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domingo, 21 de agosto de 2016

ORDEN Y PROGRESO: LA IDEOLOGÍA DE LA BURGUESÍA EN LA OBRA DE COMTE

Nota bibliográfica:

Redacté esta ficha en base a la exposición de la teoría de Comte formulada por Irving Zeitlin. Utilicé la traducción española de Néstor A. Míguez: Zeitlin, Irving M. (1997). Ideología y teoría sociológica. Buenos Aires: Amorrortu. El autor dedica a Comte el capítulo 7 de la obra (pp. 85-94).



Es conveniente empezar por el final. Al concluir el capítulo, Zeitlin define así a la obra de Comte: “Toda la doctrina positiva de este pensador es ideológica, en el más estricto sentido del término, y la ciencia nunca logra mucha autonomía en su sistema doctrinario y totalitario. (...) A pesar del homenaje verbal que rinde a la ciencia, prácticamente cada una de sus observaciones se basa no en la experiencia y la observación, sino en valores y sentimientos, y primordialmente en los valores,sentimientos e intereses de la burguesía. No vio, o no quiso ver, que los principios de organización que enunció - sus a priori - estaban enraizados en un contexto sociohistórico específico.” (p. 94).

Para una adecuada comprensiòn de la obra de Auguste Comte (1798-1857) es preciso tener en cuenta que ella constituyó una respuesta a la filosofìa de la Ilustración y, por ende, a la Revolución Francesa de 1789. Desde el punto de vista comteano, la Ilustración era una filosofía negativa, en el sentido de que los iluministas se dedicaban a criticar el estado de cosas existentes, a negarlo con las armas de la crítica. Por tanto, “debían desacreditarse y repudiarse los principios críticos y destructivos de la filosofía negativa, para poder reemplazarlos por los principios afirmativos y constructivos de la filosofía positiva.” (p. 85). El término positivo constituía la negación filosófica de la destrucción (lo negativo) revolucionaria.

Comte consideraba que su época estaba signada por la “anarquía social” y que ésta sólo podría ser evitada mediante la aplicación de la física social al estudio de la sociedad. Comte justificaba la necesidad de esa nueva ciencia aduciendo que la anarquía social era el producto de la anarquía intelectual, la cual era generada, a su vez, por la decadencia de la filosofía teológica y por el escaso desarrollo de la filosofía positiva. En ese panorama, predominaba la filosofía negativa, con su incesante crítica de todo orden existente. (p. 86).

El orden y el progreso, que los antiguos consideraban irreconciliables, deben unirse de una vez por todas.” (p. 86; el resaltado es mío - AM -).

⦗El orden es la preservación de la estructura de distribución del poder existente, la conservación de las normas y costumbres funcionales a ese orden, el mantenimiento de la jerarquía social existente. El progreso es identificado con el desarrollo científico y tecnológico. El estadio teológico (predominio de la religión) se caracterizó por la vigencia del orden. El estadio positivo, en cambio, tiene por rasgo principal el progreso.⦘

El principio del orden y el del progreso encarnaban en partidos y clases sociales distintas. Los conservadores bregaban por la restauración del feudalismo; los “anárquicos”, por la plena vigencia del Iluminismo. (p. 86).

Los conservadores (Comte tenía en mente a autores como Bonald, Maistre, etc.) querían lisa y llanamente la vuelta al Ancien Régime, sin comprender que éste se había desintegrado por la acción de la ciencia y la industria. La restauración del feudalismo era imposible porque seguirían operando las mismas fuerzas desintegradoras. (p. 86-87).

La acción de los pensadores del Iluminismo fue necesaria, pues contribuyó a erosionar los fundamentos intelectuales del orden teológico, permitiendo de ese modo el desarrollo del progreso. Pero en el siglo XIX la filosofía negativa era un impedimento a la unificación del orden y el progreso. Había que emprender la tarea de demostrar que los principios del Iluminismo ya no eran útiles para la consolidación de un orden positivo. Entre estos principios se encontraban la libertad de conciencia, la igualdad, la soberanía del pueblo. (p. 87). Comte sostenía que la reorganización de la sociedad requería de la unidad y la unanimidad, de modo que no podía permitirse la libertad de conciencia ni la crítica permanente de los fundamentos de la sociedad. (p. 87).

“Debe lograrse de alguna manera (...) una síntesis de las ideas opuestas de orden y progreso, porque solo mediante la unión y armonía intelectuales puede restaurarse la armonía social.” (p. 86). “La crisis social se mantendrá mientras las dos doctrinas antagónicas  - la teológica y la metafísica - prevalezcan. No es posible ningún orden hasta tanto ambas no sean superadas por la etapa positiva, que será más orgánica que la teológica y más progresista que la metafísica.” (p. 88).

Comte consideraba que la causa de los problemas sociales debía buscarse en las ideas y las costumbres, no en las instituciones económicas y políticas existentes. (p. 89).

“El quid es, pues, no entrometerse en las instituciones existentes o cambiarlas, sino realizar una reorganización moral, eufemismo para indicar la aceptación por parte de las clases inferiores de su condición social. No habrá orden ni progreso mientras los hombres no reconozcan que su sufrimiento es ⟪de naturaleza moral⟫, no física.” (p. 89).




El advenimiento de la filosofía positiva (p. 89-91)

La escuela conservadora condenaba a la época moderna en su totalidad; la escuela metafísica hacía lo mismo con los períodos anteriores a la Revolución de 1789. La superioridad de la filosofía positiva residía en que era la única que concebía a la época actual como el resultado de una evolución, en la que la etapa teológica y la etapa metafísica eran fases necesarias. (p. 89).

El objetivo de la instauración de la filosofía positiva era político: “evitar la revolución y lograr que la multitud se resignara a las condiciones del orden existente.” (p. 89).

Comte explica así el papel de la filosofía positiva:

“El espíritu positivo tiende a consolidar el orden mediante la elaboración racional de una sabia resignación ante los males políticos incurables (...) Una verdadera resignación  - esto es, una disposición permanente a soportar con firmeza y sin esperanza de compensación todos los males inevitables - sólo puede provenir de una profunda comprensión del vínculo existente entre todos los tipos de fenómenos naturales y leyes invariables. Si hay males políticos (y no dudo de que los hay) que, como en el caso de algunas dolencias personales, la ciencia no puede remediar, ella al menos nos demuestra que son incurables, con lo cual calma nuestro desasosiego bajo el dolor, inculcándonos la convicción de que son irremediables en virtud de leyes naturales.” (p. 90) (1)

La élite científica es la encargada de ar la última palabra sobre las cuestiones políticas. De este modo, se evitaba la participación de las masas en la toma de decisiones, garantizando así el cierre de la etapa revolucionaria. (p. 90-91).



El método positivo y su aplicación a los fenómenos sociales (p. 91-94)

El método positivo tiene por característica principal la subordinación de la imaginación a la observación, de la razón a los “hechos”. (p. 91). Su objetivo es poder establecer una predicción certera, que facilitará el control social. (p. 91).

El orden es el aspecto estático de la sociedad: “se refiere a la armonía que prevalece entre las diversas condiciones de la existencia” (p. 91).

El progreso es el aspecto dinámico de la sociedad, “apunta al desarrollo ordenado de la sociedad, de acuerdo con leyes sociales naturales” (p. 91).

La sociedad debe concebirse como un todo orgánico. “Por lo tanto, ni siquiera con propósitos analíticos han de contemplarse separadamente los elementos sociales, como si tuvieran una existencia independiente. Todas las partes del sistema constituyen un todo armonioso, el cual, por definición, carece de elementos conflictivos, contradictorios y antagónicos.” (p. 92).

El progreso es el resultado de una tendencia natural, que no precisa de ninguna acción política especial dirigida al cambio. “La dinámica social es el estudio de los patrones de progreso evolutivo en el que las sucesivas etapas de desarrollo son necesarias e inevitables.” (p. 92). No se pueden saltar etapas, ni modificar el orden de las mismas. Toda la humanidad debe pasar por las tres etapas de desarrollo (teológica, metafísica, positiva).

Comte destacó la importancia de las técnicas de observación, experimentación y comparación. (p. 92). Respecto a la observación, señaló que “es imposible sin la teoría, primero para dirigirla y luego para interpretar lo observado. Los hechos no pueden hablar por sí mismos (...) los hechos deben vincularse con las leyes del desarrollo social, al menos mediante una hipótesis de ensayo.” (p. 92-93).

Para finalizar, una “perla” que pinta de cuerpo entero a nuestro autor. Comte considera que “la subordinación de la mujer es natural y se mantendrá en la ⟪nueva⟫ sociedad: el sexo femenino se halla en un estado de infancia perpetua.” (p. 93).


Villa del Parque, domingo 21 de agosto de 2016


NOTAS:

(1) Zeitlin cita a Comte en la versión inglesa: Comte, Auguste. (1893). The Positive Philosophy. London: Kegan Paul. La cita de marras se encuentra en las págs. 37-38.

domingo, 14 de agosto de 2016

DURKHEIM Y EL MÉTODO SOCIOLÓGICO: "TRATAR LOS HECHOS SOCIALES COMO COSAS"

“Una cosa se reconoce principalmente por el hecho de que no
puede ser modificada por un simple decreto de la voluntad.”
Emile Durkheim


Nota bibliográfica:
La fuente para la redacción de estas ficha es: Durkheim, Emile. (1998). Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las ciencias sociales. Barcelona: Altaya. La traducción al español corresponde a Santiago González Noriega. Trabajé con el capítulo II, “Reglas relativas a la observaciòn de los hechos sociales” (pp. 69-101) y el apartado 1 del prefacio de la 2ª edición (pp. 37-41). En la redacción utilicé las notas de lectura de mi compañera Pez López.

Luego de establecer en el capítulo I de Las reglas del método sociológico (1895) qué son los hechos sociales (HS a partir de aquí), Durkheim pasa a estudiar cuál es el método para estudiarlos. Para los fines de la exposición, divido así los temas del texto:

1) Las prenociones y su papel en la sociología.
2) Crítica de la sociología ideológica.
3) El método de “tratar los HS como si fuesen cosas”.
4) Corolarios del método adoptado.



Las prenociones y su papel en la sociología:

Durkheim comienza el capítulo constatando que las ciencias sociales (CS a partir de aquí) son precedidas por una forma de conocimiento más simple, las prenociones. En otras palabras, la reflexión sobre los fenómenos sociales es anterior a las modernas ciencias sociales. No puede ser de otro modo. La sociedad no está constituida únicamente por “imágenes sensibles” (la información percibida por medio de los sentidos), sino que incluye también representaciones (conceptos), de esas imágenes. Esas representaciones son imprescindibles para vivir en sociedad, pues las personas necesitamos conocer el suelo que estamos pisando, el entorno que nos rodea. Por tanto, existan o no la filosofía o las CS, formularemos conceptos que cumplan el rol de explicación de lo que sucede a nuestro alrededor.

“La reflexión es anterior a la ciencia, que no hace sino servirse de ella con más método. El hombre no puede vivir en medio de las cosas sin forjarse ideas, de acuerdo con las cuales regula su conducta.” (p. 69).

Ahora bien, como nuestra experiencia de los fenómenos sociales es muy limitada (2), las prenociones (3) terminan por reemplazar a esa experiencia.

“Como estas nociones nos son más próximas y están más a nuestro alcance que las realidades a que corresponden tenemos una tendencia natural a sustituir a éstas por aquéllas y a hacer de ellas el tema mismo de nuestras especulaciones. Entonces, en lugar de observar las cosas, de descubrirlas y de compararlas nos contentamos con tomar conciencia de nuestras ideas, con analizarlas y combinarlas.” (p. 69-70).

El sociólogo francés describe así la función de las prenociones:

“Estas nociones o conceptos (...) no son los legítimos sustitutos de las cosas. Productos de la experiencia vulgar tienen por objeto, ante todo, el poner a nuestras acciones en armonía con el mundo que nos rodea; están formados por la práctica y para ella.” (p. 70).

Si bien las prenociones se encuentran presentes en toda actividad humana, es en el campo de las CS donde su acción es más poderosa. Durkheim explica del siguiente modo la razón de este predominio:

“Los hombres no han esperado al advenimiento de la ciencia social para forjarse ideas sobre el derecho, la moral, la familia, el Estado o la propia sociedad, pues no podían prescindir de ellas para vivir. Ahora bien, es sobre todo en la sociología donde estas prenociones (...) están en situación de dominar a las inteligencias y de sustituir a las cosas. Las cosas sociales sólo se realizan por medio de los hombres: son el producto de la actividad humana. Así pues, parece que no son otra cosa que la puesta en ejecución de ideas, innatas o de otro tipo, que llevamos dentro de nosotros, que su aplicación a diversas circunstancias que se dan en las relaciones mutuas entre los hombres. De este modo, la organización de la familia, del contrato, de la represión, del Estado y de la sociedad parecen ser algo así como un mero desarrollo de las ideas que tenemos sobre la sociedad, el Estado o la justicia. Por consiguiente, estos hechos y los que son semejantes a ellos parece que no tienen realidad más que en y por las ideas en las que están en germen y que, por tanto, se convierten en el objeto de estudio propio de la sociología.” (p. 72-73; el resaltado es mío - AM-).


Crítica de la “sociología ideológica”:

Para construir su sociología científica, Durkheim comienza por romper con la sociología anterior. Luego de formular su teoría de las prenociones (que es el conocimiento de sentido común sobre la sociedad, desarrollado por las personas que no hacen de la sociología su medio de vida), sostiene que toda la sociología anterior a la suya comenzó por las ideas (los conceptos) y no por los HS.

Pone como ejemplos de lo expresado en el párrafo anterior a Auguste Comte (1798-1857), de quien afirma que “lo que constituye el tema principal de su sociología es el progreso de la humanidad en el tiempo” (p. 74); y a Herbert Spencer (1820-1903), quien postulaba que la esencia de la vida social era “el principio de la cooperación” (p. 75).

En ambos casos, se confunde el desarrollo histórico con la noción que se tiene de él y se hace desaparecer la cosa de la que se habla para poner en su lugar a la prenoción que tiene el autor de la teoría. (p. 74-75). Durkheim resume así el método de estos autores: se “enuncia como una cosa lo que no es sino una concepción intelectual (...) es (...) un cierto modo de concebir la realidad social, que sustituye a la realidad.” (p. 76).

Durkheim dice que este “carácter ideológico ⦗propio de las sociologías de Comte y Spencer⦘ es aún más acusado en las ramas especiales de la sociología” (p. 77). Realiza a continuación una breve descripción del estado de la moral (pp. 77-78) y de la economía política (pp. 78-81).



Método de “considerar a los hechos sociales como cosas”:

El punto de partida para una sociología científica debe ser otro. No pueden ser las ideas que se tiene sobre los hechos, sino los hechos mismos. De ahí que Durkheim propone tratar a los HS como cosas (4):

Los fenómenos sociales son cosas y deben ser tratados como cosas. (...) Basta con constatar que son el único datum que se ofrece al sociólogo. En efecto, es cosa todo lo que se da, se ofrece o, más bien, se impone a la observación. Tratar como cosas a los fenómenos es tratarlos en calidad de data que constituyen el punto de partida de la ciencia. Indudablemente los fenómenos sociales presentan ese carácter. Lo que nos es dado no es la idea que los hombres se hacen del valor, pues es inaccesible: son los valores que se intercambian realmente en el curso de las relaciones económicas. No es tal o cual concepción del ideal moral; es el conjunto de las reglas que determinan efectivamente la conducta. Es posible que la vida social no sea más que el desarrollo de ciertas nociones, pero, suponiendo que esto sea cierto, tales nociones no nos son dadas de modo inmediato. (...) tenemos que considerar a los fenómenos sociales en sí mismos, independientemente de los sujetos que se forman una representación de ellos; hay que estudiarlos desde fuera, como cosas exteriores o, pues es en calidad de tales como se presentan a nosotros.” (p. 82; el resaltado es mío - AM-).

El argumento durkheimiano está contenido en el párrafo anterior. Contiene una crítica del idealismo que lo aproxima al marxismo; también arremete contra el convencionalismo (las instituciones sociales son producto de convenciones establecidas entre los seres humanos) base de la filosofía política iusnaturalista:

“Una cosa se reconoce principalmente por el hecho de que no puede ser modificada por un simple decreto de la voluntad.” (p. 83). Los HS tienen esta propiedad: “Lejos de ser un producto de nuestra voluntad la determinan desde fuera; vienen a ser como unos moldes en los que nos vemos obligados a vaciar nuestras acciones.” (p. 83).

Es por eso que la sociología debe abandonar el estadio subjetivo en que se encuentra (los casos de Comte y Spencer), y pasar a la fase objetiva, centrada en tomar a los HS (no a las ideas) como punto de partida.


Corolarios del método propuesto:

El conocimiento de la centralidad de los HS para la sociología no es condición suficiente para asegurar el establecimiento de la sociología objetiva. Es preciso que el sociólogo lleve adelante una rigurosa disciplina, cuyas reglas son enunciadas por Durkheim al final del capítulo II, a modo de corolarios del principio de tratar los HS como cosas.

1ª “Hay que desechar sistemáticamente todas las prenociones.” (p. 86).

Durkheim plantea que no hay nada novedoso en este corolario. Es “la base de todo método científico” (p. 86). Tanto la duda metódica (Descartes) como la teoría de los idola (Bacon) están de acuerdo en este punto esencial de desechar a las prenociones. En otras palabras, racionalismo y empirismo coinciden en su posición respecto a las prenociones.

Despojarse de las prenociones es especialmente complicado para el sociólogo, “dada la tendencia a ser parcial que con frecuencia afecta a los sentimientos. Nos apasionamos por nuestras creencias políticas y religiosas y por nuestras prácticas morales de modo bien distinto que por los objetos del mundo físico; a consecuencia de éstos ese carácter pasional se comunica al modo como concebimos y explicamos las primeras. Tenemos tanto apego a las ideas que nos formamos en estos campos, así como a los objetos a que se refieren estas ideas, que adquieren una tal autoridad que no admiten la contradicción.” (p. 87). Al respecto, el sociólogo tiene que tener claro que “el sentimiento es objeto de estudio de la ciencia, no criterio de la verdad científica”. (p. 88).

2ª “No tomar nunca como objeto de nuestra investigación más que un grupo de fenómenos previamente definidos por ciertos caracteres exteriores que les son comunes e incluir en la misma investigaciòn a todos aquellos que corresponden a esta definición.” (p. 90).

La dificultad radica aquí en que el sociólogo casi siempre se encuentra con definiciones ya elaboradas sobre sus objetos de investigación. Son, por supuesto, definiciones de sentido común, que son formuladas por las personas para satisfacer las necesidades de la vida cotidiana. Pero adoptar estas definiciones significa, para la ciencia, capitular ante las prenociones.

3ª “Cuando el sociólogo se propone explorar un orden cualquiera de hechos sociales debe esforzarse por considerarlos desde un ángulo en que se presentan aislados de las manifestaciones individuales.” (p. 100).

La razón de ser de esta regla es que los individuos utilizamos la sensación para conocer el mundo social. Ahora bien, en este punto de partida (la sensación) coinciden tanto la ciencia como el sentido común:

“Es por medio de la sensación como no es dada la parte externa de las cosas (...) para ser objetiva, la ciencia debe partir de la sensación, y no de conceptos que se ha formado de ella. Debe tomar directamente de los datos sensibles los elementos de sus definiciones iniciales. (...) Es de la sensación de donde resultan todas las ideas generales, verdaderas o falsas, científicas o no científicas. El punto de partida de la ciencia o conocimiento especulativo no podría ser, pues, distinto del del conocimiento vulgar o práctico. Es sólo más adelante, en el modo como es elaborada esta materia común, cuando surgen las divergencias.” (p. 98).

Pero la sensación acarrea una serie de problemas, derivados de su condición de subjetiva. Es por eso que “es requisito indispensable en las ciencias de la naturaleza el dejar de lado los datos sensibles que podrían depender excesivamente de la persona del observador, y retener exclusivamente los que presentan un grado suficiente de objetividad.” (p. 98).

El sociólogo está obligado a ejercer una vigilancia implacable sobre sus sensaciones, para evitar que éstas introduzcan a las prenociones en la investigación.


Villa del Parque, domingo 14 de agosto de 2016




NOTAS:
(1) Los temas expuestos en esta ficha ya fueron tratados por mí en un trabajo anterior: “La cuestión de la cientificidad de la sociología en la obra de Emile Durkheim”. EN: Mayo, Ariel. (2004). Epistemología de las ciencias sociales. Buenos Aires: Jorge Baudino Ediciones. (pp. 15-56).
(2) ⦗La extensión de la división del trabajo determina que la esfera de actividad de cada individuo sea cada vez más limitada, más reducida. Salvo excepciones (por ejemplo, los artesanos), las personas ni siquiera producen un objeto completo. Todo lo que hacen es fragmentario. Esto limita extraordinariamente su área de conocimiento directo, de primera mano.⦘ Durkheim escribe: “como los detalles de la vida social exceden ampliamente el poder de la conciencia, ésta no los percibe de forma lo suficientemente fuerte como para sentir su realidad. Al no estar unidos a ellos por vínculos lo suficientemente sólidos y próximos, es muy fácil que nos dé la impresión de que todo eso no depende de nada y flota en el vacío, como si fuese algo irreal y dotado de una plasticidad infinita. (...) Pero aunque los detalles - las formas concretas y particulares de la existencia colectiva - se sustraen a nuestro conocimiento, al menos nos hacemos una idea de los aspectos comunes de la misma, en líneas generales y de modo aproximado, y es precisamente de esas representaciones esquemáticas y sumarias de las que nos servimos para los problemas corrientes de la vida. (...) No sólo están en nosotros sino que, como son un producto de experiencias repetidas, reciben de la repetición y de la costumbre producida por ella, una especie de ascendiente y autoridad. (...) Todo contribuye, pues, a hacernos ver estas representaciones como la verdadera realidad social.” (p. 73).
(3) Durkheim toma el término prenociones del filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626), quien lo empleaba para describir una forma errada de proceder en el terreno de las ciencias físicas, practicada por los estudiosos de su época. En su obra Novum Organum, Bacon sostenía que las notiones vulgares o praenotiones se hallaban en el origen de todas las ciencias y que venían a ocupar el lugar de los hechos. Son los idola, una especie de fantasmas que desfiguran las cosas y que terminar por ocupar el lugar de ellas. (p. 72).
(4) El primer párrafo del capítulo II dice: “La primera regla, y la de carácter más fundamental, es la de considerar a los hechos sociales como cosas.” (p. 69).

martes, 2 de agosto de 2016

SOCIOLOGÍA, HECHOS SOCIALES Y REPRESENTACIONES COLECTIVAS EN DURKHEIM

El hecho de atribuir carácter científico a una reflexión sobre la sociedad no es una cuestión meramente académica, sino que implica una legitimación de dicho discurso en detrimento de otras posiciones. Estos es así porque el prestigio alcanzado por las ciencias naturales y el enorme impacto de las mismas en la vida cotidiana a través de la tecnología, termina por comunicarse a toda actividad rotulada con el término ciencia. En otros términos, reconocer la cientificidad de una teoría social tiende a confundirse con la negación del carácter ideológico de dicho discurso, en tanto expresión de una clase de esa sociedad. Por esto es que resulta importante examinar la forma peculiar en que Emile Durkheim (1857-1917) atribuye carácter científico a su teoría social. (1)

Durkheim desarrolló su proyecto de construir una sociología científica en las obras de la década de 1890, sobre todo en Las reglas del método sociológico (1895). Para poder realizar esta tarea, emprendió la crítica del individualismo metodológico (IM a partir de aquí). En esa línea afirmó que la sociología tenía que basarse en los hechos sociales y no en las opiniones de los individuos, para así poder hacer afirmaciones de carácter objetivo.

En el programa durkheimiano, la constitución de la sociología como disciplina científica es inseparable de la crítica de la economía clásica, de la psicología utilitarista y de la utilización de explicaciones metafísicas en ciencias sociales. Paradójicamente, para hacer frente a la “crisis intelectual” de la burguesía, debió adoptar un punto de vista que presenta algunas similitudes con el del materialismo histórico. Ante todo, la sociología durkheimiana se presentó como una ciencia de la sociedad en su conjunto, rechazando la división en compartimentos estancos propia de la concepción burguesa de la sociedad. También señaló con precisión el origen histórico de las ideologías sociales, rechazando todo esencialismo. (2)

Para la redacción de este ensayo utilicé el capítulo I de Las reglas y el prefacio de la 2º edición de la obra. (3)

La delimitación del concepto de hecho social (HS a partir de aquí) es fundamental en el establecimiento de la sociología científica preconizada por Durkheim. La definición de hecho social va de la mano con la delimitación del objeto de estudio de la sociología  o, en otras palabras, con la conformación de la sociología como disciplina científica separada de la biología, de la psicología y de la economía. ⦗Y también, aunque Durkheim no lo explicite, del materialismo histórico de Marx, que es el verdadero enemigo a vencer.⦘

Durkheim comienza por constatar la imprecisión del término HS, su ambigüedad:

“De ordinario se la emplea para designar casi todos los fenómenos que ocurren en el seno de la sociedad, por poco que presenten, junto con una cierta generalidad, algún interés social. Pero, si se consideran las cosas de esa manera, no hay, por así decir, acontecimiento humano que no pueda ser llamado social.” (p. 56).

⦗Si se toma de esta manera a los HS, la sociología no se distingue de la biología ni de la psicología. Demarcarse de la psicología implica demarcarse del individualismo metodológico. Las críticas a Herbert Spencer (1820-1903) muestran la importancia otorgada por Durkheim a la refutación del IM. No es posible desarrollar este punto aquí, pero las críticas al IM aproximan a Durkheim a la concepción marxista. Pero la diferente manera en que Durkheim y Marx piensan a la totalidad sirve para precisar los rasgos fundamentales del materialismo histórico.⦘

Durkheim porfía en que existe en toda sociedad un grupo de fenómenos específicos, a los que cabe la denominación de HS. Ellos son el objeto de estudio de la sociología y permiten distinguirla de las otras ciencias de la naturaleza. (p. 56). Esta afirmación resultó especialmente conflictiva en su época, pues chocó con la concepción de sentido común que sostenía que la sociedad estaba compuesta por individuos. (4)

La mayor parte del capítulo 2 de Las reglas está dedicado a presentar las características de los HS. A continuación presento un resumen de las mismas.



1) Son “modos de obrar, de pensar y de sentir que presentan esta notable propiedad de existir fuera de las conciencias individuales.” (p. 57).

Durkheim explica que las personas nos encontramos desde nuestro nacimiento con deberes que no hemos creado: “no soy yo quien las he hecho, sino que los he recibido por medio de la educación.” (p. 57). “De igual manera el fiel se ha encontrado al nacer ya hechas las creencias y las prácticas de su vida religiosa; si éstas existían antes de él, es que existen fuera de él.” (p. 57).

Ejemplos: “El sistema de signos de que me sirvo para expresar mi pensamiento, el sistema de monedas que empleo para pagar mis deudas, los instrumentos de crédito que utilizo en mis relaciones comerciales, las prácticas aceptadas en mi profesión, etc., funcionan independientemente del uso que de ellas hago.” (p. 57).


2) “Estos tipos de conducta o de pensamiento no sólo son exteriores al individuo, sino que están dotados de un poder imperativo y coercitivo en virtud del cual se imponen a él, lo quiera o no.” (p. 57).

Es este carácter coercitivo el que permite distinguir a los HS de los fenómenos orgánicos, “ya que consisten en representaciones y en acciones”, y de los fenómenos psíquicos, “que no tienen existencia más que en la conciencia individual y por ella.” (p.58; el resaltado es mío - AM -). Como no se trata ni de fenómenos orgánicos ni psíquicos, “constituyen una nueva clase de ⦗hechos⦘ y es a ellos, y sólo a ellos, a los que se debe dar el calificativo de sociales; éste es el calificativo adecuado, pues resulta claro que al no tener por sustrato al individuo, no pueden tener otro que la sociedad, sea la sociedad política en su totalidad, sea alguno de los grupos parciales que encierra: confesiones religiosas, escuelas políticas y literarias, corporaciones profesionales, etc.” (p. 59; el resaltado es mío - AM-). Y concluye: “son el ámbito propio de la sociología.” (p. 59; el resaltado es mío - AM-).

Esta coerción no se percibe habitualmente, pues los individuos aceptan las reglas que regulan su existencia en sociedad. Sin embargo, cuando rechazan dichas reglas, la coerción salta a la luz. En otras palabras, el carácter coercitivo de los HS se expresa en la resistencia que genera la violación de las reglas sociales.

En el caso de las reglas del derecho: “Si intento quebrantar las reglas de derecho éstas reaccionan contra mí a fin de impedir mi acto si aún hay tiempo, o de anularlo y restablecerlo en su forma normal si se ha realizado ya y puede ser reparado, o de hacerme expiar sus consecuencias, si no puede ser reparado de otro modo.” (p. 57-58).

En el caso de las máximas puramente morales: “La conciencia pública reprime todo acto que las ofende por medio de la vigilancia que ejerce sobre la conducta de los ciudadanos y las penas especiales de que dispone.” (p. 58).

En el caso de las convenciones sociales: “Si no me someto a las convenciones de la sociedad, si en mi forma de vestir no tengo en cuenta en absoluto los usos aceptados en mi país y en mi clase, la risa que provoco y el alejamiento social en que me mantienen producen los mismos resultados que un castigo propiamente dicho, aunque de forma más atenuada.” (p. 58).

Los HS consisten tanto en creencias y prácticas instituidas (reglas jurídicas y morales, dogmas religiosos, sistemas financieros, etc.) como a corrientes sociales (por ejemplo, los movimientos de entusiasmo, indignación o de piedad que se producen en una asamblea). Todos ellos tienen en común que se manifiestan como una presión (coerción) en tanto el individuo se resiste a ellos. (p. 59-60). (5)

Durkheim afirma que “es indiscutible que la mayor parte de nuestras ideas y de nuestras tendencias no son elaboradas por nosotros sino que nos vienen de fuera (...) sólo pueden penetrar en nosotros imponiéndose, y eso es todo lo que significa nuestra definición.” (p. 59). El ejemplo más contundente es la educación: “toda educación consiste en un esfuerzo continuo para imponer al niño modos de ver, de sentir y de obrar que no se les habría ocurrido espontáneamente. (...) la educación tiene por objeto precisamente el hacer el ser social.” (p. 61).

La coerción externa que los HS ejercen sobre los individuos puede manifestarse a través de la existencia de una sanción determinada, o bien por la resistencia que impone a todo intento individual de zafar de las prescripciones colectivas. (p. 65).



3) Los HS están constituidos “por las creencias, las tendencias y las prácticas del grupo tomado colectivamente” (p. 62; el resaltado es mío - AM-).

Durkheim aclara que dichos estados colectivos son diferentes a las formas que revisten en los individuos. Esto permite demostrar categóricamente que se trata de “dos naturalezas distintas”. (p. 62):

“A causa de la repetición algunas de esas maneras de obrar o de pensar adquieren una especie de consistencia que, por así decir, hace que se produzca un precipitado y los aísle de los acontecimientos particulares que las reflejan. Adquieren así un cuerpo y una forma sensible que les es propia y constituyen una realidad sui generis, muy distinta de los hechos individuales que son manifestación suya. La costumbre colectiva no sólo existe en forma inmanente en los sucesivos actos que determina, sino que, en virtud de un privilegio del que no encontramos parangón en el reino biológico, se expresa de una vez por todas en una fórmula que se repite de boca a boca, que se transmite por la educación o que incluso se fija por escrito.” (p. 62). Ejemplos: reglas jurídicas y morales, aforismos y dichos populares, los artículos de fe que condensan las creencias de las sectas religiosas o políticas, los códigos de las escuelas literarias, etc. (p. 62).



4) Los HS son generales (es decir, son comunes a toda la sociedad o a la mayor parte de los miembros de ésta) porque son colectivos.

“Es un estado del grupo, que se repite en los individuos porque se impone a ellos. Está en la parte por estar en el todo, lo que es bien distinto de que esté en el todo por estar en las partes.” (p. 64; el resaltado es mío - AM-) (6)

⦗Esta característica de los HS es producto de la crítica del IM propio de la economía y de la sociología de Spencer. Mientras que el IM sostiene que las partes (los individuos) forman el todo, le dan sentido al mismo, Durkheim propone el punto de vista opuesto. Al tomar a la totalidad como punto de partida del análisis, el sociólogo francés se aproxima al marxismo.⦘

Puesto que la noción de representaciones colectivas juega un papel central en la sociología durkheimiana, conviene revisar la presentación del concepto en Las reglas. En el prefacio de la 2º edición, escribió: “Para comprender el modo como la sociedad se representa a sí misma y al mundo que lo rodea, lo que hay que considerar es la naturaleza de la sociedad y no la de los particulares. Los símbolos bajo los cuales se piensa cambian de acuerdo con lo que ella es.” (p. 43-44).

El corolario de esta afirmación es que la “psicología individual” no sirve para el estudio de las representaciones colectivas, pues se refiere a “órdenes de realidad” diferentes a los de la sociología.

En otras palabras, “en ningún caso la sociología podría limitarse pura y simplemente a tomar prestadas de la psicología tal o cual proposición para aplicarla sin más a los hechos sociales. Por el contrario, el pensamiento colectivo en su totalidad, tanto en su forma como en su materia, debe ser estudiado en y por sí mismo, con la conciencia de lo que tiene de singular, y hay que dejar al porvenir el cuidado de buscar en qué medida se parece al pensamiento de los individuos.” (p. 46) (7)



Al final del capítulo, Durkheim presenta la definición completa de HS:

Es hecho social todo modo de hacer, fijo o no, que puede ejercer una coerción exterior sobre el individuo; o, también, que es general en todo el ámbito de una sociedad dada y que, al mismo tiempo, tiene una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.” (p. 68).


Villa del Parque, martes 2 de agosto de 2016



NOTAS:
(1) Este párrafo está tomado casi literalmente de mi artículo “La cuestión de la cientificidad de la sociología en la obra de Emile Durkheim”, incluido en: Mayo, Ariel, comp. (2004). Epistemología de las Ciencias Sociales. Buenos Aires: Jorge Baudino Ediciones. (pp. 15-56). El párrafo citado se encuentra en p. 33.
(2) Ídem anterior.
(3) Trabajé con la traducción española de Santiago González Noriega: Durkheim, Emile. (1998). Las reglas del método sociológico. Barcelona: Altaya. Para la redacción del presente artículo utilicé las notas de lectura de mi compañera Pez López. Los pasajes entre corchetes corresponden a comentarios que van más allá del simple resumen del texto.
(4) “Pero, como la sociedad sólo se compone de individuos, al sentido común le parece que la vida social no podría tener otro sustrato que la conciencia individual; de otro modo parece que carece de base y flota en el vacío.” (p. 41).
(5) “...si este poder de coerción extrema se afirma con tal claridad en los casos de resistencia, eso quiere decir que existe en los casos contrarios, aunque de forma inconsciente. En esos casos somos víctimas de una ilusión que nos hace creer que nosotros mismos hemos elaborado lo que se ha impuesto a nosotros desde fuera. Pero aunque la complacencia con que nos hemos dejado llevar por ella oculta la presión que hemos experimentado, no la suprime. De igual manera, el aire no deja de ser pesado, aunque ya no sintamos su peso. Incluso cuando hemos participado activa y espontáneamente en la emoción común, la impresión que hemos sentido es completamente distinta de la que habríamos experimentado si hubiéramos estado solos. (...) lo que decimos a propósito de esas explosiones pasajeras es igualmente válido a propósito de esos movimientos de opinión más duraderos en cuestiones religiosas, políticas, literarias, artísticas, etc., que se producen sin cesar a nuestro alrededor, sea en todo ámbito de la sociedad, sea en círculos más restringidos.” (p. 60-61).
(6) Durkheim volvió sobre la cuestión en el prefacio de la 2º edición de Las reglas: “Si - como se admite - esta síntesis sui generis que constituye toda sociedad da lugar a fenómenos nuevos, diferentes de aquellos que tienen lugar en las conciencias aisladas, no se puede por menos de reconocer que esos hechos específicos residen en la propia sociedad que los produce y no en sus partes, es decir, en sus miembros. Así pues, en ese sentido son exteriores a las conciencias individuales, consideradas como tales, de igual manera que los caracteres distintivos de la vida son exteriores a las substancias minerales que componen el ser vivo.” (p. 42-43). Emplea este argumento para fundamentar la distinción entre la sociología y la psicología: “Los hechos sociales no sólo son cualitativamente distintos de los hechos psíquicos: tienen otro substrato, no evolucionan en el mismo medio, ni dependen de las mismas condiciones. Esto no quiere decir que no sean de alguna manera psíquicos, puesto que todos ellos consisten en modos de pensar o de obrar. Pero los estados de la conciencia colectiva son de distinta naturaleza que los estados de la conciencia individual; son representaciones de otro tipo. La mentalidad de los grupos no es igual a la de los individuos; tiene leyes propias.” (p. 43).

(7) Esta cita está tomada del prefacio de la 2º edición.