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domingo, 12 de septiembre de 2010

PAPEL PRENSA, FIBERTEL Y LA CUESTIÓN DE LA PROPIEDAD (II)

(Segunda entrega de las notas preparadas para una conferencia en el Centro Cultural Tinku, sábado 4 de septiembre de 2010.)

Luego de las consideraciones hechas en la nota anterior, cabe decir que la discusión en torno a Papel Prensa y Fibertel carece de verdadero sentido político si no se aborda la problemática de la relación entre los medios de comunicación y la dominación capitalista. Aquí sólo puedo hacer algunas consideraciones preliminares que exigen la realización de estudios posteriores para poder ser verificadas. La articulación entre la lógica del capital y los medios de comunicación se da en torno a dos dimensiones principales:

a) el espacio de legitimación de la hegemonía política de la clase capitalista. En este sentido, los medios actúan como intelectuales orgánicos de los empresarios, no tanto por su capacidad para organizar a la propia clase dominante, sino a través de su trabajo constante para lograr la fragmentación y dispersión de los sectores populares. Su tarea es, en este aspecto, mucho más negativa que positiva.

Los medios marcan la agenda de los temas que son percibidos como normales y posibles, y los separan rigurosamente del terreno de los «sueños»y de los «disparates». Así, por ejemplo, los medios ponen en el escenario la discusión sobre el 82% móvil, pero dejan de lado el debate en torno al porqué las personas que construyeron la riqueza del país están condenadas a sobrevivir con una jubilación, en tanto que los empresarios que alcanzaron la tercera edad pueden seguir disfrutando de los mismos placeres que durante su vida "activa".

b) el espacio de legitimación de la hegemonía social de la clase capitalista. Aquí su papel es todavía más importante que el que juegan en la dimensión de la hegemonía política. Para entender esto hay que volver otra vez al hecho del carácter capitalista del sistema productivo argentino. En una economía capitalista la productividad del trabajo es muy superior a las necesidades de los seres humanos. En otras palabras, se produce mucho más de lo necesario para satisfacer las necesidades básicas de las personas. Ahora bien, en una economía capitalista los empresarios sólo pueden apropiarse de la ganancia una vez que han logrado vender sus mercancías. Sin ventas no hay ganancias. De este modo, el capitalista se ve obligado a controlar tanto lo que pasa en la fábrica (dictadura fabril) como lo que sucede en el mercado (marketing). Es más, está obligado a arbitrar los medios para que las personas dediquen porciones cada vez más grandes de su "tiempo libre" a la compra de mercancías. (1) . Le guste o no, debe avanzar más allá de la jornada laboral e intentar abarcar todos los momentos de la vida de las personas. La existencia humana en su conjunto pasa a estar sometida a las necesidades de realización (venta) de la mercancía. Si algo no puede comprarse o venderse pasa a ser "sospechoso", "raro", "especial".

En este contexto se comprende la función de hegemonía social que desempeñan los medios de comunicación en una sociedad capitalista como la argentina. Su tarea primordial consiste en instalar la idea de que la vida humana tiene que girar en torno a la compra de mercancías. Esto es mucho más que la publicidad de todo tipo de mercancías, sin negar por cierto la importancia de esta "noble" actividad. Es la creación de la propensión a comprar, la construcción de los límites de la propia experiencia vital en torno al espacio de la mercancía. Los temas, los modelos, el lenguaje, pasan a ser los del individuo comprador. En este sentido, las secciones de los diarios y de los programas de televisión aparentemente más alejadas de la política son, al contrario, las más profundamente políticas.

Establecidas las funciones de hegemonía política y social que desempeñan los medios de comunicación de masas en una sociedad capitalista moderna, puedo abordar la cuestión de la pelea en torno a Papel Prensa y Fibertel. En primer lugar, hay que decir que está en discusión algo mucho más profundo que el monopolio del Grupo Clarín o la estabilidad del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Quedarnos en este nivel de análisis supondría aceptar pasivamente los límites de la discusión política tal como la plantean los sectores dominantes. En el marco de una lucha política entre el Grupo Clarín y el Gobierno Nacional se ha puesto en el centro del debate, sin que esto sea una intención querida por los principales actores en conflicto, la cuestión de la propiedad de los medios de comunicación. En este sentido, puede decirse que el debate en torno a Papel Prensa adquiere una relevancia política fundamental. Veamos esto con atención.

La transferencia de la parte principal de la propiedad de Papel Prensa a Clarín y La Nación en el año 1977 no puede considerarse de ningún modo como un hecho casual. En este punto, que la transferencia de las acciones de la familia Graiver a Clarín y La Nación haya sido facilitada y acelerada por medio de la aplicación de torturas a cargo de los grupos de tareas de la dictadura o que haya sido el producto de una transacción comercial normal, no tiene tanta importancia como el hecho de que, en el marco de un gobierno dictatorial que estaba interesada en controlar todas las formas de expresión de ideas, la proyectada principal fuente productora de papel nacional para periódicos y libros, haya quedado en manos de tres periódicos como Clarín, La Nación y La Razón. Basta revisar los titulares y los editoriales de estos diarios durante toda la época de la dictadura para comprobar que actuaron en todo momento como cómplices e impulsores del proyecto de país implementado por la dictadura militar. Esto es un hecho político fundamental, y frente a él poco pueden decir los periodistas a sueldo de los grupos Clarín y La Nación. En este sentido, la "aceptación" del traspaso de acciones por la dictadura es consecuente con la política del gobierno militar, tendiente a asegurar todos los procesos del poder político, económico y social en la Argentina. De hecho, el mayor mérito de la acción del gobierno de Cristina Fernández consiste en haber puesto en el centro de la escena la cuestión misma del traspaso y del momento en que se efectuó.

Hay que volver a insistir en el argumento desarrollado en los párrafos anteriores. Los medios de comunicación en una sociedad capitalista se han transformado en una de las fuentes principales de hegemonía política y social. Es por esto que la dictadura militar, embarcada en un proceso de reestructuración brutal de las relaciones entre las clases sociales en la Argentina (cuyo objetivo principal era la eliminación de las bases objetivas para cualquier proyecto político que tuviera intenciones de llevar adelante algún proceso de redistribución de ingresos). Ahora bien, lo interesante es que los gobiernos democráticos que sucedieron a la dictadura no tocaron las bases de la concentración de los medios de comunicación. Al contrario (y esto especialmente en la década de 1990), tendieron a promoverla dando el visto bueno a la conformación de grupos multimedios, de los cuales el Grupo Clarín es el ejemplo más destacado. Si se está de acuerdo con este argumento, se comprende el porqué no puede presentarse la acción actual del Gobierno Nacional como una arremetida contra la libertad de prensa o la libertad de expresión. En verdad, en ningún momento los grupos monopólicos en los medios de comunicación han favorecido la concreción real del derecho a la libre expresión. Afirmar la contrario implica desconocer el papel que han cumplido los grupos multimedios en la consolidación de todos los proyectos económico-sociales favorables a la hegemonía del capital concentrado.

Buenos Aires, domingo 12 de septiembre de 2010

[Continuará]


NOTAS:

(1) Es por esto que constituye un error caracterizar a la sociedad capitalista como una "sociedad de consumo". En el límite, al capitalista le importa poco que los compradores consuman lo que compran; lo que le interesa primordialmente es que compren...

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