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sábado, 26 de enero de 2013

PERONISMO Y MOVIMIENTO OBRERO EN LOS TIEMPOS DEL KIRCHNERISMO



Hubo un tiempo en que la dirigencia del movimiento peronista decía que “el movimiento obrero era la columna vertebral del peronismo”. El tan mentado carácter plebeyo del movimiento peronista es inseparable de esta conjunción con el movimiento obrero. John William Cooke pudo afirmar que “el peronismo era el hecho maldito del país burgués” porque dicho movimiento se asentaba en la clase trabajadora. 

La asociación entre peronismo y clase obrera se modificó drásticamente a partir de la dictadura militar de 1976-1983. El logro más duradero de la dictadura consistió en reducir al movimiento obrero a la impotencia política. En otras palabras, si los sindicatos fueron un factor central en la política argentina entre 1945-1976, luego de la represión llevada a cabo por los militares perdieron la capacidad de incidir de manera significativa en el escenario político. No se trató, por cierto, de un fenómeno exclusivamente argentino. La derrota de la clase obrera argentina formó parte de un vasto proceso de derrotas sufrida por el movimiento obrero a nivel mundial entre las décadas del ’70 y del ´90. El neoliberalismo fue, ante todo, una ofensiva a fondo contra la clase trabajadora, plasmada en la dispersión de los trabajadores y en la legislación antiobrera conocida como “flexibilización laboral”.

La dirigencia peronista posdictadura tomó nota de la derrota de los trabajadores y obró en consecuencia. La “renovación peronista”, el menemismo, el kirchnerismo, fueron etapas en la aceptación del carácter marginal del movimiento obrero en la vida política del país. La “columna vertebral” dejó de ser “columna” y “vertebral” y pasó a ser considerada, a lo sumo, como un factor de poder más, diluido entre otros tantos. 

Los cambios estructurales experimentados por la economía argentina de 1983 en adelante reforzaron la fragmentación de la clase trabajadora y potenciaron su debilidad. La década del ’90, vía el peronismo menemista, representó el clímax de la ofensiva contra los trabajadores, plasmada en una legislación que se ocupó de desarmar las conquistas obtenidas por los sindicatos durante la etapa anterior al golpe de 1976. Dicha ofensiva fue posible, entre otras cosas, por los efectos de la hiperinflación de 1989 y la elevada desocupación persistente a lo largo de toda la década. 

El kirchnerismo llevó adelante una reconstitución del régimen de acumulación de capital. La crisis del régimen de acumulación neoliberal en 2001 mostró la imposibilidad de continuar por el camino de los ’90. En este marco, el kirchnerismo logró articular una salida a la crisis basada en la devaluación, los bajos salarios, la continuidad de la fragmentación de la clase trabajadora (el trabajo “en negro” reemplazó a la desocupación como factor central en la debilidad de la clase obrera) y el apoyo a la burocracia sindical. En este sentido, la alianza entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano no significó una reconstitución de la vieja “columna vertebral”, sino el reconocimiento público de la nueva posición ocupada por el movimiento obrero en el seno del peronismo. Moyano aceptó ser socio del nuevo régimen de acumulación a cambio de garantizar la “paz social”. Dicha “paz” requería el reconocimiento de la legislación laboral del peronismo menemista y el hacer “la vista gorda” frente a la situación de los trabajadores “en negro”. Paritarias para los trabajadores “en blanco” y distintos grados de esclavitud laboral para los trabajadores “en negro”. El cacareo de la prensa “opositora” contra Moyano aliado de los Kirchner, la demonización del dirigente sindical aludiendo a su supuesto poder para hacer casi cualquier cosa, sirvió para ocultar prolijamente que el sindicalismo jugó un rol secundario y subordinado en el nuevo régimen de acumulación de capital promovido por el kirchnerismo.

La presidenta Cristina Fernández expresa como pocos la concepción del peronismo pos dictadura respecto al movimiento obrero. No hace falta rasquetear la pared para demostrar el papel que Cristina le asigna al sindicalismo. Así, Cristina ha calificado repetidas veces de “chantaje” a las medidas de fuerza llevadas adelante por algún sector de los trabajadores. Así, Cristina ha sostenido que los trabajadores deben estar contentos por tener trabajo y no padecer la desocupación como en los años ’90. Así, Cristina ha manifestado muchas veces que el rol de los empresarios consiste en invertir, en tanto que los trabajadores deben dedicarse a trabajar. 

Cristina no considera como un mal que la mitad de la clase trabajadora se encuentre “en negro”, o subocupada, o desocupada. 

Cristina planteó hacia fines del año pasado la necesidad de “democratizar” el Poder Judicial, pero no dijo jamás una palabra acerca de la necesidad de democratizar las organizaciones sindicales. Recomendamos al lector que haga el intento de armar una lista alternativa a la conducción en cualquier sindicato, y luego nos cuenta los resultados.

Al producirse la ruptura con Moyano, Cristina se apoyó en los llamados “gordos”, simpático eufemismo para denominar a los dirigentes sindicales que demostraron una enorme combatividad…siempre en contra de los trabajadores.

En otros tiempos, más candorosos, algún peronista podría haber dicho que Cristina era una presidenta “gorila”, en el sentido de apoyarse en los empresarios y no en el movimiento obrero. La cuestión es, por cierto, más compleja. Cristina es el exponente más claro de una generación de dirigentes políticos alumbrada por la derrota de los trabajadores en 1976. Para ella, como para el resto de su generación, el capitalismo es el horizonte intelectual y no es posible sacar los pies del plato. La emancipación nacional y social no es otra cosa que la aceptación de las reglas del juego del capital. Sólo así es posible entender como Cristina no se sonroja cuando afirma muy suelta de cuerpo que “los empresarios la levantan con pala”, haciendo referencia a las ganancias del capital bajo el nuevo régimen de acumulación. 

La visita de Cristina Fernández a Vietnam es un buen ejemplo de su concepción del movimiento obrero y su papel en la sociedad. Lejos de aquella vanguardia en la lucha contra el imperialismo norteamericano, Vietnam es hoy un campo fértil para que las empresas transnacionales aprovechen la mano de obra barata y obtengan enormes ganancias. Los trabajadores vietnamitas padecen en carne propia el pragmatismo de sus dirigentes. En este sentido, los elogios de Cristina hacia Vietnam cobran un significado un tanto diferente al que le atribuyen alguno de sus partidarios:

“Entonces cuando uno ve cómo se han recuperado, cómo han salido y lo que es fundamental: no hay odio, no hay rencor, al contrario, hay mucho trabajo, hay mucho sacrificio, hay mucho deseo de trabajar y de progresar, yo me acordaba de nosotros y decía qué buena lección para aprender todos y seguir tirando para adelante.” (1)

En otras palabras, los trabajadores trabajan, se rompen el lomo, y los empresarios ganan dinero, mucho dinero. Todo ello sin “odio” ni “rencor”. En este mundo ideal de Cristina, ¿qué sentido tiene, por ejemplo, un 17 de octubre?

Las expresiones de Cristina no son sólo unas notas de viaje. En el mismo discurso hace una advertencia a los dirigentes sindicales que se encuentran negociando salarios en las paritarias:

“El lunes nos visita el director general de la OIT, lo vamos a recibir, y bueno, los pronósticos en el mundo en cuanto a trabajo no son nada buenos, por eso por favor aterricemos en el mundo con buena onda, con buenas actitudes para lograr acuerdos, porque es imprescindible acordar. No es cuestión de ponerse a gritar, en España están gritando todos los días, todos los días gritan pero cada vez la desocupación sube más, el 26 por ciento. Con lo cual no es cuestión de grito ni de prepoteo ni de fuerza; inteligencia, ingenio, acuerdo, ver cómo mejoramos los recursos, cómo incentivamos el mejor aprovechamiento de las cosas. Hagámoslo.” (1)

En criollo, la protesta y la lucha no conducen a nada. De paso, resulta curiosa la mención del caso español para aleccionar a los dirigentes sindicales argentinos, pues durante años los propagandistas del kirchnerismo han declamado acerca de las diferencias entre España y Argentina. Para Cristina, el sindicalismo tiene que aceptar las pautas salariales queridas por el gobierno. ¿Qué la inflación es superior a esas pautas? , ¿Qué existe una enorme heterogeneidad en los salarios de los trabajadores?, ¿Qué las ganancias empresarias han sido enormes durante la década kirchnerista y que no se han “derramado” sobre los trabajadores? Todos estos son temas menores para Cristina. Para el kirchnerismo, el motor de la economía es el capital y es necesario lograr que los capitalistas inviertan. Los trabajadores no tienen otros roles que trabajar y consumir para fomentar el mercado interno.

Subordinación y valor. Todo sea por la emancipación nacional y social. O, siendo realistas, para ayudar a que los empresarios “la levanten con pala”.

Villa del Parque, sábado 26 de enero de 2013

NOTAS:
(1) Discurso pronunciado por Cristina Fernández en el acto de entrega de viviendas, celebrado en el Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario, el 25 de enero de 2013.

7 comentarios:

Proyecto Sur San Martín dijo...

Muy claro, sin lugar a dudas. El nivel salarial, la inflaciòn, y por otro lado el dolar, son buenas herramientas para mantener a la poblacion ocupada en otra cosa que no sea el saqueo y la entrega de nuestras riquezas en las manos de Barrick-minerales, Cargill+Monsanto-soja, OPEP-Petroleo? Es todo una estrategia esta supuesta "falta de tacto" en estas "medidas impopulares"?

Ariel Mayo (1970) dijo...

Ante todo, gracias por el comentario. Creo que tanto la política salarial como el énfasis en el sector primario de la economía (soja, minería, petróleo) forman parte de un mismo combo, esto es, el régimen de acumulación de capital impulsado por el kirchnerismo a partir de 2003 (y en rigor iniciado por el ministro Lavagna en la presidencia de Duhalde). El nuevo régimen tuvo como pilares la devaluación, los bajos salarios (de ahí la persistencia del trabajo "en negro", la legislación laboral menemista y la dispersión de las escalas salariales de los trabajadores en blacon) y el impulso a las actividades primarias. Todo esto forma parte de la misma estructura. Saludos,

Cristian dijo...

Estoy de acuerdo con el artículo en términos generales, pero discrepo en la concepción del sindicalismo post-dictadura y pre-k.
vos sostenés que "El logro más duradero de la dictadura consistió en reducir al movimiento obrero a la impotencia política. En otras palabras, si los sindicatos fueron un factor central en la política argentina entre 1945-1976, luego de la represión llevada a cabo por los militares perdieron la capacidad de incidir de manera significativa en el escenario político."
sin embargo, creo yo que no es que post-represión los sindicatos dejaron de incidir políticamente. por demás sería analizar el comportamiento de los sindicatos en la década alfonsinista, llegando a ser como sostienen algunos autores, "representantes" del derrotado PJtismo.
creo, sin embargo, que lo que cambió post-dictadura fue que desaparecieron los cuadros clasistas del movimiento obrero, dejando la cancha "libre" al peronismo más ortodoxo, que como vos decís, no se le pasó (ni se le pasaría) por la cabeza sacar los pies del plato capitalista.
es, en este contexto, que creo yo que los sindicatos se burocratizaron aún más de lo que eran, y tomaron una posición ya netamente patronal, llegando a coronarse en los 90s con las grandes privatizaciones (donde también tuvieron gran protagonismo, no en la lucha por los trabajadores, pero si en el tejido político).

en conclusión, yo lo que creo es que lo que logró sindicalmente la dictadura, visto en el largo plazo, fue "purgar" los sindicatos de clasismo, a la vez que dejó bases totalmente precarizadas, armando así un ámbito ideal para una feroz burocratización, y una posterior alianza política entre el PJtismo ochentoso, y luego el menemismo de los 90s. es por todo esto, que se nota claramente una gran participación política de los sindicatos, no ya como defensores de los trabajadores (como tal vez pudo haber sido la cgt de los argentinos) pero participación política al fin.

saludos

Cristian de El Roble

Ariel Mayo (1970) dijo...

Cristián, muchas gracias por tu comentario. Creo que entre tu interpretación y la que sostengo en el artículo hay una diferencia de matices, que no hace a lo sustancial. Ambos estamos de acuerdo en que el efecto más duradero de la dictadura fue eliminar y/o reducir a su mínima expresión al clasismo en el movimiento obrero. Esta tarea ya había sido iniciada por la burocracia sindical en el período 1974-1976. Sin embargo, la tarea de la dictadura fue más profunda en lo que hace al movimiento obrero. El sindicalismo peronista ortodoxo y la burocracia sindical fueron también blanco del ataque de la dictadura. Está claro que los milicos y los burócratas compartían la aversión hacia el clasismo, pero la burguesía quería también recortar las alas de la burocracia, que en las décadas del '60 y del '70 mostró capacidad para reducir el margen de maniobra de los empresarios. Así, por ejemplo, la huelga que derribó a López Rega y a Celestino Rodrigo contó con el apoyo de la burocracia sindical. La burguesía que impulsó el golpe de 1976 quería eliminar el poder de presión de los sindicatos, capaces de recortar los límites de cualquier reestructuración capitalista, y reducirlos al papel de gestores de la fuerza de trabajo. El éxito de la dictadura quedó demostrado durante el alfonsinismo, cuando los 13 paros de la CGT no lograron quebrar el rumbo cada vez más neoliberal de la UCR y del PJ. Saludos, Ariel

periodicoelroble dijo...

Ariel,

teniendo en cuenta que:

1) durante la misma dictadura hubo 2 bandos entre los sindicalistas: participacionistas y combativos.
2) durante la misma dictadura hubo movilización sindical: 2 huelgas generales que no es poco para un período militar.
3) obviamente a los muertos los pusieron los combativos, y los dialoguistas obviamente de brazos cruzados fueron los que una vez que pasó la "noche oscura" quedaron con el poder sindical.
4) los sindicatos se "rearmaron" con una velocidad increible durante el alfonsinismo (sin contar con el resurgimiento iniciado durante la dictadura), solo que ahora eran fundamentalmente peronistas y ortodoxos, (es decir, los que antes eran participacionistas).
5) teniendo en cuenta lo anterior, ¿vos realmente crees que los 13 paros del alfonsinismo querían frenar el neoliberalismo, teniendo en cuenta que en el menemismo una gran pata de las privatizaciones fueron los mismos sindicalistas que le hicieron los 13 paros a alfonsín? no te olvides que durante el alfonsinismo, el pjtismo votó en contra de las privatizaciones impulsadas x alfonsín (en consonancia con los pedidos de los sindicatos) y una vez en el poder el menemismo (fruto del pjotismo)privatizó todo, en consonancia con los sindicatos.

es decir, la hipótesis del "juego político" de los sindicatos burócratas-pjotistas cierra por todos lados... mostrando el poder que logran post-dictadura (una vez "extirpado" el mal clasista), y el uso que le dan tanto como herramienta de presion pjtista hacia alfonsín como herramienta de manejo de masas con menem...

aguardando tu respuesta, y un gusto este debate!

Cristian de El Roble

Myriam dijo...


Ariel y Cristian, sumo un par de comentarios.

Concuerdo con Ariel en que el objetivo de la dictadura no fue únicamente la destrucción del clasismo, sino el disciplinamiento de la clase obrera en su conjunto. Así como el crecimiento del clasismo fue expresión de la radicalización de la clase obrera, este crecimiento obligó a muchos sindicalistas peronistas a radicalizar sus posiciones. Me parece que es este proceso el que busca truncar la dictadura militar para hacer viable políticamente un nuevo modelo de acumulación.

En el artículo se sostiene que el movimiento obrero fue reducido, vía represión, a la impotencia política. Creo que impotencia política no es sinónimo de no participación política y, justamente, las características que asumió la conflictividad laboral durante los '80 son expresión de esa impotencia. Me parece que la conflictividad en este período se explica mejor como la continuidad de una estrategia centrada en la lucha salarial frente a la crisis final del modelo sustitutivo de importaciones. El fracaso de esta estrategia - la hiperinflación significó una cambio profundo en la relación de fuerzas entre capital y trabajo - abrió paso a la alternativa neoliberal de salida de la crisis.
Saludos!

Ariel Mayo (1970) dijo...

Miriam y Cristián, agradezco sus comentarios. En el caso de Cristián, coincidimos en lo que me parece fundamental, esto es, en el impacto de la ofensiva de la dictadura sobre el clasismo. La burguesía argentina y su brazo armado, se propusieron en 1976 extirpar al clasismo del movimiento obrero, en tanto esta corriente representaba un peligro potencial para su dominación, pues los clasistas centraban sus luchas en la distribución del poder en el lugar de producción. Sin embargo, la dictadura también enfiló su ataque contra el sindicalismo peronista. Está claro que la burocracia sindical no era revolucionaria y que, entre 1973-1976, se dedicó a perseguir, apalear, torturar y asesinar a los militantes combativos. Pero esta burocracia tenía un rol importante en el modelo de sustitución de importaciones imperante entre 1945-1976. A cambio de controlar a la fuerza de trabajo, de disciplinarla, los sindicalistas se aseguraban un poder de negociación significativo al momento de fijar las políticas económicas. El capitalismo argentino post 1955 debió contar con la participación de los fuertes sindicatos industriales (la UOM es el ejemplo más claro). Dichos sindicatos podían, en el límite, fijar limites claros a los diversos planes de ajuste. Esto se modificó radicalmente a partir de 1976. Desde 1983 en adelante, los sindicatos pasaron a desempeñar un papel político mucho menor que en el período anterior. Los paros al gobierno de Alfonsín pueden ser vistos como un intento de utilizar las herramientas del período anterior a 1976 en una nueva época. A partir de Menem, la burocracia sindical se convirtió de modo desembozado en socia de los empresarios. Los sindicatos dejaron de ser "la columna vertebral del movimiento" y se convirtieron en un grupo de presión más. La impotencia política mentada surge, por tanto, de la combinación de la extrema debilidad del clasismo, consecuencia de la dictadura,y de la modificación del régimen de acumulación de capital, que generó nuevas condiciones materiales para el movimiento obrero. Todo esto es, por supuesto, una enorme simplificación que pretende contribuir a la discusión. Saludos,
Ariel