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martes, 28 de diciembre de 2010

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (2)

2. El origen de la teoría de la lucha de clases[1].

La teoría de la lucha de clases existió con anterioridad al socialismo. Sus defensores se apoyaban en la actuación del revolucionario francés Gracchus Babeuf (1760-1797), principal dirigente de la llamada Conspiración de los iguales. Las palabras “babouvisme” y “babouviste” se utilizaron frecuentemente en Francia, sobre todo después de 1830, siendo empleadas para designar a la extrema izquierda del movimiento democrático (esto es, de quienes apoyaban el derrocamiento de la monarquía orleanista, surgida de la Revolución de 1830, y su reemplazo por la república democrática). Es significativo que la palabra “prolétarien” se encontrase asociada en esta época con la tradición babouvista.

Los partidarios de Babeauf eran confundidos, a veces, con los socialistas (como se indicó en la nota anterior, recibían esta denominación tanto los partidarios de las ideas de Saint-Simon como los adherentes a las concepciones de Fourier). Sin embargo, hasta mucho después de 1830, se mantuvo una distinción. Mientras que sansimonianos, fourieristas y owenianos constituían grupos organizados, “el babouvisme era una tendencia más bien que una secta, y sus exponentes se hallaban entre los miembros de sociedades y grupos democráticos y revolucionarios que públicamente no hacían profesión pública de él, como una doctrina, sino que lo consideraban más bien como una expresión importante de la izquierda jacobina, como un primer intento de llevar la revolución de 1789 hasta sus última conclusión lógica.” (I: 14).

3. El origen del término Comunismo (I: 15).

Comenzó a usarse en Francia con posterioridad a la Revolución de 1830, en relación con las sociedades revolucionarias de carácter clandestino que actuaban en Paris. Se hizo de uso corriente en los comienzos de la década de 1840 para designar a las teorías de Etienne Cabet (1788-1856). En Gran Bretaña empezó a usarse en 1840, importada de Francia por el oweniano John Goodwyn Barmby (1820-1881)[2], en sus Cartas de Paris (serie de artículos publicados en THE NEW MORAL WORLD).

En Francia, su uso temprano tuvo dos acepciones: a) la idea de commune (= unidad básica de la vecindad y el gobierno autónomo), que apuntaba a una forma de organización social constituida por una federación de comunas libres[3]; b) la idea de communauté (= tener cosas en común o de propiedad común), siendo este el sentido aceptado por Cabet y sus partidarios[4].

A diferencia de la palabra socialismo, el término comunismo tenía un sentido más militante. Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) prefirieron hablar de comunismo, porque estaba más ligado a la idea de lucha revolucionaria y porque se relacionaba con la noción de propiedad y goce comunes. Según Engels, el término estaba asociado con la lucha de clases y con la concepción materialista de la historia.

Buenos Aires, martes 28 de diciembre de 2010


NOTAS:

[1] Una aclaración necesaria. El traductor de la obra (digo esto porque no tengo en mis manos la edición inglesa y no puedo establecer si el término ya es utilizado por Cole) emplea constantemente el término doctrina para referirse a las concepciones de un autor o corriente. Prefiero, en cambio, el uso de la palabra teoría, pues doctrina alude a un cuerpo cerrado de ideas (remitiendo en esto al pensamiento religioso), en tanto que teoría enfatiza el carácter abierto (y/o contradictorio) de un pensamiento. Es verdad que con esto estoy haciendo una interpretación particular de los términos mencionados, pero dicha interpretación es más cercana a las formulaciones de la moderna filosofía de la ciencia.

[2] Barmby, quien en 1840 realizó un viaje a Paris, hizo que Engels entrara en contacto con los “comunistas” franceses.

[3] En esta acepción fue adoptada por los clubes clandestinos de extrema izquierda. Por intermedio de ellos pasó a los revolucionarios exiliados en Francia, y luego fue empleada por la Liga Comunista en 1847. De allí pasó al Manifiesto Comunista (1848).

[4] Es interesante hacer notar que ya en sus orígenes el comunismo denotaba una concepción de la organización social que combinaba el autogobierno (o, si se quiere, formas de gobierno en las que los gobernados tuvieran una participación activa en la toma de decisiones y en el gobierno mismo) con la reestructuración radical de la propiedad.

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