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domingo, 19 de noviembre de 2017

PAUL MATTICK, "LA TEORÍA MARXISTA DEL VALOR"

Paul Mattick (1904-1981) es autor de la colección de artículos Marx and Keynes: The Limits of the Mixed Economý (1969). Esta obra tiene importancia no sólo por la crítica de la política económica keynesiana, sino principalmente por su análisis de la dinámica de la economía capitalista.


La presente ficha de lectura está dedicada al artículo “La teoría marxista del valor-trabajo”, que constituye el capítulo III de la obra. Trabajé con la traducción española de Ana María Palos: Marx y Keynes: Los límites de la economía mixta, Buenos Aires, Razón y Revolución, pp. 65-76. Todas las citas de Mattick pertenecen a dicha traducción.


No acostumbro intercalar cuestiones personales en los escritos que publico en el blog. Haré una excepción. Esta ficha, con toda su sencillez y sus deficiencias, encarna la voluntad de seguir adelante. Nada más.






El objetivo principal del artículo de Mattick consiste en examinar el carácter de las leyes en la teoría de Marx. Más claro, establecer si se trata de leyes “naturales” o “históricas”. Mattick dedica su atención a la teoría del valor-trabajo, un caso particular de esas leyes, más allá del papel central que ocupa en la concepción marxista del capitalismo.


Marx afirma que existen leyes generales, propias de todo proceso de producción. Son abstracciones y se las puede concebir como “naturales”:


“Cuando Marx habla de la ≪ley del valor≫ como referente a una realidad más profunda que subyace a la economía capitalista, se refiere al ≪proceso social de vida, o lo que es lo mismo, del proceso material de la producción≫. Estaba convencido de que en todas las sociedades, incluyendo la esperada sociedad socialista, la distribución proporcional del trabajo social de acuerdo a las necesidades sociales y requerimientos de reproducción resulta una necesidad inevitable.” (p. 82).


Marx abordó el problema de la distinción entre las leyes generales de todo proceso de producción y las leyes específicas de una forma particular de producción social en el capítulo 5 (Proceso de trabajo y proceso de valorización) del Libro Primero de El Capital. Allí puede leerse el siguiente pasaje:


“El proceso de trabajo, tal como lo hemos presentado en sus elementos simples y abstractos, es una actividad orientada a un fin, el de la producción de valores de uso, apropiación de lo natural para las necesidades humanas, condición general del metabolismo entre el hombre y la naturaleza, eterna condición natural de la vida humana y por tanto independiente de toda forma de esa vida, y común, por el contrario, a todas sus formas de sociedad. No entendimos necesario, por ello, presentar al trabajador en la relación con los demás trabajadores. Bastaba con exponer al hombre y su trabajo de una parte; a la naturaleza y sus materiales de la otra.” (1)


El proceso de trabajo en sentido general, en su forma más abstracta, posee leyes que son comunes a todas las formas de producción social.


“...todo lo que Marx dijo sobre este punto [se refiere al carácter de las leyes económicas] fue que existen leyes naturales y necesidades sociales que ninguna ley económica puede violar por mucho tiempo sin destruir a la sociedad.” (p. 83). “Como cualquier otra forma de producción social, también la producción de valores [la producción de mercancías], según el punto de vista de Marx, implica una distribución del trabajo social de acuerdo con las necesidades sociales y naturales.” (p. 84)


Sin embargo, lo que hay de determinado en las leyes más generales de la producción social corresponde a un medio social e históricamente determinado. Sólo podemos comprender las abstracciones cuando tenemos a la vista las formas sociales más desarrolladas. En la Einleitung puede leerse el siguiente pasaje:


“...incluso las categorías más abstractas, a pesar de su validez - precisamente debido a su naturaleza abstracta - para todas las épocas, son no obstante, en lo que hay de determinado en esta abstracción, el producto de condiciones históricas y poseen plena validez sólo para estas condiciones y dentro de sus límites.” (2)


Mattick explica así lo anterior:


“Por ejemplo (...) tanto el hecho y el concepto del trabajo abstracto, de ≪trabajo en general≫ son muy antiguos. Sin embargo, el trabajo abstracto como una categoría económica es una realización moderna. Los fisiócratas todavía consideraban el trabajo agrícola como la única clase de trabajo que creaba valor. Con Adam Smith, sin embargo, es ya el trabajo como tal, bien sea aplicado a la manufactura, al comercio o a la agricultura, el que produce la riqueza de las naciones. La riqueza se obtiene por medio de todos los trabajo, por el trabajo en general.” (p. 90-91). (3)


Dicho de otro modo, la abstracción de las categorías económicas sólo puede ser descubierta cuando se produce el más amplio desarrollo de sus determinaciones concretas. Así, el capitalismo, al igualar todas las mercancías en el valor de cambio, permite formular la categoría de valor.


Rudolf Hilferding (1877-1941) afirmó que Marx, al definir al trabajo como principio del valor, reconoció “el factor por cuya calidad y cantidad, por cuya organización y energía productiva, es controlada causalmente la vida social. [Por esta razón, el principio del valor es] idéntico a la idea fundamental de la concepción materialista de la historia.” (4)


Mattick refuta a Hilferding:


“A pesar de la afirmación de Hilferding, la concepción materialista de la historia no es idéntica a la teoría del valor-trabajo. La primera se refiere al desarrollo social en general, en el que el capitalismo es solamente un caso especial. La teoría del valor-trabajo se refiere a unas relaciones sociales específicas que operan bajo la producción de capital. La producción de capital transforma el proceso de trabajo en un proceso de producción de valor y las relaciones sociales en categorías económicas. La teoría del valor-trabajo se refiere a la inevitable necesidad - común a todas las sociedades - de trabajar y distribuir el trabajo social en proporciones definidas. Pero esta necesidad general se manifiesta en una ley del valor solamente en el capitalismo, y sólo porque la economía de mercado no puede separar el proceso de producción de valor del proceso de producción mismo. La ley del valor no opera fuera de las relaciones del mercado y es un requisito necesario para la organización del trabajo. Pero la organización del trabajo es necesaria para la producción social, y el capitalismo encuentra la respuesta a esta necesidad en la ley del valor.” (p. 89-90).


El propósito de las investigaciones de Marx no consistió en formular una teoría general de todas las formas de organización económica. Su objetivo fue “formular una teoría del desarrollo del capital. Esta teoría, la teoría del valor-trabajo, provenía de su crítica de la teoría clásica del valor.” (p. 79).


La economía política clásica, cuyos principales exponentes fueron Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823), planteó que “el precio derivaba del valor y [que] el valor estaba determinado por el trabajo incorporado en los bienes. Esta concepción no rige en los casos específicos en los que el precio no tiene relación con el tiempo de trabajo. Marx encontró que la teoría del valor era indispensable para comprender las tendencias del desarrollo de la producción de capital y que, en realidad, era la única ≪base racional de la economía política≫.” (p. 79).


La teoría del valor-trabajo constituye el fundamento tanto de la economía política clásica como de su crítica marxista.


“La economía clásica, según Marx, alcanzó su apogeo con Ricardo y fue una expresión del capitalismo industrial ascendente en el marco del decadente régimen feudal. Se presentaba como la teoría de las clases productivas, en contraste con las clases no productivas, cuyos privilegios consistían en al apropiación de intereses y rentas. Todavía no se interesaba por el proletariado industrial y por lo tanto podía ver en el trabajo al único creador y la única medida del valor económico.” (p. 79-80).


En la medida en que se agudizó la lucha entre empresarios y trabajadores, la teoría del valor-trabajo se convirtió en una molestia para los economistas burgueses.


“Si el valor de los bienes está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo requerida para su producción, y el producto total del trabajo social se divide en renta, beneficio y salarios, parece deducirse que la eliminación del beneficio y de la renta permitiría un intercambio de mercancías de acuerdo con su tiempo de trabajo. La economía ricardiana dio origen a una escuela de ≪socialistas ricardianos≫, que pedía un sistema de cambio que asegurase a los productores el valor completo de su trabajo.” (p. 80).


Marx siguió un camino diferente al de los ricardianos:


“Aunque Marx aceptó y desarrolló la teoría del valor de Ricardo, él no era ≪el más grande≫ de los economistas clásicos, sino su adversario. Sabía que el mismo proceso social del trabajo no tiene nada que ver ni con el valor ni con el precio sino solo con los esfuerzos físicos y mentales de la población trabajadora y el tiempo que consumían, y que ≪valor≫ y ≪precio≫ eran categorías fetichistas en las relaciones de producción existentes. Su crítica a la economía política estaba concebida como parte de una lucha social para abolir el capitalismo junto con las teorías económicas que racionalizaban su existencia.” (p. 81; el resaltado es mío - AM-).


Mientras que para la economía clásica las relaciones capitalistas de producción eran “naturales”, Marx afirmaba que “el capitalismo era solamente una forma histórica de producción social.” (p. 81). La importancia de la historia se manifiesta en todo el análisis marxista. Así sucede, por ejemplo, en la cuestión de la economía del tiempo (5):


“Pero aunque la ≪economía del tiempo≫ determine la distribución del trabajo en el socialismo como en el capitalismo, la distribución en sí misma será diferente para cada uno de estos sistemas. En el capitalismo está determinada por la producción de capital como valor de cambio; en el socialismo, la producción es supuestamente una producción para el uso, libre de valor. Por lo tanto, la distribución del trabajo en el capitalismo no es idéntica a la distribución del trabajo que prevalece en otras formas de producción social. Es una forma capitalista modificada de esta necesidad de distribuir el trabajo en proporciones determinadas. Y es precisamente esta modificación la que hace que la distribución del trabajo en el capitalismo aparezca como una ≪ley económica≫ operando ciegamente como una ley natural. Porque es la naturaleza del proceso de producción la que determina la distribución del trabajo según las necesidades planteadas por la economía del tiempo. Aunque la producción de valor también descansa en el trabajo social y en la economía del tiempo, no se deriva del proceso de trabajo mismo. Más precisamente, la producción de valor deriva del proceso de trabajo tal como lo modifican y cambian las relaciones sociales del capitalismo.” (p. 88-89).


Mattick afirma que Marx formula la siguiente definición de capitalismo:


“El capitalismo no es una sociedad de trabajadores independientes que cambian sus productos de acuerdo con el promedio social de tiempo de trabajo incorporado en ellos: es una economía productora de plusvalía empeñada en la persecución competitiva del capital. La fuerza de trabajo es una mercancía; su valor (valor de cambio) está determinada por sus requerimientos de producción y reproducción medida en términos de tiempo de trabajo. Su valor de uso tiene la capacidad de producir, además de su propio valor de cambio, plusvalía. Ese modo de producción es posible porque los trabajadores están separados de los medios de producción, y de esa manera están forzados a vender su fuerza de trabajo a los dueños de capital. Obviamente, el cambio ≪igual≫ entre capital y trabajo en términos de valor se basa en el hecho de que parte del trabajo social no es cambiado en absoluto, sino que sencillamente es apropiado por los compradores de fuerza de trabajo.


Pero tanto si es enajenado como si es cambiado, el producto social entra en el mercado en forma de mercancías. Cualquier parte de él no puede ser vendida carece de valor, aunque se haya incorporado trabajo en ella. La parte no vendida del trabajo social será un despilfarro de trabajo excedente; simplemente habrá menos plusvalía que trabajo excedente. Para realizar toda la plusvalía producida, es necesario producir mercancías para que exista una demanda suficiente. Los capitalistas, individualmente, ajustarán su producción a través de pruebas y errores a la cambiante demanda del mercado social.” (p. 94-95).


Mattick describe así la lógica del empresario:


“El trabajo y el tiempo de trabajo es una preocupación de todo empresario, aun cuando tenga su atención fija en los precios del mercado en el intento de llevar al máximo sus beneficios. Porque para obtener esos beneficios, primero debe llevar al máximo el trabajo excedente en el proceso de producción. Puede lograr esto bien alargando el tiempo de trabajo o bien aumentando la intensidad y productividad del trabajo durante un tiempo dado. En cualquiera de estos casos, tratará de reducir al mínimo el valor de cambio de los trabajadores y aumentar al máximo su plusvalía. Lo que se aplica al empresario individual se aplica también a la sociedad globalmente: de la producción total, un mínimo de salarios producirá un máximo de beneficios.” (p. 95).

Villa del Parque, domingo 19 de noviembre de 2017

NOTAS:
(1) Marx, Karl, El Capital, México D. F., Siglo XXI, 1996, p. 223.
(2) Marx, Karl, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política: Borrador 1857-1858, México D. F., Siglo XXI, 1997, p. 26. Los Grundrisse der Kritik der Politischen Ökonomie (título en alemán de la obra) constituyen un grupo de manuscritos redactados por Marx entre octubre de 1857 y marzo de 1858. Puede ser considerada como la primera redacción de El Capital. Entre agosto y septiembre de 1857, escribió la Einleitung [Introducción] a los Grundrisse.
(3) Marx desarrolló en la Einleitung el ejemplo del trabajo abstracto: “La indiferencia frente a un género determinado de trabajo supone una totalidad muy desarrollada de géneros reales de trabajo, ninguno de los cuales predomina sobre los demás. Así, las abstracciones más generales surgen únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde un elemento aparece como lo común a muchos, como común a todos los elementos. Entonces, deja de ser pensado solamente bajo una forma particular. Por otra parte, esta abstracción del trabajo en general no es solamente el resultado intelectual de una totalidad concreta de trabajos. La indiferencia por un trabajo particular corresponde a una forma de sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido entonces, no sólo en cuanto categoría, sino también en la realidad, en el medio para crear la riqueza en general y, como determinación, ha dejado de adherirse al individuo como una particularidad suya. Este estado de cosas alcanza su máximo desarrollo en la forma más moderna de sociedad burguesa, en los Estados Unidos. Aquí, pues, la abstracción de la categoría ≪trabajo≫, el ≪trabajo en general≫, el trabajo sans phrase, que es el punto de partida de la economía moderna, resulta por primera vez prácticamente cierta. De este modo, la abstracción más simple que la economía moderna coloca en el vértice, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas las formas de sociedad, se presenta no obstante como prácticamente cierta en este grado de abstracción sólo como categoría de la sociedad moderna.” (Marx, Elementos fundamentales, p. 25-26).
(4) Hilferding, Rudolf, "Böhm-Bawerk's Marx-Kritik". [La crítica de Bohm-Bawerk a Marx]. (Publicado por primera vez en MARX STUDIEN, Viena, 1904). Mattick cita a partir de la traducción inglesa de dicho artículo, incluida en Sweezy, Paul, ed. (1949). Karl Marx and the Close of his System. New York: Augustus Kelly. (p. 133-134).
(5) Marx planteaba que toda economía se reducía, en definitiva, a la “economía del tiempo”. (Marx, Elementos fundamentales, p. 101).

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