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martes, 2 de febrero de 2016

CAPITALISMO Y POPULISMO SEGÚN EL MACRISMO

El ascenso de Mauricio Macri a la presidencia de la República Argentina constituye un fenómeno significativo en la historia política de nuestro país. Dejando de lado otras consideraciones, hay que insistir en un hecho fundamental: es la primera vez que un partido político abiertamente burgués llega al poder por vía de elecciones, sin recurrir a golpes de Estado y sin las mediaciones del radicalismo y del peronismo. El macrismo es consciente de ello y sabe que se encuentra frente a una oportunidad histórica, la de consolidar una hegemonía burguesa que no dependa del peronismo para su estabilidad. El tiempo dirá si el PRO se encuentra a la altura de las circunstancias. En este artículo nos interesa revisar algunos de los supuestos ideológicos en los que se basa el macrismo. Para ello recurrimos a la discusión del editorial “Capitalismo en serio”, publicado en LA NACIÓN del 31 de enero pasado. La elección de la fuente no es casual. Desde su fundación, LA NACIÓN ha sido el vocero de los intelectuales orgánicos de la burguesía argentina.

El núcleo del editorial es la crítica del “populismo”, término elegido para no tener que mencionar explícitamente al peronismo. La elección no es caprichosa. La palabra “populismo” ha sido utilizada de tantos modos diferentes que ha terminado por no significar nada preciso. De ese modo, permite denigrar una posición política-ideológica (en este caso el peronismo) sin tomarse el trabajo de examinarla a fondo.

El argumento desplegado en el editorial es sencillo. El “populismo” gobernó Argentina desde 1943. El autor pasa por alto que durante ese período hubo un golpe militar (1955) que inauguró una proscripción de 18 años para el peronismo, que durante ese período tan dilatado la burguesía gobernó muchas veces por medio de dictaduras militares, etc., etc. Cuando se trata de construir la mitología de una nueva fuerza política se dejan de lado las “minucias” de la historia. El “populismo” gobernó dejando de lado la iniciativa privada y concentrándose en la acción estatal. De este modo, la inversión languideció y la Argentina se encontró una y otra vez al borde del precipicio. El macrismo viene a rescatar al país de su crisis secular, restableciendo la normalidad burguesa mediante el sencillo acto de poner al “capital” en el centro de la economía.

En este punto llegamos a la parte más interesante del editorial, pues da cuenta de uno de los caballitos de batalla de la ideología macrista: la concepción del capital. La forma de abordar la cuestión es característica por su desparpajo y da cuenta de una burguesía que se siente libre de amenazas. Así, el autor del editorial recurre a una cita de Marx y Engels para justificar la concepción macrista del capital: “Dice el Manifiesto Comunista (1848): «En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas». Y se pregunta: « ¿Quién en los pasados siglos pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?».

Así como el autor tergiversa descaradamente la historia argentina, también hace un descalabro con la teoría marxista. Marx y Engels conciben al capital como una relación social que se establece entre la burguesía y la clase trabajadora. En dicha relación, la burguesía utiliza su propiedad privada de los medios de producción para apropiarse del producto del trabajo de la clase obrera. En términos marxistas, esto se llama explotación y permite comprender cómo todo desarrollo bajo el capitalismo tiene un carácter contradictorio. En otras palabras, cuánto más riqueza genera el trabajador, más se enriquece la burguesía y más se empobrece en términos relativos la clase obrera. Son claras las razones por las que el autor del editorial tiene que ignorar prolijamente esta cuestión.

El “populismo” dejó de lado la formación de capital interno en pos de fortalecer el rol del Estado: “Pero sin capital, el trabajo humano se malversa y la dignidad humana se degrada. En los países donde no hay inversiones, los trabajadores son explotados con salarios de subsistencia. A la inversa, cuando hay inversiones, la mano de obra se encarece y el trabajo se dignifica. Hay explotación cuando se combate el capital y no a la inversa.” No hay que escandalizarse por la manera descarada en que el autor deforma la teoría marxista. Son las reglas de una clase que detenta el poder, está interesada en conservarlo y sabe que el marxismo siempre constituye una amenaza, así sea a nivel teórico.

De lo expuesto en el párrafo anterior se desprende que los problemas de la Argentina se resuelven fomentando la inversión de capital. El procedimiento ideológico es sencillo y merece ser explicado dada su importancia política: la burguesía argentina viene de cuatro años de estancamiento económico, que reduce sus ganancias. De ahí que requiera un aumento de la inversión para poner en marcha nuevamente el crecimiento económico. Para incentivar la inversión es preciso generar condiciones favorables (por ejemplo, reducir los salarios y de ese modo aumentar las perspectivas de ganancia para los inversores). Ahora bien, todo esto es el interés particular de la clase capitalista. Construir hegemonía implica, entre otras cosas, presentar ese interés particular como el interés general de toda la sociedad. Al intentar mostrar que el capital no implica la explotación de los trabajadores, el autor del editorial está construyendo la hegemonía burguesa.

La refutación del argumento del editorial no basta para echar por tierra la construcción ideológica del macrismo. Es propio del idealismo pensar que las ideas (y sus refutaciones) hacen la historia. Pero las concepciones ideológicas corren detrás de la historia concreta (no teórica). El macrismo sólo podrá ser refutado en el terreno práctico. Y allí está todo por hacer.



Villa del Parque, martes 2 de febrero de 2016

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