Tomemos como válido que el gobierno de Cristina Fernández no derrocha ni un peso de fondos públicos en gastos innecesarios, y que todos los funcionarios son tan incorruptibles como dicen que era el viejo Robespierre. Pero esto todavía no nos dice nada sobre el carácter social de la política del gobierno.

Alfredo Zaiat, columnista económico del diario oficialista Página/12, suele defender con inteligencia las políticas del “kirchnerismo”. Es por ello que preferimos cederle la palabra para hacer un diagnóstico de los resultados de la gestión de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández:

“Los niveles de pobreza siguen siendo significativos, la informalidad laboral alcanza a un tercio de la población y aún persisten importantes bolsones de desigualdad. El déficit habitacional es agudo, un porcentaje de la población no accede a infraestructura básica de servicios esenciales y todavía existen sustanciales brechas educativas según estratos socioeconómicos. El desempleo y el subempleo involucran al 14,5 por ciento de la población económicamente activa, el regresivo Impuesto al Valor Agregado se ubica en un elevado 21 por ciento y las jubilaciones mínimas son insuficientes. Este marco general convive con años donde han avanzando indicadores sociales, económicos y laborales, mejoraron las condiciones materiales de los trabajadores y a la vez se revirtió la tendencia negativa en la distribución del ingreso, ganando posiciones los sectores postergados por décadas. Esto significa que pese a la recomposición de la situación sociolaboral aún se mantienen rasgos estructurales de profunda desigualdad.” (Página/12, 1/07/2012).

Hagamos algunas cuentas.

En la actualidad, el empleo no registrado (es decir, los trabajadores de 18 años y más en relación de dependencia a los cuales no se les efectúan descuentos por aportes jubilatorios) asciende al 34,2% de la población económicamente activa (La integran las personas que tienen una ocupación o que sin tenerla la están buscando activamente. Está compuesta por la población ocupada más la población desocupada). Este dato corresponde al 1° trimestre de 2012, y fue elaborado por el Indec. 

Sigamos. El desempleo, misma fecha y misma fuente, asciende al 7,1%.

Zaiat, en el artículo que hemos citado, sostiene que el desempleo y el subempleo sumados son el 14,5 de la población económicamente activa. En otras palabras, el 48,7% de los trabajadores en Argentina son desocupados, subempleados, no registrados. La mitad de los trabajadores tienen, por tanto, una situación laboral poco agraciada según fuentes insospechadas de neoliberalismo. En este aspecto, la gestión defendida por el “kirchnerismo” se ha mostrado cuanto menos poco eficaz para mejorar las condiciones laborales de la mitad de los trabajadores argentinos.

Pero nuestro amigo “kirchnerista” vuelve a alzar la voz: “Tu análisis es gorilismo puro, que le hace el juego a la «corpo». Nosotros asumimos el gobierno de un país que se incendiaba, con índices de desocupación, pobreza e indigencia siderales. Y logramos que la gente tuviera trabajo y empezar a planificar su futuro. Esto significa gobernar, gestionar, y no plantear utopías irrealizables que dividen al campo popular”.

Otra vez optamos por tomar como bueno el argumento de nuestro amigo. Sin embargo, hay algo que no cierra en su planteo. En diciembre de 2001 quedó claro que la continuidad del modelo económico imperante en la década del ’90 era absolutamente inviable. Pero no hubo salida popular a la crisis, en el sentido de que los empresarios siguieron gobernando en las fábricas, en los campos, en las oficinas y en los comercios. De hecho, la misma legislación laboral imperante en los años del peronismo menemista siguió vigente bajo el “kirchnerismo”. Como sucedió tantas veces en estos casos, el capital se recompuso y se puso en marcha un nuevo modelo económico, que permitió que los empresarios levantaran sus ganancias “con pala” (son palabras de la señora presidenta). Ahora bien, el nuevo modelo económico requería un manejo diferente de la fuerza de trabajo. La desocupación no era conveniente para el capital. Si lo eran la precarización y los bajos salarios:

“los salarios reales de la economía crecieron el 48% desde 2003 hasta fines de 2009. (…) Sin embargo, lo que parece ser un sustancial avance en las condiciones de vida de los trabajadores queda relativizado por la dificultad que ha tenido el poder adquisitivo de los salarios para superar los valores alcanzados durante la década de 1990. Más aún, pese al fuerte crecimiento que experimentó la economía en los últimos años, los salarios reales son relativamente bajos en comparación con la etapa de sustitución de importaciones.” (Costa, op. cit., p. 26).

“la oportunidad para el surgimiento de una (re) naciente industria sustitutiva se vio reforzada por dos elementos estructurales remanentes del período anterior: por un lado, la existencia de una considerable capacidad productiva ociosa; por el otro, la abundante oferta de mano de obra desocupada y dispuesta a trabajar a niveles salariales extremadamente bajos, ya que las remuneraciones habían sido devastadas por la crisis y la devaluación.” (op. cit., p. 42 – El resaltado es mío).

La persistencia de niveles elevados de trabajo no registrado, más la desocupación remante y el subempleo, constituyen la garantía que tienen los empresarios para que los salarios reales del conjunto de los trabajadores no consigan levantar cabeza. 

El “saber gestionar” del “kirchnerismo” demuestra, por tanto, ser muy efectivo para los intereses del capital. Hernán Brienza, editorialista político del diario “kirchnerista” Tiempo Argentino, escribió en su columna del domingo pasado: 

“La política es eso. Optar entre dirigir el gasto público a la publicidad y a la seguridad –como hizo Macri y en cierta medida también Scioli– o dirigirla a procesos productivos y de redistribución de la riqueza. Es aquí donde mueren los discursos ideológicos. Compartir el proyecto nacional y popular significa reasignar los recursos en una dirección determinada: en la construcción de la felicidad del pueblo, como diría Juan Domingo Perón.” (Tiempo Argentino, 22/07/2012).

Por una vez estamos de acuerdo con Brienza: “Es aquí donde mueren las palabras”, cuando se abandona la retórica y se pasa a los hechos, cuando la política deja de ser vista como una especie de técnica para administrar y se convierte en el terreno de la lucha entre las distintas clases sociales. El “kirchnerismo” ha demostrado en casi una década de gobierno su capacidad para administrar la transición entre dos modelos de acumulación capitalista. La tan mentada capacidad de “gestión” no es ni más ni menos que esto. Aclaramos que no estamos afirmando que “gestionar”, entendido de este modo, sea sencillo. Pero si queda claro que esto tiene poco que ver con la “emancipación nacional y social” pregonada por la izquierda del “kirchnerismo”.

Eduardo Aliverti, periodista defensor del “kirchnerismo”, se sincera y da la clave para cerrar esta nota:

"Lo expresado por esta implosión de la derecha criolla es que lo mejor del capitalismo epocal y vernáculo lo significa Cristina. ¿Nadie se pregunta por qué no existe la oposición? Sí. Se lo preguntan muchos. Pero el problema es la respuesta. Cristina o, si se prefiere, la tensión dramática encarnada en el kirchnerismo, es que no hay absolutamente nada mejor que ella –o que lo que ella representa– para vivir mejor o para seguir zafando. Si se toma nota de eso, se entenderá qué sentido mayor o menor puede darse a los avatares de la tarjeta SUBE, los gendarmes de Santa Cruz, la cotización del dólar blue, o si les avisaron a los trabajadores del Sarmiento que hay una reestructuración operativa." (Página/12, 23/07/2012; el resaltado es mío).

El resto es silencio…
Buenos Aires, lunes 23 de julio de 2012

1 comentario:

Guille dijo...

De todos modos, aunque la realidad demuestre de muchas maneras lo que el discurso oficial niega y afirma otra distinta, creo que lo más grave es la nula vocación democrática para prestarse al debate, a cualquier opinión disonante la respuesta siempre es autoritaria y excluyente, no hay discusión posible, no hay opiniones independientes sino dirigidas y malintencionadas.

Y aún peor, esta conducta hegemónica niega la alternancia en el poder, el futuro es muy muy sombrío en ese sentido, si bien la clase política que se posiciona en la vereda de enfrente parece no haber entendido el mensaje del 2001, el oficialismo supo captar una parte en el sentido de decir lo que creen que la sociedad quiere escuchar, aunque sus hechos lo desmientan.

Nunca hubo ni habrá discusión ni debate en este contexto político de exclusión del que piensa distinto, insinuar las fallas del modelo y sus sostenedores como hacen los editorialistas de opinión no le hacen mella a nadie, ni a los que estan a favor ni en contra, porque el gobierno se posicionó en un lugar de "gestionar" sin debate ni discusión avalado por personas que justifican los delitos y las mentiras ostensibles de muchas personas del poder con el argumento que esta sociedad no podría ser dirigida de otra manera, mas o menos como se pensaba en la primera década del S. XX en Alemania según Carl Schmitt.

Me parece que los defensores del modelo estan entregados a una idea de permanencia eterna en el poder y eso es incompatible con una democracia moderna, falta muy poco para el 2015 y esto se termina rápido pero el precio de la interna peronista, esta sociedad lo ha sabido pagar muy caro.