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domingo, 17 de abril de 2016

FICHA: BURKE, PETER. HISTORIA SOCIAL DEL CONOCIMIENTO (2012)

Noticia bibliográfica:
Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Carme Font Paz y Francisco Martín Arribas: Burke, Peter. (2012). Historia social del conocimiento. Barcelona: Paidós. Poseo una fotocopia que incluye la Introducción (pp. 13-20), capítulo I (“Recabar conocimientos”, pp. 23-66) y capítulo II (“Analizar conocimientos”, pp. 67-106).

Advertencia:
Los textos que se encuentran entre corchetes se refieren a comentarios que exceden los límites del texto. La presente ficha abarca la Introducción y el capítulo I del libro.



Antes de comenzar con el libro, así se caracteriza Burke a sí mismo: “el autor del mismo es un pluralista en el sentido de considerar que la pluralidad de conocimientos, al igual que de opiniones, son deseables, puesto que la comprensión surge del diálogo intelectual e incluso del conflicto.” (p. 20).

El autor afirma que la obra puede describirse como sociología histórica del conocimiento. (p. 16). Además, “esta obra, a pesar de su extensión, debería considerarse como un ensayo de metodología impresionista que propone conclusiones provisionales, sin tener pretensión alguna de cubrir todos los frentes de este tema tan amplio, pues sólo aspira a sobrevolarlos. En cierto sentido, se trata de una secuencia de ensayos.” (p. 20).
La Introducción está dedicada a presentar el libro. Ante todo, procura establecer la relación con un trabajo anterior del autor, Historia social del conocimiento: De Gutenberg a Diderot.

Sobre el libro (al que califica de “ensayo”).

“…este volumen ofrece una perspectiva general de los cambios que se han producido en el mundo del aprendizaje desde la Encyclopédie (1751-1766) hasta la Wikipedia (2011). Sus temas principales son los procesos, entre ellos la cuantificación, la secularización, la profesionalización, la especialización, la democratización, la globalización y la tecnologización.” (p. 14).

TESIS del libro: “la importancia de la coexistencia y la interacción de tendencias que discurren en direcciones opuestas, un equilibrio de antagonismos que de vez en cuando desembocan en un desequilibrio. (…) La nacionalización del conocimiento coexiste con su internacionalización, la secularización con la contrasecularización, la profesionalidad con lo amateur, la estandarización con los productos hechos a medida, la profesionalización con los proyectos interdisciplinarios y la democratización con movimientos que la contrarrestan y la restringen. Incluso la acumulación de conocimiento se ve compensada en cierto modo por su pérdida. (…) Sólo la tecnologización parece avanzar sin toparse con graves obstáculos.” (p. 14).

Para finalizar la introducción, Burke reflexiona sobre dos preguntas:

¿Qué es la historia social?

Utiliza el concepto “social” porque no se concentra en pequeños grupos intelectuales. “Los protagonistas de este estudio son lo que los sociólogos denominan «grupos que aportan conocimiento», en especial, aunque no en exclusiva, los grupos pequeños en los que todos los miembros se conocen y las «instituciones que generan conocimiento», entendidas como agrupaciones de individuos que se reúnen regularmente, comparten objetivos y siguen las normas que producen distintas funciones sociales, desde el obispo al catedrático de universidad y desde el primer ministro al consejero delegad de una empresa. (…) este ensayo se ocupará de los numerosos papeles sociales de las personas que aportan conocimiento, las funciones que desempeñan estas organizaciones de conocimiento tales como las universidades, los archivos, las bibliotecas, los museos, los centros de investigación, los círculos eruditos y las revistas científicas. Los procesos mediante los cuales se institucionaliza este conocimiento también formarán parte de este debate. (…) se privilegiará su [de las instituciones] frente a la interna, los entornos intelectuales frente a la problemática intelectual.” (p. 16).

¿Qué es el conocimiento?

Burke no aporta demasiado. Distingue entre información (no procesada, o sólo procesada en parte) y conocimiento (procesado). (p.17-18).

El libro se ocupa del conocimiento académico generado en Occidente.



Capítulo I: Recabar conocimientos.

Este capítulo está centrado en el proceso de recabar (reunir) conocimiento.

“Es indudable que una historia social del conocimiento debe ocuparse del modo en el que distintos grupos de personas adquieren, procesan, difunden y emplean el conocimiento, una secuencia que en el mundo de la inteligencia – en otras palabras, del espionaje – se divide en ocasiones en otras cuatro etapas: recopilación, análisis, diseminación y acción.” (p. 13).

La metáfora de reunir conocimiento contiene la idea engañosa de que el conocimiento está disponible en algún lugar y sólo hace falta ir y tomarlo. “Estos términos se emplean como meras simplificaciones de una serie de procesos que incluyen la exploración, la observación, el examen y la experimentación, por no mencionar la compra, el saqueo y, desde luego, la formulación de preguntas y la escucha a los informantes.” (p. 23-24). Estos procesos se describen como investigación.

La palabra investigación era poco empleada antes de 1750. Su uso se difundió a partir de esa fecha para describir estudios llevados a cabo en varios ámbitos (anatomía, astronomía, economía política, física, etc.). Algunos de ellos implicaban trabajo en archivos, otros “trabajo de campo”.

1750-1850: Acumulación de gran cantidad de conocimiento por los europeos (fauna, flora, geografía e historia de otras partes del mundo). Algunos historiadores hablan de “segunda gran era de descubrimiento”. (p. 24) (1) Exploración de las costas de los mares del Sur y otros lugares, pero también del interior de África, América del Norte y del Sur, Australia, Siberia, Asia Central y otros lugares.

“Tanto por tierra como por mar, las grandes aportaciones al conocimiento, especialmente el conocimiento geográfico, fueron obra de individuos que no se consideraban a sí mismos eruditos sino exploradores, que solían contar con la ayuda (no reconocida) de algunos de los habitantes indígenas de la región que estaban explorando.” (p. 28).

Mientras que los barcos de la primera era de descubrimiento transportaban soldados, comerciantes, misioneros y administradores, los de la segunda (época de creciente especialización) llevaban también astrónomos, naturalistas y otros especialistas. (p. 28-29).
A fines del siglo XVIII, la expedición científica (como fenómeno organizado y recurrente dedicado a recabar información) pasó a ser una institución. (p. 29). “La captación de conocimiento se incluyó en la serie de instrucciones que se daban a los capitanes, en cuyos navíos podían embarcar los equipos de especialistas.” (p. 29).

Los viajes de descubrimiento no terminaron hacia 1850. Posteriormente, continuaron con la exploración de los Polos Norte y Sur, de la Antártida, del mundo bajo el mar y del espacio (esta última permite hablar de una “tercera era de descubrimiento”). (p. 30-31).

Otras expediciones se preocuparon menos por la naturaleza y más por la cultura, tanto la del pasado como la del presente. (p. 31-34).

“Los arqueólogos fueron el único grupo que contribuyó a lo que se ha descrito como «el descubrimiento del tiempo», en especial del «tiempo profundo».” (p. 34).

1750: Los europeos pensaban que el mundo tenía 6000 años de antigüedad. Esa noción fue puesta a prueba por arqueólogos, paleontólogos, geólogos y astrónomos. (p. 34).

Mediados s. XIX: Los antropólogos ingleses comenzaron a utilizar la palabra prehistoria para referirse al pasado humano antes de la invención de la escritura. Este período se fue ampliando poco a poco. Hacia la década de 1970, la especie humana contaba ya con 3 millones de años de antigüedad. (p. 34-35). La paleontología amplió la antigüedad de los animales: hoy se cree que la vida en la Tierra comenzó hace 3800 millones de años. La geología hizo lo propio con la antigüedad del planeta, que terminó por ser fijada alrededor de los 4500 millones de años. (p. 35). Por último, la astronomía demostró que el universo era mucho más antiguo de lo que se pensaba. En la actualidad se estima que el big bang ocurrió hace 10000 millones de años. (p. 35-36).

“Los participantes de muchas de las expediciones [de la segunda era de descubrimiento] pueden describirse como recolectores de conocimientos en un sentido casi literal del término. No era infrecuente que los directores de las expediciones, desde finales del siglo XVIII, recibieran el encargo de traer de vuelta objetos locales y muestras científicas.” (p. 37). Creció el acervo de los museos y bibliotecas de Europa y EE. UU.

El proceso de tomar “muestras” se transformó en “proceso de confiscación, «anexión» o «conquista científica»”, y se trasladó a archivos, bibliotecas y museos. (p. 40). Burke da ejemplos del pillaje de fósiles por los ejércitos a finales del siglo XVIII.

Pillaje “era una palabra que se utilizaba con bastante frecuencia para describir las colecciones de antigüedades (…) Fue una expresión que utilizaron incluso los coleccionistas, generalmente cuando se referían a sus rivales” (p.41).

“Lo novedoso en este período fue el creciente interés en otras tradiciones culturales, así como la adquisición de libros y manuscritos en árabe, sánscrito, chino, japonés y otras lenguas no europeas.” (p. 43).

En este período se produjeron varios cambios importantes en los archivos: a) Guardar los documentos en espacios construidos a tales efectos; b) profesionalización de los archiveros; c) Asegurar que los documentos fueran accesibles a los estudiosos y, después, al público en general. (p. 44).
Desarrollo del trabajo de campo. “El mundo fuera de los museos y las universidades no sólo se consideraba un campo de estudio y observación. El trabajo de campo exterior pasó a ser una práctica que se fue consolidando a finales del siglo XVIII, dando pie a conflictos entre «el campo» (el «terreno») y el estudio (el «despacho»), asi como a las rivalidades entre los académicos nómades y los sedentarios, los trabajadores del centro y los de la periferia.” (p. 45).

El campo fue ganando espacio sobre el estudio desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Luego, la tendencia se invirtió, en buena medida gracias al desarrollo d las comunicaciones. (p. 50).

Uno de los principales argumentos a favor del trabajo de campo fue la cercanía de la observación. Burke remarca que hay que prestar atención a la historicidad de la observación, “incluido no sólo el incremento cada vez más rápido de ayudas a la observación sino también a una mayor toma de conciencia de los problemas que plantea esta práctica.” (p. 50).

1750: Comienza a desarrollarse el interés por la disciplina de la observación, tanto si se la consideraba un arte o una ciencia. (p. 50-51).

Al lado de la vista, se desarrolló la escucha como medio de recabar información. Hay dos formas: la escucha a escondidas y el interrogatorio. Una forma suave de interrogatorio, la entrevista, se desarrolló en el siglo XIX, sobre todo en la prensa. “Una alternativa a la entrevista, así como una herramienta de ayuda para los entrevistadores, es el cuestionario, es decir, una serie de preguntas idénticas que se formulan a distintas personas, lo que permite comparar o incluso contar las respuestas.” (p.59).

Etapas en la historia del cuestionario:

1750 en adelante: Las preguntas se dirigían a los miembros de las élites, entre ellos el clero, los miembros de las expediciones científicas, los viajeros, los inspectores escolares y los antropólogos con el fin de guiarlos en sus observaciones o interrogatorios. (p. 59).

En una segunda etapa, la población se alfabetizó y los cuestionarios se dirigieron directamente a las personas objeto de investigación: trabajadores de las fábricas, soldados, consumidores de distintos productos o, en el caso del censo, las cabezas de familia de un país determinado. (p. 59).

En la práctica no se pueden establecer diferencias tan marcadas entre el trabajo de campo y el estudio, entre recabar datos y analizarlos: “el procesamiento de la información comienza en el preciso instante en que se recababan esos datos. A menudo la escritura se emprende sobre el terreno.” (p. 60).

Fue desarrollándose la importancia de las imágenes. En el siglo XX se expandió la fotografía.

Burke termina el capítulo examinando los problemas de almacenamiento de datos (el creciente espacio que requieren las bibliotecas y archivos para guardar la información). (p. 63-66).

Villa del Parque, domingo 17 de abril de 2016


NOTAS:


(1)  La “primera era de descubrimiento” se inició con Colón y Vasco da Gama. Estuvo centrada en la exploración de las costas. (p. 25).

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