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domingo, 22 de abril de 2018

LA RESTAURACIÓN (1815-1848): APUNTES SOBRE UN TEXTO DE P. VILLANI

Pasquale Villani (1924-2015), historiador italiano, es autor de la obra La edad contemporánea, 1800-1914, cuya traducción española (realizada por Salvador del Carril) fue publicada en Barcelona por la editorial Ariel en 1996.

El capítulo 2 de la obra (titulado “La Restauración”; pp. 53-93) presenta un balance de la política de Restauración emprendida por las potencias europeas luego de la derrota de Napoleón I en Waterloo (1815).

Villani destaca que “no se puede identificar la época de la Restauración con el retorno al absolutismo monárquico. Las situaciones preexistentes, la experiencia y el sentido político de los monarcas restaurados, el ejemplo y las presiones de las grandes potencias, el grado de consolidación de las reformas ejecutadas en los años de la revolución y del dominio napoleónico determinaron las formas de la Restauración y su siguiente evolución”. (p. 59; el resaltado es mío – AM-).

Hay que distinguir entre los países que fueron ocupados por Francia durante el período napoleónico y aquellos que permanecieron independientes. En los primeros, “los gobernantes franceses, sobre todo los de la época napoleónica, introdujeron algunas reformas institucionales y sociales y modificaron, por no decir modernizaron, la administración del Estado; abolieron lo que quedaba de las instituciones feudales y los privilegios de la nobleza y del clero; encaminaron o alentaron, confiscaron o vendieron muchos bienes eclesiásticos, y uniformaron la legislación civil según las normas del Código napoleónico.” (p. 59). Entre los países ocupados por poco tiempo y que ofrecieron gran resistencia al invasor (España y Prusia), la búsqueda de eficacia en la guerra de liberación generó cambios significativos, que condujeron a “reforzar la conciencia y la identidad nacional en una amplia base popular.” (p. 59). En Rusia y los territorios hereditarios del Imperio de los Habsburgos, hubo pocos cambios en las estructuras institucionales y sociales.

¿Cómo se gestó el orden político de la Europa post-napoleónica?

§  Marzo de 1814 = Tratado de Chaumont. Las cuatro potencias de la Coalición (Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia) se comprometieron a mantener durante 20 años los acuerdos y el orden político-territorial que se fijaría en los acuerdos de paz.

§  Octubre de 1814 – Septiembre de 1815 = Congreso de Viena. Participaron todos los Estados europeos, pero las líneas principales del nuevo orden fueron fijadas por la Cuádruple Alianza (las cuatro potencias mencionadas arriba) + Francia, dado su potencial humano y militar. Austria y Gran Bretaña se apoyaron en Francia para hacer frente a los reclamos territoriales de Rusia (reclamaba toda Polonia) y Prusia (reclamaba Sajonia). Promovió el principio de legitimidad dinástica (rearmar el mapa europeo en base a las dinastías reinantes en antes de 1789, pues las monarquías hereditarias eran consideradas el principal elemento de estabilidad), siempre y cuando no afectara los intereses de las potencias. Los pueblos que habían impulsado la revuelta contra Napoléón fueron dejados de lado. Las potencias comprendieron que no podía volverse sin más al orden previo a las reformas institucionales y sociales instauradas durante la época napoleónica. [1] Austria se convirtió en el soporte del sistema europeo, tanto por la extensión y centralidad geográfica de su imperio, como por su predominio absoluto en Italia y por la presidencia de la Confederación Germánica (organismo creado para llenar el vacío dejado por la desaparición del Sacro Imperio Romano [2]). Metternich (1773-1859), diplomático y político austríaco, se convirtió en el principal artífice del nuevo orden europeo.

§  El renacimiento católico, una de cuyas manifestaciones fue la alianza renovada entre el trono y el altar. “La concepción de una sociedad respetuosa de las jerarquías sociales y de las autoridades políticas consagradas y protegidas por el aval de la Iglesia debía favorecer el retorno al orden y su mantenimiento. En cualquier caso, el clero secular desempeñaba funciones complementarias propias de la policía, y debía certificar la buena conducta de los súbditos. Los párrocos de campaña, especialmente, podían ejercer una influencia que resultaba muy útil al poder central.” (p. 57-58).

§  Se estableció un sistema de congresos periódicos, es decir, reuniones de las grandes potencias, garantes del orden establecido en Viena. Se celebraron congresos en Aquisgrán (otoño de 1818), Troppau (octubre de 1820) y Verona (octubre de 1822).

Luchas contra la Restauración:

La lucha contra la Restauración, encarnada en las ideas liberales y constitucionales, era sostenida por “algunos círculos intelectuales y por miembros de las clases medias (…), es decir, por las nuevas capas de propietarios y por los comerciantes y artesanos, cuyo número había crecido en la segunda mitad del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, y habían madurado políticamente a través de experiencias directas o indirectas de la Revolución Francesa, la ocupación y las guerras napoleónicas.” (p. 61).

En los países en los que no había libertad de prensa y garantías constitucionales, se conformaron sociedades secretas (la más conocida es la de los carbonarios). En ellas confluían masones, jacobinos e igualitaristas. Los más radicales entre los liberales eran los jóvenes intelectuales, sobre todo los estudiantes universitarios, y los oficiales y suboficiales del ejército.

El orden instaurado por el Congreso de Viena era frágil, debido a la diversidad de situaciones económicas, políticas y sociales existentes en Europa. Fue puesto en cuestión por una ola de revoluciones que se desarrollaron entre 1820-1821:

·        Alemania: manifestación de estudiantes, profesores y periodistas en Warburg (Turingia, 1817). Asesinato del dramaturgo Kotzebue (informante del zar Alejandro I) por un estudiante en 1819. Resultado: la Dieta Confederal de Frankfurt promulgó los decretos de Carlsbad, que instauraron una censura de prensa más rigurosa y un mayor control policial.

·      España: Fernando VII restauró el absolutismo en 1814 y revocó la Constitución liberal proclamada en Cádiz en 1812. La restauración católica y aristocrática chocó contra la reacción del ejército concentrado en Cádiz para aplastar las revoluciones latinoamericanas. En enero de 1820 se sublevaron contra Fernando VII, que debió restablecer la Constitución de Cádiz.

·        Italia: Rebelión del ejército y de los carbonarios (que tenían fuerte apoyo entre la clase media de las provincias) contra el rey Fernando de Nápoles, que concede para su reino la Constitución de Cádiz. En marzo de 1821 la rebelión se extendió al Piamonte, pero fue aplastada porque la mayoría del ejército se mantuvo fiel al rey Carlos Félix.

·       Portugal: en agosto de 1821 se produjo una rebelión contra Juan VI de Braganza, que había retornado del Brasil.

Austria se encargó a aplastar la revolución en el reino de Nápoles mediante una intervención militar (que actuó también en Piamonte). Los revolucionarios, divididos entre  la tendencia democrática liderada por los carbonarios provinciales (pequeña y mediana burguesía propietaria de tierras y capas intermedias), y el grupo dirigente, partidario de una monarquía limitada por instituciones representativas.

Francia, que luego del cese de la ocupación militar de las potencias coligadas (Congreso de Aquisgrán, otoño de 1818), ocupó progresivamente un papel importante en la Santa Alianza (Austria, Prusia y Rusia), aplastó la rebelión española con un cuerpo expedicionario que casi no encontró resistencia (agosto de 1823, ocupación de Cádiz por los franceses).

A pesar del fracaso del ciclo revolucionario de 1820-1821 (y del éxito del sistema de la Restauración en suprimir las rebeliones), se produjeron dos grietas significativas en el orden instaurado en 1815: a) la independencia de Grecia (1829), convertida en monarquía constitucional luego de una lucha iniciada en 1821; b) la independencia de las colonias de España en América en 1824 (con excepción de Cuba y Puerto Rico), luego de una serie de guerras de independencia comenzadas en 1810. [3]

Luchas políticas y sociales en Inglaterra (1815-1832):

Gran Bretaña constituía la excepción más notoria al absolutismo monárquico que procuró restablecer el Congreso de Viena. La Revolución Industrial, iniciada en el último tercio del siglo XVIII, generó nuevos problemas económicos, sociales y políticos. El sistema político inglés estuvo a la altura de los desafíos, mostrando capacidad “para absorber sin fracturas revolucionarias las fuerzas y presiones de la opinión pública radical y de las capas populares” (p. 75).

La política inglesa estaba dominada por dos partidos, el conservador (tory) y el liberal (whig). “Ambos partidos, o mejor, ambos grupos, no diferían mucho en su base social, esencialmente constituida por algunas grandes familias aristocráticas, ni en la organización, que carecía de estructuras rígidas y permanentes, como sería luego las de los verdaderos partidos de masas. Sólo se trataba de distintas tradiciones y posiciones políticas con matices que, en los momentos de crisis, podían originar fuertes divergencias y enfrentamientos, pero que generalmente se mantenían en los límites de un moderado debate parlamentario.” (p. 73). [4]

El partido conservador se mantuvo en el poder durante un largo período, debido a que la oligarquía dominante consideró que era la mejor opción para enfrentar a la Revolución Francesa y a Napoleón.

Las principales luchas políticas del período fueron:

·  El ascenso del movimiento obrero. 1815 marcó el comienzo de la primera crisis económica “moderna”. Cayeron las ventas de la industria manufacturera, creció la desocupación y aumentó el descontento de los trabajadores. Auge del movimiento luddita, centrado en la destrucción de las máquinas, consideradas enemigas de los trabajadores. Manifestaciones en Manchester, reprimidas por el ejército (matanza de Peterloo, 1819). La respuesta del gobierno conservador de Lord Liverpool fueron las Six Acts (1819), leyes que restringieron la libertad de reunión y de prensa, y que establecieron procedimientos abreviados para los delitos contra el orden público. Sin embargo, la tendencia represiva cedió el paso al inicio de algunas reformas (ascenso a las primeras filas de los conservadores de políticos como Robert Peel y George Canning): en 1824 fueron suprimidas las Combinations Laws, que limitaban el derecho de organización, prohibiendo en los hechos la organización de sindicatos obreros (Trade Unions). Surgieron las primeras organizaciones sindicales, aunque las huelgas y la recolección de fondos de solidaridad siguieron prohibidas. Hay que tener presente que hasta 1830 los obreros de las fábricas eran una minoría dentro del movimiento de los trabajadores. Entre 1815-30 el eje del movimiento pasaba por pequeños tejedores, zapateros, talabarteros, libreros, tipógrafos, albañiles, maestros artesanos o tenderos. Ellos aportaban ideas, métodos organizativos y los dirigentes de las luchas. [5]

·  Lucha contra la discriminación política de los disidentes protestantes y los católicos. Si bien estaba garantizada la libre expresión de ambos grupos, la clase dominante formada por los propietarios y el clero anglicano les cerraba el acceso a los cargos públicos. En 1828 las Test and Corporation Acts permitieron a los disidentes protestantes (metodistas, inconformistas, etc.) a cubrir los más altos cargos civiles y militares. El caso de los católicos implicaba suavizar las relaciones con Irlanda, colonia inglesa. Había un centenar de representantes irlandeses en el Parlamento británico, pero todos eran protestantes. Daniel O’Connell, católico irlandés, fue elegido al Parlamento en 1828 y la élite conservadora aceptó su ingreso, para evitar una rebelión en Irlanda. Se aprobó la ley de emancipación, que permitió que los católicos ocuparan todos los cargos públicos, con excepción del de Lord Canciller y virrey de Irlanda.

·   Reforma electoral: Fue promovida por los reformadores radicales y los whigs. Los cambios demográficos generados por el desarrollo económico habían dejado obsoleto el sistema electoral inglés. Muchas ciudades industriales (ejemplo: Manchester) no contaban con representantes en el Parlamento, mientras que pueblos casi despoblados (los llamados “arrabales o burgos podridos”) elegían parlamentarios. Eso favorecía a la elite de grandes propietarios, pero acentuaba las tensiones sociales. En 1830 los whigs llegaron al gobierno y promovieron una reforma electoral, sancionada en junio de 1832, con el apoyo de una parte de los conservadores (el grupo de Peel). Mantenía el criterio censitario, pero creaba nuevas circunscripciones electorales y extendía el derecho a voto a los locatarios que superaran un arriendo de 10 libras. El número de electores pasó de 500 mil a 800 mil, salto importante si se tiene en cuenta que en Francia, bajo Luis Felipe, había 200 mil votantes (y Francia tenía una población mayor que Gran Bretaña). El éxito de la batalla política desplegada en torno a la Reforma Electoral alentó nuevas luchas.

·   Nuevo ascenso del movimiento obrero: El éxito del movimiento por la Reforma Electoral dio un espaldarazo a una nueva oleada de protestas obreras. Por un lado, se luchó por regular la jornada laboral y el trabajo de niños y mujeres. El principal inconveniente era la imposibilidad de constituir sindicatos nacionales y unitarios (la Grand National Consolidated Trade Union terminó en un fracaso). En 1833 se sancionó la Factory Act, que regulaba el trabajo de menores. Sin dudas, el movimiento más espectacular de la clase obrera fue el cartismo. La People’s Charter, redactada luego del fracaso de las tentativas de unión nacional de las Trade Unions y en medio de una nueva crisis económica (1836-1839), exigía el sufragio universal masculino, elecciones todos los años y un salario para los diputados. La petición fue firmada por 1.250.000 personas y presentada en el Parlamento en 1839. Ni siquiera fue discutida. En 1842 se presentó una segunda petición, firmada por 3.330.000 personas, también rechazada por el Parlamento.

·    Debate sobre las leyes de los granos: Cabe recordar que los grandes propietarios habían promovido las Corn Laws, que ponían grandes aranceles a las importaciones de granos. Eso encarecía los alimentos y los salarios. Algunos empresarios comenzaron un movimiento por la derogación de esas leyes, con sede en Manchester (la Anti-Corn Law League). Los conservadores defendieron los intereses unidos de la aristocracia partidaria y de las clases agrarias. La carestía de 1845-1847 (que provocó una hambruna en Irlanda) aisló a los conservadores. Peel se sumó a los liberales y en 1846 fue aprobada la ley que abolía el impuesto al grano. Triunfo del liberalismo.

Francia, desde la Restauración a la Revolución de Julio (1815-1830):

Luis XVIII, restaurado en el trono en 1814, comprendió que era imposible el retorno al absolutismo. Concedió una Carta Constitucional, que aseguraba la posibilidad de debates abiertos y una opinión pública más o menos libre. El Parlamento estaba conformado por una Cámara de Pares nombrada por el rey, y por una Cámara de Diputados, electiva, con diputados que tenían un mandato de 5 años; no tenía la facultad de proponer leyes, discutía, enmendaba o rechazaba las normas propuestas por el gobierno nombrado por el rey y solamente responsable ante el rey. El derecho de voto correspondía a quienes pagaban determinado monto por impuestos directos; estaba reservado a los mayores propietarios pertenecientes a la nobleza o a la nueva clase burguesa (en las elecciones de 1815 los inscriptos fueron unos 72000, los votantes menos de 49000).

Luis XVIII se apoyó para gobernar en políticos provenientes del período napoleónico. Entre 1816-20 se verificaron algunas reformas; se modificó la ley electoral, “el cuerpo electoral [quedó conformado por] una mayoría de medianos propietarios inmobiliarios, profesionales, comerciantes, pequeños industriales, las capas medias del campo y los caudillos provinciales.” (p. 81). Frente a los Ultra (el sector de políticos legitimistas – partidarios de la dinastía “legítima”, los Borbones –, se conformó un grupo partidario de ampliar las atribuciones del Parlamento.

En 1824 murió Luis XVIII y fue coronado Carlos X (conde de Artois y hermano del rey fallecido). El nuevo rey trató de restaurar el Antiguo Régimen: estimuló la recuperación de la Iglesia Católica, favoreciendo la recuperación de las propiedades expropiadas en la Revolución; decretó la pena de muerte por delito de sacrilegio; indemnizó con 1000 millones de francos a los emigrados.

El intento conservador de Carlos X encontró límites en la burguesía, fortalecida por el crecimiento económico. Las elecciones de 1827 dieron el triunfo a la oposición liberal. En julio de 1830, la ciudad de París se rebeló contra el monarca. Luego de tres jornadas sangrientas, el rey fue derrocado.

Luis Felipe, de la familia de Orleáns, asumió el trono. El nuevo gobierno mantuvo la Carta de 1814; se introdujeron enmiendas: se eliminó el preámbulo sobre los derechos del soberano y se abolió la censura de prensa. Posteriormente, se sancionaron leyes que ampliaron el número de electores (el cuerpo electoral pasó a 200 mil inscriptos, frente a una población de 30 millones de habitantes). “En el sistema constitucional censitario, el voto y la participación política no eran considerados un derecho del ciudadano, sino una función relacionada con su «capacidad», determinada generalmente por la propiedad u otros requisitos.” (p. 85).

En 1831 y 1832, el gobierno aplastó a la oposición republicana y al movimiento obrero  (sublevación de los trabajadores de Lyon). El gobierno era apoyado por “los círculos financieros, intelectuales y algunas capas de la burguesía del campo y la ciudad”. (p. 86). En junio de 1833, la ley Guizot obligó a los ayuntamientos a colaborar en la instrucción elemental impartiéndola gratuitamente a los alumnos más pobres. Tenía el objetivo de marginar al clero y promover la concepción liberal de la monarquía orleanista. La política pasó a ser dominada por dos intelectuales, Thiers y Guizot. “En la Cámara existía un acuerdo de fondo de la mayoría – expresión del cerrado y poderoso sector de los notables que sostenía al nuevo régimen – para la tutela de las libertades individuales que incluían en primer lugar la defensa de la propiedad y, luego, la libertad de iniciativa económica y laboral. Las agrupaciones de obreros y las huelgas se consideraban un impedimento al libre ejercicio de la iniciativa económica. El librecambismo de las clases dirigentes no llegaba hasta renunciar a las medidas proteccionistas que demandaban los agricultores y fabricantes. La fuerza de los notables residía especialmente en la renta y en las tradiciones familiares.” (p. 86).

Durante el reinado de Luis Felipe se produjo un importante crecimiento económico. Esto fortaleció todavía más a la burguesía y al movimiento obrero. Esto confluyó en 1848 en la caída de la monarquía.

Relaciones internacionales:

La Revolución francesa de 1830 creó expectativas entre los grupos radicales de toda Europa.

En octubre de 1830, Bélgica proclamó su independencia de Holanda e instauró una monarquía constitucional, coronando a Leopoldo de Sajonia Coburgo. Francia y Gran Bretaña reconocieron al nuevo Estado. Las monarquías absolutistas (Austria, Prusia y Rusia) aceptaron a la nueva monarquía, a cambio de tener manos libres en Polonia e Italia.

En Polonia estalló una sublevación contra Rusia (noviembre de 1830). Luego del éxito inicial, el ejército ruso aplastó fácilmente al movimiento. Varsovia capituló en septiembre de 1831.

Gran Bretaña e Inglaterra mantuvieron relaciones tensas, en buena medida debido al rechazo francés al régimen del libre cambio defendido por la burguesía inglesa. También influyó la llamada cuestión de Oriente, motivada por la guerra entre Egipto y el Imperio Otomano, que concluyó con el tratado de Unkiar Skelesi (julio de 1833). Este tratado impuso una especie de protectorado ruso sobre los otomanos.

En la misma época, Gran Bretaña intervino en China para abrir (en su favor) el comercio de opio. Los ingleses aplastaron a la flota China e impusieron el Tratado de Nankín, primer eslabón en la cadena de tratados que convirtieron a China en una semicolonia.

En síntesis, “aparecía claro (…) que si alguna vez, en la política de las grandes potencias, había tenido algún peso la oposición ideológica entre dos alineaciones, liberales por una parte y conservadores por la otra, ya no tenía ninguno. En lo que respecta a Inglaterra sobre todo, sus intereses por los asuntos europeos estaban cada vez más aparejados con los problemas que su desarrollo comercial y manufacturero y con el horizonte mundial de sus responsabilidades y empresas.” (p. 92).



Villa del Parque, domingo 22 de abril de 2018

NOTAS:
[1] El Congreso de Viena introdujo las siguientes modificaciones en el mapa europeo (la lista no es exhaustiva y se refiere únicamente a tres de las potencias vencedoras):

Austria, renunció a los Países Bajos Españoles (Bélgica y Luxemburgo), entregados a Guillermo I de Orange en recompensa por su alianza con Inglaterra; se anexó Venecia y conservó los demás territorios italianos.

Rusia recibió gran parte de Polonia (el zar Alejandro I la declaró reino autónomo), Besarabia (perteneciente al Imperio Otomano), Finlandia (cedida por Suecia).

Gran Bretaña recuperaba Hannover, antiguo dominio hereditario de la dinastía; obtuvo Malta y las islas jonias del Mediterráneo, la isla de Helgoland en el Mar del Norte, Tobago y Santa Lucía en las Antillas, Mauricio y Seychelles en el océano Índico. Compró a Holanda la colonia del Cabo, en Sudáfrica, y Ceilán, en el océano Índico.

El orden territorial instaurado en el Congreso de Viena sobrevivió, casi sin cambios, a los movimientos revolucionarios de 1830 y 1848-49. Sólo en 1854, con la guerra de Crimea, “se inició una nueva fase, marcada por los conflictos armados entre los Estados europeos, que puso fin al sistema vienés” (p. 88).

[2] Napoleón introdujo la Confederación del Rin, que implicó una simplificación y racionalización de los Estados Alemanes. Luego de 1814, no sólo quedó sancionada la desaparición del Sacro Imperio Romano, sino que de los más de 300 Estados existentes antes del período napoleónico, sólo sobrevivieron 30 con representantes en una dieta (Bundestag) que se reunía en Frankfurt con la presidencia de Austria.

[3] La independencia de América Latina contó con el apoyo de Gran Bretaña, que promovió el libre cambio y la división territorial en los nuevas naciones (se opuso al proyecto de Bolívar de crear una nación unificada a partir de la reunión de las antiguas colonias), y de EEUU, cuyo presidente Monroe lanzó en 1823 la doctrina homónima, “por la que cualquier intento de extender a cualquier región del hemisferio el sistema político de las potencias europeas era considerado un atentado a la paz y a la seguridad de los Estados Unidos.” (p. 71).

[4] Villani sugiere que los conservadores expresaban mejor que los liberales “los intereses de la restringida oligarquía de grandes propietarios” (p. 72).

[5] “Es dudoso que entre 1790 y 1830 se vaya formando una nueva conciencia de clase, «entendida como conciencia de una sustancial unidad de intereses entre todos los grupos de trabajadores opuesta a los intereses de otras clases». El nacimiento de las Trade Unions que superaban los límites de las organizaciones locales constituye la prueba histórica de esta nueva circunstancia, que se mezcla con el fenómeno más general de la amplia propagación de las asociaciones y de los proyectos utópicos.” (p. 77).

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