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miércoles, 29 de diciembre de 2010

POSTALES NAVIDEÑAS DEL DOCTOR PANGLOSS

…Wilson se sienta a descansar. Uruguayo, alguna vez universitario, alguna vez un tipo prometedor, percibe todo lo que ocurre a su alrededor con una mezcla de cercanía y alejamiento. Acostumbrado a caminar, padece la desgracia de presenciar todo aquello que desde el auto no se ve (la ciudad está pensada para comprar y no para conocer las historias de las personas que viven en ella). Sentado en el cordón de la vereda (recuerda una vieja canción siempre que lo hace), como en su Malvín natal, ve pasar un carro cargado de cartones. Sobre los cartones, dos niños, un nene y una nena, con edad de estar en el jardín de infantes. Tirando del carro, sus padres. La mamá embarazada.

Wilson aborrece del sentimentalismo, pues piensa que es una de las formas de ser “farolero”. Los ve pasar y recuerda algunas cosas…

…Madrugada del 23 al 24 de diciembre. Wilson pasa por la puerta del Alto Palermo y observa un espectáculo de obscena vulgaridad. Multitudes acechan en los largos pasillos del shopping, esperando que den la señal para “saquear” un comercio. Personas reducidas a una triste condición, ni humana ni animal, que es la del cliente (“que siempre tiene razón”), movidos por algo tan mezquino como el aburrimiento de quien ya no sabe qué otra cosa comprar. Frente a ellos, los empleados de los negocios destilan un odio tanto más corrosivo porque no puede descargarse sobre quienes compran esas cosas que a ellos no les interesa vender. Suena el aviso. Empiezan los descuentos en un negocio. Los “saqueadores” corren, se atropellan, se empujan e insultan entre sí. También reciben su parte los empleados. Wilson piensa en una vieja pintura flamenca de la adoración de la virgen y sigue su camino…

…20 de diciembre. Wilson observa por televisión el lanzamiento de Duhalde como candidato a presidente. Un hombrecito pequeño pequeño vociferando en un escenario de plástico. Un enérgumeno que reclama “orden” para una Argentina “sedienta de paz”.¿A qué orden se referirá el señor pequeño pequeño? Wilson cree recordar (es difícil distinguir en este triste diciembre entre lo real y lo fantasmagórico) que hasta hace unos instantes, antes de que el hombrecito comenzara a vociferar, los hombres y mujeres de este bendito país agachaban las cabezas en las fábricas y en las oficinas. ¿Orden? El hombrecito pequeño pequeño quiere asegurarse, hay que ser precavido, nada tiene que turbar los negocios. ¿Orden? Si, para Kostecki y Santillán, para los qom de Formosa, para los tercerizados, para los estudiantes, para todos aquellos que no se resignan a un futuro pequeño pequeño. El hombrecito continúa vociferando. Wilson apaga el televisor…

...Cobos reclama “orden” y pide que la policía vaya con armas a las manifestaciones. Wilson cierra el diario y recuerda que ese mismo señor vicepresidente sancionó con un valeroso “no positivo” la rebelión de los dueños del campo, que se habían dedicado a cortar rutas desabasteciendo de alimentos a las ciudades movidos de su fervor patriótico de no pagar impuestos. Ahora Cobos, que sancionó semejante desorden, se dice partidario del “orden”. Pero Wilson recuerda que el derecho civil es para los ricos y el derecho penal es para los pobres. Cobos sabe a la perfección la regla principal de un estadista: genuflexiones diarias ante los poderosos, mano dura frente a los débiles. Así se gobiernan las repúblicas…

…Wilson le pide al diariero que le deje leer los editoriales de los diarios del domingo… Repasa varias veces el mismo párrafo. Piensa que hay un error, que es una ironía y que todo se develará al final. Pero no. El periodista Verbitsky acusa al PO de conspirar con Duhalde para organizar los disturbios de Constitución. El texto es muy burdo, las pruebas brillan por su ausencia, todo es indigno de su autor. Wilson se pone bíblico y recuerda aquello de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Sin embargo, Wilson es generoso y concluye que debe ser Altamira quien administra el ferrocarril Roca, quien adoptó la tercerización para bajar salarios y quien acostumbró a los pasajeros a la puntualidad, comodidad y limpieza de los trenes. Si, así debe ser, y es probablemente Altamira y no Pedraza quien mandó asesinar al idealista Ferreyra. “Partido Obrero sin obreros”. Wilson le devuelve los diarios al quiosquero, sonría y sigue caminando…

...Nilda Garré da una conferencia de prensa. Habla de Constitución. La versión oficial. Es insensato pedir otra cosa. Wilson se distrae, está pensando otra vez en Malvin…Algo le trae de vuelta a Buenos Aires. Garré dice que los disturbios tuvieron por objetivo ocultar las cosas buenas de este gobierno…”el consumo, las compras de fin de año”…Wilson siente con la certeza de un cuchillo que se hunde en la carne que el mundo ha enloquecido… La multitud que saquea los comercios en los shoppings, la velocidad con que se han olvidado las muertes de nuestros compatriotas en Soldati, los obreros y empleados agachando la cabeza, el hombrecito pequeño pequeño que vocifera en un teatro vacío…

…El carro sigue pasando por la Avenida Rivadavia. Dos niños viajan en él, jugando entre los cartones. Un niño y una niña, el mayor no tiene cuatro años. Sus padres tiran del carro. La mamá está embarazada…

Buenos Aires, miércoles 29 de diciembre de 2010

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