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jueves, 21 de abril de 2016

FICHA: WALLERSTEIN. “EL FIN DE LAS CERTIDUMBRES EN LAS CIENCIAS SOCIALES” (2000)

Noticia bibliográfica:

Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Julieta Barba y Silvia Jawerbaum, incluida en: Wallerstein, Immanuel. (2005). Las incertidumbres del saber. Barcelona: Gedisa. (pp. 37-54). El texto en cuestión es el capítulo 3 de la obra. Agradezco la colaboración de mi compañera Pez López, quien me facilitó sus notas de lecturas.

Título original: "The End on Certainties in the Social Sciences". Publicado por primera vez en SCIENZA E STORIA, núm. 13, 2000, pp. 17-29.



El punto de partida de Wallerstein consiste en la idea de que la incertidumbre es un factor desestabilizador de la vida social, pues genera inseguridad. Para evitar este riesgo, los seres humanos recurrieron a fuentes de certeza (magia y los magos, dioses y sacerdotes, la autoridad colectiva y comunitaria). De ahí que la religión [para hablar en general] servía para “estabilizar las estructuras sociales” (p. 37). [Wallerstein limita el papel de la religión a lo cognitivo e ideológico, dejando afuera el papel político de la misma.]

La eficacia de las fuentes de certeza se plasmaba en las predicciones. Cuando éstas fallaban, se condenaba a los artífices del arte de la certidumbre (ej., los sacerdotes) y no a la creencia en la posibilidad de certezas ni en el sistema que las aseguraba. (p. 37-38).

El sistema-mundo moderno (el capitalismo) requería predicciones precisas; la inversión y la ganancia no podían apoyarse ni en magia ni en religión. Surgió (y fue respaldado y sancionado socialmente) “un nuevo modelo de certificación de la verdad”: la ciencia moderna. (p. 38).

La creación de la ciencia moderna se dio a través de dos etapas:

1)    Ataque filosófico al significado de las verdades reveladas (conocidas únicamente por los sacerdotes). “Los filósofos defendieron la idea de que todos los seres humanos tienen la capacidad innata de razonar por sus propios medios y llegar a la verdad. (…) su principal interés fue negar el derecho de las autoridades religiosas y políticas a promulgar la verdad.” (p. 38). Según Wallerstein (W a partir de aquí) en esto consiste el mensaje fundamental de la Modernidad. (p. 38).

2)    Fundamentación de por qué los científicos producen enunciados verdaderos. Los enunciados verdaderos tienen que comprobarse con evidencia empírica. Los datos deben recolectarse siguiendo métodos específicos, que pueden ser reproducidos por el conjunto de la comunidad científica. “En realidad, los científicos afirmaban que no eran todos los filósofos sino un subgrupo de ellos, los científicos, quienes tenían el derecho moral de ser reconocidos como fuente de enunciados verdaderos válidos.” (p. 39). Para comienzos del siglo XIX los científicos eran los únicos individuos cuyos enunciados sobre el mundo contaban con plena aprobación social.

El credo de la ciencia tenía una característica contradictoria. En el plano teórico, “los científicos proclamaban el rechazo absoluto de toda autoridad como fundamento de legitimación de la verdad y un igualitarismo absoluto respecto de quién podía formular enunciados verdaderos válidos.” (p. 39). Ah, pero en la práctica… “los científicos mostraban que no era exactamente eso lo que querían decir. En realidad, no creían que toda autoridad fuese legítima ni que cualquiera pudiese exponer sus verdades en el libre mercado de las ideas.” (p. 39). Eran las pequeñas comunidades de especialistas (los practicantes de cada ciencia específica) quienes constituían la autoridad colectiva; sólo aquellos que tenían una formación especializada en una disciplina tenían derecho a opinar. (p. 39).

“A un observador de otro planeta le parecería que la deferencia con que se trataba a los científicos en el siglo XX no era muy distinta del trato que recibían los magos, los sacerdotes o las autoridades locales de antaño.” (p. 39).

Otra paradoja de los científicos. Mientras predicaban el escepticismo, “también afirmaban que la certidumbre era intrínsecamente posible y que por lo tanto llegaría el día en que se sabría todo de todas las cosas. Esa es la concepción determinista del mundo, central para lo que llamamos la ciencia moderna.” (p. 40; el resaltado es mío – AM-). El determinismo fue la piedra de toque de la mecánica newtoniana, “considerada durante mucho tiempo el programa científico fundamental, el modelo de toda empresa científica.” (p. 40). Los criterios de cientificidad fueron: determinismo, linealidad, equilibrio y reversibilidad. (p. 40).

Sin embargo, durante el siglo XX el modelo de ciencia newtoniana recibió críticas severas, provenientes de la física y de la matemática. Resultados: las probabilidades ocuparon el lugar de las certezas; el caos determinista, el lugar del determinismo; la tendencia a alejarse del equilibrio y la bifurcación en lugar de la linealidad; los fractales en lugar de las dimensiones de enteros; la flecha del tiempo en vez de la reversibilidad; la ciencia como parte de la cultura en vez de cómo actividad fundamentalmente distinta del pensamiento humanístico. (p. 40).

¿Cuál fue el impacto en las CS del cuestionamiento de la ciencia newtoniana?

Hay que empezar reconociendo que las CS se institucionalizaron a fines del siglo XIX en pleno predominio cultural de la ciencia newtoniana. “El objeto de las ciencias sociales, dijeron los científicos una y otra vez, es descubrir leyes de alcance universal afines a las formuladas en la física.” (p. 40). Pero en la práctica se mostraron impotentes para realizar predicciones. Atribuyeron ese fracaso a la inmadurez colectiva de sus disciplinas, no al modo de teorización elegido. (p. 41).

La crítica a la ciencia newtoniana modificó la psicología colectiva de los científicos sociales, pues los puso “en condiciones de considerar seriamente por primera vez el enunciado del sentido común que con tanto rigor habían rechazado: la idea de que el mundo social es un terreno intrínsecamente incierto.” (p. 41).

W afirma que pensar el mundo social como un terreno incierto es un enunciado de sentido común. (p. 41).

¿Qué ocurriría si el mencionado enunciado – carácter incierto del mundo social – se tomara como fundamento del trabajo de las CS?

[W retoma conceptos de Prigogine] Los científicos buscan regularidades dentro de un sistema, pero dicho sistema se aleja del equilibrio y en un momento dado se transforma en otra cosa. Por eso, las regularidades obtenidas terminan siendo inútiles.

“…en el mundo hay modelos de explicación para los cambios y que los cambios en sí caen dentro de dos categorías bien distintas: los que forman parte de las regularidades intrínsecas del sistema y los que implican una transición o transformación de un contexto sistémico a otro.” (p. 42).

Si se define a las sociedades como sistemas sociales históricos, hay que distinguir tres momentos en el análisis: la génesis, el funcionamiento continuo y la crisis sistémica.

W presenta una guía metodológica (Búsqueda de ritmos cíclicos y tendencias seculares) para “observar al mismo tiempo cómo se conservan intactos los rasgos esenciales del sistema y cómo el sistema evoluciona en una dirección que lo aleja del equilibrio y lo lleva a una inexorable bifurcación.” (p. 44).

W sostiene que los sistemas sociales se comportan del mismo modo que los otros sistemas, pero son más complejos y, por ende, resulta más complicado medir sus ritmos. (p. 45).

La dificultad es la siguiente. En los sistemas, el equilibrio siempre está en movimiento y es posible observar en qué dirección se mueve. Esto se llama linealidad del sistema para los deterministas y tendencias seculares según W. (p. 45). Ahora bien, “todas las tendencias seculares alcanzan un punto en el que no pueden seguir extendiéndose de manera lineal. Y este es el punto preciso en que los sistemas históricos llegan a una crisis que conduce a la bifurcación.” (p. 46).

A continuación, W vuelve a la carga contra la “ciencia normal” newtoniana. Plantea que hay que tener en cuenta tres cuestiones:

1)    “Su legitimidad proviene de los resultados de las políticas que se eligen tomándola como fundamento. En el caso de las ciencias naturales, la legitimidad está en sus aplicaciones tecnológicas o de ingeniería.” (p. 47). Las CS intentaron seguir el mismo camino, se volcaron a la formulación de leyes nomotéticas y a la consiguiente predicción. Fracasó la ingeniería social. Esto puede promover la búsqueda de otro camino.

2)    Optar por el camino esbozado en el punto 1 hizo que las CS se pusieran “anteojeras epistemológicas”. Recién ahora los cientistas sociales han vuelto a la filosofía. [No estoy de acuerdo. En sus orígenes, la sociología clásica y el marxismo fundamentaron de manera sólida sus bases epistemológicas. Marx, Durkheim, Weber son prueba de ello.]

3)    La “ciencia normal” newtoniana deja de lado toda preocupación por las “incertidumbres más generales de la realidad social”. Dichas incertidumbres son las que “delinean la evolución histórica de la especie humana y que nos dicen lo que realmente queremos saber: dónde estuvimos, dónde estamos y hacia dónde es probable que nos dirijamos o, mejor aún, cuál de los futuros posibles es razonable que busquemos porque lo preferimos a otros.” (p. 47).

W apunta al pasar que una de las razones por las que no se presta atención al estudio de las bifurcaciones fundamentales radica en que el conocimiento de las mismas afecta la acción de las “minorías privilegiadas” (p. 48). [Ni una palabra de clases ni mucho menos de lucha de clases.] Sostiene que la mayoría de las “revoluciones” (políticas, económicas, etc.) fueron “ajustes menores”. Los verdaderos pasajes de un sistema histórico a otro “pueden haber sido muy caóticos y difíciles de clasificar”. (p. 48).

W afirma que en la actualidad:

“el sistema-mundo moderno se encuentra ante una bifurcación fundamental. Atraviesa una crisis sistémica, que en consecuencia afecta también las estructuras del saber. (…) tenemos frente a nosotros no una sino dos grandes incertidumbres sociales: cuál será la naturaleza del nuevo sistema histórico que estamos construyendo y cuál será la epistemología de nuestras nuevas estructuras del saber.” (p. 48).

Respecto a la crisis de la economía-mundo capitalista, W no va a ocuparse. Sólo indica: “producto de largas tendencias seculares que se han alejado del equilibrio, hoy en día asistimos a un recorte de las ganancias que impedirá la acumulación ilimitada de capital, fuerza motriz del desarrollo capitalista. Esta restricción es el resultado de por lo menos tres vectores separados: el incremento secular de los salarios reales en toda la economía-mundo, la creciente destrucción del medio ambiente como consecuencia de la externalización institucionalizada de los costos, y las crisis fiscales estatales, provocadas por la democratización del sistema mundo, que han elevado significativamente los niveles mínimos de exigencias al Estado en materia de educación, salud y salario mínimo de por vida. Además, ha colapsado la legitimidad de las estructuras del Estado gracias a la creciente desilusión respecto de la posibilidad de reducir la polarización del sistema-mundo, legitimidad que fue durante mucho tiempo un mecanismo fundamental para mantener el equilibrio.” (p. 48-49).

¿Qué sucede con las estructuras del saber?

La ofensiva de los científicos quebró la unidad del saber, hasta concretar el divorcio entre ciencia y filosofía (o humanidades) hacia 1750. Además, desde el siglo XIX, los científicos acapararon el monopolio de la verdad. Esto se resquebrajó en el último tercio del siglo XX, donde se presentaron argumento en contra de la división entre la ciencia y la filosofía.

Conceptos como el de flecha del tiempo (Prigogine), ayudaron a los científicos sociales a comprender que podía existir la reversibilidad de los procesos. Se retomó la noción de que no puede haber análisis social que no sea histórico. (p. 50).

El surgimiento de los estudios culturales muestra la crisis del modelo newtoniano en las CS. Los defensores de estos estudios “sostenían que toda actividad cultural tiene lugar dentro de un contexto social, y se produce y evalúa de diferente manera según la ubicación social de quien la produce y quien la evalua. Y, además, la ubicación social es en sí misma una realidad histórica cambiante, de modo tal que la apreciación de un texto que haga una persona hoy puede ser muy distinta de la que esa misma persona haga del mismo texto mañana.” (p. 52).

La crisis de la economía-mundo capitalista va de la mano con la crisis de las estructuras del saber. W afirma:

“estamos al borde de una reestructuración epistemológica fundamental, una reunificación de los métodos de investigación en los distintos campos del saber, donde el ámbito de las ciencias sociales será centra, si no termina abarcándolo todo. Después de todo, las ciencias sociales se dedican al estudio de los sistemas más complejos que existen, y por lo tanto los más difíciles de traducir a un análisis sistémico. También constituyen el fundamento inevitable – aunque con frecuencia no reconocido – de lo que históricamente se ha denominado estudios humanísticos. Son de hecho una actividad necesaria para todos, desde los físicos hasta los estudiosos de la literatura. Pero este no es un llamado al imperialismo de las ciencias sociales, sino una sugerencia de que su ámbito lo abarque todo.” (p. 52).

La incertidumbre domina el panorama de las CS en la actualidad. Hay que hacer elecciones, el conocimiento consiste precisamente en hacer esto.

“Si la realidad es incierta, no hay forma de evitar las elecciones. Y si las elecciones no pueden evitarse, es también imposible pretender que los valores, las preferencias y los presupuestos del analista no afecten el proceso de análisis. (…) toda búsqueda de lo verdadero implica puntos de vista sobre lo bueno y lo bello.” (p. 53).

Finalmente, W formula una serie de sugerencias para las CS. En primer lugar, exponer las premisas en tono analítico y no acusador. En segundo lugar, tener comunidades científicas formadas por personas con distinta trayectoria colectiva. Finalmente, atender a la distinción entre bifurcaciones grandes y pequeñas. (p. 53).



Villa del Parque, jueves 21 de abril de 2016

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