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lunes, 20 de julio de 2026

CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE LA SOCIOLOGÍA POLÍTICA DE MAX WEBER: APUNTES SOBRE BENDIX

 

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Ariel Mayo

(ISP Dr. J. V. González / UNSAM)


Reinhard Bendix (Berlín, 1916-Berkeley (California), 1991), sociólogo estadounidense de origen alemán. En 1938 emigró a EE. UU., huyendo del nazismo. Profesor en la Universidad de Chicago (1943-1946) y en la Universidad de California en Berkeley (desde 1947).

Bendix contribuyó a la comunicación entre la sociología empírica estadounidense y la sociología teórica europea. En este sentido, su trabajo sobre Max Weber[1] constituye un hito en su esfuerzo por conectar ambas sociologías.

La tercera parte se titula Dominación, organización y legitimidad: sociología política de Max Weber (pp. 272-459)

Referencia bibliográfica:

Bendix, R. (2000). Max Weber. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. 462 p. Traducción de María Antonia Oyuela de Grant.


9. Conceptos básicos de la sociología política (pp. 273-284)

Antes de su temprana muerte, Weber se proponía la unificación de los dos grandes sectores de su obra: a) la sociología de la religión; b) la sociología del poder (o la sociología política).

A. Intereses y autoridad (pp. 272-277)

Las definiciones de los conceptos sociológicos contenidas en el capítulo 1 de Economía y sociedad representan el intento de Weber por descomponer tres dimensiones de la vida social que suelen aparecer superpuestas: la autoridad, el interés material y la orientación valorativa.

Weber desarrolló un programa de investigación en el que analizó la influencia de las ideas religiosas sobre el comportamiento económico, así como la influencia que el interés por las ganancias materiales y por el prestigio social sobre el desarrollo de las ideas religiosas: “Consideradas abstractamente, estas líneas de investigación sugerían que los hombres en sociedad actúan unos con otros, y unos contra otros, sobre la base de su interés material y espiritual, y que mantienen una relación de autoridad y obediencia basados en ciertos sobreentendidos comunes.” (p. 274)

La sociología se ocupa únicamente “de la actividad social en cuanto esta tiene algún significado subjetivo para las personas comprometidas” (p. 274). En la vida social las personas se orientan hacia los otros, y al hacerlo adjudican cierto significado a su propia conducta.

Bendix utiliza el ejemplo de la religión para clarificar la cuestión de que la sociología se ocupa de las acciones con sentido [esto es, el sentido que los actores atribuyen a sus acciones]: “El acto de asistir a la iglesia —como cualquier otro comportamiento— siempre tiene dos atributos correlativos: en sociedad, los hombres se orientan los unos hacia los otros (aunque estén solos); también hacia ciertas normas (aunque sean inarticuladas).” (p. 275)

En otras palabras, todo comportamiento humano posee dos atributos: a) el porqué y el cómo actúan los seres humanos; b) el porqué y el cómo creen las personas en un orden moral, que les impone obligaciones.

Los dos atributos mencionados reaparecen en su obra en forma de secciones dedicadas a las constelaciones de intereses que se forman entre los seres humanos[2], y otras secciones dedicadas a los diferentes tipos de dominación[3].

“Aunque [Weber] no indicó en ninguna parte la significación que tenía en su obra, parece lícito sugerir que las condiciones de solidaridad fundadas en ideas o intereses, y el orden moral de la autoridad, asentado sobre la creencia en la legitimidad, eran para él las dos perspectivas que permitían obtener una visión satisfactoriamente amplia de la sociedad.” (p. 275)

Bendix aplica al comportamiento religioso las consideraciones anteriores. Así, la constelación de intereses significa en términos de asistencia al templo: 1) los miembros de la comunidad asisten a la iglesia y actúan de forma predecible porque “ comparten un sentimiento de solidaridad que encuentra expresión en el culto común” (p. ); b) porque “comparten un interés en los valores que van a realizarse mediante un culto común” (p. 275)

Cuando asisten a la iglesia, las personas se responden unas a otras en lo relativo a ciertas creencias que cultivan. Los motivos de este comportamiento pueden ser: a) una identificación emocional recíproca, como miembros de la misma comunidad amistosa; b) un respeto tradicional por la religión; c) un aprecio reverente por la santidad del sacramento o por la utilidad social de frecuentar la iglesia.

La relación de autoridad entre el ministro y su congregación se encuentra afectada por los vínculos comunales y asociativos.

“El ministro ocupa una posición de autoridad, en virtud de derechos y deberes que le han sido conferidos por su iglesia; es funcionario de un cuerpo colegiado, al par que miembro de una comunidad. La iglesia, a su vez, en salvaguardia de los valores de su misión religiosa, reconoce que el ministro ejerce su autoridad legítimamente. Pero este reconocimiento explícito solo incumbe a unos pocos miembros de la congregación, y los restantes se limitan a dar por sentada la autoridad. Como todas las instituciones organizadas, la iglesia invoca ciertas normas o máximas que en conjunto hacen de ella la encarnación de un orden legítimo. La conducta de los funcionarios eclesiásticos, al igual que la del laicado, se orienta en el sentido de esta idea, aunque en magnitudes variables. Tal orientación difiere por su índole de los sentimientos de solidaridad y los intereses comunes que rigen las relaciones comunales y asociativas de los miembros.” (p. 276)

La sociología weberiana de la religión asignó mayor peso a las constelaciones de ideas e intereses; en cambio, en la sociología política se concentró en el tema de la autoridad, dejando en un segundo plano la cuestión de las constelaciones de ideas e intereses. En otras palabras, la sociología de Weber osciló dentro de un continuum cuyos extremos iban desde las constelaciones de intereses hasta la cuestión de la autoridad.

B. Dominación, organización y legitimidad (pp. 277-284)

Weber definió al poder como la posibilidad de imponer la voluntad propia al comportamiento ajeno. Como tal, se encuentra en todas las relaciones sociales. 

Existen diversas fuentes de poder, entre las que destaca dos: a) el que deriva de una constelación de intereses surgida en un mercado formalmente libre; b) el que deriva de autoridad constituida, encargada de asignar el derecho al mando y el deber de la obediencia. Ahora bien, Weber propone restringir el uso del término dominación, dejando afuera todas las situaciones derivadas de constelaciones de intereses. 

Establece una identidad entre dominación y poder autoritario de mando. 

[Elementos de la dominación] Para que haya dominación deben concurrir los siguientes elementos: 1) un individuo que domine, o un grupo de dominadores; 2) un individuo o un grupo dominado; 3) la voluntad de los dominadores de influir en la conducta de los dominados y una expresión de esa voluntad (mandato); 4) evidencia de la influencia de los dominadores, en términos de grado objetivo de sometimiento al mandato; 5) testimonio directo o indirecto de esa influencia (la aceptación subjetiva con que los dominados obedecen el mandato).

La dominación comporta una relación de reciprocidad entre dominadores y dominados; en ella, la frecuencia efectiva del sometimiento es sólo un aspecto. Al lado de ella se encuentra el significado que dominadores y dominados atribuyen a la relación de autoridad: los dominadores pretenden tener autoridad legítima para emitir mandatos y que sean obedecidos; los dominados, por su parte, basan su obediencia en la idea de que los dominadores constituyen un orden legítimo de autoridad.[4]

“La dominación requiere un cuadro administrativo que ejecute los mandatos, y viceversa; toda administración requiere dominación, en cuanto el poder de mando sobre el personal administrativo debe estar encarnado en un individuo o en un grupo.” (p. 279)

Sólo en los casos en los que la administración es local y de dimensiones limitadas es posible prescindir de un aparato administrativo especializado. [La democracia directa, en la que cualquier ciudadano puede ejercer cualquier función (a punto tal que puede ser elegido por sorteo), tiene escaso margen de aplicación, si se está de acuerdo con el argumento weberiano.] A medida que la sociedad se vuelve más compleja[5], se destaca la superioridad técnica de los funcionarios que tienen preparación y experiencia. Surge una estructura administrativa al servicio de los dominadores.

Todas las organizaciones administrativas están constituida por personas que tienen las siguientes características: 1) están acostumbradas a recibir órdenes; 2) tienen un interés personal en el mantenimiento del régimen de dominación vigente, puesto que éste les reporta beneficios; 3) participan de la dominación; 4) se consagran con diligencia a su desempeño.

Respecto a las estructuras de masas, cualquier sistema de dominación puede volverse permanente. Las minorías dominantes poseen la ventaja de que su menor número (en relación a los dominados) les permite comunicarse fácilmente y coordinar sus acciones[6], mientras que las mayorías se hallan dispersas (sólo pueden contrarrestar la superioridad de la minoría dominante construyendo una organización semejante a la que posee aquella).

Podemos distinguir distintos tipos de organizaciones de dominación según la forma en que se distribuyen los poderes de mando entre la minoría dominante y su aparato; también según los principios de legitimidad en que se funda la obediencia a los funcionarios. Por esto, Weber analizó cada sistema de dominación tomando en cuenta tanto la organización en que se apoya como las creencias que sostiene.

Weber distingue tres principios de dominación (cada uno con su tipo de aparato correspondiente) entre los argumentos utilizados para justificar el poder de mando: 

A- Dominación legal: existe un sistema de reglas (aplicado judicial y administrativamente según principios verificables) válido para todos los miembros de la comunidad (incluidos los integrantes del “aparato” que sirve a la dominación). El poder de mando es ejercido por superiores, designados o elegidos mediante procedimientos sancionados legalmente, entre funcionarios dedicados al mantenimiento del orden legal. Todos los miembros de la comunidad son iguales ante la ley. El “aparato” existe de manera permanente y sus funcionarios están sujetos a reglamentaciones que fijan los límites a su autoridad. (p. 281)

B- Dominación tradicional: la creencia en el carácter legítimo de la autoridad se basa en el hecho de que “ha existido siempre”. El poder de mando es ejercido por señores, que poseen autoridad personal en virtud del estatus heredado. Sus mandatos son legítimos si están de acuerdo con los usos y costumbres, pero también pueden ejercer la arbitrariedad personal. Las personas que obedecen el mandato son súbditos (obedecen por lealtad personal o por un sentimiento de piedad religiosa hacia su estatus). El “aparato” adecuado a este sistema consiste o bien en asistentes personales (funcionarios domésticos y favoritos) del régimen patrimonial, o bien en aliados personalmente leales (vasallos y señores tributarios) de una sociedad feudal.  

C- Dominación carismática: la autoridad personal emana aquí de un polo opuesto al de la tradición. El poder de mando es ejercido por un líder (ya sea un profeta, un héroe o un demagogo), capaz de probar que posee carisma (poderes mágicos, revelaciones, heroísmo u otros dotes extraordinarios). Los funcionarios se seleccionan por su carisma propio, no por sus calificaciones especiales, su estatus o su dependencia personal.

A, B y C son tipos puros. En la realidad histórica, si bien en las formaciones sociales predomina alguno de estos tipos y estas formaciones tienden a persistir en el tiempo. Sin embargo, el cambio está siempre presente: se puede pasar tanto de un tipo a otro, como se puede verificar cambios dentro de un mismo tipo: “es el caso que los gobernantes sienten a cada momento la tentación de transgredir las limitaciones intrínsecas de su poder, y ocurre de tal suerte que, bajo cualquier régimen de dominación, los hombres tienden constantemente a cambiar el sistema, en tanto persiguen sus intereses materiales y espirituales.” (p. 284)


Mataderos, lunes 20  de julio de 2026



NOTAS:

[1] Max Weber: An Intellectual Portrait. New York, USA: Doubleday, 1960.  

[2] Weber empleó la frase lnteressenkonstellation [constelación de intereses], pero no la discutió. La noción se refiere a la formación de grupo fundada en intereses materiales e ideales compartidos por cierto número de individuos. (p. 275) 

[3] En la sociología weberiana está marcado el contraste entre consentimiento voluntario e imposición autoritaria. Así, en la sociología económica analizó las constelaciones de interés; en la sociología política se concentró en el análisis de los tipos de autoridad. 

[4] Bendix señala que Weber utiliza el término autoridad como sinónimo de dominación. Hay que tener presente que el empleo del concepto de dominación está limitado a las situaciones derivadas de la autoridad constituida, no a las que se derivan de las constelaciones de intereses. (p. 279)

[5] El sociólogo francés Émile Durkheim (1858-1917) apuntaría: en la medida en que se desarrolla y extiende la división del trabajo.

[6] “Cualquier minoría gobernante dispone de oportunidad para entablar comunicaciones rápidas, organizar su propia defensa, y de tal modo desbaratar todo ataque de las masas, mientras sus adversarios no se organicen en forma similar. Estas minorías gobernantes cuentan además con la ventaja de poder reservarse sus conocimientos, intenciones y decisiones, manteniéndolos en secreto. El creciente sigilo siempre denuncia un esfuerzo por proteger el sistema de dominación vigente.” (p. 280)

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