Ariel Mayo (ISP. Dr. J. V. González / UNSAM)
El sociólogo francés Bruno Latour (1947-2022) es especialista en Estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad.
Referencia bibliográfica:
Latour, B. (s. f.). Dadme un laboratorio y moveré el mundo. Traducción de Marta I. González García.
Presentación (pp. 3-8)
El punto de partida del artículo es la constatación de que el auge de los estudios de campo sobre las prácticas de laboratorio reavivó el debate entre los enfoques internalista y externalista de la ciencia y la tecnología.
Los participantes del debate: de un lado, los partidarios de los estudios de campo, enfocados en los microproblemas de la ciencia; del otro, los interesados en los macroproblemas, “como la política científica, la historia de la ciencia o, en general, lo que se conoce como Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS).” (p. 4)
La propuesta de Latour consiste en lo siguiente: “conservar la metodología desarrollada durante los estudios de campo en los laboratorios, pero centrándonos no en el laboratorio mismo, sino en la construcción del laboratorio y su posición en el medio social” (pp. 7-8)
“Dadme un laboratorio y moveré el mundo” (pp. 9-11)
El interés de la gente por las investigaciones en el laboratorio no deriva de sus intereses, sino de que los científicos (algunos) demuestran eficacia en la tarea de enrolar a las personas para que se interesen en el laboratorio. Da el ejemplo de Louis Pasteur (1822-1895), cuyos trabajos eran seguidos por personas que no tenían ninguna relación con la microbiología.
El científico puede “convencer a los demás de cuáles son sus intereses y qué deben querer y ser. Aquél que es capaz de traducir los intereses de los demás a su propio lenguaje lleva las de ganar.” (p. 10) Dicho de otro modo, “las ciencias son uno de los instrumentos más persuasivos que existen para convencer a los demás de qué son y qué deberían querer” (pp. 10-11)
“Por tanto, es inútil intentar averiguar el beneficio que la gente puede obtener de su interés por el laboratorio de Pasteur. Sus intereses son una consecuencia, y no una causa, de los esfuerzos de Pasteur por traducir lo que quieren o lo que él hace que quieran. No tienen ninguna razón a priori para estar interesados en absoluto, pero Pasteur les ha encontrado más de una razón.” (p. 11)
Primer movimiento: captar los intereses de los otros (pp. 11-14)
Pasteur se dedicó a estudiar la enfermedad del ántrax en el ganado. La creencia habitual de la época era que la enfermedad se relacionaba con las idiosincrasias locales, que no obedecía a ninguna causa singular. En pocas palabras, había relación entre el laboratorio de Pasteur y una granja en Beauce.
“Pero los intereses, como cualquier otra cosa, pueden construirse.” (p. 13) Pasteur trasladó su laboratorio a una granja. El equipo de Pasteur se relaciona con los veterinarios. Aprenden el lenguaje de granjeros y veterinarios y granjeros, y lo traducen al lenguaje de la ciencia.
Movimiento dos: mover el punto de apoyo a una posición más fuerte (p. 15-24)
A continuación, Pasteur retorna a su laboratorio en la École Normale Supérieure. Lleva el bacilo cultivado y en el laboratorio se dedica a criar microbios. Allí, las prácticas de laboratorio permiten llevar a cabo un cambio de escala: en el campo, el bacilo compite con otros microorganismos; en el laboratorio, no tiene competencia, se multiplica y forma colonias que se hacen visibles: “el científico en su laboratorio, que hasta ahora carecía de interés, puede hablar con más autoridad acerca del bacilo del ántrax de la que nunca tuvieron los veterinarios.” (p. 16)
Pasteur lleva a cabo una traducción del campo al laboratorio. No toma todos los elementos del campo, lleva el bacilo. Pero al hacerlo arrastra tras de sí a los elementos del campo (los granjeros), que pasan a interesarse por su trabajo:
“Si quieren resolver su problema del ántrax, tendrán que pasar antes por mi laboratorio. Como en todas las traducciones, se da un desplazamiento a través de las diversas versiones. Para ir derecho al ántrax, deberían dar un rodeo por el laboratorio de Pasteur. La enfermedad del ántrax está ahora en la École Normale Supérieure.” (p. 17)
La traducción es débil. La infección de ántrax es demasiado desordenada para que tenga una única causa. Los intereses externos tildan de arrogante a Pasteur por su pretensión de atribuir la enfermedad a la acción del bacilo.
Pasteur lleva adelante una mejor traducción. Inocula animales seleccionados con un cultivo de ántrax muy puro: genera una epizootia limitada, dominada por los instrumentos de registro de Pasteur y su equipo. “ Se imitan y reformulan los pocos puntos que se juzgan esenciales hasta colocarlos a escala.” (p. 17). Los animales mueren, las epizootias son activadas a voluntad.
La traducción permite invertir la relación de fuerzas de los actores: “afuera”, el microorganismo es invisible, “adentro” (laboratorio) aparece claramente como la causa de la enfermedad; “afuera”, los granjeros y los veterinarios son débiles, “adentro”, el científico es más fuerte que el bacilo y toma la delantera a granjeros y veterinarios. Ahora la traducción dice: “"Si quieren resolver su problema del ántrax, vengan a mi laboratorio, porque aquí es donde las fuerzas están invertidas. Si no lo hacen (veterinarios o granjeros), serán eliminados".” (p. 19).
Pero Pasteur sigue siendo débil. La enfermedad a veces mata, a veces no. Identificar la causa no significa encontrar un tratamiento eficaz. Se corre el riesgo de que los granjeros pierdan interés, que los microestudios del laboratorio se queden en eso, y que ese interés se desplace hacia otros laboratorios.
En este punto, el equipo de Pasteur hace algo que rompe definitivamente la relación de fuerzas entre la microbiología y la veterinaria. La disponibilidad de grandes cantidades del bacilo en el laboratorio hace que los científicos desarrollen una nueva habilidad de saber cómo: adquieren la habilidad de saber manipular nuevos materiales. Surge el arte de entrenar y manipular microbios; aparecen, así, nuevas posibilidades.
En los laboratorios se puede controlar la variación de la virulencia del virus, observar y luego crear virus modificados.
“Es importante comprender que ahora, Pasteur hace cada vez más cosas dentro de su laboratorio que cada vez más grupos juzgan relevantes para sus intereses. Cultivar microbios había sido una curiosidad; reproducir epizootias en el laboratorio era interesante; pero variar a voluntad la virulencia de los microbios es algo fascinante. Incluso aunque todo el mundo creyera en el contagio, nadie podía explicar lo azaroso de los efectos. Sin embargo, Pasteur no sólo es el único hombre que ha demostrado la relación un microbio/una enfermedad, también es el que ha demostrado que la capacidad de infección de los microbios puede variar bajo condiciones controlables, una de las cuales es, por ejemplo, el encuentro previo del cuerpo con una forma debilitada de la enfermedad. Esta variación reproducida en el laboratorio es lo que hace difícil que otros discutan la traducción: la variación era el elemento más sorprendente que justificaba el anterior escepticismo hacia la ciencia del laboratorio y hacía necesaria una diferenciación clara entre fuera y dentro, entre el nivel práctico y el teórico. Pero es precisamente esta variación lo que Pasteur puede imitar con más facilidad. Puede atenuar un microbio; puede, por el contrario, aumentar su fuerza pasándolo a través de diferentes especies de animales; puede oponer una forma débil a otra fuerte, o incluso una especie de microbio a otra. Resumiendo, puede hacer dentro de su laboratorio lo que todo el mundo intenta hacer fuera. Pero, donde todo el mundo fracasa porque la escala es demasiado grande, Pasteur tiene éxito porque trabaja a una escala pequeña.” (p. 22-23)
“La traducción es ahora la siguiente: ≪Si quieren entender las epizootias y, poco después, las epidemias, tienen un lugar al que acudir, el laboratorio de Pasteur, y una ciencia que aprender que pronto reemplazará a la suya: la microbiología≫.” (p. 24)
A partir de ese momento todo el mundo pasa a estar interesado en los estudios de laboratorio. El laboratorio modificó las complejas relaciones entre los microbios y el ganado, los granjeros y su ganado, los veterinarios y los granjeros, los veterinarios y las ciencias biológicas. “El laboratorio de Pasteur consiguió atraer y captar su interés mediante un doble movimiento: primero, del laboratorio al campo y, después, del campo al laboratorio, donde se había ganado una nueva fuente de saber-cómo, manipulando un nuevo material: los cultivos puros de microbios.” (p. 24)
Movimiento tres: mover el mundo con la palanca (p. 25 y ss.)
A esta altura todavía podía producirse una pérdida de interés si los estudios se mantenían en el laboratorio. Pasteur tuvo que hacer otro movimiento: desde el laboratorio al campo, desde la microescala hacia la macroescala. Era experto en promover grupos de interés y en convencer a sus miembros de que los intereses del equipo de laboratorio coincidían con los suyos. Lo lograba con el uso común de ciertas prácticas de laboratorio. En el caso del ántrax organizó una prueba de campo a gran escala, bajo los auspicios de las sociedades agrícolas.
Se produce un desplazamiento en la traducción, que adquiere la forma de contrato: “"Estamos preparados para desplazar nuestros intereses a través de tus métodos y prácticas, de tal modo que podamos utilizarlos para alcanzar nuestros propios objetivos." (p. 26)
Pasteur seleccionó una granja en el pueblo de Pouilly le Fort y allí realizó el experimento de campo (la más famosa de sus pruebas teatrales), el 5 y el 17 de mayo de 1881. Pasteur y su equipo llevaron a cabo una representación de lo que tantas veces habían ensayado en el laboratorio.
Antes del experimento, el contrato decía: Si quieren resolver su problema del ántrax, pasen por mi microbiología. Luego del experimento, se modificaron las condiciones del contrato: Si quieren salvar sus animales del ántrax, pidan un frasco de vacuna al laboratorio de Pasteur, École Normale Supérieure, rue d'Ulm, París. (p. 30). En otros términos, si respetan ciertas condiciones (desinfección, limpieza, inoculación, cronometraje y registro), pueden extender a todas las granjas francesas un producto hecho en el laboratorio de Pasteur.
La estadística fue la herramienta que permitió verificar el éxito de la vacuna. Los estadísticos midieron el descenso de la enfermedad en aquellos departamentos de Francia donde se realizó la inoculación de la vacuna. De este modo, la sociedad francesa se transformó “debido a los desplazamientos de unos pocos laboratorios.” (p. 32)
Topología de la situación de laboratorio (p 33 y ss.)
Latour utilizó hasta aquí un modelo que respeta la distinción entre la microescala y la macroescala, entre dentro y fuera, “la misma frontera que la ciencia está diseñada para violar” (p. 33). Todos vemos los laboratorios, pero ignoramos [fingimos demencia] su proceso de construcción.
A continuación presenta algunos conceptos.
Disolución de la dicotomía afuera/adentro (pp. 33-34)
El ejemplo muestra la desaparición de la dicotomía afuera/adentro. Todos los actores se desplazaron (el laboratorio de Pasteur se halla en medio de los intereses agrícolas, los veterinarios modificaron su estatus en relación a la microbiología, etc.). La pregunta ¿dónde? pasa a ser irrelevante, dados del desplazamiento del laboratorio de Pasteur desde París hacia las granjas y viceversa, etc. El resultado es que la situación de los granjeros se modificó. La explotación ganadera se desplazó gracias a la vacuna, todo el mundo cambió.
“Para nuestro propósito aquí, es suficiente decir que los actores captados ven cada paso de una posición a la siguiente como una traducción fiel, y no como una traición, una deformación o un absurdo.” (p. 37)
“La negociación sobre la equivalencia de situaciones no equivalentes es lo que caracteriza siempre la amplitud de una ciencia, y lo que explica, la mayor parte de las ocasiones, por qué hay tantos laboratorios involucrados cada vez que se tiene que resolver una negociación difícil.” (p. 37)
Para que la vacuna sea efectiva tiene que probarse en el afuera. Ello sólo ya muestra la irrelevancia de la distinción afuera/adentro. La mayor parte de las dificultades relacionadas con la ciencia y la tecnología surgen de pensar que, por un lado, las innovaciones están en cierto momento en el laboratorio y, en otro momento, se ponen a prueba en condiciones que invalidan o verifican la eficacia de las innovaciones.
Pero la realidad es más compleja. La vacuna funcionaba allí donde se mantenían todas las condiciones del laboratorio. Además, la existencia de la enfermedad del ántrax y la eficacia de la vacuna no son hechos internos, sino el resultado “de la existencia previa de instituciones estadísticas que han construido un instrumento (en este caso la estadística), han extendido sus redes a través de toda la administración francesa para recoger datos, y han convencido a todos de que había una ""enfermedad", una "enfermedad terrible", y de que había una "vacuna", una vacuna "eficiente". Normalmente, cuando hablamos del mundo externo, estamos simplemente dando por supuesta la extensión previa de una ciencia anterior construida sobre el mismo principio que vamos a estudiar.” (p. 39)
Destruyendo las diferencias de escala (pp. 39-47)
Entre los sociólogos de la ciencia domina la siguiente imagen: un contexto social, por un lado, un laboratorio o un científico individual por el otro . Más específico: no existe un contexto que esté influyendo o no sobre un laboratorio inmune a las fuerzas sociales.
Pasteur es un ejemplo paradigmático: “en su trabajo científico, en la profundidad de su laboratorio, Pasteur modifica activamente la sociedad de su tiempo y lo hace directamente (no indirectamente) desplazando algunos de los actores más importantes.” (p. 40)
Para comprender la influencia que Pasteur ejerce sobre la sociedad francesa de su época no hay que recurrir a “fuerzas políticas, beneficios económicos o simbólicos a corto plazo o motivos chauvinistas a largo plazo. No tiene sentido buscar ideologías inconscientes ni retorcidos impulsos (impulsos que, por algún misterio, sólo están claros a los ojos del analista). No tiene sentido hurgar en su vida. Lo único que hay que hacer es mirar lo que hace en su laboratorio como científico.” (p. 41)
Pasteur añade a todas las fuerzas de la sociedad francesa de su época “una nueva fuerza de la que él es el único portavoz visible: el microbio” (p. 42).
“No hay necesidad de hurgar en las vidas de los científicos ni de buscar ideologías distorsionadas para darse cuenta de que un grupo de gente, armada con un laboratorio (el único lugar donde el agente invisible se hace visible) se situará fácilmente en todas estas relaciones, siempre que se perciba la intervención de un microbio. Si revelamos a los microbios como actores esenciales en todas las relaciones sociales, entonces necesitamos buscar un sitio para ellos y para la gente que los hace visibles y puede eliminarlos. De hecho, cuanto más quieras librarte de los microbios, más sitio deberías buscarles a los pasteurianos. No se trata de falsa conciencia, no se trata de buscar visiones del mundo sesgadas, esto es simplemente lo que los pasteurianos hicieron y cómo los veían los demás actores de su época.” (pp. 42-43)
Más todavía:
“La debilidad congénita de la sociología de la ciencia es su propensión a buscar motivos políticos e intereses obvios en uno de los únicos lugares, los laboratorios, en los que emergen nuevas fuentes de política todavía no reconocidas como tales. Si por política entendemos elecciones y leyes, entonces Pasteur, como ya dije, no estaba movido por intereses políticos, excepto en unos pocos aspectos marginales de su ciencia. Así, su ciencia queda protegida de la investigación, y se preserva el mito de la autonomía de la ciencia. Si por política se entiende ser portavoz de fuerzas con las que moldear la sociedad, siendo a la vez la única autoridad fiable y legítima para tales fuerzas, entonces Pasteur es un hombre completamente político. De hecho, se inviste a sí mismo con una de las más impresionantes y novedosas fuentes de poder. ¿Quién puede imaginar ser el representante de una multitud de invisibles y peligrosas fuerzas capaces de atacar en cualquier lugar y sembrar la confusión en la sociedad, fuerzas de las cuales él es, por definición, el único intérprete creíble y que sólo él puede controlar?” (p. 43)
La sociología de la ciencia se debilita si plantea que la microbiología está influido por el contexto social del siglo XIX. “Los laboratorios de microbiología son uno de los pocos lugares en los que la composición misma del contexto social se ha metamorfoseado. No es una tarea pequeña transformar la sociedad de tal modo que pase a incluir, en su propio tejido, microbios y vigilantes de microbios.” (p. 44) Un equivalente de esto es la acción de los políticos socialistas de la época, que hablaban en nombre de otras fuerzas peligrosas a las que había que hacer sitio en la sociedad: las masas trabajadoras. “Las dos fuerzas son comparables en su característica esencial: son nuevas fuentes de poder para modificar la sociedad y no pueden ser explicadas por el estado de la sociedad en aquella época.” (p. 44)
“Dadnos laboratorios y haremos posible la Gran Guerra [1914-1918] sin infección, abriremos los países tropicales para que sean colonizados, conseguiremos un ejército francés sano, aumentaremos el número y la fuerza de los habitantes de Francia, crearemos nuevas industrias. Incluso los analistas ciegos y sordos verán estas afirmaciones como una actividad ≪social≫, pero con la condición de que los laboratorios se consideren lugares donde la sociedad y los políticos se renuevan y transforman.” (p. 47)
Como el más débil se convierte en el más fuerte (pág. 47 y ss.)
Aquí trata el problema más general de la práctica de laboratorio y de la relevancia de los microestudios para comprender los problemas de la gran escala, suscitados por el campo CTS (Ciencia, Tecnología y Sociedad).
La sociología de la ciencia se paraliza a sí misma si misma si 1) da por supuesta la existencia de una diferencia de niveles entre a) el contexto social y b) el laboratorio (contexto científico); si 2) no estudia el contenido mismo de lo que se hace dentro de los laboratorios.
Latour afirma que:
“que los laboratorios son uno de los pocos lugares en los que las diferencias de escala son irrelevantes, y donde el contenido mismo de las pruebas hechas dentro de sus muros puede alterar la composición de la sociedad. La consecuencia metodológica de este argumento es, por supuesto, que estábamos en lo cierto al comenzar con los estudios de laboratorio y buscar una sociología del contenido de la ciencia” (p. 48)
Párrafo clave:
“En los estudios de laboratorio, no sólo se encontrará la clave para una comprensión sociológica de la ciencia; sino también, creo, la clave para una comprensión sociológica de la sociedad misma, porque es en los laboratorios donde se genera la mayor parte de las nuevas fuentes de poder. La sociología de la ciencia no puede tomar siempre prestadas de la sociología o de la historia social las categorías y conceptos precisos para reconstruir el "contexto social" dentro del cual debería entenderse la ciencia. Por el contrario, ya es hora de que la sociología de la ciencia muestre a los sociólogos y a los historiadores sociales cómo se desplazan y reforman las sociedades con y por medio de los contenidos de la ciencia. Pero, para hacer eso, los sociólogos de la práctica científica no deberían ser tímidos y restringirse sólo al nivel del laboratorio (porque este nivel no existe), sino más bien estar orgullosos de bucear dentro de las paredes del laboratorio, porque los laboratorios son los lugares en los que las relaciones dentro/fuera están invertidas. En otras palabras, dado que las prácticas de laboratorio nos conducen constantemente dentro/fuera y arriba/abajo, deberíamos ser fieles a nuestro campo y perseguir nuestros objetos a través de todas sus transformaciones. Esto no es más que buena metodología.” (pp. 48-49)
Ahora bien, el problema radica en explicar por qué únicamente en el laboratorio se generan nuevas fuentes de fuerza. Esto conduce a la pregunta por los resultados de los microestudios de la ciencia. La epistemología y la sociología mertoniana de la ciencia postularon la existencia de cualidades especiales en los científicos, pero estas teorías demostraron ser erróneas ni bien los sociólogos penetraron en el laboratorio. Se fueron al basurero las normas, la falsación, el colegio invisible, etc.
Los estudios de laboratorio tuvieron un éxito negativo al disipar las creencias previas que rodeaban a la ciencia: “Nada especial está sucediendo en el aspecto cognitivo y social de la práctica de laboratorio” (p. 51). “Ahora tenemos que explicar qué es lo que ocurre en los laboratorios que los convierte en una fuente tan irremplazable de fuerza política, una fuerza que no se puede explicar por ninguna peculiaridad cognitiva o social.” (p. 51)
La investigación debe centrarse en los artefactos de inscripción, los que producen “un trazo escrito que hace más simple el juicio de los demás” (p. 52). Se produce una carrera para producir instrumentos de inscripción más simplificados.
“El resultado de este interés exclusivo en las inscripciones es un texto que limita el número de contra argumentos desarrollando, para cada desplazamiento difícil, una de estas inscripciones simplificadas (diagramas, tablas, dibujos). El propósito de la construcción de este doble texto que incluye argumentos e inscripciones es alterar las modalidades que un lector puede añadir a las afirmaciones. Transformar una modalidad de ≪es probable que A sea B≫ a ≪X ha demostrado que A es B≫, es suficiente para obtener un ≪hecho≫ científico” (p. 52).
La investigación de laboratorio revela las características especiales del laboratorio (la obsesión por los instrumentos de inscripción y la producción de tipos especiales de textos), que convierten en “completamente vulgar el resto del escenario” (p. 52).
El hecho científico “es un producto de gente y escenarios normales, ordinarios, no ligados por ninguna norma ni forma de comunicación especial, pero que trabajan con instrumentos de inscripción.” (p. 53)
El error previo de la sociología de la ciencia fue ocuparse: o bien de la materia dura (las infraestructuras a gran escala), o bien de los procesos espirituales, cognitivos o de pensamiento, en lugar de centrarse en el más ubicuo de los materiales: la escritura.
Tres temas (la disolución de la frontera entre el afuera y el adentro, la inversión de escalas y niveles, el proceso de inscripción) apuntan al mismo problema: “cómo unas cuantas personas se hacen fuertes y entran en algunos lugares para modificar otros lugares y la vida de las multitudes.” (p. 55).
En el caso de Pasteur y su equipo: eran peores que los granjeros en lo que se refiere a las granjas, peores que los veterinarios en veterinaria; pero son mejores en el laboratorio transformando a los actores invisibles en visibles: “Lo invisible se hace visible y la ≪cosa≫ se convierte en un trazo escrito que pueden leer a voluntad como si fuera un texto.” (p. 55)
La fuerza obtenida en el laboratorio se explica porque unas pocas personas mucho más débiles que la epidemia se hacen fuertes si cambian la escala de los dos actores (haciendo grandes a los microbios y pequeñas a las epizootias); otras, por su parte, pueden dominar los eventos mediante mecanismos de inscripción que hacen leíble cada uno de los pasos. El cambio de escala implica una aceleración del número de inscripciones que se pueden conseguir.
Los laboratorios son “instrumentos tecnológicos adecuados para invertir la jerarquía de fuerzas” (p. 58). En ellos, la escala de aquello de lo que la gente quiere hablar cambia a la mejor escala posible: la inscripción de letras y figuras simples en una superficie plana. Así, todo se hace legible: “unas cuantas personas entonces pueden señalarlo fácilmente y, al hacerlo, conseguir dominio. Esto es tan simple y suficiente como el argumento de Arquímedes acerca de mover la tierra y transformar al más débil en el más fuerte. Es, en efecto, simple, porque este mecanismo consiste en hacer movimientos simples.” (p. 58)
Los laboratorios son instrumentos tecnológicos para ganar fuerza multiplicando los errores.
“La especificidad de la ciencia no se encontrará en cualidades cognitivas, sociales o psicológicas, sino en la especial construcción de los laboratorios, donde se invierte la escala de los fenómenos para que las cosas puedan leerse, y después acelerar la frecuencia de las pruebas, permitiendo que se cometan y registren muchos errores.” (pp. 60-61)
Como en rigor no existe un “fuera” del laboratorio, los científicos se ven obligados a extender a otros lugares la “jerarquía de fuerzas” que existe en el laboratorio. Así, su capacidad de hacer predicciones no es otra cosa que la extensión de las condiciones de verificación que existen en sus laboratorios. “Nadie ha visto nunca un hecho saliendo del laboratorio, a no ser que se lleve primero el laboratorio a una situación ≪externa≫ y que la situación se transforme de tal manera que encaje con las prescripciones del laboratorio.” (p. 62) Las predicciones o previsiones de los científicos son siempre a posteriori, repeticiones.
“Una creencia no es una prueba” (p. 62).
El poder de los científicos radica en el laboratorio. Salir de él implica perder ese poder. Por eso, los científicos procuran extender las condiciones existentes en sus laboratorios, construyendo “costosas redes dentro de las cuales pueden mantener su frágil eficacia” (p. 63) Por ejemplo, las estadísticas sanitarias permitieron conocer la existencia del ántrax y la eficacia de la vacuna.
Los sistemas de Pesos y Medidas Estandarizados permiten extender las constantes de los laboratorios a toda la sociedad.
“No hay una parte externa de la ciencia, pero hay largas y estrechas redes que hacen posible la circulación de los hechos científicos.” (p. 64)
Los laboratorios se construyen para borrar la distinción entre el nivel macrosocial y el nivel de la ciencia del laboratorio. Una vez disuelta dicha distinción, algunos científicos pueden trabajar aislados en el laboratorio y cambiar la vida de multitudes. Ellos convierten los objetos a tal escala (mapas, modelos económicos, tablas, figuras, diagramas) que pueden ganar fuerza y llegar a conclusiones incontrovertibles. Luego extienden a una escala mayor las conclusiones que les parezcan favorables. “Es un proceso político. No es un proceso político. Lo es porque ganan una fuente de poder; no lo es porque es una fuente de poder nuevo que escapa a la rutina y la fácil definición de un poder político establecido.” (p. 65)
“La ciencia es poder ejercido con otros medios.” (p. 65) Lo que cuenta en la ciencia de laboratorio son los otros medios, “las fuentes nuevas de desplazamientos, que son las más poderosas porque son ambiguas e imprevisibles.” (p. 66)
Los microestudios de laboratorio son importantes porque “en nuestras sociedades modernas, la mayor parte del poder realmente nuevo viene de las ciencias (de cualquiera) y no del proceso político clásico. Al limitar todas las explicaciones sociales de la ciencia y la tecnología a la visión clásica de la política y la economía (beneficio, poder establecido, males o bienes predecibles), los analistas de la ciencia que afirman estudiar los macro-niveles fracasan precisamente en la comprensión de lo que es fuerte en ciencia y tecnología.” (p. 66)
Quienes se dedican a los macroestudios de la ciencia no pueden responder a la pregunta de por qué son diferentes los medios, pues para hacerlo se requiere examinar los contenidos de las ciencias y dentro de los laboratorios, “donde las futuras reservas de poder político están en elaboración” (p. 66)
Los macroanalistas y los microanalistas de la ciencia comparten el mismo prejuicio (que debe ser desarmado): la ciencia empieza o termina en los muros de los laboratorios.
Por último, el estudio de las prácticas de laboratorio aporta al estudio de la sociedad, pues es fuente de las innovaciones que desplazan las relaciones de fuerza. Así, la sociología de la ciencia puede enseñar a la sociología, en vez de tomar prestadas de ella categorías y estructuras sociales.
Mataderos, lunes 28 de septiembre de 2025
No hay comentarios:
Publicar un comentario