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domingo, 25 de diciembre de 2016

LA TESIS DE LA "MISIÓN HISTÓRICA" DE LA CLASE OBRERA: UNA CRÍTICA (II)

Como indiqué en el artículo anterior, el reconocimiento de que la economía constituye el tema fundamental del capitalismo abrió un nuevo camino para Marx. Aquí y allá aparecen disonancias en la melodía filosófica de la “Introducción a la Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1844). (1) Las mismas se encuentran sobre todo en el análisis de las causas del atraso alemán respecto a Inglaterra y Francia.


No me interesa examinar en este lugar el argumento de Marx sobre las causas del mencionado atraso. Importa, eso sí, analizar las consecuencias del mismo para la concepción marxista de la clase obrera, pues se trata del contexto en el que fue elaborada la tesis de la “misión histórica” del proletariado. Pero antes de poder desarrollar esa cuestión es preciso primero efectuar un rodeo filosófico. De este modo podremos contextualizar el proceso de elaboración de la tesis mentada.,


Marx comienza con la constatación de la impotencia política del liberalismo alemán, a través de un examen de los defectos de los Jóvenes Hegelianos (JH a partir de aquí):


“El partido [Marx denomina “partido político teórico” a los JH ] sólo veía en la lucha actual la lucha crítica de la filosofía por el mundo alemán, sin pararse a considerar que la anterior filosofía pertenecía ella misma a este mundo y era su complemento, así fuera su complemento ideal. Mostraba una actitud crítica ante la parte contraria pero adoptaba un comportamiento acrítico hacia sí misma, ya que arrancaba de las premisas de la filosofía y, o bien se detenía en  sus resultados, o bien presentaba como los postulados y resultados directos de la filosofía los resultados y postulados traídos de otra parte, a pesar de que éstos (...) sólo pueden mantenerse en pie, por el contrario, mediante la negación de toda la filosofía anterior, de la filosofía como filosofía (...) Su defecto fundamental podría resumirse: creía poder realizar la filosofía sin superarla.” (p. 101-102).


Los JH se equivocan porque siguen formando parte del orden económico-político que pretendían combatir. La filosofía hegeliana era su horizonte teórico, y la filosofía de Hegel jamás traspuso los límites del capitalismo. Como señaló Marx en otro texto, los JH se limitaron a criticar tal o cual aspecto (parcial) del sistema hegeliano, pero nunca ejecutaron los supuestos de éste. (2) Los JH se proponían la liberación de los seres humanos, pero no rebasaban los límites de la forma capitalista de liberación. Más aún, los límites de la forma conceptual de liberación capitalista, sin pasar jamás a la práctica.


En Inglaterra, la economía política era la conciencia ideológica de la burguesía; en Alemania, sin revolución burguesa, la filosofía idealista cumplía el papel de esa conciencia. La crítica de Marx a los JH es también la crítica al nivel de conciencia de la burguesía alemana. De ahí que “la abstracción y la arrogancia de su pensamiento corrían siempre parejas con la unilateralidad y la pusilanimidad de su realidad.” (p. 102).


Sin embargo, Marx no arremete en la “Introducción” contra los supuestos de la filosofía hegeliana. Reconoce los méritos de Hegel en lo que hace a la formulación de una teoría del Estado moderno:


“La crítica de la filosofía alemana del derecho y del Estado, que ha recibido con Hegel su expresión última, la más consecuente y la más rica, es ambas cosas a la vez, tanto el análisis crítico del Estado moderno y de la realidad que con él se relaciona como la resuelta negación de todo el modo anterior de la conciencia política y jurídica alemana, cuya expresión más noble, más universal, elevada a ciencia, es precisamente la misma filosofía especulativa del derecho. Si la filosofía especulativa del Derecho, este pensamiento abstracto y exuberante del Estado moderno (...) sólo podría darse en Alemania, a su vez y a la inversa la imagen alemana, conceptual, del Estado moderno, que se abstrae del hombre real o satisface al hombre total de una manera puramente imaginaria. En política los alemanes han pensado lo que los otros pueblos han hecho. Alemania era su conciencia teórica. (...) el statu quo de la ciencia alemana del Estado expresa la imperfección del Estado moderno, el deterioro de su carne misma.” (p. 102).


El hombre total mencionado en el pasaje citado no existe más que en la imaginación de los filósofos. En la realidad encontramos distintos tipos de personas, moldeadas por diferentes tipos de relaciones sociales que van mutando, a su vez, por la acción de estas personas. La NH es una construcción histórica, en el doble sentido de que es el producto de relaciones sociales cambiantes, que se modifican en el proceso histórico; y de que es una elaboración conceptual de intelectuales que desempeñan un papel históricamente determinada en una sociedad histórica.


Marx también reconoce los méritos de los JH:


“La prueba evidente del radicalismo de la teoría alemana, y por tanto de su energía práctica, es su punto de partida: la decidida superación positiva de la religión. La crítica de la religión conduce a la doctrina según la cual el hombre es la esencia suprema para el hombre y, por consiguiente, al imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en las cuales el hombre es un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable…” (p. 103).


La frase “el hombre es la esencia suprema para el hombre”  muestra otra vez la fijación de Marx en una concepción esencialista de la NH. En otras palabras, la NH es una esencia inmutable a partir de la cual puede juzgarse el proceso histórico, la sociedad, la conducta de las personas, etc. No puede hablarse del “hombre” en abstracto, sino de seres humanos que se encuentran inmersos en diversos tipos de relaciones sociales.


Las dos citas anteriores muestran que Marx continuaba inmerso en la problemática de la naturaleza humana (NH a partir de aquí). El eje de esta problemática es el supuesto de la existencia de una la naturaleza humana ahistórica e inmutable, la cual se enajena en la religión, en la filosofía, en la política. Este supuesto aparece tanto en el fragmento citado sobre la filosofía del derecho (el concepto de hombre total) como en el fragmento referido a la crítica de la religión (“el hombre es la esencia suprema para el hombre”).


¿Quién determina el contenido de esa NH? Los filósofos. Y cada grupo de filósofos ha compuesto una NH acorde a los prejuicios de su época, con el agravante de que los filósofos se pensaban a sí mismos como ajenos a esos prejuicios. Generalmente, este pensamiento iba acompañado por la creencia  de que su época era la única verdadera (en sí, otro prejuicio más). Los JH no fueron la excepción a este modus operandi.


Marx no somete a crítica la concepción general de la NH. La acepta y afirma que la dificultad radica en que la filosofía sólo puede realizarse en la práctica: pero es justamente la filosofía la que se realiza en la práctica. Las relaciones sociales (la práctica no es otra cosa que estas relaciones sociales) se encuentran determinadas por algo externo (la NH). Marx avanza en la dirección de la práctica sin haber encarado resueltamente la cuestión de la NH. Así, llega a proponer la tesis de la misión histórica de la clase obrera a partir de mantener la mentada concepción de la NH. Este esencialismo debe ser sometido a crítica.


Villa del Parque, domingo 25 de diciembre de 2016


NOTAS:


(1) Traducción española de Rubén Jaramillo, incluida en: Marx, Karl. (2008). Escritos de Juventud sobre el Derecho. Textos 1837-1847. Barcelona: Anthropos. (pp. 93-109).

(2) Ver Marx, Karl y Engels, Friedrich, La ideología alemana, Buenos Aires, Ediciones Pueblos Unidos y Cartago, 1985, p. 16-18. Los JH no sólo dejaron de lado la indagación de los supuestos de la filosofía hegeliana; también se despreocuparon de investigar la relación entre la filosofía idealista y las condiciones materiales de la sociedad alemana. “A ninguna de estos filósofos [los JH] se la ocurrido siquiera preguntar por el entronque de la filosofía alemana con la realidad de Alemania, por el entronque de su crítica con el propio mundo material que la rodea.” (p. 18).

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