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domingo, 24 de septiembre de 2017

INTERACCIONISMO SIMBÓLICO: UNA INTRODUCCIÓN

El presente trabajo es la primera de una serie de fichas de lectura sobre el interaccionismo simbólico (IS a partir de aquí). Para su redacción tomé como base: Ritzer, George. (1997). Teoría sociológica contemporánea. México D. F.: McGraw-Hill.

No puede considerarse al IS como una corriente sociológica homogénea; por el contrario, se despliega en diversas teorías, que comparten cierta orientación general.

Su núcleo inicial estuvo constituido por la teoría de George Herbert Mead (1863-1931); en menor medida, por las concepciones de Charles Horton Cooley (1864-1929) y William J. Thomas (1863-1947) (1). El representante del IS “clásico” es Herbert Blumer (1900-1987). Posteriormente, surgieron otras perspectivas, como la de Manford Kuhn (1911-1963), Erving Goffman (1922-1982), y corrientes afines, como la etnometodología y la fenomenología.

Ritzer comienza su recorrido por el IS con un examen de las ideas de Mead. Éste fue profesor de Filosofía en la Universidad de Chicago en el período comprendido entre 1899 y 1931; muchos estudiantes de Sociología siguieron sus cursos y, posteriormente, elaboraron en base a sus apuntes de clase la obra Mind, Self and Society: From the Standpoint of a Social Behaviorist (1934) (2). Mead fue influido por el pragmatismo y del conductismo psicológico.


La influencia del pragmatismo sobre Mead

El pragmatismo constituye “una amplia perspectiva filosófica”. Mead mostró atención especial por cuatro aspectos del pragmatismo:

a) La verdadera realidad no existe “fuera” del mundo real;

b) Las personas recuerdan y basan su conocimiento del mundo sobre lo que se ha demostrado útil para ellos;

c) Las personas definen los “objetos” físicos y sociales con los que tienen relación en el mundo de acuerdo a su utilidad para ellas;

d) Si pretendemos entender a los actores, nuestra comprensión debe basarse en lo que hacen en el mundo.

De los cuatro puntos enumerados se desprenden tres aspectos centrales del IS: 1) análisis de la interacción entre el actor y el mundo; 2) concepción del actor y del mundo como procesos dinámicos, no como estructuras estáticas; 3) la importancia asignada a la capacidad del actor para interpretar el mundo social. (p. 215).

La obra del filósofo John Dewey (1859-1952) influyó sobre el IS. Dewey concebía la mente como un proceso de pensamiento compuesto por una serie de fases: i) definición de los objetos del mundo social; ii) determinación de los posibles modos de conducta; iii) anticipación de las consecuencias de cursos alternativos de acción; iv) eliminación de posibilidades improbables; v) elección del modo óptimo de acción.

También se hizo sentir el influjo de William James (1842-1910).

David Lewis y Richard Smith (3) identificaron dos corrientes filosóficas que incidieron en el IS. De un lado, el pragmatismo nominalista (Dewey y James), que reconoce la existencia de los macrofenómenos, pero sin que éstos tengan efectos determinantes sobre la conducta de los individuos: “actores existencialmente libres que aceptan, rechazan, modifican o, en cualquier caso, definen las normas, los roles, las creencias, etc., etc., de la comunidad de acuerdo con sus intereses personales y planes del momento” (Lewis y Smith, p. 24; citados por Ritzer, p. 215). Del otro lado, el realismo filosófico (Mead). Para esta corriente lo importante es la sociedad y como constituye y controla los procesos mentales de los individuos. El individuo no es libre, está controlado por el conjunto de la sociedad. (p. 215).

A partir de la distinción anterior, la obra de Mead se ubica en la perspectiva realista; no concuerda con el nominalismo adoptado por la corriente principal del IS. H. H. Blumer, si bien expresó reconocimiento por Mead, es un representante del nominalismo.

Lewis y Smith resumen así las diferencias entre Mead y Blumer: “Blumer (...) se orientó completamente hacia el interaccionismo psíquico (...) A diferencia del conductismo social meadiano, el interaccionismo psíquico mantiene que los significados de los símbolos no son universales y objetivos; antes bien, los significados son individuales y subjetivos en el sentido de que es el receptor el que ‘asigna’ a los símbolos de acuerdo con el modo en que los ‘interpreta’.” (4)


La influencia del conductismo en la obra de Mead (5)

La influencia del conductismo psicológico reforzó la orientación realista empírica de la obra de Mead.

Es preciso trazar la distinción entre el conductismo social (Mead) y el conductismo radical (6). Éste último estudió las conductas de los individuos y planteó que los estímulos provocan respuestas (conductas). No le concedió importancia a los procesos mentales encubiertos que ocurren en el tiempo transcurrido entre el estímulo y la respuesta. En este punto, cabe agregar que Watson creía que no existía diferencia entre los seres humanos y los demás animales; Mead, en cambio, sostenía que existía una diferencia cualitativa: el lenguaje. (p. 216-217).

Mead reconocía la importancia de la conducta observable, pero creía en la existencia de los aspectos encubiertos de la conducta. Pretendió estudiar empíricamente el espacio entre estímulo y conducta. La unidad de estudio era el acto, concebido como el conjunto de los aspectos encubiertos y los aspectos visibles de la acción humana. Incluía la atención, la percepción, la imaginación, el razonamiento, la emoción, etc. (p. 216).

Por su parte, Charles Morris (1901-1979), en su introducción a la primera edición de la obra de Mead, Mind, Self and Society (1934), enumeró tres diferencias entre Mead y Watson:

1) Mead creía que el enfoque de Watson era simplista pues excluía a la conducta de su contexto social. Para Mead, la conducta era parte del complejo mundo social;

2) Watson rechazó extender el conductismo a los procesos mentales. Mead, en cambio, estaba de acuerdo en realizar dicha extensión;

3) Mead consideraba que, al rechazar la mente, Watson tenía una concepción pasiva del actor. Mead pensaba que éste era activo y dinámico.

Ritzer señala una tercera influencia sobre los futuros interaccionistas simbólicos: la obra del sociólogo alemán Georg Simmel (1858-1918), cuyo interés por la acción y la interacción compatibilizaba con la teoría de Mead.

En síntesis, pragmatismo, conductismo y Simmel fueron las influencias recibidas por muchos estudiantes de la Universidad de Chicago en los años ‘20 del siglo pasado. (p. 217).



Villa del Parque, domingo 24 de septiembre de 2017



NOTAS:
(1) Para una buena presentación de las teorías de Cooley y Thomas, puede consultarse: Timasheff, Nicholas S. (1961). La teorías sociológica: Su naturaleza y desarrollo. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. (Capítulo 12).
(2) Los ex alumnos de Mead destacan la maestría de su maestro en la conversación y en la exposición de los temas en la clase. Según parece, Mead era un intelectual cuya influencia se ejercía a través de la oralidad y no tanto por la palabra escrita. El sociólogo Leonard Cottrel comenta lo siguiente: “Para mi, el curso del profesor Mead fue una experiencia única e inolvidable... el profesor Mead era un hombre alto y de aspecto amable que llevaba un fabuloso bigote y barba al estilo Vandyke. Le caracterizaba una sonrisa benévola, algo tímida y aderezada con un guiño de ojos, como si estuviera gastando una broma secreta a su audiencia (...) Cuando impartía clase -siempre sin notas- el profesor Mead manipulaba un trozo de tiza y la miraba fijamente (...) Cuando subrayaba alguna cuestión determinada durante la clase levantaba la mirada y nos echaba una sonrisa casi de disculpa sobre nuestras cabezas y jamás fijaba la mirada en ninguno de nosotros. Sus palabras fluían y enseguida nos dimos cuenta que no nos gustaban las preguntas o comentarios durante el transcurso de la ciase. En efecto, cuando alguien osaba hacer una pregunta se oía un murmullo de desaprobación entre los estudiantes. Protestaban por cualquier interrupción del brillante flujo de palabras.” (Citado por Ritzer, p. 220).
No hay que olvidar que la Universidad de Chicago, donde Mead daba sus clases, se convirtió en el centro de la sociología estadounidense.
(3) Lewis, David y Smith, Richard. (1980). American Sociology, and Pragmatism: Mead, Chicago Sociology, and Symbolic Interaction. Chicago: University of Chicago Press.
(4) Lewis y Smith, op. cit., p. 172. (Citado por Ritzer, p. 216).
(5) Ritzer, op. cit., p. 216-217.

(6) Ritzer se refiere a la teoría elaborada por el psicólogo John B. Watson (1878-1958), quien fue alumno de Mead.

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