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domingo, 10 de julio de 2011

NORBERTO GALASSO Y EL "SOCIALISMO NACIONAL" (III)

Al final de la nota anterior, indicamos que Galasso transforma a Lenin en un "socialista nacional". Es interesante observar el procedimiento por el que realiza esta conversión, porque dice mucho acerca de la naturaleza del trabajo teórico de Don Norberto. "El capitalismo, al entrar en su etapa imperialista e incorporar a su sistema a los 'pueblos sin historia', desafía entonces a los teóricos socialistas de principios del siglo XX obligándolos a una redefinición de las relaciones entre 'nacionalismo' y 'socialismo', entre cuestión nacional y cuestión social. Y será Lenin quien dará la respuesta adecuada." (p. 51).

¿Cuál es el contenido de esta redefinición?

En párrafos anteriores señalamos el papel que Galasso atribuye al imperialismo en la domesticación del proletariado y del socialismo. Don Norberto sostiene que Lenin comprendió esto y que llegó a la conclusión de que "la lucha por la liberación nacional en [las] colonias adquiere un contenido revolucionario, al debilitar al capitalismo, reintroduciendo la crisis en los grandes países. De ahí pues la necesaria revalorización del nacionalismo antiimperialista de las colonias y de su vinculación con toda política socialista." (p. 51). "...el fenómeno imperialista ha modificado sustancialmente la relación entre nacionalismo y socialismo. Si para el análisis de Marx, referido a países cuya cuestión nacional estaba resuelta, el proletariado no tiene 'patria' y todo nacionalismo es revolucionario, ahora, al dividirse el mundo entre países opresores y países oprimidos, Lenin enfoca el problema desde una doble óptica: por un lado, el nacionalismo resulta doblemente reaccionario para los socialistas de los países adelantados en tanto implica la conciliación con la burguesía (consolidando el capitalismo), al tiempo que significa apoyar la explotación sobre los pueblos coloniales (sentenciando injusticia y atraso para ellos). Por otro lado, el nacionalismo - en su carácter defensivo, de 'antiimperialismo' y lucha por la liberación nacional - debe ser asumido por los socialistas de los países atrasados como una de las batallas fundamentales a librar en el camino hacia el auténtico socialismo. Esa liberación de los pueblos coloniales tiene, a su vez, un doble carácter progresivo porque no sólo coloca al país atrasado en condiciones de desarrollar sus fuerzas productivas, sino que, al privar a la potencia imperialista de la renta colonial, reintroduce en ella la crisis deteriorando el maridaje entre la burguesía y el proletariado de la metrópolis, reproduciendo las condiciones para una auténtica lucha proletaria." (p. 53-54).

Hay que armarse de paciencia y comenzar a refutar las ideas de Galasso, pues en su simplicidad expresan el contenido fundamental de este nacionalismo que se arroga el nombre de socialista. En primer lugar, hay que decir que es falso que las luchas de liberación nacional "reintroduzcan la crisis" en las metrópolis capitalistas; en el capitalismo, la crisis es un rasgo estructural que se deriva de la misma organización de la producción; por lo tanto, no necesita ser introducida "desde afuera". Las luchas obreras del siglo XX en los países centrales obedecen a contradicciones de sus modelos de acumulación (que incluían, por cierto, también a la relación con los países del Tercer Mundo). Galasso pasa por encima de la historia de dichas luchas obreras, y prefiere quedarse con la imagen de un proletariado domesticado, una situación que supone que es la de finales del siglo XIX, cuando el imperialimo permitía ceder las migajas del pastel a los trabajadores. Como señalamos más arriba, la periodización del capitalismo adoptada por Galasso es demasiado esquemática, y paraliza cualquier intento por avanzar en la comprensión de los cambios en el modo de producción capitalista. Hipnotizado por la relación entre las metrópolis y las colonias, Galasso deja de lado la cuestión de que los capitalistas de los países centrales siguen extrayendo plusvalor de sus propios trabajadores. Es por eso que sobrevalora el papel de los movimientos de liberación nacional.

En segundo lugar, la mencionada fijación en la relación "países opresores - países oprimidos" le impide comprender la dialéctica del capitalismo, impidiéndole integrar la problemática del mercado nacional y del mercado mundial. El capitalismo es una forma de organización social que tiene la peculiaridad de expandirse de modo ininterrumpido, tanto en extensión (abarcando cada vez más regiones del planeta) como en intensidad (sometiendo a la condición de mercancía a cada vez más cosas, a cada vez más personas, a cada vez más relaciones sociales). Es por ello que cabe hablar de capitalismo como de un sistema mundial, que subsume en su interior a los distintos mercados nacionales. Esta totalidad universal se expresa en el dominio universal de la ley del valor (todo pasa a ser mercancía, cuyo valor se mide a partir del tiempo de trabajo socialmente necesario que requiere su producción) y se basa en la apropiación del plusvalor por los capitalistas. Su funcionamiento no suprime la existencia de mercados nacionales, pues la expansión del capitalismo implica una exacerbación de la competencia entre capitalistas. Surgen así los bloques regionales, así como también se intensifica la pugna de las burguesías por asegurarse espacios propios, relativamente libres de la competencia (mercados nacionales, mercados regionales, etc.). La competencia promueve, además, una profundización de la explotación del trabajo por el capital al interior de cada espacio nacional y/o regional. Nada de esto aparece en el texto de Galasso. Nuestro autor reduce toda la complejidad del capitalismo a la relación entre "países opresores y países oprimidos". En este punto, sobran los comentarios.

En tercer lugar, al examinar los efectos de los movimientos de liberación nacional, propone implícitamente la tesis de que la "renta colonial" constituye una fuente importante de los ingresos de la burguesía de los centros capitalistas, a punto tal que su supresión produce una "crisis". Si bien Galasso no profundiza en la cuestión, hay que decir que argumento conduce a minizar la centralidad de la apropiación del plusvalor como mecanismo de la dominación capitalista. Ya se ha indicado que todo el texto está dirigido a relegar la lucha entre capitalistasy trabajadores detrás del antagonismo entre "países opresores y países oprimidos". Si esto es así, el socialismo deja de ser socialismo y pasa a convertirse en nacionalismo. Para el nacionalismo, todos los conflictos son secundarios frente a la cuestión nacional; la nación, la patria, está por encima de la clase. En este sentido, aún el nacionalismo más popular tiende a considerar a los empresarios nacionales (¡que también explotan de modo capitalista a sus trabajadores!) como compañeros, puesto que no son extranjeros.

Galasso desarrolla, ahora sí, de modo sistemático su argumento: "Aquella polarización creciente entre una minoría enriquecida y una nueva mayoría hambrienta - que había profetizado Marx - se daba ahora pero no en el plano nacional, sino en el plano mundial: un reducido grupo de naciones imperialista y el resto del mundo hundido en el atraso colonial. Ello no significaba (...) que
la lucha de clases dejaba de existir sino que esa lucha cambiaba de forma: ya no se daba invariablemente como enfrentamiento entra la burguesía y el proletariado, características del capitalismo en su etapa de desarrollo, sino que se manifestaba de este otro modo: por un lado, las burguesías imperialistas de los grandes países, con el apoyo del resto de las clases del gran país y la complicidad de las oligarquías de los países coloniales y enfrente a las restantes clases de las colonias configurando movimientos nacionales de liberación, entre los cuales la clase obrera podría tener mayor o menor peso según el grado de desarrollo del país colonial. El progreso histórico se produce, entonces, en cada liberación nacional de un país atrasado que debilita al capitalismo como un sistema mundial, mientras que, además, en cada colonia, esa liberación nacional se nutre al mismo tiempo de reivindicaciones sociales que expresan el avance de los sectores más explotados. La cuestión nacional se resuelve en las colonias como antesala de la revolución socialista y la pérdida de las colonias significa para las metrópolis el primer paso hacia el reencuentro con su propia cuestión social, aletargada en las últimas décadas por la abundancia lograda gracias al saqueo de Asia, África y América Latina." (p. 55; el resaltado es mío.).

El planteo es tan coherente (con respecto al argumento expuesto hasta aquí por nuestro autor) como errado. Galasso se ha propuesto abandonar el socialismo para justificar su adhesión al peronismo, y lo consigue con creces.

Repasemos nuevamente el argumento. El socialismo coloca en el lugar principal de los antagonismo sociales a la lucha de clases entre capitalistas y trabajadores; Galasso considera que la lucha central se da entre los "países opresores" y los "países oprimidos". Para el socialismo, la fuente primordial del poder capitalista es la apropiación de plusvalor (trabajo no pagado), gracias a la propiedad privada de los medios de producción; para Galasso, la base del poder capitalista es la "renta colonial", que ha permitido la "abundancia" en las metrópolis. Para el socialismo, es la clase trabajadora la encargada de liderar a los sectores populares en la conquista del poder; para Galasso, es el movimiento de liberación nacional, una alianza policlasista que incluye a la burguesía (por eso identifica a la oligarquía, y no a la burguesía, como el enemigo a vencer).

Sin embargo, el argumento de Galasso es falso no sólo desde el punto de vista exclusivamente teórico. Su planteo ignora, además, todo el proceso de desarrollo del capitalismo en el siglo XX, así como también las luchas sociales que enfrentaron a éste. Galasso, doctrinario a más no poder, congela su visión del capitalismo en 1916 (cuando Lenin publicó
El imperialismo, etapa superior del capitalismo) y descuida toda su evolución posterior. En rigor, no nos dice nada acerca del capitalismo realmente existente, como si analizar la realidad fuera una tarea extranjerizante. Sólo así se puede llegar a defender lugares comunes tales como afirmar que los movimientos de liberación nacionales debilitaron al capitalismo. La experiencia histórica muestra otra cosa. La época de oro de los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo (décadas de 1959 y 1960) coincide con la expansión sin precedentes de los capitalismos metropolitanos. Durante todo este período, la fuente principal del poder capitalista fue el aumento de la productividad en los países centrales y no la "renta colonial" extraída de la periferia. La crisis capitalista que estalló a mediados de la década de 1970 tuvo por causa fundamental la caída de la tasa de ganancia, motivada por el agotamiento del modelo fordista de extracción de plusvalor. Es por esto que puede decirse que el argumento de Galasso es abstracto en el peor sentido del término, pues se construye en base a ignorar olímpicamente la lucha de clases terrenal.

"La cuestión nacional (...) adquiere así una relevancia fundamental en toda política socialista. El socialismo debe asumir pues en las semicolonias un contenido antiimperialista, es decir, nacional, en sentido revolucionario. (...) Por eso una consecuente concepción revolucionaria lleva a un socialista de un país sometido por el imperialismo a fundir la bandera de la liberación nacional con la de la lucha de la clase oprimida, es decir, a sostener un socialismo de contenido antiimperialista y enraizado en las condiciones específicas de esa colonia o semicolonia, es decir, un socialismo nacional." (p. 56).

El socialismo (pues Galasso considera que en los países centrales la clase trabajadora está literalmente comprada con las migajas de la "renta colonial") queda transformado en nacionalismo, al que se adosa la etiqueta de "antiimperialista". El sentido político de todo el argumento consiste en justificar la adhesión de Don Norberto al peronismo. Sólo una vez que se ha vaciado al socialismo de todo contenido de clase pueden hacerse afirmaciones como la siguiente: "el que viene hablando desde hace varios años de Socialismo Nacional es Juan Domingo Perón. (...) Perón se definió en favor del 'socialismo nacional'. (...) coherente con su condición de Jefe del movimiento nacional de una semicolonia, Perón no adhiere a una deformación stalinista del socialismo cuyo internacionalismo oculta el socialchovinismo ruso que se expresa hoy en la 'coexistencia pacífica'. Y en cambio, da su adhesión al socialismo nacional por el cual debe entenderse aquel que posee un claro contenido antiimperialista, que por ende plantea la cuestión nacional como eje de la revolución, que desarrolla a partir de la resolución de esa cuestión nacional su concepción avanzada de reivindicaciones socialistas y que por otra parte arraiga profundamente en las condiciones nacionales elaborando su política, en íntegra ligazón con las especificidades del país semicolonial." (p. 128-129). Sin pretender convertirse en intérprete del pensamiento del general, es claro que Perón sería el primer sorprendido ante este análisis del contenido de su política. La coyuntura de 1973 hacía que a Galasso no le fuera posible proclamarse nacionalista (agregándole la denominación "antiimperialista", "popular", etc.) en vez de socialista.

Por último, Galasso sostiene que fue Lenin quien "enriqueció" al socialismo con la tesis de la centralidad de la cuestión nacional. No es este el lugar para analizar detenidamente la posición de Lenin frente al problema nacional. Tampoco es necesario para rebatir a Galasso, puesto que Don Norberto cita unos pocos textos sin presentar el contexto de los mismos ni indagar el lugar de los mismos en la obra de Lenin. Galasso parece ignorar que Lenin, para bien o para mal, siguió pensando toda su vida que el socialismo sólo era posible en la medida en que se produjeran revoluciones en los países centrales. En este sentido, cabe decir que para Lenin la cuestión social era central, en tanto que la cuestión nacional se hallaba subordina a ésta.

El ensayo de Galasso fue escrito en 1973. Ello explica la referencia a Lenin, al que trata como una especie de "padre fundador" del socialismo nacional. En la actualidad, el "socialista" Galasso puede prescindir de esta mención al dirigente bolchevique. Con ello se completa el abandono del socialismo, aún en su forma puramente discursiva.

Mataderos, lunes 11 de julio de 2011

domingo, 3 de julio de 2011

NORBERTO GALASSO Y EL "SOCIALISMO NACIONAL" (II)


Tal como indicamos al final de la nota anterior, vamos a seguir a Galasso en la tarea de transformar el contenido del socialismo. No se trata de una cuestión menor. El movimiento socialista, cuyo objetivo inicial era la liberación de los trabajadores (y de la humanidad en general) de la opresión y de la explotación capitalistas, tiene que ser transmutado en nacionalismo. El alquimista Galasso (aunque sería más correcto denominarlo "aprendiz de brujo") realiza varias operaciones para lograr la mencionada transmutación. El resultado obtenido no es el oro que buscaban los alquimistas, sino una sustancia indefinida, que no es ni nacionalismo ni socialismo, ni chicha ni limonada.

La primera dificultad que tiene que afrontar Don Norberto consiste en el carácter internacionalista que Marx y Engels imprimieron al socialismo. Nuestro héroe empieza por aclarar que el internacionalismo proletario es una respuesta al nacionalismo reaccionario de los países más desarrollados. (5). Sin embargo, y con ser correcto, este argumento es unilateral. Marx y Engels no adoptan el internacionalismo como una mera reacción a la ideología de la burguesía. Constituye, en cambio, una estrategia política fundada en el reconocimiento del carácter internacional del capital. Si bien cada burguesía precisa de sus respectivos mercados nacionales, su despliegue se completa en el mercado mundial, y allí se realiza definitivamente la ley del valor. Es por ello que la clase obrera precisa de una política internacionalista para enfrentar adecuadamente a la clase capitalista.

Lo expuesto en el párrafo precedente no implica validar como correcta una política centrada en lo internacional, que tienda a descuidar lo nacional por considerarlo "de cabotaje". Poner como eje de las reivindicaciones de un partido socialista en Argentina la defensa de las conquistas de los trabajadores griegos no es una buena forma de hacer política; por el contrario, es un verdadero suicidio político. Pero esto no quita que el internacionalismo un componente imprescindible de una política socialista.

Don Norberto procede de un modo distinto. El internacionalismo constituye una molestia en su planteo, pues obliga a revisar los mecanismo por los que el capitalismo y la ley del valor se imponen en el mercado mundial Así que, simplemente, descarta toda consideración en este sentido. Si Marx y Engels defendieron el internacionalismo, ello se debe a que ambos estaban imbuidos del clima cultural de la Europa de mediados del siglo XIX. Esto equivale a decir mucho... y a no decir nada. Gran gambeteador de las cuestiones importantes, Galasso elude con una frase la dificultad de tener que analizar la conexión entre el internacionalismo de Marx y Engels y la estructura del capitalismo.

Luego de haber transformado el internacionalismo de Marx y Engels en un fenómeno culturalmente determinado, Galasso puede avanzar hacia nuevas posiciones: "este internacionalismo de Marx no plantea (...) una política socialista al margen de los problemas nacionales, ni propone tampoco la posibilidad de una táctica común, universal, para todos los partidos socialistas del mundo (...) a un siglo de Manifiesto, Marx hubiese reprobado absolutamente la pretensión stalinista dirigida a someter a todos los partidos comunistas del mundo - que operan en condiciones históricas distintas - a una misma táctica política." (p. 31). Hay que recordar que Don Norberto estaba luchando contra el internacionalismo de Marx y Engels, y no contra el nacionalismo ruso de Stalin y cia. ¿Estamos ante un desliz producto de las ansias guerreras de nuestro luchador? No. Es otra gambeta que aleja a Galasso de los problemas de una política socialista. Recapitulemos. Galasso estaba discutiendo el carácter del internacionalismo de Marx y Engels; llegado a este punto, efectuó un viraje en la discusión e introdujo la idea (correcta, por cierto) de que Marx y Engels no estaban en contra de una política socialista nacional, entendiendo por esto una política tendiente a que la clase obrera conquiste el poder en cada país. Así las cosas, es imposible no darle la razón a Don Norberto. Sin embargo, nuestro autor omite lo fundamental: el eje de la política socialista pasa por la búsqueda de la emancipación de los trabajadores de la explotación capitalista, y esto implica necesariamente cuestionar las relaciones de producción capitalistas. A su vez, y dado el carácter internacional del capital, esto supone establecer una relación estrecha entre política nacional e internacional, pues únicamente de este modo es posible enfrentar con éxito al capitalismo.

A Don Norberto todos los problemas mencionados al final del párrafo anterior lo tienen sin cuidado. Su preocupación va más allá de esas minucias. A él le interesa demostrar que la cuestión nacional es el tema fundamental del socialismo. Esto significa afirmar que la cuestión social (la relación entre los capitalistas y los trabajadores) pasa a ser un tema secundario.

Galasso sigue avanzando: "el socialismo lucha por la subversión del statu quo y por la creación de un orden social superior y por tanto su táctica y su programa se adecuan a las condiciones históricas del país de que se trate." (p. 35). Ya veremos cómo este adecuarse a las "condiciones históricas de país de que se trate" significa, lisa y llanamente, transformar el socialismo en nacionalismo, subordinando la lucha de clases a las necesidades de la burguesía "nacional".

En el capítulo 3 (p. 49-73), Galasso empieza a poner las cartas sobre la mesa. Nuestro autor desarrolla el argumento de que las fallas ("culturales") de la concepción del socialismo en Marx y Engels fueron resueltas por Lenin, quien supo comprender la centralidad de la cuestión nacional. Acompañemos al maestro en su trabajo: "La óptica europea con que Marx había elaborado los fundamentos del socialismo científico (...) [dió lugar] a que él no revisase expresamente, con referencias a las colonias, su concepción de que 'los obreros no tienen patria'." (p. 49). En verdad, sería desconcertante que Marx hubiera desarrollado una concepción china, o rioplatense, o congoleña, del capitalismo, pues esta forma de organización social surgió en Europa, y Marx dedicó su vida a estudiar ese capitalismo, que era el único existente a mediados del siglo XIX. Nótese que Galasso, que plantea tamaña exigencia a Marx, se muestra sumamente perezoso al momento de estudiar el capitalismo de nuestra época. En este sentido, puede mencionarse la insuficiencia de su periodización del capitalismo, que distingue sólo entre una etapa competitiva y una etapa imperialista. Que hay toda una historia del capitalismo con posterioridad a 1917 (o a 1945) es otra minucia que no inquieta al maestro.

Volvamos al hilo de su argumentación: "ni Marx ni Engels podían ir más allá de los límites que les imponía la época histórica en que vivían". (p. 51). Es por ello que no pudieron comprender las tareas del socialismo en los países coloniales (p. 31, 49). Como consecuencia de esta incomprensión y de los efectos de la política imperialista sobre los países centrales, surgió una generación de "socialistas que creen que la lucha de clases, entendida como enfrentamiento proletariado-burguesía, es una receta aplicable automática y mecánicamente como si en todas las sociedades estuviese resuelta la cuestión nacional y el antagonismo principal se diera entre burgueses y proletarios." (p. 50). Galasso califica de "mecanicistas" (p. 50) a estos socialistas. Es significativa la forma en que Don Norberto arriba al punto que le interesa (la cuestión nacional). Para birlar al socialismo su contenido fundamental (la lucha de clases) recurre a esa variante del socialismo que fue la socialdemocracia de la II Internacional.. Luego de plantear las limitaciones culturales de Marx, pasa a confrontar con los marxistas de la socialdemocracia europea, para de ese modo mostrar el "abandono" de la cuestión nacional. Al hacer esto, Galasso formula mal la cuestión. El problema consiste en postular una opción entre lucha de clases (burguesía, proletariado) y cuestión nacional, sino comprender que la lucha de clases es mucho más compleja que la confrontación burguesía-proletariado.

Si el socialismo puede distinguirse como corriente política autónoma, es porque coloca a la lucha de clases como el eje de las luchas políticas.Además, esta lucha de clases tiene un contenido específico, pues remite a las condiciones económicas y sociales de una sociedad capitalista. Desde el punto de vista de los socialistas, los conflictos políticos giran en torno a la propiedad privada de los medios de producción y a la distribución del poder social condicionada por la misma. Esto no significa afirmar que todos los antagonismos políticos y sociales remitan inmediatamente a la disputa en torno a la propiedad privada, sino que la existencia de la propiedad privada de los medios de producción modifica radicalmente la forma en que se manifiesta en todos los antagonismos. Así, por ejemplo, la lógica del funcionamiento del capital no requiere del mantenimiento de la opresión de las mujeres por los hombres; se abre, así, un amplio espacio para la concreción de medidas tendientes a igualar la condición jurídica, social y económica de las mujeres y los hombres. Sin embargo, en el capitalismo una mujer puede acceder plenamente a las ventajas de esa igualación en la medida en que otras mujeres se vean sometidas a una doble explotación (en su propio hogar y en la casa ajena en la que trabajan como mucamas, cocineras, etc., etc.). La joven empresaria exitosa requiere de la presencia invisible de la mucama que le resuelve las cuestiones del hogar. Es por ello que el logro de una efectiva emancipación de la mujer requiere de una emancipación de los seres humanos de la lógica del capital. El socialismo se distingue, pues, de las otras corrientes políticas en que plantea la centralidad de la propiedad privada en la moderna sociedad capitalista.

Dado lo expuesto en el párrafo anterior, podemos pasar a explicar en qué consiste el yerro de Don Norberto. En las condiciones del capitalismo, la "cuestión nacional" es también un enfrentamiento entre burguesía y proletariado. Esto último no sólo porque durante la etapa imperialista las metrópolis capitalistas se repartieron el planeta, sino principalmente porque el desarrollo capitalista implica la subordinación de todo el orbe a la lógica de la expansión del capital. Un mundo capitalista es un mundo impregnado de desigualdad, y esta se da tanto al interior de los países, como en las relaciones internacionales. Galasso, al proponer la centralidad de la cuestión nacional, tiende a dejar de lado el antagonismo principal (la lucha entre burguesía y proletariado). Pero, además, al plantear la antítesis lucha proletariado-burguesía vs. cuestión nacional, Don Norberto olvida que para Marx la lucha de clases es algo mucho más complejo que la dicotomía burguesía vs. proletariado. (6). En este sentido, simplificar las cosas favorece la posición de Galasso, puede puede mostrar la insuficiencia del esquema dual burguesía-proletariado frente a la complejidad de la cuestión nacional. Esta es la causa por la que adopta al marxismo de la II Internacional como el enemigo a vencer, dejando de lado a Marx por medio del recurso de aludir a los condicionantes culturales.

En la nota siguiente analizaremos la forma en que Galasso transforma a Lenin en un socialista "nacional".


Mataderos, domingo 3 de julio de 2011
NOTAS:

(5) Galasso indica que estos son países que han resuelto la cuestión nacional en un sentido burgués (p. 30).

(6) Ver, por ejemplo, el 18 Brumario de Luis Bonaparte.

viernes, 24 de junio de 2011

FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y TEORÍA DE LA IDEOLOGÍA (II)

Tal como indicamos en la nota anterior, la teoría del fetichismo de la mercancía permite desarrollar la distinción entre ideología y ciencia. Marx parte de la pregunta de por qué la economía política clásica nunca llegó a plantear el problema de los motivos que le impidieron formular la cuestión de las razones por las que el valor y la magnitud del valor adoptaron esas formas: "es indudable que la economía política ha analizado, aunque de manera incompleta, el valor y la magnitud de valor y descubierto el contenido oculto en esas formas. Sólo que nunca llegó siquiera a plantear la pregunta de por qué ese contenido adopta dicha forma; de por qué, pues, el trabajo se representa en el valor, de a qué se debe que la medida del trabajo conforme a su duración se represente en la magnitud del valor alcanzada por el producto del trabajo." (Marx, 1996: 97-98). En definitiva, y este es el fondo de la crítica de Marx, la economía clásica no llegó a desentrañar la forma valor.

De la lectura de la respuesta formulada por Marx se desprende que no se trata de una cuestión de "falsa conciencia", en el sentido de que los economistas elaboraron una mentira adrede para legitimar las relaciones sociales capitalistas. Por el contrario, los economistas tropiezan con una realidad que opera ella misma como obstáculo epistemológico, es decir, que la misma naturaleza de las relaciones sociales en el capitalismo dificulta su conocimiento más allá de las apariencias.

Las categorías (es decir, los conceptos) de la economía burguesa son "formas del pensar socialmente válidas, y por tanto objetivas, para las relaciones de producción que caracterizan ese modo de producción social históricamente determinado: la producción de mercancías." (Marx, 1996: 93). Ahora bien, si las categorías de la economía clásica son "objetivas", esto quiere decir que no pueden explicarse mediante la figura de la "falsa conciencia". Dichas categorías reflejan, expresan, aquello que es visible en el modo de producción capitalista: la omnipotencia de las cosas, la naturalización de la cosificación. La cuestión va más allá de la intención de los economistas.

La razón más profunda de este "fallo" de la economía clásica radica en que "la forma de valor asumida por el producto del trabajo es la forma más abstracta, pero, también la más general, del modo de producción burgués, que de tal manera queda caracterizado como tipo particular de producción social y con esto, a la vez, como algo histórico. Si nos confundimos y la tomamos por la forma natural eterna de la producción social [a lo que nos conduce directamente el fetichismo de la mercancía], pasaremos también por alto, necesariamente, lo que hay de específico en la forma de valor, y por tanto en la forma de la mercancía, desarrollada luego en la forma de dinero, la de capital, etc." (Marx, 1996: 98-99). "A formas que llevan escrita en la frente su pertenencia a una formación social donde el proceso de producción domina al hombre, en vez de dominar el hombre ese proceso, la conciencia burguesa las tiene por una necesidad natural tan manifiestamente evidente como el trabajo productivo mismo." (Marx, 1996: 99). En el capitalismo, el imperio del valor de cambio, expresado a través del dominio del "mercado", es la forma más característica de esta dominación del proceso de producción sobre los seres humanos. En este sentido, el capitalismo se presenta a sí mismo frente a las otras formas de producción (la economía natural, el feudalismo, etc.) como la expresión de la racionalidad frente a la "irracionalidad", frente a "lo artificial", frente a "lo antinatural". (1).

Marx califica de "fetichista" a la actitud adoptada por los economistas burgueses ante los fenómenos de la economía capitalista. Así, puede afirmar: "Hasta qué punto una parte de los economistas se deja encandilar por el fetichismo adherido al mundo de las mercancías, o por la apariencia objetiva de las determinaciones sociales del trabajo..." (Marx, 1996: 100). De este modo, la economía política puede ser considerada como la forma más refinada de la ideología propia del modo de producción capitalista, pero no es ciencia, en el sentido de que no penetra la cosificación para analizar el carácter histórico del capitalismo. Sin embargo, tampoco puede ser concebida como ideología, en el sentido de mistificación consciente de las condiciones sociales existentes en la sociedad capitalista. La economía aparenta una esencia de cientificidad, porque expresa objetivamente las relaciones de producción capitalista, pero despojadas de su carácter histórico.

La percepción cosificada de las relaciones sociales en el capitalismo no puede ser calificada, por tanto, de "falsa conciencia" (entendiendo por este concepto el uso que Marx y Engels le dan en la Ideología alemana). El pasaje a una percepción correcta del carácter de dichas relaciones exige, necesariamente, la transformación revolucionaria del proceso de producción capitalista, pues esta es la fuente última de la cosificación y de la naturalización: "La figura del proceso social de vida, esto es, del proceso natural de producción, sólo perderá su místico velo neblinoso cuando, como producto de hombres libremente asociados, éstos la hayan sometido a su control planificado y consciente. Para ello, sin embargo, se requiere una base material de la sociedad o una serie de condiciones materiales de existencia, que son a su vez, ellas mismas, el producto natural y de una prolongada y penosa historia evolutiva." (Marx, 1996: 97).

Marx sostiene que la ideología, entendida aquí como naturalización de las relaciones sociales (el fetichismo), desaparecerá cuando desaparezcan las bases sociales que la engendran, esto es, la producción mercantil. Esto presenta varios puntos de interés: a) el socialismo, concebido como asociación de productores libres, como forma de producción comunitaria (2), suprimirá el fenómeno de la cosificación, pero no todas las formas de ideología (esto es, las manifestaciones ideológicas que no son propias de la producción mercantil); b) el mero conocimiento no basta para eliminar la forma naturalizada de las relaciones sociales, para ellos es preciso transformar las relaciones de producción que la hacen posible.

Buenos Aires, viernes 24 de junio de 2011

NOTAS:

(1) El gran sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) caracterizó el contenido general de este proceso aludiendo al "desencantamiento del mundo".

(2) En el capítulo 1 del Libro Primero de El capital Marx formula la siguiente definición del socialismo: "Imaginémonos, finalmente, para variar, una asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo social. Todas las determinaciones del trabajo de Robinsón [el personaje favorito de los esquemas de la economía política] se reiteran aquí, sólo que de manera social, en vez de individual. Todos los productos de Robinsón constituían su producto exclusivamente personal y, por tanto, directamente objetos de uso para si mismo. El producto todo de la asociación es un producto social. Una parte de éste presta servicios de nuevo como medios de producción. No deja de ser social. Pero los miembros de la asociación consumen otra parte en calidad de medios de subsistencia. Es necesario, pues, distribuirla entre los mismos. El tipo de esa distribución variará con el tipo particular del propio organismo social de producción y según el correspondiente nivel histórico de desarrollo de los productores. A los meros efectos de mantener el paralelo con la producción de mercancías, supongamos que la participación de cada productor en los medios de subsistencia esté determinada por su tiempo de trabajo. Por consiguiente, el tiempo de trabajo desempeña un papel doble. Su distribución, socialmente planificada, regulará la proporción adecuada entre las varias funciones laborales y las diversas necesidades. Por otra parte, el tiempo de trabajo servirá a la vez como medida de la participación individual del productor en el trabajo común, y también por ende, de la parte individualmente consumible del producto común. Las relaciones sociales de los hombres con sus trabajos y con los productos éstos, siguen siendo aquí diáfamente sencillas, tanto en lo que respecta a la producción como en lo que atañe a la distribución." (Marx, 1996: 96).

BIBLIOGRAFÍA:

Marx, Karl. [1867]. (1996).
El capital: Crítica de la economía política. Libro primero: El proceso de producción de capital. México D. F.: Siglo XXI.

miércoles, 22 de junio de 2011

NORBERTO GALASSO Y EL "SOCIALISMO NACIONAL" (I)

La serie completa incluye cinco notas.





Norberto Galasso (n. 1936) se ha convertido por esos azares del destino en uno de los intelectual principales del campo "nacional y popular” en estos tiempos del kirchnerismo. Historiador flojo, centrado en lo anecdótico y proclive a presentar esquemas como si fueran la realidad misma, ha hecho de la dicotomía entre “lo nacional” y “lo antinacional” un verdadero medio de vida. Cada época se provee los intelectuales que necesita, y ésta no ha sido la excepción. Sin embargo, no es nuestra cuestión realizar una crítica exhaustiva de su obra historiográfica. Esto será tarea de los historiadores competentes que quieran afrontar esta ingrata labor. Nuestro propósito, en cambio, es mucho más modesto. Se trata de someter a discusión las concepciones desarrolladas por Galasso en su obra teórica más relevante, ¿Qué es el socialismo nacional? (1973). (1)

La elección no es casual. La obra mencionada representa, desde el punto de vista de Galasso, la formulación más coherente de las tesis del autor acerca de la centralidad de la cuestión nacional para el socialismo. A lo largo del texto, que tiene el formato de un ensayo, arremete contra las variantes de lo que denomina socialismo “antinacional”, esto es, contra todos los representantes de la izquierda en Argentina, desde el viejo socialismo hasta el PRT-ERP. Es por tanto, un trabajo que presenta un doble interés. Por un lado, porque Galasso se ve obligado a revisar en clave “nacional” la historia de la izquierda en Argentina; esta revisión lo lleva, por ende, a formular sus posiciones sobre las estrategias y las tácticas de la izquierda a lo largo de todo el período considerado. Por otro lado, Galasso se ve compelido a exponer de manera positiva las tesis fundamentales del llamado socialismo “nacional", permitiendo de ese modo una crítica más sistemática de dichas tesis.

La obra fue escrita y publicada en 1973. Galasso se propone establecer los lineamientos principales del llamado socialismo nacional, marcando las diferencias "con aquellas corrientes 'socialistas' que desconocen la cuestión nacional existente en la Argentina y que pretenden importar mecánicamente experiencias revolucionarias lejanas, sin reparar en las condiciones específicas de la Argentina y de América Latina." (p. 7).

Galasso carga en sus hombros una mochila muy pesada, pues se postula implícitamente al cargo de teórico oficial del "socialismo nacional". No es exagerado adjudicarle esta intención, pues con un ensayo pretende despachar toda la historia de la izquierda en Argentina y, a la vez, plantear una interpretación del marxismo que tiene mucho de divagación y poco de marxismo. Pero vayamos despacio.

El libro puede dividirse en tres partes. En la primera hace una rápida excursión por los clásicos del marxismo, planteando la importancia que tiene la cuestión nacional para Marx, Lenin y cia. En la segunda, efectúa un balance de la actuación de la izquierda en Argentina, que concluye poniendo el sello de "antinacional" a cada una de las corrientes de ésta. En la tercera, se dedica a demostrar que el movimiento peronista es la fuerza que encarna los ideales de liberación nacional y social en Argentina.

En pocas palabras, toda la argumentación de la obra se resume en afirmar que el peronismo es la encarnación del socialismo nacional: "Desplegando sus banderas revolucionarias los descendientes de los Montoneros irrumpen de nuevo en la escena: por la revolución nacional para liberar el país del imperialismo opresor, por la revolución socialista para liberar a la clase obrera del yugo capitalista, por una América Latina liberada, unida y socialista." (p. 135).

Nuestro teórico del "socialismo nacional" muestra con rapidez la hilacha, sobre todo si se tiene en cuenta las elevadas tareas para las que se ha postulado. Así, el hombre que se ha propuesto demostrar el carácter "antinacional" y "abstracto" de las vertientes de la izquierda argentina, abre su ensayo utilizando los mismos métodos polémicos de muchos de los izquierdistas a los que condena. Galasso considera que desarrollar el marxismo consiste en exponer un resumen de algún texto canónico, y chau pinela. Nada muy diferente a los manuales del viejo PC soviético, con el agravante de que Galasso la juega de heterodoxo.


El capítulo 1 del libro es, en su mayor parte, un resumen de escolar basado sobre todo en el Manifiesto Comunista (1848) de Marx y Engels, en el que pretende presentar los lineamientos fundamentales de la teoría marxista. Más allá de los pequeños y grandes errores que se encuentran en el texto (2), todo el capítulo rezuma una actitud sobradora y jactanciosa, poco apta para persuadir sobre bondades del marxismo (o de cualquier otra teoría social). Las referencias históricas concretas son tan escasas como abundantes las exégesis y los comentarios de los textos canónicos de los santos padres del marxismo, con el inconveniente adicional de que, por tratarse de un ensayo, no se realizan citas de los textos originales. Como ya se indicó más arriba, esta forma de exponer un argumento es propia de la ortodoxia estalinista, justamente aquella que Galasso dice combatir.


A modo de muestra, transcribo un pasaje característico: "La dialéctica intrínseca del desarrollo histórico armaba a la propia burguesía, para poder vivir, con un enorme cuchillo que era inmanejable y que si bien ahora le permitía alimentarse golosamente, tarde o temprano se volvería contra ella y la ultimaría sin remedio." (p. 18-19). O este otro: "Los ideólogos de la burguesía reflejaron desde entonces en sus diversos sistemas irracionalistas, la decadencia de la burguesía convertida ya en una clase reaccionaria. Su ciclo había concluido y ya no haría más que sobrevivirse agonizando." (p. 28). Este último pasaje hacer referencia al período posterior a la publicación del Libro Primero de El capital (1867). Como puede observarse, en la prosa de Galasso la frase reemplaza al análisis, el deseo a la consideración responsable de los hechos.


El capítulo 2 (p. 29-48) es particularmente importante en la estructura general del libro, pues Galasso comienza a formular allí la tesis de que en el pasaje de la etapa del "capitalismo competitivo" (p. 29) a la "etapa imperialista" del capitalismo (p. 35), la "cuestión nacional" pasa a ser el problema fundamental del movimiento socialista. Hay que aclarar que la forma en que Galasso plantea dicho pasaje es todavía vergonzante, y sólo alcanza su pleno desarrollo en los capítulos siguientes.


La mayor dificultad de Galasso en su tarea de elevar la "cuestión nacional" al rol de tema principal del marxismo consiste en que ello significa obviar la centralidad del proceso de trabajo y de las relaciones de producción en la teoría de Marx. El asunto no es fácil. ¿Cómo lo resuelve Galasso? Esto es lo que intentaremos mostrar a continuación.


En primer lugar, recurre a una periodización del capitalismo marcada por el desplazamiento progresivo desde la esfera de la producción a la esfera de la circulación. Galasso reconoce dos etapas en la historia del capitalismo: a) una fase competitiva, que se prolonga hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XIX; b) una fase imperialista que comienza hacia 1880 y se extiende hasta la actualidad.

Galasso no hace casi referencias concretas a la etapa competitiva (3). Esto le permite eludir desde el principio el trabajo de tener que examinar detenidamente las transformaciones en el proceso de producción capitalista. Como tantas otras veces, nuestro autor se dedica a las frases: "Ya avanzada la segunda mitad del siglo pasado [el XIX] el viento de la historia parecía soplar para el socialismo. Marx y Engels creían ya que se encontraban en las vísperas de la revolución social. En las barricadas del 48 y del 70, el proletariado ponía al borde del colapso a la sociedad burguesa." (p. 35). Está claro, por lo menos para los historiadores, que en 1848 y en 1871 [la Comuna de París] la sociedad burguesa no estaba en peligro, y que su capacidad para expandir las fuerzas productivas estaba en pañales. El entusiasmo revolucionario puede generar (y ha generado) errores en la apreciación de la coyuntura política, y esto es disculpable; pero, en el caso de Galasso, se verifica un extraño fenómeno de entusiasmo retrospectivo, cosa que no merece por cierto ninguna disculpa. Avancemos.

¿Cuál era la causa de la inestabilidad de la sociedad burguesa, esa sociedad que según Galasso se hallaba al borde del colapso? Nuestro autor, adoptando un aire bíblico, sostiene que en el principio estaba la escasa capacidad de consumo de los trabajadores y de los demás sectores populares. Así, en la sociedad capitalista "el valor que se produce y envía al mercado, excede el poder de compra generado, conduciendo periódicamente a crisis económicas de gran magnitud." (p. 23). De este modo, Galasso considera que la causa principal de las crisis en el capitalismo es el subconsumo de las masas; en otras palabras, la contradicción principal del capitalismo está situada en el plano de la distribución, y no en el de la producción (4).

Ahora bien, la expansión colonial del capitalismo fue el factor que permitió evitar el colapso del sistema en las metrópolis: "Ese capitalismo en fabulosa expansión, ahogado por la falta de nuevas oportunidades de inversión, saturadas sus posibilidades por la reducida demanda efectiva consecuencia de su explotación desvergonzada, saltó entonces las fronteras buscando nuevos aires en el mundo colonial. La exportación de capital se puso a la orden del día. El capitalismo, eliminada la libre competencia y convertido al monopolio, entró entonces en su fase superior: el imperialismo." (p. 36-37). Nótese, como otra vez, Galasso ubica en la insuficiencia de la demanda el problema central del capitalismo, camino que lo conduce a desplazar del centro del escenario a la cuestión del proceso de trabajo.

El imperialismo soluciona el problema central del capitalismo al resolver transitoriamente la insuficiencia de la demanda efectiva, que se ve incrementada por la incorporación de los mercados de las colonias y por el aumento del nivel de vida de los trabajadores en las metrópolis. Al hacer esto último, el imperialismo consolida la dominación capitalista, pues mella la voluntad revolucionaria de la clase obrera: "Amplias capas pequeño burguesas y la capa superior de la clase obrera comienzan entonces a coparticipar en la explotación colonial. La burguesía, convertida en imperialista, cola tras de sí, entonces, a sus antiguos enemigos y les arroja las migajas del festín. De este modo, la opresión imperialista le permite a la burguesía alejar el peligro de la revolución social transformando a sus hasta ahora irreductibles antagonistas en complacientes y precedentes interlocutores." (p. 37-38). Dado que, como hemos visto, Galasso sostiene que el problema central del capitalismo es la insuficiente demanda efectiva de las masas, es lógico avanzar en esa línea y postular que la clase obrera de los países centrales perdió todo carácter revolucionario a partir del ascenso del imperialismo. En verdad, la expansión del imperialismo desplaza la contradicción principal del imperialismo desde el ámbito de la producción hacia el de la distribución y el de la circulación.

Galasso afirma que la trayectoria de la socialdemocracia europea en el período del imperialismo expresa con claridad el contenido del desplazamiento mencionado en el punto anterior. "Así, el gran ideal socialista se reduce a la obtención de mejoras económicas y sociales inmediatas, dentro del capitalismo, circunstancia que sólo será posible merced al carácter imperialista que ha tomado ese capitalismo. (...) La huelga revolucionaria y la insurrección popular son reemplazadas por la sesuda polémica parlamentaria." (p. 39). El imperialismo vuelve, pues, reformistas a los trabajadores, y nacionalistas a los socialistas en los países centrales.

Si se acepta el esquema expuesto en los párrafos anteriores, se está en condiciones de efectuar una transformación "radical" en el socialismo. Como era de esperarse, Galasso pone manos a la obra. En la nota siguiente seguiremos a nuestro autor en esta ardua tarea.

Buenos Aires, miércoles 22 de junio de 2011

NOTAS:

(1) Hemos empleado la siguiente edición de la obra: Galasso, Norberto. (2010).
¿Qué es el socialismo nacional? Rosario: Germinal Ediciones. La 1° edición de la obra es de 1973. El texto fue redactado entre marzo y octubre de 1973.

(2) Por ejemplo, su descripción de la dialéctica hegeliana como tesis, antítesis y síntesis (p. 21), o la frase final del capítulo, en la que se proclama la situación agónica de la burguesía (p. 28).

(3) Salvo un pasaje en la p. 36, donde menciona "la pequeña empresa capitalista y del empresario individual, ascético e individualista."

(4) En rigor, Galasso también hace referencia a la producción de plusvalía (p. 23), pero se trata de una mención secundaria, tal como demostraremos en las páginas siguientes.

lunes, 13 de junio de 2011

FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y TEORÍA DE LA IDEOLOGÍA (I)

La importancia del fetichismo de la mercancía radica en que constituye la base para el análisis científico de la ideología. ¿Por qué? Porque permite explicar la naturalización de las relaciones sociales (esto es, el mecanismo más significativo de la ideología), remitiendo al análisis de la forma mercantil, de la producción mercantil. La naturalización de las relaciones sociales, llevada a su perfección por la economía política, es posible (y es consecuencia) de la forma de producción e intercambio propia de la producción mercantil. Las relaciones sociales se objetivan, es decir, aparecen como relaciones entre cosas. La objetivación significa que estas relaciones se dan con independencia de la intervención humana y poseen el carácter de la inexorabilidad. Las leyes de la sociedad se asemejan a las leyes de la física. (1).

El texto fundamental para el análisis de este fenómeno es el apartado 4 del capítulo 1 del Libro Primero de El capital (Marx, 1986: 87-102). La importancia de este escrito es doble: a) El capital es el núcleo de la producción intelectual de Marx, y el fetichismo de la mercancía ocupa un lugar muy destacado en esa producción; b) presenta la forma más avanzada de la concepción de la ideología de un Marx que ya había desarrollado su análisis del modo de producción capitalista. En este sentido, debe compararse a la sostenida en La ideología alemana (1845-1846).

Las relaciones sociales propias de la producción mercantil son el punto de partida de todo el análisis marxista de la ideología. La cosificación de esas relaciones crea la apariencia de su exterioridad, de su ajenidad respecto a las personas; otorga naturalidad y, por tanto, naturaliza un tipo específico de relaciones sociales. La naturalización legitima esas relaciones sociales (que en el capitalismo son esencialmente desiguales, con la explotación como componente esencial), borra su carácter histórico.

En este marco, la ideología es esta concepción de la sociedad condicionada por el fetichismo propio de las relaciones sociales mercantiles. No es tanto un pensamiento falso, una mentira "noble", una mistificación adrede, sino la forma en que los individuos se explican el funcionamiento de la sociedad (o de un aspecto de la misma). Pero esta concepción (la de ideología como pensamiento falso) traduce las apariencias sociales que obstaculizan la percepción de las relaciones sociales capitalistas.

La teoría de la ideología expuesta en el fetichismo de la mercancía presenta un esquema tripartito:
a) Relaciones sociales capitalistas;
b) Cosificación, fetichismo;
c) Ideología.

La concepción de la ideología tal como aparece en la Ideología alemana saltea la cosificación y cae, por eso mismo, en una visión reduccionista (2). El concepto pierde fecundidad teórica y se desliza hacia el maniqueísmo y las concepciones propias de la Ilustración (el conocimiento nos hará libres, etc.). (3).

Por el contrario, la concepción desarrollada en El capital permite: a) extender la aplicación del concepto de ideología a todas las manifestaciones de la sociedad capitalista (4); b) establecer la distinción entre ideología y ciencia (entendida esta última como percepción de la cosificación) y, de esa manera, es una base sólida para el desarrollo de la ciencia social. (5).

Buenos Aires, lunes 13 de junio de 2011

NOTAS:

(1) Resulta interesante analizar cómo la ideología de la naturalización convive con la ideología del individuo, con la exaltación de la libertad. Debe trabajarse con la distinción entre producción e intercambio (Ver al respecto el final del capítulo 4 del Libro Primero de El capital, Marx, 1986: 214).

(2) La ideología se equipara, por decirlo así, al mito de los metales en la República de Platón.

(3) Esto no quiere decir que Marx y Engels hubieran planteado en 1845-1846 que el camino para lograr la liberación de los seres humanos era la difusión del conocimiento verdadero de la sociedad. Esto es profundamente erróneo, pues en el texto citado ambos desarrollan la teoría de la lucha de clases y de la revolución como camino efectivo para llegar al socialismo. Sólo queremos indicar que la concepción de la ideología esbozada en esa obra es unilateral y mella el carácter revolucionario de la teoría marxista.

(4) La teoría presentada en La ideología alemana tendía a encerrar el concepto en el plano político-ideológico.

(5) En relación a la distinción entre ideología y ciencia, es altamente significativo el análisis que hace Marx de las limitaciones de la economía política clásica, el cual será desarrollado en el próximo artículo de esta serie.

BIBLIOGRAFÍA:

Marx, Karl. [1867]. (1996). El capital: Crítica de la economía política. Libro primero: El proceso de producción de capital. México D. F.: Siglo XXI.

domingo, 12 de junio de 2011

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA: ÍNDICE

A continuación se indica el tema de cada una de las notas publicadas en este blog a partir del comentario del libro de G. H. D. Cole., Historia del pensamiento socialista.

1° Nota: Presentación. Origen del término socialismo:


2° Nota: Origen de los términos lucha de clases y comunismo.


3° Nota: El socialismo en la Revolución Francesa: Babeauf.


4° Nota: Precursores del socialismo inglés:


5° Nota: Precursores del socialismo inglés. William Godwin.


6° Nota: Precursores del socialismo inglés. Thomas Paine.


7° Nota: La derrota del movimiento radical en Inglaterra.


8° Nota: Saint-Simon.


9° Nota: Saint-Simon y el sansimonismo.


10° Nota: Fourier.


11° Nota: Los continuadores de Fourier. Etienne Cabet.


12° Nota: Sismondi y su crítica de la economía clásica.


13° Nota: Robert Owen.


14° Nota: Los orígenes del movimiento obrero inglés. Sindicatos, cooperativismo, economistas socialista.


15° Nota: Los economistas socialistas ricardianos.


16° Nota: El movimiento obrero inglés en 1824-1834.


17° Nota: La evolución del owenismo después de 1834. El socialismo de Bray.


18º Nota: El cartismo.


19º Nota: Los epígonos del cartismo.


20º Nota: Blanqui y el problema del poder.


21º Nota: Louis Blanc.


22º Nota: Buchez y el cooperativismo en Francia.

viernes, 3 de junio de 2011

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (14): LOS ORÍGENES DEL MOVIMIENTO OBRERO INGLÉS. SINDICATOS, COOPERATIVISMO. ECONOMISTAS SOCIALISTAS.

(Esta nota es la continuación de: http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/05/historia-del-movimiento-socialista-13.html)

Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página.

18. El movimiento obrero inglés en la 2° mitad de la década de 1820.

Este período está marcado por la transición de la larga hegemonía tory al gobierno whig. En esta época se produjo una agitación popular a favor de la reforma electorarl (la extensión del voto a los trabajadores).

Los hilanderos de algodón que empleaban la hilandera intermitente (un oficio especializado que se había originado en la Revolución Industrial) se organizaron en un sindicato general que pretendía abarcar a todo el país. Los obreros de la construcción se levantaron contra el sistema de los "grandes contratistas". Los trabajadores que fabricaban máquinas de vapor y otros nuevos grupos de obreros comenzaron a organizarse. (I: 108).

La mayoría de los obreros políticamente activos estaban preocupados, sobre todo, por la reforma del Parlamento: "...pero la demanda de una democracia política cada vez se iba combinando más con una denuncia del capitalismo y de los privilegios de la aristocracia y también con las ideas de un nuevo tipo de vida, debiéndose esto en gran parte a Owen mismo." (I: 110-111).

Hay que decir que esta es la primera referencia más o menos extensa - ¡8 líneas! - al movimiento obrero. ¡Justamente el actor social qué debería ser el centro de toda la historia del socialismo! Sin el movimiento obrero, sin la puesta en práctica de los proyectos de transformación de la sociedad capitalista, la historia del socialismo pierde toda sustancia, y corre el riesgo de transformarse en una estéril "historia de la filosofía". Esto último no sucede con el libro de Cole, pero la escasa atención dedicada al movimiento obrero constituye el principal defecto del libro - por lo menos en sus primeras 100 páginas - ).

19. El origen del movimiento cooperativista en Gran Bretaña.

Para la 2° mitad de la década de 1820 se produjo un incremento del cooperativismo práctico. En Escocia y en otros lugares se crearon tiendas cooperativas, donde las provisiones se vendían a reciprocidad. En sus orígenes no estaban vinculadas con Robert Owen (1771-1858) o con el owenismo, y su única aspiración era "la de obtener artículos mejores y más baratos comprándolos a precios de mayores y repartiéndolos" (I: 109).

El papel más destacado correspondió al Dr. William King (1786-1865), de Brighton, quien dirigió el periódico THE CO-OPERATOR (1828-1830). En otro periódico cooperativista, el CO-OPERATIVE MAGAZINE, apareció impresa por primera vez la palabra socialista, empleada para designar a los partidarios de las nuevas ideas. (I: 108-109).

En 1829 fue creada la Asociación Británica para el Fomento de la Doctrina Cooperativa, con sede en Londres. Sus miembros más activos fueron Henry Hetherington (1792-1849) y William Lovett (1800-1877).

El incipiente movimiento cooperativista fue cambiando de carácter gracias a la acción de pequeños grupos owenistas, que tambíén actuaban sobre el movimiento obrero. Para estos grupos las tiendas cooperativas eran un primer paso para la constitución de comunidades cooperativas autónomas.

Owen, quien en 1829 había regresado a Inglaterra, debió tomar nota del crecimiento del movimiento cooperativista. "Los cooperativistas y los miembros de los sindicatos que le escuchaban de ningún modo estaban inclinados a poner su confianza en el gobierno o en las autoridades de la beneficencia, o en empresas filantrópicas dirigidas por ricos. En lo que pensaban era en una nueva clase de estructura democrática que les emanciparía de la opresión de los capitalistas y de la clase media, y les permitiría dirigir sus propios asuntos; y Owen tuvo que acomodar su propaganda a estas aspiraciones." (I: 109).

20. Los "ricardianos de izquierda" y el movimiento socialista.

David Ricardo (1772-1823), el gran economista clásico, contribuyó inconscientemente al desarrollo teórico del socialismo. A este respecto, los puntos fundamentales fueron los siguientes:

a) El trabajo como medida natural del valor de las mercancías.

b) La teoría de la distribución de los ingresos en la que el capital y el trabajo aparecían como antagonistas directos (cuanto más obtuviese uno, menos recibiría el otro).

"Para los lectores obreros de Ricardo, y para quienes estuviesen del lado del obrero, parecía muy claro que, en opinión del economista, nunca serían los obreros los que recibiesen el beneficio de la mejora económica." (I: 110). Se apoyaron en la teoría del valor expuesta en los Principios de economía política (1817) de Ricardo. Así, "cierto número de economistas radicales tomaron esta teoría del valor y la emplearon para apoyar la conclusión de que el trabajo, siendo la fuente del valor de cambio, debiera reconocérsele como el único factor de producción con derechos a adueñarse del producto, y que toda apropiación por los dueños de otros factores de producción se basaba, de una u otra forma, en un monopolio ilegítimo: en su forma más sencilla, el monopolio de la tierra, pero también, en las sociedades más desarrolladas, el monopolio de la propiedad del capital." (I: 112). También atacaron la transformación del trabajo humano en una mercancía, pues ello traía como consecuencias: a) destruir la calidad del mismo; b) reducir el salario al nivel de subsistencia; c) reemplazar a los trabajadores por máquinas. (I: 112-113).

Cole resume así la crítica de los ricardianos de izquierda al capitalismo: [Refiriéndose a la ley descubierta por Ricardo sobre la reducción del salario al nivel de subsistencia] "Esto, decían, es lo que sucede bajo el sistema malo y artificial del capitalismo; pero no es lo que debería suceder o lo que sucedería bajo un orden económico más natural. Sucede bajo el capitalismo, porque el capitalismo convierte al trabajo en una mercancía, cuyo valor es medido mediante las leyes de un mercado de competencia, y no por la norma de la justicia natural. Las leyes injustas de distribución bajo el capitalismo, manteniendo el consumo de la mayor parte del pueblo al nivel de subsistencia, e incluso reduciéndolo cuando los negocios marchan mal, fatalmente limitan el mercado. Son causa de que no se utilicen constantemente y por completo las grandes y crecientes fuerzas de producción de que dispone la humanidad; y dan lugar a crisis periódicas de lo que parece 'sobreproducción', pero que realmente es consumo deficiente debido a las restricciones en el poder de compra de los obreros. Dése al obrero aquello a que justamente tiene derecho, el producto completo de su trabajo, y las crisis desaparecerán, y la producción aumentará mucho, porque aumentará el mercado." (I: 113). [Se trata de una posición que reproduce, cual espejo, los puntos de partida de la economía clásica. Frente a la naturalización de las relaciones sociales capitalistas efectuada por los economistas clásicos, los ricardianos de izquierda oponen otra naturalización, ya no de las relaciones capitalistas, sino de las "leyes de la justicia ´natural'". Es decir, una naturalización al cubo. Pero, con un defecto mucho mayor que el de los economistas clásicos, pues éstos naturalizan las relaciones sociales concretas, empíricas, realmente existentes, mientras que los "izquierdistas" naturalizan sus propias creencias sobre la "justicia". Atacan al capitalismo (y hay que atacarlo, por cierto), pero desde una posición falsa, la de la justicia. Como si la justicia fuera un absoluto desde el que se puede condenar definitivamente al capitalismo. Como si la concepción de la justicia de los ricardianos de izquierda no fuera en sí misma una concepción de clase, ideológica. No se puede negar al capitalismo (o a cualquier otra relación social desde lo absoluto -éste siempre es abstracto, unilateral -). Mientras que los economistas se atienen a las relaciones sociales existentes y no ven más que ellas, los ricardianos se atienen a las normas gaseosas de la justicia para combatir estas relaciones sociales. Además de todo esto, está la cuestión del derecho del obrero al producto completo de su trabajo. Se ignora aquí la división del trabajo y el carácter eminentemente social del proceso de trabajo en el modo de producción capitalista. Parece haber una concepción todavía artesanal del proceso de producción. (1)]

Ricardo, que no era, por cierto, un economista anticapitalista, creía en la propiedad privada y pensaba que el capitalista tenía que recibir una retribución por el uso de su propiedad de los medios de producción. (I: 114). Jean-Baptiste Say (1767-1832), un economista liberal francés, modificó la teoría clásica de la distribución (tierra, capital, trabajo) al introducir un cuarto factor, la "empresa": "aportación en forma de gerencia, iniciativa y riesgos, de los hombres activos de negocios, como distinta de la aportación hecha por quien invierte capital, que, por supuesto, puede ser la misma persona." (I: 115). Los ricardianos de izquierda, que tenían en vista el ejemplo de la Revolución Industrial, en la que los patrones individuales llevaban adelante la producción, consideraban al capitalista como un monopolizador de los medios de producción. [¡Otra vez el "espejo"!. Recordar los ataques de los economistas clásicos al monopolio.], sin decir nada de su función como gerente y organizador. [Cole acepta aquí el argumento de Say]. "En cuanto al elemento de riesgo, la mayor parte de ellos creían que podía y debía de hecho eliminarse al aumentar el poder de compra de las masas, de modo tal que quedase asegurada una demanda sin límites." (I: 115).

Los ricardianos de izquierda emplearon el utilitarismo en contra del capitalismo. La búsqueda de la mayor felicidad del mayor número debía lograrse por medio de: a) la concesión de derechos políticos; b) una nueva ordenación de la economía en beneficio del pueblo; c) el ataque contra el sistema monetario (rechazo del patrón oro después de 1819). (I: 115-116).

Buenos Aires, viernes 3 de junio de 2011

NOTAS:

(1) Cole hace en este punto una interesante observación: "incluso ellos [los ricardianos de izquierda] y en realidad también Ricardo, todavía basaban gran parte de sus argumentos en la tierra y en sus productos directos." (I: 113).