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viernes, 3 de junio de 2016

FICHA: MANN, MICHAEL. (2004). "LA CRISIS DEL ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA"




Noticia bibliográfica:

La redacción de esta ficha se hizo en base a: Mann, Michael. (2004). “La crisis del Estado-Nación en América Latina”. EN: DESARROLLO ECONÓMICO, vol. 44, núm. 174, julio-septiembre de 2004, pp. 179-198. (1) Agradezco la colaboración de mi compañera Pez López, quien me facilitó sus notas de lecturas.

Advertencia: Los textos que se encuentran entre corchetes se refieren a comentarios que exceden los límites del texto.


Abreviaturas:

AL = América Latina.

EN = Estado-nación.

Pregunta central:

¿Qué hace que los Estados-nación (EN a partir de aquí) sean exitosos, es decir, Estados con “poderes infraestructurales” efectivos y naciones cohesionadas? (p. 179).

Estructura:

Primero, análisis comparativo de Occidente, América Latina y las partes de Asia que se desarrollaron con éxito. Luego, identificación de los problemas de los Estados latinoamericanos de hoy. (p. 179).

Hipótesis principal:

“Sólo los Estados con infraestructuras eficientes pueden convertirse en democracias plenas.” (p. 179). (2)

La “crisis estructural” de los EN AL = fallas en la construcción de infraestructuras eficientes. (p. 179).

Conceptos fundamentales:

Poder estatal = Dos significados. “Podemos hablar de un Estado que es «fuerte» porque ejerce un poder despótico sobre su sociedad [Poder despótico], o porque puede implementar de forma efectiva decisiones a través de su sociedad [Poder infraestructural].” (p. 180).

Poder despótico = “la capacidad de las elites estatales para tomar decisiones sin negociaciones regulares con sectores y grupos de la sociedad civil. En principio, la democracia no involucra poder despótico alguno, aunque todos los EN lo ejercen en alguna medida.” (p. 180).

Poder infraestructural = “es la capacidad del Estado para implementar realmente decisiones a lo largo de su territorio, independientemente de quien tome dichas decisiones. Esto puede también denominarse capacidad o eficiencia del Estado. Para ello se requiere que éste posea infraestructuras que penetren de forma generalizada en la sociedad civil, que sirvan como medio para que las elites extraigan recursos de, y suministren recursos a, todos los súbditos.” (p. 180).

Estado moderno ideal = es el que “combina un alto poder infraestructural y un bajo poder despótico, esto es, cuenta con la capacidad de movilizar recursos y reglas de forma efectiva en todo su territorio, al tiempo que sigue siendo democrático. Éste sería un Estado-nación plenamente democrático y burocrático.” (p. 180-181).



2. Estados occidentales antes de 1945 (pp. 180-182)

En ninguna parte se alcanzó el Estado moderno ideal. Entre los siglos XVIII-XX se verificó el proceso de establecimiento de EN infraestructuralmente poderosos y ampliamente democráticos.

Esto supuso tres grandes procesos sociales:

A] Reducción de la heterogeneidad étnica en cada Estado. En Europa se concretó a través “de una mezcla de asimilación voluntaria y forzada en una identidad étnica dominante (como la francesa, la alemana, etc.) (…) en la mayoría de los casos existe una única identidad nacional dominante en la cual se socializan los nuevos inmigrantes.” (p. 181).

[“La ironía está en que fue por medio de la opresión y el asesinato que se desarrolló un sentido común de nacionalidad.” (p. 181; el resaltado es mío.)]

B] Democratización como consecuencia de la resistencia a la tributación para sostener los gastos militares de los Estados. “Este movimiento de resistencia generó una considerable solidaridad entre clases y etnias contra las elites estatales despóticas. (…) Las elites provinciales se unieron al movimiento y así perdieron su autonomía regional. Los Estados se hicieron más centralizados.” (p. 181-182). (3)

“…existe una profunda ironía en el hecho de que la tendencia de los occidentales a matarse entre sí llevara a la democracia.” (p. 182; el resaltado es mío – AM-).

C] Grandes reducciones en las desigualdades de clase e institucionalización del conflicto de clase.

La reducción de la desigualdad fue consecuencia de “la combinación de una industrialización más bien extensa y uniforme dentro de los territorios y de presiones democráticas sobre los Estados en busca de una tributación más justa.” (p. 182).

Como consecuencia de los tres procesos mencionados, surgieron sociedades civiles “relativamente centralizadas, homogéneas e igualitarias, articuladas políticamente por un sentimiento compartido de ciudadanía nacional. Los Estados se hicieron en gran medida democráticos, con el objeto de lograr el bienestar de todos, y fueron relativamente eficaces en la movilización de compromisos ciudadanos. (…) Los súbditos se convirtieron en ciudadanos (…) los conflictos étnicos, regionales y de clase se institucionalizaron de forma estable.” (p. 182).



 3. Los Estados latinoamericanos antes de 1945 (pp. 182-186)

Parte de la afirmación de que la vía europea para el desarrollo del EN es irrepetible. En el caso de AL, hay dos rasgos distintivos que retrasaron la emergencia de “verdaderos Estados-nación” (p. 183):

A] A diferencia del caso europeo, las presiones militares-fiscales fueron muy inferiores en AL, de modo tal que no se verificaron los procesos de unificación de los sectores populares, las clases medias y las elites provinciales en torno a la lucha contra los impuestos para financiar los gastos bélicos. No surgió por tanto una demanda de fortalecimiento de las instituciones representativas. (p. 183).

“Las elites estatales europeas se ocuparon principalmente de hacer la guerra. (…) tanto en Brasil como en la Argentina el objetivo principal fue la integración en la economía mundial. Sus mayores partidas de gasto estuvieron destinadas no a los esfuerzos bélicos sino a la construcción de puertos y grandes depósitos de mercancías. Las inversiones en infraestructura no apuntaban tanto a integrar los territorios en el ámbito de los Estados como a conectarlos con el mundo exterior.  (…) La mayor parte de los recursos monetarios provenía del comercio y refluían hacia éste. Dado que el Estado no interfería demasiado en el dominio de las elites provinciales, éstas conservaron su control local. Los Estados gobernaron indirectamente a sus provincias por medio de caciques y jefes locales. Los ricos virtualmente no pagaban impuestos y aun los pobres pagaban menos que en Europa. La debilidad de los Estados fue persistente a lo largo del tiempo y fueron gobernados por oligarquías terratenientes, las cuales sofocaron las presiones populares a favor de reformas agrarias y de mayor igualdad.” (p. 183).

En síntesis: “Aunque marchaban (de forma más lenta y más desigual) hacia la democracia, su grado de penetración infraestructural en sus respectivos territorios continuó siendo mucho más débil.” (p. 183).

B] Los principales contrastes étnicos duraron más tiempo.

Las colonias anglosajonas de la zona templada exterminaron rápidamente a casi todas sus poblaciones indígenas, mientras que las colonias en AL nunca llegaron a tales grados de exterminio.

Ironía histórica: “al haber exterminado al 95 % de sus poblaciones indígenas, Estados Unidos y Australia pudieron desarrollar posteriormente democracias liberales impecables [¡Impecables! La acción de la justicia norteamericana fue siempre “impecable” con los militantes obreros Los Mártires de Chicago dan fe de ello, y siguen las firmas.], sin tener que enfrentar problemas racionales (salvo por el legado de la importación norteamericana de esclavos negros) [¿? Salvo, por ejemplo, por la Guerra de Secesión, el KKK y los disturbios raciales recurrentes. Una nimiedad.]. En cambio, los Estados latinoamericanos, en principio más humanos [este “en principio” no tiene desperdicio], tuvieron que confrontar problemas raciales-étnicos (…) las comunidades indígenas fueron siendo integradas en los estratos inferiores de las jerarquías de clase y casta establecidas por los colonizadores. Las diferencias raciales entre blancos, mestizos, negros, mulatos e indios generalmente reforzaron las diferencias de clase.” (p. 183-184).

Las diferencias de clase se convirtieron en diferencias regionales. Por lo general, las zonas industrializadas fueron las pobladas por blancos, en tanto que las zonas con predominio de las clases inferiores se dedicaban a las actividades económicas más atrasadas. Las zonas industrializadas se conectaron con el mercado mundial más que con la economía nacional. Los sindicatos representaron a los estratos privilegiados de la fuerza de trabajo. No llegó a desarrollarse una fuerte solidaridad nacional. (p. 184).

A y B = “mayores niveles de desigualdad de clase, étnica y regional entre el cuerpo ciudadano que la existente en Occidente. Estos patrones de desigualdad aún persisten” (p. 184).



4. El Sur y el Este de Asia después de 1945 (pp. 187-189)

1945          generalización por todo el mundo del EN. La mayoría tuvo como modelo la versión capitalista del desarrollo económico y la versión liberal de la libertad y la democracia. (p. 187). A partir de 1991 “virtualmente” todos los países comparten esos objetivos. (p. 187).

¿Cuál es la realidad?

“En verdad, la mayoría de los regímenes del mundo se desenvuelven dentro de un espacio más bien amplio situado entre la democracia plena y el despotismo: hay elecciones pero éstas son distorsionadas por el control gubernamental sobre los medios, la proscripción selectiva de elementos subversivos de oposición, la alteración de sitios y procedimientos de votación, el fraude electoral, etc.; en fin, todas las técnicas y probadas antes en Occidente. Además, la mayoría de los regímenes del mundo han hecho poco para promover el desarrollo económico. (…) la brecha entre el Norte y el Sur continúa siendo muy grande, y en realidad se expande para la mayoría de los países del Sur.” (p. 187; el resaltado es mio – AM- ). [A confesión de parte, relevo de pruebas. Nada más.]

1945-1965 = Descolonización. Procesos de construcción de nación análogos a los de Occidente. Nacionalismo secular, democrático. Crecimiento económico. Muchos regímenes parecían de izquierda (socialismo tercermundista, socialismo árabe, socialismo africano, etc.). En el Este de Asia, regímenes de derecha realizaron reformas agrarias y redujeron así las desigualdades. (p. 187).

1965 y después = Estancamiento del desarrollo económico y de las democracias en los países situados fuera del Este asiático. Socialismo apareció como régimen despótico en Medio Oriente y África. Nacionalismo secular apareció como impotente para producir desarrollo y democracia. Aparecieron los movimientos integristas de corte religioso y étnico. Guerras civiles y crisis estatales. Se combinan Estados despóticos con muy bajo poder infraestructural. (p. 188).

El Este asiático, en cambio, logró éxito económico, cuyas bases se sentaron entre las décadas del 50 y del 70. “El éxito se dio (…) en Estados étnica y religiosamente homogéneos, con un grado relativamente bajo de desigualdades de clase. En ellos, la reforma agraria había cerrado las brechas de desigualdad en el campo, con lo cual la industria y la educación secundaria se difundieron de forma más o menos uniforme entre la población urbana. Por estas razones, el nivel de consumo e inversión domésticos fue bastante alto. A partir de estos fundamentos, los Estados del Este asiático lograron gravar de forma efectiva a sus ciudadanos, coordinar la actividad económica, proteger las industrias nacientes, coordinar la actividad económica, proteger las industrias nacientes, ofrecer incentivos a la inversión, subsidiar a las exportaciones y atraer a los capitales extranjeros.” (p. 188).

Este desarrollo económico fue más bien estatista. Estados infraestructuralmente poderosos con gran capacidad de coordinación con los grupos empresariales. Recién liberalizaron su economía en los años 80. El crecimiento económico hizo que comenzaran a democratizarse. (188). Antes, “fueron regímenes estatistas que implementaron un nivel de igualdad relativamente alto. Empero, fueron a menudo regímenes militares que colaboraban estrechamente con las grandes empresas, suprimiendo partidos y sindicatos comunistas, socialistas y liberales.” (p. 188).

“En términos generales, puede decirse que los patrones de relaciones Estado – sociedad, que son tan peculiarmente asiáticos, han sido muy propicios para el desarrollo.” (p. 189).

En conclusión, no hay un único camino global hacia el desarrollo. (p. 189). “Los Estados y los mercados parecen propicios para la buena salud económica. Sin embargo, ningún estudio ha sido capaz hasta ahora de mostrar que el crecimiento económico esté correlacionado con el libre comercio: no hay correlación entre crecimiento económico y niveles arancelarios” (p. 189).



5. América Latina después de 1945: La crisis estructural (pp. 189-192)

Después de 1945 = Crecimiento económico decepcionante. Estancamiento político. Ni Estados fallidos (África) ni Estados exitosos (Asia). Estados débiles en términos infraestructurales, oscilación entre regímenes democráticos y despóticos. (p. 189).

Lo novedoso fue el cambio en la forma de las desigualdades latinoamericanas, lo cual las ha hecho más peligrosas para el tejido social:

a)    Las desigualdades se han hecho más reales y visibles en las ciudades. Olas masivas de migración rural-urbana. “La violencia ya no tiene que ver con las relaciones entre el centro y la periferia. La violencia es hoy endémica en el centro mismo y no es fácil enfrentarla por medio de la represión.” (p. 189). El Estado responde a la violencia con represión y violaciones a los derechos humanos. Erosión de las infraestructuras legales y de policía. Resulta más cómodo operar mediante “escuadrones de la muerte”. (p. 189-190).

b)    La violencia se incrementó por “el progresivo eclipse del respaldo cultural a las grandes desigualdades”. Resultado de la urbanización (ricos y pobres viven y trabajan unos al lado de otros) + influencia de la cultura estadounidense, “que en un sentido individual e interpersonal tiende a ser igualitaria” (p. 190). “En la era norteamericana, la hegemonía cultural de las clases y castas altas ha perdido cierta legitimidad. La idea de que las clases altas pueden ser merecedoras de su riqueza porque son más civilizadas, sofisticadas o intelectuales sería más fácil de justificar si todos viéramos cine francés en lugar de ver películas de Hollywood. Pero en el cine norteamericano, la riqueza sólo es legítima si es resultado del trabajo duro de uno mismo o, a veces de los padres. La riqueza nunca se justifica en una superioridad cultural, que es la justificación tradicional en América Latina. El igualitarismo cultural, junto con la urbanización, tiene un efecto corrosivo sobre la aceptación de la desigualdad en América Latina.” (p. 190; el resaltado es mío – AM-). En cambio, el capitalismo corporativo de los EE.UU y la política exterior de ese país promovieron “una forma muy capitalista de democracia”, centrada en la protección de los derechos de propiedad de las empresas extranjeras y con nula preocupación por la reducción de las desigualdades. Además, colaboraron en la persecución de los movimientos de centroizquierda. La acción de la derecha también impidió el desarrollo de la centroderecha. Consecuencia: “En América Latina, la combinación entre fuertes movimientos de derecha locales y el anticomunismo de Estados Unidos inhibieron la emergencia estable de aquellas fuerzas de centroizquierda y centroderecha cuya gestión pública generó en Europa los bajos coeficientes de Gini” (p. 191).

Los migrantes rurales en las ciudades llegaron a las ciudades, se encontraron con el consumo masivo y dejaron de lado sus pautas culturales de deferencia y represión. Pero, “las sociedades latinoamericanas siguen siendo profundamente desiguales. Numerosos son los pobres que, más independientes y menos visibles en las grandes ciudades, buscan ahora el éxito por medios ilegítimos como el crimen con beneficios materiales.” (p. 191).



6. Dos “crisis situacionales”: Deudas y drogas (pp. 192-196)

Mann hace una descripción de la crisis económica que estalló en los años 80 y que aún prosigue. Factores centrales: deuda externa y políticas económicas neoliberales.

Observación: “en Occidente, el neoliberalismo parece aumentar las desigualdades.” (p. 193). En el caso de AL, “los programas de ajuste estructural parecen aumentar efectivamente las desigualdades que de por sí son ya grandes, y son, por lo tanto, peligrosos para la estabilidad del continente.” (p. 194).

Juicio: “ni la versión tradicional del estatismo latinoamericano ni la solución neoliberal de simplemente abrir los mercados y recortar el Estado están en condiciones de generar un desarrollo económico y social de vastos alcances. A mi juicio, la combinación ideal de políticas debería incrementar tanto la competencia en el mercado como los poderes infraestructurales del Estado. (…) En la base de todo esto deberían estar las políticas dirigidas a disminuir la inequidad mediante, por ejemplo, la expansión de industrias intensivas en mano de obra y el mejoramiento de los niveles de educación.” (p. 194).

Luego analiza el problema de la droga, apuntando que la demanda norteamericana de cocaína es la que provoca la enorme rentabilidad de las plantaciones de coca en AL. (p. 195).



7. Conclusión (pp. 196-197)

En síntesis, el argumento de Mann se resume así: “el principal programa de los gobiernos de América Latina no está localizado en la dimensión de poder despótico / democrático. En la actualidad, la democracia representativa está bien arraigada en la región. (…) el problema central es más profundo: una honda crisis estructural del Estado-nación, es decir, tanto en la nación como en el poder infraestructural del Estado. Las infraestructurales estatales sólo son universales en teoría porque en la práctica no penetran de forma uniforme en los territorios del Estado. Las infraestructuras de policía y justicia están debilitadas por efectos de la violencia (…) La infraestructura tributaria y de servicios sociales están, a su vez, debilitadas por la corrupción y el «amiguismo», y en los hechos operan otorgando privilegios a las redes clientelares de los políticos en el poder. (…) Por debajo, la nación está dividida y atrofiada por el peso de enormes desigualdades, mayores que en cualquier otra parte del planeta (…) El reto es cómo incorporar sus diversas poblaciones en una genuina ciudadanía nacional, que pueda sostener Estados infraestructuralmente poderosos que, a su vez, se vuelvan plenamente democráticos. El mayor obstáculo en este continente no es el conflicto político  entre diferentes grupos étnicos o religiosos por el control del Estado. Más bien, es el nivel de inequidad entre clases el que genera los principales problemas. Las desigualdades se amplían, como resultado de las políticas económicas neoliberales, aunque el estatismo tradicional no era mucho mejor. Y la guerra contra las drogas ha reforzado las tradicionales guerras sociales.” (p. 197; el resaltado es mío – AM-).

En definitiva, “el éxito en términos de poder infraestructural, se traduce en Estados con sociedades relativamente homogéneas e igualitarias. Promover este tipo de sociedades – por medio de reformas económicas, políticas, militares y culturales – debe ser la principal tarea del siglo XXI en toda América Latina.” (p. 197).


Villa del Parque, viernes 3 de junio de 2016

NOTAS:

(1)  Es la ponencia presentada en la conferencia “La Crisis Política y el Conflicto interno en Colombia”, Bogotá, Universidad de los Andes, abril de 2002.

(2)  Dicho de otro modo: “Sostendré que los Estados modernos más eficaces son aquellos cuya sociedad es suficientemente homogénea e igualitaria como para permitir el desarrollo de un sentido común de ciudadanía nacional. Los Estados pueden de esta forma desarrollar poderes infraestructurales efectivos para movilizar recursos y promover así el desarrollo. A largo plazo, dichos Estados también se harán democráticos.” (p. 179).

(3)  Una corriente de sociología histórica (sus exponentes principales son Michael Mann, Charles Tilly y Theda Skocpol) defiende la tesis de los orígenes fiscales-militares del gobierno representativo. (p. 182).

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