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miércoles, 13 de julio de 2011

FICHA DE LECTURA. GIDDENS, ANTHONY: PROFILES AND CRITICS IN SOCIAL THEORY (1982) (II)

Nota: Para la redacción de esta ficha se ha utilizado la traducción realizada por la cátedra de Filosofía y Métodos de la Carrera de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. La traducción de esta capítulo en particular estuvo a cargo de José Fernando García.

Capítulo 1: Hermenéutica y teoría social.

En este texto, Anthony Giddens (1938-) propone la utilización de la hermenéutica (entendida como teoría de la interpretación), en las ciencias sociales. El objetivo es superar los inconvenientes del método centrado en la verstehen (comprensión), defendido por Max Weber (1864-1920), y reconstituir el campo de las ciencias sociales, luego de la desaparición del llamado consenso ortodoxo (ver más abajo).

Para ser más precisos, Giddens afirma que es necesario promover el uso de la hermenéutica en las ciencias sociales anglosajonas, donde su uso no está muy difundido. Para ello sostiene que hay que desarrollar un concepto más amplio del concepto, que vaya más allá del significado que le otorgó Weber en su sociología comprensiva.

¿Cuáles son las razones de la escasa difusión de la hermenéutica en el mundo anglosajón?

La dificultad radica en la popularidad del llamado consenso ortodoxo, que fue hegemónico en la sociología, la política y las ciencias sociales en general desde la segunda posguerra (1945 en adelante).

El consenso ortodoxo tenía tres características principales: 1) la adhesión al marco de la filosofía positivista (en la versión desarrollada por filósofos como Carnap, Hempel y Nagel), que sostenía que las ciencias sociales tenían que seguir el modelo de las ciencias naturales; b) el peso del funcionalismo, que facilitaba la el empleo de las analogías orgánicas (pensar la sociedad como un organismo viviente, con funciones, etc.); c) el peso de la teoría de la sociedad industrial, que supone que la industrialización es la principal fuerza transformadora en el mundo contemporáneo.

El consenso ortodoxo dominó las ciencias sociales hasta la década de 1970, y proveyó de una relativa unidad al campo de las ciencias sociales. Su desaparición fue el efecto conjunto de la crisis económica de los países capitalistas (que puso en cuestión a las teorías de la modernización) y de las críticas teóricas al positivismo y al funcionalismo.

La crisis del consenso ortodoxo generó una situación de dispersión en las ciencias sociales. La propuesta de Giddens consiste en tomar la hermenéutica como elemento para estructurar una reconstitución de la teoría social.

Giddens se apoya en la crítica del positivismo llevada adelante por Peter Winch (1926-1997). Hay que tener en cuenta que el positivismo era el soporte filosófico del consenso ortodoxo; de ahí la importancia de la tarea emprendida por Winch.

¿En qué consiste el planteo de Winch?

En principio, este autor afirma que existe una diferencia fundamental entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. Esta diferencia consiste en el hecho de que la comprensión de la acción significativa (propia de las ciencias sociales) es distinta de la explicación de eventos (ciencias naturales).

¿Qué es la acción significativa?
Winch sostiene que las ciencias sociales son posibles porque la acción humana no está regida por el azar, sino que es inteligible (puede ser comprendida). Ahora bien, la acción humana puede ser comprendida porque está regida por reglas, que guían la conducta de los actores en cada acción. La acción es significativa porque los actores guían su conducta por esas reglas. Las reglas no son iguales a las leyes en las ciencias naturales (algo fijo que actúa desde afuera de los individuos, para decirlo de un modo burdo), sino que tienen que ser conocidas por medio de la interpretación. De ahí que la hermenéutica, que es justamente interpretación del sentido, tenga que desempeñar un rol fundamental en las ciencias sociales.

Giddens acepta el planteo de Winch, pero no está de acuerdo en que un giro hacia la hermenéutica de la teoría social alcance para eliminar todos los problemas generados por la crisis del consenso ortodoxo. Esto es así, ante todo, porque la obra de Winch revive la vieja distinción (que ya había sido aceptada por Weber) entre comprensión (vertehen, propia de las ciencias sociales) y explicación (erklären, propia de las ciencias naturales). Giddens afirma que es preciso romper con esta separación, y reconocer que también se puede formular explicaciones en las ciencias sociales.

¿En qué consiste la propuesta de Giddens?

En construir una teoría social, es decir, un cuerpo teórico reconocido por todas las ciencias sociales, que esté informada hermenéuticamente.

¿Cuáles son las características de esta teoría social informada hermenéuticamente?

Giddens sostiene que dicha teoría abarca muchos aspectos, pero en el texto se va a concentrar específicamente en dos. Por un lado, la respuesta a la crisis del funcionalismo propio del consenso ortodoxo, para lo cual va a ofrecer una teoría de la estructuración. Por otro lado, el intento de precisar en qué medida la hermenéutica es útil en la teoría social. En este punto va a sostener que la teoría social toma una forma especial de hermenéutica, y le va a dar el nombre de doble hermenéutica a su planteo.

¿Qué es la teoría de la estructuración?

Giddens enumera en el texto algunos de los rasgos fundamentales de su teoría de la estructuración:

a) Es necesario formular una nueva teoría del sujeto, que rompa definitivamente con los planteos positivistas (que negaban toda importancia al sujeto, al que consideraban como una mera máquina de recopilar información vía los sentidos) y que incorpore el aporte de los estructuralistas, quienes advirtieron que el análisis social no puede reducirse al estudio de la conciencia humana (como sostenían los individualistas metodológicos). Para Giddens hay que recuperar al sujeto como un ser razonante y actuante, cuyo conocimiento es fundamental para entender la acción social.

b) Es necesario rechazar el subjetivismo, pues las teorías que sostienen ese punto de vista se han mostrado incapaces de explicar cómo surge el sujeto. Giddens propone resolver el problema mediante una teoría de la estructuración, en la que ni el sujeto (el individuo que actúa) ni el objeto (la estructura) son lo primero, sino que ambos (sujeto y objeto) se constituyen en y a través de prácticas recurrentes. Así, si hablamos de acción humana (que supone hablar de la acción con sentido de los seres humanos), estamos hablando también de instituciones (prácticas que se realizan con regularidad, que se repiten, y que vienen a ser la estructura de la sociedad – ojo, estructura constituida por prácticas y no por cosas, por elementos materiales - ). Para Giddens los componentes esenciales de la acción humana son la capacidad (la posibilidad de que el agente – quien realiza la acción – pueda actuar de un modo diferente al curso de acción que ha elegido), y la cognoscibilidad (los agentes conocen, de manera tácita, un montón de cosas sobre la sociedad y las condiciones que rigen cada una de las acciones que emprenden). Mediante todo este conjunto de elementos teóricos, Giddens procura escapar del dualismo objeto – sujeto propio de los planteos del consenso ortodoxo.

De este modo, Giddens llega a una concepción de la estructura en la que ésta es tanto el medio (en la medida en que plantea las condiciones para la acción, que son conocidas tácitamente por los agentes), como el resultado de las prácticas de los actores. Hay que hacer aquí una aclaración. Puesto que Giddens reconoce que los actores sociales tienen capacidad (pueden elegir entre varios cursos de acción posibles), prefiere hablar de agentes y no de actores. Remarca así el rol activo (dentro de un medio que los condiciona) que juegan en la acción.

¿Qué es la doble hermenéutica?

Ante todo, hay que decir que Giddens rechaza cualquier concepción psicológica de la comprensión, es decir, cualquier noción de ella que esté centrada en el conocimiento de la psicología propia de cada individuo. Es importante tener en cuenta que para Giddens la explicación tiene que ser incorporada a la teoría social, para de ese modo superar el dualismo entre comprensión y explicación. De ahí el rechazo de la comprensión como mecanismo psicológico.

Giddens retoma los aportes del filósofo alemán Hans Gadamer (1900-2002), que piensa a la hermenéutica en términos del análisis de los textos. Gadamer sostiene que el concepto de lenguaje es el medio a través del cual la comprensión se vuelve fundamental para la vida humana.

Tal como indicaron varios autores, entre los que se destaca Alfred Schütz, la sociedad es un mundo pleno de sentido, y los seres humanos están realizando todo el tiempo la comprensión de ese sentido, pues de no hacerlo su vida sería imposible. Ahora bien, para Giddens, la doble hermenéutica no depende de si el actor cuya conducta está siendo estudiada es capaz de captar el sentido de su acción, sino de que el investigador de esa acción esté en condiciones de captar los conceptos que orientan la acción de los actores.

La doble hermenéutica consiste, por tanto, en que la comprensión del sentido se da tanto entre los individuos comunes en la vida cotidiana (tienen que comprender el sentido para poder sobrevivir), como en el plano de la teoría social, pues los investigadores tienen que comprender el sentido de los actores que realizan las acciones sociales.

La aceptación de la validez de la doble hermenéutica supone afirmar que la relación entre las ciencias sociales y la vida de los seres humanos es dialógica (consiste en un diálogo), en el sentido de que los logros de las ciencias sociales pueden ser tomados por los sujetos que son estudiados por aquéllas, y modificar de ese modo sus acciones. En otras palabras, esto abre la posibilidad tanto de promover la dominación o la emancipación de los seres humanos. Este diálogo entre ciencias sociales y la vida de los seres humanos no existe como tal en el campo de las ciencias naturales. En este sentido, Giddens concluye esta parte de su obra afirmando que la teoría social es “inevitablemente crítica”. Esto significa que los investigadores sociales no pueden permanecer indiferentes a las implicaciones de sus teorías e investigaciones. Aquí entra a tallar otra vez la noción de agente, pues Giddens sostiene que los seres humanos no son un objeto inerte de conocimiento (en el sentido de que puede ser manipulado como una piedra o una célula), sino que son agentes “inclinados a incorporar la teoría e investigación a su propia acción”.

Buenos Aires, miércoles 13 de julio de 2011

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