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miércoles, 8 de diciembre de 2010

SOLUCIONES PRO AL PROBLEMA DE LA VIVIENDA: REPRESIÓN EN SOLDATI

Mauricio Macri (n. 1959) no pasará a la historia por su preclara inteligencia, ni por sus dotes como estadista, ni por su oratoria elegante o pasional. Tampoco se lo recordará como alguien que dotó de nuevas ideas a la política argentina. En verdad, es muy difícil encontrar virtudes en tan mediocre personaje, que ha hecho de la nulidad una virtud. Sin embargo, al ganar las elecciones para Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (24 de junio de 2007) formuló unas declaraciones que sí pasarán a la historia, en tanto síntesis perfecta del pensamiento político de nuestras clases dominantes. En esa ocasión, Macri dijo que el siglo XX "había sido el siglo de los derechos humanos", en tanto que el siglo XXI sería el siglo "de las obligaciones", además de los derechos. Para nuestra burguesía (si se me permite utilizar otra vez este término antidiluviano, más propio del Museo de Ciencias Naturales que de la política en la "era del consenso") el único derecho que vale es de propiedad; todas las demás cuestiones son tonterías difundidas por zurdos a los que hay que meterles bala por si las moscas. ¡Y vaya que hubo balas en el siglo XX!

Dado lo expuesto en el párrafo anterior, ¿que podía significar la afirmación de nuestro personaje? La respuesta es sencilla. La "nueva política" pregonada por el PRO no era otra cosa que una vuelta a un neoliberalismo rancio, condimentada con dosis cada vez más importantes de represión. En las condiciones post 2001 está claro que cualquier vuelta al statu quo de los '90 supone necesariamente la aplicación de la violencia contra los sectores populares. De ahí que el proyecto más defendido por la administración PRO haya sido la creación de una Policía Metropolitana, y no el mejoramiento de la infraestructura escolar, por ejemplo. Desde su llegada misma al Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri manifestó una fuerte propensión al uso de la violencia para resolver los conflictos sociales. Así, se libraron "batallas" contra indigentes, Okupas, cartoneros. Nada de construir viviendas populares en la ciudad o de mejorar las condiciones de vida de los habitantes más pobres. Resultaba más cómodo sacarlos del medio y llevarlos a algún lugar donde no molestaran la vista de los ciudadanos de "pro".

En la noche del 6 al 7 de diciembre, el ingeniero Mauricio Macri agrego un nuevo "mérito" para entrar en la historia. La Policía Federal, la Gendarmería y la Policía Metropolitana realizaron un operativo conjunto para desalojar a los ocupantes de unos terrenos ubicados en el barrio de Villa Soldati, cerca del Parque Indoamericano. (1). El desalojo fue ordenado por la jueza porteña María Cristina Nazar, a pedido del Gobierno de la Ciudad. En el operativo represivo estuvieron presentes Diego Santilli (n. 1967-), ministro de Ambiente y Espacio Urbano, y Guillermo Montenegro, ministro de Seguridad, ambos del Gobierno de la Ciudad. Como resultado de la represión, murieron Bernardo Salgueiro, de 24 años, y Rosemary Puña, de 28. Además, hay dos heridos de suma gravedad, entre ellos una beba. También se informó sobre más de 50 detenciones.

Como escribo estas notas sobre la marcha de los acontecimientos, no es posible establecer con absoluta precisión los hechos. Pero si se pueden hacer algunas consideraciones generales. La historia es conocida como para que sea necesario insistir mucho sobre ella. En nuestro país, no sólo en la Ciudad de Buenos Aires, existe un problema de vivienda muy extendido. Faltan viviendas populares y una política de Estado para solucionar el problema. De ahí que las ocupaciones de viviendas y terrenos sean un fenómeno bastante común. También aparecen quienes se benefician con las necesidades ajenas, y muchas veces hay personajes que promueven las ocupaciones para sacar un rédito económico de las mismas. Pero el fondo sigue siendo el mismo. Nadie se preocupa porque los trabajadores y demás sectores populares puedan acceder a una vivienda digna sin tener que pagar sumas enormes en concepto de alquileres, pago de cuartos de pensión a un valores desproporcionados, etc. Es preferible seguir manteniendo el negocio de los propietarios de viviendas para alquiler. No se asume que la cuestión habitacional constituye un problema social y político. Hay que tener presente que esta represión, que ha ocasionado DOS MUERTOS, se da en el marco de una Ciudad que ha experimentado un boom en la construcción de viviendas desde el 2003. Pero, estas construcciones no están destinadas a satisfacer las necesidades de los sectores populares...

El ingeniero Mauricio Macri reafirmó en este caso su decisión de resolver los conflictos mediante el uso de la violencia. Si no lo hace más seguido es porque está demasiado expuesto a la publicidad en un distrito como la Ciudad de Buenos Aires. Nadie le puede negar coherencia en este punto. Pero el ingeniero no está solo en esta "patriada". Para muchos habitantes de esta ciudad es motivo de satisfacción que se haya reprimido a tiros a los villeros. Total, se trata de un grupo "indeseable" en el que, además, hay muchísimos "extranjeros". El ingeniero no sale de un repollo, sino que expresa muchas de las cualidades que han caracterizado desde siempre a segmentos importantes de nuestras clases medias. Una de estas cualidades es el odio visceral hacia los pobres, a los que sólo cabe utilizar en las elecciones o en las empresas como materiales descartables. En este sentido, la ya mencionada mediocridad del ingeniero es también un rasgo social.

Pero el asunto no termina aquí. Si bien la responsabilidad principal recae sobre nuestro inefable ingeniero, corresponde señalar que el gobierno nacional ha hecho muy poco para paliar el problema de la vivienda de los sectores populares. Sólo mediante la puesta en práctica de un plan de construcción masiva de viviendas sería posible resolver la cuestión y evitar los padecimientos que acarrea la falta de una vivienda propia en las condiciones de nuestra sociedad capitalista. No hacer esto implica dejar la solución del problema de la vivienda en manos del mercado, contradiciendo el discurso oficial que sostiene que la política económica está dirigida a fortalecer el rol del Estado. Ahora bien, dejar la cuestión de la vivienda en manos del mercado supone mantener las reglas de juego imperantes en la sociedad desde los ´90, y promueve indirectamente las ocupaciones de terrenos y los conflictos entre pobres.

Además de lo anterior, hay que decir que la Policía Federal intervino en la represión, así como también la Gendarmería. Estas fuerzas de seguridad son controladas por el gobierno nacional (mientras que la Metropolitana está a cargo de Macri), Si bien desde lo formal se puede alegar que la orden de desalojar a los ocupantes de los terrenos provino de una jueza, la verdad es que tendría que haberse previsto que la medida iba a ser resistida. Si la política declamada del gobierno nacional ha sido la de no reprimir los conflictos sociales, los sucesos de ayer muestran una tendencia alarmante, que se encadena con el asesinato de Mariano Ferreyra a manos de la patota de la Unión Ferroviaria y los muertos en la represión en Formosa hace pocos días.

Por último, los sucesos de ayer ponen en cuestión el problema de quién tiene que resolver el problema de la vivienda en Argentina. La respuesta actual, boom de la construcción mediante, dice que tiene que ser el mercado. Pero esta solución sólo resuelve el problema de los que pueden pagar por su vivienda. A esto en otros tiempos se lo denominaba capitalismo. Otra respuesta posible consiste en que el Estado y/o las cooperativas de vivienda aborden un plan nacional de construcción de viviendas que reduzca al mínimo el rol del mercado en este ámbito. Y reducir el rol del mercado significa en este punto independizar a los sectores populares de todos aquellos que lucran con la necesidad de una vivienda. La pregunta que cabe hacerse es: ¿por qué no se "explora" esta segunda alternativa?

Buenos Aires, miércoles 8 de diciembre de 2010

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