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viernes, 1 de octubre de 2010

VIVIENDO EN EL PASADO: UN REGRESO AL MUNDO DE LAS CLASES SOCIALES

Comienzo esta nota mientras viajo en colectivo. Son las 6 de la mañana y estoy rodeado de personas semidormidas que llevan bolsitos y tienen caras de tedio (los que han logrado abrir los ojos). Mientras los veo, pienso que es un buen momento para escribir sobre las clases sociales.

En estos tiempos que corren, las cosas sobre las que no se habla dicen más acerca de nosotros que todos los argumentos con que nos justificamos. En el campo de la reflexión de la sociedad (1) hay varios temas acerca de los cuales no se suele hablar; entre ellos, los principales son la propiedad privada de los medios de producción y las clases sociales. ¿Cuál es la causa de este olvido?, ¿se trata de un olvido, o, más bien, de un ocultamiento?

Ante todo, hay que comenzar diciendo que nuestra sociedad, tan plena en medios de comunicación y en la que se puede obtener información sobre todo lo humano y lo divino con tan sólo hacer un click, se sustenta en toda una serie de acuerdos tácitos acerca de lo que es lícito y acerca de lo que está prohibido hacer y decir. Por supuesto, nada de esto es novedoso. Sin embargo, hay un rasgo distintivo que no se encontraba en otras formas de sociedad anteriores al capitalismo. En la sociedad en que vivimos, la prohibición emana de la libertad, cosa que, justamente, potencia la prohibición.

Las clases sociales son una de esas prohibiciones. Así, podemos utilizar los términos "personas", "gente", e inclusive hablar de empresarios y de trabajadores. Pero siempre teniendo la precaución de aclarar que nos estamos refiriendo a individuos "libres" y no a un grupo que comparte condiciones de vida semejantes y que, por eso, desarrollan conductas y formas de pensar semejantes. Resulta significativo que aquello que hace la mayoría de las personas la mayor parte de sus vidas. es decir, trabajar, quede fuera del horizonte visual de las ciencias sociales (2) y de los medios de comunicación.

Como quiera que sea, si el trabajo queda invisibilizado como un tema menor frente a la omnipotencia del mundo de las mercancías y de la industria del entretenimiento, las clases sociales se desvanecen en el aire. Despojadas de su conexión con el trabajo, las clases sociales quedan reducidas a la condición de meros agrupamientos "artificiales" de individuos (3) o, en el mejor de los casos, al papel de componente menor de los análisis sobre la identidad (que cumple respecto a la teoría de las clases sociales un rol análogo al del café descafeinado frente al café).

Para comprender mejor los efectos del abandono del concepto de clase social, nada mejor que imaginar los efectos de este abandono sobre la teoría social, más concretamente, sobre la manera en que dicha teoría concibe a la sociedad. Hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad capitalista fundada en la propiedad privada de los medios de producción. Existen, por tanto, propietarios y no propietarios de esos medios, y esta división constituye la base fáctica para construir la teoría de las clases sociales en el capitalismo. Como puede observarse, estas dos clases sociales (burguesía y clase obrera) surgen del ámbito del proceso de trabajo. Si se niega la existencia de estas clases sociales, en tanto agrupamientos de personas que tienen experiencias similares a partir de que ocupan posiciones semejantes en el proceso de producción, se está minimizando la importancia de dicho proceso en la constitución de la sociedad.

Supongamos que no existen las clases sociales. Si esto es así, tenemos individuos que persiguen sus propios fines compitiendo entre sí; toda unidad que vaya más allá de estos individuos es contingente y sólo puede explicarse a partir de la interacción de motivos individuales. Decimos que es contingente pues todos atributo de la sociedad es función de la voluntad de los individuos. En el límite, toda unidad más o menos estable de individuos sólo puede explicarse a partir de la psicología y no de la sociología. En este sentido, la negación de las clases lleva implícita la tendencia a afirmar que no existen determinantes o condicionantes de las conductas humanas que estén más allá de los motivos individuales.

Si aceptamos que en la sociedad sólo existen los motivos individuales, entonces tampoco tiene sentido hablar de capitalismo. No hay ningún condicionamiento supraindividual, cada persona es artífice de su propio destino. De este modo, los pobres son pobres porque se trata de personas que eligen mal o que no saben hacer buen uso de sus oportunidades. Los ricos son ricos porque adoptan las conductas adecuadas para aprovechar las oportunidades.

En esta "sociedad sin clases", la política es un juego de ambiciones individuales, y no puede hablarse de motivos que vayan más allá de los egoísmos de cada persona en particular. En un punto, aceptar esta concepción supone volver a concebir la historia como una mera crónica de acciones individuales. Las ciencias sociales tienen que virar, entonces, hacia una psicología conductista y hacia estudios micro, desgajados de su conexión con la totalidad social.

Vuelvo al comienzo de esta nota. Bajé del colectivo, pero las personas que iban semidormidas seguían haciendo el trayecto hacia sus trabajos, camino que recorren día tras día. Tal vez sea por ellos que haya que retomar el concepto de clases sociales. Tal vez.

Buenos Aires, viernes 1 de octubre de 2010

NOTAS:
(1) Incluyo bajo este término toda reflexión sobre la sociedad, incluyendo aquí tanto a las ciencias sociales como al conocimiento de sentido común.
(2) Esto no implica negar que existan, en el ámbito de las ciencias sociales, numerosos estudios sobre procesos laborales particulares. Pero, en general, estos trabajos no abordan el problema de la totalidad social.
(3) Se los concibe como "artificiales" en la medida en que ocultan la radical naturalidad del individuo aislado, esto es, la convicción de que todo lo que está más allá del individuo es artificial y arbitrario.

3 comentarios:

jagdivincenzo dijo...

Es curioso... En varias oportunidades uno se topa con publicaciones que pretenden vanagloriarse apelando al status de ciencias esgrimiendo, desde ciertas posiciones duras en el campo epistemológico, una buena cantidad de datos empíricos como aquellos que resultan del relevamiento de muestras y el procesamiento de datos en estadísticas (dejaremos fuera del comentario todos aquellos argumentos relacionados con las advertencias que pueden hacerse a los trabajos cuantitativos que cargan las tintas sobre el dato y no sobre la teoría haciendo uso y abuso de una herramienta endeble desde el punto de vista gnoseológico y metodológico) en las que las clases se definen a partir de ciertos parámetros o índices generalmente relacionados con el ingreso del individuo o el monto de dinero que representan sus propiedades. Así si uno tiene una tremenda casa en Barrio Norte, campos sembrados de soja, múltiples chirimbolos, yate, etc. es de clase alta y si uno vive en un rancho sin calefacción es pobre. Esta forma de definir clase esconde precisamente lo que el bueno de Mayo quiere mostrar en su artículo que las clases son y contribuyen a seguir ocultando el hecho de que en el capitalismo, si algunos tienen yate y mansiones es porque otros no tienen nada, sólo su fuerza de trabajo. Por lo demás jamás aparecerá en las estadísticas ningún índice que permita esclarecer si aquel que tiene se ganó lo que tiene con el sudor de su frente como sería del agrado del buen Locke, gracias al mérito realizado como diría un buen yanqui de Wall Street al estilo Jerry Maguire o gracias a la tremenda base de sustentación que da el hecho de pertenecer a quienes cuentan con el capital económico y cultural para seguir reproduciendo su condición en la sociedad. Desde el punto de vista cuantitativo se entra a la clase social como individuo aislado poseedor o no de mercancías, propiedades y/o capital y no como trabajador o ser social.

Sociólogo dijo...

Buen análisis, compartimos en redes sociales.

Ariel Mayo (1970) dijo...

Muchas gracias por la gentileza de compartir la nota.
Saludos,