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domingo, 29 de agosto de 2010

CÓMO DECÍAMOS AYER... APUNTES SOBRE EL MANIFIESTO COMUNISTA

¿Por dónde empezar a leer y estudiar a Marx?

A pesar de la mala prensa y de los prejuicios, la obra de Karl Marx (1818-1883) sigue despertando un enorme interés, sobre todo cuando se quiere avanzar en el conocimiento de la sociedad con el objetivo de transformarla. La pregunta con la que comienza este artículo constituye el problema principal que se plantea al momento de comenzar la lectura de Marx, y la dificultad es especialmente aguda cuando no se tiene un conocimiento previo. Entonces, ¿por dónde empezar? Un abordaje directo de su obra fundamental, El capital (1867) puede ser frustrante, en especial si se comienza por el capítulo 1 dedicado a la mercancía. Que se entienda bien. Marx es un excelente docente en el sentido habitual en que usamos el término; así, en las obras que fue editando durante su vida, aún los pasajes más difíciles están presentados de manera sumamente didáctica. La enorme cantidad de manuscritos que se publicaron luego de la muerte de Marx son otra cuestión, porque no fueron preparado por el autor para su publicación; por tanto, en ellos el estilo es, muchas veces, difícil y el lector está obligado, para que la lectura sea provechosa, a tener un saber previo sobre la teoría social de Marx.

Así las cosas, creemos que El Manifiesto Comunista (1848) es el mejor punto de partida para comenzar el estudio de la obra de Marx. Si tuviéramos que sugerir un orden de lecturas para un principiante que estuviera interesado en avanzar en el conocimiento de la obra de Marx, los dos primeros textos que recomendaríamos son El Manifiesto (las dos primeras partes del texto: 1. Burgueses y proletarios; 2. Proletarios y Comunistas) y el capítulo 24 (La acumulación originaria) del Libro Primero de El Capital. En estos escritos Marx explica las líneas fundamentales de su teoría de la sociedad y da cuenta tanto de los rasgos centrales de la sociedad capitalista como de los procesos que llevaron a la conformación de la misma.

Antes de empezar con el análisis del Manifiesto, corresponde hacer una presentación del contexto en que Marx y Friedrich Engels (1820-1895) redactaron la obra.

En el período que va de 1843 a 1845, Marx realizó un intenso trabajo intelectual. Esta tarea lo condujo a la superación de la filosofía de Hegel (1770-1831) y de la teoría política liberal, y determinó su adhesión al socialismo.

El pasaje del hegelianismo y del liberalismo al socialismo no fue un proceso exclusivamente intelectual. Asumir esta postura supondría adoptar una concepción idealista del desarrollo del marxismo, la cual representaría la negación misma de la ruptura teórica realizada por Marx respecto a los viejos modelos filosóficos. La revisión crítica del liberalismo y de la filosofía hegeliana fue disparada por dos cuestiones prácticas: a) el fracaso del liberalismo alemán en obtener reformas de parte de la monarquía prusiana; b) el ascenso de las luchas obreras en Inglaterra y en el continente europeo a lo largo de la década de 1840.

1. EL FRACASO DEL LIBERALISMO ALEMÁN.

A principios de la década de 1840 la situación política alemana estaba caracterizada por la hegemonía de Prusia y de los regímenes políticos absolutistas, herederos de los vencedores de la Francia napoleónica. Hay que tener en cuenta que Alemania estaba dividida en una multitud unidades políticas (entre las que sobresalía el reino prusiano), siendo esta división una causa tanto de atraso económico (Alemania no constituía un mercado unificado) como político (mantenía la situación de relativo aislamiento entre las regiones, dificultando la aparición de un movimiento político nacional que quebrara la hegemonía de los príncipes alemanes). Sin embargo, desde la victoria de la Revolución de 1830 en Francia, se había producido un ascenso paulatino del liberalismo, motivado, en primer lugar, por el desarrollo económico que había robustecido la posición social de la burguesía. Las regiones más occidentales del reino prusiano, como Renania (provincia que limitaba con Francia) se beneficiaron con este crecimiento económico.

En el plano de las ideas, el ascenso de la burguesía se expresó de dos modos: a) la difusión de las tesis del liberalismo político, cuya expresión práctica más conocida era la Revolución Francesa (1789-1794). Dicha Revolución se había plasmado en el plano de la teoría política en los principios enunciados en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789); b) las críticas de izquierda a la filosofía hegeliana, la que, hacia 1830, había pasado a representar cada vez más la ideología del Estado prusiano (esto a despecho de las ideas liberales del mismo Hegel - quien había sido partidario convencido de la Revolución Francesa-, y del método dialéctico presente en sus obras).

De modo semejante a sus compañeros de ideas en Francia e Inglaterra, los liberales alemanes reclamaban la participación de la burguesía en el gobierno. Esto suponía la desaparición del absolutismo, así como una transferencia de poder político desde la monarquía y los señores feudales hacia la burguesía de las regiones occidentales y las ciudades comerciales. Sin embargo, los liberales estaban lejos de reclamar la abolición de la monarquía. Se contentaban, en cambio, con la instauración de una monarquía constitucional, que simbolizara un nuevo equilibrio de las fuerzas sociales. Su radicalismo estaba moderado por el recuerdo de la República Jacobina de 1793-1794, la cual era vista por la burguesía como un sinónimo de desorden y de anarquía.

La muerte del monarca prusiano Federico Guillermo III (1840) y la llegada al trono de Federico Guillermo IV potenció las expectativas reformistas de la burguesía. El nuevo rey pareció favorecer inicialmente las aspiraciones liberales. A este respecto resulta significativo que algunos Jóvenes Hegeliano hayan saludado con entusiasmo el advenimiento del nuevo soberano. En este marco, Marx comenzó su carrera como periodista en la RHEINISCHE ZEITUNG (1842).

La primavera reformista duró poco. Federico Guillermo IV ratificó el carácter absolutista de la monarquía prusiana. La censura a la prensa se endureció, los periódicos liberales debieron optar entre claudicar o cesar de publicarse, los profesores de tendencias liberales fueron expulsados de la Universidad. En la práctica, los liberales no consiguieron imponer ninguno de sus reclamos. De hecho, hasta el estallido de la Revolución de 1848, la burguesía alemana siguió enriqueciéndose en términos económicos, pero dejó de lado la lucha por el control del poder político.

En la nota siguiente abordaremos el papel jugado por el ascenso de las luchas obreras en la evolución política de Marx.

Buenos Aires, domingo 29 de agosto de 2010

1 comentario:

Lic. José A. Gómez Di Vincenzo dijo...

Como bien sostiene aquí nuestro buen Mayo, la ruptura con el hegelianismo estuvo signada por la necesidad práctica y no por una cuestión puramente especulativa. Esto hay que tenerlo presente dado que del mismo modo y por la misma necesidad práctica ligada a la transformación de lo social Marx retomará permanentemente la obra de su querido Hegel y la tendrá presente ya sea como referente teórico del cual extraer cuestiones claves para avanzar en la transformación de lo social ya sea para criticar al maestro. Es para mí fundamental tener presente estas idas y vueltas a Hegel, este permanente acercamiento y distanciamiento que Marx realiza a lo largo de su trabajo para no caer en el idealismo en el que suelen perderse aquellos que ven en Marx un mero enterrador de Hegel.