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lunes, 23 de diciembre de 2013

MAQUIAVELO Y ALTHUSSER: EL PAPEL DE LA VIOLENCIA EN EL ORIGEN DEL ESTADO MODERNO

“Aunque por la naturaleza de los hombres la tarea de buscar nuevos métodos
y recursos haya sido siempre tan peligrosa como buscar aguas y tierras ignotas ,
porque todos están más dispuestos a denostar que a loar las acciones ajenas,
sin embargo, llevado de ese deseo que siempre ha existido en mí de obrar sin
ningún temor en aquellos asuntos que me parecen beneficiosos para todos,
me he decidido a entrar por un camino que, como no ha sido aún recorrido
por nadie, me costará muchas fatigas y dificultades, pero también la recompensa
de aquellos que consideren benignamete el fin a que se enderezan mis trabajos.”
Nicolás Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio

En el campo de la teoría social un autor es clásico en la medida en que sus reflexiones sirven para comprender la época actual. En este sentido, un clásico es un contemporáneo. Esta afirmación resulta especialmente valedera para la concepción de la política formulada por Maquiavelo (1469-1527).

Es habitual identificar a Maquiavelo con el cinismo político, es decir, con el análisis de los medios necesarios para apropiarse y conservar el poder, sin importar los fines. La teoría política maquiavélica es concebida como una mera técnica para la conservación del control del Estado. De ahí la peculiar combinación de mala prensa y admiración que ha suscitado dicha teoría. Así, el maquiavelismo recibe una connotación negativa y sirve para caracterizar de cínica al autor de El príncipe (y por extensión a las políticas que tienden a priorizar el mantenimiento del poder sin importar ninguna otra consideración); a la vez, es utilizado para escribir obras de marketing en base a sus ideas políticas, bajo el supuesto de que se trata de una técnica exitosa que puede ser aplicada a otros campos más allá de la política. De ese modo, el maquiavelismo es reducido a: 1) una determinada actitud moral frente a la política (el cinismo respecto a los fines); 2) una técnica válida para todo tiempo, lugar y actividad.

A nuestro juicio, esta forma de considerar a la obra de Maquiavelo es errónea y deja de lado lo fundamental. Para ilustrar este punto, es oportuno recurrir a otro clásico, Louis Althusser (1918-1990), quien escribió un texto notable sobre el florentino, “Soledad de Maquiavelo” (1).

Althusser comienza afirmando que Maquiavelo se encuentra en una situación de soledad en el campo de la filosofía política. Esta afirmación puede parecer paradójica, pues:

“Se nos objetará que es una paradoja hablar de soledad respecto a un autor que no ha dejado de acechar la historia, que no ha dejado, desde el siglo XVI hasta nuestros días, y ello sin pausa, o bien de ser condenado como el diablo, como el peor de los cínicos, o bien de ser aplicado en la práctica por los más grandes de entre los políticos, o bien de ser alabado por su audacia y por la profundidad de su pensamiento (en la Aufklärung, el Risorgimento, por Gramsci, etc.). ¿Cómo pretender, pues, que pueda hablarse de la soledad de Maquiavelo cuando se lo ve constantemente rodeado en la historia por una inmensa compañía de enemigos irreductibles, de partidarios y de comentadores atentos?” (p. 152). (2)

Althusser sostiene que la excepcionalidad del pensamiento de Maquiavelo, la “soledad” a que alude con el título de su trabajo, remite a su peculiar posición entre la teoría política clásica y la filosofía del derecho natural:

“Maquiavelo no habla en ningún momento el lenguaje del derecho natural. Ahí se halla quizá el punto extremo de la soledad de Maquiavelo: haber ocupado este lugar único y precario en la historia del pensamiento político entre una larga tradición moralizante religiosa e idealista del pensamiento político, que él ha rechazado radicalmente, y la nueva tradición de la filosofía política del derecho natural, que iba a anegar todo y en la cual la burguesía ascendente se ha reconocido. La soledad de Maquiavelo es la de haberse liberado de la primera tradición antes que de que la segunda lo anegue todo.” (p. 162).

Maquiavelo es, pues, un pensador de transición. Esto significa que no es ni antiguo no moderno. Para Althusser, este alejamiento de ambas tradiciones, esta toma de distancia, permite explicar lo fructífero del pensamiento maquiavélico.

Respecto a la tradición clásica: 

“En un tiempo en el que dominaban los grandes temas de la ideología política aristotélica, revisada por la tradición cristiana y el idealismo de los equívocos del humanismo, Maquiavelo rompe con todas esas ideas dominantes. Esta ruptura no es declarada, pero es igualmente profunda. ¿Se ha reflexionado sobre el hecho de que Maquiavelo, que en su obra evoca constantemente a la Antigüedad, a la que realmente invoca no es a la Antigüedad de las letras, de la filosofía y de las artes, de la medicina y del derecho, que es común a todos los intelectuales de la época, sino a una antigüedad absolutamente distinta de la que nadie habla, a la antigüedad de la práctica política? ¿Se ha reflexionado lo suficiente sobre el hecho de que en esta obra, que habla constantemente de la política de los antiguos, prácticamente nunca se trata de los grandes teóricos políticos de la Antigüedad, nunca se trata de Platón y Aristóteles, de Cicerón y de los estoicos? ¿Se ha reflexionado sobre el hecho de que no hay, en esta obra, traza alguna de la influencia de la tradición política cristiana y del idealismo de los humanistas?” (p. 160).

Respecto a los filósofos del derecho natural:

“…los ideólogos burgueses se han puesto durante mucho tiempo a contar en el derecho natural su maravillosa historia del Estado, aquella que comienza por el estado de naturaleza y continúa por el estado de guerra, antes de aplacarse en el contrato social y el derecho positivo. Historia completamente mítica, pero que resulta placentera escuchar, porque finalmente explica a aquellos que viven en el Estado que no hay ningún horror en el origen del mismo, sino la naturaleza y el derecho, que el Estado no es sino derecho, es puro como el derecho, y este derecho está en la naturaleza humana, ¿qué más natural y humano que el Estado?” (p. 162-163).

Ahora bien, ¿cuál fue el fruto de la “soledad” del florentino?, ¿en qué consiste lo esencial de la obra de Maquiavelo?

Para Althusser, la obra del florentino representa una impugnación radical de las fábulas acerca del origen del Estado, que ponen a éste como el producto de una evolución pacífica, como el resultado de las decisiones racionales de los seres humanos. Althusser afirma que El príncipe juega un papel  equivalente en la filosofía política al que le compete en el campo de la teoría social al capítulo de El capital de Karl Marx (1818-1883) referido a la acumulación originaria:

Veamos el argumento de Althusser en toda su extensión:

“Todos conocemos la Sección VIII del Libro I de El capital en la que Marx aborda la supuesta «acumulación original» (3). En esta acumulación original los ideólogos del capitalismo contaban la historia edificante del capital, como los filósofos del derecho natural cuentan la historia del Estado. Al principio había un trabajador independiente, que tenía tal ardor en el trabajo y tal espíritu de frugalidad que pudo ahorrar y después intercambiar. Cuando pasó un pobre, le prestó el servicio de alimentarlo a cambio de su trabajo, generosidad que le permitió incrementar su patrimonio y obtener el devengo de otros servicios del mismo género de otros desgraciados para el bien de éstos. De ahí la acumulación de capital: por el trabajo, la ascesis, la generosidad. Sabemos cómo responde Marx: con la historia de los pillajes, de los robos, de las exacciones, con la desposesión violenta de los campesinos ingleses expulsados de sus tierras y de sus granjas destruidas para que se encontraran en la calle, con otra historia sobrecogedora y totalmente diferente de la cantinela moralizante de los ideólogos del capitalismo.

Diría, guardando todas las proporciones, que Maquiavelo responde un poco de esta manera al discurso edificante que sostienen los filósofos del derecho natural sobre la historia del Estado. Llegaría a sugerir incluso que Maquiavelo es quizá uno de los raros testimonios de lo que denominaría acumulación primitiva política, uno de los raros teóricos de los inicios de Estado nacional. En vez de decir que el Estado ha nacido del derecho y de la naturaleza, nos dice como debe nacer un Estado si quiere durar y ser lo suficientemente fuerte para convertirse en el Estado de una nación. Maquiavelo no habla el lenguaje del derecho, habla el lenguaje de la fuerza armada indispensable para constituir todo Estado, habla el lenguaje de la crueldad necesaria en los albores de un Estado, habla el lenguaje de una política sin religión que debe a toda costa utilizar la religión, de una política que debe ser moral, pero que debe poder no serlo, de una política que debe rechazar el odio, pero inspirar temor, habla el lenguaje de la lucha de clases, y en cuanto al derecho, a las leyes y a la moral, las coloca en su lugar, subordinado. Cuando lo leemos, y estando como estamos profundamente instruidos sobre las violencias de la historia, algo en él nos atrapa: un hombre que mucho antes de que la totalidad de los ideólogos hayan recubierto la realidad de sus historias, es capaz no de vivir, no de soportar, sino de pensar la violencia de parte del Estado. Por ello, Maquiavelo arroja una luz cruda sobre los inicios de nuestro tiempo: el de las sociedades burguesas.” (p. 163-164).

Althusser atribuye a los teóricos del derecho natural el desarrollo de la versión pacífica sobre el origen del Estado.

“Todo el mundo sabe que desde el siglo XVII los ideólogos de la burguesía han elaborado una filosofía política impresionante, la filosofía del derecho natural, que ha recubierto todo, y naturalmente el pensamiento de Maquiavelo. Esta filosofía ha sido construida a partir de nociones que se remiten a la ideología jurídica, a partir de los derechos del individuo como sujeto, intentando deducir teóricamente la existencia de los derechos positivos y del Estado político a partir de los atributos que la ideología jurídica confiere al sujeto humano (libertad, igualdad, propiedad).” (p. 161).

Los filósofos del derecho natural eran ideólogos de la burguesía. Durante los siglos XVII y XVIII cumplieron el papel de legitimadores de la dominación burguesa, función de la que fueron relevados por los economistas a fines del siglo XVIII. Sin embargo, su manera de enfocar la cuestión del Estado tuvo una vigencia que excedió largamente su época. La concepción que hace del Estado el representante de toda la sociedad, la concepción que hace del Estado el árbitro de los conflictos en la sociedad, la concepción que hace del Estado la herramienta fundamental para resolver pacíficamente los diferendos, etc., todas ellas son tributarias de la fábula del origen pacífico del Estado.

La novedad de Maquiavelo, aquello que resulta tan perturbador en su obra, es su tratamiento de la acumulación primitiva política, del proceso de surgimiento y desarrollo del Estado moderno. Maquiavelo pone a la violencia en primer plano, restituyendo al Estado su carácter de herramienta de dominación. Lejos de ser el representante de toda la sociedad, el artífice de la equidad y la justicia sociales, el Estado tiene su origen en la dominación de una clase sobre el conjunto de la sociedad.

Antes de terminar este ensayo corresponde destacar otros dos aspectos de la obra de Maquiavelo.

En primer lugar, Maquiavelo pudo desarrollar su concepción del Estado porque en su época todavía estaba en pañales el Estado moderno (los ejemplos de Francia y España), y porque en Italia estaba todo por hacer al respecto:

“No puede decirse exactamente que sea, en el sentido de su recepción moderna por parte de la ciencia política, el teórico de la monarquía absoluta. Obviamente, piensa en función de ella, se apoya en el ejemplo de España y de Francia. Diría que Maquiavelo es en realidad el teórico de las condiciones políticas de la constitución de un Estado nacional, el teórico de un Estado nuevo bajo un príncipe nuevo, el teórico de la duración, del fortalecimiento y del engrandecimiento de ese Estado. Se tratad de una posición absolutamente original, ya que Maquiavelo no piensa el hecho consumado de las monarquías absolutas, ni su mecanismo, sino el hecho que hay que consumar (…), y en condiciones extraordinarias, dado que son las condiciones de la ausencia de toda forma política susceptible de producir ese resultado.” (p. 158-159).

En segundo lugar, Maquiavelo pone en el centro de su pensamiento una valoración positiva de la lucha de clases. A diferencia de la mayoría de sus predecesores, para el florentino la libertad nace del conflicto.

“Maquiavelo defiende escandalosamente, contra las verdades inconmovibles de su tiempo, la idea de que el conflicto de los humores, de magros contra gordos, en resumen, la lucha de clases, es absolutamente indispensable para el fortalecimiento y el engrandecimiento del Estado.” (p. 158).

Para concluir este escrito no encuentro nada mejor que reproducir una anécdota, toma de la introducción de Ana Martínez Arancón a los Discursos sobre la primera década de Tito Livio:

“Pocos días antes de morir, Maquiavelo tuvo un sueño, que comentó con sus amigos. En él, se tropezaba con una turba descompuesta de harapientos mendigos, y cuando preguntó quiénes eran, una voz le respondió que eran los bienaventurados del paraíso, porque estaba escrito que los pobres heredarían el reino de los cielos. Siguió andando y se encontró con un grupo de caballeros afables, corteses y bien vestidos, que discutían animadamente de cuestiones políticas. Entre ellos, pudo reconocer a algunos célebres sabios de la antigüedad, como Platón y Tácito. Entonces, la voz misteriosa le comunicó que aquellos eran los condenados en el infierno, pues está escrito que la sabiduría del mundo es enemiga de Dios. Al despertar y contar el sueño a sus íntimos, Maquiavelo confesó que prefería estar con los segundos.” (4).

La ciencia se construye confrontando contra el sentido común y contra los poderosos, no amontonando lugares comunes ni siendo políticamente correcto. Esta es, tal vez, la enseñanza más importante que nos deja la obra de Maquiavelo.

Villa del Parque, lunes 23 de diciembre de 2013
NOTAS:

(1) Althusser, Louis. (2003). “Soledad de Maquiavelo”. Incluido en: Althusser, Louis. (2003). Textos recobrados II: Soledad de Maquiavelo. Madrid: Editora Nacional. (pp. 149-170). Traducción española de Raúl Sánchez Cedillo. Es la versión escrita de una conferencia pronunciada el 11 de junio de 1977 en la Fondation Nationale des Sciences Politiques de París.

(2) Althusser menciona a Antonio Gramsci (1891-1937). Es imposible omitir la obra clásica de este autor: Gramsci, Antonio. (2003). Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno. Buenos Aires: Nueva Visión. Traducción española de José Aricó.

(3) Marx, Karl. (1998). El capital. Crítica de la economía política. Libro I: El proceso de producción de capital. México D. F.: Siglo XXI. Se trata de la Sección VII, Capítulo XXIV, “La llamada acumulación originaria”. (Tomo I, Vol. 3, pp. 891-954).

(4) Maquiavelo, Nicolás. (2000). Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Madrid: Alianza. Traducción española, introducción y notas de Ana Martínez Arancón. (p. 7).

7 comentarios:

Luis Vivanco dijo...

Interesante el texto. Convengo en que a Maquiavelo se le ha malinterpretado, o mejor dicho, no se le ha leído bien. Uno de los resultados de eso es que se la culpado por cosas que no dijo, y se han querido aplicar mal sus lecciones. Convengo además en que hay en él algo extraordinario, un aporte o descubrimiento que es muy importante: el de un campo que se separa de los demás campos de la razón del deber ser. Eso es mucho más demoledor que cualquier "cinismo", puesto que es afirmar que hay un campo en el cual no rige la moral ordinaria ni los valores de cualquier tipo que no sean los propios valores de ese mismo campo (o sea, la razón de Estado). Quizá Althusser vio algo de esto y lo reconoció. Eso estuvo bien, pero no estuvo bien querer arrimar el ascua a la sardina marxista, como suelen hacer algunos pensadores de cierta izquierda constantemente (de hecho, eso funciona para algunos de ellos como un "nihil obstat": si es compatible con Marx, no es del todo malo...). Yo creo que el análisis maquiavélico es valioso en su propio aporte, no por padrinazgos comunistas. Y ciertamente, el aporte de Marx con respecto a la materia y esa cuestión de la "materia consciente" es también interesante y valioso, así no estemos convencidos o de acuerdo con él. Pero creo que Maquiavelo sigue mucho más vigente que Marx, y sobre todo en lo referido no al Estado autoritario (con quien más se le suele identificar) sino con el ideal y la práctica republicanas.

Ariel Mayo (1970) dijo...

Luis, muchas gracias por los comentarios. Debo decir que mi ensayo está referido a la lectura de Maquiavelo por Althusser y que, por tanto, no examiné directamente El príncipe. Mi intención fue destacar dos cosas: a) la importancia de la violencia en el surgimiento del Estado moderno, porque viene a rebatir el enfoque contractualista, que (salvo Hoobbes, of course)pone en primer término la historia de un origen pacífico del Estado; b) mostrar una faceta de Althusser que suele ser poco reconocida. En este sentido, su "Soledad de Maquiavelo" es un texto brillante, que desafía el sentido común de lo que se espera de un pensador marxista en el campo de la teoría política. En mi ensayo no alcancé a mostrar algunos de los argumentos con que Althusser justifica el carácter "solitario" de la reflexión de Maquiavelo. Me interesa enfatizar que sostiene que la soledad no sólo es el precio de formular una teoría nueva, sino también la condición para llegar a formularla, pues esta "soledad" expresa la ruptura con lo antiguo. Saludos,

Braulio Rojas Castro dijo...

Nada más absurdo y lleno de ignorancia que todo tipo de anti-comunismo.

Maquiavelo está a la "izquierda" de la modernidad, junto con La Boetie, con Spinoza, con Torcuato Accetto, con aquello que el historiado Jonathan Israel (que no es para nada un "izquierdista"), denomina la Ilustración Radical".

Las lectura más lúcidas de Maquiavelo son las que se han hecho desde la "izquierda", entendiendo por este término todas las teorías y las prácticas políticas que trabajan desde, y aportan a, la emancipación de los individuos y las sociedades de las condiciones de opresión y sometimiento.

Saludos

Ariel Mayo (1970) dijo...

Braulio:

Muchas gracias por su comentario. Coincido con su opinión. Me permito agregar dos cuestiones: a) Maquiavelo es un pensador de transición (entre el feudalismo y la Modernidad), y es justamente ese estar y no estar en la Modernidad lo que permite la profundidad de su reflexión política. Un caso semejante se da en Hobbes, aunque el filósofo inglés está más cerca de la Modernidad (escribe en plena Revolución Burguesa en Inglaterra); b) una de las más lúcidas lecturas de Maquiavelo desde la izquierda es la llevada a cabo por Gramsci ("Notas sobre Maquiavelo, la política y el Estado moderno"). Saludos,

Anónimo dijo...

Potente el último mensaje, del prefacio al libro "el príncipe"!

Anahi García dijo...

Para mí, es un ensayo que enseña mucho en su brevedad y su orden. Personalmente me vi beneficiado, en el desarrollo de mi vida laboral y privada, por el conocimiento de los conceptos de Maquiavelo sobre poder, necesidad, ambición, envidia, temor, odio, ofensas y violencia, porque al estar desprovistos de cuestiones morales y religiosas preservan su vigencia a través del tiempo. Creo que el saber desarrollar una praxis que nos permita interactuar en conflictos sociales y personales que involucren a dichos conceptos nos abren las puertas del crecimiento. Lo he llegado a admirar tanto que tuve que armar una respuesta frente al famoso dicho «el fin justifica los medios» conque el Concilio Ecuménico demonizó a Maquiavelo y todos sus escritos. El nos enseñó más que nadie que todos los conocimientos conllevan el peligro potencial de poder ser usados tanto para el bien como para el mal y nos aclara que eligiendo obrar con fuerza y astucia conseguiremos todo los objetivos pero nunca la gloria.

Ariel Mayo (1970) dijo...

Anahí:

Muchas gracias por el comentario. Como usted indica, el intento de separar a la filosofía política del ámbito de la religión y la moral constituye uno de los puntos más fuertes de la teoría política de Maquiavelo. El sociólogo argentino Juan Carlos Portantiero consideraba que esto permitió que la ciencia política se convirtiera en la primera ciencia social moderna, aunque hubo que esperar más de tres siglos en que esto se hiciera efectivo. Saludos