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sábado, 9 de julio de 2016

BOURDIEU Y LA SOCIOLOGÍA COMO "CIENCIA QUE MOLESTA"

“El tipo de ciencia social que se puede hacer depende de la
relación que se tenga con el mundo social y, por lo tanto,
de la posición que se ocupe en este mundo.”
Pierre Bourdieu

Noticia bibliográfica:

Para la redacción de este ensayo utilicé: Bourdieu, Pierre. (2008). “Una ciencia que molesta”. (1) Incluida en: Bourdieu, Pierre. (2008). Cuestiones de sociología. Madrid: Akal. (pp. 20-37). La traducción española es de Enrique Martín Criado.




Pierre Bourdieu (1930-2002) no requiere mayor presentación. El presente trabajo tiene por objetivo presentar su concepción de la función de la sociología, a partir de una entrevista que fuera realizada por Pierre Thuillier.

A los fines de la exposición, divido el texto en tres áreas temáticas: a) epistemología (cuestiòn de la cientificidad de la sociología); b) la sociología y el Poder; c) la relación de la sociología con las demás ciencias sociales.

Bourdieu responde de manera afirmativa a la ya vieja pregunta de si la sociología es una ciencia. Aquí cabe separar dos cuestiones: 1) la caracterización de la filosofía social, antecedente de la sociología; 2) la enunciación de los rasgos de la cientificidad.

La filosofía social (“prehistoria de la sociología” - p. 20 - ) se caracteriza por la formulación de “las grandes teorías” (p. 20).

Frente a ello, ¿por qué la sociología es una ciencia?

Los sociólogos comparten “un capital común de conocimientos, conceptos, métodos, procedimientos de verificación” (p. 20). Además, construyen “sistemas coherentes de hipótesis, de conceptos, de métodos de verificación, todo lo que se identifica habitualmente con la idea de ciencia.” (p. 22).

Bourdieu distingue entre la formulación de teorías sin procedimientos de verificación (la mencionada filosofía social) y la elaboración sistemática de teorías y conceptos con los correspondientes mecanismos de verificación (sociología). [Hasta aquí nada diferente al planteo del viejo empirismo. Pero en este punto se agrega el problema de la “dispersión” de los sociólogos entre teorías diferentes - Marx, Weber, etc.]

La “dispersión” entendida como “división” de la disciplina, no aparece como obstáculo para la cientificidad de la sociología. [Bourdieu retoma la tesis de la convergencia epistemológica entre teorías sociológicas, esbozada en El oficio de sociólogo.]

Bourdieu expone así su argumento:

“En muchos casos no se puede hacer avanzar la ciencia más que a condición de poner en comunicación teorías opuestas, que a menudo se constituyeron las unas contra las otras. No se trata de realizar esas falsas síntesis eclécticas que tanto han proliferado en sociología. Aunque habría que añadir de paso, que la condena del eclecticismo ha servido frecuentemente como coartada de la incultura: es tan cómodo y fácil encerrarse en una tradición: el marxismo, desgraciadamente, ha cumplido a menudo esta función de refugio tranquilizador y perezoso. La síntesis sólo es posible a expensas de un cuestionamiento radical que conduzca al principio del antagonismo aparente (...) la lógica de la investigación impele a superar la oposición, remontándose a la raíz común. Marx ha evacuado de su modelo la verdad subjetiva del mundo social, oponiéndole la verdad objetiva de este mundo como relación de fuerzas. Pero si el mundo social se redujera a su verdad de relación de fuerzas, si no se le reconociera en cierta medida como legítimo, no funcionaría. La representación subjetiva del mundo social como legítimo forma parte de la verdad completa de este mundo.” (p. 26-27).

[El argumento de Bourdieu es superficial, porque plantea la cuestión en términos abstractos, no políticos. Las teorías de Marx y Weber no se encuentran en situación de “antagonismo aparente”, sino en contradicción irreductible. Por ejemplo, ¿en qué puede consistir la “raíz común” de ambos en lo que hace a la caracterización del capitalismo. Para Marx se trata de una forma de organización social basada en la explotación de los trabajadores por la burguesía; para Weber, es una forma de organización social racional, donde los grupos sociales son “compatibles”, no antagónicos. Esto no puede ser reducido a una mera cuestión de detalle.]

“La mayoría de las veces, el obstáculo que impide que conceptos, métodos o técnicas comuniquen entre sí no es lógico, sino sociológico. Los que se identifican con Marx (o con Weber) no pueden servirse de algo de lo que ellos consideran ser la negación sin tener la impresión de negarse a sí mismos, de desdecirse, de renegar.” (p. 27). [Pero esos conceptos, métodos y técnicas van unidos, de modo indisoluble, a cierta concepción de la sociedad, que expresa una clase social determinada.”].

¿Por qué molesta la sociología?

A lo largo de la entrevista, Bourdieu esboza un par de respuestas: “Porque devela cosas ocultas y a menudo reprimidas.” (p. 21). “Sus objetos son objeto de luchas; cosas que se ocultan, que se censuran, por las cuales se está dispuesto a morir.” (p. 23).

[Corresponde decir que no hay nada nuevo bajo el sol. Rige el viejo precepto iluminista, “el conocimiento nos hace libres”, etc.].

Pero Bourdieu da un paso más allá, y reivindica el carácter crítico de la sociología [al que combina con el concepto de campo]. “El sociólogo presenta la particularidad de tener por objeto campos de luchas: no sólo el campo de la lucha de clases, sino también el propio campo de las luchas científicas. Y el sociólogo ocupa una posición en estas luchas; en primer lugar, en la medida en que detenta un cierto capital, económico y cultural, en el campo de las clases; además, como investigador dotado con un cierto capital específico en el campo de la producción cultural y, más concretamente, en el subcampo de la sociología. Esto lo debe tener siempre en cuenta para intentar controlar todo lo que su práctica, lo que ve y lo que no se ve, lo que hace y lo que no hace (...) le debe a su posición social (...) las probabilidades de contribuir a producir la verdad dependen de dos factores principales, ambos vinculados a la posición ocupada: el interés que se tenga en saber y en hacer saber la verdad (o, a la inversa, en ocultarla y ocultársela) y la capacidad que se tenga de producirla. (...) El sociólogo se halla tanto mejor armado para des-cubrir este oculto cuanto mejor armado se halle científicamente, cuanto mejor utilice el capital de conceptos, de métodos, de técnicas acumuladas por sus predecesores (...) y cuanto más《crítico》sea, cuanto más subversiva sea la intención consciente o inconsciente que lo anima, cuanto más interés tenga en develar lo que está censurado, reprimido en el mundo social. Y si la sociología, como la ciencia social en general, no avanza más deprisa es quizá, en parte, porque estos dos factores tienden a variar, en proporción inversa.” (p. 23-24).

[El análisis de Bourdieu es abstracto. Nunca termina de esbozar la relación entre la posición social del sociólogo y su posición política. ¿De dónde puede salir el mentado carácter “subversivo” de la sociología si no es de la posición de clase? ¿De dónde ese interés por develar lo oculto? La sociología, como cualquier otra ciencia, es un campo, en el que se desarrollan luchas por la posesión de las fuentes de capital simbólico. Ahora bien, en una sociedad capitalista, esas fuentes están en manos del Estado capitalista y de las empresas capitalistas. ¿Por qué el Estado o la burguesía habrían de alentar proyectos subversivos? El mismo Bourdieu mostró como la educación reproduce la distribución de poder existente. Entonces, no hay ninguna razón que lleve a pensar que la sociología puede ser algo más que una ciencia conservadora (de las relaciones sociales capitalistas). Bourdieu parece imaginar un sociólogo “rebelde” (creador de una “ciencia que molesta”). Pero no relaciona esa “rebelión” (o su contrario) con la posición social.]

Bourdieu sintetiza así el rol de la sociología: “Los dominantes siempre ven con malos ojos al sociólogo, o al intelectual que lo reemplaza cuando la disciplina no se halla todavía constituida, o no puede funcionar, como ocurre en la actualidad en la URSS. Son aliados del silencio porque no encuentran nada que criticarle, al mundo que dominan y que, por esto mismo, consideran como evidente, como algo que salta a la vista.” (p. 27-28).

A continuación expone su concepción de la sociología: “...la sociología tiene tantas mayores posibilidades de defraudar o contrariar a los poderes cuanto mejor cumple su función propiamente científica. Esta función no es la de servir para algo, es decir, a alguien, Pedirle a la sociología que sirva para algo siempre es una manera de servirle al poder. Operación que no es neutra socialmente y que cumple sin ninguna duda una función social. Entre otras razones, porque no hay un poder que no le deba una parte - y no la menor - de su eficacia al desconocimiento de los mecanismos que lo fundamentan.” (p. 29).

[¿En qué clase social se apoya la sociología para llevar a cabo esta tarea? Aquí cabe el refrán que dice “nadie muerde la mano del que le da de comer”. Bourdieu termina por hacerle un favor a sus colegas, quienes se ven reivindicados muy a su pesar como sociólogos “subversivos”, aunque en lo cotidiano se dediquen a otros menesteres. Favorece así la reproducción del carácter conservador de la disciplina.]

Como no se sostiene la caracterización de toda la sociología como “ciencia que molesta”, nuestro autor distingue entre los sociólogos (críticos) y los “técnicos”, cuya función es racionalizar la dominación existente. (p. 28).

La entrevista termina haciendo referencia a las relaciones entre la sociología y otras ciencias sociales. Así, respecto a la psicología:

“La sociología no ha dejado de tropezar con el problema del individuo y la sociedad. En realidad, las divisiones de la ciencia social en psicología, psicología social y sociología se han constituido, pienso yo, en torno a un error inicial de definición. La evidencia de individuación biológica impide ver que la sociedad existe bajo dos formas inseparables: por un lado, las instituciones, que pueden revestir la forma de cosas físicas, monumentos, libros, instrumentos, etc.; por el otro, las disposiciones adquiridas, las maneras duraderas de ser o de hacer que se encarnan en los cuerpos (y que yo denomino habitus). El cuerpo socializado no se opone a la sociedad: es una de sus formas de existencia.” (p. 30).

Respecto a la etnografía:

“La relación entre etnología y sociología es la típica falsa frontera. (...) es un mero producto de la historia (colonial) que carece de toda justificación lógica. En realidad, la relación de exterioridad (...) es más frecuente en etnología, sin duda porque se corresponde con la visión del extranjero. Pero algunos etnólogos también han jugado el juego (el juego a dos barajas) de la participación en las representaciones indígenas: el etnólogo hechizado o místico. (...) Algunos sociólogos, como generalmente trabajan por la persona interpuesta de los encuestadores y como jamás tienen contacto directo con las personas investigadas, se hallan más inclinados al objetivismo que los etnólogos (cuya primera virtud profesional es la capacidad de establecer una relación real con las personas investigadas). A  lo que  hay que añadir la distancia de clase, que no es menos fuerte que la distancia cultural. Es esta la razón que explica que no haya, sin ninguna duda, ciencia más inhumana que la que se ha producido en la zona de Columbia, bajo la férula de Lazarsfeld, y en la que la distancia que producen el cuestionario y el encuestador interpuesto se duplica por el formalismo de una estadística ciega.” (p. 32-33).

Respecto a la filosofía social y a la antropología en general:

“No se trata de encerrarse eternamente en el discurso total sobre la totalidad que practicaba la filosofía social y que aún hoy es moneda corriente, sobre todo en Francia, donde los profetismos todavía disponen de un mercado protegido. Pero pienso que, a causa de su afán por adecuarse a una representación mutilada de la cientificidad, los sociólogos han llegado a una especialización prematura. (...) la ciencia humana comporta inevitablemente teorías antropológicas; que sólo puede progresar realmente si explicita estas teorías que los investigadores comprometen siempre de manera práctica y que no son, generalmente, otra cosa que la proyección transfigurada de su relación al mundo social.” (p. 37).


Villa del Parque, sábado 9 de julio de 2016

NOTAS:

(1) Se trata del texto de una entrevista realizada por Pierre Thuillier y publicada en LA RECHERCHE, núm. 112, junio de 1980, pp. 738-743.

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