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martes, 8 de septiembre de 2015

FICHA DE LECTURA: DURKHEIM, LECCIONES DE SOCIOLOGÍA. LECCIÓN SÉPTIMA. MORAL CÍVICA: FORMAS DEL ESTADO. LA DEMOCRACIA

Nota bibliográfica:
Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Federico Lorenc Valcarce: Durkheim, Emile. (2003). Lecciones de Sociología. Física de las costumbres y del derecho y otros escritos sobre el individualismo, los intelectuales y la democracia. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Aclaración:
Los párrafos entre corchetes intercalados en el texto corresponden a comentarios de mi autoría.

LECCIÓN SÉPTIMA. MORAL CÍVICA: FORMAS DEL ESTADO. LA DEMOCRACIA (pp. 139-147).

Durkheim presenta el tema general: la cuestión de los deberes respectivos del Estado y de los ciudadanos. Pero como resulta que éstos varían según las formas de los Estados, va a concentrarse en el estudio de estas formas.

Sigue a Montesquieu (1689-1755), quien define las formas de Estado por el número de gobernantes. Sin embargo, el criterio cuantitativo empleado por este autor para clasificar las formas de gobierno adolece de “superficialidad”. (p. 140). Durkheim dedica las primeras páginas de la Lección 7° a mostrar las insuficiencias de la mencionada clasificación.

Para encontrar una clasificación adecuada hay que volver a la cuestión de la naturaleza del Estado en general (tema de la Lección 5°).

“El Estado es el órgano del pensamiento social.” (p. 142)

Según el sociólogo francés, existen dos fuentes del pensamiento social:

“Uno proviene de la masa colectiva y es difuso; está formado por aquellos sentimientos, aspiraciones y creencias que la sociedad ha elaborado colectivamente y que están dispersos en todas las conciencias. El otro es elaborado por este órgano especial que llamamos Estado o gobierno.” (p. 142).

Si bien existen relaciones estrechas entre una y otra fuente, no cabe duda que “hay dos formas muy diferentes de vida psicológica colectiva. Una es difusa, la otra es organizada y centralizada. Una, como consecuencia de esta difusión, se mantiene en la penumbra del subconsciente. (…) Al contrario, la deliberación, la reflexión, es la característica de lo que tiene lugar en el órgano gubernamental. Es un verdadero órgano de reflexión, todavía rudimentario, pero llamado a desarrollarse cada vez más.” (p. 142).

Durkheim apunta con sagacidad que el Estado está organizado “en vistas de prevenir los movimientos irreflexivos.” (p.142). [En otras palabras, la organización estatal tiene por objetivo encuadrar, organizar, los movimientos de las clases subordinadas, porque el desorden implica una negación implícita del orden social.] (1).

En síntesis, el Estado representa a la reflexión frente a “la conciencia colectiva oscura” (p. 143). Pero la reflexión puede alojarse en órganos especializados, alejados de la consideración del público, o bien puede quebrar este aislamiento y realizar sus deliberaciones públicamente. Si sucede esto último, “todo el mundo participa en esta conciencia sui generis, todo el mundo se plantea las cuestiones que se plantean los gobernantes, todo el mundo reflexiona o puede reflexionar sobre ellas. (…) Desde el momento en que el pueblo se plantea las mismas cuestiones que el Estado, el Estado debe – para resolverlas – tener en cuenta lo que el pueblo piensa.” (p. 144).

El Estado pierde así su aureola religiosa. Se da así uno de los rasgos de la democracia:

“El poder gubernamental, en lugar de seguir replegado sobre sí mismo, ha descendido a las capas profundas de la sociedad, recibe allí una elaboración nueva y regresa al punto de partida. Lo que sucede en los medios llamados políticos es observado, controlado por todo el mundo, y el resultado de estas observaciones, de este control de las reflexiones que de allí resultan, vuelve a influir sobre los medios gubernamentales.” (p. 144).

Durkheim refuta la tesis que defiende que “la democracia es la forma política de una sociedad que se autogobierna, en la que el gobierno está disperso en toda la nación. Semejante definición es contradictoria en sus términos. Es casi como decir que la democracia es una sociedad política sin Estado.” (p. 145).

Dicha tesis es incorrecta porque la existencia misma del Estado supone la separación de éste respecto de la sociedad: “El Estado o no es nada, o es un órgano distinto del resto de la sociedad. Si el Estado está en todas partes, no está en ninguna. Es el resultado de una concentración que separa de la masa colectiva a un grupo de individuos determinado, un espacio en que el pensamiento social está sometido a una elaboración de tipo particular y logra un poder excepcional de claridad.” (p. 145).

Es incorrecto aplicar el nombre de “democracia” a las sociedades primitivas (“las tribus amorfas”), porque en ellas no hay Estado.

Dos rasgos característicos de la existencia de la democracia: 1) la existencia de un Estado; 2) el carácter maleable, flexible, de la sociedad (esto es consecuencia de que la conciencia gubernamental se extendió hasta abarcar cada vez más objetos).

Finalmente, nuestro autor formula la siguiente definición de democracia:

“Cuanto más estrecha se vuelve la comunicación entre la conciencia gubernamental y el resto de la sociedad, más esta conciencia se extiende y más cosas engloba, y la sociedad tiene un carácter más democrático. La noción de democracia se define por una extensión máxima de esta conciencia y, por esos mismo, determina esta comunicación.” (p. 147).


Villa del Parque, martes 8 de septiembre de 2015


NOTAS:


(1)  Durkheim agrega: “Los reproches que se lanzan contra la institución de las asambleas de los consejos deliberantes carecen de fundamento. Estos consejos son los únicos instrumentos de que dispone la colectividad para prevenir la acción irreflexiva, automática, ciega.” (p. 143). ¿De dónde proviene esta acción irreflexiva? “En cada uno de nosotros, hay a cada instante una multitud de ideas, tendencias, hábitos, que influyen sobre nosotros sin que sepamos ni cómo ni por qué. Apenas los percibimos, los distinguimos mal. Están en el subconsciente. Sin embargo, afectan nuestra conducta y hay personas que no son movidas por otros móviles que estos. (…) Nuestra personalidad consciente, nuestro yo, no se deja arrastrar por las corrientes oscuras que pueden formarse en las profundidades de nuestro ser.” (p. 143). El pasaje citado no tiene desperdicio. Los problemas en la conducta de los individuos no obedecen a causas sociales (a, por ejemplo, la estructura de la sociedad que modela a esos individuos), sino a la constitución de nuestro subconsciente. La sociedad (el Estado) representa lo racional [la racionalidad capitalista] frente a la irracionalidad [el individuo que busca el goce]. De ahí que la sociedad se ocupe en todo momento de modelar al individuo. Es claro que desde este punto de vista el conflicto social obedece a causas muy diferentes a la lucha de clases.

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