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sábado, 12 de septiembre de 2015

FICHA DE LECTURA: DURKHEIM, LECCIONES DE SOCIOLOGÍA. LECCIÓN. NOVENA. MORAL CÍVICA: FORMAS DEL ESTADO. LA DEMOCRACIA

Nota bibliográfica:
Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Federico Lorenc Valcarce: Durkheim, Emile. (2003). Lecciones de Sociología. Física de las costumbres y del derecho y otros escritos sobre el individualismo, los intelectuales y la democracia. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Aclaración:
Los párrafos entre corchetes intercalados en el texto corresponden a comentarios de mi autoría.

LECCIÓN NOVENA. MORAL CÍVICA: FORMAS DEL ESTADO. LA DEMOCRACIA (pp. 161-171).

Luego de ocuparse de describir la democracia (Lección 8°), Durkheim dedica el comienzo de esta Lección a examinar una manera específica de concebir dicha forma de gobierno: aquella según la cual se suprime la separación entre el Estado y los individuos (en la Lección 8° se da como ejemplo de esta forma de democracia el mandato a los representantes).

Rousseau (1712-1778) es un exponente de dicha forma de pensar la democracia. Durkheim se propone rastrear qué elementos de la constitución política explican la supervivencia de concepciones falsas sobre la democracia. (1).
 
 “Esta concepción parece originarse en nuestra organización actual, en virtud de la cual el Estado y la masa de los individuos están en relación directa y se comunican sin que ningún intermediario se intercale entre ellos. Los colegios electorales comprenden a toda la población política del país y el Estado surge directamente de estos colegios, al menos el órgano vital del Estado, que es la asamblea deliberativa. Es inevitable que el Estado formado en estas condiciones sea un simple reflejo de la masa social y nada más. Dos fuerzas sociales están presentes allí: una es enorme, porque está formada por la reunión de todos los ciudadanos; la otra es mucho más débil, porque no comprende más que a los representantes. Es necesario, entonces, que la segunda marche a la zaga de la primera.” (p. 163; el resaltado es mío – AM-). (2)

Durkheim sostiene que la solución al problema consiste en intercalar, entre el Estado y los individuos, órganos intermedios que mitiguen la presión ejercida por los individuos sobre aquél: “es necesario que sean órganos naturales y normales del cuerpo social.” (p. 165). Argumenta que dichos órganos no pueden ser de carácter territorial (por ejemplo, los consejos departamentales o provinciales), pues “el debilitamiento de los grupos puramente territoriales es irresistible.” (p. 166).

¿Quiénes pueden ser, entonces, esos órganos? “Dado que la vida profesional adquiere una importancia creciente a medida que el trabajo se divide, no es dado creer que está llamado a proveer la base de nuestra organización política. Va cobrando fuera la idea que de que el colegio profesional es el verdadero colegio electoral y, dado que los lazos que nos unen derivan de nuestra profesión más que de nuestras relaciones geográficas, es natural que la estructura geográfica reproduzca el modo en que nos agrupamos espontáneamente. Supongamos que las corporaciones se constituyen o se reconstituyen según el plan que hemos indicado: cada una de ellas tiene un consejo que la dirige, que administra su vida interna. ¿No están estos consejos en condiciones de desempeñar ese papel de colegios electorales intermediarios que los grupos territoriales sólo pueden cumplir con extrema debilidad?  (…) La corporación y sus órganos están siempre en acción y, por consiguiente, las asambleas gubernamentales derivadas de ella no perderían jamás el contacto con los consejos de la sociedad, no correrían el riesgo de aislarse y dejar de percibir los cambios que pueden producirse en las capas profundas de la población.” (p. 166; el resaltado es mío – AM-).

A continuación, presenta las ventajas de optar por una organización corporativa:

La primera: a diferencia del sistema actual, en el que representantes y representados desconocen la mayoría de los temas sobre los que se ven obligados a expedirse [por lo general no saben de economía, de política internacional, etc., etc.], un régimen basado en las corporaciones profesionales contaría con expertos para cada uno de los problemas a tratar en el Parlamento. “Los delegados que cada corporación enviaría a las asambleas políticas entrarían con sus competencias especiales, y como estas asambleas tendrían que regular las relaciones entre las diferentes profesiones, estarían compuestas de la manera más conveniente para resolver estos problemas. Los consejos gubernamentales serían verdaderamente lo que el cerebro es en el organismo: una reproducción del cuerpo social.” (p. 167; el resaltado es mío – AM-).

La segunda: en el sistema electoral actual, los individuos emiten de manera aislada su voto. En el sistema corporativo, lo harían de manera colectiva (es la corporación la que elegiría sus representantes). De este modo, el Estado expresaría la voluntad de los grupos, no de los individuos aislados. Esto se conecta con un tema fundamental para Durkheim: “Para convertir a los individuos en otra cosa, hay que ponerlos en relación y agruparlos de manera permanente. Los sentimientos que resultan de las acciones y reacciones que intercambian los individuos asociados son los únicos que están por encima de los sentimientos individuales.” (p. 167). En la corporación, “cada opinión individual, dado que se ha formado en el seno de una colectividad, tiene algo de colectivo. (…) Porque los miembros que la componen están permanentemente en relación, sus sentimientos se forman en común y expresan a la comunidad.” (p. 168).

Durkheim esboza un proyecto político al final de la Lección: “nuestra acción política consistirá en crear estos órganos secundarios que, a medida que se formen, liberarán al individuo del Estado y al Estado del individuo, y dispensarán a este último de una tarea para la que no está hecho.” (p. 171).


Villa del Parque, sábado 12 de septiembre de 2015

NOTAS:

(1)  Su principio metodológico: “Se trata de una concepción falsa, pero las concepciones falsas tienen causas objetivas.” (p. 163).

(2)  Durkheim insiste en que los individuos que votan a los representantes constituyen una “masa desorganizada”. [Esto es falso, pues se hallan agrupados en clases sociales, que se expresan políticamente en partidos y otras organizaciones.]

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