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jueves, 3 de febrero de 2022

SAINT-SIMON Y EL SURGIMIENTO DEL SOCIALISMO MODERNO

 


“Es la pasión por la ciencia y por la felicidad pública,

es el deseo de hallar un medio para concluir, de forma sosegada,

la espantosa crisis en la cual se halla sumergida toda la sociedad europea.”

Saint-Simon

 

Saint-Simon (1760-1825) puede ser considerado como el precursor de varias corrientes de pensamiento. Dicho mal y pronto, su pensamiento ejerció gran influencia en el desarrollo de la sociología, de la filosofía, del industrialismo (y la tecnocracia) y del movimiento socialista. En esta ficha no podemos abordar la multiplicidad de campos en los que intervino nuestro autor; por ello, nos limitaremos a esbozar su papel en el surgimiento del socialismo moderno, utilizando como fuente principal la obra, ya clásica, de G. H. D. Cole, Historia del pensamiento socialista

NOTICIA BIBLIOGRÁFICA:

En la redacción de esta ficha utilicé: Cole, G. D. H. (1980) [1°edición: 1953]. Historia del pensamiento socialista. 1. Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. 


Una vida digna de ser contada…

La vida de Saint-Simon merece, en sí misma, un tratamiento especial, que no podemos realizar aquí. [1] Nos limitaremos, pues, a un breve esbozo de las cuestiones más importantes. Era miembro de una familia noble (se consideraba descendiente directo de Carlomagno, rey de los francos entre 768 y 814 y emperador entre 800 y 814). Desde joven fue un aristócrata amante de la libertad. Luchó en la Guerra de Independencia de EE.UU; al cabo de ella, regresó a Francia y dejó el ejército, en el que había alcanzado el grado de coronel. A partir de este momento se dedicó a las ciencias. Su participación en la Revolución Francesa se limitó a labrar una fortuna mediante especulaciones en la Bolsa. [2] Utilizó el dinero ganado para proseguir sus estudios. Creía tener una misión; se asignaba a sí mismo un papel de reformador social, tal como, según su opinión, había sido Sócrates (470-399 a. C.). Para descubrir en qué consistía esta misión se dedicó a las ciencias y al estudio de la historia de Francia después de la Revolución de 1789.

A la búsqueda de la unidad perdida…

En esta primera etapa de su actividad, su proyecto era la unificación de las ciencias:

"Su tarea (...) consistía en descubrir un principio capaz de unificar todas las ciencias, proporcionando de esta manera a la humanidad un conocimiento claro de su futuro, de tal modo que los hombres pudieran proyectar su propia marcha colectiva de acuerdo con el orden conocido de la ley universal. Su espíritu estaba dominado en este momento por la idea de unidad, a la que por ese entonces concebía sobre todo como la unidad de conocimiento, una síntesis y ampliación necesarias en el gran avance que desde Bacon y Descartes se había hecho en las ramas especializadas y crecientes de las ciencias naturales y en la comprensión del hombre mismo." ( p. 46). 

Tomó de los filósofos de la Ilustración, D'Alembert (1717-1783) y Condorcet (1743-1794) [3], "su creencia en el empleo de la ciencia aplicada como base de la organización social y su concepción del desarrollo histórico, basado en los progresos del conocimiento." (p. 46).

Sus primeros escritos datan de esta época y tienen por eje la ya mencionada propuesta de la unidad de la ciencia (que abarca aquí la totalidad del saber): Lettres d'un habitant de Genève (1802); Introduction aux travaux scientifiques du XIX siècle (1807-1808); Esquisse d'une nouvelle encyclopédie (1810); Mémoire sur la science de l'homme (1813); Mémoire sur la gravitation universelle (1813). [4] En esta última obra desarrolló la idea de que la ley de gravedad descubierta por Newton (1643-1727) era el principio unificador de las ciencias, sobre el que podría construirse un orden nuevo (p. 48). En estas obras defiende la necesidad de crear las ciencias sociales

"Tiene que haber una ciencia de la moral que trate de los fines, del mismo modo que una ciencia natural útil que trate de los medios, es decir, del dominio del hombre sobre su ambiente." (pp. 46-47).

En esta época Saint-Simon pensaba que Napoleón I (1769-1821) podría guiar al mundo hacia un principio unitario, aunque también creía que sobre las conquistas militares no se podía edificar nada duradero. (p. 48). Por ello, acudió al emperador con una propuesta para crear una nueva estructura académica, pero no obtuvo éxito. En esta actitud ya se vislumbra una de las características centrales del llamado socialismo utópico, pues sus exponentes solían apelar al gobierno o a los empresarios para conseguir reformas y crear así una nueva sociedad. En cambio, los socialistas posteriores (ya sean éstos revolucionarios o reformistas) apelaron a la organización de las masas trabajadoras para transformar la sociedad. En defensa de Saint-Simon cabe decir que, en la época que le tocó vivir, la organización del movimiento obrero se hallaba en pañales y nada hacía presagiar que se convertiría en una fuerza política de peso.

Una filosofía (lineal y etapista) de la historia…

Saint-Simon fue elaborando una filosofía de la historia

"Miraba con espíritu crítico los resultados de la gran Revolución Francesa, que consideraba como la realización necesaria de una gran obra de destrucción de las instituciones anticuadas, pero que no había logrado nada constructivo por falta de un principio unificador. La historia humana (...) pasaba por épocas alternativas de construcción y de crítica y de destrucción. En todas las épocas la humanidad necesitaba una estructura social que correspondiese a los avances realizados por la Ilustración [5] (...); e instituciones adecuadas y beneficiosas en un estado del desarrollo humano se volvían perjudiciales cuando estaba cumplido lo que tenían en sí; pero se prolongaban después de terminada su labor, aceptando los cambios necesarios." (p. 47). 

Creía, además, en el progreso de la humanidad: "Estaba seguro de que cada gran etapa constructiva en el desarrollo de la humanidad había llegado mucho más adelante que las anteriores." (I: 47).

Saint-Simon distinguía dos etapas constructivas en la historia de la humanidad: a) la Antigüedad clásica; b) el mundo medieval del Cristianismo. Además, consideraba que en su época estaba comenzando una tercera etapa, c) la era de los descubrimientos científicos (sostenía que desde la Reforma del siglo XVI se experimentaba un período de críticas y de destrucción del viejo mundo medieval). 

Para cimentar esta tercera fase constructiva en la historia de la humanidad era necesario encontrar (y Saint-Simon pensaba que esta era su misión en la vida) una nueva concepción unificadora: "¡Una ley universal! ¡Ley y orden!” Saint-Simon tenía pasión por ambos, y sentía fuerte aversión por los desórdenes de la revolución y de la guerra. Quería una nueva era de paz en la cual se haría manifiesto un orden mundial que se sujetaría a una ley común." (p. 48). En su obra De la réorganisation de la société Européenne (1814), escrita en colaboración con el historiador Augustin Thierry (1795-1856), proponía un proyecto de federación europea, basada en la alianza entre Francia y Gran Bretaña.

Por el trabajo, contra los ociosos…

Hacia 1815 había desarrollado lo fundamental de su concepción del nuevo orden social. El eje era la transición de un orden fundado en las artes de la guerra (feudalismo, agricultura, dominación de las clases ociosas -nobleza y militares-) a otro basado en las artes de la paz. Era el momento de la dominación de los industriales [6], que desarrollaran las artes productivas mediante empresas privadas no reglamentadas" (p. 49). 

"Ha llegado el momento de que los industriales lleven la dirección de la sociedad y de acabar con la dominación de los ociosos o sea de la nobleza y los militares. La sociedad en adelante debe organizarse por los industriales para promover el bienestar de «la clase más numerosa y más pobre», y a cada uno debe retribuírsele con arreglo a su capacidad puesta de manifiesto en los servicios positivos prestados a la causa del bienestar humano." (p. 49) [7]

En este punto, la concepción de Saint-Simon no era novedosa, pues ya los fisiócratas y Adam Smith habían criticado duramente la posición de la nobleza improductiva. 

En la concepción de Saint-Simon no hay elementos de democracia ni de reconocimiento de la existencia de la lucha de clases. Desconfiaba del "gobierno del populacho" debido a los sucesos de la Revolución Francesa: 

"Quería que gobernase el saber; insistía en que los guías naturales de los trabajadores pobres son los grandes industriales, sobre todo los banqueros, que proporcionaban crédito a la industria, y de este modo desempeñaban la función de planificar la economía. No le cabía duda de que los grandes industriales, ejerciendo el poder como dirigentes de la nueva sociedad, actuarían como tutores de los pobres, difundiendo la capacidad de compra, y mejorando de ese modo el nivel general de bienestar. (...) los grandes industriales, si se les da responsabilidad y un saber unificado, actuarán movidos por un espíritu de solidaridad con la mayoría de la clase industrial. (...) Siente reverencia por el orden como condición necesaria para una organización social científica, y está mucho menos interesado en hacer a los hombres felices que en que trabajen bien." (p. 50).

Alrededor de 1815, Saint-Simon se propuso unir a las clases industriales en contra de los ociosos (esto es, el conjunto de la antigua y la nueva nobleza - aquella que había sido creada por Napoleón I -). Propuso al rey de Francia, Luis XVIII (1755-1824; su reinado se extendió de 1814 a 1824), una alianza con los industriales, la cual estaría dirigida contra la nobleza y los militares. Saint-Simon planteó en su proyecto que  la tarea de elaborar el presupuesto nacional debía estar a cargo de un consejo de jefes de la industria.

En esta línea, sostuvo que la educación,

"Debía ser dirigida únicamente por los sabios, y debía basarse en una enseñanza primaria universal destinada a inculcar en todo el pueblo un verdadero sistema de valores sociales, de acuerdo con los progresos de la «Ilustración». Estaba convencido de que la sociedad, para funcionar adecuadamente, necesitaba una base común de valores, ya la ciencia moral le correspondía formularlos en un código de educación y de conducta social." (p.  51). 

Como puede observarse, el sociólogo francés Emile Durkheim (1858-1917) no inventó nada nuevo. Saint-Simon adopta una concepción idealista de la sociedad, pues los valores morales - y, en términos más generales, el saber - son los que determinan el progreso de la sociedad. Ahora bien, no dice nada acerca de la cuestión de cómo surgen tanto el saber como dichos valores morales.. En este sentido, puede decirse que los valores morales parecen derivar de una tendencia "innata" del espíritu humano. "Los dogmas cristianos estaban ya anticuados; pero la sociedad necesitaba más que nunca una dirección espiritual común, la cual ha de hallarse en la universalidad del saber científico." (p. 51).

En la fase final de su obra, Saint-Simon redactó la 1º parte del Nuevo Cristianismo.  [9] Se trataba de construir una cristiandad de nuevo tipo, basada en la ciencia. (p. 51).

Sólo a partir de la década de 1820 Saint-Simon empezó a tener discípulos. En la década anterior había trabajado en condiciones difíciles, de terrible pobreza. (p. 51).

Un socialista de principios del siglo XIX…

La cuestión de los elementos socialistas en Saint-Simon ha sido largamente discutida, tanto entre los autores socialistas como entre los historiadores de las ideas. Marx y Engels inauguraron la discusión en el Manifiesto comunista (1848). Allí pueden leerse los siguientes pasajes: 

“Los sistemas socialistas y comunistas propiamente dichos, los sistemas de Saint-Simon, de Fourier, de Owen, etcétera, hacen su aparición en el período inicial y rudimentario de la lucha entre el proletariado y la burguesía (...) Los inventores de estos sistemas, por cierto, se dan cuenta del antagonismo de las clases, así como de la acción de los elementos destructores dentro de la misma sociedad dominante. Pero no advierten del lado del proletariado ninguna iniciativa histórica, ningún movimiento que le sea propio.” [10]

Para los autores del Manifiesto, la principal limitación de Saint-Simon y del resto de los socialistas de la época, era consecuencia del grado de desarrollo de la lucha de clases entre capital y trabajo. No obstante esto, la valoración general de la obra de los socialistas “utópicos” es muy positiva:

“Mas estas obras socialistas y comunistas encierran también elementos críticos. Atacan todas las bases de la sociedad existente. Y de este modo han proporcionado materiales de un gran valor para instruir a los obreros. Sus tesis positivas referentes a la sociedad futura, tales como la desaparición del contraste entre la ciudad y el campo, la abolición de la familia, de la ganancia privada y del trabajo asalariado, la proclamación de la armonía social  y la transformación del Estado en una simple administración de la producción, todas estas tesis no hacen sino enunciar la desaparición del antagonismo de las clases, antagonismo que comienza solamente a perfilarse y del que los inventores de sistemas no conocen todavía sino las primeras formas indistintas y confusas. Así, esas tesis tampoco tienen más que un sentido puramente utópico.” [11]

Mucho tiempo después del Manifiesto comunista, Engels volvió a retomar el tema. Lo hizo en su folleto Del socialismo utópico al socialismo científico (1880). Allí volvió a poner de relieve la relación entre el estado de la lucha de clases y las teorías de los socialistas “utópicos”. Respecto a Saint-Simon, destacó su “amplitud general de conceptos que le permite contener, ya en germen, casi todas las ideas no estrictamente económicas de los socialistas posteriores”. [12]

Cole, por su parte, intenta definir así al socialismo de Saint-Simon: 

"En la raíz misma de su doctrina se halla la idea de que la tarea y el deber del hombre es el trabajo, y que en el nuevo orden social no se tendría consideración a ningún hombre sino en proporción al servicio que, mediante su trabajo, prestase a la comunidad." (p. 53). 

Respecto a la propiedad

"Consideraba que el derecho de propiedad sobreviviría sólo en la forma de derecho a tener la dirección de la propiedad en la medida en que se emplease para un fin bueno. El técnico o el organizador especializado tendrían poder sobre la propiedad con arreglo a sus diversas capacidades puestas al servicio del público, y todos los productores, descendiendo desde éstos a los trabajadores no especializados, gozarían de derechos cívicos en virtud del trabajo que hubiesen realizado." (p. 53). 

No hace un llamamiento a las clases obreras, sino que su mensaje va dirigido 

"a todos los productores, para que acepten las condiciones de la producción científicamente organizada, y para que colaboren activamente con arreglo a su diferente capacidad en el desarrollo de la producción social." (p. 53). 

Para Saint-Simon, obreros y patronos formaban una sola clase y no tenían, por tanto, intereses antagónicos.

El énfasis en la planificación de la economía es una de las características distintivas del pensamiento de nuestro autor: 

"Saint-Simon afirmaba que las nuevas fuerzas sociales que tenían su origen en la revolución política y en el progreso científico exigían imperativamente una organización planificada y una dirección de la producción en beneficio del interés general. Fue el primero en ver claramente la importancia dominante de la organización económica en los problemas de la sociedad moderna y en afirmar la posición capital de la evolución económica como factor de las relaciones sociales. (...) se anticipó a Marx al sostener que las relaciones de propiedad mantenidas por cualquier orden social daban a éstas su carácter esencial en todos los demás aspectos. Creía, también, como Marx, que la sociedad humana tendía en la marcha de la historia hacia un sistema de asociación universal, y sostenía que este nuevo sistema de asociación universal sería la garantía de la paz y del desarrollo progresivo." (pp. 54-55).

Cole sintetiza así el aporte de Saint-Simon al socialismo: 

"La gran contribución de Saint-Simon a la teoría socialista consiste en afirmar que la sociedad a través del estado, transformado y controlado por los productores, debe planificar y organizar el uso de los medios de producción a fin de marchar a la par con los descubrimientos científicos (...) lo que le importa a la humanidad no es la política sino la producción de la riqueza (...) pedía que se considerase a la producción abundante como el fin de la organización social, basándose en que, conseguido esto, existiría el máximo de libertad para que los hombres encontrasen satisfacción en su trabajo, y en que la elección de los gobernantes no se basaría ya en llamamientos sin sentido o inapropiados, sino que sería sencillamente cuestión de seleccionar con arreglo a una competencia técnica comprobada. Existiendo esta organización, decía, la abundancia quedaría asegurada para todos." (p. 56).

La "religión" saint-simoniana…

A la muerte de Saint-Simon (1825), un pequeño grupo de discípulos se dió la tarea de difundir las enseñanzas del maestro. Predominaban las concepciones expuestas en el Nuevo Cristianismo. El sansimonismo era una "religión" en la que, sin embargo, se conservaba la fe en la misión civilizadora de la industria científica. Esto último fue un factor que permitió la expansión del sansimonismo, pues atrajo a ingenieros [13], intelectuales y autores de proyectos universales. (p. 58).

Saint-Simon había elegido como su sucesor a Olinde Rodrígues (1795-1851), pero este fue pronto reemplazado por el ingeniero Barthélemy -Prosper Enfantin (1796-1864), quien se encargó de organizar a los sansimonianos como una jerarquía eclesiástica.

La sistematización y difusión de las ideas del maestro quedó a cargo de Saint-Amand Bazard (1791-1832), un radical que había sido carbonario. [14] Gracias a su acción el grupo publicó La doctrina saint-simoniana (1826-1828). 

Los puntos centrales de la doctrina saintsimoniana eran: a) abolición de la herencia de la propiedad; b) todas las riquezas deberían pasar, a la muerte de sus titulares, al Estado, que se convertiría así en la única fuente de capital en la sociedad; c) creación de un Banco Central, dirigido por los grandes industriales y acompañado por una red de bancos especializados, cuya función sería facilitar capital a quienes estuvieran capacitados para emplearlo productivamente.; d) la industria debía estar organizada en grandes compañías, que ejecutarían los planes económicos diseñados por un consejo compuesto por los jefes técnicos industriales y por la gerencia.

Los elementos socialistas de Saint-Simon fueron acentuados por Bazard. Esta evolución socialista del sansimonismo fue tronchada posteriormente por el mencionado Enfantin, quien prefirió acentuar los componentes religiosos de la doctrina del maestro. [15]

Hasta aquí llega nuestra ficha. Es imposible presentar en tan poco espacio una obra tan importante como la de Saint-Simon. Basta decir, a modo de cierre, que él enfrentó un período de enormes cambios munido de dos convicciones: el reconocimiento de la necesidad de estudiar para comprender la nueva realidad; la decisión de plasmar esos estudios en medidas concretas que transformen la realidad. Hoy, en momentos en que vivimos otra vez una época de enormes transformaciones, no está de más retomar esas dos convicciones básicas.

 

Villa del Parque, jueves 3 de febrero de 2022


NOTAS

[1] Cole trata la vida y obra de Saint-Simon en el capítulo IV (pp. 44-57). Puede consultarse la Vida de Saint-Simon escrita por él mismo, cuyos cuatro fragmentos fueron redactados entre 1808 y 1812. Incluida en: Saint-Simon. (1985). Catecismo político de los industriales. Madrid, España: Hyspamérica (pp. 21-33)

[2] El profesor Zeitlin proporciona una versión diferente de la participación de Saint-Simon en la Revolución: “En cuanto a la Revolución Francesa tuvo una actitud ambivalente (...), como él mismo lo señala en su autobiografía de 1808: No quise tomar parte en ella porque, por un lado, estaba convencido de que el antiguo régimen no podía perdurar, y por el otro sentía antipatía hacia la destrucción. Documentos del período revolucionario revelan, sin embargo, que fue un adepto de la Revolución más entusiasta de lo que admitió posteriormente. Por ejemplo, renunció a su título aristocrático, preparó el cahier [cuaderno de exigencias y reclamos] de su cantón local para los Estados Generales y presidió la primera reunión de su comuna. Además, en 1793 se le otorgaron dos certificados de civisme [buena ciudadanía] y en otoño del mismo año actuó en hébertist [los hebertistas] y otros círculos radicales de París. Las ideas de Saint-Simon mantuvieron hasta el fin elementos del pensamiento iluminista y revolucionario, pero fusionados, como veremos, con elementos románticos y conservadores.” (Zeitlin, I., Ideología y teoría sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 1997, p. 71).

[3] El Esbozo para un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano de Condorcet, cuya 1º edición se publicó de manera póstuma en 1794,  influyó profundamente sobre Saint-Simon (p. 47). Esta obra puede consultarse online (se trata de la edición publicada en Paris en 1878 por la Librairie de la Bibliothèque Nationale) en: http://www.archive.org/stream/esquisseduntable00cond#page/n5/mode/2up

[4] Las Lettres d'un habitant de Genève (1802) pueden consultarse en: http://books.google.com/books?id=LZEPAAAAQAAJ&pg=PA1&dq=Lettres+d+un+habitant+de+Geneve&hl=es&ei=ECdhTZCsJ8aitgf-gZWGDA&sa=

La Memoire sur la science de l'homme (1813) se encuentra disponible en: http://books.google.com/books?id=NbUUAAAAQAAJ&pg=PA5&dq=saint-simon+Memoire+sur+la+science+de+l'homme&hl=es&ei=ZCVhTQfNtbYHu_v05Qs

[5] "...la revolución política y la revolución en la esfera del pensamiento humano iban unidas, de tal modo que cada gran trastorno político iba seguido rápidamente de una revolución en la actitud del hombre respecto a los problemas morales y científicos." (pp. 51-52). La tesis de que la estructura social y las ideas, el saber, las instituciones, se hallan íntimamente relacionadas, y que no permanecen inmutables, es especialmente fructífera para las ciencias sociales. Sobre ella se fundan tanto la sociología propiamente dicha, como el materialismo histórico. Pero la concepción de Saint-Simon aparece hasta aquí como idealista, pues la estructura social parece depender, en su argumento, del estado del saber en cada período determinado. En definitiva, es el conocimiento el que está operando como variable independiente en el desarrollo histórico.

[6] Debemos a Saint-Simon la introducción de la palabra industrial, utilizada para definir las nuevas condiciones debidas al proceso que más tarde se denominó Revolución Industrial.

[7] Las tres clases "útiles" de la sociedad eran los "productores", los "hombres de ciencia" y los "artistas" (en esta última categoría incluía a los literatos y a los científicos sociales). (p.  52)

[8] A pesar de la importancia que concedía a los factores económicos en el desarrollo social, Saint-Simon los veía más como consecuencia que como causa. Cole afirma que "opinaba que los cambios son el resultado de los descubrimientos científicos, y que las raíces del progreso humano se hallan en el avance del conocimiento, con los grandes descubridores como los agentes supremos de la historia." (p. 56).

[9] La edición 1825 del Nouveau Christianisme se encuentra disponible en el siguiente link: http://www.archive.org/stream/nouveauchristian01sainuoft#page/n5/mode/2up

[10] Marx y Engels dedicaron el tercer apartado del capítulo III del Manifiesto al análisis del “socialismo y el comunismo crítico-utópicos”. Ver Marx, K. y Engels, F. (1986). [1° ed.: 1848]. Manifiesto del partido comunista. Buenos Aires, Argentina: Anteo. La cita copiada aquí se encuentra en la pág. 75.

[11] Marx y Engels, 1986: 76-77.

[12] Engels, F. (1986). Del socialismo utópico al socialismo científico. El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Buenos Aires, Argentina: Anteo. La cita se encuentra en pp. 59-60. También es recomendable la obra del historiador argentino Hernán Díaz: De Saint-Simon a Marx: Los orígenes del socialismo en Francia. Buenos Aires: Biblos, 2021.

[13] Muchos sansimonianos eran ingenieros egresados de la Ecole Polytechnique.

[14] Los carbonarios eran los integrantes de la liga secreta de los carbonari o charbonnerie, surgida en el Franco Condado antes de 1789, y renacida en el reino de Nápoles hacia 1806. Tanto en su vertiente francesa como en la italiana, se caracterizaron por su oposición revolucionaria a Napoleón I y a la posterior Restauración borbónica. No eran socialistas, pero proporcionaron un entrenamiento revolucionario a muchos militantes socialistas. También brindaron un modelo a las sociedades secretas de la década de 1830. Los carbonarios fueron aplastados en la década de 1820. En sus filas militaron Bazard, Chevalier (1806-1879), Buchez (1796-1865) y Cabet (1788-1856), quienes jugaron luego un papel importante en el desarrollo del socialismo en Francia.

[15] En honor a Enfantin hay que destacar que fue partidario de la concepción de la igualdad de los sexos. (I: 60, 67).


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