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sábado, 3 de agosto de 2013

LA CRÍTICA DE DURKHEIM AL MARXISMO: NOTAS SOBRE “LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA HISTORIA”



“En el comienzo todo es religioso.”
Emile Durkheim

“La historia de todas las sociedades que han existido
hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.”
Karl Marx y Friedrich Engels

Este artículo (1) constituye una reseña crítica de la obra de Antonio Labriola (1843-1904), Ensayos sobre la concepción materialista de la historia (1897) (2). Labriola jugó un papel fundamental en la difusión del marxismo en Italia; fue autor de la primera traducción al italiano del Manifiesto Comunista. En los Ensayos, Labriola expone la génesis del marxismo y ofrece un comentario de la teoría del materialismo histórico. Para ello utiliza primordialmente el Manifiesto (como apéndice de la obra incluye una traducción del mismo).

Durkheim aprovechó su reseña de la obra de Labriola para fijar posición sobre el marxismo. Este artículo y su curso sobre el socialismo constituyen los abordajes más directos de la obra de Marx por el sociólogo francés. De ahí la relevancia de este escrito, que permite establecer la demarcación entre marxismo y sociología.

El artículo se divide en dos partes: en la primera (pp. 224-228) realiza un resumen de la obra de Labriola; en la segunda (pp. 229-233) somete el marxismo a discusión, diferenciándolo de lo que denomina “concepción objetiva de la historia” (p. 230). Adempas, intercala entre ambas partes un párrafo dedicado a formular una valoración general del libro de Labriola:

“Es uno de los esfuerzos más rigurosos que se hayan realizado para reducir la doctrina marxista a sus conceptos elementales y para profundizarlos (…) El autor no tiene otra preocupación que la de ver con claridad el principio que inspira a ciertas creencias cuyas consecuencias lógicas acepta de antemano y decididamente (…) esta exposición del sistema es muy adecuada para poner de relieve las instituciones fecundas y las debilidades del mismo.” (pp. 228-229).

En otras palabras, Durkheim utiliza a Labriola para dar su opinión sobre el marxismo. Dada la importancia de esta cuestión, he preferido dejar de lado la parte del artículo que resume el texto de Labriola (aunque hago uso de ella en alguno de los párrafos que siguen). En definitiva, el eje del artículo es el marxismo y no la obra de Labriola.

Ante todo, Durkheim señala una coincidencia entre el marxismo y la sociología: el rechazo a la concepción idealista de la historia, que considera que el desarrollo histórico puede explicarse por las representaciones que se forman los individuos de los acontecimientos en que participan (pp. 224-225). Durkheim llama “método ideológico” (p. 225) a esta concepción. (3)

“…es fecunda la idea de que la vida social debe explicarse no por la concepción que de la misma se hacen quienes toman parte en ella, sino por causas profundas que se substraen a la conciencia; y pensamos también que esas causas deben ser buscadas principalmente en la forman en que están agrupados los individuos asociados. Incluso (…) es con esta condición, y sólo con esta condición como la historia puede llegar a ser una ciencia y, por consiguiente, como puede existir la sociología.” (p. 229).

Las representaciones colectivas tienen origen en causas externas a la conciencia. En este sentido, puede afirmarse que no son autónomas. El origen de dichas representaciones se encuentra las agrupaciones de los individuos, la primera de las cuales es, por su relevancia y extensión, la sociedad.

Durkheim está en desacuerdo con Labriola cuando éste liga la “concepción objetiva de la historia” al marxismo y al movimiento socialista:

“Por nuestra parte hemos llegado a esta conclusión antes de haber conocido la obra de Marx, cuya influencia no hemos sufrido en modo alguno. Y es que, en efecto, esta concepción es la conclusión lógica de todo el movimiento histórico y psicológico de estos últimos cincuenta años.” (p. 229).

Por tanto, y según Durkheim, la concepción objetiva de la historia es el producto del desarrollo mismo de las ciencias sociales. Es un producto académico y un derivado del “triste conflicto de clases de que somos testigos actualmente” (p. 230). En su opinión, es un error identificar la concepción objetiva de la historia, propia de las ciencias sociales, con la “doctrina del materialismo económico” (p. 230), desarrollado por el socialismo.

Para Durkheim, el “dogma del materialismo económico” es el principio “de que el devenir histórico depende en último término de causas económicas” (p. 224), “la evolución social tiene por fuente viva el estado en que se encuentra la técnica en cada momento de la historia” (p. 226). Convierte así al marxismo un reduccionismo económico. Pasa por alto que en el Manifiesto, Marx y Engels consideran a la “lucha de clases” el motor de la historia, y no la simple transformación de la tecnología o el desarrollo de las fuerzas productivas. También deja de lado que, para Marx, el proceso de trabajo es mucho más que un simple proceso “económico”, pues en él se engendran y reproducen relaciones sociales e ideología. 

La transformación del marxismo en un reduccionismo económico es el paso previo a su crítica. Durkheim lleva adelante eta por medio de dos pasos concatenados.

En primer lugar, rechaza que la economía sea el factor que determina el desarrollo histórico: 

“Del mismo modo que nos parece que es cierto que las causas de los fenómenos sociales deben ser buscadas fuera de las representaciones individuales, nos parece falso que se reduzcan en última instancia al estado de la técnica industrial y que el factor económico sea el factor del progreso.” (p. 231).

Como ya señalamos, Marx indica expresamente que la lucha de clases es el motor de la historia. Durkheim ignora esta afirmación y convierte, como ya hemos visto, al marxismo en una teoría economicista. De este modo, transmutado en una especie de exaltación del desarrollo tecnológico, el marxismo se vuelve una caricatura y puede ser herido de muerte. Durkheim no sólo lo transforma en una economía de poca monta, sino que le da el estatus de teoría académica, sustrayéndole así el carácter político que constituye su esencia. Guste o no, el marxismo es una teoría de la sociedad capitalista, pero también es la teoría de la subversión de una forma de organización social. Si se deja de lado esto, se pierde el contenido fundamental del proyecto teórico y político marxista. 

En segundo lugar, Durkheim sostiene que el materialismo histórico va mucho más allá de las pruebas empíricas disponibles:

            “El marxismo está en contradicción con su propio principio básico. Empieza declarando que la vida social depende de causas que se substraen a la conciencia y a la actividad racional, pero entonces para descubrirlas deberían ser precisos procedimientos por lo menos tan afinados y tan complejos como los que emplean las ciencias de la naturaleza; deben ser necesarias toda clase de observaciones, de experiencias y de trabajosas comparaciones para descubrir aisladamente alguno de estos factores y sin que pueda plantearse el obtener una representación unitaria de los mismos.” (p. 231).

Para Durkheim, el marxismo pretende dar respuesta a todas las cuestiones sociales y políticas sin haber realizado investigaciones previas. En este punto pasa por alto: a) el trabajo monumental realizado por Marx para poder redactar El capital; b) el hecho de que Marx plantea su teoría como un método, como una puerta de entrada al análisis de la sociedad capitalista, y no como una respuesta universal a todos los problemas. Además, al convertir al marxismo en una mera teoría sociológica, se pierde de vista que Marx considera que las respuestas están en la praxis y no en la teoría. En un sentido fuerte, es la política y no la teoría sociológica la encargada de resolver los problemas del capitalismo, transformando de modo revolucionario esta forma de organización social. Claro que, visto desde el horizonte académica en el que se incluye Durkheim, todo esto es una tontería.

Durkheim va más allá de la crítica del “materialismo económico”. Frente a la economía, sostiene que la religión es el factor central en la sociedad, por lo menos en las primeras etapas del desarrollo social.

“No sólo no está probada la hipótesis marxista, sino que es contraria a hechos que parecen establecidos. Sociólogos e historiadores tienden cada vez más a coincidir en esta afirmación común de que la religión es el más primitivo de todos los fenómenos sociales. Es de ella de donde han salido por transformaciones sucesivas todas las demás manifestaciones de la actividad colectiva: derecho, moral arte, ciencias, formas jurídicas, etc. En el comienzo todo es religioso. Ahora bien, no conocemos ningún medio para reducir la religión a la economía, ni ningún intento de llevar a cabo realmente esta reducción (…) es incontestable que originariamente el factor económico es rudimentario, mientras que, por el contrario, la vida religiosa es exuberante y tiende a extenderse a otros dominios. Así pues, ¿cómo podría la economía ser causa de la religión y, por el contrario, no es probable que la economía dependa de la religión mucho más que la segunda de la primera?” (p. 232).

Si bien Durkheim advierte sobre el peligro de transformar a un aspecto de la realidad en factor explicativo de todas esa realidad (p. 233), es claro que su intención es reemplazar a la “economía” por la religión en el rol de causa del desarrollo histórico. Por razones de espacio no puedo emprender aquí una discusión de la posición durkheimiana. Pero es pertinente hacer un comentario. Es legítimo pensar lo que se quiera de la teoría marxista; se puede intentar reducirla a un economicismo; pero lo que no puede hacerse tan alegremente es minimizar la importancia del proceso de trabajo en la sociedad. Así, sin haber resuelto el problema de cómo alimentar a la comunidad, ¿hubiera sido posible la religión? Mejor dicho, la forma en que una comunidad produce sus alimentos, sus vestimentas, sus viviendas, en una palabra, la manera en que esa comunidad produce su existencia, ¿no influye sobre la religión?
¿Acaso la religión nace en el vacío social?

Durkheim construye una explicación que genera más problemas que los que resuelve, y pierde de vista uno de los aportes fundamentales del marxismo a la teoría social: el reconocimiento de la centralidad del proceso de trabajo.

Villa del Parque, sábado 3 de agosto de 2013


NOTAS:

(1) “La concepción materialista de la historia” fue publicado por primera vez en: REVUE PHILOSOPHIQUE, 1897, 44, pp. 645-651. Utilizo la traducción española de Santiago González Noriega: Durkheim, Emile. (1998). Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las ciencias sociales. Barcelona: Altaya. (pp. 224-233).

(2) Labriola, Antonio. (1897). Ensayos sobre la concepción materialista de la historia. Giard y Brière.

(3) La crítica del “método ideológico” se encuentra en Las reglas del método sociológico.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen trabajo!

Y muchas gracias!

Ariel Mayo (1970) dijo...

Gracias por el comentario. Saludos!

Tensor dijo...

En "las formas elementales de la vida religiosa" Emil apunta, después de su investigación de campo en lo que él en su tiempo encontró como las formas más simples y vivas de organización social, que la fuerza fundamental de la religión esta en la cohesión de grupo, en el deseo de estar juntos. Tal vez es allí lo irreducible en una lectura economicista. Yo no veo contradicción alguna con la segunda parte del Capital. es muy humano. Sin embargo estaría bueno poner esto en contraste con la dialéctica de la ilustración. Gracias y saludos.