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martes, 2 de agosto de 2016

SOCIOLOGÍA, HECHOS SOCIALES Y REPRESENTACIONES COLECTIVAS EN DURKHEIM

Emile Durkheim


El hecho de atribuir carácter científico a una reflexión sobre la sociedad no es una cuestión meramente académica, sino que implica una legitimación de dicho discurso en detrimento de otras posiciones. Estos es así porque el prestigio alcanzado por las ciencias naturales y el enorme impacto de las mismas en la vida cotidiana a través de la tecnología, termina por comunicarse a toda actividad rotulada con el término ciencia. En otros términos, reconocer la cientificidad de una teoría social tiende a confundirse con la negación del carácter ideológico de dicho discurso, en tanto expresión de una clase de esa sociedad. Por esto es que resulta importante examinar la forma peculiar en que Emile Durkheim (1857-1917) atribuye carácter científico a su teoría social. (1)

Durkheim desarrolló su proyecto de construir una sociología científica en las obras de la década de 1890, sobre todo en Las reglas del método sociológico (1895). Para poder realizar esta tarea, emprendió la crítica del individualismo metodológico (IM a partir de aquí). En esa línea afirmó que la sociología tenía que basarse en los hechos sociales y no en las opiniones de los individuos, para así poder hacer afirmaciones de carácter objetivo.

En el programa durkheimiano, la constitución de la sociología como disciplina científica es inseparable de la crítica de la economía clásica, de la psicología utilitarista y de la utilización de explicaciones metafísicas en ciencias sociales. Paradójicamente, para hacer frente a la “crisis intelectual” de la burguesía, debió adoptar un punto de vista que presenta algunas similitudes con el del materialismo histórico. Ante todo, la sociología durkheimiana se presentó como una ciencia de la sociedad en su conjunto, rechazando la división en compartimentos estancos propia de la concepción burguesa de la sociedad. También señaló con precisión el origen histórico de las ideologías sociales, rechazando todo esencialismo. (2)

Para la redacción de este ensayo utilicé el capítulo I de Las reglas y el prefacio de la 2º edición de la obra. (3)

La delimitación del concepto de hecho social (HS a partir de aquí) es fundamental en el establecimiento de la sociología científica preconizada por Durkheim. La definición de hecho social va de la mano con la delimitación del objeto de estudio de la sociología  o, en otras palabras, con la conformación de la sociología como disciplina científica separada de la biología, de la psicología y de la economía. ⦗Y también, aunque Durkheim no lo explicite, del materialismo histórico de Marx, que es el verdadero enemigo a vencer.⦘

Durkheim comienza por constatar la imprecisión del término HS, su ambigüedad:

“De ordinario se la emplea para designar casi todos los fenómenos que ocurren en el seno de la sociedad, por poco que presenten, junto con una cierta generalidad, algún interés social. Pero, si se consideran las cosas de esa manera, no hay, por así decir, acontecimiento humano que no pueda ser llamado social.” (p. 56).

⦗Si se toma de esta manera a los HS, la sociología no se distingue de la biología ni de la psicología. Demarcarse de la psicología implica demarcarse del individualismo metodológico. Las críticas a Herbert Spencer (1820-1903) muestran la importancia otorgada por Durkheim a la refutación del IM. No es posible desarrollar este punto aquí, pero las críticas al IM aproximan a Durkheim a la concepción marxista. Pero la diferente manera en que Durkheim y Marx piensan a la totalidad sirve para precisar los rasgos fundamentales del materialismo histórico.⦘

Durkheim porfía en que existe en toda sociedad un grupo de fenómenos específicos, a los que cabe la denominación de HS. Ellos son el objeto de estudio de la sociología y permiten distinguirla de las otras ciencias de la naturaleza. (p. 56). Esta afirmación resultó especialmente conflictiva en su época, pues chocó con la concepción de sentido común que sostenía que la sociedad estaba compuesta por individuos. (4)

La mayor parte del capítulo 1 de Las reglas está dedicado a presentar las características de los HS. A continuación presento un resumen de las mismas.



1) Son “modos de obrar, de pensar y de sentir que presentan esta notable propiedad de existir fuera de las conciencias individuales.” (p. 57).

Durkheim explica que las personas nos encontramos desde nuestro nacimiento con deberes que no hemos creado: “no soy yo quien las he hecho, sino que los he recibido por medio de la educación.” (p. 57). “De igual manera el fiel se ha encontrado al nacer ya hechas las creencias y las prácticas de su vida religiosa; si éstas existían antes de él, es que existen fuera de él.” (p. 57).

Ejemplos: “El sistema de signos de que me sirvo para expresar mi pensamiento, el sistema de monedas que empleo para pagar mis deudas, los instrumentos de crédito que utilizo en mis relaciones comerciales, las prácticas aceptadas en mi profesión, etc., funcionan independientemente del uso que de ellas hago.” (p. 57).


2) “Estos tipos de conducta o de pensamiento no sólo son exteriores al individuo, sino que están dotados de un poder imperativo y coercitivo en virtud del cual se imponen a él, lo quiera o no.” (p. 57).

Es este carácter coercitivo el que permite distinguir a los HS de los fenómenos orgánicos, “ya que consisten en representaciones y en acciones”, y de los fenómenos psíquicos, “que no tienen existencia más que en la conciencia individual y por ella.” (p.58; el resaltado es mío - AM -). Como no se trata ni de fenómenos orgánicos ni psíquicos, “constituyen una nueva clase de ⦗hechos⦘ y es a ellos, y sólo a ellos, a los que se debe dar el calificativo de sociales; éste es el calificativo adecuado, pues resulta claro que al no tener por sustrato al individuo, no pueden tener otro que la sociedad, sea la sociedad política en su totalidad, sea alguno de los grupos parciales que encierra: confesiones religiosas, escuelas políticas y literarias, corporaciones profesionales, etc.” (p. 59; el resaltado es mío - AM-). Y concluye: “son el ámbito propio de la sociología.” (p. 59; el resaltado es mío - AM-).

Esta coerción no se percibe habitualmente, pues los individuos aceptan las reglas que regulan su existencia en sociedad. Sin embargo, cuando rechazan dichas reglas, la coerción salta a la luz. En otras palabras, el carácter coercitivo de los HS se expresa en la resistencia que genera la violación de las reglas sociales.

En el caso de las reglas del derecho: “Si intento quebrantar las reglas de derecho éstas reaccionan contra mí a fin de impedir mi acto si aún hay tiempo, o de anularlo y restablecerlo en su forma normal si se ha realizado ya y puede ser reparado, o de hacerme expiar sus consecuencias, si no puede ser reparado de otro modo.” (p. 57-58).

En el caso de las máximas puramente morales: “La conciencia pública reprime todo acto que las ofende por medio de la vigilancia que ejerce sobre la conducta de los ciudadanos y las penas especiales de que dispone.” (p. 58).

En el caso de las convenciones sociales: “Si no me someto a las convenciones de la sociedad, si en mi forma de vestir no tengo en cuenta en absoluto los usos aceptados en mi país y en mi clase, la risa que provoco y el alejamiento social en que me mantienen producen los mismos resultados que un castigo propiamente dicho, aunque de forma más atenuada.” (p. 58).

Los HS consisten tanto en creencias y prácticas instituidas (reglas jurídicas y morales, dogmas religiosos, sistemas financieros, etc.) como a corrientes sociales (por ejemplo, los movimientos de entusiasmo, indignación o de piedad que se producen en una asamblea). Todos ellos tienen en común que se manifiestan como una presión (coerción) en tanto el individuo se resiste a ellos. (p. 59-60). (5)

Durkheim afirma que “es indiscutible que la mayor parte de nuestras ideas y de nuestras tendencias no son elaboradas por nosotros sino que nos vienen de fuera (...) sólo pueden penetrar en nosotros imponiéndose, y eso es todo lo que significa nuestra definición.” (p. 59). El ejemplo más contundente es la educación: “toda educación consiste en un esfuerzo continuo para imponer al niño modos de ver, de sentir y de obrar que no se les habría ocurrido espontáneamente. (...) la educación tiene por objeto precisamente el hacer el ser social.” (p. 61).

La coerción externa que los HS ejercen sobre los individuos puede manifestarse a través de la existencia de una sanción determinada, o bien por la resistencia que impone a todo intento individual de zafar de las prescripciones colectivas. (p. 65).



3) Los HS están constituidos “por las creencias, las tendencias y las prácticas del grupo tomado colectivamente” (p. 62; el resaltado es mío - AM-).

Durkheim aclara que dichos estados colectivos son diferentes a las formas que revisten en los individuos. Esto permite demostrar categóricamente que se trata de “dos naturalezas distintas”. (p. 62):

“A causa de la repetición algunas de esas maneras de obrar o de pensar adquieren una especie de consistencia que, por así decir, hace que se produzca un precipitado y los aísle de los acontecimientos particulares que las reflejan. Adquieren así un cuerpo y una forma sensible que les es propia y constituyen una realidad sui generis, muy distinta de los hechos individuales que son manifestación suya. La costumbre colectiva no sólo existe en forma inmanente en los sucesivos actos que determina, sino que, en virtud de un privilegio del que no encontramos parangón en el reino biológico, se expresa de una vez por todas en una fórmula que se repite de boca a boca, que se transmite por la educación o que incluso se fija por escrito.” (p. 62). Ejemplos: reglas jurídicas y morales, aforismos y dichos populares, los artículos de fe que condensan las creencias de las sectas religiosas o políticas, los códigos de las escuelas literarias, etc. (p. 62).



4) Los HS son generales (es decir, son comunes a toda la sociedad o a la mayor parte de los miembros de ésta) porque son colectivos.

“Es un estado del grupo, que se repite en los individuos porque se impone a ellos. Está en la parte por estar en el todo, lo que es bien distinto de que esté en el todo por estar en las partes.” (p. 64; el resaltado es mío - AM-) (6)

⦗Esta característica de los HS es producto de la crítica del IM propio de la economía y de la sociología de Spencer. Mientras que el IM sostiene que las partes (los individuos) forman el todo, le dan sentido al mismo, Durkheim propone el punto de vista opuesto. Al tomar a la totalidad como punto de partida del análisis, el sociólogo francés se aproxima al marxismo.⦘

Puesto que la noción de representaciones colectivas juega un papel central en la sociología durkheimiana, conviene revisar la presentación del concepto en Las reglas. En el prefacio de la 2º edición, escribió: “Para comprender el modo como la sociedad se representa a sí misma y al mundo que lo rodea, lo que hay que considerar es la naturaleza de la sociedad y no la de los particulares. Los símbolos bajo los cuales se piensa cambian de acuerdo con lo que ella es.” (p. 43-44).

El corolario de esta afirmación es que la “psicología individual” no sirve para el estudio de las representaciones colectivas, pues se refiere a “órdenes de realidad” diferentes a los de la sociología.

En otras palabras, “en ningún caso la sociología podría limitarse pura y simplemente a tomar prestadas de la psicología tal o cual proposición para aplicarla sin más a los hechos sociales. Por el contrario, el pensamiento colectivo en su totalidad, tanto en su forma como en su materia, debe ser estudiado en y por sí mismo, con la conciencia de lo que tiene de singular, y hay que dejar al porvenir el cuidado de buscar en qué medida se parece al pensamiento de los individuos.” (p. 46) (7)



Al final del capítulo, Durkheim presenta la definición completa de HS:

Es hecho social todo modo de hacer, fijo o no, que puede ejercer una coerción exterior sobre el individuo; o, también, que es general en todo el ámbito de una sociedad dada y que, al mismo tiempo, tiene una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.” (p. 68).


Villa del Parque, martes 2 de agosto de 2016



NOTAS:
(1) Este párrafo está tomado casi literalmente de mi artículo “La cuestión de la cientificidad de la sociología en la obra de Emile Durkheim”, incluido en: Mayo, Ariel, comp. (2004). Epistemología de las Ciencias Sociales. Buenos Aires: Jorge Baudino Ediciones. (pp. 15-56). El párrafo citado se encuentra en p. 33.
(2) Ídem anterior.
(3) Trabajé con la traducción española de Santiago González Noriega: Durkheim, Emile. (1998). Las reglas del método sociológico. Barcelona: Altaya. Para la redacción del presente artículo utilicé las notas de lectura de mi compañera Pez López. Los pasajes entre corchetes corresponden a comentarios que van más allá del simple resumen del texto.
(4) “Pero, como la sociedad sólo se compone de individuos, al sentido común le parece que la vida social no podría tener otro sustrato que la conciencia individual; de otro modo parece que carece de base y flota en el vacío.” (p. 41).
(5) “...si este poder de coerción extrema se afirma con tal claridad en los casos de resistencia, eso quiere decir que existe en los casos contrarios, aunque de forma inconsciente. En esos casos somos víctimas de una ilusión que nos hace creer que nosotros mismos hemos elaborado lo que se ha impuesto a nosotros desde fuera. Pero aunque la complacencia con que nos hemos dejado llevar por ella oculta la presión que hemos experimentado, no la suprime. De igual manera, el aire no deja de ser pesado, aunque ya no sintamos su peso. Incluso cuando hemos participado activa y espontáneamente en la emoción común, la impresión que hemos sentido es completamente distinta de la que habríamos experimentado si hubiéramos estado solos. (...) lo que decimos a propósito de esas explosiones pasajeras es igualmente válido a propósito de esos movimientos de opinión más duraderos en cuestiones religiosas, políticas, literarias, artísticas, etc., que se producen sin cesar a nuestro alrededor, sea en todo ámbito de la sociedad, sea en círculos más restringidos.” (p. 60-61).
(6) Durkheim volvió sobre la cuestión en el prefacio de la 2º edición de Las reglas: “Si - como se admite - esta síntesis sui generis que constituye toda sociedad da lugar a fenómenos nuevos, diferentes de aquellos que tienen lugar en las conciencias aisladas, no se puede por menos de reconocer que esos hechos específicos residen en la propia sociedad que los produce y no en sus partes, es decir, en sus miembros. Así pues, en ese sentido son exteriores a las conciencias individuales, consideradas como tales, de igual manera que los caracteres distintivos de la vida son exteriores a las substancias minerales que componen el ser vivo.” (p. 42-43). Emplea este argumento para fundamentar la distinción entre la sociología y la psicología: “Los hechos sociales no sólo son cualitativamente distintos de los hechos psíquicos: tienen otro substrato, no evolucionan en el mismo medio, ni dependen de las mismas condiciones. Esto no quiere decir que no sean de alguna manera psíquicos, puesto que todos ellos consisten en modos de pensar o de obrar. Pero los estados de la conciencia colectiva son de distinta naturaleza que los estados de la conciencia individual; son representaciones de otro tipo. La mentalidad de los grupos no es igual a la de los individuos; tiene leyes propias.” (p. 43).

(7) Esta cita está tomada del prefacio de la 2º edición.

viernes, 29 de julio de 2016

MARCUSE Y EL CONCEPTO DE RAZÓN EN LA MODERNIDAD




La figura de Herbert Marcuse (1898-1979) no requiere presentación. Su libro Razón y Revolución: Hegel y el surgimiento de la teoría social (1941) constituye un clásico en el estudio de la filosofía hegeliana y su influencia en el desarrollo del marxismo y de la sociología moderna.

Estos apuntes se refieren a la parte II de la obra (El surgimiento de la teoría social) (p. 245-375). (1)

La tesis del autor consiste en que “el desarrollo interno de la filosofía occidental exigía la transición hacia la teoría crítica de la sociedad” (p. 249).

El autor sostiene que la filosofía hegeliana realizó la transición de la filosofía al dominio del Estado y de la sociedad. En otras palabras, “las ideas filosóficas básicas  [de Hegel] se habían realizado en la forma histórica que el Estado y la sociedad habían asumido, y estos últimos se convirtieron en el centro de un nuevo interés teórico.” (p. 247).

Marcuse sostiene que para comprender el pasaje de la filosofía a la teoría social hay que dejar de lado la explicación habitual. ¿Qué dice ésta? A la muerte de Hegel (1770-1831), sus discípulos se dividieron en hegelianos de derecha (2) y de izquierda (3). Estos últimos desarrollaron las tendencias críticas presentes en la obra del Maestro y las aplicaron a la crítica de la religión. Posteriormente, los hegelianos de izquierda derivaron hacia el socialismo, el anarquismo o el liberalismo pequeñoburgués. (p. 247-248).

Marcuse afirma que dicha explicación está equivocada, pues la herencia de Hegel no pasó ni a sus discípulos de derecha ni a los de izquierda: “las tendencias críticas de la filosofía hegeliana fueron recogidas y continuadas por la teoría social marxista, en tanto que en todos los demás aspectos, la historia del hegelianismo se convirtió en la historia de la lucha en contra de Hegel.” (p. 248).

Con Hegel se cierra el período filosófico iniciado por Descartes (1596-1650). El primero fue “el último en interpretar el mundo como razón, sometiendo tanto la historia como la naturaleza a las normas del pensamiento y de la libertad. Al mismo tiempo, Hegel reconocía en el orden político y social que el hombre había alcanzado, la base sobre la que habría de realizarse la razón. Su sistema condujo a la filosofía al umbral de su propia negación, constituyendo así el único vínculo entre la vieja y la nueva forma de la teoría crítica, entre la filosofía y la teoría social.” (p. 249).

Antes de desarrollar la tesis enunciada arriba, Marcuse se dedica a mostrar la forma en que las fuerzas históricas de la Modernidad “penetraron y configuraron el interés filosófico”. Para llevar a cabo esta tarea, nuestro autor toma la idea de razón como punto de partida. (p 249).

La clase media ⦗burguesía⦘ en ascenso absorbió definitivamente a la filosofía en el siglo XVII y la dirigió contra las fuerzas que obstaculizaban su desarrollo político y económico. La filosofía racionalista fue la punta de lanza de la burguesía (4). La razón constituyó el eje de dicha filosofía y fue empleada en la lucha de la ciencia contra la Iglesia, en el ataque de la Ilustración francesa contra el absolutismo, y en el debate entre liberalismo y mercantilismo.

“En esta época no había una definición clara del término razón, ni este tenía tampoco un solo sentido. Su significación cambiaba al cambiar la posición de la clase media.” (p. 249).

Marcuse dedica el resto de la introducción a exponer los elementos esenciales del concepto de razón:

I) La razón no es necesariamente antirreligiosa. De hecho, permite concebir al  mundo como una creación divina. Pero, “el significado del mundo como algo racional implicaba, en primer lugar, el que pudiese ser comprendido y modificado por la actividad cognoscitiva del hombre. La naturaleza era considerada como racional en su estructura misma, de tal modo que el sujeto y el objeto se encuentran en un medio racional.” (p. 249-250; el resaltado es mío - AM -).

II) La razón humana no está limitada al orden social preestablecido. “La multitud de talentos que posee el hombre se originan y desarrollan en la historia, y éste puede emplearlos de muchas maneras para la mejor satisfacción de sus deseos. La satisfacción misma dependería del grado de control sobre la naturaleza y la sociedad. La norma de razón es la norma suprema en este amplio margen de control. Es decir, que ambas, naturaleza y sociedad, habrían de ser organizadas de modo tal que las dotes subjetivas y objetivas se desarrollasen libremente.” (p. 250; el resaltado es mío - AM -).

El corolario de este planteo es: “Mediante la educación, el hombre se convertirá en un ser racional en un mundo racional. Con la culminación de este proceso, todas las leyes de la vida social e individual se derivarán del propio juicio autónomo del hombre. La realización de la razón implicaba, por tanto, el fin de toda autoridad externa que oponga la existencia del hombre a las normas del pensamiento libre.” (p. 250; el resaltado es mío - AM -).

III) La razón implica la universalidad, pues “el énfasis en la razón revela que los actos del hombre son los actos de un sujeto pensante que está guiado por el conocimiento conceptual. Con los conceptos como instrumentos, el sujeto pensante puede penetrar las contingencias e inclinaciones recónditas del mundo y obtener leyes universales y necesarias que gobiernen y ordenen la infinitud de objetos individuales. (...) Los conceptos universales se convertirán en el órgano de una práctica que altera el mundo. (...) La abstracción genuina no es arbitraria, ni es tampoco el producto de la imaginación libre; está estrictamente determinada por la estructura objetiva de la realidad. Lo universal es tan real como lo particular; sólo que existe bajo una forma diferente, a saber, como fuerza, dynamis, potencialidad.” (p. 250).

IV) El pensamiento unifica la multiplicidad en el mundo natural y en el mundo sociohistórico. “El sujeto del pensamiento, la fuente de la universalidad conceptual, es una y la misma en todos los hombres. (...) el ego pensante que constituye su fuente es una totalidad de puros actos, uniforme en todos los sujetos pensantes. Decir que la realidad del sujeto pensante es la base suprema de la organización racional de la sociedad es, en última instancia, reconocer la igualdad esencial de todos los hombres. Además, el sujeto pensante, como creador de los conceptos universales, es necesariamente libre, y su libertad es la esencia misma de la subjetividad. (...) La libertad del sujeto pensante implica a su vez su libertad moral y práctica. (:..) La idea de la razón implica la libertad de actuar conforme a la razón.” (p. 251).

V) La libertad de actuar según la razón existe en la práctica de las ciencias naturales. “El dominio de la naturaleza y de sus recursos y dimensiones recién descubiertos es un requisito del nuevo proceso de producción que tendía a convertir al mundo en un enorme mercado de bienes de consumo. La idea de la razón había caído bajo el dominio del progreso técnico, y el método experimental era considerado como el modelo de la actividad racional, es decir, como un procedimiento que altera al mundo de modo que las potencialidades inherentes a él se hagan libres y actuales. Como resultado de esto, el racionalismo moderno tenía la tendencia de moldear tanto la vida individual como lo social, según el modelo de la naturaleza.” (p. 252). Ejemplos: filosofía mecanicista de Descartes, pensamiento político materialista de Hobbes (1588-1679), ética matemática de Spinoza (1632-1677), monadología de Leibniz (1646-1716).

El racionalismo: “Se representaba al universo humano gobernado por leyes objetivas, análogas y aún idénticas a las leyes de la naturaleza, y la sociedad era considerada como una entidad objetiva más o menos sumisa a los deseos y metas subjetivas. Se creía que las relaciones de los hombres entre sí eran el resultado de leyes objetivas que operaban con la necesidad de las leyes físicas, y que la libertad del hombre consistía en adaptar la existencia privada a esta necesidad.” (p. 252).

El resultado de la concepción racionalista de la sociedad: “Un conformismo sorprendentemente escéptico acompañaba así al desarrollo del racionalismo moderno. Mientras más triunfaba la razón en la técnica y en las ciencias naturales, tanto más reacia se volvía para reclamar libertad en la vida social del hombre. (...) Los filósofos representativos de la clase media (particularmente Leibniz, Kant y Fichte) conciliaron su radicalismo filosófico con la flagrante irracionalidad de las relaciones sociales predominantes, e invirtieron la razón humana y la libertad de modo que se convirtiesen en barreras del alma aislada o del espíritu, fenómeno interno bastante compatible con la realidad externa, aun cuando contradijese la razón y la libertad.” (p. 252).

Fue Hegel quien rompió con esta tendencia y planteó la necesidad de “proclamar la realización de la razón en y a través de las instituciones políticas y sociales dadas.” (p. 253). Hegel reintrodujo la contradicción en el mundo armonioso imaginado por la filosofía de la Modernidad. Pero no pudo ir más allá del contenido social de la época, que se detenía en el Estado (que moldeaba la sociedad civil). En este punto entra a jugar la dialéctica: “el método que operaba en este sistema tenía mayor alcance que los conceptos que lo llevaron a su fin. A través de la dialéctica, la historia se había convertido en una parte del contenido mismo de la razón. Hegel había demostrado que las fuerzas materiales e intelectuales de la humanidad estaban ya lo bastante desarrolladas para que la práctica social y política del hombre realizase la razón. La filosofía misma se aplicaba, así, directamente a la teoría y práctica social, no como una fuerza externa, sino como su heredera legítima.” (p. 253).

En consecuencia: “Si había de existir algún progreso más allá de esta filosofía, tendría que ser un avance más allá de la filosofía misma y, al mismo tiempo, más allá del orden social y político al que la filosofía había unido su destino.” (p. 253).


Villa del Parque, viernes 29 de julio de 2016

NOTAS:

(1) Trabajé con la traducción española realizada por Julieta Fombona de Sucre con la colaboración de Francisco Rubio Llorente: Marcuse, Herbert. (1986). El título original es Reason and Revolution. Hegel and the Rise of Social Theory (Oxford University Press, 1941). Agradezco a mi compañera Pez López el haberme permitido utilizar sus notas de lectura para la redacción de estos apuntes.
(2) Algunos de los hegelianos de derecha más representativos fueron Karl Ludwig Michelet (1801-1893), Karl Friedrich Göschel (1784-1861), Johann Eduard Erdmann (1805-1892), Georg Andreas Gabler (1786-1853) y Rosenkranz (1805-1879).
(3) Entre los hegelianos de izquierda puede mencionarse a David Friedrich Strauss (1808-1874), Edgar Bauer (1820-1886), Bruno Bauer (1809-1882), Ludwig Feuerbach (1804-1872), August von Cieszkowski (1814-1894).

(4) Marcuse omite a la filosofía empirista, la otra gran herramienta de la burguesía en su ascenso a la hegemonía de la sociedad.

lunes, 25 de julio de 2016

APUNTES SOBRE LOS ORÍGENES DE LA SOCIOLOGÍA: LA INFLUENCIA DE LAS DOS REVOLUCIONES

Locomotora "Rocket", diseñada por George Stephenson



“Por primera vez en la historia del pensamiento europeo,
la clase trabajadora (...) fue tema de preocupación moral y analítica.”
Robert Nisbet

La obra del sociólogo estadounidense Robert Nisbet (1913-1996), La formación del pensamiento sociológico (1966) constituye un texto clásico en el campo de la historia de la sociología. También ha sido uno de los libros de texto de quienes estudiamos sociología en los años ‘90 del siglo pasado

En esta ficha me ocuparé del capítulo 2 de la obra (Las dos revoluciones). (1)

El tema del capítulo: “nos ocuparemos, no tanto de los acontecimientos y de los cambios producidos por las dos revoluciones, como de las imágenes y reflejos que puedan hallarse de ellos en el pensamiento del siglo pasado. (...) Nuestro interés se centrará sobre las ideas, y los vínculos entre acontecimientos e ideas nunca es directo; siempre están de por medio las concepciones existentes sobre aquéllos. Por eso es crucial el papel que desempeña la valoración moral, la ideología política.” (p. 38).(2)


El resquebrajamiento del viejo orden (pp. 37-40)

[El capítulo está atravesado por la idea de que la sociología europea es consecuencia de los efectos de las dos Revoluciones (Industrial y Francesa). Nisbet mete en la misma bolsa a Marx y a los sociólogos, cosa errónea, pues mientras que el primero expresa el punto de vista de la nueva clase trabajadora, los segundos pretenden estabilizar la sociedad capitalista.](3)

“Las ideas fundamentales de la sociología europea ⦗el estudio de la sociología norteamericana merece un tratamiento aparte⦘ se comprenden mejor si se las encara como respuesta al derrumbe del viejo régimen, bajo los golpes del industrialismo y la democracia revolucionaria, a comienzos del siglo XIX, y los problemas de orden que éste creara. (...) Los elementos intelectuales de la sociología son producto de la refracción de las mismas fuerzas y tensiones que delinearon el liberalismo, el conservadurismo y el radicalismo modernos.” (p. 37).

[Nisbet mete bajo la misma bolsa (radicalismo), expresiones políticas e ideológicas muy disímiles. No es lo mismo el socialismo de Marx que el radicalismo de William Cobbett, por ejemplo. Al efectuar esta operación, Nisbet pierde de vista lo específico de cada uno. En el caso del marxismo esto es particularmente problemático, pues una de sus características definitorias es la confianza en la capacidad de la clase obrera para llevar adelante un proceso de transformación revolucionaria de la sociedad capitalista. Nada de esto aparece en los otros “radicales”.]

“El colapso del viejo orden en Europa (...) liberó los diversos elementos de poder, riqueza y status consolidados, aunque en forma precaria, desde la Edad Media. (...) Del mismo modo que la historia política del siglo XIX registra los esfuerzos prácticos de los hombres por volver a consolidarlos, la historia del pensamiento social registra los esfuerzos teóricos realizados en tal sentido; es decir, las tentativas de ubicarlos en perspectivas de importancia filosófica y científica para la nueva era.” (p. 37).

Los temas de la ciencia del hombre en el siglo XIX: la índole de la comunidad; la localización del poder; la estratificación de la riqueza y los privilegios; la dirección de la sociedad occidental. (p. 37).

La primacía de los temas enumerados en el párrafo anterior fue producto de la conjunción de dos fuerzas: la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. (p. 38).


Los temas del industrialismo (pp. 40-49)

Los aspectos de la Revolución Industrial que más influyeron sobre los sociólogos: 1) la situación de la clase trabajadora; 2) la transformación de la propiedad; 3) la ciudad industrial; 4) la tecnología; 5) el sistema fabril. (p. 40). Nisbet va más allá y afirma que gran parte de la sociología es una respuesta a estas nuevas situaciones. (p. 40).

Por primera vez en la historia del pensamiento europeo, la clase trabajadora (...) fue tema de preocupación moral y analítica. (...) Tanto para los radicales como para los conservadores, la indudable degradación de los trabajadores al privarlos de las estructuras protectoras del gremio, la aldea y la familia, fue la característica fundamental y más espantosa del nuevo orden. La declinación del status del trabajador común, para no mencionar al artesano especializado, es objeto de la acusación de unos y otros.” (p. 41; el resaltado es mío - AM - ).

El radical inglés William Cobbett (1763-1835) “veía destruida a su alrededor toda relación tradicional que diera seguridad.” (p. 42). Conservadores (Robert Southey, 1774-1843) y radicales (el mencionado Cobbett) coincidieron en la crítica del industrialismo, no así en sus respuestas políticas al problema. (p. 42).

“...los cargos formulados contra el capitalismo por los conservadores del siglo XIX ⦗fueron⦘ a menudo más severos que los socialistas. Mientras estos últimos aceptaron al capitalismo, al menos al punto de considerarlo un paso necesario del pasado al futuro, los tradicionalistas tendieron a rechazarlo de plano, juzgando que toda evolución de su naturaleza industrial de masas - ya fuera dentro del capitalismo o de un socialismo futuro - constituía un apartamiento continuo de las virtudes superiores de la sociedad feudal cristiana. Lo que más despreciaban los conservadores era que los socialistas aceptaban en el capitalismo - su tecnología, sus modos de organización y el urbanismo -.” (p. 43).

El segundo gran tema del industrialismo, la propiedad y su función social, fue el principal punto de divergencia entre conservadores y radicales. Para los conservadores era el pilar de la sociedad; para los radicales, había que abolirla. (p. 44). Sin embargo, existían afinidades entre ellos: 1) ambos adjudicaban un papel central a la propiedad en la constitución de la sociedad; 2) ambos odiaban el mismo tipo de propiedad: la industrial en gran escala. En especial, detestaban “la propiedad de tipo abstracto e impersonal, representada por acciones compradas y vendidas en la bolsa.” (p. 44-45).

Con el correr del siglo XIX se profundizó la diferencia entre radicales y conservadores en lo que hace a la evaluación del papel de la propiedad. Los primeros (sobre todo Marx) pensaban que el capital industrial y el financiero eran un “paso esencial” hacia el socialismo. Los conservadores “estimaron que era la propia naturaleza de ese capital la que creaba inestabilidad y alienación en la población, y que el mero hecho de ser la propiedad pública o privada no la afectaba. (...) la tierra fuera el pilar de la ideología conservadora.” (p. 45).

El tercer tema del industrialismo fue la ciudad. Por primera vez ésta llegó a ser tema de “pasión ideológica”. “Antes del siglo XIX, la ciudad, al menos en la medida en que que se ocupan de ella los escritos de los humanistas, fue considerada como depositaria de todas las gracias y virtudes de la civilización (...) Pero el rechazo real de la ciudad, el miedo a ella como fuerza de cultura, y los presagios relativos a las afecciones psicológicas que incuba, configuran una actitud mental casi desconocida antes del siglo XIX. (...) la ciudad constituye el contexto de casi todas las proposiciones sociológicas relativas a la desorganización, la alienación y el aislamiento mental: estigmas todos de la pérdida de comunidad y pertenencia.” (p. 46).

En un principio, radicales y conservadores coincidieron en el desagrado ante el urbanismo. A medida que avanzaba el siglo XIX, el radicalismo se volvió cada vez más “urbano”. (p. 46-47). “Marx consideró el nacimiento del urbanismo como una bendición capitalista, algo que debía difundirse más aún en el futuro orden socialista. El carácter esencialmente ≪urbano≫ del pensamiento radical moderno (...) procede en gran medida de Marx y de una concepción que relegó el ruralismo a la condición de un factor retrógrado. (...) Si el radicalismo moderno es urbano en su mentalidad, el conservadurismo, en cambio, es en gran medida rural.” (p. 47).

Los otros dos temas fueron la tecnología y el sistema fabril. Su efecto fue enorme: influyeron sobre la relación histórica entre el hombre y la mujer; amenazaron volver caduca a la familia tradicional; abolían la separación entre la ciudad y el campo; aumentaron exponencialmente las fuerzas productivas. (p. 48).

Los radicales (aquí se refiere fundamentalmente a los marxistas) criticaron la alienación generada por el sistema fabril, pero “mientras Marx vislumbró en la máquina una forma de esclavitud y una manifestación de la alienación del trabajo, identificó cada vez más esa esclavitud y esa alienación con la propiedad privada, más que con la máquina como tal.” (p. 48).

Los conservadores desconfiaron de las máquina y de su división mecánica del trabajo, porque el sistema amenazaba destruir al campesino, al artesano, a la familia y a la comunidad local. (p. 48).


La democracia como revolución (pp. 50-64)

La Revolución Francesa fue “la primera gran revolución ideológica de la historia de Occidente.” (p. 50).

“Aquí apenas podemos insinuar los alcances e intensidad de la influencia de la Revoluciòn sobre el pensamiento europeo. Bastará para ello considerar al sociólogo. De Comte a Durkheim, sin excepción, le asignaron un papel decisivo en el establecimiento de las condiciones sociales que le interesaban en forma inmediata.” (p. 51).

“...la Revolución Francesa fue la primera revolución profundamente ideológica. (...) cualesquiera fueran las fuerzas subyacentes al comienzo, el poder de la prédica moral, de la filiación ideológica, de la creencia política guiada puramente por la pasión, alcanzó un punto casi sin precedentes en la historia, salvo tal vez en las guerras o rebeliones religiosas. El aspecto ideológico es bastante notorio en la Declaración de los Derechos del Hombre y en los primero debates relativos al sitio que debía ocupar la religión; pero alcanzó una intensidad casi apocalíptica en los tiempos del ≪Comité de Salud Pública≫.” (p. 52-53).

“Es debido a su carácter ideológico que la Revolución se transformó en obsesión de los intelectuales durante décadas. (...) ella contribuyó a promover en Europa occidental las actitudes mentales acerca del bien y del mal en la política, reservadas antes a la religión y a la demonología. Todo el carácter de la política y del rol de los intelectuales en ella cambió con la estructura del Estado y su relación con los intereses sociales y económicos.” (p. 54-55).

Nisbet examina brevemente la política de la Revoluciòn para los gremios y corporaciones, la familia, el control de la educación, la religión.

“Por múltiples razones (...) debemos considerar en realidad a la Revolución según la imagen que de ella se formaron las generaciones de intelectuales que la sucedieron: la obra combinada de la liberación, la igualdad y el racionalismo.” (p. 60).



Individualización, abstracción y generalización (pp. 64-67)

Nisbet sostiene que las dos Revoluciones (Industrial y Francesa) tuvieron en común tres procesos “más amplios y fundamentales”. “Ellos representan gran parte de lo que significó el cambio revolucionario para los filósofos y estudiosos de la ciencia social del siglo XIX. La importancia de cada uno de ellos ha perdurado hasta el siglo XX.” (p. 64). Dichos procesos son los siguientes:

a) Individualización: Se produce la separación de los individuos de las estructuras comunales y corporativas: de los gremios, de la comunidad aldeana, de la iglesia histórica, la casta o el estado, y de los lazos patriarcales en general. (p. 64). “No el grupo sino el individuo era el heredero del desarrollo histórico; no el gremio, sino el empresario; no la clase o el Estado, sino el ciudadano; no la tradición litúrgica o corporativa, sino la razón individual.” (p. 64-65). La sociedad aparece como el agregado de unidades separadas y no como un todo orgánico. (p. 65).

b) Abstracción: Antes de las dos Revoluciones, los valores habían surgido unidos a un contexto determinado (generalmente la comunidad aldeana). “Ahora, un sistema tecnológico de pensamiento y conducta comenzaba a interponerse entre el hombre y el hábitat natural directo. Otros valores habían dependido de los lazos del patriarcalismo, de una asociación estrecha y primaria, y de un sentido de lo sacro que se apoyaba en un concepto religioso o mágico del mundo. Ahora, esos valores se volvían abstractos - a causa de la tecnología, la ciencia y la democracia política -, eran desplazados de lo particular y de lo concreto.” (p. 65).

c) Generalización: La tendencia al particularismo desapareció. Tanto en el plano económico como en lo político se tendió a dejar de lado los rasgos particulares y a concentrarse en los rasgos generales (la clase, la nación, la ciudadanía, el mercado mundial). (p. 66).


Villa del Parque, lunes 25 de julio de 2016


NOTAS:

(1) Utilicé la traducción española de Enrique Molina de Vedia: Nisbet, Robert. (1969). La formación del pensamiento sociológico. Buenos Aires: Amorrortu. (pp. 37-67). Agradezco a mi compañera Pez López, quien me facilitó su fotocopia del original y sus notas de lectura.
La obra fue publicada por primera vez en inglés: Nisbet, Robert. (1966). The Sociological Tradition. New York: Basic Books.
(2) Para las dos Revoluciones, el texto clásico es: Hobsbawm, Eric J. ⦗1º edición: 1964⦘. (1982). Las revoluciones burguesas. Barcelona: Guadarrama.
(3) Los textos entre corchetes ([]) son de mi autoría (AM).