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martes, 24 de abril de 2018

EL ASCENSO DEL NACIONALISMO EN EUROPA (1815-1871): NOTAS SOBRE UN TEXTO DE DUROSELLE

El historiador francés Jean Baptiste Duroselle (1917-1994) es autor de la obra Europa de 1815 a nuestros días: Vida política y relaciones internaciones (Barcelona, Labor, 1967). El capítulo III de la obra, base de estas notas, se titula “Nacionalidad contra legitimidad” (pp. 22-35).

El orden europeo surgido del Congreso de Viena (1815) se basaba en el principio de legitimidad dinástica y dejaba de lado el principio de la nacionalidad. Cabe recordar que el sentimiento nacional había surgido tanto por las ideas de la Revolución Francesa como por el odio al conquistador francés.

“El sentimiento nacional obliga a que la comunidad de hombres a la cual se pertenece tenga su propio gobierno.” (p. 22).

Al momento de definir qué se entiende por comunidad nacional existen dos escuelas: A) la escuela alemana, “considera a la nacionalidad como un producto de los fenómenos inconscientes e involuntarios: en esencial, la lengua materna y las tradiciones populares.” (p. 22); B) la escuela francesa, “considera que la nacionalidad se funda sobre un fenómeno consciente y voluntario: el deseo de pertenecer a tal nación o a tal otra, deseo expresado de diversas maneras: plebiscitos, elecciones, votos de los representantes de la población.” (p. 22).

El Congreso de Viena sancionó la división de la nación alemana en 39 Estados y la de la nación italiana en 7; confirmó la existencia del Imperio austríaco, Estado plurinacional con austríacos de habla alemana, checos, eslovacos, polacos, eslavos del sur (eslovenos, croatas, serbios), búlgaros, rumanos e italiano; Imperio otomano, otro Estado plurinacional, con turcos, griegos, búlgaros, eslavos del sur (sobre todo serbios), albaneses y rumanos. En el resto de Europa hay nacionalidades sometidas: Irlanda al Reino Unido; Noruega a Suecia; los alemanes del Schleswig y del Holstein al reino de Dinamarca; los finlandeses, los bálticos y los polacos a la Rusia zarista. Además, otra parte de los polacos estaban sometidos a Prusia.

A partir de 1815, el sentimiento nacional se convirtió en una fuerza política. “Al movimiento intelectual se sobreponen los movimientos políticos reformistas o revolucionarios. En resumen, por todas partes surge una potencia nueva, y todos los que miran hacia el futuro consideran con simpatía este estremecimiento de la libertad y de la dignidad humana.” (p. 24). [El lirismo no calza bien con la ciencia, sobre todo cuando sirve para ensalzar abstracciones como la “libertad” y la “dignidad” HUMANAS. Así, con mayúsculas, de tan abstractas.]

 Podemos distinguir dos fases en la lucha entre nacionalidad y legitimidad: 1815-1851, la reacción se impone sobre la nacionalidad; 1851-1871, triunfo del principio de las nacionalidades.

Las relaciones internacionales desde 1815 a 1851:

El movimiento nacionalista se extendió inicialmente por el Imperio Otomano. Cuestión de Oriente: las potencias europeas disputaban en torno al control turco del acceso a los Estrechos. Gran Bretaña defendió la integridad territorial del Imperio, en tanto que Rusia procuraba conquistar Estambul. Todo ello en el marco de la decadencia del viejo Imperio Otomano. Serbia logró su autonomía, luego de un levantamiento contra los turcos (1815-1817; constitución del Principado de Serbia). Grecia se sublevó en 1821 y, luego de una larga guerra, logró su independencia en 1830.

La Revolución Francesa de 1830 debilitó el esquema de poder instaurado por el Congreso de Viena. Bélgica se sublevó ese mismo año contra los Países Bajos. “Es notable el hecho de que este Estado haya sido formado por habitantes que hablan dos lenguas, el francés los valones y el neerlandés los flamencos. La revuelta contra la dominación holandesa partió tanto de flamencos como de valones, y ambos grupos acogieron con satisfacción la independencia. (…) La nación belga  es, pues, el resultado de la voluntad popular y no de la lengua.” (p. 22-23). Bélgica se convirtió en una monarquía constitucional; su rey fue Leopoldo I, de la familia de Sajonia-Coburgo. Gran Bretaña y Francia (los primeros querían el mantenimiento de la unión de Bélgica y los Países Bajos; los segundos, la incorporación de Bélgica a la nación francesa), se pusieron de acuerdo (puede hablarse de la primera Entente cordiale.

La Cuestión de Oriente volvió a enfrentar a Gran Bretaña y Francia. Mohammed Alí, bajá de Egipto y protegido de Francia, llevó adelante una política de modernización y desarrolló una política autónoma respecto al Imperio Otomano. En 1833 derrotó a los otomanos y se apoderó de Siria. El Tratado de Unkiar Skelessi (1833), convirtió a Turquía en una especie de protectorado ruso. En 1839 los egipcios volvieron a derrotar a los turcos. Gran Bretaña maniobró y logró que Turquía se convirtiera en protectorado colectivo. En 1841, la Convención de los Dardanelos forzó a Mohammed Alí a devolver sus conquistas y sólo se le permitió conservar Egipto, a título hereditario. Gran Bretaña impidió tanto el fortalecimiento de la influencia francesa como el acceso de Rusia a los Dardanelos.

Desde el punto de vista del nacionalismo, las Revoluciones de 1848 tuvieron las siguientes consecuencias: 

a)    El fracaso de la tentativa de unificación de Italia. El reino de Piamonte intentó lograr por sus propios medios la expulsión de los austríacos y fue derrotado. A partir de 1850, la política piamontesa (liderada por Cavour) va a consistir en buscar la alianza de una gran potencia. Además, quedaron descartadas las alternativas de unificación en una confederación italiana presidida por el Papa, o en torno a una república. La unidad de Italia pasó a ser concebida cada vez más como la anexión de toda Italia a Piamonte.

b)    El fracaso de la unidad de Alemania. Los republicanos fracasaron en la concreción de la unidad. Quedaron claras tres opciones: 1) la unidad por voluntad popular, independientemente de los soberanos; 2) la unidad alrededor de Austria, reforzando la Confederación Germánica de 1815. Era el proyecto de la “Gran Alemania”, con la incorporación de Austria y todas las poblaciones de su Imperio, con Prusia en un segundo plano; 3) la unidad alrededor de Prusia, excluyendo al Imperio Austríaco. Era el proyecto de la “Pequeña Alemania”.

c)  El Imperio Austríaco demostró su fortaleza al sobrevivir a las Revoluciones (sublevación de Viena, insurrección de Hungría y de Italia). Esto congeló durante varias generaciones las aspiraciones de independencia de las nacionalidades que habitaban su vasto territorio.

Las relaciones internacionales desde 1851 a 1871:

“El fracaso de las revoluciones, ayudado por la prosperidad económica, apaciguó los movimientos populares durante algún tiempo. Los jefes de Estado, al gozar de una libertad de maniobra más amplia, jugaron un papel más personal, más decisivo.” (p. 29). Duroselle destaca el papel de Napoleón III y Cavour hasta 1861; de Napoleón III y Bismarck después de 1862.

Napoleón III fue el primer jefe de Estado de una gran potencia que “creyó en el principio de las nacionalidades”. Alentó la independencia italiana e incluso la alemana.

Guerra de Crimea (1853-1856). Rusia, que ambicionaba ocupar los Estrechos, se enfrentó a Gran Bretaña, Francia y Turquía, sufriendo una dura derrota. El Congreso de la Paz (1856, París) convirtió a Francia en árbitro de los asuntos europeos. Rumania se convirtió en prácticamente independiente. Gran Bretaña consiguió que Rusia quedara excluida de los Dardanelos y la neutralización del Mar Negro. Cavour, que había enviado un pequeño ejército a la guerra contra Rusia, fue aceptado en la Conferencia y allí planteó la “Cuestión italiana”.

Cavour selló una alianza con Napoleón III para lograr la liberación de Italia mediante la anexión a Piamonte de Lombardía y Venecia. Guerra contra Austria, victorias franco-piamontesas en Magenta y Solferino (1859). El tratado de paz cede Lombardía a Piamonte, pero no Venecia. Una insurrección en Romaña permitió la intervención piamontesa; Francia aceptó la incorporación a Piamonte de esta región a cambio de la anexión de Saboya y Niza. Finalmente, el sur de Italia (sublevación de Garibaldi), se incorporó a Piamonte; en marzo de 1861 se proclamó el reino de Italia. Posteriormente, se incorporarían el Véneto (1866) y Roma (1870).

Bismarck se convirtió en primer ministro de Prusia en 1862. Su proyecto era el de la “Pequeña Alemania”. Construyó un poderoso ejército y realizó la unificación mediante tres guerras: 1) contra Dinamarca, por los ducados de Schlesvig y Holstein (1864), que culminó con la anexión a Prusia de esos ducados; 2) contra Austria (1866), que permitió la exclusión del Imperio Austríaco y la disolución de la Confederación germánica; 3) contra Francia (1870-1871), que terminó con la anexión de Alsacia y Lorena y la proclamación del Reich alemán.


Villa del Parque, martes 24 de abril de 2018

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