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domingo, 17 de septiembre de 2017

BOURDIEU Y LOS TRES ESTADOS DEL CAPITAL CULTURAL

El artículo “Les trois états du capital cultural” fue publicado originalmente en ACTES DE LA RECHERCHE EN SCIENCES SOCIALES, núm. 30, 1979, pp. 3-6. Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Alicia Beatriz Gutiérrez, “Los tres estados del capital cultural, incluida en: Bourdieu, Pierre. (2011). Las estrategias de la reproducción social. Buenos Aires: Siglo XXI. (pp. 213-220).

El presente trabajo es una ficha de lectura, cuyo objetivo consiste en presentar una síntesis de los puntos principales del texto. Como es sabido, Pierre Bourdieu (1930-2002) desarrolló una concepción del capital dirigida no restringir el concepto a la connotación económica.

Para Bourdieu, existen cuatro tipos de capital (1):

  • Capital económico: constituido por los diferentes factores de producción (tierras, fábricas, trabajo) y el conjunto de los bienes económicos (ingreso, patrimonio, bienes materiales).
  • Capital cultural: conformado por el conjunto de las calificaciones intelectuales, sean producidas por el sistema escolar o transmitidas por la familia.
  • Capital social: definido como el conjunto de las relaciones sociales de las que dispone un individuo o grupo.
  • Capital simbólico: formado por el conjunto de los rituales (como la etiqueta o el protocolo) ligados a honor y el reconocimiento.

En el artículo analizado, Bourdieu desarrolla de manera sintética los rasgos fundamentales del Capital Cultural (CC a partir de aquí). En especial, presenta las tres formas que puede asumir el CC.

Por último, una indicación de forma: entre corchetes figuran agregados y comentarios personales.




La noción de capital cultural surgió en el área de la sociología de la educación.

Formó parte de una hipótesis para explicar la desigualdad en el rendimiento escolar de niños pertenecientes a diferentes clases sociales. Dicha hipótesis relaciona el “éxito escolar” (2) “con la distribución del capital cultural entre las clases y fracciones de clase.” (p. 213).

La hipótesis mencionada implica una ruptura con la visión usual que considera el “éxito escolar” como un derivado de las “aptitudes” naturales. También representa un corte respecto a las teorías del capital humano. (3)

El CC tiene aparece bajo tres formas:

  • En estado incorporado: “como disposiciones durables del organismo” (p. 214).
  • En estado objetivado: “como bienes culturales, cuadros, libros, diccionarios, instrumentos, máquinas, que son la huella o la realización de teorías o de críticas de estas teorías, de problemáticas, etc.” (p. 214).
  • En estado institucionalizado: “forma de objetivación que debe considerarse por separado porque, según puede anotarse a propósito del título escolar, confiere propiedades totalmente originales al capital cultural que garantiza.” (p. 214).




El estado incorporado (pp. 215-217)

La mayor parte de las propiedades del CC se derivan del hecho de que, en su estado fundamental, “está ligado al cuerpo y supone la incorporación” (p. 215). (4).

La incorporación de CC al cuerpo supone un trabajo personal de asimilación, un costo de tiempo, que debe ser invertido personalmente por el inversor, un trabajo del sujeto sobre sí mismo. (p. 215).

No puede transmitirse instantáneamente por donación o transmisión hereditaria, compra o intercambio. Tampoco puede ser acumulado más allá de las capacidades de apropiación de un sujeto singular. (p. 215).

El esfuerzo realizado por el individuo para adquirirlo hace que el CC “llegue a acumular los prestigios de la propiedad innata y los méritos de la adquisición” (p. 216).

El esfuerzo mencionado en el párrafo anterior da por resultado que el CC presente “un mayor grado de disimulación que el capital económico y está por ello predispuesto a funcionar como capital simbólico; es decir, desconocido y reconocido, que ejerce un efecto de (des)conocimiento” (p. 216).

Hay toda una alquimia social “por cuyo intermedio el capital económico se transforma en capital simbólico, capital denegado o, más exactamente, desconocido” (p. 216). (5)

La eficacia ideológica del CC radica en la lógica misma de su transmisión:

a) La apropiación de capital cultural objetivado “depende principalmente del capital cultural incorporado en el conjunto de la familia” (p. 217);

b) La acumulación inicial del CC, “requisito de la acumulación rápida y fácil de todo tipo de CC útil, sólo comienza desde el origen, sin atraso, sin pérdida de tiempo, para los miembros de la familia munidos de un sólido capital cultural , ya que en ese caso el tiempo de acumulación engloba la totalidad del tiempo de socialización.” (p. 217).

En consecuencia, “la transmisión del CC [es] sin duda la forma mejor disimulada de transmisión hereditaria de capital y se le [otorga] una incidencia mayor en el sistema de las estrategias de reproducción en la medida en que las formas directas y visibles de transmisión tienden a estar más fuertemente censuradas y controladas.” (p. 217).




El estado objetivado (pp. 217-219)

Varias de sus propiedades se definen a partir de su relación con el estado incorporado. El capital cultural objetivado en soportes materiales (escritos, pinturas, esculturas, etc.) puede transmitirse en su materialidad, o sea, se transmite su propiedad jurídica. Pero “lo que constituye la condición de la apropiación específica (...) la posesión de los instrumentos que le permiten consumir un cuadro o utilizar una máquina y que, no siendo otra cosa que capital incorporado, están sometidos a las mismas leyes de transmisión.” (p. 218).

En síntesis, “los bienes culturales pueden se objeto de una apropiación material, que supone el capital económico, y de una apropiación simbólica, que supone el capital cultural.” (p. 218; el resaltado es mío - AM-).

A partir de lo anterior, Bourdieu plantea el problema del “estatus ambiguo” de los “cuadros ejecutivos”. Si se pone el acento en que no son poseedores de los instrumentos de producción que utilizan y de que sólo obtienen un beneficio de su CC incorporado vendiendo su [fuerza de trabajo], se los sitúa del lado de los dominados; si se enfatiza que ellos obtienen beneficios de la puesta en particular de capital, se los ubica del lado de los dominantes. (p. 218).

Si bien el CC en estado objetivado posee “todas las apariencias de un universo autónomo y coherente” y tiene leyes propias, eso no quita “que no existe y no subsiste como capital material y simbólicamente activo y actuante si no es objeto de apropiación por parte de los agentes, e involucrado como arma y como apuesta en las luchas que se producen en los campos de producción cultural (...) y, más allá, en el campo de las clases sociales, ocasiones en que los agentes obtienen beneficios proporcionales al dominio que tienen de ese capital objetivado, y por lo tanto acordes a la medida de su capital incorporado.” (p. 218-219).




El estado institucionalizado (pp. 219-220)

La objetivación del CC en la forma de título escolar (6) neutraliza propiedades de la incorporación de dicho capital en un individuo (por ejemplo, la muerte de su soporte).

El diploma escolar constituye “un reconocimiento institucional al capital cultural poseído por cierto agente” (p. 220).

Bourdieu considera que “la alquimia social produce una forma de capital cultural que tiene una autonomía relativa con relación a su portador e incluso con relación al capital cultural que efectivamente posee en un momento dado del tiempo: instituye el capital cultural, tal como, según Merleau-Ponty, los vivos instituyen a sus muertos mediante los ritos de duelo.” (p. 219).

Un ejemplo de la magia performativa del poder de instituir (7): el concurso. A partir de diferencias infinitesimales en los desempeños, produce discontinuidades durables y brutales, del todo o nada, como la que separa al último aceptado del primer rechazado. (p. 219).

En lo social, no hay frontera que no sea mágica, es decir, impuesta y sostenida por la creencia colectiva. Mediante este proceso, el grupo se conforma como realidad constante y diferente; todo ello por medio de la institución de una frontera jurídica, “que instituye los valores últimos del grupo, que tienen por principio la creencia del grupo en su propio valor y que se definen al oponerse a los demás.” (p. 220).


Villa del Parque, domingo 17 de septiembre de 2017




NOTAS:
(1) La caracterización de las cuatro formas de capital está tomada de Pierre Bonnewitz, La sociología de Pierre Bourdieu, Buenos Aires, Nueva Visión, 2003, p. 47).
(2) Éxito escolar = “los beneficios específicos que los niños de las diferentes clases y fracciones de clase pueden obtener en el mercado laboral” (p. 213).
(3) Bourdieu se refiere a la obra de Gary Stanley Becker, Human Capital, New York, Columbia University Press, 1964. Becker, representante del liberalismo económico, colaboró con Milton Friedman; obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1992 por “ampliar el dominio del análisis microeconómico a un mayor rango de comportamientos humanos fuera del mercado”. Bourdieu critica la tesis del capital humano, defendida por Becker. El núcleo de su crítica consiste en que los economistas dejan de lado “lo más oculto y determinante, en términos sociales, de las inversiones educativas: la transmisión doméstica del capital cultural.” (p. 214). Los economistas se interrogan por la rentabilidad de los gastos en educación para la “sociedad” en conjunto; o sobre la contribución de la educación a la “productividad nacional”. Bourdieu considera que se trata de una definición funcionalista, “que ignora el aporte que el sistema de enseñanza realiza a la reproducción de la estructura social al sancionar la transmisión hereditaria del capital cultural (...) ignora (...) que el rendimiento escolar de la acción escolar depende del capital cultural previamente invertido por la familia, y que el rendimiento escolar depende del capital social, también heredado, que puede ser puesto a su servicio.” (p. 214).
(4) El CC “es un ser devenido ser, una propiedad hecha cuerpo, devenida parte integrante de la persona, un habitus.” (p. 215).
(5) Bourdieu enfatiza que “el lazo entre el capital económico y el capital cultural se establece por intermediación del tiempo necesario para la adquisición”. (p. 217).
(6) Título escolar = “acta de competencia cultural que confiere a su portador un valor convencional constante, y jurídicamente garantizado, respecto de la cultura.” (p. 219).

(7) Es decir, “el poder de hacer ver y de hacer creer o, en una palabra, de hacer reconocer.” (p. 220).

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