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martes, 21 de noviembre de 2023

MAS APUNTES SOBRE EL TRIUNFO DE MILEI

 

Francisco de Goya, El coloso


Ariel Mayo (UNSAM / ISP Joaquín V. González)

 

El presidente electo Javier Milei, en su discurso de la noche del 19 de noviembre, dijo que él era “el primer presidente liberal libertario en la historia de la humanidad” y que la mayoría de los argentinos votó a favor de las “ideas de la libertad”, es decir, las ideas del liberalismo cuyos ejes principales son: gobierno limitado, respeto a la propiedad privada y comercio libre.

Milei (por lo menos hasta ahora) demostró ser un ideólogo, es decir, alguien que está convencido de que las ideas gobiernan al mundo y que los hechos deben acomodarse a las ideas. Es lógico, por tanto, que en el discurso de celebración de su triunfo electoral proclame la victoria del liberalismo.

Pero las ideologías no gobiernan el mundo.

En la vida diaria muy pocas personas toman sus decisiones en base a criterios ideológicos. Voy al supermercado no porque sus dueños sean liberales, socialistas o peronistas, sino porque tiene mejores precios, porque me queda cerca, porque compro todo lo que necesito en un solo lugar, etc., etc.

Las ideologías siempre son minoritarias, y son tanto más minoritarias cuanto más complejas se vuelven. La inmensa mayoría de los votantes de Milei desconocen las obras de Rothbard, Hayek o Benegas Lynch. Por eso es erróneo afirmar que la mayoría de los argentinos votó por las ideas de “la libertad”.

Por eso también es erróneo aseverar que una parte importante de los argentinos votó por el “fascismo”.

El voto a un candidato se explica por múltiples factores, y la ideología sólo es uno de ellos (y está lejos de ser el más importante).

La ideología no gobierna el mundo.

Si ponemos a la ideología en su lugar, hay otra cosa que nos autoriza a decir que Milei tiene una parte de razón en su discurso. Es verdad que no triunfaron las “ideas de la libertad”, pero también es cierto que se impuso el individualismo.

El individualismo no es una ideología, en el sentido de una concepción del mundo más o menos estructurada, más o menos elaborada. El individualismo es una manera de ser en lo cotidiano, en las relaciones con nuestros semejantes. Su esencia consiste en ponerse a uno mismo como el centro del universo y considerar a los demás como cosas que sirven para lograr los propios objetivos.

Una década de estancamiento de la economía, aumento de la pobreza y de la precarización laboral, salarios reales por el piso, deterioro de la educación y la salud públicas. Todo ello alentó el desarrollo del individualismo, aunque no necesariamente debía desembocar en su triunfo en toda la sociedad. Hacía falta algo más.

Ese algo más es la fragmentación social.

La clase trabajadora argentina fue la más homogénea de América Latina hasta 1976. Esa homogeneidad relativa explica su capacidad para enfrentar con éxito los planes de ajuste, su influencia sobre el resto de la sociedad y, en última instancia, el peronismo.

La clase obrera argentina dejó de ser homogénea hace mucho tiempo. Sin entrar en detalles (el lector puede consultar las fuentes estadísticas), en una enumeración rápida encontramos: trabajadores de sectores de alta productividad y sectores de baja productividad; trabajadores bajo convenio colectivo y trabajadores fuera de convenio; trabajadores con estabilidad laboral y trabajadores precarizados; trabajadores estatales y trabajadores privados, etc., etc.

No sólo la clase trabajadora se fragmentó. Algo semejante ocurrió con el conjunto de los sectores sociales. La sociedad argentina es hoy un montón de islas, con uno que otro archipiélago, pero no hay nada parecido a un continente. Sólo la selección de fútbol genera un consenso mayoritario.

Una sociedad estancada en lo económico, empobrecida y fragmentada en lo social, es una sociedad en la que existe una enorme predisposición a que se imponga el ¡Sálvese quién pueda! Como actitud generalizada.

El resultado de estos procesos fue el individualismo.

Un individualismo exacerbado que minó las construcciones colectivas.

Milei fue quien mejor interpretó el individualismo que recorría todos los espacios de la sociedad argentina. De ahí su capacidad para interpretar tanto a los jóvenes precarizados como a los jóvenes emprendedores.

El 19 de noviembre no se impusieron las “ideas de la libertad”. Ganó o, mejor dicho, ratificó su hegemonía el individualismo.

Las ideologías no gobiernan el mundo. Por eso es mejor bajar al suelo de lo cotidiano y observar cómo las condiciones sociales fomentan ciertas formas de pensar y marginan a otras.

Milei surgió de esta tierra, como el mate y el dulce de leche. Para enfrentarlo hay que empezar por conocer esta tierra, es decir, esta sociedad. Y sólo después hay que poner la lupa en las ideologías.

 

Balvanera, martes 21 de noviembre de 2023


1 comentario:

Anónimo dijo...

El artículo destaca la característica social que marca a fuego nuestro presente: El individualismo. Una marca que se viene imprimiendo desde el proceso genocida, acentuada con el menemismo, y las sucesivas experiencias neoliberales.