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domingo, 9 de octubre de 2011

DE LA OBSECUENCIA COMO HERRAMIENTA DE CONSTRUCCIÓN POLÍTICA: NOTAS A UN EDITORIAL DE HERNÁN BRIENZA

Hernán Brienza (n. 1971) dedicó su nota editorial en TIEMPO ARGENTINO del domingo 8 de octubre (1) a defender un modelo de práctica política caracterizado por la conducción de un Líder y la obediencia de los militantes. Su opinión puede sintetizarse así: el kirchnerismo, conducido por la presidenta Cristina Fernández (n. 1953), representa el "movimiento nacional y popular" enfrentado a la "derecha". Algunos dirigentes sindicales (no da nombres concretos) se oponen a la conducción de Cristina aludiendo a cierto viraje a la "derecha" de la presidenta, plasmado en su acercamiento a los empresarios. Brienza, ni corto ni perezoso, les contesta a estos anónimos sindicalistas: "Pero si la conductora del movimiento nacional y popular Cristina Fernández de Kirchner considera que es tiempo de no apresurar, debería tener el voto de confianza, no sólo de ese más del 50% de la población que está dispuesto a votarla, sino también de las organizaciones sindicales. Regalarle títulos a la prensa hegemónica, intentar esmerilar la relación entre la presidenta y los trabajadores a menos de un mes de las elecciones no parece una política madura por parte de algunos dirigentes obreros." Brienza sostiene que los dirigentes obreros deben ser "leales" a la conducción de Cristina y aceptar sus decisiones, pues la presidenta es la única que tiene el panorama completo del tablero político, mientras que ellos sólo ven una parte del mismo. En fin, tienen que adoptar la lealtad como eje de su práctica política.

Dejemos por un momento en suspenso la discusión acerca de la pretensión de algunos sectores del "kirchnerismo" de estar protagonizando una epopeya política. Considero más pertinente hacer algunas observaciones sobre la cuestión de la "lealtad". Aceptemos por un momento que Cristina Fernández y cia. son la "izquierda" y que se encuentran confrontando con los empresarios para transformar la sociedad en beneficio de los trabajadores. En este contexto imaginario, el planteo de Brienza carece de todo sentido, pues una transformación de tal magnitud requiere de la participación masiva de los trabajadores y demás sectores populares en las decisiones políticas. Una revolución no se hace con lealtad, sino con la incorporación a la política activa de más y más personas, que pasan a intentar decidir su futuro por sí mismas. En este sentido, el planteo de Brienza ("seamos leales al líder") promueve cualquier cosa menos la incorporación a la política activa de los trabajadores y demás sectores populares. Pues, ¿cómo es posible lograr la participación de cada vez más personas en la política si no se asume el "riesgo" de que se multipliquen las demandas de quienes siempre se han limitado a obedecer las órdenes de sus "superiores"?

El planteo de Brienza tiene sentido, en cambio, si se acepta que el "kirchnerismo" representa la consolidación, en el plano político, de un modelo de acumulación capitalista construido en torno a la exportación de productos primarios, la expansión del mercado interno y la vigencia de la legislación laboral de la década de los '90. Este modelo requiere, para su funcionamiento eficaz, que los trabajadores no puedan "poner palos en la rueda". Dicho de otro modo, el modelo requiere de la plena subordinación de los trabajadores al capital. Para ello es necesario el trabajo en negro, la precarización, la prohibición tácita de las comisiones internas, la persecución a los delegados y la connivencia de los sindicatos con los empresarios. Es claro que estas condiciones son difíciles de mantener si los trabajadores y los demás sectores populares comienzan a participar activamente en política. De ahí que el "kirchnerismo" elogie tan calurosamente la incorporación de los "jóvenes" a la política y no diga una palabra acerca de las condiciones políticas imperantes en las fábricas, en las empresas.

La "lealtad" defendida con uñas y dientes por el señor Brienza ante algunos rezongos de los dirigentes sindicales expresa claramente los límites de la "revolución cultural" promovida por el "kirchnerismo". La política tiene que girar en torno al líder. La tarea de los militantes es obedecer. La tarea de los trabajadores es "ir del trabajo a la casa y de la casa al trabajo" (o, dicho de un modo más caro a los milicos, "subordinación y valor"). La vieja obsecuencia vuelve por sus fueros y se convierte en la máxima virtud política.

Mataderos, domingo 8 de octubre de 2011

NOTAS:

(1) El artículo se titula "Lealtad o pirotecnia discursiva" y se encuentra disponible online en el siguiente link: http://tiempo.elargentino.com/notas/lealtad-o-pirotecnia-discursiva

2 comentarios:

Volar Libremente dijo...

Este señor alimenta esa clase de animales, como Laclau, etc,

http://www.anibalfernandez.com.ar/index.php/de-todo-un-poco/recomendados/822-un-buen-analisis-de-conduccion-politica-publicado-en-tiempo-argentino

apropósito - Los cerdos son más inteligentes que un niño de 3 años.
http://www.granjasdeesclavos.com/cerdos/como-son

Ariel Emilio Ernesto Mayo (1970) dijo...

Gracias por el comentario. Si algo puede decirse del inefable Aníbal Fernández, es que su increíble actuación en el caso Sobrero merece formar parte de un verdadero Manual de zonceras argentinas. Es muy posible que don Aníbal se haya propuesto enriquecer con ejemplos propios la obra en que pretendió emular a don Arturo...