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viernes, 5 de abril de 2019

FOUCAULT Y EL SURGIMIENTO DE LA SOCIEDAD DISCIPLINARIA: NOTAS SOBRE VIGILAR Y CASTIGAR



A modo de introducción
El presente trabajo consiste en una ficha de lectura (con notas y comentarios) sobre Vigilar y castigar (1975), de Michel Foucault (1926-1984). La obra, cuya edición original data de 1975 (París, Gallimard), consta de cuatro libros: Suplicio, Castigo, Disciplina, Prisión. El segundo libro está constituido por tres secciones: I) Los cuerpos dóciles; II) Los medios del buen encauzamiento; III) El panoptismo.
La presente ficha de lectura está dedicada a la tercera sección del segundo libro. Dicha sección ocupa un lugar fundamental en la obra, porque Foucault desarrolla en ella los lineamientos fundamentales de su concepción del poder en la sociedad capitalista. El análisis del panoptismo le sirve para describir el pasaje del poder soberano (centrado en la figura del rey y propio del feudalismo) al poder disciplinario (cuyo objetivo es la obtener de los cuerpos el mayor rendimiento posible).
Como es sabido, el estudio de la transición del feudalismo al capitalismo ocupó un lugar central tanto en las ciencias sociales como en el marxismo. Foucault aborda la cuestión concentrándose en el surgimiento de la sociedad disciplinaria. A pesar de las diferencias en los intereses teóricos-políticos y en el lenguaje, Foucault se acerca aquí al marxismo. En la última parte de esta ficha me referiré someramente este acercamiento. Por el momento, corresponde decir que Foucault concibe a la disciplina no como una institución o un aparato, sino como el “procedimiento técnico unitario por el cual la fuerza del cuerpo está, con el menor gasto, reducida como fuerza «política», y maximizada como fuerza útil.” (p. 224).
La conformación de una sociedad disciplinaria requería concebir al individuo como una fuente de riqueza. Economistas como Adam Smith (1723-1790) comprendieron la naturaleza del proceso al sostener que la riqueza tenía origen en el trabajo de las personas y no en las cosas en sí. La nueva sociedad estaba basada en el proceso de trabajo capitalista, entendido como la producción de riqueza a partir de la explotación de la fuerza de trabajo. De ahí la centralidad de disciplinar a los individuos (utilizo aquí la palabra “disciplinar” en el sentido que Foucault da a la noción de “disciplina”).
Trabajé con la traducción española de Aurelio Garzón del Camino: Foucault, M. (2006). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.
Abreviaturas utilizadas:
PD = Poder disciplinario; SD = Sociedad disciplinaria; VyC = Vigilar y Castigar.


El “gran encierro: la peste y la puesta en práctica del poder de la disciplina
Foucault explica los mecanismos disciplinarios a partir de la descripción del conjunto de medidas que adoptaba la ciudad para hacer frente a la peste. [1]
Los mecanismos son tres: a) una estricta división especial, que recorta el espacio de la ciudad y pega a cada uno en su puesto. Si alguien se mueve de ese lugar, es ejecutado; b) la inspección continua, llevada a cabo por un cuerpo de milicia que controla cada una de las casas de la ciudad; c) la vigilancia se apoya en un sistema de registro (escrito) permanente.
Foucault describe así el modelo:
“Este espacio cerrado, recortado, vigilado, en todos sus puntos, en el que los individuos están insertos en un lugar fijo, en el que los menores movimientos se hallan controlados, en el que todos los acontecimientos están registrados, en el que un trabajo ininterrumpido de escritura une el centro y la periferia, en el que el poder se ejerce por entero de acuerdo con una figura jerárquica continua, en el que cada individuo está constantemente localizado, examinado y distribuido entre los vivos, los enfermos y los muertos – todo esto constituye un modelo compacto del dispositivo disciplinario.” (p. 201).
La peste es el desorden en la ciudad; la disciplina la enfrenta imponiendo el orden mediante el análisis y la vigilancia continua. La peste mezcla; la disciplina separa a los sanos de los infectados.
Las medidas disciplinarias adoptadas para enfrentar la peste representan un salto cualitativo respecto al “gran encierro” practicado frente a la lepra. Foucault compara ambas políticas: la lepra suscitó la división masiva y binaria entre unos (los sanos) y otros (los enfermos); la peste, en cambio, promovió “esquemas disciplinarios”: “apela a separaciones múltiples, a distribuciones individualizantes a una organización en profundidad de las vigilancias y de los controles, a una intensificación y a una ramificación del poder.” (p. 202).
La lepra y la peste son enfrentadas con políticas que conciben de manera diferente a la sociedad. La lepra representa el ideal de la comunidad pura, que excluye a los “impuros”. La peste es el ejemplo del “buen encauzamiento de la conducta”. (p. 202).
Foucault concluye la comparación señalando que las técnicas para hacer frente a la lepra y la peste no eran incompatibles; el siglo XIX las aproximó, aplicando “al espacio de exclusión cuyo habitante simbólico era el leproso (y los mendigos, los vagabundos, los locos, los violentos, formaban su población real) la técnica de poder propia del reticulado disciplinario.” (p. 202).
El asilo psiquiátrico, la penitenciaría, el correccional, el establecimiento de educación vigilada, los hospitales, en definitiva, todas las instancias de control individual, “funcionan de doble modo: el de la división binaria y la marcación (loco-no loco; peligroso-inofensivo; normal-anormal); y el de la asignación coercitiva, de la distribución diferencial (quién es; dónde debe estar; por qué caracterizarlo, cómo reconocerlo; cómo ejercer sobre él, de manera individual, una vigilancia constante, etc.).” (p. 203).
Ahora bien, la peste es un modelo experimental, en el sentido de que sólo se aplica en situaciones excepcionales; es una especie de laboratorio en el que se ponen en práctica los esquemas disciplinarios. Puede decirse que fue la primera etapa del programa disciplinario. La etapa siguiente consistió en la extensión de la excepción (la peste) a lo cotidiano. El Panóptico cumplió esa función. 


El Panóptico de Bentham [2]
Jeremy Bentham (1748-1832), el filósofo inglés creador del utilitarismo, ideó el modelo del Panóptico con el objetivo de reemplazar al viejo modelo de prisión imperante a finales del siglo XVIII. Foucault sostiene que el Panóptico no se limita al caso específico de la prisión; “por el contrario, debe ser comprendido como un modelo generalizable de funcionamiento; una manera de definir las relaciones de poder con la vida cotidiana de los seres humanos.” (p. 208). En otras palabras, “es de hecho una figura de tecnología política que se puede y que se debe desprender de todo uso específico.” (209).
Foucault concibe al panóptico como el modelo de las nuevas tecnologías disciplinarias. Es una herramienta para “perfeccionar el ejercicio del poder”. El Panóptico contribuye a ese perfeccionamiento de varias maneras: a) reduce el número de los que ejercen el poder, a la vez que multiplica el número de aquellos sobre quienes se ejerce; b) permite intervenir a cada instante, anticipándose a los acontecimientos; c) su fuerza “estriba en no intervenir jamás, en ejercerse espontáneamente y sin ruido, en constituir un mecanismo cuyos efectos se encadenan los unos a los otros” (p. 209); d) por medio de la arquitectura y la geometría, actúa directamente sobre los individuos.
¿Cómo logra el Panóptico esa perfección del poder? Invirtiendo el principio del calabozo. Mientras las funciones de éste son encerrar, privar de luz y ocultar, el Panóptico se limita a encerrar, suprimiendo las otras dos: “La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra. La visibilidad es una trampa.” (p. 204). De este modo, un vigilante situado en la torre central, rodeada por el anillo donde se ubican las celdas de los prisioneros, puede vigilar a una multitud de personas. Los presos se saben vigilados; el guardián nunca es visto. La vigilancia (el poder) se convierte en una presencia omnipresente.
La estructura del Panóptica tiene consecuencias importantes sobre el Poder:
“El Panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico, se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central, se ve todo, sin ser jamás visto. Dispositivo importante, ya que automatiza y desindividualiza el poder. Éste tiene su principio menos en una persona que en cierta distribución concertada de los cuerpos, de las superficies, de las miradas; en un equipo cuyos mecanismos internos producen la relación en la cual están insertos los individuos.” (p. 205).
La contribución del Panóptico al arte de la política consiste, en palabras de Foucault en:
“En suma, hace de modo que el ejercicio del poder no se agregue del exterior, como una coacción rígida o como un peso, sobre las funciones en las que influye, sino que esté en ellas lo bastante sutilmente presente para aumentar su eficacia aumentando él mismo sus propias presas. El dispositivo panóptico (…) es una manera de hacer funcionar unas relaciones de poder en una función, y una función por esas relaciones de poder.” (p. 210)
El Panóptico es un amplificador del poder, una manera de hacerlo llegar a todos los rincones de la sociedad. ¿Para qué? En este punto es imprescindible conectar la institución del Panóptico con el desarrollo del capitalismo. Cabe recordar que la organización capitalista de la sociedad requiere una expansión constante de las fuerzas productivas [3] y que esa expansión está atada al aumento de la explotación de la fuerza de trabajo por medio de la apropiación de plusvalor absoluto y relativo por los capitalistas. [4] Como en el capitalismo los trabajadores son libres en términos jurídicos, esa explotación tiene que realizarse sin recurrir (salvo en casos de rebelión de los trabajadores) a la violencia física. Marx sostiene que, una vez desarrollado, el capitalismo ejerce la dominación de manera automática, por medio de la coerción económica. [5] Esa dominación, sin embargo, no es tan automática. Requiere de la puesta en práctica de una serie de mecanismos que garanticen que el sometimiento de los trabajadores se reproduzca constantemente. En este punto intervienen las instituciones panópticas:
“El Panóptico (…) tiene un poder de amplificación; si acondiciona el poder, si quiere hacerlo más económico y más eficaz, no es por el poder en sí, ni por la salvación inmediata de una sociedad amenazada: se trata  de volver más fuertes las fuerzas sociales – aumentar la producción, desarrollar la economía, difundir la instrucción, elevar el nivel de la moral pública; hacer crecer y multiplicar.” (p. 211).
Amplificación de la capacidad productiva de cada individuo a partir de una vigilancia continua, de un control llevado a todos los lugares de la sociedad.
“¿Qué intensificador de poder podrá ser a la vez un multiplicador de producción? ¿Cómo al aumentar sus fuerzas, podrá el poder acrecentar las de la sociedad en lugar de confiscarlas o de frenarlas? [6] La solución del Panóptico a este problema es que el aumento productivo del poder no puede ser garantizado más que si de una parte tiene la posibilidad de ejercerse de manera continua en los basamentos de la sociedad, hasta su partícula más fina, y si, por otra parte, funciona al margen de esas formas repentinas, violentas, discontinuas, que están vinculadas al ejercicio de la soberanía.” (p. 211).
La vigilancia continua (aunque ésta no se haga efectiva en la práctica, porque hay momentos en que el vigilante puede dormitar o distraerse) reduce al mínimo la necesidad de la coerción por medio de la violencia física.
“El que está sometido a un campo de visibilidad, y que lo sabe, reproduce por su cuenta las coacciones del poder; las hace jugar espontáneamente sobre el mismo; inscribe en sí mismo la relación de poder en la cual juega simultáneamente los dos papeles; se convierte en el principio de su propio sometimiento. Por ello, el poder externo puede aligerar su peso físico; tiende a lo incorpóreo; y cuanto más se acerca a este límite, más constantes, profundos, adquiridos de una vez para siempre e incesantemente prolongados serán sus efectos: perpetua victoria que evita todo enfrentamiento físico y que siempre se juega de antemano.” (p. 206; el resaltado es mío – AM-).
En este punto corresponde hacer una comparación con la concepción marxiana de la dominación. Paradójicamente, Marx avanza más que Foucault en el terreno de la impersonalidad del poder o, para ser más exactos, fundamenta mejor las causas del desarrollo de esa impersonalidad y las ubica en el terreno de la (larga) transición del feudalismo al capitalismo. El capitalismo es una forma de organización social basada en la propiedad privada de los medios de producción, que pertenecen a la clase capitalista; los asalariados, expropiados de esos medios, sólo poseen su fuerza de trabajo. Como en el capitalismo los medios de subsistencia (la comida, la bebida, la ropa, la vivienda, etc.) son mercancías, pueden ser adquiridos únicamente mediante la compra con dinero contante y sonante (omito la cuestión de las tarjetas de crédito, vales, etc., pues carece de relevancia para el argumento). Esto obliga a los trabajadores a vender su fuerza de trabajo en el mercado, convirtiéndose en asalariados. Marx denomina coerción económica a este fenómeno; a su acción hay que sumarle el hecho de que los trabajadores son libres en términos jurídicos y que, por lo tanto, pueden adquirir legalmente bienes y enriquecerse. A diferencia de otras formas de organización social, el capitalismo permite el ascenso social sin importar las características personales (género, raza, religión, etc.) del individuo en cuestión (digo individuo porque la clase trabajadora en su conjunto no puede enriquecerse y convertirse en clase capitalista pues, ¿quién sería explotado entonces?).
La coerción económica está en la base de los dispositivos disciplinarios que estudia Foucault. La coerción económica permite comprender la impersonalidad de las relaciones de dominación. En el célebre apartado cuarto del primer capítulo del Libro I de El capital (1867), dedicado al fetichismo de la mercancía, Marx desarrolla la cosificación de las relaciones sociales bajo el capitalismo; en pocas palabras, parece que las cosas gobernaran a las personas: máximo nivel de impersonalidad. [7] Todo esto es dejado de lado por Foucault, que hace depender el carácter impersonal del poder de la puesta en práctica de los mecanismos disciplinarios.
Retomando el análisis del Panóptico, hay que señalar que Foucault considera que este mecanismo sirve también para construir un saber de los seres humanos, dada que pone bajo constante observación a las personas. En este sentido, funciona como “una especie de laboratorio de poder”. En este laboratorio encuentran su origen las disciplinas sociales modernas.


Transformaciones del programa disciplinario
Si el tratamiento de la peste representó un salto cualitativo respecto al “gran encierro”, la implementación de dispositivos panópticos marcó otro salto hacia adelante. Mientras que la peste fue enfrentada con medidas de excepción que eran dejadas de lado no bien desaparecía la causa que las había ocasionado, los dispositivos panópticos vinieron para quedarse.
El poder soberano, cuya encarnación era el rey y que correspondía a la sociedad feudal, es desplazado por el PD, cuyo mecanismo modelo es el Panóptico y que se corresponde con el surgimiento del capitalismo. Es un poder que se ejerce en todos los niveles de la sociedad y que tiene como uno de sus objetivos primordiales la multiplicación de la capacidad productiva de los cuerpos de los trabajadores. Los dispositivos panópticos y disciplinarios, los primeros dedicados a vigilar a los individuos, los segundos a encauzarlos por la “buena senda” del trabajo capitalista, se entrelazan y producen una nueva “anatomía política”, cuyo “objeto y fin no son la relación de soberanía sino las relaciones de fuerza.” (p. 212).
Foucault remarca que el Panóptico es mucho más que un proyecto específico elaborado por Bentham. Es una nueva manera de concebir el poder, propio de esa nueva forma de organización social que es el capitalismo.
“Con estas disciplinas que la época clásica elaborara en lugares precisos y relativamente cerrados – cuarteles, colegios, grandes talleres – y cuyo empleo global no se había imaginado sino a la escala limitada y provisional de una ciudad en estado de peste, Bentham sueña hacer un sistema de dispositivos siempre y por doquier alerta, que recorrieran la ciudad sin laguna ni interrupción. La disposición panóptica da la fórmula de esta generalización. Programa, al nivel de un mecanismo elemental y fácilmente transferible, el funcionamiento de base de la sociedad toda ella atravesada y penetrada por mecanismos disciplinarios.” (p. 212).
La lectura de VyC en 2019 agrega un matiz a lo anterior. Vistas las cosas desde el punto de los recursos técnicos, hoy en día es factible implementar un control total de la población por medio de dispositivos informáticos y concretar esa utopía del poder: la vigilancia permanente sobre todos los individuos. El Panóptico requería de dispositivos de una materialidad dura, consistentes en los muros y las torres. En la actualidad, la vigilancia puede realizarse con dispositivos mucho más inmateriales que los del siglo XIX. Sin embargo, es el propio desarrollo del capitalismo (no las necesidades de un Poder “abstracto”), el despliegue de su lógica interna, el que promueve ese reforzamiento constante de la vigilancia.


Procesos históricos que confluyen en la formación de la sociedad disciplinaria
Foucault sintetiza lo expuesto afirmando que entre los siglos XVII y XVIII se formó la SD. Este período formativo se caracterizó por el pasaje de la disciplina-bloqueo, cuyo ejemplo paradigmático es el conjunto de medidas para enfrentar la peste, a la disciplina-mecanismo, cuyo emblema es el Panóptico; todo esto, en el marco de una extensión y multiplicación de las instituciones de disciplina (hospitales, cuarteles, escuelas, talleres).
Este incremento de las instituciones disciplinarias es parte de procesos sociales más profundos. Los tres procesos más importantes son:
1)      La inversión funcional de las disciplinas: en sus orígenes, las disciplinas tenían por objetivo neutralizar los peligros de las multitudes, de las concentraciones numerosas; con el advenimiento del capitalismo se pide de las disciplinas el desempeño de un papel positivo, “haciendo que aumente la utilidad posible de los individuos.” (p. 213). Este aumento de la utilidad, cuya finalidad es siempre económica, es la clave para comprender la extensión de las instituciones disciplinarias.
Foucault ejemplifica lo expuesto en el párrafo anterior con el caso del taller: “La disciplina del taller, sin dejar de ser una manera de hacer respetar los reglamentos y las autoridades, de impedir los robos o la disipación, tiende a que aumenten las aptitudes, las velocidades, los rendimientos, y por ende las ganancias; moraliza siempre las conductas pero cada vez más finaliza los comportamientos y hace que entren los cuerpos en una maquinaria y las fuerzas en una economía.” (p. 213). Nada de esto tiene sentido si no se inserta en el contexto de la explotación capitalista y el “hambre” de plusvalor que “padece” incesantemente el empresario. Extraer la mayor utilidad posible de cada individuo, aumentar la explotación (consistente en la producción de plusvalor y su apropiación por el capitalista): he aquí las claves para entender el desarrollo de la SD.
Las disciplinas funcionan cada vez más como unas técnicas que fabrican individuos útiles. De ahí el hecho de que se liberen de su posición marginal en los confines de la sociedad, y que se separen de las formas de la exclusión o de la expiación, del encierro o del retiro. (…) De ahí también que tiendan a implantarse en los sectores más importantes, más centrales, más productivos de la sociedad; que vengan a conectarse sobre algunas de las grandes funciones esenciales: la producción manufacturera, la transmisión de conocimientos, la difusión de aptitudes y de tacto, el aparato de guerra. De ahí, en fin, la doble tendencia que vemos desarrollarse a lo largo del siglo XVIII a multiplicar el número de las instituciones de disciplina y a disciplinar los aparatos existentes.” (p. 214; el resaltado es mío – AM-).
En pocas palabras, la expansión de la SD va de la mano con el desarrollo del capitalismo. Todas las relaciones sociales deben ser “disciplinadas” en función de la producción de plusvalor.
2)      La enjambrazón de los mecanismos disciplinarios: las instituciones disciplinarias dejan de ser instituciones cerradas sobre sí mismas y pasan a desarrollar un enjambre de controles hacia el exterior. Dicho de otro modo, los procedimientos disciplinarios desarrollados en su interior se transfieren a otros ámbitos de la sociedad. Por ejemplo, los hospitales pasan a ser puntos de apoyo para la vigilancia médica de la población externa. También aparecen focos de control diseminados en toda la sociedad (casos de los grupos religiosos, las asociaciones de beneficencia, etc.).

3)     La nacionalización de los mecanismos de disciplina: La SD pasó a requerir, una vez alcanzado cierto nivel de desarrollo, la creación de una institución capaz de apropiarse de “instrumentos de una vigilancia permanente, exhaustiva, omnipresente, capaz de hacerlo todo visible, pero a condición de volverse ella misma invisible.” (p. 217). Esta institución es la policía.
El poder policíaco constituye una pieza fundamental de la SD: “es un aparato que debe ser coextensivo al cuerpo social entero y no sólo por los límites extremos que alcanza, sin por la minucia de los detalles de que se ocupa.” (p. 216). A diferencia de otros organismos estatales, la policía se ocupa de lo elemental, de lo pasajero, del rumor. Registra, “a diferencia de los métodos de la escritura judicial o administrativa, (…) [las] conductas, actitudes, virtualidades, sospechas – una toma en cuenta permanente del comportamiento de los individuos.” (p. 217).
La generalización del aparato policiaco en el siglo XVIII marca el triunfo de la SD, la consolidación de ésta. La policía tiene una función primordialmente disciplinaria, además de sus funciones de control de las revueltas y auxiliar de la justicia en la persecución de los criminales. Esta función disciplinaria es “compleja, ya que une el poder absoluto del monarca a las más pequeñas instancias de poder diseminadas en la sociedad; ya que, entre estas diferentes instituciones cerradas de disciplina (talleres, ejércitos, escuelas), extiende una red intermedia, que actúa allí donde aquéllas no pueden intervenir, disciplinando los espacios no disciplinarios; pero que cubre, une entre ellos, garantiza con su fuerza armada: disciplina intersticial y metadisciplina.” (p. 218).


La sociedad disciplinaria:
El proceso descripto en los apartados anteriores es el de la formación de la SD. Consiste “en el movimiento que va de las disciplinas cerradas, especie de «cuarentena» social, hasta el mecanismo indefinidamente generalizable del «panoptismo». “ (p. 219).
Foucault utiliza las reflexiones de Nikolaus Heinrich Julius (1783-1862), médico alemán que promovió las reformas de las cárceles. Julius sostuvo que la Antigüedad había sido una sociedad del espectáculo pues en ella se procuraba hacer accesible a una multitud de personas un número pequeño de objetos. Por ejemplo, el rey estaba expuesto a la visibilidad de las multitudes. En cambio, la Modernidad se proponía resolver el problema inverso: lograr que un pequeño número de individuos pudiera observa instantáneamente a una gran multitud. La solución al problema era el Panóptico. De este modo, la transición del feudalismo al capitalismo podía concebirse como el pasaje de la sociedad del espectáculo a la sociedad de la vigilancia.
La formación de la SD remite a cierto número de procesos sociales más amplios. Foucault indica el lugar que ocupa la SD en ese marco más amplio.
1) “De una manera global puede decirse que las disciplinas son unas técnicas para garantizar la ordenación de las multiplicidades humanas.” Ahora bien, Foucault señala que este problema se le presenta a todo “sistema de poder”. Lo específico de las disciplinas [que no es otra cosa que la solución al problema desarrollada por el capitalismo naciente] está contenido en tres criterios que guían la táctica de poder de la SD: a) hacer del ejercicio del poder lo menos costoso posible; b) hacer que los efectos de ese poder alcancen el máximo de intensidad y que se extiendan lo más lejos posible [hasta abarcar a toda la sociedad, hasta llegar a todos los rincones de la sociedad]; c) ligar crecimiento “económico” del poder y rendimiento de los aparatos en el interior de los cuales se ejerce.
 ¿A qué coyuntura pretenden dar respuesta las disciplinas?
 Por un lado, el gran impulso demográfico del siglo XVIII, que multiplicó la población flotante (el nomadismo) y produjo un cambio en la escala cuantitativa de los grupos que se trataba de controlar o manipular.  Por otro lado, el crecimiento del aparato de producción. Hay que recordar que la economía mercantil se hallaba en pleno desarrollo en el siglo de las Luces y que a finales de ese siglo se produjo en Inglaterra la primera Revolución Industrial. Frente a estos cambios, las instituciones propias del feudalismo o del absolutismo resultaban inadecuadas; se lo impedía “la extensión llena de lagunas y sin regularidad de su red, su funcionamiento a menudo conflictual, y sobre todo el carácter «dispendioso» del poder que se ejercía.” (p. 221).
 La extensión de las disciplinas fue la solución a los problemas planteados por el crecimiento de la población y del aparato productivo. Mientras que el poder soberano “procedía esencialmente por extracción (extracción de dinero o de productos por tributación monárquica, señorial y eclesiástica; toma de hombres o de tiempo por las prestaciones personales o los alistamientos, el encierro de los vagabundos o su destierro)” (p. 222), el poder disciplinario utiliza el principio “suavidad-producción-provecho”. Se disciplina a los seres humanos para vencer su resistencia al poder (que era ya un poder cada vez más capitalista) y para hacerlos más productivos, sin necesidad de emplear la violencia. Marx, con otro lenguaje, describe la transición del feudalismo al capitalismo como el pasaje de la coerción extraeconómica (violencia física) a la coerción económica. Foucault se acerca aquí mucho a la concepción marxista de la transición del feudalismo al capitalismo y la mejora en los detalles, al examinar los dispositivos específicos que permiten disciplinar a las personas, algo que se encuentra ausente en la obra de Marx.
Foucault es muy claro:
“Si el despegue económico de Occidente ha comenzado con los procedimientos que permitieron la acumulación del capital, puede decirse, quizá, que los métodos para dirigir la acumulación de los hombres han permitido un despegue político respecto de las formas de poder tradicionales, rituales, costosas, violentas, y que, caídas pronto en desuso, han sido sustituidas por toda una tecnología fina y calculada del sometimiento. De hecho los dos procesos, acumulación de los hombres y acumulación del capital, no pueden ser separados; no habría sido posible resolver el problema de la acumulación de los hombres sin el crecimiento de un aparato de producción capaz a la vez de mantenerlos y de utilizarlos; inversamente, las técnicas que hacen útil la multiplicidad acumulativa de los hombres aceleran el movimiento de acumulación de capital. A un nivel menos general, las mutaciones tecnológicas del aparato de producción, la división del trabajo y la elaboración de los procedimientos disciplinarios han mantenido un conjunto de relaciones muy estrechas. Cada uno de los dos ha hecho al otro posible, y necesario; cada uno de los dos ha servido de modelo al otro.” (p. 223-224; el resaltado es mío – AM-).
2)      En los siglos XVII y XVIII la burguesía, la clase constituida por los propietarios de los medios de producción, conquistó al poder político [el proceso conocido como Revoluciones Burguesas]. Para consolidar esa dominación, se procedió a “la instalación de un marco jurídico explícito, codificado, formalmente igualitario, y [a la] organización de un régimen de tipo parlamentario y representativo.” (p. 224). Este proceso es bien conocido. Sin embargo, la consolidación de la dominación burguesa tuvo otra vertiente, que permaneció oculta:
“Bajo la forma jurídica general que garantizaba un sistema de derechos en principio igualitarios había, subyacentes, esos mecanismos menudos, cotidianos y físicos, todos esos sistemas de micropoder esencialmente inigualitarios y disimétricos que constituyen las disciplinas. Y si, de una manera formal, el régimen representativo permite que directa o indirectamente, con o sin enlaces, la voluntad de todos forme la instancia fundamental de la soberanía, las disciplinas dan, en la base, garantía de la sumisión de las fuerzas y de los cuerpos. Las disciplinas reales y corporales han constituido el subsuelo de las libertades formales y jurídicas. El contrato podía bien ser imaginados como fundamento ideal del derecho y del poder político; el panoptismo constituía el procedimiento técnico, universalmente difundido, de la coerción. (…) Las Luces que han descubierto las libertades, inventaron también las disciplinas.” (p. 225; el resaltado es mío – AM-).
Al lado del derecho burgués, cuyo eje es la noción de igualdad jurídica, existe un “contraderecho”, conformado por la malla de disciplinas que envuelve a toda la sociedad y que llega, por intermedio del poder policíaco, a cada rincón de la misma. Los mecanismos e instituciones disciplinarias “desempeñan el papel preciso de introducir unas disimetrías insuperables y de excluir reciprocidades.” (p. 225).
¿En qué consiste y cómo funciona este contraderecho?
Crean entre los individuos un vínculo “privado”, “que es una relación de coacciones enteramente diferentes de la obligación contractual; la aceptación de una disciplina puede ser suscrita por vía de contrato; la manera en que está impuesta, los mecanismos que pone en juego, la subordinación no reversible de los unos respecto de los otros, el «exceso de poder» que está siempre fijado del mismo lado, la desigualdad de posición de los diferentes miembros respecto del reglamento común oponen el vínculo disciplinario y el vínculo contractual, y permitir falsear sistemáticamente éste a partir del momento en que tiene por contenido un mecanismo de disciplina.” (p. 225).
El derecho burgués califica a los sujetos de derecho según normas universales, “las disciplinas caracterizan, clasifican, especializan.” (p. 225).
En conexión inseparable con el derecho burgués, el contraderecho de las disciplinas garantiza el funcionamiento del capitalismo. “Si el juridicismo universal  de la sociedad moderna parece fijar los límites al ejercicio de los poderes, su panoptismo difundido por doquier hace funcionar, a contrapelo del derecho, una maquinaria inmensa y minúscula, a la vez que sostiene, refuerza, multiplica, la disimetría de los poderes y vuelve vanos los límites que le han trazado. (…) [Las disciplinas] Han sido en la genealogía de la sociedad moderna, con la dominación de clase que la atraviesa, la contrapartida política de las normas jurídicas según las cuales se redistribuía el poder.” (p. 226; el resaltado es mío – AM-).
Foucault ubica la prisión “en el punto en que se realiza la torsión del poder codificado de castigar, en un poder disciplinario de vigilar; en el punto en el que los castigos universales de las leyes vienen a aplicarse selectivamente a ciertos individuos y siempre a los mismos; hasta el punto en que la recalificación del sujeto de derecho por la pena se vuelve educación útil del criminal (…) Lo que generaliza entonces el poder de castigar no es la conciencia universal de la ley en cada uno de los sujetos de derecho, es la extensión regular, es la trama infinitamente tupida de los procedimientos panópticos.” (p. 226).
3)    El desarrollo de las disciplinas generó una novedad en el siglo XVIII: comenzó a darse un proceso circular: “formación de saber y aumento de poder se refuerzan regularmente” (p. 227). En las disciplinas, “todo mecanismo de objetivación puede valer como instrumento de sometimiento, y todo aumento de poder da lugar a unos conocimientos posibles; a partir de este vínculo, propio de los sistemas tecnológicos, es como han podido formarse en el elemento disciplinario la medicina clínica, la psicología del niño, la psicopedagogía, la racionalización del trabajo. Doble proceso, por lo tanto: desbloqueo epistemológico a partir de un afinamiento de las relaciones de poder; multiplicación de los efectos de poder gracias a la formación y a la acumulación de conocimientos nuevos.” (p. 227).
El capitalismo del siglo XVIII requirió y desarrolló diversas tecnologías: agronómicas, industriales, económicas. Foucault hace notar que el Panóptico y los desarrollos disciplinarios fueron poco celebrados, al lado de los logros de la Revolución Industrial. ¿La explicación? “El poder que utiliza y que permite aumentar es un poder directo y físico que los seres humanos ejercen los unos sobre los otros. Para un punto de llegada sin gloria, es un origen difícil de confesar.” (p. 227). 
Foucault termina la sección planteando la relación entre las técnicas disciplinarias y el surgimiento de las Ciencias Sociales: “lo que esa investigación político-jurídica, administrativa y criminal fue para las ciencias de la naturaleza, el análisis disciplinario lo ha sudo para las ciencias del hombre.” (p. 228).


Foucault y el marxismo
Foucault omite algunos puntos importantes en la sección dedicada al Panóptico. Estas omisiones son significativas al momento de abordar, aunque sea de un modo preliminar, la cuestión de las relaciones entre su teoría y la de Marx.
Marx señaló que en el modo de producción capitalista las relaciones sociales (y, por ende, las relaciones de dominación) se vuelven impersonales. En otras palabras, desaparecen o tienden a desaparecer las relaciones de dependencia personal (por ejemplo, la servidumbre feudal). Esta impersonalidad de las relaciones de dominación no es equivalente a la existencia de un poder abstracto, en el sentido de que éste no tiene un centro o un sujeto que lo ejerza. Foucault salta la problemática de las clases sociales, y pasa inmediatamente a la de los cuerpos. A diferencia de los liberales, que plantean el enfrentamiento Individuos vs. Estado, Foucault pone en primer lugar la contienda Cuerpos vs. Poder.
Cuando Foucault afirma que “el poder (…) tiene su principio menos en una persona que en cierta distribución concertada de los cuerpos. (…) Hay una maquinaria que garantiza la asimetría, el desequilibrio, la diferencia. Poco importa, por consiguiente, quién ejerce el poder.” (p. 205), está haciendo una afirmación correcta en términos de individuos (por ejemplo, no es preciso tener un título de nobleza o pertenecer a determinada religión, raza o género para acceder al gobierno). Pero se trata de una aseveración errónea en términos de clase. Dicho de otro modo, en el modo de producción capitalista el poder no puede ser ejercido por la clase trabajadora.

Villa del Parque, viernes 5 de abril de 2019


NOTAS:
[1] Utiliza un reglamento de fines del siglo XVIII para describir estas medidas. El reglamento se encuentra en los Archives militaires de Vincennes, A 1 516 91 sc. Documento. (p. 199).
[2] Foucault se basa en tres trabajos de Bentham, Panopticon, Postcript to the Panopticon (1791), Panopticon versus New South Wales. Todos ellos están incluidos en Bentham, Works, ed. Bowring, v. IV. (Esta edición consta de 11 volúmenes, publicados en Edimburgo entre 1838-1843. El volumen 4 agrupa los textos sobre el Panóptico, las colonias, la codificación y la constitución.).
[3] “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. (…) Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, un movimiento y una inseguridad constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores.” (Marx, K. y Engels, F., Manifiesto del partido comunista, Buenos Aires, Anteo, pp. 38-39).
[4] “La plusvalía absoluta consiste en aumentar la jornada de trabajo ya sea alargándola o intensificándola. La plusvalía relativa procede por alterar las proporciones relativas de las dos partes de la jornada, reduciendo el tamaño del tiempo necesario, es decir, rebajando el valor de la fuerza de trabajo.” (Sartelli, E., La cajita infeliz: Un viaje a través del capitalismo, Buenos Aires, RyR, 2005, p. 170).
[5] “En el transcurso de la producción capitalista se desarrolla una clase trabajadora que, por educación, tradición y hábito reconoce las exigencias de ese modo de producción como leyes naturales, evidentes por sí mismas. La organización del proceso capitalista de producción desarrollado quebranta toda resistencia; la generación constante de una sobrepoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo, y por tanto el salario, dentro de carriles que convienen a las necesidades de valorización del capital; la coerción sorda de las relaciones económicas pone su sello a la dominación capitalista sobre el obrero. Sigue usándose, siempre, la violencia directa, extraeconómica, pero sólo excepcionalmente. Para el curso usual de las cosas es posible confiar al obrero a las leyes naturales de la producción, esto es, a la dependencia en que el mismo se encuentra con respecto al capital, dependencia surgida de las condiciones de producción mismas y garantiza y perpetuada por éstas.” (Marx, K., El capital: Libro primero, México D. F., Siglo XXI, 1998, tomo 3, p. 922).
[6] Es una variante del problema que tanto preocupó a Auguste Comte (1798-1857), la conciliación entre orden y progreso. “La anarquía social y moral es el resultado de la anarquía intelectual (…). El orden y el progreso, que los antiguos consideraban irreconciliables, deben unirse de una vez por todas. Para Comte, la gran desgracia de su época era que se consideraban contradictorios los dos principios y que estuvieran representados por partidos opuestos.” (Zeitlin, I., Ideología y teoría sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 1997, p. 86).
[7] “Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los seres humanos el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores.” (Marx, K., El capital: Libro primero, México D. F., Siglo XXI, 1998, p. 88).

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