Páginas vistas en total

miércoles, 10 de julio de 2013

MERTON Y LOS FUNDAMENTOS DEL FUNCIONALISMO EN SOCIOLOGÍA: NOTAS DE LECTURA



A continuación van unas notas de lectura sobre el artículo de Robert Merton (1910-2003), “Funciones manifiestas y funciones latentes”. Utilizo la traducción española incluida en: Merton, Robert. (1992). Teorías y estructuras sociales. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.
                                     
Merton comienza el artículo “Funciones manifiestas y funciones latentes”[1] afirmando que “el análisis funcional es al mismo tiempo la más prometedora y tal vez la menos codificada de las orientaciones contemporáneas en los problemas de la interpretación sociológica” (p. 29). Es por eso que se propuso realizar una revisión sistemática de los problemas principales del análisis funcional. En su opinión, una de las dificultades más importantes con que se enfrenta el análisis funcional radica en la “confusión terminológica” en que ha caído el punto de vista funcional en sociología (p. 29). Así, sostiene que el término función simboliza conceptos diferentes y que, además, palabras diferentes expresan el concepto mismo de función. Para superar esta confusión, Merton comienza por desbrozar los distintos significados de la palabra función[2].

Merton distingue cinco significados de la palabra función:

I] Uso popular: función se refiere a una reunión pública o festividad. “Esta acepción de la palabra es completamente extraña al análisis funcional en sociología” (p. 30).

II] Función es considerada como virtualmente equivalente a ocupación[3]. Es casi un uso típico de la palabra en algunos economistas, para los cuales decir “análisis funcional de un grupo” equivale a “análisis ocupacional de ese grupo”. (p. 30).

III] Función = “Actividades asignadas al que ocupa una situación social, y más en particular al que ocupa un cargo o puesto público” (p. 30). Es un caso especial de II, y su uso se encuentra en el lenguaje popular y en la ciencia política. Merton sostiene que este uso debe ser excluido del análisis funcional, pues “distrae la atención del hecho de que no sólo los ocupantes de determinados puestos desempeñan funciones, sino también un amplio margen de actividades estandarizadas, de procesos sociales, de tipos de cultura y de sistemas de creencias que se encuentran en la sociedad.” (p. 30-31).

IV] Función = “una variable considerada en relación con una o más variables respecto de las cuales puede ser expresada o de cuyo valor depende el suyo” (p. 31). Este concepto fue introducido por el filósofo y matemático alemán Leibniz (1646-1716) y es empleado fundamentalmente en matemáticas. Merton indica que se trata del uso más preciso del término función, y que como tal aparece en ciencias sociales bajo términos diferentes como “interdependencia”, “relación recíproca”, “variaciones mutuamente dependientes” (p. 31).

V} Función = “los procesos vitales u orgánicos considerados en el respecto en que contribuyen al sostenimiento del organismo” (p. 31). Se deriva de IV y es tomado explícitamente por las ciencias biológicas. Corresponde de manera muy cercana con el concepto de función adoptado por los funcionalistas antropológicos. (p. 31). Merton dice que este uso es “fundamental para el análisis funcional tal como se ha practicado en sociología y en antropología social” (p. 31).

Merton considera que, además de la existencia de distintas acepciones de la palabra función, está la dificultad de que el término función social posee distintas definiciones. Nuestro autor se preocupa por trazar la distinción entre función referida a consecuencias objetivas observables y función como disposiciones subjetivas (propósitos, motivos, finalidades). Es central tener presente aquí que la función social está referida al punto de vista del observador y no del participante en la acción que se está analizando. Si se cae en la confusión de olvidar que el análisis funcional se ocupa de los hechos encarándolos desde el observador y no desde el participante, se olvida que “no es necesario suponer que las razones expresadas por la gente para su conducta («actuamos por razones personales») son la misma cosa que las consecuencias de esa norma de conducta. La disposición subjetiva puede coincidir con la consecuencia objetiva, pero también puede no coincidir. Las dos varían independientemente.” (p. 34). La orientación funcional en ciencias sociales exige que el análisis funcional se dedique a las categorías objetivas de consecuencias observadas y no a las categorías subjetivas de disposiciones. (p. 35)[4]. Si se considera que la función social remite a cualquier tipo de categorías subjetivas de disposiciones se está cayendo en una especie de psicología (o de psicologismo)[5]. Si el punto de vista del observador es reemplazado por el punto de vista del participante, la sociología termina por poner, meramente, en lenguaje académico los motivos de los individuos, olvidando que los individuos no son concientes, en muchos casos, de los motivos por los que actúan o de que los motivos que creen que dirigen su acción son, en realidad, motivos externos a ellos mismos.

Luego de encarar las confusiones terminológicas que predominan en el análisis funcional [otra vez recordar que el texto es de 1948}, Merton examina tres postulados utilizados por los analistas funcionales. Considera que dichos postulados “resultaron discutibles e innecesarios para la orientación funcional” (p. 35).

Antes de pasar a analizar cada uno de estos postulados, hay que decir que Merton sostiene que estos tres postulados suelen verse juntos, pero que para los fines analíticos va a examinarlos por separado[6].

a) Postulado de la unidad funcional de la sociedad: Consiste en afirmar que “las actividades sociales o las partidas culturales estandarizadas son funcionales para todo el sistema social o cultural” (p. 36). En otras palabras, toda usanza, creencia, norma de conducta, institución, etc., es considerada funcional para la sociedad en su conjunto. Implica, por tanto, pensar a la sociedad como una unidad homogénea, dejando de lado la existencia de grupos en su interior. Merton formula la siguiente critica a este postulado: “el supuesto de la unidad funcional completa de la sociedad humana es con frecuencia contrario a la realidad. Los usos o los sentimientos sociales pueden ser funcionales para unos grupos y disfuncionales para otros de la misma sociedad. (…) No es sólo contrario a la realidad con gran frecuencia el postulado de la unidad funcional, sino que tiene poco valor heurístico, ya que distrae la atención del analista de posibles consecuencias dispares de un renglón social o cultural dado (usanza, creencia, norma de conducta, institución) para diferentes grupos sociales o para los individuos de esos grupos.

Merton reconoce la influencia del postulado de la unidad funcional. Sin embargo, las numerosas pruebas en contra de su utilidad y pertinencia llevan a preguntarse el porqué de dicha influencia. Merton sugiere que una explicación posible de este fenómeno consiste en observar que el postulado fue desarrollado por antropólogos sociales, que estudiaban primordialmente sociedades analfabetas. En este tipo de sociedades, el postulado de la unidad funcional resulta adecuado, pues se trata de conjuntos humanos poco diferenciados hacia su interior[7]. Ahora bien, este postulado es transferido de las pequeñas sociedades analfabetas a las grandes, complejas y muy variadas sociedades letradas; este pasaje no es justificado y genera muchos más problemas teóricos de los que soluciona. Merton plantea que estas dificultades son especialmente notorias en el análisis funcional de la religión (p. 38)[8].

b) Postulado del funcionalismo universal: “afirma que todas las formas sociales o culturales estandarizadas tienen funciones positivas” (p. 40). En su origen, este postulado remite al debate entre los antropólogos de finales del siglo XIX en torno a la cuestión de las supervivencias culturales. Así, para los antropólogos que adherían al punto de vista evolucionista, cualquier costumbre o forma cultural persistente, heredada de sociedades anteriores, constituía una “supervivencia” y no cumplía funciones sociales en las sociedades modernas. En otras palabras, dichas supervivencias no podían justificarse por su utilidad presente, sino que se volvían comprensibles por su utilidad pasada. Frente a esta posición, los antropólogos y sociólogos funcionalistas sostuvieron que todas las costumbres (incluidas las supervivencias) desempeñaban una función vital. (p. 41). Merton sostiene que este debate es estéril: “Mucho más útil como directiva para investigar parecería el supuesto provisional de que todas las formas culturales persistentes tienen un saldo líquido de consecuencias funcionales tanto para la sociedad considerada como una unidad como para subgrupos suficientemente poderosos para conservar intactas esas formas por medio de la coacción directa o de la persuasión indirecta. Esta formulación evita a la vez la tendencia del análisis funcional a concentrarse en las funciones positivas y dirige la atención del investigador también a otros tipos de consecuencias.” (p. 42).

c) Postulado de la indispensabilidad: es el más complejo de los tres postulados analizados aquí, pues contiene dos afirmaciones relacionadas entre sí, pero que plantean cosas diferentes. En primer lugar, “se supone que hay ciertas funciones que son indispensables en el sentido de que, si no se realizan, no persistirá la sociedad (o el grupo, o el individuo). Esto expresa, pues, un concepto de requisitos previos funcionales, o de condiciones previas funcionalmente necesarias para una sociedad.” (p. 43). En segundo lugar, “se supone que ciertas formas culturales o sociales son indispensables para la realización de cada una de estas funciones. Esto implica el concepto de estructuras especializadas e irreemplazables, y da origen a toda suerte de dificultades teóricas.” (p. 43). Merton discute la segunda afirmación, indicando que impide ver que una misma función puede ser desempeñada por cosas diferentes; en otras palabras, hay un margen de variación en las estructuras que realizan la función en cuestión. (p. 43). Denomina concepto de alternativas funcionales, o de equivalente funcionales, o de sustitutos funcionales. (p. 43).

Ahora bien, la crítica de estos tres postulados le permite a Merton avanzar en su propia lo lleva a afirmar que “no puede suponerse la unificación plena de todas las sociedades, sino que ésta es una cuestión empírica, de hecho, en la que debiéramos estar preparados para encontrar un margen de grados de unificación. (…) una teoría del análisis funcional tiene que requerir la especificación de las unidades sociales servidas por funciones sociales dadas, y hemos de admitir que los renglones de la cultura tienen múltiples consecuencias, unas funcionales y otras quizá disfuncionales.” (p. 45). La revisión del postulado del funcionalismo universal lleva a plantear la necesidad de encontrar la forma (o un órgano capaz) de resolver el problema de las consecuencias funcionales y disfuncionales de las formas culturales. El examen crítico del postulado de la indispensabilidad condujo, por su parte, a proponer el concepto de alternativas funcionales, o de equivalente funcionales, o de sustitutos funcionales. (p. 46).

En el texto, luego de explicar las dificultades terminológicas por las que atravesaba el análisis funcional hacia 1948 y de discutir los tres postulados habituales del funcionalismo, Merton discute la opinión habitual de que el análisis funcional se encuentra sesgado ideológicamente. Así, muestra que algunos críticos han considerado que el funcionalismo es intrínsecamente conservador, pues el análisis funcional supuestamente se concentra en los aspectos estáticos de la realidad social (pp. 46-48); otros críticos, en cambio, han manifestado que el análisis funcional responde a una ideología radical, puesto que despoja de sentido intrínseco a la estructura social, en la medida en que sostiene que una costumbre es funcional únicamente en la medida en que funcione para satisfacer fines colectivos. (p. 48). Merton está en desacuerdo con ambas críticas y afirma que el análisis funcional “no implica necesariamente un compromiso ideológico específico. No quiere esto decir que compromisos así no estén implícitos con frecuencia en las obras de analistas funcionales. (…) Revisado críticamente, el análisis funcional es neutral en relación con los grandes sistemas ideológicos.” (p. 52).

Merton ilustra esta situación realizando una comparación entre el marxismo y el análisis funcional en lo que respecta al análisis de la religión. En primer lugar, todos los análisis de la religión, independientemente de su origen ideológico, “hacen caso omiso de las consecuencias de sistemas religiosos específicos para los sentimientos, las definiciones de situaciones y la acción predominantes.” (p. 54).  En segundo lugar, tanto los análisis marxistas como los funcionalistas, coinciden en afirmar que los sistemas de religión no son meros epifenómenos, sino que son determinantes, en parte independientes, de la conducta de los individuos. (p. 54). En tercer lugar, tratan de las consecuencias diferenciales de las creencias y los ritos religiosos para diferentes grupos y estratos sociales (p. 54). En cuarto lugar, funcionalistas y marxistas tienden a considerar a la religión como un mecanismo social para reforzar la unificación institucional de la sociedad. (p. 54).

Ahora bien, la diferencia entre funcionalistas y marxistas aparece cuando realizan la valoración de las funciones de la religión, y no en la lógica del análisis. En términos de Merton, “son las valoraciones las que permiten verter contenido ideológico en las botellas del funcionalismo” (p. 55).

Merton utiliza la lógica del procedimiento elaborada por W. B. Cannon en fisiología para desarrollar un modelo metodológico que pueda ser derivado hacia la sociología, sin caer en las homologías forzadas entre la estructura de los organismos biológicos y la de la sociedad[9]. (p. 58). Cannon parte de indicar que el organismo precisa de un estado relativamente constante y estable. A partir de allí, formula cuatro puntos principales del análisis funcional:

a) Ciertas exigencias funcionales de los organismos, que deben ser satisfechas si éstos han de sobrevivir o funcionar con cierto grado de eficacia. (p. 58).

b) Descripción concreta y detallada de los dispositivos (estructuras y procesos) mediante los cuales esas exigencias son típicamente satisfechas en casos «normales» (p. 58).

c) Existencia de mecanismo de compensación que desempeñan las funciones que eran realizadas por mecanismos típicos que han sido destruidos o que han pasado a ser inadecuados. (p. 58).

d) Exposición detallada de la estructura mediante la cual actúan las exigencias funcionales, así como una exposición detallada de los dispositivos mediante los cuales se realiza la función. (p. 58).

Frente a la lógica rigurosa de los análisis funcionales en las ciencias biológicas, en sociología dichos análisis presentan tres orientaciones bien diferentes: a) no trabajan típicamente con procedimientos inteligibles desde el punto de vista operativo; b) no reúnen en forma sistemática tipos necesarios de datos; c) no emplean un cuerpo común de conceptos y no utilizan los mismos criterios de validez. (p. 59). De este modo, los sociólogos que siguen el camino del análisis funcional terminan actuando, según Merton, de manera heterogénea y obedeciendo a criterios individuales y no de una comunidad científica.

Luego de haber puesto en discusión los problemas y postulados que hasta ese momento obstaculizaban el desarrollo del análisis funcional, Merton propone en el artículo un paradigma de análisis funcional en sociología (pp. 60-64). De acuerdo con el objetivo expresado al comienzo del texto, Merton sostiene que “el paradigma presenta el núcleo de conceptos, procedimientos e inferencias del análisis funcional.” (p. 60). En otras palabras, se trata de clarificar las cuestiones teóricas y metodológicas fundamentales del análisis funcional. El autor se preocupa por aclarar que el paradigma que presenta no es el producto de la mera reflexión teórica, sino que constituye “una codificación de los conceptos y problemas que se han impuesto a nuestra atención en el examen crítico de la investigación y la teoría actuales en análisis funcional.” (p. 60).

El paradigma propuesto por Merton consta de los siguientes puntos:

1] Las cosas a las que se les atribuyen funciones.

En principio, todo el campo del análisis sociológico puede ser sometido a análisis funcional. El requisito imprescindible para poder hacer esto consiste en que se trata de cosas estandarizadas (normadas y reiteradas). Ejemplos: papeles sociales, normas culturales, emociones culturalmente normadas, normas sociales, instrumentos de control social, etc. (p. 60).

2] Conceptos de disposiciones subjetivas (motivos, propósitos).

El análisis funcional se ve obligado a recurrir a alguna concepción acerca de la motivación de los individuos en un sistema social. Pero debe quedar claro[10]que el estudio de las disposiciones subjetivas no tiene que confundirse con el de las consecuencias objetivas de las acciones e instituciones. (p. 60).

3] Conceptos de consecuencias objetivas (funciones, disfunciones).

Este punto es fundamental para el análisis funcional. Para poder resolverlo adecuadamente hay que tener en cuenta dos problemas: a) la tendencia a limitar las observaciones sociológicas a las aportaciones positivas de una entidad sociológica al sistema social en que está comprendida; b) la tendencia a confundir la categoría subjetiva de motivo con la categoría objetiva de función.

Para resolver el primer problema, Merton elabora los conceptos de funciones, que “son las consecuencias observadas que favorecen la adaptación o ajuste de un sistema dado”, y disfunciones, “las consecuencias observadas que aminoran la adaptación o ajuste del sistema” (p. 61)[11]. La introducción del concepto de disfunciones permite evaluar también las aportaciones negativas de una entidad sociológica al sistema que se está analizando. Ahora bien, la introducción conjunta de funciones y disfunciones agrega el problema de resolver el saldo líquido del agregado de consecuencias. (p. 61).

Para el segundo problema, Merton introduce la distinción entre funciones manifiestas, “que son las consecuencias objetivas que contribuyen al ajuste o adaptación del sistema y que son buscadas y reconocidas por los participantes en el sistema” (p. 61); y las funciones latentes que “son, correlativamente, las no buscadas ni reconocidas” (p. 61)[12]. De este modo, Merton quiere demostrar que hay que distinguir entre las funciones que las personas les atribuyen a las cosas que hacen, y las funciones objetivas que cumplen estas cosas (teniendo en cuenta que ambas cuestiones pueden no coincidir).

4] Conceptos de la unidad servida por la función. Merton plantea que es preciso elaborar estos conceptos dado que el postulado de la unidad funcional de la sociedad plantea más problemas que los que soluciona. Merton enfrenta así la cuestión de la existencia de individuos en posiciones sociales diferentes, subgrupos, el sistema social general y los sistemas culturales, entendiendo que lo que puede ser funcional para un grupo puede ser disfuncional para otro. (p. 61-62).

5] Conceptos de exigencias funcionales (necesidades, requisitos previos).

Tratan de dar cuenta de las exigencias funcionales del sistema estudiado. Merton afirma que es el punto más nebuloso y discutido del análisis funcional. (p. 62).

6] Conceptos de los mecanismos mediante los cuales se realizan las funciones.

Tienen que explicar los mecanismos que actúan para realizar una función deliberada. Merton aclara que tiene que tratarse de mecanismos sociales, y no de mecanismos psicológicos. (p. 62).

7] Conceptos de alternativas funcionales (Equivalentes o substitutos funcionales).

Son una consecuencia del abandono del postulado de la indispensabilidad funcional de las estructuras sociales particulares[13]. Implica establecer el margen de variación posible en las cosas que pueden satisfacer una exigencia funcional (p. 62).

8] Conceptos de contexto estructural (o coerción estructura).

Implican afirmar que el margen de variación de las cosas para desempeñar determinadas funciones sociales no es ilimitado, y se encuentra limitado por la interdependencia de los elementos de una estructura social (coerción estructural). (p. 63).

9] Conceptos de dinámico y de cambio.

El uso del concepto de disfunciones permite al análisis funcional superar la crítica que se le hace habitualmente acerca de concentrarse en la estática de la estructura social y no en el estudio del cambio estructural (p. 63).

10] Problemas de validación del análisis funcional.

Merton plantea la necesidad de que los procedimientos del análisis funcional deben aproximarse a la lógica de la experimentación. (p. 64).

11] Problema de las implicaciones ideológicas del análisis funcional.

Realiza la distinción entre el hecho de que el análisis funcional no tiene ningún compromiso con ninguna posición ideológica, en tanto que los análisis funcionales particulares y las hipótesis particulares formuladas por los funcionalistas pueden tener un papel ideológico perceptible. (p. 64).
La distinción entre funciones manifiestas y latentes fue elaborada para evitar la confusión entre las motivaciones conscientes para la conducta social y sus consecuencias objetivas. En otras palabras, Merton muestra que el sociólogo funcionalista no tiene que cometer el error de confundir lo que dicen los participantes de una ceremonia o función social con el significado objetivo de la misma (esto es, la función social que cumple la misma). En todo momento, Merton remarca que no hay que confundir los motivos (subjetivos) con las funciones (objetivas).

La importancia de la distinción radica en que permite hacer hincapié en los elementos importantes en una situación social que, sin embargo, pasan inadvertidos. Así, Merton dice que  hay razones para “distinguir entre funciones manifiestas y funciones latentes, las primeras relativas a las consecuencias objetivas para una unidad especificada (persona, subgrupo, sistema social o cultural) que contribuyen a su ajuste o adaptación o se esperan así; las segundas relativas a las consecuencias inesperadas y no reconocidas del mismo orden.” (p. 73).

Además de formular el ya citado paradigma del análisis funcional, Merton procura precisar las bases que tiene que contener un protocolo para el trabajo de campo en el análisis funcional. Por supuesto, aclara que este protocolo dista de ser completo, pero cumple el objetivo de especificar los puntos de observación que facilitan el análisis funcional (p. 70-71).

El protocolo descriptivo de un análisis funcional consta de los siguientes pasos[14]:

a) Localización de los participantes dentro de la estructura social.

b) Estudio de modos alternativos de conducta excluidos por la importancia dada a la norma observada.

d) Distinción entre las motivaciones para participar en la norma y la conducta objetiva que implica la norma[15].

e) Regularidades de conducta no reconocidas por las participantes pero que, no obstante, están asociadas a la norma central de conducta[16].

Merton concibe cuatro finalidades heurísticas de la distinción entre funciones manifiestas y funciones latentes:

a)    Aclara el análisis de normas sociales aparentemente irracionales. Así, hay muchas prácticas sociales cuya función manifiesta es inoperante (por ejemplo, la ceremonia de los hopi que consiste en danzar para lograr que llueva), pero, sin embargo, persisten de generación en generación. En este punto, el concepto de función latente permite explicar  la función que la misma cumple para el grupo y que puede ser bien diferente que la función manifiesta (en el caso citado de los hopi, la ceremonia de la danza de la lluvia cumple la función latente de unir a los miembros dispersos del grupo). (p. 74).

b)    Dirige la atención hacia campos de investigación fructíferos en teoría. Aquí Merton realiza un planteo interesante. Sostiene que, en la medida en que los sociólogos consideran exclusivamente las funciones manifiestas, su investigación se ve fijada por los requerimientos y necesidades prácticas de los hombres prácticos de negocios, y no por “los problemas teóricos que están en el núcleo de su disciplina” (p. 75). Si el análisis funcional queda anclado en las funciones manifiestas, su desarrollo dejará de ser relativamente autónomo (es decir, regulado principalmente por las teorías y los problemas teóricos de la disciplina) y pasará a ser heterónomo (guiado por las necesidades de actores externos a la disciplina). Ahora bien, el concepto de función latente permite al sociólogo abordar los campos teóricos más fructíferos de su disciplina. Merton afirma: “Hay algunas pruebas de que precisamente en el momento en que la atención investigadora de los sociólogos pasó del plano de las funciones manifiestas al plano de las funciones latentes fue cuando hicieron sus aportaciones mayores y distintivas.” (p. 76).

c)    El descubrimiento de las funciones latentes representa progresos importantes de los conocimientos sociológicos. En un sentido, el estudio de las funciones manifiestas no aporta elementos nuevos o profundos al desarrollo de la sociología. “Son precisamente las funciones latentes de una práctica o creencia las que no son de conocimiento común, porque son consecuencias sociales y psicológicas inesperadas y por lo general no reconocidas. Por lo tanto, resultados concernientes a funciones latentes representan un aumento mayor de los conocimientos que resultados concernientes a funciones manifiestas. Representan también un mayor distanciamiento del conocimiento de «sentido común» acerca de la vida social.” (p. 78).

d)    Impide la substitución del análisis sociológico por juicios morales ingenuos. Este punto es fundamental y encontramos aquí uno de los logros teóricos más significativos de la distinción entre funciones manifiestas y latentes. Las valoraciones morales suelen plasmarse en las consecuencias manifiestas de una práctica o norma, así que la concentración de los sociólogos en las funciones manifiestas termina por conducirlo hacia los juicios morales ingenuos sobre la realidad social. En otras palabras, el sociólogo termina por hacer suyo el discurso que los participantes de una actividad social tienen sobre la misma. Aceptado esto, se entiende que el análisis de las funciones latentes pueda ir en contra de lo establecido por las valoraciones morales dominantes en una sociedad o en un grupo dados. Así, por ejemplo, instituciones sociales consideradas habitualmente como poco morales (o aún como inmorales) pueden realizar funciones latentes que no son realizadas a cabo por las instituciones públicamente reconocidas para realizar dichas funciones. (p. 80-81). Merton explica esto último a través del ejemplo de los “caciques políticos” en los EE.UU., que son públicamente defenestrados por la moral estándar y que sin embargo cumplen funciones indispensables que no pueden ser realizadas adecuadamente por las instituciones del sistema político formal. (pp. 82-90).



Villa del Parque, miércoles 10 de julio de 2013





[1] Hay que tener presente que se trata de un texto publicado inicialmente en 1948.
[2] En el caso del término función, el problema consiste en que fue apropiado por diferentes disciplinas y por el lenguaje popular, haciendo que su significado se volviera oscuro para la sociología propiamente dicha. (p. 30).
[3] Max Weber (1864-1920) definía ocupación como “el modo de especialización, especificación y combinación de las funciones de un individuo en cuanto constituye para él la base de una oportunidad constante de tener ingresos o ganancias”. (p. 30). [La cita es de Weber y aparece así en el texto de Merton en la página indicada].
[4] Esto no significa que el análisis funcional deje completamente de lado la cuestión de las disposiciones subjetivas. Así, cuando Merton presenta el paradigma de análisis funcional, dice que “el análisis funcional supone invariablemente u opera explícitamente con alguna concepción de la motivación de los individuos implícita en un análisis social”. (p. 60). Luego, al referirse a la descripción funcional, dice que “un protocolo descriptivo completo, adecuado para el análisis funcional, se extiende inevitablemente a un campo de consecuencias inmediatas psicológicas y sociales de la conducta. Pero estas consecuencias pueden examinarse con mayor provecho en conexión con los conceptos de función.” (p. 69) [La cursiva es mía].
[5] En otras palabras, si se afirma que función social equivale a motivos del actor o de los actores sociales se está pasando del funcionalismo al individualismo metodológico (que postula que el individuo – en este caso sus motivos, finalidades, intenciones, etc. – tiene que ser el punto de partida de todo análisis social.).
[6] En conjunto, los postulados pueden tratarse de este modo: “primero, que las actividades sociales o las partidas culturales estandarizadas son funcionales para todo el sistema social o cultural; segundo, que todos estos renglones sociales y culturales desempeñan funciones sociológicas, y tercero, que son, en consecuencia, indispensables.” (p. 35).
[7] El sociólogo francés Emile Durkheim (1858-1917) afirmaba que en este tipo de sociedades imperaba la solidaridad mecánica, es decir, vínculos sólidos entre sus miembros a partir de las semejanzas existentes entre los individuos (dado el bajo nivel de desarrollo de estas sociedades se daba un escaso nivel de diferenciación entre sus miembros).
[8] Para el análisis funcional de la religión ver más adelante.
[9] Merton insiste en que utilizar la lógica de procedimiento utilizada por las ciencias biológicas no implica caer en las analogías y en las homologías no pertinentes empleadas en el siglo XIX por la sociología organicista (p. 57). Cabe decir que el análisis funcional no es equivalente al organicismo (pensar la sociedad como si se tratara de un organismo biológico).
[10] Ver al respecto el comienzo de nuestro artículo.
[11] Merton también sugiere que existe la posibilidad empírica de que existan consecuencias disfuncionales, es decir, simplemente ajenas al sistema en estudio. (p. 61).
[12] En la respuesta al punto 6 del cuestionario se desarrollaran con más extensión las consecuencias de esta distinción.
[13] Ver supra.
[14] Esta enumeración está tomada del resumen que presenta Merton en la página 70 del texto.
[15] Merton retoma aquí la distinción ya mencionada entre disposiciones subjetivas y consecuencias objetivas (Ver al respecto los puntos 2 y 3 del paradigma de análisis funcional). Señala que “la exposición descriptiva incluirá en la medida de lo posible, la enumeración de las motivaciones, pero los motivos no deben confundirse con la norma objetiva de conducta ni con las funciones sociales de dicha norma.” (p. 69). Ahora bien, toda descripción funcional está completa en la medida en que incluya estas disposiciones subjetivas (los motivos) de los participantes. Esto contribuye a explicar las funciones psicológicas realizadas por la norma. (p. 69).
[16] En los cuatro primeros puntos del protocolo, los sociólogos funcionalistas se concentran en “conceptos que son claramente prácticas estandarizadas de creencias, normas reconocidas como tales por los participantes en la sociedad.” (p. 69). Se trata, por tanto, de normas manifiestas. Sin embargo, Merton señala que es fundamental registrar regularidades de conducta asociadas a la actividad nominalmente central, pues estas verdaderas regularidades inconscientes proporcionan indicios para acceder a las  llamadas funciones latentes. (p. 70).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchisima Gracias por su excelente comentario puedo ahora entender con propiedad laconcepcion funcionalista de MERTON.
VIRGINIA DEOBARTES

Ariel Mayo (1970) dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Virginia. Saludos,

Mariana Semino dijo...

Qué buen trabajo!

Ariel Mayo (1970) dijo...

Muchas gracias, Mariana. Saludos,