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viernes, 18 de marzo de 2016

FICHA: WALLERSTEIN. “A FAVOR DE LA CIENCIA, EN CONTRA DEL CIENTIFICISMO”

Noticia bibliográfica:

Para la redacción de esta ficha utilicé la traducción española de Julieta Barba y Silvia Jawerbaum, incluida en: Wallerstein, Immanuel. (2005). Las incertidumbres del saber. Barcelona: Gedisa. (pp. 15-21). El texto en cuestión es el capítulo 1 de la obra.

Título original: "For science, against scientism: The dilemmas of contemporary knowledge production". Publicado por primera vez: Mukhejki, Partha Nath, comp. (2000). Methodology in Social Research: Dilemmas and Perspectives. Nueva Delhi: Sage Publications India. (pp. 87-92).


El capítulo 1 es muy breve y consiste en la respuesta de Wallerstein a las críticas [posmodernas] a la ciencia.

Wallerstein resume así dichas críticas:

a)    La ciencia es ideológica, subjetiva y poco fiable. “Se afirma que es posible distinguir en la teorización de la ciencia muchas premisas a priori que no reflejan más que las posturas culturales dominantes en cada época. Se dice que los científicos manipulan los datos y que, por ende, manipulan la credibilidad del público.” (p. 15).

b)    No existen verdades universales y todas las afirmaciones de saber son necesariamente subjetivas. Esta posición es sostenida por una parte de los críticos. La respuesta de los científicos consistió en afirmar que “incluso las críticas más moderadas a la ciencia, basadas en un análisis del contexto social en el que se desarrolla la actividad científica, han sido nefastas porque fueron la vía de acceso al camino que conduce al desastre del relativismo nihilista.” (p. 16).

Antes de pasar a discutir las críticas, nuestro autor indica que el debate consiste “en un intercambio de insultos” y que se lleva a cabo en un contexto de “lucha por el control de los recursos y de las instituciones de producción de saber” (p. 16).

Propone adoptar otro punto de vista para resolver el problema. Sugiere reflexionar sobre las premisas filosóficas de la actividad científica y el contexto político de las estructuras del saber.

¿Cómo sabemos que una afirmación científica nueva es válida o al menos plausible?

La creciente división del trabajo hace que sólo los especialistas comprendan el sentido de un enunciado científico. Por tanto, dejamos en manos de autoridades prestigiosas el criterio de validación de dichos enunciados. Más preciso, “no confiamos en expertos individuales sino en comunidades de expertos autoerigidas” (p. 17).

¿Por qué respetamos a una comunidad de expertos que habla con una única voz?

El respeto se basa en dos supuestos: a) los expertos se educaron en instituciones que los avalan; b) los expertos no responden a intereses personales.

Las instituciones científicas se controlan entre sí a nivel mundial. Eso asegura la adecuada formación y especialización de los expertos.

Los científicos son relativamente desinteresados porque “a diferencia de teólogos, filósofos y portadores de sabiduría popular, están siempre dispuestos a aceptar toda verdad que surja de una interpretación inteligente de los datos, sin tener la necesidad de ocultar esas verdades, ni distorsionarlas, ni de negarlas.” (p. 17).

Ambos supuestos (a y b) fueron cuestionados por los críticos. Respecto a la capacitación, se enfatizó el sesgo deliberado (prejuicio) y el sesgo estructural o institucionalizado. Dicho más claro, los científicos son influidos tanto por su origen social (la mayoría pertenecen a la clase dominante) como por la elección de premisas teóricas o de metáforas.

Respecto al desinterés de los científicos, implica que en caso de conflicto (por ejemplo, que la publicación de los datos de las investigaciones de un equipo científico pueda afectar las relaciones de poder social) éstos optarán siempre por la honestidad. Pero el mundo real no funciona así: “los científicos están sujetos a muchas presiones externas e internas. Entre las primeras, se cuentan las de los gobiernos, instituciones o personas influyentes y colegas; entre las segundas, las de su superyó. Todos nosotros actuamos movidos por esas presiones hasta un cierto punto.” (p. 18).

Si se aceptan las objeciones de los críticos:

¿Cómo podemos confiar en el pronunciamiento de los expertos? Y si esto es así: ¿Cómo podemos aceptar la validez de sus enunciados, al menos en los campos en los que no somos especialistas?

No hay ningún argumento convincente contra el escepticismo que se deriva de la aceptación de las críticas.

Wallerstein propone una solución basada en la distinción entre ciencia y cientificismo.

Cientificismo: “idea de que la ciencia es desinteresada y extrasocial, que sus enunciados de verdad se sostienen por sí mismos sin apoyarse en afirmaciones filosóficas más generales y que la ciencia representa la única forma legítima del saber.” (p. 19). Los críticos han demostrado de manera convincente la debilidad del cientificismo.

Ciencia: “aventura humana fundamental (…) Los dos enunciados principales de la ciencia (…) son los siguientes: 1) Hay un mundo que trasciende nuestra percepción, que siempre ha existido y siempre existirá. Ese mundo no es producto de nuestra imaginación. Con este enunciado rechazamos la concepción solipsista del universo. 2) Ese mundo real puede conocerse parcialmente por métodos empíricos y el conocimiento obtenido puede resumirse en teorizaciones heurísticas.” (p. 19-20).  No existe la verdad absoluta. Todas nuestras interpretaciones son transitorias.

Las insuficiencias del cientificismo han llevado a muchas personas a optar por la teología, la filosofía o la sabiduría popular. Hay que mostrar que esos enunciados alternativos son menos fiables que los enunciados científicos.

El siguiente párrafo resume el argumento de Wallerstein:

“La pregunta es si podemos ofrecer análisis científicos que no son cientificistas de las opciones históricas que se nos presentan. (…) La inflexibilidad del cientificismo es parte de la maleza que hay que retirar. Debemos reconocer que, además de apoyarse en el conocimiento de las causas eficientes, las elecciones científicas están cargadas de valores y propósitos. Es necesario incorporar el pensamiento utópico en las ciencias sociales. Debemos descartar la imagen del científico neutral y adoptar una concepción de los científicos como personas inteligentes  pero con preocupaciones e intereses y moderados en el ejercicio de su hybris.” (p. 21).

[Wallerstein no explora una dimensión fundamental del problema: la conexión entre la ciencia y la producción capitalista. En la actualidad la ciencia (el conocimiento científico) es una mercancía. Sólo en este terreno es posible plantear las cuestiones del desinterés de los científicos y del carácter de las instituciones científicas. Aquí sería interesante desarrollar la paradoja entre la creciente incidencia del conocimiento científico en la vida cotidiana (vía tecnología) y el escepticismo frente al conocimiento científico. – AM-.]



Villa del Parque, viernes 18 de marzo de 2016

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