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lunes, 19 de julio de 2010

COMENTARIOS A «IDEOLOGÍA Y APARATOS IDEOLÓGICOS DEL ESTADO», DE LOUIS ALTHUSSER (4)

Seguimos comentando el artículo de Althusser, "Ideología y aparatos ideológicos del Estado" (1969). (1) . Los comentarios anteriores se publicaron el 7, el 13 de junio y el 11 de julio de 2010.

4) El aparato ideológico escolar.

Es un caso particular de los AIE, pero Althusser le dedica una especial atención. En el artículo que estamos comentando, es mencionado en el listado de los AIE (p. 110); luego, se hace referencia a la preocupación de Lenin (1870-1924) por las escuelas (p. 112); finalmente, se lo trata en extenso (p. 116-120). Este tratamiento contrasta con la menor atención puesta en los demás AIE.

El argumento de Althusser puede resumirse así. La escuela comparte con los otros AIE la búsqueda de un mismo resultado: la reproducción de las relaciones capitalistas de explotación. Para alcanzar ese objetivo, la escuela opera de un modo específico. Toma a los niños de todos las clases sociales en el momento en que son más vulnerables a los mecanismos de inculcación ideológicos, y les transmite los distintos saberes que son necesarios para las diversas posiciones que ocuparán en la sociedad (2). La fuerza de la escuela radica en: a) la capacidad para tener una audiencia obligatoria los cinco días a la semana durante un período de varios años; b) el poder de la "ideología universalmente vigente de la escuela", que define a la institución escolar como un medio neutro, desprovisto de ideología, y a los maestros como una especie de sacerdotes "librepensadores". Para esta ideología, la función reproductora de la escuela es presentada como una función "liberadora" (que emancipa de la ignorancia, de la opresión, etc.). Aún los maestros que "tratan de volver a la ideología contra el sistema" y luchan abnegadamente en soledad, refuerzan con su sacrificio la "neutralidad" de las escuela e, indirectamente, contribuyen a reforzar su función reproductora.

En definitiva, Althusser sostiene que "la escuela ha reemplazado a la iglesia en el papel de aparato ideológico dominante. Forma pareja con la familia tal como la iglesia formaba pareja antaño con la familia." (p. 119).

La escuela aparece dotada de una fenomenal capacidad reproductiva, y tiene la propiedad de aprovechar para sí aún los intentos de docencia alternativa o transformadora. Su ideología específica resulta particularmente impermeable a las críticas. Pero este planteo presenta los mismos defectos que tienen los AIE en general.

En primer lugar, el acento puesto en la escuela diluye el hecho de que el proceso de trabajo representa el lugar central donde se reproducen las relaciones de producción. La escuela puede ocupar el sitio que tiene porque el proceso capitalista de producción requiere que la formación de la fuerza de trabajo se haga, en su mayor parte, fuera del propio ámbito de trabajo (a diferencia de las sociedades precapitalistas, donde se llevaba a cabo en el mismo lugar en que se trabajaba). Del mismo modo, la división capitalista del trabajo se traslada a la escuela, determinando la aparición de diversos tipos de institución escolar.

En segundo lugar, la "omnipotencia" reproductiva que Althusser parece atribuir a la escuela, hace difícil de entender que ella misma sea "el LUGAR" de la lucha de clases (tal como vimos en el comentario de fecha 11 de julio). Si la ideología escolar tiene tal capacidad para anular los intentes contestatarios, ¿cómo es posible que los trabajadores hagan pie en ella y puedan ensayar proyectos contrahegemónicos? El modelo de Althusser no da respuesta al problema, y las menciones a la lucha de clases no bastan para ocultar que concibe el proceso como una lucha entre la estructura y el individuo. El docente que se opone a desempeñar su función reproductora del capitalismo queda encadenado al sacrificio inútil y a la desesperación. Esto más allá de que Althusser no tenga esta intención al formular su teoría.

Buenos Aires, lunes 19 de julio de 2010

ABREVIATURAS:
AIE = Aparatos Ideológicos del Estado.
ARE= Aparatos Represivos del Estado.

NOTAS:
(1) Para todas las citas del texto de Althusser, utilizo la traducción de Oscar L. Molina, "Ideología y aparatos ideológicos del estado (Notas para una investigación)", incluida en: Althusser, Louis. (1988). La filosofía como arma de la revolución. México D. F: Ediciones Pasado y Presente (pp. 97-141 y notas en pp. 144-145).
(2) Distingue así entre papel de explotado, papel de agente de explotación y papel de agentes profesionales de la ideología (p. 118).

domingo, 11 de julio de 2010

COMENTARIOS A «IDEOLOGÍA Y APARATOS IDEOLÓGICOS DEL ESTADO», DE LOUIS ALTHUSSER (3)

Seguimos comentando el artículo de Althusser, "Ideología y aparatos ideológicos del Estado" (1969). (1) . Los comentarios anteriores se publicaron el 7 y el 13 de junio de 2010.

3) Los aparatos ideológicos del Estado.

Cuando Althusser resume los puntos principales de la "teoría marxista del Estado" en su fase descriptiva, destaca que la misma se concentra en el carácter represivo del aparato estatal y en la distinción entre poder del Estado y aparato del Estado. (p. 108). Esto es correcto, pero Althusser advierte que la reproducción de las relaciones sociales capitalistas no puede basarse exclusivamente en la represión. Tiene que haber algo más, que reproduzca la sumisión de los explotados y la habilidad de los explotadores para manipular la ideología dominante. Estas funciones son llevadas a cabo por los AIE, quienes constituyen precisamente ese "algo mas" al que aludíamos más arriba (2).

Ahora bien, la forma en que Althusser trabaja la cuestión de los AIE demuestra cómo el punto de vista estructuralista puede esterilizar planteos potencialmente fructíferos. Veamos esto con más detenimiento. Los AIE son "instituciones precisas y especializadas" (p. 109), que "funcionan con ideologías" (p. 111). A diferencia del aparato represivo del Estado (gobierno, administración, ejército, policía, tribunales, prisiones), que está concentrado en la esfera pública y que actúa predominantemente por medio de la represión, los AIE son mucho más numerosos y se hallan diseminados tanto en el espacio público como en el privado. Frente a tanta diversidad, lo que los unifica es el hecho de que la ideología con la que funcionan está ella misma unificada en torno a la ideología dominante, que es, como afirmaba Marx, la ideología de la clase dominante (p. 111). (3).

Frente a la concepción marxista clásica, que acentuaba el papel del aparato represivo, Althusser plantea que "ninguna clase puede detentar durablemente el poder del Estado sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los AIE" (p. 112).

Las insuficiencias de la visión estructuralista resaltan en la incapacidad de Althusser para analizar adecuadamente los AIE (4). ¿A qué me refiero al aludir a su incapacidad? Sobre todo, a dos cuestiones importantes:

a) Los AIE son definidos más como "instituciones" que como "relaciones", y esto supone de por sí un método no dialéctico de abordar el problema. Así, "llamamos aparatos ideológicos del estado a cierto número de realidades que se presentan al observador bajo la forma de instituciones precisas y especializadas" (p. 109);

b) La distinción entre el aparato represivo del Estado y los AIE es planteada en términos de "funciones". Mientras que el primero actúa por medio de la violencia, los segundos funcionan con ideologías (p. 110-111). El concepto de función (y esto tiene una larga tradición, en la que Emile Durkheim constituye un exponente importante) nos conduce al de organismo (o al de estructura), y contribuye a impedir que consideremos a la sociedad como una totalidad dialéctica.

Mientras que para Marx la reproducción es un proceso donde lo central son las relaciones sociales, para Althusser ésta es el resultado del desarrollo de las funciones de ciertas instituciones sociales. Ésto último implica el abandono, también, de la perspectiva de la producción y conduce el análisis hacia el determinismo.

Lo anterior permite explicar la dificultad que tiene Althusser para incorporar a la lucha de clases a su modelo. Dada la división de tareas, entre ARE y AIE, las funciones de cada uno de ellos, el rol de la ideología dominante, resulta muy difícil comprender cómo la clase trabajadora puede desafiar la hegemonía capitalista. El abandono del terreno de la producción (más allá de la continuas alusiones a la práctica) se paga en términos teóricos.

Las referencias a la lucha de clases (p. 112 y nota 10) tienden a mostrar cómo las clases explotadas pueden aprovechar las luchas entre las clases y fracciones dominantes en los AIE, "conquistando por la lucha posiciones de combate" (p. 112). Los AIE constituyen "el lugar de la lucha de clases" (p. 112). Esta última afirmación es significativa porque, luego de puntualizar que la reproducción tiende a reproducir las condiciones de producción existentes y de señalar la centralidad de la infraestructura (la forma althusseriana de referirse al proceso de producción), Althusser termina sosteniendo que ... la ideología es el terreno de la lucha de clases. (5). No está claro cómo las clases explotadas pueden eludir el funcionamiento de la reproducción en el proceso de trabajo, ni cómo escapan a la doble acción del ARE y de los AIE, para plantarse como rivales ideológicos de la burguesía. Althusser no tiene lugar, pues, para la contrahegemonía en su esquema teórico.

Buenos Aires, domingo 11 de julio de 2010

ABREVIATURAS:
AIE = Aparatos Ideológicos del Estado.
ARE= Aparatos Represivos del Estado.

NOTAS:
(1) Para todas las citas del texto de Althusser, utilizo la traducción de Oscar L. Molina, "Ideología y aparatos ideológicos del estado (Notas para una investigación)", incluida en: Althusser, Louis. (1988). La filosofía como arma de la revolución. México D. F: Ediciones Pasado y Presente (pp. 97-141 y notas en pp. 144-145).
(2) En una nota al texto, Althusser reconoce que Antonio Gramsci (1891-1937) fue el único marxista que transitó por esta vía (la elegida por Althusser al trabajar los AIE). Pero el filósofo francés no avanza un paso en el desarrollo de la teoría gramsciana de la hegemonía, la cual constituye, a nuestro juicio, una superación real de los problemas acarreados por el uso de la metáfora de la infraestructura-superestructura.
(3) La afirmación clásica de Marx (y de Engels) se encuentra en La ideología alemana: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época;o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren el papel dominante a sus ideas." (Marx, Karl y Engels, Friedrich. (1985). La ideología alemana. Buenos Aires: Pueblos Unidos y Cartago, págs. 50-51. La traducción es de Wenceslao Roces.).
(4) Ver al respecto las páginas 108-113 del texto que estamos comentando.
(5) En la nota núm. 10 al texto, Althusser parece advertir las implicaciones de la afirmación que acabamos de citar y expresa que, aunque la lucha de clases "se expresa y se ejerce, entonces, en formas ideológicas y también, por tanto, en las formas ideológicas de los AIE (...) la lucha de clases sobrepasa ampliamente estas formas, y porque las sobrepasa, la lucha de las clases explotadas puede también ejercerse en las formas de los AIE y así volver el arma de la ideología en contra de las clases dominantes." (p. 144-145). Althusser dice que la lucha de clases sobrepasa los AIE porque está enraizada "en la infraestructura, en las relaciones de producción." (p. 145). Pero Althusser no analiza la lucha de clases en las relaciones de producción, y todo queda en una especie de invocación religiosa. La ideología queda como el lugar de la lucha de clases, que, en este esquema, parece más una protesta desesperada que un proyecto colectivo de las clases trabajadoras.

domingo, 13 de junio de 2010

COMENTARIOS A «IDEOLOGÍA Y APARATOS IDEOLÓGICOS DEL ESTADO», DE LOUIS ALTHUSSER (2)

Luego de presentar en la nota anterior las líneas generales de la concepción de Marx, podemos pasar ahora a examinar la teoría de Althusser. Este elabora su teoría de la reproducción como un intento de completar y desarrollar la concepción de Marx. El punto de partida es la constatación de que "la reproducción de las condiciones de producción es (...) la condición última de la producción" (p. 97).

La primera parte del artículo está dedicada a tratar dos cuestiones: a) el establecimiento del nivel de la reproducción como un nivel de análisis distinto - y más concreto- que el de la producción; b) el examen de las cuestiones englobadas bajo el concepto de condiciones de producción.

Acerca de estas cuestiones, Althusser distingue tres niveles de análisis desde los cuales se puede abordar el fenómeno de la reproducción: el nivel de la "simple práctica", el de la producción y el de la reproducción. Los dos primeros niveles son abstractos en relación al tercero; respecto al nivel de la producción, sostiene que su cercanía con lo cotidiano opera como un obstáculo para acceder al nivel de la reproducción (sin mencionarlo, parece aludir aquí al concepto de obstáculo epistemológico de Gaston Bachelard). Sólo partiendo de la reproducción es posible concebir a la sociedad como una totalidad y superar tanto el punto de vista empirista de la "práctica productiva" (p. 98), donde la reproducción es vista como un proceso meramente técnico (reposición de materias primas, máquinas, etc., consumidos en el proceso de producción), como la posición "micro", que sostiene que el problema de la reproducción debe estudiarse a nivel de la empresa.

En definitiva, adoptar el nivel de la reproducción permite llegar al concepto de todo social y expresar lo novedoso de la respuesta de Marx a la vieja pregunta: ¿Qué es la sociedad? Antes de pasar a examinar la interpretación althusseriana de la respuesta marxista a dicha pregunta, corresponde aclarar a qué se refiere Althusser cuando habla de la reproducción de las "condiciones de producción". En otras palabras, ¿qué es lo que se debe reproducir para que el proceso de producción pueda reanudarse una y otra vez?

Althusser responde diciendo que toda formación social debe reproducir: a) las fuerzas productivas; b) las relaciones existentes de producción (p. 98). Luego de esta primera aproximación a la cuestión, Althusser se dedica a complejizar el esquema. Así, la reproducción de la fuerzas productivas implica tanto la de los medios de producción (p. 98-99) como la de la fuerza de trabajo (p. 99-103). Como puede observarse en el texto, Althusser presta especial atención a los problemas de la reproducción de la fuerza de trabajo. Esta no consiste simplemente en "asegurar las condiciones materiales de reproducción de la fuerza de trabajo para que ésta se reproduzca como tal" (p. 100), sino que se trata de que la clase trabajadora debe ser "competente", esto es, debe suplir las distintas necesidades de calificación requeridas por el proceso productivo (p. 100-101), y que, además, tiene que aceptar las reglas del orden establecido (p. 101-102). En otras palabras, reproducir la fuerza de trabajo implica: a) reproduccón física de la clase trabajadora (de la clase obrera actual y de la generación que reemplazará a la misma); b) reproducción de los distintos niveles de calificación requeridos por un proceso productivo cada vez más complejo; c) reproducción de la sumisión de los trabajadores a la «ideología dominante».

Los puntos b y c de la enumeración anterior llevan a Althusser a plantear la cuestión del papel del "sistema educacional" (p. 101), puesto que, a diferencia de las formaciones precapitalistas, la reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo tiende a darse por fuera de la producción en la sociedad capitalista. También lo llevan a introducir el concepto de ideología y a volver todavía más complejo el esquema, pues al lado de la sumisión del proletariado a la ideología dominante, Althusser sostiene que también debe reproducirse "la capacidad de los agentes de la explotación y de la represión para manipular la ideología dominante" (p. 102).

La reproducción de las relaciones de producción es abordada más adelante (p. 113-120), a traves del análisis del papel de los aparatos del Estado. De ahí que volvamos sobre esta cuestión en las secciones 3 y 4 de este trabajo.

Resumiendo lo expuesto hasta aquí. Althusser se propone retomar la teoría de la reproducción tal como fue planteada por Marx y desarrollarla, sobre todo en lo relativo a la reproducción de la fuerza de trabajo y las relaciones de producción. Sin embargo, y a pesar del énfasis que pone en el concepto de todo social, dedica muy poca atención al momento de la producción propiamente dicho, y se concentra en el análisis de los mecanismos ideológicos implicados en la reproducción. El acento puesto en la práctica es desmentido por un desarrollo centrado en lo ideológico como instancia central de la sociedad. Esta afirmación será ampliada en las siguientes secciones de este trabajo.

2) El modelo infraestructura - superestructura.

El tema es tratado en p. 103-105. Dado que el interés de Althusser está puesto en la reproducción de la sumisión de los trabajadores a la ideología dominante y en la de la capacidad de las clases hegemónicas para manipular dicha ideología, dedica varias páginas al Estado (p. 105-108) y a los aparatos ideológicos del Estado (p. 108-113).

La importancia que Althusser concede al modelo de infraestructura-superestructura en su teoría de la reproducción obliga a examinar con atención lo que supone la adopción de dicho esquema.

En primer lugar, hay que decir que el modelo constituye, según Althusser, el núcleo de la respuesta de Marx a la mencionada pregunta ¿qué es la sociedad? y marca la diferencia ("revolucionaria") entre la concepción de la totalidad social de Hegel y la de Marx (p. 103). Althusser sostiene que el modelo es un tópico, es decir, una metáfora espacial, que sirve para representar "el hecho de la «determinación en última instancia» por la base económica" (p. 103). Althusser afirma que "Marx concibe la estructura de toda sociedad como constituida por «niveles» o «instancias», articulados por una determinación específica: la INFRAESTRUCTURA o base económica («unidad» de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción), y la superestructura que, a su vez, contiene dos «niveles» o «instancias»:la jurídica-política (el derecho y el Estado) y la ideología (las distintas ideologías, religiosas, morales, jurídicas, políticas, etc.)" (p 103). Como puede notarse, Althusser construye un Marx estructuralista, apoyándose en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859). Es significativo que el modelo signifique, según Althusser, la ruptura de Marx con la totalidad hegeliana porque, a nuestro juicio, la metáfora del edificio conlleva una tendencia determinista y antidialéctica.

Para explicar lo dicho al final del párrafo anterior, hay que empezar situando el modelo en el marco de la teoría social de Marx. El Prólogo de 1859 forma parte de los trabajos que componen el vasto complejo que es El capital. Redactado como introducción a la Contribución, tiene dos objetivos fundamentales: a) esbozar la trayectoria intelectual de Marx desde el liberalismo y el hegelianismo hasta el socialismo y el materialismo histórico; b) presentar los tipos principales de la teoría social de Marx, en una forma que fuera accesible al gran público. (2)

Los objetivos indicados condicionaron los rasgos deterministas y estructuralistas que aparecen en el Prólogo. Por un lado, el liberalismo y el hegelianismo privilegiaban el rol del sujeto y dejaban de lado las regularidades que ponían límites estrechos a la acción de este; por tanto, su refutación (y la del idealismo en general) implicaba acentuar las determinaciones objetivas de la acción de los sujetos. Por otra parte, la necesidad de presentar su concepción de la sociedad en una forma sencilla llevó a Marx a formular el modelo infraestructura-superestructura, en el que, y Althusser tiene razón en esto, la centralidad del análisis de la producción es visible con claridad. Además de estas razones, hay otra cuestión que permite explicar la elección de ese modelo para describir la ordenación de la sociedad. Las derrotas de las revoluciones de 1848-1849 significaron un duro golpe para Marx y Engels, pues esfumaron su confianza en el rápido pasaje de la revolución burguesa a la revolución socialista. Ya en los escritos de 1850 se advirtieron que las crisis económicas ejercían una fuerte determinación sobre las revoluciones. La conclusión era que la voluntad por sí sola no podía torcer el curso de la historia. De ahí el énfasis puesto en el Prólogo en que una forma social no puede ser derribada si antes no se han desarrollado todas las fuerzas productivas contenidas en su seno.

Sin embargo, todo lo anterior no permite afirmar que en 1859 Marx era un determinista económico. Decíamos más arriba que el Prólogo (y la Contribución) forma parte de un proyecto más general, cuyo punto culminante es la publicación del Libro Primero de El capital (1867). El Prólogo no puede leerse, entonces, dejando de lado su relación con dicho proyecto.

En 1857, y ante los primeros embates de una crisis económica (preámbulo, según Marx, del inminente estallido de una nueva revolución europea), Marx comenzó la redacción del manuscrito conocido como Grundrisse, que puede ser considerado como la primera redacción de El capital. Dicho manuscrito comienza con la llamada Introducción de 1857 (Einleitung, que en alemán significa introducción). Dicha Introducción contiene una respuesta más compleja a la pregunta ¿qué es la sociedad?, que refleja con mayor precisión, en nuestra opinión, la concepción de Marx.

En la Introducción de 1857 Marx no concibe a la sociedad como una estructura compuesta por instancias articuladas entre sí por determinaciones específicas. Tampoco hace ninguna referencia a la metáfora superestructura-infraestructura. En cambio, utiliza una imagen que describe en forma más precisa su concepción de la sociedad como totalidad: "En todas las formas de sociedad existe una determinada producción que asigna a todas las demás su correspondiente rango e influencia. Es una iluminación general en la que se bañan todos los colores y que modifica las particularidades de éstos. Es como un éter particular que determina el peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve." (G: 27) (3). Como puede notarse, no se trata de una imagen tan determinista como la del modelo infraestructura-superestructura, donde el tópico directamente nos trae la imagen de lo económico como los cimientos en los que se apoya el edificio superestructural de la sociedad. En 1857 Marx no había tenido la fortuna de ser ilustrado por Althusser, y estaba tanteando en busca de imágenes y metáforas que describieran su forma de concebir a la sociedad, dado que la misma tenía pocos puntos de contacto con la que proponían las nacientes ciencias sociales.

En el contexto de estos tanteos y de estas búsquedas, plasmadas en los Grundrisse, Marx sostiene que el punto de llegada en el estudio de la sociedad debe ser lo concreto, esto es, "la síntesis de múltiples determinaciones (...) la unidad de lo diverso" (G: 21). La división de la sociedad en niveles e instancias es un recurso válido con fines analíticos, pero puede transformarse en un obstáculo a la comprensión del todo social. Es más, la cristalización de esas instancias lleva a reforzar el efecto determinista de ese método no dialéctico al abordar el estudio de la sociedad.

De lo anterior se infiere que la afirmación de Althusser acerca de que Marx piensa a la sociedad en términos de la metáfora espacial infraestructura-superestructura, no es correcta. Más allá de que en Marx están presentes elementos deterministas, su concepción de la sociedad no es determinista. Es más, la misma constituye el punto de partida necesario para una crítica de los distintos determinismos en teoría social.

De modo que el énfasis de Althusser en el modelo citado representa un intento de construir un Marx a la medida del estructuralismo. Ese intento se realiza mediante la simplificación de la teoría de Marx (hay que insistir en que el Prólogo de 1859 debe ser acompañado de la lectura de otros textos del período, que sirven para enmarcarlo), caracterizada por el abandono del método dialéctico (reflejado en las apreciaciones negativas sobre Hegel efectuadas por Althusser).

A continuación corresponde analizar la forma en que Althusser desarrolla el famoso modelo. Según su opinión, el principal defecto del modelo es su carácter descriptivo (p. 104), ya que sostiene que las descripciones, si bien son una etapa necesaria en el proceso de conocimiento, acarrean el riesgo de bloquear el desarrollo de la teoría (p. 107). Para superar el carácter descriptivo de la teoría y llegar a formular lo que denomina una "teoría a secas" (p. 105), Althusser defiende la necesidad de ubicarse en el punto de vista de la reproducción (p. 104). Precisemos esta cuestión. Althusser deja en claro que no rechaza la metáfora, sino que trata de superarla. Para él, esta superación consiste en "intentar pensar lo que nos entrega bajo la forma de una descripción" (p. 104). Como ya dijimos anteriormente, Althusser piensa que uno de los mayores méritos de la metáfora espacial radica en que permite acentuar la determinación por la base económica. No discute, por tanto, la pertinencia del modelo para captar lo esencial del análisis marxista de la sociedad. Por el contrario, acepta la validez del tópico y su superación del mismo constituye, en realidad, una profundización del carácter antidialéctico de su interpretación estructuralista de la metáfora. ¿Cómo efectúa esta superación? Como ocurre en todo el artículo, Althusser deja de lado los fenómenos infraestructurales y se concentra en el examen del "derecho, el estado y la ideología desde el punto de vista de la reproducción" (p. 105). No es este el lugar para profundizar en el análisis althusseriano del Estado. Por el momento tenemos que concentrarnos en la manera en que pasa de la teoría "descriptiva" del Estado a la formulación de una "teoría a secas" del mismo. Para ello desarrolla el concepto de aparatos ideológicos del Estado. A este punto dedicaremos la siguiente nota de esta serie.

Buenos Aires, domingo 13 de junio de 2010

NOTAS:
(1) Para todas las citas del texto de Althusser, utilizo la traducción de Oscar L. Molina, "Ideología y aparatos ideológicos del estado (Notas para una investigación)", incluida en: Althusser, Louis. (1988). La filosofía como arma de la revolución. México D. F: Ediciones Pasado y Presente (pp. 97-141 y notas en pp. 144-145).
(2) No debe olvidarse que en 1859, y exceptuando el Manifiesto del partido comunista (difícil de conseguir en ese momento, porque no había sido reeditado todavía) y algunos escritos polémicos (Miseria de la filosofía) e históricos (El 18 brumario de Luis Bonaparte, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850), no había ninguna exposición positiva de las tesis de la teoría social de Marx.
(3) Los Grundrisse, conocidos en español como Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, constituyen un extenso manuscrito escrito por Marx entre 1857 y 1858. Representan la primera redacción in extenso de los temas tratados luego en El Capital. Fueron publicados por primera vez recién en 1939-41 (Moscú: Instituto Marx-Engels-Lenin). Poseo un ejemplar de la 17º edición española (México D. F.: Siglo XXI). Esta edición estuvo a cargo de José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scaron, y la traducción fue obra de este último.
Respecto a la forma de citar. La edición Siglo XXI incluye la indicación al margen y encerrados entre corchetes de los números de pagina de la edición Dietz 1953, que reprodujo en forma facsimilar y en un solo volumen la edición rusa de 1939-41. Es por eso que cito utilizando la letra G (Grundrisse) y luego el número de página correspondiente a la edición Dietz. Por ejemplo, G: 22 quiere decir página 22 de la edición Dietz de los Grundrisse.

lunes, 7 de junio de 2010

COMENTARIOS A «IDEOLOGÍA Y APARATOS IDEOLÓGICOS DEL ESTADO», DE LOUIS ALTHUSSER (1)

El texto (1) fue escrito entre enero y abril de 1969, salvo el P.S. que está fechado en abril de 1970 (y que parece ser un intento de respuesta telegráfica a los críticos del artículo, porque está centrado en destacar el papel de la lucha de clases). Es, por tanto, posterior a la 1º edición de la obra fundamental de Louis Althusser (1918-1990) (2) y a los sucesos de Mayo de 1968, que conmovieron la estructura política de la 5º República francesa. Se trata, pues, de una obra escrita en medio del auge del movimiento obrero y estudiantil de fines de la década de 1960 y principios de la de 1970. En el marco de estas luchas, el texto es un exponente de la corriente marxista estructuralista que, a pesar de los críticos, jugó un papel importante en el renacimiento (y renovación) de los estudios marxistas.

Dada su complejidad, se ha optado por seleccionar algunos de los temas tratados en el articulo, teniendo en cuenta que nuestro interés está centrado en la cuestión del papel jugado por la ideología en general (y por la educación en particular), en la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. Los temas a discutir son: 1) la reproducción; 2) el modelo infraestructura-superestructura; 3) los aparatos ideológicos del Estado (a partir de aquí, AIE); 4) el aparato ideológico escolar; 5) la teoría de la ideología.

1) La reproducción de las relaciones sociales capitalistas (RSC):

La cuestión es tratada en pp. 97-102, y retomada luego en p. 113 y ss. (en este último caso en relación con los AIE).

Ante todo, corresponde hacer algunas referencia a la posición de Marx (1818-1883), puesto que Althusser presenta su trabajo como una continuación de la obra de éste. Para Marx, el proceso de producción constituye el camino para empezar a entender el funcionamiento de una sociedad. Esto es así porque para que exista cualquier forma de organización social es necesario que existan materialmente los individuos que la componen y, a su vez, para que éstos sobrevivan es necesario que produzcan los medios necesarios para su subsistencia. La constitución física del ser humano determina que se vea obligado a extraer de la naturaleza los elementos que necesita para su vida. Su vida puede definirse como una relación constante con la naturaleza, en la que el trabajo opera como mediador. Pero, y a pesar de lo que piensan muchos de sus críticos-detractores, Marx no concibe el proceso de trabajo como un proceso meramente económico, en el sentido de que genere exclusivamente bienes de uso y servicios, ni tampoco como un proceso meramente técnico, esto es, como el resultado de una combinación determinada de los factores de producción. Su concepción de la centralidad de la producción de ningún modo puede asimilarse a una variante del reduccionismo económico. Veamos con más detalle estas últimas cuestiones.

El proceso de producción es, según Marx, el conjunto de relaciones sociales por medio de las cuales los seres humanos se producen (y reproducen) a sí mismos y a la sociedad en que viven. Dado que las personas necesitan de sus semejantes para poder producir (Marx concuerda con el viejo Aristóteles en que el hombre es un "animal social"), la realización de esta actividad supone el establecimiento de relaciones de producción. En este momento, y para aclarar el argumento, sólo nos interesa un tipo específico de relaciones de producción, las relaciones de propiedad, esto es, propiedad respecto a los medios de producción - incluyendo a las materias primas - y a los productos del trabajo). En el marco del modo de producción capitalista (MPC a partir de aquí) las relaciones de propiedad implican la existencia de una desigualdad de poder entre la clase capitalista y los trabajadores. En pocas palabras, en el proceso de producción no sólo se producen COSAS, sino también relaciones de producción e ideas acerca de cómo funciona la sociedad. ¿Por qué ideas? Porque la desigualdad de poder entre capitalistas y trabajadores, determinada por las relaciones de propiedad capitalistas, exige el desarrollo de instrumentos que legitimen la dominación capitalista (la sola violencia física no garantiza el funcionamiento a largo plazo del MPC). Llegamos así a la cuestión de la ideología.

Para Marx, la ideología no es exterior al proceso de producción. No es una mistificación, una mentira elaborada por los intelectuales orgánicos del capitalismo para justificar las desigualdades propias del MPC. La ideología capitalista es, en sentido fuerte, un producto del proceso de producción capitalista, entendido este último en términos que exceden lo estrictamente "económico". La producción, la técnica, no es neutral, sino que impone la aceptación de una jerarquía de poder social que está implícita en las relaciones de propiedad capitalista. La fragmentación social ("invisibilidad" de la existencia de las clases sociales mismas para los sectores explotados), el individualismo, el atomismo social, las personas "recíprocamente indiferentes", el hedonismo, la indiferencia ante el dolor ajeno, brotan de la práctica misma del proceso de trabajo capitalista. Y esto es así no sólo porque la producción capitalista se concreta a través de la participación diferenciada (en términos de poder social) de capitalistas y trabajadores: los primeros como gerentes, los segundos como operarios. La cuestión es mucho más profunda y excede largamente el nivel de lo directamente observable. El MPC se sustenta en relaciones de propiedad capitalistas que se traducen en una apropiación material CAPITALISTA de la naturaleza (por ejemplo, mercancías para la sociedad de consumo), pero no hay que olvidar que dicha apropiación es, al mismo tiempo, apropiación conceptual capitalista del mundo. En este sentido, y sin mencionarlo explícitamente, Marx retoma su concepción del trabajo alienado, esbozada en los Manuscritos de 1844.

Resumiendo lo anterior, el proceso productivo es para Marx una unidad de apropiación material y apropiación conceptual de la naturaleza. En otras palabras, sus productos son cosas, relaciones sociales y conceptos. La realidad (= lo cotidiano, el mundo en que vivimos) es construida en el proceso de producción (vuelvo a insistir, este último concebido en un sentido amplio).

Para completar el cuadro, hay que tener en cuenta otro elemento que Marx desarrolla ampliamente en el Libro I de El Capital. El objetivo de estudio es el MPC. Marx sostiene que para entender el funcionamiento del mismo hay que pasar de la esfera del intercambio (lo aparencial, lo directamente accesible) a la esfera de la producción. Sólo en esta última puede entenderse la naturaleza de las relaciones entre la clase capitalista y la clase trabajadora. Es más, sólo en la producción estos grupos sociales se vuelven visibles como clases sociales, puesto que en la esfera del intercambio sólo tenemos compradores y vendedores, individuos aislados cuyo único punto de contacto son las mercancías. Por lo tanto: a) sólo en la producción, en la práctica, los capitalistas y los trabajadores se constituyen como clases (como clase en sí); b) la definición de las mismas debe ser relacional, esto es, tienen que elaborarse a partir de las relaciones sociales que se verifican entre ambos grupos.

¿Qué consecuencias tiene lo anterior para el estudio del fenómeno de la reproducción de las RSC?

a) La reproducción es inseparable de la producción, puesto que la segunda es, a la vez, generación de valores de uso, relaciones sociales e ideas, realizada de un modo determinado (En este sentido, la producción implica cambio, la posibilidad de hacer algo distinto a lo existente). La reproducción es también producción de valores de uso, relaciones sociales e ideas (utilizo la repetición para evitar caer en la confusión de identificar la reproducción con la mera reproducción de los factores de producción, confusión que hace caer en el reduccionismo económico). Pero, la reproducción alude a la idea de continuidad, de conexión entre las distintas producciónes y que dichas producciones se encadenan en una totalidad; en este sentido, la reproducción es el proceso de replicación de las condiciones de producción existentes, y la condición misma de existencia de toda producción. En otras palabras, producción y reproducción son idénticas en el sentido de que ambas son procesos que "fabrican" los mismos productos. Pero esto es correcto desde el punto de vista formal. Examinando las cosas desde la perspectiva de la totalidad de un modo de producción, hay una diferencia sustancial: la producción contiene un elemento de creación, de innovación, que tiende a modificar las condiciones existentes. ¿Por qué? Basta decir que se trata de un atributo de toda práctica, en la que siempre hay diferencias con la práctica anterior, siempre hay modificación en alguna de las condiciones. La reproducción implica el "esfuerzo" por producir en las mismas condiciones sociales, por evitar la modificación de las mismas. Tiende a la estabilización del modo de producción.

b) Si la producción es siempre una producción determinada (se realiza en el marco de un nivel dado de desarrollo de las fuerzas productivas, con un nivel también dado de desarrollo de la fuerza de trabajo, con ciertas relaciones sociales, etc.), esto es todavía más válido en el caso de la reproducción, pues esta última supone la "conservación" de las relaciones sociales existentes, no su transformación (en otras relaciones). De ahí que la teoría de la reproducción debe plantearse en términos de un modo de producción concreto. No puede hablarse de reproducción en general, salvo que se quiera decir nada más que vaguedades, sino que hay que estudiar la reproducción feudal, la reproducción capitalista, etc.

c) Dada la concepción de la producción (y, por tanto, de la reproducción) como práctica, la reproducción tiene que ser abordada como reproducción de las relaciones sociales de un modo de producción determinado. No hay que caer en el error, habitual entre los economistas, de reducir la reproducción a la reposición del stock de bienes y servicios existentes. No se trata tanto de la reproducción de las COSAS, sino del conjunto de relaciones sociales que constituyen un modo de producción dado.

d) El MPC presenta una diferencia esencial frente a los otros modos de producción: su carácter expansivo. Mientras que, en líneas generales, las sociedades precapitalistas tendían a la estabilidad (tanto en la organización de la producción como en la tecnología, la ciencia, etc.), el capitalismo se asienta en el cambio permanente. Esta tendencia al cambio es un resultado de la lógica intrínseca del sistema. En lo que respecta al problema de la reproducción, esto se traduce en que en el capitalismo impera la reproducción en escala ampliada del capital. En otras palabras, el MPC requiere que el procesos productivo se lleva a cabo en una escala creciente. Esto implica revolucionar constantemente las fuerzas productivas. Se genera entonces una tensión entre la necesidad de revolucionar constantemente la producción y la necesidad de reproducir las relaciones de clase propias del capitalismo (las cuales presuponen la propiedad privada de los medios de producción). La reproducción tiene que hacer frente a la problemática específica de la reproducción en escala ampliada: ¿cómo asegurar la renovación constante de las fuerzas productivas sin poner en peligro a las relaciones de propiedad que aseguran la dominación de la clase capitalista?

e) Las sociedades de clase se asientan sobre la escisión entre propietarios y no propietarios de los medios de producción. La reproducción de las relaciones sociales existentes implica entonces la reproducción de relaciones desiguales. Esto ya estaba supuesto en el punto anterior de este texto, pero aquí debemos desarrollar una consecuencia interesante. Las relaciones sociales desiguales se traducen en experiencias de vida distintas para los individuos que integran las distintas clases sociales. Por tanto, la reproducción de las relaciones sociales que supones una forma específica de desigualdad de clase lleva implícita la reproducción de formas de vida y de pensamiento propias de las clases explotadas. Más claro, la reproducción de la clase dominante es también la reproducción de la clase dominada y, por tanto, del antagonismo entre ambas.

Buenos Aires, lunes 7 de junio de 2010





NOTAS:

(1) Utilizo la traducción de Oscar L. Molina, "Ideología y aparatos ideológicos del estado (Notas para una investigación)", incluida en: Althusser, Louis. (1988). La filosofía como arma de la revolución. México D. F: Ediciones Pasado y Presente (pp. 97-141 y notas en pp. 144-145).
(2) Para leer «El capital», 1967.

martes, 25 de mayo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (6): EL PROCESO DE TRABAJO

En el capítulo 5 de El capital Marx hace mención a la cuestión de la naturaleza humana, diciendo que al transformar la naturaleza exterior, los seres humanos transforman su propia naturaleza (I, 1: 216). En las Tesis sobre Feuerbach ya había propuesto una concepción que se enfrentaba abiertamente con la posición defendida por la filosofía política (y también por los economistas, que la tomaron de ésta), según la cual la naturaleza humana era inmutable y ahistórica. Así, en la tesis nº 6, escribió: "...la esencia humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales." (1985: 667). De este modo, la naturaleza humana no es pensada como algo inmutable, que permanece igual a sí mismo, encerrado en el interior de cada una de las personas; es, al contrario, algo extremadamente maleable, que aparece (se va desplegando, diría el viejo Hegel) en la medida en que se desarrollan las relaciones sociales. En otras palabras, no hay esencia humana sin relación.

Pero las Tesis permanecen todavía en el terreno de la confrontación con la filosofía. Con toda la riqueza de su contenido, adolecen del defecto de permanecer en el suelo de lo abstracto, sin pasar al análisis del "conjunto de las relaciones sociales" que constituyen (y construyen!) la esencia humana. Es por esto que hay que remarcar nuevamente la importancia del capítulo 5, en tanto Marx aborda allí la problemática de la naturaleza humana a partir del examen de la forma fundamental de la práctica humana, el proceso de trabajo.

En el capítulo 5 Marx presenta dos características centrales de la naturaleza humana: a) es producida por la práctica, esto es, se manifiesta a través de la práctica no como algo acabado que se va desplegando en el mundo exterior a la persona, sino que su misma naturaleza se va construyendo en la práctica, en la relación. La esencia inmutable sólo existe en el mundo gaseoso de los filósofos de la "realidad trascendente". De más está decir que esta concepción marxiana de la naturaleza humana se opone radicalmente a toda forma de naturalización de las relaciones sociales y sienta las bases para la posibilidad misma de pensar la revolución. Hay que tener siempre presente que todas las clases dominantes han elaborado argumentos naturalizadores para justificar su dominación. Aún la burguesía, que efectuó una ruptura radical con la filosofía política de las sociedades precapitalistas al postular que el cambio y la igualdad eran valiosos en detrimento de la defensa de la tradición y la desigualdad, se vio obligada a sostener la existencia de una naturaleza humana inmutable, cuya encarnación es el homo oeconomicus. Frente a todo esto, Marx afirma que la naturaleza humana SE CREA en la práctica. Aquí se encuentra, por cierto, la clave para mensurar. Aquí se encuentra, por cierto, la clave para mensurar la distancia que separa a Marx del viejo materialismo mecanicista; b) la naturaleza humana está formada por un conjunto de potencialidades que se despliegan efectivamente en la práctica. No se trata, por cierto, de una recaída de Marx en la concepción tradicional de la naturaleza humana. Estas potencialidades no constituyen una suma fija desde el principio de los tiempos. Es, al contrario, un conjunto dinámico que se va acrecentando a medida que se extienden las relaciones sociales. El ser humano posee, pues, una naturaleza potencialmente universal, capaz de desarrollarse (= poner en práctica, expresar sus potencialidades) en múltiples dimensiones; por lo tanto, no está condenado a repetir siempre la actividad para la que está mejor dotado o a ubicarse en una jerarquía social a gusto de las clases dominantes.

Es entonces el proceso de trabajo el lugar desde donde puede comprenderse mejor esta concepción marxista de la naturaleza humana.

Marx continúa su análisis del proceso de producción y afirma que concibe el trabajo en su forma específicamente humana, esto es, como "un resultado que antes del comienzo de aquél (del proceso de trabajo) ya existía en la imaginación del obrero, o sea idealmente. El obrero no sólo efectúa un cambio de forma de lo natural; en lo natural, al mismo tiempo, efectiviza su propio objetivo, objetivo que él sabe que determina como una le, el modo y manera de su accionar y al que tiene que subordinar su voluntad." (I, 1: 216). Esta manera de pensar el papel del obrero se entronca directamente con la teoría del sujeto desarrollada por el idealismo alemán (1). El ser humano no es un mero engranaje que cumple una función determinada en el marco de la organización de la producción (como ocurre en la teoría de los factores de producción). En el trabajo el productor transforma en acto lo que estaba en su mente como potencia; en otras palabras, en el proceso de producción el trabajador libera creativamente lo que bulle en su mundo interior. Esta forma de pensar la cuestión marca la continuidad existente en el pensamiento de Marx respecto al modo de considerar y caracterizar al proceso de trabajo. Si nos remontamos a los Manuscritos de 1844, encontramos ideas semejantes, sólo que en ellos está presente la noción de que existe una esencia humana inmutable que es ultrajada por las condiciones de la producción capitalista. En los Manuscritos puede leerse: "El hombre convierte su actividad vital misma en objeto de su voluntad y de su conciencia. Tiene una actividad vital consciente (...) La actividad vital consciente diferencia inmediatamente el hombre de la actividad vital animal." (2004: 112-113).

El trabajo es, por tanto, actividad consciente de los seres humanos. Dada la centralidad que ocupa en la vida humana la reproducción de sus condiciones de existencia, y puesto que el proceso de trabajo tiene por objetivo dicha reproducción, es claro que esta forma de actividad consciente juega un papel fundamental en la constitución de los seres humanos.No se trata, por cierto, de la mera reproducción material, sino que el proceso de producción es un lugar privilegiado en el proceso de constitución misma de la conciencia de los seres humanos. Sólo comprendiendo esto es posible visualizar la producción como una instancia política central en la sociedad capitalista (esta afirmación se hace extensiva, por supuesto, a toda forma de sociedad).

En la medida en que es expresión de la actividad vital consciente de las personas, el trabajo puede ser un ámbito de disfrute para el trabajador, en tanto y en cuanto adquiere la forma de un "juego de sus propias fuerzas físicas y espirituales" (I, 1: 216). Pero esto supondría que el trabajador es dueño de sus condiciones de existencia, esto es, presupone la vigencia de una organización socialista de la producción. Si esto último no se verifica, el trabajo adquiere la forma de una negación de la actividad vital consciente de los trabajadores, pues la dirección del proceso queda en manos de otra clase social (la burguesía). La apropiación efectiva del proceso laboral por el capitalista (a la que Marx denomina subsunción real) se traduce en dos consecuencias: a) la apropiación de la actividad vital consciente de los individuos por el capitalista (cuestión tratada extensamente en los Manuscritos bajo la denominación de alienación); b) la subordinación política de los trabajadores al empresario capitalista (la fábrica como instancia política fundamental en el capitalismo). Es preciso enfatizar que el significado más fuerte del concepto de explotación se encuentra para Marx en estos dos puntos; es por esto que, más allá de su innegable importancia, la cuestión de la apropiación del plusvalor por el capitalista es un corolario de la dominación del empresario sobre la actividad vital consciente de los individuos.

Buenos Aires, jueves 27 de mayo de 2010

NOTAS:

(1) Marcuse, refiriéndose a Hegel (1770-1831), expone así la concepción del sujeto de este autor: "«Sujeto» denota no sólo el ego epistemológico o conciencia, sino también un modo de existencia, a saber, que una unidad que se está autodesarrollando constituye un proceso antagónico. (...) Únicamente el hombre tiene el poder de percatarse a sí mismo, el poder de ser un sujeto que se autodetermina en todos los procesos de su conversión, pues sólo él tiene una comprensión de las potencialidades y un conocimiento de las «nociones». Su existencia misma es el proceso de actualizar sus potencialidades y de configurar una vida de acuerdo con las nociones de la razón." (1986: 14-15).

domingo, 23 de mayo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (5): EL PROCESO DE TRABAJO

Para comprender mejor la importancia que tiene el capítulo 5 del Libro Primero de El capital es conveniente empezar este nuevo comentario haciendo notar que dicho capítulo se encuentra precedido por los dos párrafos finales del capítulo 4 (Transformación del dinero en capital).

En el capítulo 4, luego de demostrar que el dinero se convierte en capital respetando el principio de igualdad en el intercambio, en los dos pasajes mencionados Marx señala la enorme diferencia existente entre la esfera de la circulación (intercambio de mercancías), en la que impera la libertad, la igualdad, la propiedad y el utilitarismo, y la esfera de la producción, en la que el obrero se halla sometido completamente al capitalista: "El otrora poseedor de dinero abre la marcha como capitalista; el poseedor de fuerza de trabajo lo sigue como su obrero; el uno, significativamente, sonríe con ínfulas y avanza impetuoso; el otro lo hace con recelo, reluctante, como el que ha llevado al mercado su propio pellejo y no puede esperar sino una cosa: que se lo curtan." (I, 1: 214). De este modo y con su habitual mordacidad, Marx revela el hecho político fundamental de la sociedad capitalista: la esfera de las libertades es posible porque esta convive con la esfera de la dictadura del capital sobre la actividad vital de los seres humanos, sobre los trabajadores. De este manera, la sociedad capitalista se estructura en torno a un espacio (el proceso de trabajo) caracterizado por el sometimiento de los trabajadores en el momento mismo en que producen sus condiciones de existencia. Las decisiones que juegan un papel central en toda la vida de los seres humanos (las que pueden resumirse en tres preguntas: ¿Qué, cuánto y cómo producir?), son tomadas por los capitalistas sin considerar siquiera las opiniones de los trabajadores. Así, la desigualdad en la propiedad de los medios de producción se traduce en la desigualdad en el poder político de los individuos. Ahora bien, esto no es novedoso y forma parte del envoltorio habitual de una sociedad dividida en clases. Lo nuevo radica en que la desigualdad política en el proceso de trabajo coexiste con la igualdad jurídica y política en el nivel del mercado, de la circulación de mercancías.

De hecho, la producción no es vista como un lugar político, sino como un espacio meramente económico, espacio construido a partir de la voluntad libre de los contratantes. El lugar de la política en la sociedad capitalista es, para el sentido común de las personas simples y los académicos ilustrados, el de las instituciones políticas, cuyo arquetipo es el régimen democrático de gobierno. De esta manera, la democracia reina en nuestras sociedades, mientras que la producción queda debajo de la alfombra, ignorada en tanto lugar de un tipo específico de relaciones políticas. Ahora bien, es claro que esta manera de organizar el poder político en la sociedad capitalista se deriva de la lógica misma de la producción capitalista, que necesita del trabajo asalariado (trabajo libre) para producir el plusvalor. En un sentido fuerte, la democracia es más un producto de las necesidades de reproducción del capital que de las luchas de los sectores populares. Por supuesto, aquí estamos hablando de una democracia que tiene por principio fundamental la no discusión de la separación de las esferas del intercambio y de la producción de mercancías.

Entonces, cuando Marx aborda la cuestión del proceso de trabajo en el capítulo 5, está ocupándose no sólo del proceso que permite la reproducción de la sociedad misma, sino también de la reproducción de las relaciones de dominación política de esa sociedad. El proceso de trabajo se revela así como el lugar privilegiado para abordar el estudio de la sociedad capitalista (y, en general, de cualquier sociedad). Dicho esto, se puede retomar el análisis del contenido del capítulo 5 tal como lo habíamos dejado en la nota anterior.

En la tesis nº 1 (Tesis sobre Feuerbach), Marx observa que una de las limitaciones de Ludwig Feuerbach (1804-1872) es la incapacidad para concebir "la actividad humana misma como una actividad objetiva" (1985: 665). Esta observación, que forma parte de la crítica que Marx hace tanto al materialismo como al idealismo filosóficos, muestra de manera acabada que Marx pensaba que la superación de ambas concepciones pasaba justamente por el estudio de la actividad objetiva de los seres humanos, y la forma paradigmática de esa actividad es el proceso de trabajo.

En la tesis nº 2 expresa que "es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, y la terrenalidad de su pensamiento" (1985: 666). El proceso de producción es, como dijimos antes, la expresión cabal de la práctica de los seres humanos; de ahí que su análisis revela los rasgos fundamentales que asume la práctica humana (hay que aclarar que para poder efectuar este estudio es imprescindible desechar la concepción habitual que hace del proceso de trabajo un ámbito estrictamente económico, en el que sólo se producen mercancías). En la tesis nº 8 vuelve a insistir: "toda vida social es esencialmente práctica" (1985: 667). De lo anterior se desprende que la práctica (insisto que por esta tiene que entenderse, ante todo, el proceso de trabajo) es la llave maestra que le permite a Marx superar tanto el viejo materialismo mecanicista como el idealismo (aún en la forma hegeliana de este último). En otras palabras, es el acercamiento al proceso de trabajo el que permitió a Marx resolver sus cuentas pendientes con la filosofía y pasar a elaborar una teoría social propia.

En la nota anterior transcribimos el pasaje del capítulo 5 en el que Marx sostiene que en el trabajo las personas transforman la naturaleza exterior y, a la vez, se transforman a sí mismas (I, 1: 216). En la tesis nº 6 puede leerse lo siguiente: "La coincidencia del cambio de circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria." (1985: 666). Hay que tener en cuenta que en este fragmento Marx procura dar respuesta al dilema de los partidarios de la "teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la educación". quienes se ven imposibilitados para concebir la unidad del proceso de cambio (unidad sujeto - objeto) y tienen que pensar forzosamente que uno de los polos de la relación domina al otro en tanto factor activo. Esta es, en definitiva, la misma concepción que profesan los economistas, quienes postulan que en el proceso de producción sólo se producen mercancías, en tanto que los productores (los trabajadores), desempeñan un papel pasivo en tanto factor de producción. Como puede verse, la concepción materialista de la relación sujeto - objeto se deriva de la forma que asume la principal manifestación de la práctica en la sociedad productora de mercancías, esto es, del proceso de trabajo. No se trata, por cierto, de hacer sociología barata, sino de aprehender cómo la práctica va modelando el pensamiento al marcar los límites de lo que puede ser pensado.

En el texto de la tesis nº 6, el "cambio de los hombres" se da en el mismo proceso de cambio de las circunstancias, es decir que, en la práctica revolucionaria los seres humanos desarrollan las potencias que dormitaban en ellos y se transforman a sí mismos. Ahora bien, como ya se dijo anteriormente, el proceso de trabajo constituye la forma primordial de la práctica, pues sin él es imposible la reproducción de la sociedad. De ahí la importancia de estudiar meticulosamente este proceso, dejando de lado los enfoques no dialécticos de la relación. Es por esto que, en un sentido fuerte, el capítulo 5 puede ser visto como la vía de entrada necesaria para comenzar el estudio de la sociedad.

Buenos Aires, lunes 24 de mayo de 2010




viernes, 21 de mayo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (4): EL PROCESO DE TRABAJO


Karl Marx (1818-1883) dedicó el capítulo 5 del Libro Primero de El Capital (1867) a exponer su concepción del proceso de trabajo; además de examinar los aspectos principales de la producción, Marx se preocupó también por fundamentar el papel central que ocupa el trabajo en la constitución de la sociedad. En este sentido se trata de un desarrollo de las tesis enunciadas en La ideología alemana (1845-46), obra en la que Marx y Friedrich Engels (1820-1895) habían afirmado que el punto de partida para el abordaje de la sociedad debía ser el estudio de la forma en que los seres humanos producían su existencia. Sin embargo, hasta la publicación del Libro Primero de El capital Marx no había presentado su análisis del proceso de trabajo en forma sistemática para el público.

La primera vez que Marx encaró la cuestión del trabajo fue en los Manuscritos de 1844, en los que esbozó su concepción del trabajo alienado. La propiedad privada de los medios de producción despojaba al trabajador de su control sobre el proceso de trabajo y determinaba que éste fuera visto por aquél como algo ajeno, cuyos productos no le pertenecían y donde no podía manifestarse su personalidad tal cual era. En el marco del capitalismo, el trabajo empobrecía radicalmente al trabajador en la medida en que, justamente, se volvía más productivo. La ciencia y la tecnología eran instrumentos del capital y su desarrollo no hacía más que potenciar la escisión entre el trabajador y su trabajo (y, por supuesto, los productos de su trabajo). Detrás de este análisis se encontraba el supuesto de que el trabajo era la manifestación de la esencia del ser humano. Su apropiación por los propietarios de producción era, entonces, una anulación de la esencia humana y reducía el trabajo a una actividad vacía de sentido (y, por tanto, empobrecedora) para el trabajador. Pero en los Manuscritos Marx no hacía ningún estudio del proceso de trabajo capitalista en su manifestación concreta. El análisis, más allá de sus méritos (la teoría de la alienación fue retomada por Marx en El capital - en el capítulo 1, apartado dedicado al fetichismo de la mercancía -), se movía en el plano filosófico, de manera que el proceso de trabajo era presentado en forma abstracta.

Luego de los Manuscritos y de la Ideología alemana, en los que sentó las bases de su teoría social, Marx volvió a abordar la cuestión del proceso de trabajo durante su exilio en Londres, donde comenzó a redactar el corpus de textos que constituye El capital. Esto fue la consecuencia necesaria del punto de partida adoptado para examinar la sociedad capitalista. Dada la centralidad que tiene la producción de la existencia para la teoría social de Marx, era obligatorio el estudio del proceso de trabajo en general, y de su forma capitalista en particular. Sólo mediante la realización de esta tarea era posible la superación de las ciencias sociales burguesas.

Ahora bien, la extensión del corpus que forma El capital impide que podamos realizar aquí un estudio exhaustivo de la concepción marxista del proceso de trabajo (para esto habría que revisar la Contribución a la crítica de la economía política (1859), los Manuscritos de 1861-63, el Libro IV y la correspondencia de Marx y Engels). En esta presentación nos limitaremos a plantear los elementos fundamentales de la concepción marxista del proceso de producción tal como se encuentra en el capítulo 5 del Libro Primero. En la exposición vamos a seguir el desarrollo del tema tal como lo hace Marx en la obra. Por ello distinguiremos entre proceso de trabajo y proceso de valorización, es decir, entre las características generales que asume toda producción y las formas específicas que adopta en el modo de producción capitalista. A su vez, y dada la importancia del tema para la comprensión de la teoría social de Marx y de la dialéctica, haremos, en la medida de lo posible, un tratamiento por separado de las implicancias "económicas" (técnicas) del proceso de trabajo, y de las derivaciones epistemológicas del mismo.

1) EL PROCESO DE TRABAJO:

Marx dedicó toda la primera parte del capítulo en cuestión al examen de los rasgos generales del proceso de trabajo (I, 1: 215-226).
Antes de empezar la lectura corresponde decir que esta parte de El capital es la respuesta de Marx al argumento de los factores de producción, desarrollado ya por los economistas. Según éstos, la producción es el resultado de una combinación de dichos factores (tierra, capital y trabajo - nótese que el capital se encuentra naturalizado, al punto de que pasa a constituir un elemento técnico de cualquier producción, ya sea que ésta se desarrolle en el Antiguo Egipto o en el siglo XXI. El capital deja, entonces, de ser una relación social históricamente determinada, para identificarse con la producción en general. En otras palabras, no puede haber producción sin capital -.). Como es sabido, Marx dedicó el grueso de su actividad intelectual a la crítica de la economía política. Desde su óptica, se trataba de eliminar la principal herramienta ideológica de la dominación burguesa. Para ello era imprescindible desnaturalizar la producción capitalista, desbancar la creencia de que el capitalismo era la forma más racional y eficiente de organizar el proceso productivo; para esta tarea era imprescindible la demolición del argumento de los factores de producción.
La teoría del proceso de trabajo es, tal como aparece en el capítulo 5, la respuesta de Marx al argumento de los economistas. Este último se basa, sobre todo, en la confusión de las determinaciones técnicas y de las determinaciones sociales del proceso productivo. Marx deshace esta confusión efectuando tres operaciones: a) separando ambas determinaciones; b) estableciendo las características principales del proceso de trabajo en general; c) reuniendo en una totalidad orgánica el conjunto de determinaciones que constituyen la producción.

Marx arranca con la constatación de que el trabajo es "en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza" (I, 1: 215). De este modo, el trabajo es el mediado entre el ser humano y la naturaleza. Es una necesidad ineludible, determinada por nuestra organización fisiológica (el ser humano precisa de instrumentos para obtener de la naturaleza los bienes que necesita para satisfacer sus necesidades). Sólo mediante el trabajo los seres humanos pueden emprender la tarea de "humanizar" la naturaleza, esto es, re-crearla a su imagen y semejanza. Es en este sentido que cabe afirmar que el trabajo, el proceso de producción, es un componente inseparable y decisivo en toda sociedad; en otras palabras, representa una determinación natural del ser humano.

Del argumento expuesto en el párrafo anterior arranca la confusión de los economistas. Para ellos, el proceso de producción capitalista, cuyo producto es la mercancía, es sinónimo de proceso de trabajo en general, cuyo objetivo es la producción de valores de uso (todo bien o servicio que satisface una necesidad, y que no es necesariamente una mercancía). De esta identificación se desprende que el capital, que es una relación social propia del modo de producción capitalista, pase a ser definido como un elemento técnico, cosificado, de toda producción.

Marx desarticula esta confusión indicando desde el principio que el objetivo del proceso de trabajo es la producción de valores de uso. Esta es una característica general de toda producción, independientemente de "la forma social determinada que asuma" (I, 1: 215). Un valor de uso es, como ya se indicó anteriormente, un bien que satisface una determinada necesidad humana (I, 1: 44-45). Desde este punto de vista el trabajo puede ser abordado sin necesidad de introducir el capital o la mercancía. El capital deja de formar parte de los factores de producción en general, y pueden así ser estudiados los aspectos técnicos del proceso productivo sin caer en el mecanismo ideológico de la naturalización de las relaciones sociales capitalistas. Pero, además, esta posición permite presentar las determinaciones sociales del proceso de trabajo (independientemente de su forma feudal, capitalista, etc.) sin caer en reduccionismos ni en abstracciones. Al efectuar esta desnaturalización, Marx restaura la unidad del proceso de producción como totalidad dialéctica (sinónimo de totalidad orgánica).

Luego de distinguir entre la producción de valores de uso y las formas socialmente determinadas que asume la misma, Marx puede emprender la tarea de establecer cuáles son los elementos del proceso de trabajo en general. Esta tarea es realizadas en las páginas 216-223. Eliminado el capital de la lista de factores de producción, "los elementos simples del proceso laboral son la actividad orientada a un fin - o sea, el trabajo mismo -, su objeto y sus medios." (I, 1: 216). Si bien todos estos elementos son imprescindibles para la realización del proceso de producción, está claro que para Marx existe una jerarquía entre ellos, en la que la "actividad orientada a un fin" es la "iluminación que baña" a los demás elementos, permitiendo explicar la naturaleza del proceso. Dada la tan mentada importancia que ocupa el mismo en la teoría de Marx, corresponde detenerse en la caracterización que hace del trabajo, esta "actividad orientada a un fin".

Ante todo, Marx destaca el papel activo, creador, del trabajo. "Al operar por medio de ese movimiento (de su cuerpo) sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a su vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y sujeta a su señorío el juego de las fuerzas de la misma." (I, 1: 216). Respecto a este pasaje corresponde decir lo siguiente. Mientras que para la economía clásica (que también reconocía la centralidad del trabajo) el proceso productivo era, fundamentalmente, una actividad creadora de riquezas que asumían la forma de mercancías, para Marx el potencial creador del trabajo era mucho más amplio. Ya no se trataba solamente de la producción de mercancías, ni aún de la mera producción de valores de uso. Pensar de esta manera el trabajo supondría la aceptación de una concepción unilateral del mismo, en la que el sujeto (el trabajador) imprime la forma deseada a la materia prima. De ahí a la defensa del determinismo hay un corto espacio por recorrer. Pero Marx afirma otra cosa. En el proceso de trabajo no sólo es transformado el objeto, sino que también se transforma el sujeto. De este modo, el trabajo encierra en potencia la posibilidad de modificar TODA la realidad existente. No se trata de un simple proceso de transformación material. En este punto, Marx sigue la línea de pensamiento expresada en las Tesis sobre Feuerbach.


Buenos Aires, domingo 23 de mayo de 2010