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domingo, 13 de marzo de 2011

APUNTES SOBRE EL PENSAMIENTO "NACIONAL Y POPULAR" EN LOS TIEMPOS DEL KIRCHNERISMO (TERCERA PARTE)


La nota editorial de Brienza subestima los logros del "kirchnerismo". Si tomáramos al pie de la letra lo escrito en su artículo, los gobiernos de Néstor Kichner y Cristina Fernández se habrían limitado a promover la movilidad social y a generar una capa de "empresarios amigos" de la presidencia. El "kirchnerismo" es mucho más que eso, pues representa una reconversión del capitalismo en Argentina luego de la crisis del neoliberalismo y de la Convertibilidad en 2001, y exige, por tanto, un tratamiento mucho más atento que el que da muestras nuestro amigo del campo "nacional y popular". Ahora bien, cabe preguntarse cuáles son las razones por las que el señor Brienza, editorialista del diario principal del "kirchnerismo", privilegia estos temas.

Aquí me veo obligado a volver al comienzo de esta nota. El pensamiento "nacional y popular" se ha vuelto a poner de moda, entre otras cosas, porque la implosión del neoliberalismo en 2001 dejó sin apoyatura ideológica a la burguesía argentina. La reconversión de la estructura capitalista de nuestro país requería de una nueva matriz ideológica, y lo "nacional y popular" estaba a mano y era accesible a los cuadros del peronismo, partido que llevó adelante la tarea de reestructurar el capitalismo argentino en la primera década del siglo XXI, así como también lo había hecho en la década de los '90. No es este el lugar para analizar las causas de la versatilidad ideológica del peronismo, basta con constatar el hecho de que sus cuadros retomaron la matriz "nacional y popular" con la misma relativa facilidad con que adhirieron a los preceptos del neoliberalismo.

Brienza retoma, por tanto, los temas centrales del pensamiento "nacional y popular". En un sentido, parece que hubiéramos vuelto a retomar el debate tal como éste se plasmó en la década del '60. Sin embargo, la destrucción de las bases económicas y sociales del peronismo del período 11945-1976 por la dictadura militar de Videla y Cia, y la influencia posterior de la década menemista, dejaron huellas profundas que aparecen a cada momento en el "nuevo pensamiento nacional y popular". Como ha sucedido con tantos movimientos artísticos, los temas del viejo pensamiento de los '60 se repiten una y otra vez, pero deformados, desfigurados, con su vigor inicial reducido a mero formulismo. Volvamos otra vez al texto de Brienza para tratar de aclarar esta afirmación.

John William Cooke (1920-1968) escribió, en su obra Peronismo y revolución, que "el peronismo sigue siendo el hecho maldito de la política argentina: su cohesión y empuje es el de las clases que tienden a la destrucción del statu quo." En otras palabras, el peronismo era "subversivo" porque representaba a la clase trabajadora, cuyo interés primordial era la destrucción de un régimen social basado en la propiedad privada de los medios de producción (y, por supuesto, en el desarrollo consecuente de la lucha antiimperialista). Se puede estar de acuerdo o no con Cooke, pero no puede negar que su definición del carácter "subversivo" del peronismo era clara. Casi medio siglo después, Brienza retoma la definición de Cooke, pero le da un contenido totalmente distinto. El peronismo sigue siendo un hecho "subversivo en esta sociedad". Pero esta "subversión" se ha visto transformada en la promoción de "una desprolija movilidad social" y en la "construcción de un capitalismo de «empresarios amigos». El pintor sigue usando los mismos colores, pero el cuadro que está pintando es muy diferente...

Se me podrá objetar que las situaciones políticas son muy diferentes a las de los '60 y '70, y que el "nuevo pensamiento nacional y popular" ha debido adaptarse a un nuevo contexto. Esto es muy cierto. Pero el problema radica en que Brienza no dice esto, no hace un análisis pormenorizado de la correlación de fuerzas en la sociedad argentina (un buen diagnóstico es siempre la base de una buena acción política). Por el contrario, prefiere arrancar con el "estamos ganando" y afirmar así que es "subversivo" todo aquello que tiene que ver con las condiciones de una sociedad capitalista en su fase expansiva. De este modo se asegura no entrar en confrontación con los empresarios, quienes pueden seguir explotando a sus trabajadores con la convicción de que están protagonizando un inmenso cambio cultural.

En 1973 el general Juan Domingo Perón (1895-1974) fue elegido por tercera vez presidente del país. Su proyecto económico giraba en torno al llamado Pacto Social, una alianza entre empresarios y trabajadores concebida con el objetivo de asegurar tanto el crecimiento económico como la redistribución de la riqueza. Para lograr ese propósito, Perón apeló a una parte del empresariado, representado por la CGE (Confederación General Económica), cuyo máximo dirigente era José Ber Gelbard (), ministro de Economía del tercer gobierno peronista. Para Perón la CGE era la encarnación de la burguesía nacional, cuyos intereses, antagónicos con el imperialismo y las grandes corporaciones multinacionales, iban de la mano con la creación de un modelo de capitalismo nacional. La historia mostró, en todo caso, la enorme debilidad de la supuesta burguesía nacional, y su escasa predisposición a marchar codo a codo con los trabajadores. Pero nadie puede achacarle falta de claridad a la política económica de Perón y Gelbard. 38 años después, Brienza retoma el viejo tema de la burguesía nacional. Pero la nueva versión es particularmente insulsa. El capitalismo de "empresarios amigos" (hay que agradecerle a Brienza por la franqueza) no es otra cosa que la aceptación incondicional de las reglas de juego del capitalismo.

El peronismo de las décadas del '50 y del '60, y el de la tercera presidencia de Perón, tuvo por meta una mejor distribución de la riqueza, cuyo punto ideal fue la concreción de un 50-50 (50% de los ingresos para los empresarios, 50% para los trabajadores). Era, por cierto, un ideal reformista y se basaba en el supuesto de que era posible lograr la armonía entre empresarios y trabajadores (la "comunidad organizada", diría el general). Pero implicaba la adopción de medidas concretas de redistribución y representaba un fortalecimiento de la posición de los trabajadores. En el fondo, partía del reconocimiento de las diferencias entre empresarios y trabajadores, en tanto las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista. En el artículo de Brienza, el tema de la redistribución se ha transformado en el de la "desprolija movilidad social". Para no repetir lo ya dicho, basta con indicar que esto no es otra cosa que el capitalismo. Inclusive, y esto es a mi juicio un exabrupto de Brienza, centrarse en la movilidad social empequeñece el papel del Estado (tan enaltecido por los políticos e intelectuales "kirchneristas"), pues la movilidad social obedece, en principio, a la naturaleza misma de la sociedad capitalista.

En definitiva, Brienza plantea, tal vez sin proponérselo, una revisión de algunos de los puntos centrales del pensamiento "nacional y popular". No se trata, por cierto, de una reformulación definitiva ni aceptada por todos los intelectuales y publicistas "kirchneristas". Brienza ha escrito, con franqueza inusitada, un artículo editorial en el principal diario "kirchnerista", nada más y nada menos. Pero su planteo toma nota de un clima cultural, y resulta representativo en ese sentido. Parafraseando el epígrafe de estos comentarios, "hay que empezar por contar las piedras" para poder comprender la naturaleza de los cambios experimentados por la sociedad argentina en la primera década del siglo XXI. Sólo de ese modo podemos aspirar a ser verdaderamente "subversivos".

Mataderos, domingo 13 de marzo de 2011

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