Páginas vistas en total

lunes, 27 de febrero de 2012

LA MASACRE DE ONCE, LA BURGUESÍA "NACIONAL" Y EL ESTADO

¿Cómo se pueden conciliar la tan declarada búsqueda de la "emancipación nacional y social" con el mantenimiento de las concesiones de los ferrocarriles a eminentes benefactores de la humanidad como los crápulas del Grupo Cirigliano, con la entrega de las riquezas minerales del país a las multinacionales mineras y con el mantenimiento de una situación laboral en la que un tercio - por lo menos - de los trabajadores se encuentran en situaciones que orillan todos los matices de la "negrura" y de la precariedad? ¿Es lícito hablar de soberanía cuando el grueso del soberano - el pueblo trabajador - no puede decidir siquiera las condiciones en las que viaja a su trabajo? 

El lector decidirá si se trata de preguntas ociosas o no. Resulta útil, en este momento, presentar de la manera más coherente y honesta posible las respuestas que varios militantes e intelectuales partidarios del "kirchnerismo" formulan para dichos interrogantes. Dado que la masacre de Plaza Once ha sumido en la perplejidad a la militancia "kirchnerista" y que los momentos de crisis son reveladores sobre el contenido más profundo de una corriente política, estos testimonios resultan de gran importancia.

El estado de ánimo de la militancia "kirchnerista" en los momentos inmediatamente posteriores a la masacre puede ejemplificarse con el texto publicado en el blog "Los caniches de Perón" (1): "No pudimos. No supimos. No nos alcanzo el poder para cambiar esta historia. Hay que hacerse cargo compañeros, en un gobierno Peronista se nos murieron 51 compañeros trabajadores porque no llegamos a tiempo. ¿Somos responsables de esto? Si. ¿Somos culpables? No. A 51 muertos de llegar a tiempo. Esto nos duele más que a nadie. Nosotros tomamos los trenes, nosotros viajamos en colectivo. ¿Lo sabíamos? Si, claro que lo sabíamos. Pero no llegamos.Si buscamos hay miles de justificaciones validas. Pero ya de nada sirven. Ninguna calmará el dolor. Ninguna nos sacara la vergüenza ante la historia. Solo nos queda por ahora, bajar la cabeza ante las familias de las víctimas, ayudarlas en lo que podamos y rezar por los muertos. Cristina seguramente siente lo que sentimos nosotros. Ella tomara las decisiones que haya que tomar y nos volverá a sorprender por su audacia. Pero esta vez no habrá festejo. Estuvimos nada mas ni nada menos que a 51 muertos.Otra herida profunda en el alma Peronista. Como duele Compañera. Otro dolor más para vos y para todos nosotros. Somos fuertes y sobre las lágrimas y el dolor seguiremos escribiendo la historia grande de nuestra Patria. Aunque esta vez no pudimos. No supimos, llegar a tiempo.Fuerza compañera, en las buenas y en las malas siempre con vos."

La perplejidad de los militantes "kirchneristas" se condensa en la frase "No alcanzó el poder para cambiar esta historia." Es claro que modificar el régimen de concesiones en el área del transporte ferroviario, impulsado por el peronismo menemista de la década del '90, no era (no es) una tarea superior a una relación de fuerzas desfavorable. Nadie que esté en sus cabales puede pensar que la reestatización del servicio ferroviario, por ejemplo, puede tener como consecuencia que los marines desembarquen en Puerto Madero o que la burguesía retire masivamente inversiones del país. Modificar las condiciones en las que viajan los trabajadores en Argentina no parece, en principio, una tarea equivalente a tomar el Palacio de Invierno. Tampoco parece requerir, a priori, la realización de otro 17 de octubre. 

Si esto es así, ¿por qué no se hizo? ¿por qué se mantuvieron las condiciones que generaron la masacre?

Antes de pasar a presentar la respuesta que dan a esos interrogantes algunos intelectuales y periodistas "kirchneristas" es conveniente tener presente quién es el grupo empresarial que detenta la concesión del Sarmiento.
El Grupo Cirigliano, propietario de TBA (la empresa que explota la concesión del Sarmiento), tiene una larga historia de negociados y contubernios con el Estado nacional desde la época del peronista neoliberal Carlos Menem. Sebastián Premici, periodista que trabaja en PÁGINA/12, publicó el viernes 24/02 una nota describiendo la evolución del Grupo (2). Allí se lee que: "El crecimiento económico del grupo fue exponencial. Pasó de explotar dos líneas de colectivos porteñas a tener una presencia mayoritaria en el transporte de pasajeros de corta distancia en el AMBA. Desde el Grupo Plaza desarrolló una estrategia para quedarse con la mayoría del mercado del transporte urbano (líneas 36, 61, 62, 104, 114, 124, 133, 140, 141, 142 y 553). En 1999, el holding tenía la siguiente composición: Cometrans; Tatsa SA (carrocerías de buses); Emfersa SA (material ferroviario); TBA; el 38 por ciento de Metrovías (del cual después se desprendió); el 40 por ciento de Opportrans (metro de Río de Janeiro), y el Grupo Plaza. En 2000 llegaron las aseguradoras."
En otras palabras, el Grupo Cirigliano parece ser un digno exponente de la burguesía "nacional", capaz de expandirse tanto en el ámbito local como en el internacional. Ese crecimiento se hizo recurriendo sistemáticamente a los favores del Estado. Premici escribe: "Durante el gobierno de la Alianza, TBA logró una prórroga de su concesión por diez años, a pesar de que registraba multas e incumplimientos en sus planes de inversión. Por eso, el nuevo contrato incluyó una addenda por la cual todos los incumplimientos pasaban a formar parte de las 'metas a cumplir' (Decreto 141/2001). Tras la debacle de la Alianza, el gobierno de Eduardo Duhalde dictó la emergencia ferroviaria (Decreto 2075/2002), a partir de la cual se frenaron todas las obras incluidas en el plan de metas a cumplir y las que estaban en ejecución. Dicha emergencia quedó incluida dentro de la Ley de Emergencia Pública, prorrogada desde entonces. A partir de 2003, TBA se benefició con la política de subsidios aplicada por el gobierno nacional para mantener las tarifas bajas con el objetivo de sostener el salario de los trabajadores frente al aumento de los costos empresarios. Las erogaciones fueron en aumento año a año (en 2011 fueron 133,3 millones, en tanto que en enero de este año alcanzaron los 76 millones de pesos), mientras que las inversiones de la compañía no presentaron la misma progresión, tras lo denunciado por la AGN." Como puede observarse, la pasión por el Grupo Cirigliano fue común a los gobiernos de la Alianza, del peronista Duhalde y de los peronistas Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Hay que agregar a la lista al peronista neoliberal Menem. 

El Grupo Cirigliano creció a partir de una aceitada relación con los distintos gobiernos que estuvieron al frente del Estado nacional a partir de 1989. Ahora bien, el "kirchnerismo" ha proclamado desde sus orígenes la ruptura con la herencia neoliberal de los '90. Es preciso, pues, volver a los interrogantes planteados más arriba: ¿por qué se mantuvo la situación?

Los intelectuales y periodistas que intentaron dar una respuesta en estos días parten del reconocimiento de que los trabajadores viajan en condiciones pésimas. Mario Wainfeld, en su nota editorial del sábado pasado en PÁGINA/12 (3) expresó esto con claridad: "Hoy día, el 'sistema' de transporte está por debajo de las necesidades de los pasajeros, laburantes ellos. El intríngulis es previo y superior al caso específico de TBA. La política oficial, que hizo centro en la accesibilidad al servicio a través de la baratura del pasaje, es correcta en ese aspecto e insuficiente." Wainfeld va un poco más lejos y sostiene que la modificación de las condiciones en que viajan los trabajadores forma parte de las tareas de "segunda generación" del "kirchnerismo": "nada dispensa al Gobierno de hacerse cargo de nuevos desafíos o demandas de segunda generación. El transporte público, el sistema de Salud, el acceso a vivienda digna y al suelo para construirla son objetivos del segundo mandato de la presidenta Cristina. Por ahora, sólo esta última demanda está en la agenda parlamentaria más o menos inmediata. sos temas, o la protesta contra la minería a cielo abierto, son agenda que imponen los ciudadanos o la cruel realidad. Si se mira bien, seguramente muchos usuarios del tren o muchos habitantes de provincias mineras eligieron a Cristina, conociendo los déficits por los que claman ahora. No hay incongruencia en sus procederes. No otorgaron un cheque en blanco, sino la oportunidad de seguir gobernando. Quien recuperó trabajo o mejoró sus salarios exige ahora mejores prestaciones de servicios. Quienes valoran numerosas ampliaciones de derechos quieren hacerlas extensivas a los usuarios de transporte o del sistema de salud."

Wainfeld deja de lado en su argumentación que el "kirchnerismo" gobierna el país desde el 2003 y que, si bien puede defenderse la posición del gobierno en los primeros años (aún no estando de acuerdo con su política) aludiendo a su situación objetiva de debilidad, la modificación de las condiciones en las que viajan los trabajadores no supone un esfuerzo revolucionario, por más dura que resulte la tarea. Guste o no, en este punto el "kirchnerismo" es parte del problema, no un espectador que mira la escena desde una butaca.


La política "kirchnerista" para el Grupo Cirigliano puede entenderse en el marco de la reformulación del proceso de acumulación capitalista en Argentina a partir de 2002. La caída de la Convertibilidad y la crisis de la ideología neoliberal marcaron el final del modelo de acumulación promovido por el peronismo neoliberal. Hasta ese momento, la acumulación capitalista se apoyaba en el ingreso de divisas del exterior vía préstamos (generando mayor endeudamiento) o inversión extranjera directa (en los '90 aumentó el proceso de extranjerización de la economía argentina, sobre todo en el sector más concentrado). La crisis de 2001-2002 cerró la canilla de los préstamos provenientes del exterior, pero abrió otras posibilidades para el capitalismo argentino, basadas en la reducción del costo de la fuerza de trabajo (vía devaluación y persistencia de las reformas laborales impulsadas por el peronismo neoliberal) y en la mejora de los precios internacionales de las materias primas exportadas por el país. 


A partir de 2003, el "kirchnerismo" aprovechó esas nuevas posibilidades para impulsar un largo proceso de crecimiento económico. Uno de los problemas claves a resolver fue la cuestión de la inversión. En las condiciones post 2001 el "kirchnerismo" apostó paulatinamente a la "burguesía nacional" para impulsar el desarrollo económico. La apuesta por el Grupo Cirigliano se entiende, por tanto, en función de esta política general. 

Alfredo Zaiat, comentarista económico de PÁGINA/12, describe las características generales del modelo impulsado por el "kirchnerismo": "El kirchnerismo ha intentado variadas estrategias, con resultados no siempre favorables, para inducir la inversión privada. Inicialmente ha impulsado la expansión y ampliación de los mercados, con una demanda interna y externa en crecimiento, que, según los manuales del pensamiento económico convencional, debería haber alentado la vocación inversora. Varios sectores, además, han disfrutado de elevados precios internacionales de los principales productos de exportación, bajos costos laborales en términos históricos y aun internacionales, tasas de interés reales negativas y, fundamentalmente, robustos márgenes de ganancia. El actual ciclo político ha favorecido también a grupos económicos locales para que ocupen espacios de multinacionales en áreas de servicios públicos y en el rubro energético." (4)

Esa política fue defendida por un vocero del "kirchnerismo" como Hernán Brienza en los siguientes términos al referirse al caso particular del mercado de medios de comunicación: " Nadie quiere que desaparezcan o sean remplazados los miembros de la élite que ocupan espacios de poder desde hace varios paradigmas. Se trata simplemente de que, además de aquellos empresarios de medios hegemónicos, cuyo valor principal es el de haber heredado las empresas de sus antepasados, exista la posibilidad de que gente como Roberto Caballero, hijo de un carpintero de Villa Celina, también tenga el derecho de ser director de un diario. Eso es subversivo en sí mismo. Y el Estado debería garantizar esa posibilidad ofreciendo una pauta oficial que asegure un tratamiento desigual hacia los desiguales. Porque esa es la verdadera igualdad." (5). Brienza, con su característica sinceridad, no dudó en calificar a esa política de "capitalismo de amigos".

A esta atura, e independientemente de la masacre de Once, la política de recostarse en la "burguesía nacional" no ha dado los resultados esperados. El mejor indicador de esto es la falta de niveles adecuados de inversión. Le damos otra vez la palabra a Zaiat, que hace un balance de la política mencionada: "El investigador Pablo Manzanelli, en el documento 'Evolución y destino del excedente de la cúpula empresaria en la posconvertibilidad. La formación de capital', calculó que la participación de la inversión bruta en el valor agregado de la cúpula descendió del 24,7 por ciento en el período 1993/2001 al 14,7 por ciento en la posconvertibilidad (2002/2009). En uno de esos años, en 2008, mientras que en las 500 firmas más grandes la tasa de inversión fue del 19,3 por ciento, en el conjunto de la economía nacional dicha tasa trepó hasta alcanzar el 25,1 por ciento, casi seis puntos porcentuales más elevada que la de las grandes corporaciones. (...) Este comportamiento del núcleo del poder económico define restricciones a una estrategia de elevado crecimiento sostenido, lo que explica las tensiones con grupos económicos denominados 'amigos' durante cientos de crónicas por parte de analistas, que ahora resulta que no eran tan 'amigos' o, en realidad, de lo que se trataba era de una política pública, no de amistad, con empresarios nacionales, en la búsqueda de una imaginaria burguesía local, que en los hechos ha demostrado sus limitaciones, más afecta a las revistas de la farándula que a las inversiones productivas. Esas tensiones se reflejan en las disputas con Techint de la familia Rocca, que finalmente anunciaron inversiones en plantas radicadas en el país luego del resultado de las elecciones presidenciales; con YPF de la familia Eskenazi que, en vez de imprimir una vocación inversora en su desembarco en la petrolera, replicó la conducta española de perfil especulativo-financiero sobre los pozos petroleros; con TBA de la familia Cirigliano, que invierte poco y cuando lo hace es con dinero público de los subsidios a precios inflados a proveedores vinculados, o con Banco Macro de la familia Brito, tentado por liderar la última corrida contra el peso."

La perplejidad de los militantes frente a la masacre de Once forma parte, por tanto, de un clima más general en las filas del "kirchnerismo", motivado por el descubrimiento de la que burguesía "nacional" no es tan nacional o, dicho de otra manera, de que el interés del capital pasa por la obtención del plusvalor y no por la promoción de los intereses nacionales. En 2012 no se puede descubrir la pólvora. El "kirchnerismo" ha representado (representa) la conformación de un nuevo modelo de acumulación capitalista en Argentina. De ninguna manera puede ser pensado como el punto de partida de un proceso de emancipación nacional y social. En todo caso, si se quiere comenzar a transitar un proceso de liberación es preciso partir de que existe un antagonismo irreconciliable entre los intereses de los empresarios y de los trabajadores. 


Frente a los problemas crecientes con la burguesía "nacional", los intelectuales "kirchneristas" apuestan al Estado. Dicho de otro modo, si la burguesía "nacional" muestra poco interés en el desarrollo nacional, es el Estado quien tiene que suplantarla, construirla y/o educarla. La "sintonía fina" de Cristina Fernández forma parte de este incipiente replanteo del "kirchnerismo". 


Zaiat expresa la apelación a la intervención estatal en el caso particular de TBA: "El esquema de privatización con concesión a privados de los trenes ha alcanzado hoy la misma estación donde terminó la experiencia británica de Margaret Thatcher: en el descalabro. En ese país, el paso siguiente fue una forma de reestatización de Railtrack, empresa que fue parte de la famosa y tradicional British Rail. Ese proceso tuvo un recorrido similar al que se está registrando aquí: aspiradora de subsidios y fondos públicos, caída de la calidad del servicio por falta de confort e incumplimiento de los horarios y aumento de la inseguridad por el incumplimiento de las inversiones. La nueva gestión pública de Railtrack se quedó con la propiedad y gestión de la infraestructura y de todos los bienes ferroviarios, no tiene fines de lucro y en su directorio participan el Estado, el sindicato, usuarios, compañías operadores de pasajeros y la industria proveedora." (6). En otro artículo, Zaiat se muestra partidario de la profundización de la intervención estatal en el conjunto de la economía: "El desafío no es menor si se pretende una transformación cultural del empresariado para que, en un entorno económico favorable, incremente la inversión reproductiva, la reinversión de abultadas utilidades y disminuya la fuga de capitales. Las inversiones no dependen de elusivas expectativas respecto del “clima de negocios”, que es un abismo de percepciones subjetivas. Las experiencias de crecimiento e industrialización han sido procesos de desarrollo liderados por el Estado, y la inversión guarda una relación estrecha con la evolución de la demanda agregada, en particular con el consumo (público y privado) y con el saldo comercial (exportaciones menos importaciones). En otros términos, la inversión no es exógena a la evolución de la demanda de bienes finales y de la acumulación de capital. En esa línea, frustrada en parte la voluntarista estrategia oficial de incentivo por crecimiento económico, primero, y por recrear una burguesía nacional dinámica, después, ahora el intento es la exigencia de inversiones a la cúpula empresaria definiendo reglas formales e informales de manejo de divisas, utilidades y compras externas." ("Intervenir").

En esta nueva etapa, los intelectuales "kirchneristas" apelan al Estado como motor del desarrollo capitalista. Desde el punto de vista del capitalismo, es un camino lícito y tiene una amplia variedad de antecedentes, tanto en el país como en el mundo. Reservamos para otra nota la discusión de este camino. En este lugar preferimos hacer constar algo mucho más primordial. La masacre de Plaza Once fue consecuencia del desprecio absoluto por la vida humana, y el capitalismo se basa, precisamente, en poner a la vida humana como un simple medio para la acumulación de capital. Elegir el capitalismo, siendo que es el camino más fácil en las actuales condiciones, implica aceptar lo anterior (y otras tantas cosas que padecemos a diario). Desarrollar el capitalismo vía Estado es, también, DESARROLLAR EL CAPITALISMO.

Mal que nos pese, la emancipación social no puede pasar por un sistema basado en la desigualdad de poder entre empresarios y trabajadores. Aunque de esto no se hable.

Buenos Aires, lunes 27 de febrero de 2012
NOTAS: 


(2) Sebastián Premici, "La larga marcha del holding de TBA", http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-188273-2012-02-24.html

(3) Mario Wainfeld, "El dolor y los deberes", http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-188363-2012-02-26.html


(5) Hernán Brienza, "Pareto y el miedo de los anticuarios", http://tiempo.infonews.com/notas/pareto-y-miedo-de-los-anticuarios

(6) Alfredo Zaiat, "Beneficio social", http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-188386-2012-02-26.html

viernes, 24 de febrero de 2012

LUCAS MENGHINI

Hace pocas horas fue encontrado el cuerpo de Lucas Menghini en los vagones del tren "accidentado" el miércoles pasado en la Estación Once. Lucas era el último de los pasajeros que estaba "desaparecido" desde el día del suceso. Su cadáver permaneció 57 horas en el mismo lugar del accidente, y su búsqueda movilizó a sus familiares, amigos y a la sociedad en general. Que un cuerpo permanezca "oculto" en el lugar del "accidente", en una de las estaciones más concurridas de la Argentina, en medio de un enorme operativo policial, resulta poco menos que increíble, y dice mucho acerca del valor qué tiene la vida humana (sobre todo si se trata de trabajadores) en nuestro país. Hablar de desidia o de inoperancia es ser generoso.

El "accidente" se cobró, pues, 51 muertos y 703 heridos. 

El "accidente", al que cabe calificar de masacre, mostró sin atenuantes las condiciones en que viajan, viven y mueren los trabajadores en Argentina. Escuchar el audio de la grabación de las comunicaciones entre el maquinista de la formación "accidentada" y jefatura del Sarmiento es un ejemplo de absoluto desprecio por la vida humana. Los trenes salen sin frenos, con puertas abiertas o a medio cerrar, etc., etc. Nada de ello importa, pues los que viajan en el tren son trabajadores y sobran.

El "accidente" ocurrió luego de 10 años de crecimiento económico ininterrumpido. En este período los capitalistas han obtenido ganancias siderales. Los trabajadores, en cambio, han seguido viajando en las mismas condiciones que antes del inicio del período de crecimiento, y, además, ponen los muertos cuando hay un "accidente". 


El "accidente" muestra el significado concreto, palpable, del modelo económico promovido por el "kirchnerismo". En este modelo los empresarios tienen la obligación de aumentar sus ganancias y los trabajadores tienen que contentarse con tener trabajo; si viajan mal, si no consiguen una vivienda decente, si les cuesta llegar a fin de mes, no tiene importancia. Todo esto se adorna con lindas palabras, pero la realidad es que los trabajadores ponen el cuerpo y los empresarios se llevan las ganancias. Las declaraciones del ministro De Vido y del Secretario de Transporte Schiavi, efectuadas el día jueves pasado, nos eximen de justificar esas afirmaciones. Judicializar la cuestión, tal como propuso el señor De Vido, equivale a dejar las cosas como están, es decir, apañar al grupo Cirigliano, los dueños de TBA. Esto tiene sentido si se tiene en cuenta que dicho grupo creció con la complicidad de los gobiernos de Menem, De la Rúa, Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. 

El "accidente" pone al desnudo cuál es la distribución del poder en Argentina. Más allá de los discursos, son los empresarios los que ponen las condiciones y a los trabajadores les toca obedecer. Ni siquiera pueden discutir la forma en la que viajan. Cualquier política que ignore esta cuestión es favorable a la clase dominante en Argentina. 


El "accidente dejará de repetirse cuando los trabajadores se organicen y pongan en discusión la dominación de los empresarios. Sólo la lucha puede cambiar las cosas. Como ha sido siempre.


Por último, doy mis condolencias para los familiares y amigos de Lucas y de todos los fallecidos en este "accidente".


Buenos Aires, viernes 24 de febrero de 2012




miércoles, 22 de febrero de 2012

EL "ACCIDENTE" DEL SARMIENTO EN PLAZA ONCE


La recientemente fallecida Amalia Lacroze de Fortabat no viajaba en el Sarmiento. Los empresarios dueños del maíz, de la soja y de los otros productos de nuestras fértiles llanuras, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los banqueros y los traficantes de divisas, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los dueños de las multinacionales mineras que se dedican a reconstruir el paisaje de nuestras montañas ricas en recursos naturales, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los empresarios católicos de Pérez Companc, los empresarios de los grupos económicos y de las multinacionales, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los dueños de las Pymes que “negrean” a sus trabajadores, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los empresarios del trabajo “esclavo” tampoco viajaban en el Sarmiento. Los dueños y gerentes de los multimedios de prensa, tanto los de la “corpo” privada como los de la “corpo” oficial, tampoco viajaban en el –Sarmiento. Los dueños de los shoppings, los empresarios de la construcción, los dueños de las grandes cadenas de electrodomésticos, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los senadores y diputados que sancionan las leyes y se aumentan las dietas, tampoco viajaban en el Sarmiento. La señora presidenta, el inefable Mauricio Macri  y los demás “lideres” de la oposición de derecha, tampoco viajaban en el Sarmiento. Los miembros de la Corte Suprema, los jueces, los jefes de las fuerzas de seguridad, tampoco viajaban en el Sarmiento.

Los dueños de la Argentina no viajaban en el Sarmiento.

En el Sarmiento viajaban trabajadores. Por eso el servicio se prestaba en condiciones pésimas, por eso las demoras y cancelaciones constantes de servicios, por eso el hacinamiento en los vagones, por eso la falta de respeto cotidiana de la empresa TBA. Por eso la persecución a los trabajadores del ferrocarril toda vez que denunciaban las condiciones de prestación del servicio y/o se atrevían a disputarle poder a la burocracia del gremio. Por eso la persecución de funcionarios del gobierno (caso Aníbal Fernández) a los delegados combativos (el Pollo Sobrero, etc.). Por eso la falta de inversión, por eso la falta de mantenimiento, por eso la tercerización de servicios de parte de TBA. Por eso los accidentes de los años anteriores.

Por eso la masacre de hoy.

En estos días en que tanto se habla de soberanía, los trabajadores no son dueños de su país. Desde que se levantan hasta que se acuestan su vida es manejada por los empresarios, por el gobierno y/o por la yunta de ambos. Recuperar la soberanía significa, ante todo, que los trabajadores consigan el poder de decidir sobre sus vidas. Para que la democracia no sea sólo una bella palabra y para que no haya más masacres como la de hoy. 

Mientras tanto, los trabajadores seguirán viajando en el Sarmiento, y los dueños del país seguirán lucrando con el trabajo de esos trabajadores. Por supuesto, sin viajar en el Sarmiento.
 
Buenos Aires, miércoles 22 de febrero de 2012

lunes, 20 de febrero de 2012

LAS PARADOJAS DEL KIRCHNERISMO, O DE CÓMO LAS MULTINACIONALES MINERAS SE TRANSFORMARON EN ADALIDES DE LA EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

A diferencia de lo ocurrido con otros temas, en los que los voceros del  "kirchnerismo" derivaban hacia los medios de la "corpo" (CLARÍN y, en menor medida, LA NACIÓN) la responsabilidad por la situación, en el caso de las multinacionales mineras no les ha quedado más remedio que expresarse sobre el fondo de la cuestión. A la nota de Ricardo Forster en PÁGINA/12 del, viene a sumarse ahora Eduardo Aliverti con la nota "Los nuevos descubridores", publicada en el día de la fecha en el mismo medio.

Ahora bien, ¿cuál es el fondo de la cuestión? 

Por supuesto, no se trata de la ya ancentral disputa entre el "kirchnerismo" y los medios de la "corpo" que, a esta altura, ya forma parte del paisaje cotidiano. Tampoco, aunque el tema es, por cierto, importante, de la lucha de los "ambientalistas" contra la tecnología que despedaza el planeta. En rigor, el mote de "ambientalistas" ha sido usado hasta el cansancio tanto por los medios de la "corpo" privada como por los de la "corpo" oficial, en buena medida porque dicho calificativo permite esquivar el núcleo económico del problema, transformándolo en una pelea "romántica" por el planeta.

El debate acerca de la megaminería y de las multinacionales mineras remite al problema, viejo como el mundo, de cómo una sociedad resuelve la cuestión de cómo producir y cómo distribuir lo producido entre sus miembros. Unido de manera inseparable a esta cuestión está el problema político de quién toma dichas decisiones. Por lo tanto, en el caso de las multinacionales mineras están unidas las dos problemáticas fundamentales de toda sociedad. De ahí que ni siquiera quienes han hecho una profesión del arte de esquivar el bulto puedan eludir en este caso la referencia a los temas decisivos.



Tomemos entonces a las multinacionales mineras en Argentina y veamos cómo se dio respuesta a los dos problemas fundamentales enunciados más arriba. ¿Quién toma las decisiones de qué producir y cómo producirlo? Son las empresas, a partir de la legislación neoliberal aprobada por el peronismo "menemista" en los '90. El Estado, tanto el nacional como los provinciales, se ha limitado, hasta ahora, a percibir una parte insignificante de la renta minera.

¿Cómo han resuelto las multinacionales los problemas de cómo y cuánto producir?

Para no herir las susceptibilidades de los compañeros "kirchneristas" preferimos cederle la palabra a Alfredo Zaiat, periodista que cubre las cuestiones económicas para PÁGINA/12: "El actual modelo minero fue estructurado con el acuerdo federal minero, con el Código Minero y con la reforma constitucional del ’94, que en su artículo 124 dispone que les corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio. Esto último ha provocado una grieta difícil de reparar para instrumentar una administración nacional e integral de las riquezas hidrocarburíferas y mineras. Ese marco legal facilitó el desarrollo de lo que se denomina «economía de enclave»: ingresan capitales del exterior para explotar ricos yacimientos mineros, realizan millonarias inversiones, pagan una muy baja proporción de impuestos en relación a su giro (por ejemplo, están exentos del impuesto al cheque, a los combustibles), tienen estabilidad fiscal por treinta años y gozan de un régimen de importación sin aranceles. Las regalías abonadas a las provincias son bajas (de 2,5 a 4,0 por ciento en boca de mina), pero a la vez esos recursos son muy importantes para las finanzas de esos gobiernos. Esta dependencia fiscal explica la defensa férrea que legisladores y gobernadores de provincias mineras realizan de esa actividad. (...) Desde que se inició la minería en gran escala hace poco más de quince años, la actividad tuvo un crecimiento exponencial. Hay actualmente doce grandes proyectos en operación, tres en construcción y 340 “prospectos” en diversas etapas de desarrollo para extraer diversos minerales. Entre 1998 y 2009, la participación de la minería en el PBI saltó del 1,5 al 4,5 por ciento. Podría alcanzar el 6,0 por ciento cuando dentro de poco entre en funcionamiento el gigante Pascua-Lama, un emprendimiento binacional argentino-chileno en San Juan que tiene reservas de 18 millones de onzas de oro, de acuerdo a la información difundida a la prensa." En síntesis, el régimen legal sancionado por el peronismo "menemista" en los '90 produjo un crecimiento fenomenal de la actividad minera en Argentina, crecimiento que estuvo a cargo de las multinacionales mineras. Zaiat, a quien no puede acusársele precisamente de enemigo del gobierno, agrega: "El kirchnerismo se ha sentido cómodo en ese marco de negocios de las mineras, incluso ha impulsado con énfasis esas inversiones."


De modo que las multinacionales mineras hacen y deshacen a su antojo, siendo su actividad alentada tanto por los gobiernos provinciales como por el Estado nacional. Como quiera que sea, en el contexto actual, marcado por la creciente necesidad de divisas por parte del Estado y por las protestas populares contra los emprendimientos mineros, los voceros del "kirchnerismo" se ven en la obligación de decir algo diferente a lo ensayado hasta ahora acerca de la producción minera. Los argumentos y propuestas realizadas merecen atención, porque dicen mucho sobre la naturaleza del "kirchnerismo".


El argumento es, más o menos, el siguiente:

El capitalismo es la forma más racional de organizar el proceso productivo. Todos los intentos ensayados a lo largo del siglo XX para organizar la producción de un modo diferente han fracasado. El capitalismo no es una unidad, sino que existen distintos tipos de capitalismo; así, en Europa impera el "anarcocapitalismo" (Cristina Fernández), es decir, la dominación del capital financiero, que suburdina la producción a las necesidades de los bancos y en el que el Estado se ve incapaz de intervenir en el proceso económico. En cambio, en América Latina, a partir de comienzos de la década pasada ha surgido otro modelo de capitalismo, cuyos pilares son la intervención del Estado en la economía, el énfasis en la producción y no en la valorización financiera y la importancia del mercado interno. Pero el capitalismo latinoamericano carece del capital necesario para modernizar los aspectos claves de la economía; de ahí que los distintos gobiernos promuevan a aquellos sectores capaces de generar las divisas indispensables para el desarrollo.


No es nuestra intención discutir aquí el argumento anterior; ya tendremos oportunidad de examinar con atención sus supuestos. Por el momento prefiero analizar las consecuencias prácticas que se derivan del mismo. La primera y principal consiste en que las multinacionales mineras son actores imprescindibles para lograr el desarrollo económico. ¿Cómo hacen los voceros del "kirchnerismo" para digerir este simpático sapito? Aliverti lo resuelve remitiendo a lo escrito por Ricardo Forster: "En su estupendo artículo del martes pasado en este diario, Ricardo Forster aludía a una de las claves: «Ninguna corriente ecologista, o medianamente ambientalista, puede resolver la ecuación, extremadamente compleja, entre creación de riqueza, disminución de la pobreza y distribución igualitaria, si no se hace cargo de darles alternativas a sociedades que necesitan salir del atraso y la dependencia (...) Lo demás es falso virtuosismo, incapaz de pensar la cuestión social, o simplemente cinismo»". Traducido a un español corriente, Aliverti (vía Forster) sostiene que, guste o no, las multinacionales mineras son imprescindibles para general riqueza. Sin esa riqueza, es imposible repartir nada. En otras palabras, las multinacionales mineras son generadoras de justicia social. A esta conclusión se llega si se acepta el argumento de los "muchachos kirchneristas". Ahora bien, ¿qué diferencia existe entre esto y el argumento neoliberal de que primero hay que hacer crecer la torta y luego repartirla?

Enfrentados a la desoladora realidad de que la "burguesía nacional" es un conjunto de lobos que consideran que lo "nacional" pasa por llenarse los bolsillos lo más rápido posible (y de cualquier manera), los voceros del "kirchnerismo" llegan a la paradójica conclusión de que la "emancipación nacional y social" pasa por dejar a las multinacionales mineras en plena libertad para invertir y producir. De este modo, todo el debate queda limitado a la discusión en torno a la tajada de la renta minera que el Estado nacional y los gobiernos provinciales pueden arañarle a las multinacionales. Zait lo expresa con claridad: "Ante las fuertes restricciones legales para implementar cambios profundos en el generoso esquema de promoción diseñado en los noventa, sólo pudo avanzar con fijar retenciones a las exportaciones del 5 al 10 por ciento, medida que algunas mineras resisten en la Justicia, y, desde noviembre pasado, con obligarlas a liquidar los dólares de sus ventas al exterior en el mercado local. Y en el marco de redefinición de la política de subsidios, le retiraron los que gozaban para la electricidad. Ahora también ha alentado la unión de las provincias mineras para unificar estrategias ante el poder de las mineras. (...) el Gobierno podría alentar en el Congreso la modificación del esquema regulatorio de la minería, aunque todavía no ha manifestado esa voluntad política. Esos cambios legislativos no alterarían los proyectos en curso por la existencia de derechos adquiridos, pero establecerían, para futuros emprendimientos, normas equilibradas entre el interés privado y el desarrollo nacional. Como la renta minera es generosa, en un contexto internacional de alza estructural de los precios de esas materias primas, las corporaciones mineras primero rechazarían esos cambios alertando por una caída de las inversiones, pero se sabe por otros antecedentes, pasados y recientes, que finalmente las realizarán –incluso asociadas con el Estado– por las abundantes riquezas escondidas en cerros y montañas."

O sea, y siempre aceptando el argumento "kirchnerista", lo máximo a lo que podemos aspirar es a quedarnos con una porción mayor de la renta minera. Mientras tanto, el control de las decisiones de la economía (¿qué producir?, ¿cómo?, ¿qué cantidad?) queda en manos del capital. Esto supone, además, que la mayoría de las personas de este país pierden su soberanía, entendida como la capacidad para tomar de manera autónoma las decisiones que atañen a su vida.  Parafraseando a un viejo vecino de Mataderos, ¡pavada de emancipación nacional y social!

Buenos Aires, lunes 20 de febrero de 2012


NOTAS:
(1) Ver la nota completa en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-187962-2012-02-20.html También conviene leer la nota de Alfredo Zait, "Debate", http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-187900-2012-02-19.html, quien desde una óptica más económica y con mayor profundidad, enuncia ideas semejantes a las de Aliverti.

viernes, 17 de febrero de 2012

LOS INTELECTUALES KIRCHNERISTAS Y LAS MULTINACIONALES MINERAS

Pastiche. Imitación o plagio que consiste en tomar determinados
 elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, 
de forma que den la impresión de ser una creación independiente.
(Real Academia Española) 

La profunda crisis sufrida por la ideología neoliberal en 2001 abrió un resquicio para discutir la racionalidad del capitalismo. Sin embargo, la apertura de un nuevo espacio para el pensamiento no significa automáticamente que las ideas que se generen en él sean una superación del modelo anterior. Muchas veces, la necesidad de reemplazar las viejas ideas por otras nuevas termina dando origen a un pastiche, sobre todo cuando las relaciones sociales defendidas por la ideología en crisis no han sufrido ninguna modificación sustancial.

Ricardo Forster es un digno ejemplo de como el pastiche se ha convertido en la forma de pensamiento adoptada por los intelectuales progresistas que adhieren al "kirchnerismo". Dado que esta afirmación puede ser considerada exagerada, es conveniente dedicar algunos párrafos al análisis del artículo de Forster sobre la cuestión de las multinacionales mineras en Argentina, publicado en PÁGINA/12 (2).

Forster no dice nada novedoso respecto de las empresas multinacionales que explotan los recursos mineros de varias provincias argentinas. En un lenguaje enredado, que resulta una marca de fábrica de su escritura, termina afirmando que la tarea actual de "invención democrática" consiste en encontrar la "ecuación adecuada" que reúna "en un mismo movimiento la indispensable generación de riquezas –industriales y primarias–, la distribución equitativa, la preservación y expansión de los derechos y la protección del medio ambiente". Como veremos más adelante, las cosas son siempre un poco más complejas de los que parece y no suelen acomodarse a las intenciones de los intelectuales progresistas. Por el momento hay que registrar que Forster, en tanto intelectual partidario del "kirchnerismo", muestra perplejidad ante la represión desatada por las policías proviciales contra las manifestaciones populares en contras de las multinacionales mineras (3). 


La perplejidad de nuestro intelectual se revela en el siguiente pasaje: "Así como resulta absurdo, económica y políticamente, desconocer la historia y la proyección futura de la minería en un país que es atravesado de norte a sur por miles de kilómetros de cordillera, también resulta indispensable reconocer el derecho de los habitantes de esas geografías a ser partes activas a la hora de planificar y resolver estrategias de desarrollo que involucran directamente sus vidas y la de sus hijos. No hay soberanía territorial que no venga acompañada por la soberanía del pueblo, pero no entendida como unanimidad abstracta, sino como conjunción de diversidades. “Pruebas de fuego –escribe María Pía López– para los gobiernos populares, que deben refundar su legitimidad permanentemente en el ejercicio de una vasta conversación que se hace de conflictos, tensiones, discusiones y acuerdos. Nunca –salvo propicios y escasos momentos– de consensos unánimes. Por eso, las destrezas no deberían dedicarse tanto a la búsqueda de estas efímeras unanimidades –que conocimos en días de fiesta o de combate contra un enemigo exterior–, sino a la composición democrática de lo heterogéneo.” 

¡Qué problema! ¿Cómo hará la "invención democrática" para conciliar el apetito de ganancias de las empresas multinaciones mineras con los intereses de las poblaciones en las que se realizan las explotaciones mineras? ¿Cómo lograr la "composición democrática" de lo "heterogéneo"?

Forster no supera el estadio de la perplejidad y su reclamo de "invención democrática" muestra que no da pie con bola frente al problema. Es por eso que resulta más interesante abordar los supuestos de su planteo, pues el conocimiento de éstos permite comprender claramente los límites del progresismo kirchnerista (o, si se prefiere, de la "izquierda kirchnerista").


El sistema social imperante en nuestro país es el capitalismo. Una economía capitalista se basa en la división entre un grupo que posee la propiedad de los medios de producción y otro grupo que sólo tiene su fuerza de trabajo, estando obligados estos últimos a venderse en el mercado para obtener un salario y poder así subsistir. Esto genera la "heterogeneidad" a la que hace alusión Forster. Capitalistas y trabajadores son, pues, dos elementos fundamentales de la "diversidad" de la sociedad capitalista. Y no se trata de una división meramente funcional, sino que implica una radical desigualdad en el poder social de unos y otros. Más claro, quien está obligado a vender su cuerpo y/o su cerebro en el mercado laboral se encuentra en una situación de inferioridad frente al empresario. El sistema democrático se asienta sobre esta desigualdad, guste o no a los progresistas kirchneristas. La "invención democrática" requiere, por tanto, hacer frente a esta fuente primordial de desigualdad; dejar de lado a la diferencia entre empresarios y trabajadores es un buen indicador del nivel de sanata de un discurso político.


Forster se encuentra enfrentado, en el caso particular de las multinacionales mineras, al problema crucial de la democracia. Si la democracia es entendida como el gobierno del pueblo (y la inmensa mayoría del pueblo está compuesto por trabajadores asalariado), sólo puede ser realizada en la medida en que enfrente al capitalismo. Dicho de otro modo, el establecimiento de un régimen democrático consecuente requiere de la supresión del capitalismo, independientemente de que esta tarea sea extremadamente difícil o de los fracasos experimentados por los distintos proyectos socialistas en el siglo XX. Si el planteo parece abstracto, hay que decir que la dominación capitalista supone que la mayor parte de la vida de la inmensa mayoría de las personas transcurre en condiciones de dictadura, pues en el lugar de trabajo las decisiones acerca de qué, cómo y cuánto producir son tomadas de forma unilateral por el empresario. La democracia no entra en el lugar de trabajo. Volvamos ahora al artículo de Forster.


En una sociedad capitalista, es imposible unificar los intereses objetivos de capitalistas y trabajadores, salvo que se entienda por tal unificación el sometimiento absoluto del trabajador a las demandas de los capitalistas. (4). En el caso concreto de las multinacionales mineras, ¿cómo es posible unificar los intereses de la mayoría de la sociedad (los trabajadores) con los de los empresarios de las multinacionales mineras? Si se elige el camino capitalista (y a Forster no se le ocurre ninguna otra alternativa), la "invención democrática" elige dos vías, complementarias entre sí, para lograr "la composición democrática de lo heterogéneo": a) la negociación entre los Estados provinciales y las multinacionales mineras para que los primeros consigan una tajada mayor de la renta minera; b) los palos de las policías para "componer" (o descomponer) las cabezas de quienes no se resignan a que todo pueda ser comprado o vendido. Pero admitir esto es hablar con franqueza, y el progresismo kirchnerista se siente incómodo en esta situación. ¿Qué hace Forster? Realiza varias operaciones ideológicas para transformar un problema crucial de la democracia en una discusión estéril entre los aspectos "buenos" y los aspectos "malos" de la minería explotada por las multinacionales. 


En primer lugar, Forster parte del reconocimiento del carácter ineludible del capitalismo. Por supuesto, no puede ser franco en este punto y recurre a la frase "la indispensable generación de riquezas –industriales y primarias–". Ahora bien, ¿qué es "indispensable"? Puesto que nuestro sistema de producción es capitalista (y Forster no dice una palabra en contra del mismo), quiere decir que el capitalismo es indispensable para producir riqueza. El corolario: cualquier otro planteo es utópico o irracional.


En segundo lugar, la minería constituye un componente indispensable en esa produccion (capitalista) de riqueza. Otra vez Forster se ve obligado a emplear un lenguaje deliberadamente retorcido: "políticas de transformación económico-productivas que requieren de nuevas tecnologías y de emprendimientos extractivos, y sin las cuales es muy difícil imaginar la creación de riquezas socialmente distribuibles". Traducido al castellano corriente. Forster dice que las multinacionales mineras son indispensable porque aportan "nuevas tecnologías" y promueven "emprendimientos extractivos", imposibles de realizar por la siempre buscada (por los progresistas) "burguesía nacional".

En tercer lugar, los enemigos de las multinacionales mineras son vistos como "ecologistas o medioambientalistas", o sea, como una especie de ingenuos que no comprenden la totalidad del problema: "Ninguna corriente ecologista o medioambientalista puede resolver la ecuación, extremadamente compleja, entre creación de riquezas, disminución de la pobreza y distribución igualitaria si es que no se hace cargo de darle alternativas a sociedades que necesitan salir del atraso y de la dependencia; alternativas que no respondan a visiones regresivas y neoconservadoras, sino que puedan dar un profundo debate, de matriz humanista, sobre los vínculos entre producción, tecnologías, medio ambiente, inversión necesaria y sustentabilidad. Lo demás es falso virtuosismo incapaz de pensar la cuestión social o simple cinismo." Para Forster, "pensar la cuestión social" significa no sacar los pies del plato del capitalismo, y esto queda claro si se observa que en ningún momento llega a comprender que nuestra producción, nuestra tecnología, nuestra inversión, nuestro concepto de sustentabilidad, es capitalista. Es por ello que la "invención democrática para componer lo heterogéneo" termina por ser la peor forma de la utopía, esto es, la defensa de la desigualdad existente por medio de la apelación al perfeccionamiento de dicha desigualdad hasta llegar a una situación óptima.


A partir de lo todo lo anterior se comprenden cuáles son los límites de la "invención democrática" invocada por Forster. Puesto que se da por supuesta la necesidad del capitalismo y de las multinacionales mineras, todo su argumento se reduce al esforzado intento por convencer a los sectores populares de la imposibilidad de pensar una producción fuera de las condiciones del capitalismo. Dado que es preciso producir para distribuir, y que las multinacionales mineras son las únicas capaces de aportar tecnología a la producción minera, Forster reduce el problema al viejo tema de compatibilizar la búsqueda de ganancias por los capitalistas con una distribución que mitigue la desigualdad que esa misma producción genera. Ahora bien, Forster puede pensar lo que quiera sobre las multinacionales mineras y sobre la producción capitalista. Lo que no debe hacer es afirmar que las multinacionales mineras son un elemento indispensable para lograr "la emancipación nacional y social". A menos que su concepción de dicha emancipación sea un pastiche.


Buenos Aires, sábado 18 de febrero de 2012

NOTAS: 

(1) Ricardo Forster (Buenos Aires, 1957) es un filósofo y ensayista, integrante del grupo Carta Abierta, núcleo que reune a los intelectuales progresistas que adhieren al "kirchnerismo"

(2) El artículo se titula "La minería, la invención democrática y el desarrollo sustentable" y puede consultarse en:http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-187563-2012-02-14.html

(3) Forster escribe "se vuelve indispensable no sólo impedir que policías provinciales acostumbradas a actuar como capangas y como fuerza de choque de los poderosos repriman la genuina protesta de quienes tienen derecho a oponerse a la minería a cielo abierto –y esto más allá del indispensable debate en torno a su sustentabilidad o no–". Reconocer la existencia de la represión bajo el gobierno de Cristina Fernández no es poca cosa, sobre todo tratándose de un intelectual tan identificado con el "kirchnerismo" como Forster. Claro que, reflejos rápidos mediante, carga toda la responsabilidad sobre las policías provinciales pues, como sabemos, cuando hay un reparto generoso de palos sobre una manifestación popular el gobierno nacional se convierte en un ente metafísico, que flota por encima de los palos, balas de goma y gases lacrimógenos. Pero, dejando de lado esta minucia, el reconocimiento está.


(4) Marx, con su habitual lucidez, escribió hace mucho tiempo que "la verdadera definición de trabajador productivo consiste en lo siguiente: un hombre que no necesita ni exige nada más que lo estrictamente necesario para estar en condiciones de procurar a su capitalista el mayor beneficio posible." (Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, México D. F., Siglo XXI, 1997, tomo 1, pág. 215). Sin darse cuenta, muchos progresistas, al naturalizar al capitalismo, terminan por adherir a esta definición del trabajador.