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martes, 3 de febrero de 2026

UN MOMENTO DE JÚBILO: EL PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE 1890 DEL MANIFIESTO COMUNISTA

 

Movilización por el 1° de Mayo


Ariel Mayo (ISP Dr. Joaquín V. González / UNSAM)

En 1889 se constituyó la Segunda Internacional, organización que agrupaba a partidos socialistas y organizaciones obreras de Europa y América. A diferencia de su antecesora, la Primera Internacional (1864-1876), la Segunda Internacional tenía mayoría de organizaciones partidarias. En el  período posterior a la disolución de la Primera Internacional, la expansión de las relaciones capitalistas fue acompañada por un incremento sustancial del número de trabajadores asalariados. A pesar de la represión y de las persecuciones estatales, muchos militantes socialistas compartían la certeza de que el futuro era socialista y no capitalista. La principal razón que apoyaba esa certeza era, precisamente, el incremento de las organizaciones obreras y socialistas. Los partidos y los sindicatos crecían y los gobiernos se veían obligados, más tarde o más temprano, a reconocerlos, a aceptar su participación en las contiendas electorales, a extender el derecho del sufragio y aprobar leyes a favor de los trabajadores. El espíritu del optimismo, tantas veces engañoso, flotaba en el ambiente. En ese marco se fundó la Segunda Internacional y en la ciudad de Londres, un militante de casi 70 años de edad, Friedrich Engels, redactaba el prólogo a una nueva edición alemana del MC.

En sí, el prólogo a la edición alemana de 1890, fechado en Londres el 1° de mayo de 1890, sigue casi al pie de la letra el prólogo anterior, redactado por Engels para la edición inglesa de 1888. No contiene, por tanto, nada novedoso (por lo menos para los lectores del prólogo de 1888). Lo más significativo del texto es el entusiasmo de Engels, ese viejo (según los parámetros de la época) casi septuagenario, ante el crecimiento notable del socialismo marxista, que se había vuelto hegemónico en las filas del movimiento socialista (por cierto, no es este el lugar para analizar cuán profundo era el arraigo de la teoría marxista de la sociedad en los partidos socialistas). Ese entusiasmo se advierte en dos cuestiones: su descripción de la multiplicación de las ediciones del MC; su frase final, en tono casi de tango, dedicada a su amigo muerto: “¡Ojalá estuviera Marx todavía a mi lado para ver esto con sus propios ojos!” (p. 118).

La estructura del prólogo es sencilla y puede dividirse en tres partes: a) la historia de las ediciones del  MC desde la edición alemana de 1883 (pp. 114-115); b) la explicación del uso del término comunista en vez de socialista (pp. 110-111); c) la explicitación del núcleo teórico del MC.

Abreviaturas:

MC= Manifiesto del partido comunista

Noticia para bibliófilos desesperados:

Engels, F. (2000). Prólogo a la edición alemana de 1890 del Manifiesto del Partido Comunista. En K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista (pp. 114-118). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz.


Engels escribe: “El Manifiesto ha tenido una vida propia.” (p. 115) Aquí no hay nada nuevo bajo el Sol, pues es lo que suele suceder con los libros, que se independizan de sus autores. Sin embargo, la frase de Engels sugiere la mezcla de asombro y entusiasmo ante la difusión de una obra que comenzó siendo casi ignorada en sus orígenes: “En el momento de su aparición fue saludado con entusiasmo por la vanguardia, poco numerosa aún por entonces, del socialismo científico (como lo prueban las traducciones citadas en el primer prólogo), pero pronto quedó relegado a un plano secundario en virtud de la reacción que se inició con la derrota de los obreros de París en junio de 1848, para ser finalmente proscrito «de derecho» a consecuencia de la condena de los comunistas de Colonia, en noviembre de 1852.” (p. 115)

En el período de las revoluciones de 1848, el MC ocupó un lugar muy marginal en las elaboraciones teóricas de los revolucionarios. En cambio, hacia 1887 “el socialismo continental no era ya prácticamente otra cosa que la teoría que se proclama en el Manifiesto.” (p. 117).

Engels sigue aquí los lineamientos del ya mencionado prólogo de 1888 en lo que hace a la historia del MC. Hay dos aspectos relevantes: en primer término, la afirmación de que la versión marxista del socialismo se había vuelto dominante a mediados de la década de 1880 y que esa hegemonía fue el producto del carácter científico de la teoría de Marx. En segundo lugar, el deleite casi infantil con el que Engels enumera las ediciones del MC.

También retoma el argumento al prólogo a la edición inglesa de 1888 en lo que hace a la cuestión de la adopción del término comunista en vez de socialista: “cuando fue escrito no hubiéramos podido llamarlo un manifiesto socialista. En 1847 se entendía como socialistas, por una parte, a los partidarios de los diversos sistemas utópicos: los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, que se han visto reducidos ya unos y otros a meras sectas en paulatina extinción; por otra, a los más variados charlatanes sociales que prometían eliminar las lacras sociales con toda suerte de panaceas que no ofrecían el menor peligro para el capital ni para las ganancias. En ambos casos se trataba de gentes situadas fuera del movimiento obrero y que buscaban más bien apoyo entre las clases «ilustradas». La parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de la insuficiencia de transformaciones meramente políticas y postulaba la necesidad de una transformación total de la sociedad, se llamaba entonces comunista. Se trataba aún de una forma rudimentaria, tosca, puramente instintiva de comunismo; pero acertó en el punto cardinal y fue lo suficientemente fuerte dentro de la clase obrera como para engendrar el comunismo utópico” (p. 110)

Engels cierra el prólogo con la alusión a la celebración del 1° de mayo:

“Actualmente, mientras escribo estas líneas, el proletariado europeo y americano pasa revista a sus fuerzas movilizadas por vez primera, movilizadas como un ejército, bajo una bandera y por un objetivo inmediato: la jornada laboral normal de ocho horas, proclamada ya por el Congreso de la Internacional de Ginebra de 1866 y, nuevamente, por el Congreso de Trabajadores de París de 1889, y que debe ser legalmente determinada. Y el espectáculo del día de hoy abrirá a los capitalistas y terratenientes de todos los países los ojos sobre el hecho de que actualmente los proletarios de todos los países están efectivamente unidos.” (p. 118)

“Actualmente, mientras escribo estas líneas, el proletariado europeo y americano pasa revista a sus fuerzas movilizadas por vez primera, movilizadas como un ejército, bajo una bandera y por un objetivo inmediato: la jornada laboral normal de ocho horas, proclamada ya por el Congreso de la Internacional de Ginebra de 1866 y, nuevamente, por el Congreso de Trabajadores de París de 1889, y que debe ser legalmente determinada. Y el espectáculo del día de hoy abrirá a los capitalistas y terratenientes de todos los países los ojos sobre el hecho de que actualmente los proletarios de todos los países están efectivamente unidos.” (p. 118)

En 1848 la primera edición del MC fue testigo de la “primavera de los pueblos”. En 1890 el MC contempló la primera celebración internacional del 1° de Mayo. Más allá del devenir posterior del movimiento socialista y de las ilusiones perdidas, no cabe duda de que Engels pudo vivir, al final del camino, un momento que daba sentido a su vida. No es poca cosa, por cierto.

Balvanera, martes 3 de febrero de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

ESCRIBIENDO LA HISTORIA DEL SOCIALISMO: EL PRÓLOGO DE 1888 DEL MANIFIESTO COMUNISTA



 

Ariel Mayo (ISP Dr. Joaquín V. González / UNSAM)

Friedrich Engels (1820-1895) fue, desde la muerte de Marx en 1883, la figura más importante de la corriente marxista del movimiento socialista. Esa posición conllevaba grandes responsabilidades: por un lado, debía encargarse de la publicación de las obras de Marx, tanto de las publicadas en vida de éste como del océano de manuscritos y obras inconclusas dejadas por el fundador del materialismo histórico; por otra parte, era consultado como voz autorizada y como mediador en los conflictos en el seno de los partidos socialistas (que habían comenzado a crecer en varios países europeos, en especial en Alemania). Como si esto fuera poco, tenía que conseguir tiempo para su propia tarea intelectual pues, a pesar de que la magnitud de la obra de Marx dejaba en un segundo plano a todos los demás, Engels era un teórico notable y un observador fino de los cambios sociales, cualidades que destacan en obras como La situación de la clase obrera en Inglaterra.

Entre las tareas mencionadas se encontraba la publicación de nuevas ediciones del MC. Engels redactó el prólogo a la edición inglesa de 1888 del MC, fechado en Londres el 30 de enero de 1888. [1] Inglaterra era un lugar esquivo para el socialismo marxista; mientras que en Alemania, en Francia y aun en Rusia, las obras de Marx se difundían ampliamente a la par que crecían los partidos socialistas, en suelo inglés el marxismo tenía grandes dificultades para hacer pie. La publicación de una edición inglesa del MC constituía, pues, un acontecimiento en sí mismo.

La estructura del prólogo es bien sencilla. Se distinguen tres grandes temas: a) la historia del MC (pp. 105-109); b) la explicación del uso del término comunista en vez de socialista (pp. 110-111); c) la explicitación del núcleo teórico del MC.

Abreviaturas:

AIT= Asociación Internacional de Trabajadores / LC= Liga de los Comunistas / MC= Manifiesto del partido comunista / MO= Movimiento obrero

Información para amantes de los datos bibliográficos:

Engels, F. (2000). Prólogo a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto del Partido Comunista. En K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista (pp. 105-113). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz.

La traducción inglesa del MC fue obra de Samuel Moore (1838-1911) y lleva por título Manifest of the Communist Party, by Karl Marx and Frederick Engels, Authorized English Translation, edited and annotated by Frederick Engels, 1888, Londres, Wüliam Reeves, 185 Fleet St, E. C.


Para 1888 no cabían dudas de que la corriente marxista se había vuelto hegemónica dentro del movimiento socialista. El principal partido socialista de la época, el alemán, se reconocía marxista y el marxismo continuaba su expansión en los países de Europa occidental, en Rusia e incluso en los Estados Unidos. Esto era bastante sorprendente, dado que cuarenta años atrás, fecha en que se publicó la primera edición del MC, los marxistas eran apenas unas decenas de militantes. Era preciso contar la historia de ese extraordinario crecimiento y Engels se abocó a esa tarea en el prefacio de 1888. No era un impulso casual. Tanto en el Anti-Dühring (1877) como en Del socialismo utópico al socialismo científico (1880), Engels desarrolló las líneas principales de lo que era su versión de la historia del socialismo marxista. El interés engelsiano por la historia del movimiento socialista tenía, como no podía ser de otra manera, intenciones políticas. En un momento en que los partidos socialistas se encontraban en plena expansión, las disputas ideológicas al interior de los mismos estaban en auge. Muchos militantes buscaban en la historia la respuesta a la pregunta ¿qué hacer? y Engels intentó ofrecer esa respuesta.

Veamos a continuación los grandes rasgos de la historia del socialismo marxista tal como los presenta Engels en el prólogo de 1888.

Como es sabido, el MC era “la plataforma” de la LC, organización que es caracterizada como “una asociación obrera en un principio exclusivamente alemana, más tarde internacional, que, en las condiciones políticas del continente europeo en 1848, era inevitablemente una organización secreta.” (p. 105) En su segundo congreso, celebrado en Londres en 1847, la LC encomendó a Marx y Engels la redacción de un “programa teórico y práctico completo del partido” (p. 105). Tras dar muchas vueltas, Marx y Engels concluyeron la redacción del MC, que se publicó a fines de febrero de 1848.

La derrota de las revoluciones de 1848 limitó la acción del MO, que se vio obligado a ocupar la posición de ala de extrema izquierda de la burguesía radical y a luchar por la libertad de los movimientos políticos. La LC dejó de funcionar a finales de 1852.

La fundación de la AIT (la 1° Internacional, 1864) marcó el resurgir del MO europeo. La AIT no podía proclamar los principios del MC, pues su objetivo era agrupar al conjunto de la clase trabajadora europea y americana. “La Internacional tenía que tener un programa lo suficientemente amplio como para resultar aceptable para las trade unions inglesas, para los partidarios franceses, belgas, italianos y españoles de Proudhon y para los lassalleanos en Alemania” (p. 107) Esta afirmación da cuenta tanto de la debilidad de los marxistas como de la existencia de diversas corrientes dentro del movimiento socialista.

Dado lo anterior, Marx elaboró el programa de la AIT, “para satisfacer a todos los partidos” (p. 107). Se apostaba al “desarrollo intelectual de la clase obrera, un desarrollo que debía surgir necesariamente de la acción unificada y de la discusión en común. Los acontecimientos y vicisitudes en la lucha contra el capital, las derrotas aún más que las victorias, no podían menos de llevar a los hombres a tomar consciencia de la insuficiencias de sus diversas panaceas predilectas y de allanarles el camino para una plena comprensión de las premisas efectivas de la emancipación de la clase obrera ” (p. 107) Así, pues, en su versión de la historia Engels sostiene que la superioridad del marxismo sobre las otras corrientes socialistas se sustentó en su teoría del capitalismo (cuya expresión más acabada era el Libro Primero de El capital). En la concepción engelsiana subyace la idea de que la Verdad contenida en la teoría marxista supera el Error de las demás corrientes socialistas.

Sin embargo, la historia de la Primera Internacional revela un panorama diferente al presentado por Engels. En 1874 se produjo la desintegración de la AIT, producto tanto de las persecuciones llevadas a cabo por los gobiernos europeos luego de la Comuna de París (1871) como, y esto es lo más significativo, de las luchas internas en la Internacional. En este sentido, la mentada superioridad teórica del marxismo no alcanzó para terminar con la oposición de las otras corrientes socialistas. Engels, tozudo, hace de la derrota victoria. En su opinión, la  desintegración de la Primera Internacional está marcada por la agonía del proudhonismo y del lassalleanismo; a la vez, las trade unions [los sindicatos ingleses] se acercan al socialismo marxista.

Engels se permite sacar un corolario a partir de la experiencia de la Primera Internacional: “los principios del Manifiesto habían realizado considerables progresos entre los obreros de todos los países.” (p. 108) Mide la extensión de esos progresos por la cantidad de ediciones del MC. Así, considera que en la nueva situación el MC volvió al primer plano. Se produjo una multiplicación de ediciones en diversos idiomas: “hoy es, sin lugar a dudas, la obra más ampliamente difundida y más internacional de toda la literatura socialista, un programa conjunto que es reconocido por millones de obreros, de Siberia a California.” (p. 109) No cabe duda de que el discurso de Engels es triunfalista; sin embargo, hay que reconocer que el crecimiento del socialismo marxista era evidente y, a todas luces, extraordinario, habida cuenta de sus comienzos tan humildes. Además, y esto es fundamental, es cierto que lo que distinguía al marxismo de las otras corrientes era la preocupación por elaborar una teoría del funcionamiento del capitalismo.

En el prólogo, Engels también se ocupa de la cuestión de por qué el MC se tituló “comunista” y no “Manifiesto socialista”. La razón de ello es que en 1847, “se entendía como socialistas, por una parte, a los partidarios de los diversos sistemas utópicos: los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, que se han visto reducidos ya unos y otros a meras sectas en paulatina extinción; por otra, a los más variados charlatanes sociales que prometían eliminar las lacras sociales con toda suerte de panaceas que no ofrecían el menor peligro para el capital ni para las ganancias. En ambos casos se trataba de gentes situadas fuera del movimiento obrero y que buscaban más bien apoyo entre las clases «ilustradas».” (p. 110) En cambio, en 1847 el término comunista era adoptado por la “parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de la insuficiencia de transformaciones meramente políticas y postulaba la necesidad de una transformación total de la sociedad” (p. 110). El comunismo en 1847 no poseía gran elaboración teórica, era una “forma rudimentaria, tosca, puramente instintiva de comunismo” (p. 110) Engendró el comunismo utópico: Étienne Cabet (1788-1856)  en Francia, Wilhelm Weitling (1808-1871) en Alemania.

En síntesis, “en 1847 el socialismo era un movimiento de la clase media, mientras que el comunismo era un movimiento de la clase obrera. El socialismo era, cuanto menos en el continente, «respetable»; en tanto que el comunismo era exactamente lo contrario” (p. 111). La elección de Marx y Engels por el comunismo respondió a la convicción de que la emancipación de la clase obrera “debía ser obra de la propia clase obrera” (p. 111). Aquí, como en el caso de la Primera Internacional, Engels presenta la superioridad del marxismo como una consecuencia de su desarrollo de la comprensión científica del capitalismo. Frente a los comunistas “utópicos”, los comunistas “científicos” poseían la ciencia como herramienta distintiva.

Por último, Engels dedica la parte final del prólogo a afirmar que “la idea fundamental” que constituye el núcleo del MC pertenece a Marx y es la siguiente:

“En toda época histórica el modo económico predominante de producción e intercambio, y la estructura social que se deriva necesariamente de él, constituyen el fundamento sobre el cual se basa la historia política e intelectual de esa época, que sólo a partir de él puede ser explicada; que, en consecuencia, toda la historia de la humanidad (desde la abolición del orden gentilicio, con su propiedad común de la tierra) ha sido una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas; que la historia de estas luchas de clases constituye una serie evolutiva que ha alcanzado en la actualidad una etapa en la cual la clase explotada y oprimida —el proletariado— ya no puede lograr su liberación del yugo de la clase explotadora y dominante —la burguesía— sin liberar al mismo tiempo a toda la sociedad, de una vez por todas, de toda explotación y opresión, de todas las diferencias y luchas de clases.” (pp. 111-112)

Estas tres ideas: centralidad de la producción, lucha de clases, el proletariado como sujeto revolucionario, constituyen, a su juicio, las bases de la concepción marxista del socialismo y de su teoría de la sociedad. En este punto, Engels traza una comparación significativa, pues sostiene que la concepción marxista de la sociedad cumplirá para las ciencias históricas el mismo papel que la teoría de Charles Darwin (1809-1882) para las ciencias naturales. Aunque la afirmación de Engels pueda parecer exagerada (y probablemente lo sea), es innegable la tremenda influencia ejercida por la teoría de Marx sobre las ciencias sociales.

Balvanera, domingo 1 de febrero de 2026

viernes, 30 de enero de 2026

EL DÍA DESPUÉS DE MARX: EL PRÓLOGO DE 1883 AL MANIFIESTO COMUNISTA

 



Ariel Mayo (ISP. Dr. Joaquín V. González / UNSAM)

Karl Marx falleció el 14 de marzo de 1883. Pocos meses más tarde, se publicó una nueva edición alemana del Manifiesto del Partido Comunista. El prólogo, firmado por Friedrich Engels, está fechado en Londres el 28 de junio de 1883. Se trata, pues, de la primera edición del MC posterior a la muerte de Marx. Con ella, Engels comenzó la tarea de preservar la herencia política y científica de Marx. No se trataba, ni mucho menos, de una labor de carácter meramente científico; en 1883 el marxismo se estaba convirtiendo en la versión dominante del movimiento socialista. Por lo tanto, la función de albacea de Marx implicaba una posición política. No había novedad en esto: desde sus orígenes en la segunda mitad de la década de 1840, la teoría de Marx estuvo asociada al desarrollo del socialismo y, más en general, del movimiento obrero. La tarea de Engels era, a la vez, científica y política. Por todo esto, la lectura de los prólogos del MC firmados por Engels permite dilucidar las continuidades y discontinuidades en la evolución de la teoría marxista con posterioridad al fallecimiento de su fundador. En definitiva, se trata de conocer qué partes de la vasta producción de Marx fueron seleccionadas para permanecer en el centro de la escena  y qué temáticas quedaron más o menos olvidadas, a sabiendas de que ello ejerció una influencia relevante en la evolución del socialismo de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Abreviaturas:

MC= Manifiesto del partido comunista.

Datos para amantes de las bibliotecas:

Engels, F. (2000). Prólogo a la edición alemana de 1883 del Manifiesto del Partido Comunista. En K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista (pp. 103-104). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz.


El prólogo es muy breve. Luego de rendir un homenaje a su amigo [1], se concentra en dos cuestiones, las que abarcan el resto del texto.

En primer lugar, Engels se preocupa por señalar que Marx es el autor de las ideas fundamentales del MC; más claro, de la concepción de la sociedad que aparece allí. En otras palabras, Engels afirma que Marx es el creador de la teoría del materialismo histórico (no es este el lugar para discutir en qué medida esta afirmación  es correcta, pero parece evidente que Engels se tira muy abajo).

En segundo lugar, Engels presenta de manera somera el núcleo de la teoría marxiana de la sociedad en el siguiente pasaje:

“El pensamiento fundamental que recorre todo el Manifiesto, a saber, que la producción económica y la estructura social que se deriva necesariamente de ella en cada época de la historia constituyen el fundamento de la historia política e intelectual de esa época; que, en consecuencia (desde la disolución de la antiquísima propiedad común de la tierra), la historia entera ha sido una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominadoras y dominadas, en diversos niveles del desarrollo social; pero que esta lucha ha alcanzado ahora una etapa en la cual la clase explotada y oprimida (el proletariado) ya no puede liberarse de la clase que la explota y oprime (la burguesía) sin liberar al mismo tiempo y para siempre a la sociedad entera de la explotación, la opresión y las luchas de clases —este pensamiento fundamental pertenece única y exclusivamente a Marx.” (pp. 103-104)

En otras palabras, el MC se estructura en torno a tres proposiciones principales:

1) La producción económica y la estructura social constituyen el fundamento de la historia política e intelectual. Esta es la tesis central de la teoría marxista de la sociedad y orienta toda la producción teórica de Marx. Aparece en Ideología alemana (1845-1846) [2] y ocupa un lugar primordial en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859). [3] Sea cual fuere la consideración que se tenga de la teoría de Marx, es innegable que ella postula que la política y las ideas no son incondicionadas, sino que se encuentran condicionadas y limitadas por la forma en que cada sociedad produce todo lo que necesita para satisfacer sus necesidades; la política no gira en el vacío ni es omnipotente. Ello no implica afirmar que el condicionamiento sea unidireccional y  ni negar que las ideas políticas, filosóficas, religiosas, etc., condicionan, a su vez, a la producción económica y a la estructura social. Mas allá de estas consideraciones, esta proposición ejerció una influencia significativa en el desarrollo de la sociología y las demás ciencias sociales. Es una de las ideas de Marx que mantiene plena vigencia;

2) La historia es la historia de la lucha de clases. [4] El conflicto es un elemento inherente de toda sociedad dividida en clases sociales y cumple un papel clave en su desarrollo. De ningún modo puede ser considerado un factor exclusivamente negativo. Corresponde formular dos observaciones: a) Engels limita el alcance de la afirmación a las sociedades en las que existen clases sociales (por eso deja afuera a las sociedades más antiguas, donde regía la propiedad común de la tierra y, por ende, no existían las clases sociales). Entonces, hay lucha de clases donde hay clases sociales; b) sin perjuicio de lo anterior, parece correcto extender el terreno de la afirmación anterior a todas las sociedades. Tal como se enunció más arriba, el conflicto es propio de toda sociedad. Esto es importante, porque esto dificulta el avance de las concepciones milenaristas, que sostienen que es posible eliminar el conflicto de la sociedad y, así, llegar a instaurar el paraíso en la Tierra. Como en el caso de la proposición anterior, esta proposición de Marx sigue siendo válida.

3) La clase obrera es el sujeto histórico capaz de derribar la dominación de la burguesía. [5] Esa acción (la revolución socialista) abrirá el camino para la finalización de la lucha de clases, la opresión y  la explotación, trayendo así la paz universal. En este punto cabe decir que se trata de una concepción muy discutible, más propia de la escatología cristiana que del análisis científico de la sociedad. La experiencia histórica del siglo XX y de las primeras dos décadas del siglo XXI mostró que la capacidad revolucionaria de la clase trabajadora fue sobreestimada por los autores del Manifiesto, y que el capital mostró gran habilidad para gestionar la fuerza de trabajo y lograr su neutralización como elemento revolucionario. Por último y no menos importante, la creación de una sociedad liberada para siempre de toda opresión es una utopía en el sentido más fuerte de la palabra. Ese utopismo (entendido como falta de realismo) perjudicó los intentos concretos de crear una sociedad sin la explotación y opresión de clase, pues muchos entendieron esos intentos como la manifestación última de la confrontación del Bien (el socialismo) contra el Mal (el capitalismo).

Balvanera, viernes 30 de enero de 2026


Notas:

[1] “Marx, el hombre al que la clase obrera de Europa y América, considerada globalmente, debe más que a cualquier otro” (p. 103).

[2] “Podemos distinguir al ser humano de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero el ser humano mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida (...) Al producir sus medios de vida, el ser humano produce indirectamente su propia vida material. (...) Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo cómo producen. Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción.” Marx, K. y Engels, F. (1985). La ideología alemana: Critica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas. Buenos Aires: Pueblos Unidos y Cartago, pp. 19-20.

[3] En el prólogo a la Contribución se encuentra la formulación clásica de la idea fundante de la teoría de Marx: “En la producción social de su existencia, las personas establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de las personas lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.” Marx, K. (2000). Contribución a la crítica de la economía política. 6° edición. México: Siglo XXI, pp. 4-5.

[4] “La historia de todas las sociedades anteriores a la nuestra es historia de la lucha de clases.” Marx y Engels, MC, op. cit., p. 47. La afirmación tiene que ser corregida: no se trata solo de las sociedades anteriores o de nuestra sociedad, sino que el conflicto es inherente a toda forma de organización social. Pensar lo contrario equivale a caer en el milenarismo.

[5] La tesis de que la clase trabajadora es el sujeto histórico del socialismo aparece por en la Introducción a la Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1844): “Las revoluciones necesitan (...) de un elemento pasivo, de una base material. La teoría sólo se realiza en un pueblo en la medida en que es la realización de sus necesidades.” (p. 104) “¿Dónde reside (...) la posibilidad positiva de la emancipación alemana? Respuesta: en la formación de una clase con cadenas radicales (...) una esfera que es, en una palabra, la pérdida total del hombre y que, por tanto, sólo puede ganarse a sí misma por la recuperación total del hombre. Esta disolución de la sociedad como una clase especial es el proletariado.” (p. 108). Marx, K. (2008). Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel: Introducción. En Escritos de Juventud sobre el Derecho: Textos 1837-1847, Barcelona, España: Anthropos.

jueves, 29 de enero de 2026

¿QUÉ HACEMOS CON RUSIA?: EL PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE 1882 DEL MANIFIESTO COMUNISTA

 

El Kremlin de Nóvgorod


Ariel Mayo (ISP. Dr. Joaquín V. González / UNSAM)

La lectura de los prólogos redactados por Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) para las sucesivas ediciones del Manifiesto del Partido Comunista sirve, entre otras cosas, para comprobar la preocupación de ambos autores por desarrollar su teoría de la sociedad, enfrentando los desafíos teóricos y prácticos que iban surgiendo a medida que se desarrollaba el modo de producción capitalista; de este modo, se diluye la imagen de una teoría marxista monolítica y aparecen las búsquedas y los tanteos para dar respuesta a dichos desafíos. Algo queda claro, ni Marx ni Engels ocultaban los problemas y límites de su teoría: todo lo contrario, procuraban enfrentarlos mediante una profundización del estudio de la sociedad, incorporando problemáticas que no habían sido contempladas inicialmente. Este es el caso del prólogo de 1882.

La edición rusa del MC, publicada en 1882, tiene dos peculiaridades. Por un lado, muestra la extensión del área de influencia del movimiento socialista. En 1848, las organizaciones socialistas tenían cierta influencia en Francia, Bélgica, Gran Bretaña y, en menor medida, en Alemania. En 1882 había partidos y organizaciones socialistas distribuidas en todo el continente europeo y en Estados Unidos; inclusive, el socialismo había logrado hacer pie en Rusia. Por otro lado, precisamente la inserción del socialismo en Rusia representó un desafío para la teoría social de Marx y Engels. Dicho mal y pronto, la difusión del socialismo en el imperio zarista era un hecho inexplicable, por lo menos en los términos planteados por los marxistas en las décadas de 1850 y 1860.

La teoría marxista, tal como había sido expuesta en el MC, daba por sentado que la expansión del socialismo era una consecuencia del crecimiento numérico del movimiento obrero y sus luchas, consecuencia, a su vez, del desarrollo de las relaciones sociales capitalistas. Pero en Rusia y en 1882 el capitalismo estaba en pañales; la mayoría de la población estaba compuesta por campesinos. De ahí la preocupación creciente de Marx por comprender los sucesos de Rusia, tanto el desarrollo del capitalismo como el crecimiento de las organizaciones revolucionarias. Rusia representaba un enigma para el marxismo y el prólogo de 1882 es una muestra de ello.

El prólogo está fechado en Londres, el 21 de enero de 1882, y lleva la firma de Marx y Engels. Su estructura es sencilla y abarca tres aspectos principales: a) el MC en ruso; b) la omisión de EE. UU. y Rusia en el MC;  c) las posibilidades revolucionarias de Rusia.

Abreviaturas:

LC= Liga de los Comunistas / MC= Manifiesto del partido comunista

Data para bibliófilos y obsesivos:

Marx, K. y Engels, F. (2000). Prólogo a la edición rusa de 1882 del Manifiesto del Partido Comunista. En Manifiesto del Partido Comunista (pp. 100-102). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz.


Marx y Engels abren el prólogo con el señalamiento de que el capítulo IV del MC muestra el alcance limitado de la acción del MO en 1848 [1]; en él se advierte la ausencia de EE. UU. y de Rusia, pues en esa época ambos países eran “columnas del orden establecido europeo” (p. 100).

En 1882 el panorama expuesto en el párrafo anterior había cambiado radicalmente. Rusia es ahora “la avanzada de la acción revolucionaria en Europa” (p. 101). Ahora bien, ¿cuál es el fundamento de esa afirmación? Ante todo, la existencia de la comuna rural, que determinaba que más de la mitad de la propiedad de la tierra estuviese en manos de los campesinos. La existencia de esta institución campesina cuestionaba la teoría de la transición desde las sociedades precapitalistas al capitalismo. Dicha teoría, expuesta en el capítulo XXIV del Libro Primero de El capital, sostenía que el punto de partida del capitalismo era la llamada acumulación originaria, en la que los campesinos eran expulsados de las tierras que laboraban por terratenientes que adoptaban comportamientos mercantiles. Más en general, el debate en torno al devenir de la comuna rural rusa ponía en discusión la idea, formulada de manera más o menos explícita por los autores del Manifiesto, del progreso lineal en la historia. [2]

En otras palabras, la existencia y la vitalidad de la comuna rural rusa constituían una anomalía para la teoría social de Marx y Engels. Sin embargo, no procedieron de manera dogmática frente a esa anomalía; por el contrario, se dedicaron a estudiar la sociedad rusa para comprenderla. En el prólogo se aborda directamente la problemática planteada por la existencia de dicha comuna:

“¿Puede la comunidad rural rusa, que es una forma, fuertemente socavada, sin duda, de la antiquísima propiedad común del suelo pasar a convertirse directamente en la forma superior de la propiedad común comunista? ¿O deberá, por el contrario, recorrer primero el mismo proceso de disolución que constituye la evolución histórica de Occidente?” (pp. 101-102)

Este pasaje da cuenta de la importancia que concedían Marx y Engels al estudio de las relaciones sociales en el campo ruso. Y no solo eso: en el pasaje citado esbozan la idea de que no existe un único modelo de desarrollo desde las sociedades precapitalistas hacia el capitalismo (y el socialismo), pues enuncian la posibilidad de que la comuna rural rusa pueda pasar directamente a la propiedad común comunista.

La publicación de una edición rusa del MC, la preocupación por caracterizar a la comunidad rural rusa y evaluar sus perspectivas de desarrollo, no son rayos en cielo sereno. Todo lo contrario. Durante la década de 1870 Marx se dedicó al estudio de la evolución económica de Rusia, en especial de las transformaciones de la agricultura rusa. Por su parte, los intelectuales y revolucionarios rusos se acercaron al marxismo para comprender el rumbo que estaba adoptando la sociedad rusa. En este sentido, es significativo el intercambio epistolar entre la revolucionaria rusa Vera Zasúlich (1849-1919) y el propio Marx. [3]

Para finalizar esta ficha de lectura, es conveniente recordar la respuesta de Marx a la consulta de Zasúlich sobre la posibilidad de que la comuna rural sirviera de plataforma para un rápido pasaje de Rusia hacia el socialismo.

“El análisis presentado en El capital no da, pues, razones, en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella he hecho, y cuyos materiales he buscado en las fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social de Rusia, mas para que pueda funcionar como tal será preciso eliminar las influencias deletéreas que la acosan por todas partes y a continuación  asegurarles las condiciones normales para un desarrollo espontáneo.” [4]

En sociología, salvo cuestiones muy generales, no hay verdades absolutas: hay verdades históricas. Una teoría que queda cristalizada en un momento determinado de la experiencia histórica tarde o temprano se convierte en un fósil. Los prólogos del MC dan cuenta del esfuerzo de Marx y Engels por evitar ese desenlace para su teoría de la sociedad.

Balvanera, jueves 3 de julio de 2025


Notas:

[1] El capítulo IV lleva por título: “Posición de los comunistas frente a los diversos partidos opositores” (pp. 91-93). En él se menciona a partidos de Inglaterra, Francia, Suiza, Polonia, Alemania. Corresponde hacer una observación a lo escrito por Marx y Engels en el prólogo: en el MC sí hay una referencia a los Estados Unidos, precisamente en el propio capítulo IV, donde se menciona a “los reformistas agrarios” norteamericanos.

[2] En el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), de Karl Marx, se encuentra el siguiente pasaje, que parece avalar la concepción de la linealidad del desarrollo histórico: “A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de épocas progresistas de la formación económica de la sociedad.” Ver Marx, K. (2000). Contribución a la crítica de la economía política. 6° edición. México: Siglo XXI, p. 5.

[3] Marx, K. y Engels, F. (1980). Escritos sobre Rusia: II. El porvenir de la comuna rusa. México D. F.: Ediciones Pasado y Presente. 103 p. (Cuadernos de Pasado y Presente; 90). Traducción de Oscar Terán, Mariano Martín y Conrado Ceretti.

[4] Marx, K. y Engels, F. (1980), p. 61. La carta de Marx a Zasúlich está fechada en Londres, el 8 de marzo de 1881.