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martes, 6 de septiembre de 2016

SOCIOLOGÍA Y POLÍTICA SEGÚN DURKHEIM

“Nuestras investigaciones no valdrían la pena si no
debieran tener más que un interés especulativo.”
Emile Durkheim


El presente trabajo tiene por objetivo presentar el prefacio a la primera edición de La división del trabajo social (1893), de Emile Durkheim (1858-1917) (1)



I] El tema central del prefacio es la relación ciencia - política. Dicho de modo más preciso, la conexión entre sociología y política. Durkheim parte del supuesto (positivista) que afirma que la ciencia es el instrumento más adecuado para estabilizar la sociedad burguesa. En esto coincide con Auguste Comte (1798-1857), pero deja de lado la construcción de una religión de la ciencia, postulada por este último. (2)

En este sentido deben interpretarse las afirmaciones de Durkheim sobre los objetivos de la nueva ciencia de la sociedad:

“Si nos empeñamos en separar los problemas teóricos de los problemas prácticos no es para despreciar estos últimos, sino, al contrario, para ponernos en condiciones de resolverlos mejor. (...) la ciencia puede ayudarnos a encontrar el sentido en que debemos orientar nuestra conducta, a determinar el ideal hacia el cual confusamente tendemos.” (p. 118).

La utilidad de la sociología radica no sólo en el conocimiento que proporciona sobre la sociedad, sino en la posibilidad de utilizar ese saber para transformar la organización social. En esto no existen diferencias respecto a la actitud preconizada por Karl Marx (1818-1883) en sus Tesis sobre Feuerbach (3). Pero hasta aquí llegan las coincidencias entre ambos autores, pues mientras Marx sostiene que la sociedad burguesa debe ser derrocada por una revolución que instaure otras relaciones sociales (el socialismo), Durkheim defiende en todo momento la necesidad de bregar por conservar la sociedad burguesa (aunque ésta deba ser reformada para garantizar su viabilidad).



II] Para justificar la intervención de la ciencia en los asuntos políticos, Durkheim efectúa un rodeo. En primer lugar, comienza por criticar a los moralistas, “que deducen su doctrina, no de un principio a priori, sino de algunas proposiciones que tornan prestadas de una o varias ciencias positivas como la biología, la psicología o sociología, califican su moral de científica,” (p. 117).

En vez de desarrollar una moral a partir de las ciencias, propone otro camino: “hacer la ciencia de la moral” (p. 117). Cabe agregar (pues no figura en el prefacio) que esta tarea forma parte de un proyecto más vasto, la construcción de una ciencia de la sociedad: la sociología.

La ciencia de la moral es posible porque “los hechos morales son fenómenos como los otros; consisten en reglas de acciòn que se reconocen por ciertas características distintivas; debe ser posible, por tanto, observarlos, describirlos, clasificarlos y buscar las leyes que los expliquen.” (p. 117) (4)

Durkheim se ubica así en un terreno diferente al de la filosofía; ya no se trata de encontrar algún principio metafísico que proporcione un fin trascendente a la moral, sino de estudiar la moral realmente existente: “lo que es indudable es que ella ⦗la moral⦘ se desarrolla en la historia y bajo el imperio de causas históricas, y que tiene una función en nuestra vida temporal. Si es tal o cual en un momento dado es porque las condiciones en que viven entonces los hombres no permiten que sea de otro modo, y la prueba de ello es que cambia cuando las condiciones cambian, y sólo en ese caso. (...) La moral (...) se forma, se transforma y se mantiene por razones de orden empírico, y esas razones son las únicas que la ciencia de la moral pretende determinar.” (p. 118). Más adelante, agrega: “la moral es para nosotros un sistema de hechos realizados, ligados al sistema total del mundo, y un hecho no se cambia en un abrir y cerrar de ojos, incluso si eso fuera deseable. Por lo demás, como es solidario con otros hechos, no puede modificarse sin que éstos se vean afectados.” (p. 120).

La moral no es, pues, inmutable; no se encuentra fuera de la historia ni está regida por factores o principios ajenos a lo terrenal. Tampoco impera en ella la libertad, pues los seres humanos se encuentran desde su nacimiento con reglas y normas que les vienen impuestas.

En consecuencia, los hechos morales pueden ser estudiados de modo positivo, es decir, con los métodos propios de las ciencias [naturales]: “Este libro es, ante todo, un esfuerzo por considerar los hechos de la vida moral según el método de las ciencias positivas.” (p. 117).



III] Como se indicó más arriba, Durkheim considera que la ciencia estudia la moral para transformarla, no sólo con fines especulativos. Defiende esta afirmación frente a quienes sostienen que la tarea de la ciencia consiste únicamente en estudiar los hechos; la ciencia no puede renunciar a proporcionarnos una guía para la acción, no puede quedar reducida a mera técnica.
“La ciencia puede ayudarnos a encontrar el sentido en que debemos orientar nuestra conducta, a determinar el ideal hacia el cual confusamente tendemos. Sólo que no nos elevaremos a este ideal sino después de haber observado la realidad, de donde lo extraeremos. (...) el ideal no descansa sobre nada si no tiene sus raíces en la realidad.” (p. 118-119).

La tarea principal de la ciencia de la moral consiste en utilizar el método de las ciencias positivas para encontrar el “estado de salud moral”. En línea con lo planteado más arriba, este estado no es inmutable, sino que cambia “porque las sociedades se transforman”. Pero, y no obstante ello, puede ser establecido y empleado como criterio para guiar nuestra conducta. El tema excede los límites de este trabajo, pero corresponde indicar que Durkheim sigue aquí una concepción desarrollada en otros trabajos (por ejemplo, Las reglas del método sociológico) y que parte de la distinción entre lo normal y lo patológico, definiendo al primer estado como las conductas más frecuentes (en términos estadísticos) en la sociedad. El “estado de salud moral” no es otra cosa que el conjunto de normas y conductas acordes con la dominación de una determinada clase social. Claro que esto último queda fuera del horizonte intelectual del sociólogo francés.



IV] Pero afirmar que la ciencia de la moral no debe ser una actividad especulativa no implica postular que se trata de una ciencia revolucionaria, dirigida a transformar radicalmente la sociedad. Durkheim deja en claro que la sociología es una ciencia conservadora, en el sentido de que su objetivo es preservar la sociedad capitalista.

“Pero si la ciencia de la moral no hace de nosotros espectadores indiferentes o resignados de la realidad, al mismo tiempo nos enseña a tratarla con la mayor prudencia, nos comunica un espíritu sensatamente conservador.” (p. 119).

En este punto, Durkheim dirige toda su artillería polémica contra quienes conciben a la moral como una legislación que puede ser revocada en cualquier momento por la voluntad de los individuos. Afirma que es preciso acercarse con “respeto” a los hechos morales, pues, y hasta que no se establece lo contrario por medio de la investigación, ellos obedecen a necesidades vitales de la sociedad.

Lo que reconcilia la ciencia y la moral es la ciencia de la moral, ya que, al mismo tiempo que nos enseña a respetar la realidad moral, nos suministra los medios para mejorarla.” (p. 120; el resaltado es mío - AM - ).

La ciencia de la moral y, por ende, la sociología, no son ni socialismo ni revoluciòn. Por el contrario, su objetivo es mejorar la sociedad existente, partiendo de la base de que ella contiene un “estado de salud moral”. Para llevar adelante esta tarea es necesario adoptar el principio cartesiano de la “duda metódica”. De esta manera es posible construir la “ciencia de la moral” propuesta en este prefacio.


Villa del Parque, martes 6 de septiembre de 2016


NOTAS:
(1) Utilizo la traducción española de Rocío Annunziata: Durkheim, Emile. (2010). [1° edición: 1893]. La división del trabajo social. Buenos Aires: Gorla. (pp. 117-122).
(2) Zeitlin señala: “En su obra posterior, Politique positive (1851-1854), el factor religioso y sentimental finalmente prevaleció y Comte se proclamó desenfadadamente el papa de la nueva religión positiva, irónico cambio de actitud para un ardiente defensor de la ciencia positiva.” (Zeitlin, Irving, Ideología y teoría sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 1997, p. 94).
(3) La hiper citada tesis n° 11: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.” (Marx, Karl, Tesis sobre Feuerbach, en La ideología alemana, Buenos Aires,Pueblos Unidos, 1985, p. 668).
(4) De paso, nótese que Durkheim atribuye al método científico las siguientes características: observación, descripción, clasificación, establecimiento de leyes.

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