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lunes, 24 de septiembre de 2012

PEQUEÑAS DELICIAS DE LA PRECARIZACIÓN LABORAL


El caso que sigue a continuación puede ser considerado por algunos como un hecho sin importancia, una pequeña anécdota sin mayor trascendencia. Nosotros pensamos, por el contrario, que en las pequeñas cosas, en las pequeñas anécdotas que afectan la vida cotidiana del trabajador, se esconde el sentido más profundo de nuestra sociedad. 

En estos tiempos que corren el mundo del trabajo carece de importancia para las principales fuerzas políticas de nuestro país. Ni la emancipación nacional y social que promete el progresismo kirchnerista, ni el “capitalismo organizado” que promete la señora presidenta Fernández, ni la “nueva política” que promueve el inefable Mauricio Macri, muestran mayor preocupación por mejorar la situación de los trabajadores. Aunque, nobleza obliga, corresponde decir algo en favor de nuestros líderes políticos: la presidenta Fernández no pierde oportunidad de señalar que los trabajadores deben agradecer el tener trabajo; por su parte, el inefable Mauricio no pierde oportunidad de indicar que los trabajadores deben agradecer el percibir un salario por sus trabajos.

El horizonte de nuestros políticos es el capitalismo. El periodista Eduardo Aliverti, afín al oficialismo,  escribió, con razón, que la oposición no levanta cabeza porque el “kirchnerismo” es la única opción seria para el capitalismo argentino. Negación de la importancia del movimiento obrero y afirmación del carácter natural del capitalismo van de la mano.

El crecimiento de la economía argentina en la última década se edificó sobre las derrotas de la clase trabajadora argentina en las tres últimas décadas. Las “tasas chinas” de crecimiento de la economía en la primera década del siglo XXI fueron posibles, entre otras cosas, por la fragmentación y la debilidad de las organizaciones de los trabajadores, así como también por la fusión de intereses entre funcionarios gubernamentales, empresarios y sindicalistas empresarios. Es por eso que los políticos del “kirchnerismo” y de la autodenominada “oposición” prefieren no hablar de ciertas cosas.

Para no perder de vista las cosas importantes, es preciso volver al mundo del trabajo y los trabajadores, no del modo académico, sino de un modo explícitamente político. En otras palabras, volver a hablar de explotación, de clases sociales y de tantas otras cosas que pasan desapercibidas en estos días, salvo para los sufridos mortales que las sufrimos a diario. El capitalismo se muestra al desnudo en cuanto nos acercamos a la realidad laboral.

La tercerización laboral ha sido uno de los mecanismos implementados bajo el peronismo menemista en los ’90 para debilitar a los trabajadores y fortalecer la posición de los empresarios. Dicho sistema permaneció vivito y coleando en el período “kirchnerista”.

La tercerización consiste en que la empresa principal delega algunas de sus tareas en otras empresas, cuyo régimen laboral es menos benigno con los trabajadores que el de la primera. En las empresas tercerizadas, la explotación de los trabajadores se agudiza y no puede ser eludida con bellas palabras.

A continuación, reproducimos una escucha telefónica realizada por orden judicial en el marco de la causa que se sigue a los asesinos del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, asesinado por una patota del sindicato Unión Ferroviaria el 20 de octubre de 2010. Ferreyra participaba de una manifestación de trabajadores tercerizados que reclamaban su incorporación a la planta permanente de la empresa que opera el Ferrocarril Roca. Esta escucha fue recogida por el periodista Diego Rojas en su libro ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? (Buenos Aires, Booket, 2012 – la primera edición de la obra es de 2011 - ), pp. 202-204.

La conversación telefónica data del 11 de enero de 2011. Los protagonistas son: Antonio Guillermo Luna, quien para esa fecha era Subsecretario de Transporte Ferroviario (nombrado en 2004) del gobierno de la presidenta Fernández; y Juan Carlos «El Gallego» Fernández, secretario adjunto de la Unión Ferroviaria. Luna fue desplazado de su cargo el 4 de septiembre de 2012 por el ministro del Interior Florencio Randazzo; luego de la masacre de Once, en que murieron 51 personas y 700 resultaron heridas, la situación de Luna se había vuelvo insostenible. Es probable que fuera su “probada” capacidad la que le permitió sobrevivir al gobierno de Néstor Kirchner y al primer mandato de la presidenta Fernández. El sindicalista Fernández, por su parte, mano derecha del sindicalista empresario y secretario general de La Fraternidad, se encuentra en estos días encarcelado y procesado en el juicio a los responsables del asesinato de Mariano Ferreyra.

La charla versa sobre la incorporación de una trabajadora al ferrocarril. El diálogo nos exime de mayores comentarios. Solo podemos agregar que se trata de una pequeña muestras de las delicias que ofrece el trabajo en la Argentina actual, y que muestra a las claras como el lugar de trabajo es un ámbito político, en el sentido de que allí se construye el sometimiento o la rebelión de la clase trabajadora.

La conversación es la siguiente:

“Luna: Hola.

Fernández: ¿Cómo andás?

Luna: Qué mierda te importa.

Fernández: Bueno, está bien, está bien. Tenés derecho a contestar como quieras.

Luna: Ya soy subsecretario.

Fernández: Ya sos subsecretario.

Luna: Por ahora (ríe).

Fernández: Cómo andás.

Luna: Y, para el orto, para el orto…

Fernández: ¿Qué pasó? ¿Levantó el paro el Negro?

Luna: No era paro. (1)

Fernández: Bueno, no. La medida.

Luna: Era trabajo a reglamento. ¿Por qué?

Fernández: Sí, ¿y cómo sigue?

Luna: Y no sé, preguntale al Negro (2), loco, qué me preguntás a mí…

Fernández: Ah, yo pensé que me llamabas por eso.

Luna: Escuchame un poquito, ¿cómo viene la mano? (…) Bueno, loco, anotá un nombre.

Fernández: Un nombre.

Luna: Se llama L. V (3). Para picaboleto.

Fernández: Bueno, ¿dónde está?

Luna: L. V., entrando el sábado o el domingo de esta semana (…)

Fernández: Entonces entra.

Luna: El sábado este y sale el otro sábado a la mañana.

Fernández: Sí. Lo que no dice es el lugar. Esto está complicado, ahora sí que está complicado, déjame que te confirmo. Dale.

Luna: Fijate qué podés hacer.

Fernández: ¿Y qué, uno solo es?

Luna: Si, ella sola.

Fernández: Bueno, déjame que veo y te digo y te llamo.

Luna: Cama matrimonial por si vas vos o yo... Podemos ir a visitar.

Fernández: Jaja.

Luna: Y llevo a José que está acá enfrente mío.

Luna: Que también le da a José, qué problema tiene.

Fernández: Dale, ahora te averiguo… “(4)

Buenos Aires, domingo 23 de septiembre de 2012


NOTAS:

(1) Se refieren al trabajo a reglamento implementado por el sindicato que agrupa a los maquinistas ferroviarios, La Fraternidad, con el objeto de oponerse al ingreso de los trabajadores tercerizados al ferrocarril. Para la mejor comprensión del lector hay que tener en cuenta que el Estado nacional se hace cargo del sueldo íntegro de los trabajadores que trabajan en las empresas tercerizadas en el ámbito de los ferrocarriles. Sin embargo, los trabajadores reciben un monto inferior al depositado por el Estado (un 70% o, inclusive, menos). La diferencia se la embolsan funcionarios, sindicalistas y empresarios. De ahí la oposición de los dirigentes sindicales devenidos empresarios a incorporar a los trabajadores a la planta permanente de la empresa principal, pues ya no quedaría diferencia para “repartir”.

(2) El Negro es Omar Maturana, Secretario General de La Fraternidad.

(3) El autor dice que decidió utilizar solamente las iniciales de esta persona de sexo femenino para resguardar su privacidad.

(4) Rojas comenta el diálogo transcripto: “En el ámbito del ferrocarril es vox populi que una de las formas de acceder a trabajos se da a través de la realización de favores sexuales. Este cronista [Rojas] conversó con muchos ferroviarios que confirmaron este modo de obrar de los responsables de los ingresos a planta o a las tercerizadas: aseguran se incrementó a medida que se agravó la decadencia de la dirección sindical ferroviaria. Este diálogo muestra que las más altas esferas del ámbito, que incluye a funcionarios del gobierno, también formaban parte de esta operatoria.” (p. 204).

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