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sábado, 3 de mayo de 2014

“PORTARSE BIEN O PORTARSE MAL”: LOS TRABAJADORES SEGÚN CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER



La Presidenta Cristina Fernández inauguró la planta de la empresa Siam en Avellaneda. Cristina se caracteriza, en tiempos normales, por una actividad frenética, reflejada en discursos, videoconferencias y otras intervenciones en los medios y en las redes sociales. Sin embargo, son escasas las veces en las que se refiere explícitamente a los trabajadores. En esta ocasión, en vísperas del 1° de Mayo, hizo una excepción y planteó francamente su punto de visto sobre la política que deben seguir los trabajadores frente a la crisis económica en curso.

Un poco de historia. El peronismo, por lo menos hasta 1976, planteó que el movimiento obrero era la “columna vertebral del movimiento”. La dictadura militar de 1976-1983 quebró esa “columna vertebral” y, a partir de la instauración del régimen democrático en 1983, los sindicatos pasaron a jugar un papel cada vez más secundario en el peronismo. Sin embargo, y aún en los tiempos del menemismo, se mantuvo una retórica que presentaba a los trabajadores como una parte importante del movimiento peronista. Con el advenimiento de los Kirchner, en 2003, la retórica se evaporó y fue reemplazada por una concepción a la que podríamos llamar bienuda (otros preferirían decir “gorila”) respecto a los trabajadores y su rol en la sociedad. ¿Qué es ser bienudo? Significa ver el mundo con ojos de un vecino del Barrio Norte de la ciudad de Buenos Aires, alguien que en muchos casos vive del trabajo de los otros, ya sea porque es empresario, accionista, propietario de campos, etc., o, en su defecto, sueña con vivir del trabajo de otros. En otras palabras y usando un lenguaje arcaico para estos tiempos, significa ver el mundo con ojos de burgués o aspirante a serlo. Desde esta óptica, los trabajadores son “buenos” en la medida en que trabajen “responsablemente”, esto es, sin protestar ni reclamar.

En sus intervenciones referidas a los trabajadores, Cristina Fernández suele adoptar el punto de vista de una bienuda. Esta actitud se muestra claramente en su discurso de Siam, en especial en el siguiente pasaje: 

“Hoy estaba leyendo un artículo en el diario Crónica, que es un diario que defiende permanentemente los intereses de los trabajadores, y estaban las declaraciones del compañero Pignanelli, secretario general del SMATA, donde hoy tenemos un problema en el sector automotriz, pero no por un problema estructural de la Argentina sino por un problema con Brasil, que fue por lo que indiqué ayer que el ministro de Economía Axel Kicillof viajara, porque ha bajado la exportación a Brasil y este es el principal problema que hoy tiene el sector automotriz argentino, y también la baja que hubo en la producción industrial argentina. Les contaba que hoy leía las palabras de Pignanelli y decía que era una paradoja, pero que pese a las suspensiones que se habían efectivizado en el sector automotriz, no convenía hacer una huelga, porque si no para los empresarios podía ser motivo de despido. Yo no diría que es una paradoja, yo diría que es una parábola. La parábola es una figura que se utiliza en el Evangelio para poder extraer enseñanzas y aprendizajes. ¿Cuál es la parábola? Que cuando los trabajadores están bien deben tender a tener comportamientos, conductas y demandas que permitan sostener y darle sustentabilidad a este presente. Porque muchas veces, con reclamos justos y con derechos legítimos, terminamos provocando, por diferentes situaciones, cosas que no queremos. Fíjense, se hace huelga cuando se está prácticamente con plena ocupación y no se hace huelga cuando tenés un problema de suspensión o desocupación. ¿Cuál es la parábola entonces? Debería ser que cuanto mejor estás peor te comportás y cuando mal estás mejor te comportás. Esto lo tenemos que modificar si queremos tener un país diferente, una Argentina diferente y fundamentalmente una clase trabajadora diferente. Yo quiero en esto ayudar a mis compañeros, ayudarlos a pensar bien, a decidir bien, a no equivocarse, por eso Rubén apelaba a esa concordancia entre capital y trabajo.”

Sólo alguien completamente alejado de la problemática de los trabajadores, alguien que razona con mentalidad de bienudo, puede ver una parábola en lo que es simplemente un hecho de la dura realidad del asalariado en nuestro país. Cristina, quien posiblemente haya recobrado la fe al producirse la entronización del cardenal Bergoglio como papa, maquilla su bienudismo con lenguaje bíblico y cree ver una parábola donde hay, por un lado, una muestra del comportamiento patronal de muchos dirigentes sindicales, y, por otro, una expresión de la desigualdad propia de una economía capitalista.

Empecemos por el final. Cualquier argentino que vive de un salario sabe que su posición no es igual de la del patrón (o la del empresario, o la del emprendedor, si el lector prefiere términos más modernos). Al momento de negociar no tiene otra cosa para ofrecer que su fuerza de trabajo (fuerza física, habilidades, conocimientos); el empresario, en cambio, es dueño de los bienes necesarios para producir. En este sentido, la igualdad jurídica es una máscara que oculta la desigualdad esencial imperante en el proceso de trabajo. Así, las decisiones respecto a qué producir, cómo producirlo, qué cantidad producir, para quién producir, son tomadas por el empresario sin consultar al trabajador. En otras palabras, donde manda capitán no manda marinero… Esta situación de desigualdad se manifiesta también al reclamar un aumento de salarios. En épocas de crisis, cuando aumenta la desocupación, el trabajador tiene que cuidar su trabajo y agachar la cabeza, porque sabe que hay muchos otros compañeros que están esperando ocupar su lugar si es despedido. En épocas de auge económico, cuando la ocupación aumenta, tiene la posibilidad de hacer sentir su reclamo, pues el empresario encuentra más dificultades para despedirlo. 

En síntesis, las épocas de crisis empeoran la desigualdad esencial entre empresarios y trabajadores; en épocas de aumento de la actividad económica, los trabajadores se encuentran en mejor situación para reclamar mejoras. Esto es así desde el principio de los tiempos o, por lo menos, desde que existe la empresa capitalista. 

Cristina Fernández pasa por alto estas verdades sencillas y prefiere volver a descubrir la pólvora. Para ella es extraño que los trabajadores hagan huelga cuando están en condiciones de plena ocupación, y, en cambio, no vayan al paro cuando hay suspensiones o despidos. Así, no sale del “asombro” al referir una experiencia del clasismo obrero de los años ’70:

“Ayer recordábamos junto a Carlos Zannini, también como una parábola, lo que pasó una vez en Córdoba, con el gremio Sitrac – Sitram, tal vez no se acuerden quien fue el gremio Sitrac- Sitram, era un gremio muy combativo allá por los años 70. Estaban comiendo en el comedor, en plena ocupación, los horarios más altos de América latina, los mejores salarios, e hicieron una huelga porque en el comedor les sirvieron tres veces seguidas congrio, que es uno de los pescados más ricos.”

Es extraño que un gobierno que hace un culto de la memoria se permita reducir las causas de la lucha entre capital y trabajo en la década del ’70 a un problema de menú. Pero así funciona la mentalidad del bienudo, para quien es imposible que exista un conflicto entre empresarios y trabajadores, dado que son los primeros, con su “inteligencia” (o sus “neuronas”, diría Cristina, como veremos más adelante), quienes pueden poner en marcha el proceso productivo. ¿Los trabajadores?...Bien, gracias, que se ocupen de laburar y punto.

Para Cristina, la enseñanza que deja la “parábola” consiste en que los trabajadores deben comportarse “bien” cuando su situación económica es buena, pues tienen la responsabilidad de cuidar las condiciones de su “bienestar”. En criollo: los trabajadores deben ser mansos y aceptar la autoridad de los empresarios en estos momentos de crisis, para lograr mantener así el “pleno empleo”. A esto, y a pregonar “la concordia entre capital y trabajo” se reduce el contenido del discurso de Cristina. 

Pero eso no es todo. Cristina elogia repetidas veces a los empresarios en la figura de la familia Di Tella. Para ella, estos empresarios no sólo innovaron en el plano empresarial y tecnológico, sino que también lo hicieron en el plano de la cultura (a través del Instituto Torcuato Di Tella). Aquí, la mentalidad bienuda se eleva a niveles inesperados: 

“El Instituto Di Tella marcó a toda una generación en innovación intelectual, de la misma manera que sus padres, sus abuelos habían marcado en materia de innovación tecnológica e industrial. ¿Saben qué pasa? Que cuando hay neuronas en una cabeza, y las neuronas funcionan adecuadamente, pueden funcionar para el arte, para la cultura, para la industria, porque todo hace a la calidad de vida de los argentinos.”

O sea, la principal dirigente del partido que alguna vez consideró que “el movimiento obrero era su columna vertebral” sostiene que los logros de la familia Di Tella son producto de las “neuronas que funcionan adecuadamente”. ¿Los empresarios son empresarios como producto de una actividad neuronal que funciona de manera “adecuada”? ¿Los trabajadores son trabajadores y no empresarios como producto de algún “desorden neuronal”? Misterio. 

Lo concreto es que Cristina retoma la vieja idea de la armonía entre capital y trabajo, pero le da un toque característico. Ya no se trata de que intereses, sino de “neuronas que funcionan adecuadamente” (del lado empresario) y de “portarse bien o portarse mal” (del lado de los trabajadores). 

En las condiciones actuales, “portarse bien” significa, siempre según Cristina: 

“…digo que tengamos todos la fortaleza, empresarios, trabajadores, funcionarios provinciales, municipales, la fuerza, la entereza, la inteligencia de poder sostener este modelo industrialista fundamentalmente, que aumentó exponencialmente y fue el de mayor aumento en el producto bruto industrial en toda América latina en la última década y es el que mayor participación tiene, el producto bruto industrial, en el PBI general.”

Que este modelo “industrialista” tengo como algunos de sus pilares el trabajo no registrado de un tercio de los trabajadores, los bajos salarios de los trabajadores en general y el deterioro de los ingresos de los asalariados vía devaluación no tiene la menor importancia. Que el modelo “industrialista” sea tan industrialista que se basa en el ensamblado de piezas importadas de otros países, tampoco. Importa, eso sí, que los trabajadores se “porten bien”. 

A la luz de lo anterior, cabe decir que pocas veces Cristina se mostró tan bienuda en su visión de los trabajadores como en este discurso. No es, por cierto, una cuestión de estilo, sino que es un reflejo de la crisis de un modelo de relación entre el Estado y el movimiento obrero. 

Villa del Parque, sábado 3 de mayo de 2014

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que miseria la del clasismo perimido, refugio de intelectuales engreídos. Falacia conceptual que endiosa el resentimiento a la categoría de motor de la historia. Comodín de crueles tiranos que se valen de ella para someter pueblos enteros

Ariel Mayo (1970) dijo...

Usando una expresión barrial,¡pintó poesía! En definitiva su comentario se reduce a la cuestión de la pertinencia de la clase social para analizar los fenómenos sociales. Esto es lo que hay que discutir. Si tiene argumentos en contra de una visión marxista de la sociedad, bienvenidos sean. Mientras tanto, no deseo enfrascarme en una discusión lírica, pues tengo muy poco tiempo disponible. Saludos,

Omar Salas dijo...

Sí, no ? Un saludo un tanto enojoso para un 1º DE MAYO verdad ? Modelo industrialista, "neuronas", que inevitablemente se afirman con buenos guisos diarios (obvio),laburantes buenos y responsables para empleadores eficientes y siempre generosos... En realidad pido disculpas a mi país por no haber podido viajar a ver al Chino. Bien Ariel, pero, me dejaste más confundido de lo que estaba. Para no ser menos que anónimo os dejo esta cuarteta(?): ante un poema falaz /ayer cumplió Charly Marx / te acordás...