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sábado, 21 de julio de 2012

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (30): LOS ORÍGENES DEL SOCIALISMO ALEMÁN (II)


Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página.

b) El “socialismo” de Fichte (1762-1814)

En cuanto al desarrollo capitalista, Alemania se hallaba lejos de Inglaterra y de Francia en la primera mitad del siglo XIX. Su industria se encontraba en un estadio incipiente, su clase trabajadora estaba compuesta básicamente por artesanos, se territorio permanecía dividido en un mosaico de Estados pequeños y medianos (con la excepción de Prusia y Austria). Si la historia obedeciera al mandato del determinismo económico, la Alemania de principios del siglo XIX era el lugar menos indicado para que surgiera una teoría socialista. No obstante, fue precisamente en Alemania donde tuvo su origen el marxismo, la corriente de pensamiento socialista más influyente en los siglos XIX y XX. Esta aparente incongruencia debe explicarse a partir del examen de la filosofía idealista alemana y de la conexión entre ésta y las Revoluciones Industrial y Francesa. 

Aquí solo puedo enunciar estas cuestiones, pero quien desee profundizar en ellas puede consultar con provecho las siguientes obras: Razón y revolución: Hegel y el surgimiento de la teoría social (1941), de Herbert Marcuse (1898-1979); El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista (1948), de György Lukács (1885-1971); Ciencia, clase y sociedad: Sobre la formación de la sociología y del materialismo histórico (1976), de Göran Therborn (n. 1941). (1) Lo cierto es que Alemania, atrasada en el terreno económico y político, pudo interpretar por medio de su filosofía los profundos cambios que experimentaba la sociedad europea.

Cole dedica el capítulo 20 de su obra (2) a “examinar el desarrollo de las ideas socialistas en Alemania, hasta el momento en que Marx creó el socialismo característicamente alemán” (I: 223).

Cole remarca el corte que representa el marxismo en la historia del socialismo: 

“pronto habría de dominar la ideología de la mayor parte del continente, apartando de sí las formas anteriores de socialismo como el viento aparta la paja. No es que el marxismo llegase nunca a desterrar las doctrinas más antiguas: lo que hizo fue lanzar la mayor parte fuera del movimiento socialista, lo cual obligó a que éstas buscaran lugar en otra parte: en el cooperativismo, en las varias formas de anarquismo, incluso en el llamado «socialismo radical» (que sería mejor llamar «radicalismo social») o en el llamado «socialismo cristiano» en el seno de la Iglesia Católica. Los socialismos antiguos siguieron viviendo, incluso después que Marx había tomada prestada la designación de «utopismo» para aplicársela [a ellos]. Pero el marxismo los lanzó fuera del centro, tanto de la discusión, com de la organización.” (I: 223).

Cole insiste en el carácter alemán del marxismo (3). Más adelante, y en otros apuntes, volveremos sobre esta cuestión. Pero corresponde decir que, así formulada, la afirmación de Cole es parcialmente falsa. El origen del marxismo debe buscarse tanto en el desarrollo del movimiento obrero europeo como en la eclosión de teorías socialistas desde 1789. Decir que el marxismo es una doctrina alemana equivale a oscurecer el rol del movimiento obrero y de la lucha de clases. Es confinar al marxismo a la historia de las ideas. Esto no quita que el idealismo alemán (sobre todo Hegel) haya proporcionado la levadura para el surgimiento de esta variante del socialismo.

Cole afirma que el principal exponente del socialismo alemán pre-marxista fue el filósofo Johann Gottlieb Fichte (1762-1814). Según su opinión, hay dos obras que permiten considerarlo como antecesor del socialismo en Alemania. Se trata de: Der geschlossene Handelsstaat (El estado comercial cerrado, 1800), y sus conferencias de 1813 sobre Staatslehre (Teoría del Estado). 

En ellas Fichte elaboró los fundamentos de su teoría ética, centrada en 

“la actividad creadora del individuo que se expresa mediante la conducta social «inter-personal», en la exigencia de que a todo hombre se le den los medios para expresar su personalidad en el trabajo realizado asociándose a sus prójimos en una ocupación adecuada a sus inclinaciones naturales.” (I: 224). (4)

Fichte sostiene que el individuo puede desarrollar su personalidad si se realizan modificaciones sociales. Garantizar a las personas una ocupación adecuada a sus inclinaciones naturales,

“implica el derecho de acceso a los medios de producción que garantizarán el derecho del trabajador a su producto. El método de la sociedad para asegurar esto consiste en establecer un sistema de corporaciones productoras autónomas que coordinen sus esfuerzos y cambien sus productos mediante mutuo acuerdo. Estas corporaciones deben ser dueñas de los medios de producción, y deben dirigir la vida económica de la sociedad aparte del Estado político, como órganos autónomos de la sociedad en su conjunto.” (I: 224).

Posteriormente, Fichte pasó a atribuir al Estado la responsabilidad de crear las corporaciones citadas, pero nunca sostuvo que debía ser el Estado quien se encargase de la producción.

Los límites del “socialismo” fichteano son nítidos: 

“Fichte no pensaba que sus corporaciones se basaran en los sindicatos obreros o en cualquier movimiento militante obrero, ni, en realidad, en ninguna forma de asociación que fuese predominantemente obrera. No pensaba en una lucha por el poder entre dos clases rivales, o en un levantamiento contra la explotación, sino sencillamente establecer el derecho social del individuo a todo lo necesario para asegurar la posibilidad de expresar su personalidad en un servicio útil para la sociedad. (…) no era un demócrata, y no propuso que sus corporaciones estuviesen democráticamente controladas.” (I: 225).

No puede reprochársele a Fichte que ignorase al movimiento obrero al elaborar su teoría “socialista”. Independientemente de que la ideología fichteana era refractaria a la lucha de clases, la clase obrera no existía en Alemania a fines del siglo XVIII. Esto era consecuencia de la inexistencia o el escaso desarrollo de la manufactura y de la industria. Había, eso sí, artesanos y campesinos. Pero nada parecido a una clase trabajadora más o menos moderna.
Como quiera que sea, el “socialismo” fichteano se integraba como elemento redesarrollo subjetivista de la teoría ética de Immanuel Kant (1724-1804). Fichte pensaba que el orden social tenía que permitir el pleno desarrollo individual, y esto justificaba el reordenamiento social. 

Cole resume del siguiente modo la posición de Fichte: 

“Fichte era un idealista, aunque no un totalitario. Creía en la nación como una unidad real, que no absorbía a los individuos que la formaban, pero que les inspiraba un propósito ético que le permitía alcanzar un nivel más alto de cumplimiento y realización personales. Con este espíritu insistía en la necesidad de una sociedad ordenada y planeada, organizada como un sistema subsistente por sí mismo y subordinando a sus relaciones con otras sociedades a las exigencias de su unidad autárquica. En sus obras aparece claramente la idea, no sólo de un proteccionismo nacionalista dirigido a asegurar esa subsistencia propia, sino también la de una especie de colectivismo como medio para su realización ordenada. Esto hace considerarle como el antecesor, no del «nacionalsocialismo» en un sentido nazista, sino de la política nacional que se propone realizar el «socialismo en un país».” (I: 226).

Buenos Aires, sábado 21 de julio de 2012

NOTAS:

(1) En todos los casos hay edición castellana:
Marcuse, Herbert. (1986). Razón y revolución: Hegel y el surgimiento de la teoría social. Madrid: Alianza. (Traducción de Julieta Fombona de Sucre, con la colaboración de Francisco Rubio Llorente).
Lukács, György. (1970).El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista. Barcelona: Grijalbo. (Traducción de Manuel Sacristán).
Therborn, Göran. (1980). Ciencia, clase y sociedad: Sobre la formación de la sociología y del materialismo histórico. México D. F.: Siglo XXI. (Traducción de Santos Juliá Díaz). 

(2) Cole, capítulo XX: “El socialismo alemán. Sus comienzos” (I: 220-233).

(3) Lo llama “doctrina característicamente alemana” (I: 223).

(4) Como puede observarse, el idealismo alemán no es reacio a valorar la importancia del trabajo en la sociedad. Y no se trata únicamente de Fichte  También Hegel atribuye un papel central al trabajo.

3 comentarios:

tanaso1975 dijo...

http://enelmedionoticias.blogspot.com.ar/2012/07/estados-unidos-venezuela-y-paraguay.html

tanaso1975 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nicolás Mayo dijo...

Gracias, voy a entrar a su blog.