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viernes, 15 de abril de 2016

FICHA: WALLERSTEIN, “LAS CIENCIAS SOCIALES EN EL SIGLO XXI” (1999)

Noticia bibliográfica:

Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Julieta Barba y Silvia Jawerbaum, incluida en: Wallerstein, Immanuel. (2005). Las incertidumbres del saber. Barcelona: Gedisa. (pp. 23-35). El texto en cuestión es el capítulo 2 de la obra.
Título original: "Social sciences in the twenty-first century". Publicado por primera vez: Kazancigil, Ali y Makinson, D., comps. (1999). World Science Report, 1999. Unesco. (pp. 42-49).


Wallerstein encara la cuestión de tratar el futuro inmediato de las ciencias sociales, esto es, el siglo XXI [Recordar que el texto fue redactado en 1999].

El método elegido es el siguiente: a) examinar el pasado reciente de las ciencias sociales (CS a partir de aquí), y para ello analiza el proceso histórico de construcción de las mismas; b) el proceso histórico de construcción de las CS se ubica dentro de la evolución de las estructuras del saber en general y del marco institucional del sistema universitario en particular (p. 23). Tanto a como b se abordan en tres marcos temporales: la construcción histórica, los desafíos actuales y las posibles alternativas futuras. A su vez, en cada marco temporal trata tres cuestiones: las estructuras del saber en general, la evolución del sistema universitario, el carácter particular de las ciencias sociales. (p. 23-24).


Las estructuras generales del saber en los distintos sistemas históricos son diferentes a las del mundo moderno. En los primeros, “todo el saber se consideraba unificado en el nivel epistemológico” (p. 24) (1). En el sistema moderno, en cambio, hay “dos culturas”: filosofía y ciencia.

Entre 1750-1850 se produjo la separación entre filosofía y ciencia. A partir de allí, ambas fueron consideradas como formas de saber antagónicas.

La mencionada escisión se reflejó de dos modos en el sistema universitario: a) la reorganización de las facultades, sobre todo la evolución de la facultad de filosofía. Aparecieron dos facultades separadas: una de artes (o humanidades o filosofía) y otra de ciencias; b) crecimiento sostenido del prestigio cultural de la ciencia a expensas de las humanidades/filosofía.

Las CS se institucionalizaron a fines del siglo XIX, en pleno predominio de la ciencia. La división en “dos culturas” se expresó como disputa metodológica: 1) epistemología idiográfica, con acento puesto en la particularidad de los fenómenos sociales, la utilidad limitada de las generalizaciones y la necesidad de empatía para la comprensión de los fenómenos sociales; 2) epistemología nomotética, centrada en la utilización de los métodos de las ciencias naturales para la búsqueda de leyes universales. Los primeros seguían el modelo de las humanidades; los segundos, el de la ciencia. Las tres CS principales (economía, ciencia política, sociología) eligieron ser nomotéticas; el resto, fueron más humanísticas y narrativas. (p. 25). (2)

El proceso de disciplinarización de las CS fue complejo:

1750-1850: Panorama confuso. Multiplicidad de nombres para designar a las protodisciplinas.

1850-1945: Simplificación del panorama. La multiplicidad se redujo a pocos nombres. Tres clivajes a fines del siglo XIX: división entre pasado (historia) y presente (economía, ciencia política, sociología); división entre el mundo occidental civilizado (las cuatro disciplinas mencionadas) y el resto del mundo (antropología para los pueblos “primitivos” y los estudios orientales para las grandes civilizaciones no occidentales); división entre la lógica del mercado (economía), la del Estado (ciencia política) y la de la sociedad civil (sociología).

1945: Auge de la disciplinarización. Comienza a desintegrarse la división en divisiones claras. La expansión de los sistemas universitarios en todo el mundo y el crecimiento del número de cientistas sociales promovió la búsqueda de nuevos “nichos” de trabajo. Auge de los programas de estudios interdisciplinarios. Ampliación del número de nombres, proceso que prosigue en la actualidad. La situación se asemeja a la del período 1750-1850. (p. 26).

La división trimodal del saber (ciencias naturales, humanidades, CS) pasó a ser criticada. Surgieron dos grandes movimientos nuevos de saber: ciencias de la complejidad (originadas en las ciencias naturales) (3) y los estudios culturales (origen en las humanidades) (4). Ambos se dirigieron contra la modalidad dominante en las ciencias naturales desde el siglo XVII: la mecánica newtoniana.

La doble ofensiva sobre la mecánica de Newton trajo como consecuencia en las CS que los científicos sociales pudieran considerar seriamente la afirmación: “el mundo social es en sí un área incierta.” (p. 28).

A comienzos del siglo XXI, las CS se encuentran con “una considerable incertidumbre acerca de la validez de los límites disciplinares dentro de las ciencias sociales y con un cuestionamiento real, por primera vez en dos siglos, de la legitimidad de la línea divisoria epistemológica entre las «dos culturas» y, con ello, de la partición triple del saber en las supercategorías ciencias naturales, humanidades y ciencias sociales, éstas últimas ubicadas en el medio.” (p. 28).

Wallerstein analiza el panorama actual de las CS tomando en cuenta las dos culturas, la posible reestructuración de las CS, la relación de esos cambios con el sistema universitario en sí. (p. 28).

El divorcio entre ciencia y filosofía se basó en una división de tareas: los filósofos se ocupaban de “lo bueno”; los científicos, de “lo verdadero”. Por eso la ciencia se atribuyó el monopolio de la búsqueda de la verdad. (p. 29). Posteriormente, hubo intentos de unificar la búsqueda del bien y la de la verdad. Pero chocaron con la falta de unidad de los dos movimientos serios que cuestionaron la división en “dos culturas”: las ciencias de la complejidad y los estudios culturales. No ha podido elaborarse una epistemología nueva: ni nomotética ni idiográfica, ni universalista ni particularista, ni determinista ni relativista. (p. 30).

La construcción de un nuevo consenso epistemológico tiene que contemplar los siguientes asuntos de larga data:

1)    Partiendo del supuesto de que el universo es real, ¿cómo es posible concebir una realidad más general que la que representa la fotografía individual de un momento irrepetible de ese universo?

2)    ¿Cómo puede medirse el impacto del observador en el objeto medido?

3)    ¿Cómo llevar adelante las comparaciones, detectando similitudes y diferencias?

4)    ¿Cuáles son las unidades más significativas de análisis que pueden resultar útiles para comprender el universo y sus partes?

Más allá de las disputas epistemológicas, la división trimodal expresa divisiones de organización fuertes. Por ejemplo: los estudiantes de grado y posgrado obtienen títulos en disciplinas específicas. “Así, las disciplinas, en cuanto organizaciones, controlan en medida el ingreso, confieren prestigio y rigen el avance dentro de la jerarquía de la carrera académica. También tienen autoridad para poner en vigencia leyes «proteccionistas».” (p. 31).

Las disciplinas existentes son “culturales” = “comparten recortes y supuestos en la elección de los temas de investigación, el estilo del análisis y las lecturas requeridas dentro de la comunidad académica. Dan a conocer a sus héroes culturales (a quienes ubican dentro de la «tradición») y practican los rituales necesarios para revalidar su propia cultura. Pocos cientistas sociales de hoy dejan de identificarse, con mayor o menor comprensión, con una disciplina en particular y de asegurar, al menos sotto voce, la superioridad de su  propia disciplina sobre aquellas con las que compite dentro de las ciencias sociales. No debería subestimarse el alcance y la eficacia de tal lealtad cultural.” (p. 32).

Existen dos “fuerzas potentes” que debilitan la capacidad de las disciplinas para reproducirse a sí mismas: a) la práctica real de los académicos más activos (5); b) las necesidades de quienes manejan los recursos financieros. (6)

Wallerstein pasa a analizar las perspectivas. Dos cosas son seguras: 1) la Universidad ya no tiene el monopolio de la producción y reproducción del saber; 2) se reabrió el debate en torno a las “dos culturas”.

La posibilidad de construir un nuevo consenso en las CS gira en torno al cuestionamiento de la división trimodal de la Universidad en ciencias naturales, humanidades y CS.

Por último, “las ciencias sociales intentan articular lo que sucede, ofrecen una interpretación de la realidad social que la refleja y la afecta al mismo tiempo, de modo que constituyen una herramienta tanto para los poderosos como para los oprimidos. Son un campo de lucha social, pero no es única, y probablemente no el principal. Su forma se verá condicionada por el resultado de las luchas sociales futuras así como su forma histórica se vio condicionada por luchas sociales del pasado.” (p. 35).

[Más allá de esta última observación, todo el artículo gira en el vacío de lo social, en el sentido de que no dice una palabra acerca del proceso de luchas sociales que influyeron decisivamente en la constitución de las CS. Esta es la mayor tara del texto.]



Villa del Parque, viernes 15 de abril de 2016

NOTAS:

(1)  La ausencia de límites era doble: “no existía la idea de que los académicos tuvieran que acotar su actividad a un campo de conocimiento, y la filosofía y la ciencia no se consideraban campos separados del saber.” (p. 24).

(2)  Wallerstein acota que también las humanidades procuraron ser “científicas” a su manera. Mostraron interés por los datos empíricos, pero dejaron de lado las generalizaciones universales. (p. 25).

(3)  Sus postulados: el equilibrio es una excepción; el futuro está intrínsecamente indeterminado; la autoorganización es el proceso esencial de toda materia. En síntesis: flecha del tiempo en lugar de la certeza; la incertidumbre como supuesto epistemológico; la explicación de la complejidad (y no de la simplicidad) como producto último de la ciencia. (p. 27).

(4)  Sus ejes: el ataque al determinismo y el universalismo. “Los textos son fenómenos sociales, creados y leídos o evaluados en un determinado contexto.” (p. 27).

(5)  Estos académicos conforman en torno a sí (a sus proyectos de investigación) pequeñas comunidades de investigadores, poco numerosas, integradas por especialistas de varias disciplinas. Ello erosiona el carácter monolítico de las disciplinas. Su labor no tiene en cuenta la divisoria clásica: presente/pasado, civilización/barbarie, mercado/Estado/sociedad civil.


(6)  La expansión de los sistemas universitarios (proceso que se inició después de 1945) desarrolló la competencia por recursos financieros. La crisis económica agudizó ese proceso. En la actualidad ha llevado a que muchos académicos abandones las estructuras universitarias y se instalen en instituciones por fuera de las mismas. Esto contribuye a horadar las divisiones tradicionales en las CS.

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