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miércoles, 8 de mayo de 2013

FICHA DE LECTURA: MANIFIESTO DEL CÍRCULO DE VIENA. LA CONCEPCIÓN CIENTÍFICA DEL MUNDO (1929)



Nota bibliográfica:
Para la redacción de estas notas se utilizó la traducción del Manifiesto publicada por la revista REDES, Universidad Nacional de Quilmes, vol. 9, n° 18, junio de 2002, pp. 105-125.

El Círculo de Viena para la Concepción Científica del Mundo se constituyó en Viena a finales de la década de 1920. Su alma mater fue el filósofo Moritz Schlick (1882-1936). El Manifiesto, escrito en 1929, tuvo por objetivo hacer pública la posición del grupo frente a los problemas de la filosofía de la ciencia. 

La elección del formato de “manifiesto” no es fruto de la casualidad. Como es habitual, la toma de posición filosófica es, también, una toma de posición política. De ahí que el Manifiesto exprese las ideas del Círculo de manera combativa; no se trata, de ningún modo, de un texto que respete el formato aséptico de los escritos académicos.

El Círculo de Viena (CV a partir de aquí) se manifiesta en contra del “pensamiento metafísico y teologizante” y defiende el espíritu del Iluminismo y “de la investigación antimetafísica de los hechos” (p. 107). Es a partir del reconocimiento de la creciente influencia del pensamiento metafísico que el CV decide hacer públicos sus puntos de vista. Es preciso recordar, una vez más, que la expansión de dicho pensamiento excede largamente el marco filosófico. En el Manifiesto se pone en claro el contexto político de la época:

“El aumento de las inclinaciones metafísicas y teologizantes que se manifiesta hoy en muchas uniones y sectas, libros y revistas, en conversaciones y clases universitarias, parece estar basado en las feroces luchas sociales y económicas del presente: un grupo de combatientes aferrándose a formas sociales del pasado, también cultiva las posiciones de la metafísica y de la teología heredadas, a menudo largamente superadas en el contenido; mientras que el otro grupo, vuelto hacia los nuevos tiempos, especialmente en Europa Central, rechaza esas posiciones y hace pie en el suelo de la ciencia de la experiencia. Este desarrollo está conectado con el desarrollo del proceso moderno de producción que está llegando a ser cada vez más rigurosamente mecanizado técnicamente y deja cada vez menos espacio para las ideas metafísicas heredadas. Está también conectado con la decepción de grandes masas de gente con respecto a la actitud de quienes predican doctrinas metafísicas y teológicas tradicionales. Así, ocurre que en muchos países las masas rechazan ahora esas doctrinas de manera mucho más consciente que antes, y en conexión con sus posiciones socialistas se inclinan hacia una concepción empirista apegada a lo terrenal. En los tiempos más tempranos la expresión de esta concepción era el materialismo; mientras tanto, sin embargo, el empirismo moderno se ha desprendido de formas insuficientes y ha conseguido una forma sólida en la concepción científica del mundo.” (p. 123).

La concepción científica del mundo (CCM a partir de aquí) expresa, en el plano de la filosofía, la confrontación ideológica entre los partidarios del mantenimiento del statu quo (en la década de 1930, serán los defensores del nazismo, etc.) y los partidarios del cambio social (las distintas vertientes del socialismo y el comunismo). “Así la concepción científica del mundo se mantiene cercana a la vida contemporánea.” (p. 123).

Los puntos fundamentales del Manifiesto son: a) la crítica del pensamiento metafísico; b) la justificación de la superioridad de la CCM frente a dicho pensamiento. Hay que decir que los autores del Manifiesto no se proponen solamente “lograr una posición libre de metafísica, sino también anti-metafísica” (p. 110).

El eje de la crítica a la metafísica radica en la demostración de que la misma es incapaz de formular proposiciones susceptibles de ser sometidas a contrastación empírica: 

“El metafísico y el teólogo creen, incomprendiéndose a sí mismos afirmar algo con sus oraciones, representar un estado de cosas. Sin embargo, el análisis muestra que estas oraciones no dicen nada, sino que sólo son expresión de cierto sentimiento sobre la vida. La expresión de tal sentimiento puede ser una tarea importante en la vida. Pero el medio adecuado de expresión para ello es el arte (…) Si en lugar de ello se escoge la apariencia lingüística de una teoría se corre un peligro: se simula un contenido teórico donde no radica ninguno.” (p. 113).

Si es imposible la verificación empírica de los enunciados metafísicos o teológicos, queda claro que estos no nos pueden decir nada concreto sobre el mundo real. Es así, en definitiva, porque la metafísica cae en 
 
“la concepción de que el pensar puede llevarnos a conocimientos por sí mismo sin utilización de algún material de la experiencia, o bien al menos puede llegar a nuevos contenidos a partir de un estado de cosas dado. Pero la investigación lógica lleva al resultado de que toda inferencia no consiste en ninguna otra cosa que el paso de unas oraciones a otras, que no contienen nada que no haya estado ya en aquéllas. No es por lo tanto posible desarrollar una metafísica a partir del pensar puro." (p. 114).
La metafísica y la teología son arrinconadas al terreno de la poesía, del mito, del arte en general. No pueden decir nada en el terreno de la ciencia. Establecido esto, ¿qué entienden por ciencia los miembros del CV? O, mejor dicho, ¿qué entienden por CCM?

Ante todo, es propia de la CCM la utilización del método del análisis lógico. Éste consiste en la indagación sobre el significado de los enunciados. El significado de una proposición es el método de su verificación, es decir, la posibilidad de someterlo o no a la verificación empírica:

“Y entonces se muestra que hay una demarcación precisa entre dos tipos de enunciados. A uno de estos tipos pertenecen los enunciados que son hechos por las ciencias empíricas, su sentido se determina mediante el análisis lógico, más precisamente: mediante una reducción a los enunciados más simples sobre lo dado empíricamente. (…) Los otros enunciados (…) se revelan a sí mismos como completamente vacíos de significado si uno los toma de la manera en que los piensa el metafísico.” (p. 112-113).

La CCM se caracteriza, entonces, por dos rasgos:

a) es empirista y positivista, es decir:
 

“hay sólo conocimiento de la experiencia que se basa en lo dado inmediatamente. Con esto se establece la demarcación del contenido científico legítimo.” (p. 115).


 b) utiliza el método del análisis lógico. La aplicación sistemática de este método a todos los enunciados es la condición para la elaboración de una ciencia unificada, objetivo último del CV. 

“Debido a que el significado de todo enunciado científico debe ser establecido por la reducción a un enunciado sobre lo dado, de igual modo, el significado de todo concepto, sin importar a qué rama de la ciencia pertenezca, debe ser determinado por una reducción paso a paso a otros conceptos, hasta llegar a los conceptos de nivel más bajo que se refieren a lo dado. Si tal análisis fuera llevado a cabo para todos los conceptos, serían de este modo ordenados en un sistema de reducción, un «sistema de constitución».” (p. 115).

La CCM se ocupa, por tanto, de construir la teoría de la constitución, es decir, “el ordenamiento de los conceptos de las distintas ramas de la ciencia en el sistema de constitución” (p. 115).

La propuesta del CV tiende a superar tanto al idealismo como al realismo, porque sostiene que ambos se basan en postulados metafísicos: “no tienen sentido porque no son verificables, no se atienen a las cosas.” (p. 114).

No es este el lugar para formular una crítica de la CCM, pero es preciso indicar al menos dos cuestiones que torna problemática la posición del CV. En primer lugar, su concepción empirista enfatiza el carácter neutral de la observación, que aparece desprovista de toda “carga teórica” (para usar el término empleado por Popper en su crítica del inductivismo). En segundo lugar, la propuesta de la ciencia unificada pasa por alto la cuestión central del papel de la ideología (y de la lucha de clases) en el campo de las ciencias sociales. Sólo así puede entenderse el amontonamiento heteróclito de autores que se encuentra en la p. 121, donde Smith, Marx y Menger son igualados en tanto exponentes de una concepción antimetafísica.

Villa Jardín, martes 7 de mayo de 2013

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