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sábado, 19 de enero de 2013

FICHA DE LECTURA: COMTE. DISCURSO SOBRE EL ESPÍRITU POSITIVO. CAPÍTULO 1



Advertencia: Este trabajo no es más que un punteo producto de la lectura del capítulo 1 del Discurso sobre el espíritu positivo de Auguste Comte (1798-1857) (1). Quien busque un examen exhaustivo o un desarrollo de los temas planteados por Comte debería abstenerse de la lectura de estas notas.

Del examen del capítulo 1, se desprenden los siguientes puntos fundamentales: 

1] La filosofía positiva como sistema que unifica el conocimiento desarrollado por las ciencias particulares.

2] Las diferencias entre positivismo y empirismo.

3] La teoría de los tres estados.

4] El idealismo en la teoría de los tres estados.

5] La “metafísica” de la teoría de los tres estados.

A continuación, paso a desarrollar cada uno de esos puntos:


1] Positivismo y unificación del conocimiento de las ciencias particulares

Desde fines del siglo XVIII, la economía era la forma dominante en la teoría social. En su Investigación sobre la riqueza de las naciones (1776), Adam Smith (1723-1790) sostuvo que la fragmentación del estudio de lo social constituía el mejor modo de aumentar el conocimiento sobre la sociedad. En otros términos, la teoría social tenía que implantar en su seno la división del trabajo. Dicha estrategia implicaba el surgimiento de un nuevo problema: ¿Quién se encargaba de unificar ese conocimiento? O, mejor dicho: ¿Quién reconstruía a la totalidad social, invisible en cada una de las investigaciones especializadas?
Hay que tener presente que la teoría social moderna se constituyó mediante una ruptura radical con la tradición clásica. Uno de los ejes de esa tradición era, precisamente, la concepción de la totalidad. La economía clásica expresó el abandono de la totalidad mediante la adopción del individualismo metodológico

La tentativa unificadora de Comte debe ubicarse, pues, en el marco de una reacción contra la fragmentación y la “invisibilidad”  de la totalidad (esta reacción fue continuada luego por Durkheim). En el texto se encuentra una mención directa al propósito comteano cuando se refiere al “objeto de este discurso” (p. 65).

2] Distinción entre positivismo y empirismo

Es habitual pensar que el positivismo es sinónimo de empirismo, entendiendo por este último a la concepción epistemológica que postula que los hechos empíricos son la fuente del conocimiento científico. Según los empiristas, los científicos tienen que dedicarse a la observación de los hechos, para así acumular una masa crítica de datos a partir de la cual puedan inferirse las leyes científicas. En resumen, los hechos son lo primario, y las teorías vienen a posteriori.

En el capítulo 1 del Discurso puede observarse que Comte no es un empirista en el sentido de la definición formulada en el párrafo anterior. Así, “el verdadero espíritu positivo no está menos alejado, en el fondo, del empirismo que del misticismo” (pág. 80).

Comte afirma que la mera recopilación de datos no conduce a las leyes científicas. Esta recolección de datos tiene que ser guiada por el pensamiento especulativo. El ideal de la ciencia moderna no es la observación, sino la predicción racional (apoyada en el principio de la invariabilidad de las ciencias naturales).

Lo expuesto en el párrafo anterior no implica negar la centralidad que tienen los hechos empíricos en el positivismo comteano. Basta leer el § 12, dedicado al estado positivo, donde afirma que la regla fundamental de la filosofía positiva es la siguiente:

“Que toda proposición que no sea estrictamente reducible al simple enunciado de un hecho, singular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible.” (pág. 77).

Esta primacía de los hechos, con su correlato de abandono de la búsqueda de las causas últimas, constituye la base del positivismo. En el esquema formulado en el capítulo 1, la mencionada primacía es contrapuesta a la situación en los estados teológico y metafísico. Pero hay que tener en cuenta que los hechos son el “material indispensable” de la ciencia, pero ésta tiene por objeto la predicción (pág. 80). La aclaración no es menor. Hay que evitar pensar al positivismo comteano como si fuese una caricatura o bien una forma madura del empirismo.

3] La teoría de los tres estados

La exposición clásica de la teoría de los tres estados se encuentra en este capítulo (págs. 69-83). Dado que es bastante conocida, no voy a detenerme en ella. Me interesa, en cambio, hacer notar que el proceso de los tres estados corresponde tanto al individuo como a la especie (pág. 69), pero Comte no usa el término sociedad. Mi opinión es que esta ausencia es consecuencia de que Comte  no toma en cuenta (salvo alguna indicación aislada, como en pág. 79, donde señala el origen social de nuestras concepciones) la relación entre las ideas y el contexto social en el que se producen aquellas.

Comte propone su teoría de los tres estados al principio del Discurso. Como apuntamos antes, esta teoría se aplica tanto a la evolución del individuo como a la de la especie. Ahora bien, ¿a qué parte de estas evoluciones se aplica la teoría? En el capítulo 1 se emplea para referirse a la “razón humana” (pág. 69). Los estados teológico, metafísico y positivo son etapas en el proceso de evolución del pensamiento, tanto en el individuo como en la especie. No se trata (por lo menos aquí) de etapas que correspondan a la evolución material de las sociedades. (2).

Corresponde indicar que no se trata de una teoría meramente descriptiva, en la que el autor no toma partido ni hace consideraciones sobre los diferentes estadios. Es, por el contrario, una teoría jerárquica, en el sentido de que el estadio positivo es el escalón superior. De hecho, Comte considera que dicho estadio es el punto de llegada necesario y deseable de la humanidad.

4] El idealismo en la teoría de los tres estados

A partir de lo expuesto en el punto anterior, podemos hacer la crítica de la teoría de los tres estadios. En el capítulo 1, Comte no aporta un solo hecho sobre el cual apoyar su teoría. Por el contrario, cuando trata de defenderla recurre constantemente a “necesidades” (pág. 69), “espontánea predilección” (pág. 69), “espíritu humano” (pág. 70 y ss.), “tendencia espontánea a la simplificación” (pág. 71), “tendencia involuntaria” (pág. 71), etc., etc. El motor del progreso se encuentra, entonces, en el despliegue de las tendencias espontáneas del espíritu humano. No hay ninguna referencia (salvo pág. 79) a las condiciones sociales de producción del conocimiento. El pasaje de un estado a otro (en verdad, toda la teoría) se mueve en el vacío, en el plano de las ideas desligadas de su conexión terrestre. De ahí que todo el enfoque esté estructurado como una confrontación entre las distintas formas del pensamiento religioso y las diversas formas del pensamiento filosófico. 

El idealismo subyacente a esta concepción encuentra su expresión concreta en el pasaje de la pág. 73, en el que examina la función social de la filosofía primitiva (estado teológico): 

“Esta filosofía primitiva ha sido tan necesaria para el desarrollo inicial de nuestra sociabilidad como para el de nuestra inteligencia; sin ella, bien por constituir primitivamente estas doctrinas comunes, bien por suscitar espontáneamente la única autoridad espiritual que pudiera entonces surgir, el vínculo social no habría podido adquirir ni extensión ni consistencia.” (pág. 73).

Las ideas (las filosóficas, no las de cualquier hijo de vecino) son las que, en definitiva, constituyen los vínculos sociales. El cemento social es la ideología (dicho esto en términos más modernos). El desarrollo posterior de esta concepción idealista de las relaciones sociales puede ser rastreado en la obra de Durkheim.

5] El carácter metafísico de la teoría de los tres estados

En la sección del capítulo 1 dedicada al estado metafísico, Comte efectúa una dura crítica de la metafísica (sobre todo en pág. 75). 

Sin embargo, y dados a) el carácter idealista de los fundamentos de su concepción; b) el recurso a las “tendencias del espíritu humano” para explicar el pasaje de un estado a otro; cabe afirmar que Comte formula una nueva metafísica. El idealismo y el esencialismo constituyen obstáculos epistemológicos (en el sentido planteado por Bachelard) en la tarea de reproducir en el plano del pensamiento la complejidad de la realidad social.

El paso de la “imaginación” a la observación se convierte en una tendencia inevitable, el camino necesario que debe recorrer la humanidad. El proceso aparece desligado de su relación con la reproducción de las condiciones de vida de los seres humanos (la reproducción de las relaciones sociales) y queda reducido al despliegue de los “principios” propios del espíritu humano.

Villa del Parque, sábado 19 de enero de 2013

NOTAS:

(1) En este trabajo utilizo la siguiente edición: Comte, Auguste. (1999) [1° edición: 1844]. Discurso sobre el Espíritu Positivo: Discurso preliminar del Tratado filosófico de astronomía popular. Madrid: Biblioteca Nueva. La traducción es de Eugenio Moya.

(2) Salvo el pasaje de pág. 71, donde relaciona el estado alcanzado con la cuestión de la raza (por supuesto, la raza blanca ocupa el escalón superior de la evolución).

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