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miércoles, 29 de marzo de 2023

FICHA DE LECTURA: BLANCO, RAZÓN Y MODERNIDAD (2006)

Gino Germani

 

Alejandro Blanco es un sociólogo argentino, profesor en la Universidad Nacional de Quilmes. Es autor de Razón y modernidad: Gino Germani y la sociología en la Argentina (Buenos Aires, Sudamericana, 2006). El presente trabajo, una ficha de lectura sin otras pretensiones, comprende los capítulos 4 (La crisis de la razón y el programa de un racionalismo ampliado), 6 (La disputa por el método y el proyecto de una “ciencia unificada”) y 7 (La institucionalización de la “sociología científica”).


Gino Germani (1911-1977) se propuso crear una sociología científica en Argentina.[1]

Los dos objetivos principales de su proyecto teórico fueron:

a] Transferir el método experimental al campo de las ciencias sociales y convertir así a la sociedad en un objeto pasible de ser examinado a la luz de un método y un control experimental. (p. 106).

b] Colocar a las ciencias sociales en el papel de disciplinas orientadoras de un programa de reconstrucción racional de la sociedad. (p. 106).

Los principios fundamentales de su proyecto teórico e institucional fueron planteados en La sociología científica. Apuntes para su fundamentación (1956). Este trabajo puede ser considerado, según Blanco, como la “carta de incorporación”[2] de la sociología en el marco de las ciencias sociales en Argentina.

La creación de una sociología científica suponía:

è Superar, en el terreno de la práctica, la dicotomía entre sociología general (basada en un enfoque culturalista) y sociografía. Esta dicotomía había sido postulada por la sociología académica argentina, que concebía a la sociología como ciencia de la cultura, y a la llamada sociografía como fuente de datos para la primera. Germani proponía, en cambio, la conformación de una sociología definida como “ciencia empírica-analítica” (p. 169).

è Entrelazar, en el plano de la teoría, diferentes perspectivas. Todas ellas tenían en común el plantear que “«la ciencia social» era vista como una empresa opuesta a las perspectivas más filosóficas o especulativas de ésta.” (p. 171). Germani utilizó centralmente el neopositivismo, pero también la tradición cientista norteamericana, que se apoyaba a su vez en las tradiciones estadounidenses del pragmatismo, el conductismo y el operacionalismo.

è Emprender, también en el plano de la teoría, la reinterpretación de la obra de Max Weber (1864-1920). Este autor, interpretado de manera muy variada, era uno de los pilares de la posición de los profesores de sociología en Argentina en la década de 1940[3].

El proyecto de conformación de la sociología científica incluyó también:

è La participación activa de Germani en la reorganización de la Universidad argentina (sobre todo de la Universidad de Buenos Aires) luego del derrocamiento del peronismo en 1955. En este contexto, lideró el proyecto del Instituto de Sociología, que se convirtió en el primer centro de investigación y de formación de sociólogos en Argentina.

La sociología científica de Germani trabajó: a) la problemática del peronismo[4]; b) la problemática de la modernización y el desarrollo. De este modo, su proyecto se enlazó con dos de las preocupaciones centrales de la sociedad argentina del período posterior al golpe de 1955.

Ahora bien, ¿cuáles eran las características principales de la sociología con que se enfrentó Germani en Argentina?

Se trataba de una sociología “académica” de profesores que ocupaban un rol secundario en el sistema educativo formal; puede decirse que era una sociología “de cátedra”. Su enfoque era culturalista y defendía una división férrea entre sociología y sociografía. Existía una fuerte influencia de la sociología alemana (sobre todo, de la distinción entre ciencias naturales y ciencias sociales). Weber (cuya llegada a la Argentina fue relativamente tardía), era interpretado en clave espiritualista o culturalista[5].

Esta sociología formó parte de la reacción antipositivista que se verificó en Argentina en la década de 1930[6].

“De acuerdo a la nueva autocomprensión «culturalista» de la sociología, la sociografía, guiada por métodos naturalistas, era concebida como disciplina auxiliar de la sociología; a esta última quedaba reservada la tarea de conocer aquella dimensión de la vida social que, dada su naturaleza eminentemente espiritual, exigía una aproximación en los términos de una comprensión intuitiva. La prioridad asignada al saber de matriz filosófica en el estudio de los asuntos humanos se fundaba en un rechazo al determinismo positivista que – se argumentaba - colocaba la acción de los hombres en un marco demasiado estrecho de inteligibilidad.” (p. 112). 

¿Sobre qué bases epistemológicas construyó Germani su sociología científica?

Ante todo, Blanco aclara que Germani no propuso una ortodoxia, esto es, no fue estrictamente neopositivista en la fundamentación epistemológica de su teoría sociológica. Por el contrario, en Germani se encuentra una colección de fuentes que tenían en común la defensa de un enfoque empírico y el rechazo de una concepción filosófica de la sociología.

è Neopositivismo: aporte fundamental para edificar una sociología científica. Ejes: Rigor formal (validez deductiva), base empírica del conocimiento científico (verificabilidad de las proposiciones), búsqueda de un sistema de axiomas capaz de abarcar todo el conocimiento científico (ciencia unificada) (p. 169). El postulado de la ciencia unificada era interpretado por Germani en el sentido de que el neopositivismo planteaba que las ciencias sociales tenían que utilizar los mismos métodos que las ciencias naturales, con el objeto de garantizar la objetividad del conocimiento[7].

Germani pensaba que el neopositivismo (como también la neutralidad valorativa weberiana) recaía en una pura racionalidad instrumental (medios-fines), en la que los científicos estaban capacitados para indicar, previo establecimiento por los actores de los fines deseados, cuál era el camino más económico para llegar a ese fin a partir de los medios disponibles. Esto era un problema, puesto que la ciencia carecía de una racionalidad final, es decir, de instrumentos capaces de establecer cuáles fines eran mejores, o cuáles más valiosos al momento de realizar la elección de los objetivos propuestos[8]. La dificultad residía en que, si la ciencia se limitaba al terreno de lo legítimamente expresable, como pensaba, por ejemplo, Ludwig Wittgenstein (1889-1951), el campo de las cuestiones éticas y metafísicas quedaba abandonado a las filosofías irracionalistas o a la teología.

“Se advierte así la presencia de una tensión instalada en la estrategia de Germani de comprometer a las ciencias sociales con las tareas de la planificación en la medida en que, si por un lado admitía que aquel compromiso limitaba la intervención práctica de la sociología a una orientación de carácter instrumental (Weber-Mannheim), por el otro advertía que dicha limitación podía terminar encerrando a aquélla en lo que hoy llamaríamos (…) en el «círculo funcional de la racionalidad instrumental». De esta manera, la ciencia quedaba desconectada de cualquier problematización de los valores o los fines últimos, cuya consecuencia, todavía más embarazosa, era la de verse al servicio de fines que escapaban a su dominio y que incluso podían llegar a ser contradictorios con la existencia de la propia ciencia como actividad racionalmente organizada.” (p. 124-125).

Blanco sostiene que estas vacilaciones de Germani al momento de adherir plenamente a una epistemología de base neopositivista obedecen a una persistencia “de un impulso o residuo de ilustración en el proyecto de ciencia social ideado por Germani y que venía a contrariar naturalmente las convicciones más fuertes del programa neopositivista.” (p. 125).

è Racionalismo: Es el elemento teórico que crea tensiones y vacilaciones en el seno del proyecto de Germani. Es “un racionalismo que se rehúsa a conceder a un conocimiento de naturaleza metafísico, intuitivo, la discusión sobre las causas últimas, tanto como la voluntad de comprometer a la ciencia en el proyecto de una reforma práctico-moral de la sociedad.” (p. 125).

è Pragmatismo: Esta era una escuela filosófica que había tenido una escasa recepción en Argentina. Su principal exponente era el filósofo John Dewey (1859-1952). “…era esa actitud positiva hacia la ciencia y los métodos experimentales, tan característica de aquella tradición, no menos que su confianza en que la «investigación científica organizada» podría proponer soluciones racionales a la crisis, lo que permitía a Germani articular una perspectiva a la vez sobre la naturaleza del método de las ciencias sociales y sobre el papel de éstas en conexión con los problemas sociales.” (p. 117-118).

En el pragmatismo Germani encontró tanto una justificación del énfasis puesto en los procedimientos empíricos en las ciencias sociales (cosa que ya existía en el neopositivismo), como una fuerte atención en la cuestión de la planificación social. La filosofía pragmatista era partidaria de “la necesidad de una planificación democrática que permitiría someter a control las «fuerzas de la producción» y conjugar, simultáneamente, los imperativos de la organización con los de la libertad.” (p. 118).

La propuesta de Dewey era la siguiente: admitir

“el condicionamiento social del conocimiento social en la medida en que la génesis de sus problemáticas constituía una respuesta a las cuestiones planteadas por la vida social; pero a diferencia de aquél, el pragmatismo confiaba en que una extensión de los métodos de las ciencias naturales a los asuntos humanos y morales estaba en condiciones de superar el relativismo que había puesto en crisis la objetividad del conocimiento histórico-social. En los términos de Dewey, la puesta en práctica de los métodos experimentales permitiría a la vez que plantear un nuevo tipo de objetividad, esta vez de carácter probabilístico, llevar adelante un programa de reforma moral e intelectual de las costumbres institucionales destinado a profundizar el proceso de secularización abierto por el espíritu moderno. En este nuevo contexto, las ciencias sociales estaban destinadas a cumplir un papel central en dicha reforma.” (p. 118-119).

è Sociología del conocimiento: Germani retomó la línea de pensamiento desarrollada por Karl Mannheim (1893-1947) y la unió con la del pragmatismo, con el objetivo de fundamentar el papel que daba a la sociología en la tarea de planificación social.

¿De qué modo reinterpretó Germani la sociología weberiana?

Dada la influencia que tenían la sociología y la cultura alemanas en la Argentina (muy notoria en las décadas de 1930 y 1940), Germani se abocó a demostrar los errores de las interpretaciones de la sociología académica argentina acerca de la teoría weberiana. De hecho, su apelación a la construcción de una sociología científica no resulta plenamente entendible si no se toma en cuenta el modo en que valoró la metodología desarrollada por Weber.

Germani no sólo ajustó cuentas con las interpretaciones habituales de la sociología weberiana, sino que también la emprendió con la tradición alemana en general. Según Blanco, Germani pensaba que “gran parte de la tradición alemana no ofrecía los medios para superar aquella distinción [entre sociología general y sociografía] y lograr así una unificación de la teoría y de la investigación empírica.” (p. 179).

Germani llevó adelante dos operaciones para dejar de lado el enfoque aceptado sobra la sociología de Weber:

·         “…sustraer a Weber de ese contexto interpretativo (el de la dicotomía ciencias naturales/ciencias del espíritu) y colocar su apuesta metodológica en el contexto de una definición general y única del proceder científico.” (p. 179)

Para Germani, Weber sostenía que no había diferencias sustanciales entre los métodos de las ciencias naturales y los de las ciencias sociales: “Weber había mostrado claramente que los «hechos» que son parte de la experiencia común o de la elaboración científica no son nunca una representación de la realidad sino una selección de ciertos aspectos, principio que se aplica tanto a la realidad natural como a la realidad histórico social. (…) En todo caso (…) la diferencia entre ciencias naturales y ciencias del espíritu no radicaba en el uso de conceptos generales – uso que en realidad ambas compartían – sino en la dirección del interés científico, hacia lo general, en las primeras, hacia lo individual en las segundas.” (p. 180-181).[9]

·         Germani intentó disociar el método weberiano de la comprensión de “cualquier procedimiento puramente intuicionista” (p. 181). “En todo caso, lo que pretendía desautorizar Germani era la asociación de la comprensión con un procedimiento destinado a captar alguna esencia o fenómeno irreductible a su expresión en un conjunto de proposiciones empíricamente verificables.” (p. 182).

·         Germani convidó que el tipo ideal, en tanto método de comprensión de conexiones objetivas de sentido, no difería en su fundamentación lógica de los procedimientos empleados por las ciencias naturales. Según Germani, “el empleo del tipo ideal en la investigación social no implicaba de ninguna manera un procedimiento distinto del de las ciencias naturales.” (p. 182).

 

Villa del Parque, miércoles 29 de marzo de 2023


NOTAS:

[1] Era italiano y había nacido en Roma. Arribó al país en 1934. Permaneció en Argentina hasta 1966, año en que marchó a EE. UU. para dictar clases en la Universidad de Harvard.

[2] Una carta de incorporación es un “documento público destinado a constituir una asociación formal o grupo corporativo a través de la designación de sus propósitos distintivos, de sus procedimientos operatorios, de sus recursos disponibles y de sus objetivos futuros (…) reclamo de una identidad así establecida así como la exigencia de derechos y privilegios correspondientes al estatus separado de una corporación.” (p. 168).

[3] Blanco sostiene la interpretación de la obra de Weber por Germani está en la línea de la llevada adelante por Talcott Parsons (1902-1979) en La estructura de la acción social (1937).

[4] Germani confesó posteriormente que en 1955 fue consultado por el dictador general Aramburu acerca de la “posibilidad y forma” de organizar una campaña de “desperonizacion”. La respuesta de Germani fue formulada en su ensayo “La integración de las masas a la vida política y el totalitarismo” (1956). (p. 190-191).

[5] En pp. 174-178, Blanco analiza las interpretaciones de Weber realizadas por Raúl Orgaz (1888-1948), Alfredo Poviña (1904-1986), Renato Treves (1907-1992), Francisco Ayala (1906-2009) y Ricardo Levene (1885-1959).

[6] Blanco afirma que se trató de una reacción de corte espiritualista contra la ciencia y su “crudo materialismo”. “Se cuestionaba (…) la pretensión positivista de transferir métodos que sólo resultaban válidos para analizar el mundo material al dominio de lo subjetivo que, incuantificable por naturaleza, debía quedar sometido a un tipo de saber que fuera capaz de poner de relieve la autonomía de la personalidad.” (p. 109).

[7] Para Germani, “la idea de una ciencia unificada como la de la extensión del método experimental a las ciencias sociales venía a contrariar, en principio, el establecimiento de una distinción, interna a la sociología, entre «ciencia cultural» y «sociografía» que era moneda corriente en el discurso filosófico y social de entonces.” (p. 117).

[8] Todo este argumento se desarrolla en pp. 119-125 del texto.

[9] Uno de los reproches que Germani dirigía a los intérpretes latinoamericanos de Weber era la separación entre el método de la comprensión y el de la explicación, pues esta escisión refrendaba la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales. Para Germani era precisamente al revés, y mediante el acercamiento entre explicación y comprensión, Weber había disminuido la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales.