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domingo, 30 de octubre de 2011

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (22): BUCHEZ Y EL COOPERATIVISMO


El índice de esta serie de notas se encuentra disponible en:http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/06/historia-del-movimiento-socialista.html

Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página.

35. Buchez (1796-1865).

Philippe-Joseph-Benjamin Buchez (1796-1865) ha sido considerado como el "padre" del movimiento cooperativista en Francia. Doctor en Medicina. Con Bazard (1791-1832), fue uno de los fundadores del movimiento carbonario francés. En 1825 fue detenido, pero logró salir absuelto por falta de pruebas. Luego, también junto a Bazard, se unió a los sansimonianos. Colaboró en el periódico LE PRODUCTEUR, que elaboró las ideas económicas de la escuela. En 1829 se abrió de los sansimonianos, pues era católico y no quiso seguir las aventuras religiosas de Enfantin (1796-1864). Trató de fundar una escuela neocatólica de socialistas. En 1831 comenzó a publicar el periódico L'EUROPÉEN.

En 1833, en Introduction à la science de la histoire (1), desarrolló una teoría de la historia basada en las ideas de Saint- Simon (1760-1825). La última etapa de la historia se inicia con el cristianismo, y debe completarse con la aplicación total de los principios cristianos de igualdad, fraternidad y caridad para la organización de la sociedad. Buchez opinaba que la Iglesia católica había fallado en este cometido. La Revolución Francesa había reiniciado esta tarea, y un nuevo movimiento tenía que completarla. (I: 180-181).

Buchez consideró que la asociación de los obreros era el agente principal de este cambio. (2) En 1831 fundó la Asociación de los Ebanistas, que sirvió de modelo a muchas sociedades cooperativas de producción. L'EUROPÉEN se convirtió en órgano del movimiento cooperativo. Pensaba que "la asociación ofrece los medios para crear la nueva sociedad, sin revolución, en el seno de la sociedad existente." (I: 181). [Como si la asociación pudiera socializar la producción sin tropezar con la resistencia del poder político, en tanto capitalista "colectivo".]

En 1840 los seguidores de Buchez fundaron L'ATELIER (que perduró hasta 1850), periódico dedicado a fomentar las asociaciones de productores. (I: 181).

Buchez se relación con el periódico liberal LE NATIONAL. También trabajó con Louis Blanc (1811-1882). Gracias a sus relaciones con los liberales, Buchez fue presidente de las Asamblea Constituyente luego de la Revolución de Febrero de 1848. Pronto perdió sus cargos con el ascenso de la derecha y se retiró a la vida privada. (I: 181).

Sus ideas ejercieron influencia sobre J. M. Ludlow (1821-1911), quien, a su vez, la transmitió a F. D. Maurice (1805-1872), jugando así un papel relevante en la fundación del socialismo cristiano inglés. Los Christian Socialist Promoters de Gran Bretaña fueron una imitación de los primeros experimentos de Buchez en Francia. (I: 182).

Mataderos, domingo 30 de octubre de 2011

NOTAS:

(1) La versión online de la primera edición de la obra está disponible en: http://www.archive.org/stream/introductionlas02buchgoog#page/n13/mode/2up

(2) "Creía que la asociación conseguiría libertad a los obreros sólo si estaba firmemente basada en los principios cristianos de fraternidad." (I: 182).

miércoles, 26 de octubre de 2011

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL TRIUNFO DE CRISTINA FERNÁNDEZ

La victoria obtenida por Cristina Fernández (n. 1953) en las elecciones del domingo pasado ha sido tan contundente, y la derrota de la autodenominada oposición tan estruendosa, que una muchedumbre de periodistas, comentaristas y analistas políticos varios ha hecho cola para elogiar la sapiencia política de la presidenta, las bondades del modelo vigente y las virtudes de Amado Boudou como guitarrista. Todo vale con tal de arañar un lugar bajo el sol refulgente del "kirchnerismo" victorioso. Ahora bien, las voces de la multitud de aduladores de todo pelaje, en su afán por transformar a Cristina en un mito viviente, tienden a oscurecer algunos aspectos significativos del triunfo del "kirchnerismo" en las elecciones del 23 de octubre.

Aclaremos los tantos. De ningún modo se trata de negar la magnitud del triunfo de Cristina, ni restarle méritos a la estrategia política que diseñó para este año electoral. Eso sería necio. Para decirlo en pocas palabras, Cristina jugó con inteligencia y decisión, imponiendo en todo momento su voluntad frente a colaboradores y aliados a veces reacios, a veces dubitativos. Así como Néstor Kirchner (1950-2010) tomó nota de las lecciones del 2001 y comprendió que la Argentina ya no podía ser gobernada utilizando el mismo discurso del neoliberalismo, Cristina aprendió de la crisis del 2008 y entendió que era imprescindible ir hacia la construcción de una fuerza política sólida, capaz de afrontar los temporales sin correr riesgos de disgregación. Luego del efecto Julio Cobos (n.1955) y de la escisión del Peronismo Federal, Cristina apostó a imponer sus candidatos y reducir al máximo posible el margen de negociación con los caciques provinciales y municipales. Luego del domingo, el grado de cohesión interna del "kirchnerismo" se incrementó significativamente.

Todas estas cosas ya han sido dichas en estos días, así que resulta innecesario abundar en ella. Dado que dispongo de muy poco tiempo, prefiero concentrarme en un par de cuestiones importantes, con la promesa de dejar para más adelante la formulación de análisis más profundos.

En primer lugar, hay que destacar que el triunfo de Cristina corona la conformación de un nuevo bloque dominante en Argentina, el cual se ha venido constituyendo desde la crisis política e ideológica del neoliberalismo en 2001. El apoyo público que las corporaciones empresarios brindaron a la presidenta en el período previo a las elecciones muestra a las claras que la burguesía (si se me permite utilizar este término "antiguo") apoya de manera casi unánime al modelo. Hoy por hoy, la Unión Industrial Argentina y la Sociedad Rural Argentina, por citar sólo los dos casos más representativos, se han hecho "kirchneristas", más allá de las opiniones particulares de algunos dinosaurios. A despecho de los dichos de muchos intelectuales y militantes "kirchneristas", no existe tal enfrentamiento entre el gobierno "nacional y popular" y las corporaciones (salvo, por supuesto, el caso perfectamente funcional de la lucha con Clarín y La Nación). En todo caso, la mención a dicho enfrentamiento sirve para esconder debajo de la alfombra el apoyo casi unánime al "kirchnerismo" entre los empresarios del campo y la ciudad, los banqueros, los rentistas y todos aquellos a los que les interesa el país (claro que a partir de la explotación del trabajo de otros).

En segundo lugar, y en estrecha relación con el punto anterior, el "kirchnerismo" no sólo ha logrado constituir un bloque dominante, sino que ha conseguido lograr que este bloque detente la hegemonía en la sociedad. Así, el aluvión de votos del domingo resulta un formidable espaldarazo para un modelo de acumulación centrado en la dominación del capital sobre el trabajo. En este sentido, se ha naturalizado que el hecho de que "los trabajadores tengan trabajo" es lo máximo a lo que pueden aspirar las personas que pasan la mayor parte de sus vidas trabajando. Cuando hablo de un bloque dominante que se ha vuelto hegemónico quiero decir precisamente eso. En los discursos del domingo a la noche los candidatos triunfantes, de Cristina para abajo, elogiaron al pueblo, hablaron de concordia, de unidad y muchas cosas más, pero no dijeron ni una palabra acerca de los trabajadores. Esto es en sí significativo, si se tiene en cuenta que los ganadores pertenecen al partido (el peronismo) que hizo del movimiento obrero su columna vertebral. Luego de la crisis de 2001, la recomposición de la hegemonía de las clases dominantes es un dato central e innegable de la política argentina actual. Más allá de que no suene agradable para muchos militantes, la realidad indica que hoy en día el "kirchnerismo" encarna la política real de las clases dominantes. La mejor prueba de ello está en los desempeños electorales de la autodenominada oposición, que no logró convencer a sus patrones de las bondades de sus servicios. En este sentido, las elecciones del domingo significan el entierro, tantas veces postergado, de la vieja derecha neoliberal. Fuera del "kirchnerismo" no existe ningún proyecto capitalista viable.

El lector podrá objetar que en estas notas se deja de lado el enorme apoyo popular al "kirchnerismo", expresado en las cifras de votos del domingo. De ningún modo desestimamos este apoyo, pero tampoco pretendemos caer en la actitud de tantos oportunistas, quienes descubren ahora la existencia de "una comunidad mística" entre el líder y su pueblo. En política hay que ser responsable, sobre todo si se pretende nadar contra la corriente. Es por esto que hay que decir que la tarea de la hora consiste en discutir las bases sobre las que se ha edificado la nueva hegemonía de las clases dominantes, encarnada en los dichos de los políticos "kirchneristas". El "nunca menos" tiene que consistir en discutir el poder y no en resignarse ante una correlación de fuerzas que no se puede modificar. En criollo, sólo cuando los trabajadores miren con ojos sobradores al patrón, sólo cuando los que viajan a la mañana en el bondi, en el Sarmiento o en el subte piensen en que van a trabajar a un lugar que empieza a ser suyo, sólo entonces habrán empezado a cambiar las cosas. Para eso falta mucho, pero conviene empezar por discutir esta idea instalada por el "kirchnerismo" de que trabajadores y empresarios tienen intereses comunes, y que deben trabajar unidos en pos de la grandeza del país.

Nunca menos.

Mataderos, miércoles 26 de octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

EL KIRCHNERISMO Y LA CUESTIÓN DE LA IGUALDAD, O DE COMO APRENDIMOS A AMAR A LOS EMPRESARIOS

La campaña electoral está terminando y es oportuno hacer algunas reflexiones sobre cuestiones que las fuerzas políticas mayoritarias suelen ocultar debajo de la alfombra. Dada la victoria contundente que obtendrá el domingo la actual presidente Cristina Fernández (n. 1953), resulta interesante prestar atención a la forma en que el "kirchnerismo" encara un tema central de la política como es el de la igualdad.

Aclaremos los tantos. El "kirchnerismo" se proclama a si mismo como una fuerza que está cambiando la historia en un sentido progresista, nacional y popular. Para evitar malentendidos, me refiero aquí al discurso dominante entre la militancia que ha tomado entusiastamente las banderas del "kirchnerismo", y no a la política económica llevada adelante por el gobierno de Cristina Fernández, que ha favorecido abiertamente las ganancias del capital al mantener, por ejemplo, la legislación laboral neoliberal sancionada en los años '90. Para estos militantes, el "kirchnerismo" es concebido como la única izquierda posible en la Argentina, frente a los dogmas abstractos de la "paleoizquierda" (calificación pergeñada por el periodista Horacio Verbitsky), incapaz de arraigar entre los sectores populares. En una correlación de fuerzas que se diagnostica como desfavorable para el "campo popular", el "kirchnerismo" ha revolucionado la política argentina e implementado una auténtica "revolución cultural".

Ahora bien, la sedicente condición "revolucionaria" o "izquierdista" del "kirchnerismo" tiene que expresarse de manera un poco menos gaseosa. En la campaña se dicen muchas cosas, a las que, como afirma el dicho, se las lleva el viento. Sin embargo, la misma situación de Cristina Fernández en esta elección, su segura victoria hace que algunos de los defensores del "kirchnerismo" suelten la lengua un poco más de lo debido.

La igualdad es una divisoria de aguas entre los defensores del sistema social actual y los que pretenden reemplazarlo por otro sistema diferente. Dicho en términos más antediluvianos, la igualdad constituye uno de los límites entre el capitalismo y el socialismo. Volvamos a un lenguaje más accesible a esta época. Los defensores del statu quo conciben la igualdad en términos de igualdad de derechos, como igualdad meramente jurídica (en criollo, votá en las elecciones, pero no jodas en la fábrica). Los enemigos del sistema, en cambio, piensan a la igualdad en términos de igualdad de condiciones, como un estado en el que las personas tienen pleno acceso a todo lo que precisan para desarrollarse como seres humanos. De un lado, igualdad formal. Del otro, igualdad real. Si bien es cierto en este mundo nada existe en estado puro, también es verdad que si el "kirchnerismo" es verdaderamente una fuerza transformadora de la realidad esto tendría que expresarse, de alguna manera, en los dichos y los hechos de sus defensores. No es preciso una gran muestra, hay que tener presente que la correlación de fuerzas es "desfavorable" para nuestros esforzados varones. Pero, sin embargo, podemos pedir aunque sea una pizca de su pensamiento en esta cuestión.

En las condiciones de la campaña presidencial de 2011 el milagro se ha hecho. Tenemos dos muestras de la novísima manera en que el "kirchnerismo" redefine el viejo tema de la igualdad.

En la edición del domingo pasado, Hernán Brienza (uno de los santos varones del "kirchnerismo") hace esta sorprendente afirmación. Cito: "No hay igualitarismo más radical que la posibilidad de que un chico morochito, pobre, hijo o nieto de tobas, que vive en el Chaco profundo, tenga la misma posibilidad de jugar en red –o sea, ni siquiera digo aprender, informarse, formarse, quebrar la brecha digital, sino apenas jugar en red– que un porteñito pequeño burgués de Palermo Chico, por ejemplo." (1) Hasta ahora, siempre que el peronismo hablaba de igualdad lo hacía en referencia a la cuestión de la "justicia social". Por supuesto, en un movimiento tan complejo como el peronismo, había múltiples maneras de entender la "justicia social", pero la forma en que Brienza la concibe es...difícil de calificar. ¿Es necesario comparar, por ejemplo, la expectativa de vida del pequeño burgués de Palermo Chico y la del toba pobre de la provincia del Chaco? En el plano de lo virtual, esto puede no ser necesario. Pero las cosas cambian cuando se apaga la netbook (a propósito, ¿tendrá electricidad en su hogar el toba pobre del Chaco?). Suena más bien a una frase digna de un tipo canchero (¡una típica canchereada!), que a la reflexión supuestamente responsable de un editorialista político. Si la igualdad consiste en "jugar en red", nada tiene verdadero sentido y todo vale lo mismo. Así de simple. Con Brienza el pensamiento nacional y popular vuela a nuevas alturas y nos hace comprender que la igualdad puede transformarse en una cuestión virtual, que queda encerrada en la pantalla de una netbook.

De ningún modo pretendemos afirmar que nuestro editorialista ha perdido la razón. Lejos de ello, pensamos que su exabrupto se conecta con una tendencia general del "kirchnerismo" que reniega de cualquier forma de lucha de clases (perdóneseme otra vez el empleo de palabras en desuso). Cada vez más lejos del "combatiendo al capital", el "kirchnerismo" confraterniza con el capital. Es posible que seamos necios y no entendamos las complejidades de la estrategia política de Cristina Fernández. Pero en este mundo real, no en el virtual, es conveniente seguir llamando a las cosas por su nombre.

En un spot de su campaña, Cristina Fernández dice "¿De dónde sacamos tanta fuerza para que hoy los empresarios emprendan, los productores produzcan, los trabajadores tengan trabajo y los chicos futuro?" (2) La frase es significativa, porque pone en contexto el exabrupto de Brienza. La "izquierda" que encarna el "kirchnerismo" sueña con la utopía de una sociedad en la que cada uno haga lo que le corresponde hacer, manteniendo la división del poder existente en la actualidad. Así, los empresarios (a partir del poder que les da la propiedad del capital), "emprenden", es decir, deciden qué producir, cómo producirlo y en qué cantidad, sin consultar a nadie más, por el derecho que les otorga su propiedad. Los productores, que en el lenguaje de esta "nueva izquierda" son los mismos empresarios que emprenden, se encargan de producir, es decir, de dirigir la producción en base (¡otra vez!), al derecho que les da su propiedad. Los trabajadores se contentan con tener trabajo, porque saben que es su lugar natural en la sociedad. Finalmente, los "únicos privilegiados" tienen "futuro", siempre y cuando no se atrevan a cuestionar la "utopía kirchnerista".

Es cierto que puede argumentarse que se trata sólo de una frase desafortunada y sólo de un spot de campaña. No faltará quien piense que son dos manifestaciones de la genialidad estratégica de Cristina y cía. No es nuestra intención coartar el derecho del prójimo a pensar lo que quiera. No obstante esto último, es oportuno afirmar que la frase de Cristina resulta sumamente útil a los fines de los empresarios, quienes ven de ese modo legitimada su dominación desde las alturas de la presidencia.

Para concluir. Es bueno recordar que si la izquierda significa algo, lo es en la medida en que cuestiona de manera implacable las relaciones de poder existentes. Si los empresarios sienten que todo está en su lugar, si la dominación del capital se vuelve algo natural, si se felicita a los "emprendedores" exitosos como si se tratara de héroes de la patria, estamos en condiciones de afirmar que el "kirchnerismo" puede ser muchas cosas, pero no una fuerza cuyo objetivo sea cambiar el orden vigente en beneficio de los trabajadores y demás sectores populares. Si la Unión Industrial Argentina festeja, hay que preocuparse. ¿O no?...

Mataderos, jueves 20 de octubre de 2011,
primer aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra
a manos de los sindicalistas que defienden fervorosamente el orden existente


NOTAS:

(1) El artículo se titula "Por qué voy a votar a Cristina", fue publicado en TIEMPO ARGENTINO el domingo 16 de octubre de 2011. Está disponible en: http://tiempo.elargentino.com/notas/que-voy-votar-cristina

(2) El spot completo puede verse en: http://www.youtube.com/watch?v=qMurpT40VL8

domingo, 16 de octubre de 2011

GRAMSCI Y LA CRÍTICA DE LA "REVOLUCIÓN CULTURAL": A PROPÓSITO DE LAS NOTAS SOBRE MAQUIAVELO.

Las Notas sobre Maquiavelo (1) constituyen, ante todo, una impugnación radical de una forma de concebir la práctica política, propia del sector mayoritario de los partidos que formaban parte de la II Internacional. La tarea emprendida por Gramsci en las difíciles condiciones de la prisión, sólo fue posible gracias a la experiencia de la Revolución Rusa de 1917, que marcó un antes y un después en la política socialista. A nuestro juicio es un error reducir la obra de Gramsci a una respuesta (particularmente lúcida por cierto) al triunfo del fascismo en Italia. La producción de Gramsci en la cárcel, con todos sus inconvenientes y su carácter fragmentario e inacabado, se inserta en un marco más general, marcado por la necesidad de encontrar una nueva forma de política obrera en la condiciones de la Europa occidental.

Gramsci abre el juego retomando la tesis central de Maquiavelo (1469-1527) en El príncipe, esto es, la cuestión de la construcción de la voluntad colectiva. En Maquiavelo el problema político fundamental es la construcción de una voluntad que sirva al surgimiento de un Estado nacional italiano, que libre a este país de la opresión extranjera. Para Maquiavelo no se trata de lograr esto mediante un caudillo que lidere a una masa que obedece ciegamente; al "temor de los súbditos" hay que agregarle el "amor del pueblo a su príncipe". El interés puesto en el logro de este "amor" representa la base para la posterior formulación de la teoría de la hegemonía. (2)

La voluntad colectiva puede ser el producto del Estado (entendido en términos modernos como expresión del bloque dominante). Pero Gramsci aborda el problema desde el punto de vista de los trabajadores, que deben liderar la lucha de las clases enfrentadas a la dominación del capital. Su "príncipe moderno" es el partido de clase (el Partido Comunista italiano). Así, "el príncipe moderno (...) sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad compleja en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político: la primera célula en la que se resumen los gérmenes de voluntad colectiva que tienden a devenir universales y totales." (p. 12). El elogio del jacobinismo no es otra cosa que una reivindicación del papel activo que tiene que jugar el partido en la construcción de la voluntad colectiva de los trabajadores, concebida como contrahegemonía frente a la dominación capitalista. "El Príncipe moderno debe tener una parte destinada al jacobinismo (en el sentido integral que esta noción ha tenido históricamente y debe tener conceptualmente), en cuanto ejemplificación de cómo se formó y operó en concreto una voluntad colectiva que al menos en algunos aspectos fue creación ex novo, original." (p. 13). (3)

Gramsci define a la voluntad "como conciencia activa de la necesidad histórica, como protagonista de un drama histórico efectivo y real" (p. 13). A partir de esto, se comprende mejor la tarea del príncipe moderno, que tiene que llevar a término la construcción de una voluntad colectiva nacional-popular (p. 13). En otras palabras, tiene que encargarse de dotar a la clase trabajadora de una conciencia clara de la necesidad de transformar el orden existente. Aquí hay que prestar atención a un tema importante. La construcción de una voluntad colectiva nacional-popular no es una tarea exclusivamente intelectual (o circunscrita al campo de "lo cultural", entendiendo este último en un sentido restringido); por el contrario, es una tarea eminentemente política (práctica), de la que participan, también, los intelectuales. Haciendo referencia al caso italiano, remarca que la existencia de "grupos sociales urbanos (...) que hayan alcanzado un determinado nivel de cultura histórico-política" (p. 14), es una de las condiciones requeridas para el desarrollo de dicha voluntad colectiva. Pero, "es imposible cualquier formación de voluntad colectiva nacional-popular si las grandes masas de campesinos cultivadores no irrumpen simultáneamente en la vida política." (p. 14). La construcción de contrahegemonía es, por tanto, una tarea política; de ahí el elogio del jacobinismo, al que Gramsci entiende básicamente como acción política para crear las condiciones objetivas y subjetivas de una voluntad colectiva).

El partido (el príncipe moderno) construye la contrahegemonía (la voluntad colectiva nacional-popular). Esto implica, en palabras de Gramsci, un momento cultural: "una parte importante del Príncipe moderno deberá estar dedicada a la cuestión de una reforma intelectual y moral, es decir, a la cuestión religiosa o de una concepción del mundo. (...) debe ser (...) el abanderado y el organizador de una reforma intelectual y moral, lo cual significa crear el terreno para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional-popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna."(p. 15). Pero Gramsci considera que este momento cultural está incompleto y vacío si el partido no brega por la transformación de la economía (de las relaciones de producción). Incluso va más lejos y afirma que sólo la transformación en el plano económico indica la concreción del cambio cultural. En ningún momento se le pasa por la cabeza que la tarea cultural pueda estar divorciada de la lucha "económica" contra el capital. Defender esta separación equivale a retirarse del campo teórico del marxismo y pasarse a las filas de los defensores del statu quo. En palabras de Gramsci, "¿Puede haber una reforma cultural, es decir, una elevación civil de los estratos más bajos de la sociedad, sin una precedente reforma económica y un cambio en la posición social y en el mundo económico? Una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un programa de reforma económica, o mejor, el programa de reforma económica es precisamente la manera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y moral." (p. 15).

Para comprender mejor el pasaje citado al final del párrafo anterior, hay que tener en cuenta que Gramsci escribe bajo las condiciones de la censura carcelaria, y se ve impedido, por tanto, de llamar a las cosas por su nombre. Es por eso que tiene que usar la expresión "príncipe moderno" y no "partido comunista". En el caso del párrafo al que hacemos mención aquí, al aludir a la "reforma económica" se está refiriendo a la transformación de las relaciones de producción capitalista, no a una mera redistribución de ingresos. Nótese que la expresión "reforma económica" está seguida inmediatamente por la frase "cambio en la posición social y en el mundo económico". Gramsci era un revolucionario. Comprendía que la pelea fundamental se da en torno a las relaciones de producción, y que el momento cultural es inútil si no está ligado a la erosión de la dictadura del capital en el lugar de trabajo. Como revolucionario, sabía en carne propia que la función primordial del Estado burgués consiste en dividir a las clases explotadas. Separar "lo cultural" y "lo político-económico" significa hacerle el juego al Estado burgués.

Mataderos, domingo 16 de octubre de 2011

NOTAS:

(1) Todas las citas de Gramsci están tomadas de: Gramsci, Antonio. (2003). Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno. Buenos Aires: Nueva Visión. La traducción del italiano fue realizada por José Aricó.

(2) La lectura de El Príncipe debe comenzar por el último capítulo del libro (el 26, titulado "Exhortación para liberar a Italia de los bárbaros), en el que Maquiavelo aboga por la aparición de un príncipe nuevo que logre unificar a Italia y la libere del yugo extranjero. Consultar Maquiavelo. (1955). El Príncipe. Madrid: Universidad de Puerto Rico y Revista de Occidente. (pp. 455-460).

(3) Refiriéndose al papel jugado por el jacobinismo, Gramsci escribe "la fuerza [una organización jacobina "eficiente"] que en las otras naciones ha suscitado y organizado la voluntad colectiva nacional popular fundando los Estados modernos" (p. 14).

domingo, 9 de octubre de 2011

DE LA OBSECUENCIA COMO HERRAMIENTA DE CONSTRUCCIÓN POLÍTICA: NOTAS A UN EDITORIAL DE HERNÁN BRIENZA

Hernán Brienza (n. 1971) dedicó su nota editorial en TIEMPO ARGENTINO del domingo 8 de octubre (1) a defender un modelo de práctica política caracterizado por la conducción de un Líder y la obediencia de los militantes. Su opinión puede sintetizarse así: el kirchnerismo, conducido por la presidenta Cristina Fernández (n. 1953), representa el "movimiento nacional y popular" enfrentado a la "derecha". Algunos dirigentes sindicales (no da nombres concretos) se oponen a la conducción de Cristina aludiendo a cierto viraje a la "derecha" de la presidenta, plasmado en su acercamiento a los empresarios. Brienza, ni corto ni perezoso, les contesta a estos anónimos sindicalistas: "Pero si la conductora del movimiento nacional y popular Cristina Fernández de Kirchner considera que es tiempo de no apresurar, debería tener el voto de confianza, no sólo de ese más del 50% de la población que está dispuesto a votarla, sino también de las organizaciones sindicales. Regalarle títulos a la prensa hegemónica, intentar esmerilar la relación entre la presidenta y los trabajadores a menos de un mes de las elecciones no parece una política madura por parte de algunos dirigentes obreros." Brienza sostiene que los dirigentes obreros deben ser "leales" a la conducción de Cristina y aceptar sus decisiones, pues la presidenta es la única que tiene el panorama completo del tablero político, mientras que ellos sólo ven una parte del mismo. En fin, tienen que adoptar la lealtad como eje de su práctica política.

Dejemos por un momento en suspenso la discusión acerca de la pretensión de algunos sectores del "kirchnerismo" de estar protagonizando una epopeya política. Considero más pertinente hacer algunas observaciones sobre la cuestión de la "lealtad". Aceptemos por un momento que Cristina Fernández y cia. son la "izquierda" y que se encuentran confrontando con los empresarios para transformar la sociedad en beneficio de los trabajadores. En este contexto imaginario, el planteo de Brienza carece de todo sentido, pues una transformación de tal magnitud requiere de la participación masiva de los trabajadores y demás sectores populares en las decisiones políticas. Una revolución no se hace con lealtad, sino con la incorporación a la política activa de más y más personas, que pasan a intentar decidir su futuro por sí mismas. En este sentido, el planteo de Brienza ("seamos leales al líder") promueve cualquier cosa menos la incorporación a la política activa de los trabajadores y demás sectores populares. Pues, ¿cómo es posible lograr la participación de cada vez más personas en la política si no se asume el "riesgo" de que se multipliquen las demandas de quienes siempre se han limitado a obedecer las órdenes de sus "superiores"?

El planteo de Brienza tiene sentido, en cambio, si se acepta que el "kirchnerismo" representa la consolidación, en el plano político, de un modelo de acumulación capitalista construido en torno a la exportación de productos primarios, la expansión del mercado interno y la vigencia de la legislación laboral de la década de los '90. Este modelo requiere, para su funcionamiento eficaz, que los trabajadores no puedan "poner palos en la rueda". Dicho de otro modo, el modelo requiere de la plena subordinación de los trabajadores al capital. Para ello es necesario el trabajo en negro, la precarización, la prohibición tácita de las comisiones internas, la persecución a los delegados y la connivencia de los sindicatos con los empresarios. Es claro que estas condiciones son difíciles de mantener si los trabajadores y los demás sectores populares comienzan a participar activamente en política. De ahí que el "kirchnerismo" elogie tan calurosamente la incorporación de los "jóvenes" a la política y no diga una palabra acerca de las condiciones políticas imperantes en las fábricas, en las empresas.

La "lealtad" defendida con uñas y dientes por el señor Brienza ante algunos rezongos de los dirigentes sindicales expresa claramente los límites de la "revolución cultural" promovida por el "kirchnerismo". La política tiene que girar en torno al líder. La tarea de los militantes es obedecer. La tarea de los trabajadores es "ir del trabajo a la casa y de la casa al trabajo" (o, dicho de un modo más caro a los milicos, "subordinación y valor"). La vieja obsecuencia vuelve por sus fueros y se convierte en la máxima virtud política.

Mataderos, domingo 8 de octubre de 2011

NOTAS:

(1) El artículo se titula "Lealtad o pirotecnia discursiva" y se encuentra disponible online en el siguiente link: http://tiempo.elargentino.com/notas/lealtad-o-pirotecnia-discursiva

viernes, 7 de octubre de 2011

ULTIMAS NOTICIAS DE LACLAU

Ernesto Laclau (n. 1935) ha descendido una vez más desde las alturas celestiales en que habita para dejar su mensaje a los desorientados mortales. Claro que, en esta ocasión, no ha tenido tiempo suficiente para dejarnos otro libro sagrado, y se ha limitado a ofrecernos sus palabras en un humilde reportaje.

La entrevista fue realizada por la periodista Ailín Bullentini y ha sido publicada en la edición del domingo 2 de octubre pasado del diario PÁGINA/12 (1). Ante todo, hay que decir que Laclau se mostró torpe y esquemático en las respuestas, como si estuviera canchereando la situación. Desganado, soberbio, cuadrado en las interpretaciones, está a años luz de un intelectual capaz de analizar la complejidad de una coyuntura.

Para no caer en las faltas que le achacamos al insigne maestro, nada mejor que dar un par de ejemplos de las actitudes a que hicimos referencia en el párrafo anterior.

a) Desgano.

Laclau formula conclusiones sin cuidarse de enunciar las premisas de las mismas. Así, afirma que "la real izquierda en el país es el kirchnerismo". ¿Por qué?, ¿qué entiende Laclau por izquierda? El maestro permanece mudo, con una sonrisa en los labios, pensando: "¿es necesario que te lo explique, pibe? Si sos tan obtuso como para no entenderlo, comprá mis libros. De paso, engrosás mi cuenta bancaria con los derechos de autor". (2)

b) Soberbia.

Ante todo, esta actitud se manifiesta en un pasaje verdaderamente antológico: "Las demandas de los pueblos originarios no fueron respondidas puntualmente, pero tampoco son centrales para la estructuración de la política." Aquí se combina el desgano al que aludimos arriba con la soberbia. ¿Por qué el maestro no se preocupa de aclarar cuál es la razón para afirmar que estas demandas no son centrales para la estructuración de la política? Cuando se hace política desde los trabajadores no se puede actuar del mismo modo que aquellos que hacen política para los sectores dominantes. Laclau puede pensar lo que quiera respecto a los pueblos originarios (total, cuando tiene que hacer sus necesidades tiene un inodoro reluciente a mano y no padece la falta de cloacas, por mencionar algunos de los padecimientos de las comunidades de los pueblos originarios en Formosa, en el Chaco, etc.). Pero lo que no puede hacer, si pretende, insisto, hacer política desde los trabajadores, es dejar sin justificación sus afirmaciones. La política obrera exige plantear con claridad los argumentos, pues se trata de construir una visión diferente a las ideas que se consideran habitualmente como naturales. Con su desinterés, Laclau no sólo demuestra una falta de humanidad característica de muchos exponentes del mundo académico (3), sino un distanciamiento absoluto de cualquier forma de política de izquierda (aclaramos, la izquierda entendida como un cuestionamiento más o menos global del orden capitalista, no la "izquierda" tal como la entiende el maestro).

Luego del acto de amor hacia los pueblos originarios, Laclau dirige una mirada de olímpico desprecio hacia la izquierda: "la izquierda tradicional, que tampoco ha representando un proceso de cambio". Nadie niega que el maestro está en su derecho de pensar lo que quiera de la izquierda en Argentina. Pero nos parece importante hacer notar que Laclau no dice una palabra acerca del "cambio" que tiene en mente. El desgano con que encaró la entrevista se nota también aquí. Pero el problema es mucho más profundo. Laclau concibe el cambio en un sentido capitalista, esto es, una transformación que no modifique las bases del orden existente (básicamente, la propiedad privada de los medios de producción). Es por esto que puede identificar al kirchnerismo con la "izquierda". El palabrerio asfixiante que caracteriza a sus escritos es un recurso estilístico para ocultar el hecho de que Laclau no discute en absoluto las relaciones de poder existentes. Es por eso que a Laclau no le interesa discutir con la "izquierda tradicional". Le resulta más cómodo ignorarla o estigmatizarla (versión sofisticada del "zurdos de mierda"), pues de ese modo evitar discutir lo importante. Es curioso que un autor que se dedica a la teoría política conceda tan poca atención a la actividad que hace la mayor parte de los mortales la mayor parte del tiempo de sus vidas, esto es, trabajar. Como Laclau no concibe a la fábrica, a la oficina, a la empresa, como un lugar político, no considera necesario modificar las relaciones existentes al interior de éstas. Su "izquierdismo" no es otra cosa que la negativa a discutir las relaciones de producción capitalistas.

c) Interpretaciones "cuadradas" de las coyunturas políticas.

Al final de la entrevista, luego de enunciar su apoyo a la reelección indefinida de Cristina, nos deja la siguiente perla: "el kirchnerismo ha producido cuadros excelentes: Agustín Rossi, Carlos Tomada, Amado Boudou". Para referirnos a uno solo de estos personajes, hay que decir que calificar a Carlos Tomada de un "cuadro excelente" es pervertir la noción de cuadro. Aclaro. Hago esta última afirmación dando por buena la intención de Laclau de calificar al "kirchnerismo" como la "izquierda". Si Tomada es un "cuadro excelente", hay que decir que el maestro incluye en la definición de cuadro la hipocresía y la falsedad elevadas a la condición de prácticas cotidianas. Basta recordar que Tomada siguió defendiendo al prócer Pedraza (titular de la Unión Ferroviaria) en los días posteriores al asesinato de Mariano Ferreyra.

En otro tramo del reportaje, al ser preguntado acerca de las razones de la imposibilidad de la "oposición" para unirse, Laclau afirma: "no hay ninguna voluntad social que los aúne". Esta es una verdad de perogrullo, puesto que la "oposición" está disgregada. El maestro, desganado, no dice aquí nada nuevo. Sin embargo, es probable que la pobreza de la interpretación esconda algo más profundo y que no puede ser dicho por un intelectual "kirchnerista". Si la "oposición" no puede unirse (y estamos hablando aquí de la "oposición" neoliberal, expresión de la vieja derecha), la causa radica en que la burguesía ha apostado mayoritariamente al "kirchnerismo". En pocas palabras, desde el 2003 se ha consolidado un nuevo modelo de acumulación de capital en Argentina, y este modelo ha sido perfectamente funcional a la dominación capitalista. Laclau no puede admitir esto y se retira cantando "mejor no hablar de ciertas cosas". Es verdad, es preferible moverse en la superficie de las cosas y no ver lo que se encuentra oculto debajo de la alfombra. Esta es el contenido último de la sabiduría adoptada por el maestro Laclau.

Seguir reproduciendo los pensamientos del maestro no tiene mayor sentido. El lector interesado puede leer la entrevista completa en el link que figura en las notas. Dejando de lado la pobreza de las ideas expresadas por Laclau en el reportaje, hay que decir que este texto es una muestra acabada del nivel del debate político que promueve el "kirchnerismo" en esta campaña electoral. Para una fuerza que pretende ser transformadora en un sentido popular, hay que decir que sus intelectuales muestran muy poco interés por ampliar los límites y los alcances de la discusión política. Esto se ve claramente en la opinión de Laclau sobre la reelección de Cristina: "me parece que una democracia real en Latinoamérica se basa en la reelección indefinida. Una vez que se construyó toda posibilidad de proceso de cambio en torno de cierto nombre, si ese nombre desaparece, el sistema se vuelve vulnerable." Hablando en criollo, el "cambio" consiste en tener un líder que mande y unas bases que obedezcan. Nada más. Esto no tiene nada que ver con una política realizada desde los intereses de los trabajadores. Si se pretende hacer algo más que hablar de "revolución cultural" mientras los trabajadores siguen siendo despedidos si osan presentarse como delegados en una empresa, es preciso abrir la discusión a un número cada vez mayor de personas. Dicho de otro modo, hay que profundizar la democracia. Laclau apunta a otra cosa. Tendrá sus razones...

Mataderos, viernes 7 de octubre de 2011

NOTAS:

(1) El texto completo de la entrevista se encuentra disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=-Kmq9uM4Mq0

(2) En rigor, Laclau hace, al comienzo del reportaje, una referencia indirecta a la cuestión del significado que le atribuye a una política de izquierda. Según él, el nuevo mandato de Cristina Fernández tiene que profundizar las líneas iniciadas en el primero, y aquí incluye "una serie de medidas prácticas, como la Asignación Universal por Hijo y la reforma del régimen jubilatorio, que están cambiando la óptica desde la que se percibe la política argentina." El lector puede recorrer todo el texto publicado por PÁGINA/12 y no va a encontrar otra mención a medidas políticas concretas. De esto se deduce que la "izquierda", tal como la entiende el "izquierdista" Laclau, nada tiene que ver con la forma en que se realiza el proceso de trabajo ni con (¡hagamos la señal de la cruz!) la propiedad privada de los medios de producción. Todo esto ha sido convenientemente relegado al basurero de la historia. Esto permite, entre otras cosas, que académicos como Laclau puedan vivir a costa del trabajo de los asalariados que nunca van a poder recorrer el mundo dando conferencias.

(3) Karl Marx (1818-1883), quien tuvo la desafortunada suerte de no conocer a un pensador tan profundo como Laclau, escribió una vez, refiriéndose a la actitud desdeñosa de Arnold Ruge (1802-1880) hacia el levantamiento de los obreros tejedores de Silesia en 1844, que "la única tarea de un hombre que piensa y ama la verdad ante el primer estallido del levantamiento obrero de Silesia no consistía en jugar el papel de maestro de escuela de este acontecimiento sino más bien en estudiar su carácter peculiar. Para ello se requiere en todo caso de cierta capacidad científica y de un amor por los hombres, mientras que para la otra operación basta por completo con una fraseología hecha empapada de un egoísmo vacío." (Marx, Karl, "Glosas marginales al artículo «El rey de Prusia y la reforma social por un prusiano», en Marx, Karl, Escritos de juventud sobre el Derecho: Textos 1837-1847, Barcelona, Anthropos, 2008, p. 128).